Tough, you think you've got the stuff
You're telling me and anyone
You're hard enough
You don't have to put up a fight
You don't have to always be right
Let me take some of the punches
For you tonight
Listen to me now
I need to let you know
You don't have to go it alone
And it's you when I look in the mirror
And it's you when I don't pick up the phone
Sometimes you can't make it on your own
We fight all the time
You and I...that's alright
We're the same soul
I don't need...I don't need to hear you say
That if we weren't so alike
You'd like me a whole lot more
Listen to me now
I need to let you know
You don't have to go it alone
And it's you when I look in the mirror
And it's you when I don't pick up the phone
Sometimes you can't make it on your own
I know that we don't talk
I'm sick of it all
Can - you - hear - me - when - I -
Sing, you're the reason I sing
You're the reason why the opera is in me...
Where are we now?
I've still got to let you know
A house still doesn't make a home
Don't leave me here alone...
And it's you when I look in the mirror
And it's you that makes it hard to let go
Sometimes you can't make it on your own
Sometimes you can't make it
The best you can do is to fake it
Sometimes you can't make it on your own
Recuerdo esa mirada de Trick llena de confusión y miedo. Nos quedamos unos minutos sin decir nada, con ese reto de miradas que sólo fue interrumpido por los pasos perdidos de Olson. Avancé abatida hacia la escalera, esperando alguna respuesta sobre Kenzi, pero al no obtener ninguna, decidí comprobar su estado por mi misma. Le di el diario de Mutwa a Trick y corrí escaleras arriba, vencida por la preocupación. Sabía que Kenzi lo estaba pasando mal y tenía que hacer algo para remediarlo.
Olson me detuvo, sujetando mi brazo.
—Kenzi esta muy alterada y es mejor que la dejes dormir.
—Mi mejor amiga acaba de vivir algo horrible y no pienso abandonarla cuando más me necesita —dije zafando mi brazo de su mano.
—Ella no quiere verte.
Un nudo se enredó en mi garganta y las lágrimas volvieron a mis ojos. Haciendo caso omiso a la advertencia de Olson, me planté frente a su puerta, rogando en silencio que me perdonara. Recosté mi frente contra la madera y sin más ceremonia toqué la puerta con reparo.
—¿Kenzi? Nena, ¿estás bien?
En esa habitación sólo se oía el llanto y los gemidos de Kenzi. Me dolió en el alma no poder hacer nada y que todo eso fuera por mi culpa.
—Bo, no puedo hablar contigo —respondió con la voz rota.
—Kenzi, déjame pasar, por favor. Sólo quiero ver como esta tu brazo.
—¡NO! ¡Déjame sola! —gritó a media voz.
—Por favor, déjame estar a tu lado. Tú no has tenido la culpa, he sido yo. Por favor, Kenz.
—¡Qué me dejes en paz!
—Te suplico que me perdones. No podía verte sufrir y no tuve otra opción. Por favor, Kenz. Sin ti no puedo seguir... No me dejes ahora, te lo ruego —dije las últimas palabras con hilo de voz, casi inaudible.
No aguanté más las lágrimas y permanecí inmóvil, sin creer lo que ocurría. Me asaltó una punzada en el pecho y con desesperación toqué la puerta. Ella la abrió y sus ojos estaban rojos y inundados de dolor. No tardó ni un segundo en abrazarme con firmeza.
—Nunca te dejaré, Bo. Pero ahora no puedo hablar contigo —susurró Kenzi.
Sin dejar que le contestará, cerró la puerta en mi cara, dejándome en compañía de la oscuridad. Limpié las lágrimas que mojaron mi rostro, con esa sensación de derrota, brotando por cada poro de mi cuerpo. Suspiré con amargura, resignándome a la petición de Kenzi y me alejé a toda prisa de su indiferencia.
En el salón me esperaba Trick, con cara de funeral. Olson estaba a su lado y su aspecto tampoco era alentador.
—¿Qué tal está Kenzi? —inquirió Trick.
—No quiere verme —dije con la voz temblando.
—No te preocupes, Bo. Yo cuidaré de ella y mañana estará como nueva —dijo Olson.
El mayordomo de mis abuelos pasó por mi lado, con la mirada agachas y en su semblante encontré cierta decepción. Trick tenía en diario de Mutwa en las manos, buscando el mejor momento para hablar conmigo.
—Ven, Bo. Vamos a buscar porque Lauren escribió sobre ti.
Le hice una seña para que me siguiera hasta la cocina, pero antes me serví un vaso de whisky y cogí la botella. Me bebí de un solo golpe todo el contenido de mi vaso para volver a servirme más. Trick se sentó en la mesa, despacio, sin querer mirarme. Busqué el paquete de tabaco y me senté a su lado. Él comenzó a ojear el diario, al principio con prisas, pero luego con más calma, leyendo cada página con cuidado. Yo saqué un cigarrillo con mis labios y lo encendí.
—¿Ahora fumas? —inquirió Trick sorprendido.
Mi respuesta fue una mirada que le atravesó de lleno y se dio por aludido ante mi reacción. Fumé con abandono, sin apartar los recuerdos de esa tarde. La imagen de Kenzi en el suelo con su brazo ardiendo en llamas, la mano de Vex sangrando y la revelación de tu carta, estremecieron mis cimientos. Trick se sumergió en las páginas de ese diario y mi impaciencia aumentó con cada segundo.
—¿Por qué Lauren hablaría de mí? Trick, eso es imposible y no creo que Emilia me mienta.
—Aquí esta —dijo Trick, mostrando una página del diario.
Me incorporé de la silla y me posé detrás de su espalda. Leí con detenimiento cada palabra de Mutwa. Tú le habías dado esa carta, poco después de conocerme. Querías que él se la entregara a tus padres para que superaran el dolor por tu muerte y se sintieran felices al saber que habías encontrado el amor. Mutwa ocultó la carta porque yo aparecía en ella y no quería correr el riesgo de revelar mi existencia. También habló sobre tu cambio de humor, lo feliz que te sentías, pero estabas confundida y culpable por Nadia. Mutwa hizo hincapie en utilizarte para que yo me uniera a las luces, pero tú te negaste y poco después te acostaste conmigo sólo para protegerme. Me sentí miserable al recordar lo injusta que había sido contigo, y no sólo esa noche, sino también los días siguientes. Mi comportamiento fue sólo un reflejo del dolor que sentí al creer que solo era para ti un experimento, porque desde ese momento te convertiste en lo único que me hacia sentir normal y tú eras la única persona con quien anhelaba un futuro diferente.
Aparté el diario lejos de mi, arrastrándolo hacia Trick.
—¿Por qué Nacho no me dijo nada antes de venir aquí? —inquirí.
—Porque tú no me dejaste y sabía que si te lo decía no vendrías a Edimburgo —dijo Nacho.
Mi tío se quedó de pie en el umbral de la puerta, con sus ojos fijos en los míos, esperando alguna reacción por mi parte. Yo me acerqué a él y le di un abrazo.
—Lo siento, pero no sabía que pensar —susurré.
—Tranquila, yo hubiera hecho lo mismo —dijo, con una sonrisa.
Nacho fue hasta el armario y sacó dos vasos. Se sentó junto a Trick, le sirvió un vaso de whisky y otro para él. Yo volví a mi asiento, con la vergüenza recorriendo mi cuerpo a mansalva.
—¿Qué tal está Vex? —preguntó Trick.
—Lo dejé en su casa y Brad está con él. Se recuperará lentamente, pero es mejor que no se muestre en público durante varios días.
—¿Tú sabias que mi padre salvó a su familia? —le pregunté a Nacho.
—No. También fue una sorpresa para mi, pero sé que Aidan ayudaba a todos, sin importarle el bando ni las estúpidas reglas.
—¿Cómo conseguiste el diario de Mutwa? —inquirí.
—Hale me lo dio la última noche que fuiste al Dal —dijo Trick—. Él quiere proteger a Lauren y desea ayudarte, pero la influencia de Balder es muy poderosa.
—Tranquilo, Trick —repuso Nacho—. Tengo dos amigos en México que me ayudarán con Hale.
—Buenas noches, Señor Ignatius —saludó Olson.
Olson había entrado a la cocina, sin que nadie lo notara. Él estaba sorprendido al ver de nuevo a Nacho.
—Hola, Olson. ¿Qué tal está Kenzi? —inquirió Nacho.
—Muy afectada. Creo que usted puede ayudarla con sus poderes —respondió, negando con la cabeza.
—Sí, para eso estoy aquí. Subiré cuando termine de hablar con mi sobrina.
—¿Se quedará esta noche?
—Sí, pero mañana me marchó nuevamente. Tenemos un caso complicado con varios adolescentes desaparecidos y sospechamos que hay un fae detras de todo eso.
—Perfecto, le arreglaré la habitación de sus abuelos y la de invitados para el Señor McCorrigan. Si me disculpan, debo volver con Kenzi.
Olson hizo una especie de reverencia y salió por la puerta. Trick le inspiraba respeto por haber sido antiguo rey de los faes.
—¿Qué clase de fae es Olson? —pregunté en voz muy baja y casi al oido de Nacho.
—Él es un Urisk o Brownie.
—Ya hemos conocido a uno y son muy eficientes, pero obsesivos complusivos. ¿Cuál es la obsesión de Olson?
—Ninguna, él es mucho más evolucionado que los de su género. ¿Qué tal con la familia de Lauren?
—Bastante bien, la verdad. Sus padres son encantadores y nos trataron muy bien. Mañana nos han invitado a desayunar.
—Bien, aunque ahora sabemos que esta haciendo Lauren, creo que es importante que ayudes a sus padres. Sé que ellos lo pasaron muy mal después de la supuesta muerte de su hija.
—Nacho, yo no puedo seguir mintiendo de esta manera.
—Bo, Blacklock sabe que buscas a Lauren y intentará hacerle daño a su familia. Vex lo primero que hizo al despertarse, fue mandar a Bruce para cuidarles, pero debes hacerles entender que él estará a su lado para protegerles.
—Si Blacklock les hace daño... no descasaré hasta matarle. Pero ahora debo encontrar a Lauren y sé que mi padre la está protegiendo, pero no entiendo por qué él no me dice en dónde puedo encontrarla.
—El mundo de los muertos es complicado. Ellos perciben el alma, no el cuerpo físico y Aidan no saben donde esta Lauren geográficamente. Cuando sueñas con él, no es tu cuerpo quien lo hace, sino tu alma.
—¿Isabeau? —preguntó Trick—. Ella puede ayudar a Bo.
—No, Trick. Esa regla se rige para todos los muertos y tu mujer no es la excepción.
—Yo quiero ayudar a los padres de Lauren, pero necesito encontrarla antes de que sea muy tarde.
—No te preocupes, Bo. Tu padre está convencido que tú la encontrarás. Lo que siente Tamsin por Lauren es algo impuesto, en cambió lo que tú sientes por ella es algo que ha nacido entre vosotras, sin ningún designio de por medio más que el amor. Sé que Lauren es tu verdadero destino y volveréis a estar juntas.
—Muchas veces lo pongo en duda.
—Pues no lo hagas. No te digo que será fácil, ni sé cuanto tiempo os llevara estar juntas, pero debes dejarte ayudar porque muchas veces no podrás seguir tú sola.
Su optimismo me contagió y algo me decía que sus palabras eran ciertas.
—¿Qué tengo que hacer ahora? ¿Cómo puedo proteger a Emilia y Niel? —pregunté.
—Por ahora ganarte su confiesa. Hablé con Sir Alex Woltton y él esta de acuerdo con proteger a los padres de Lauren, aunque no le gusta la idea de que sea por parte de las sombras.
—Eso puede desatar la guerra, Nacho. ¿Estás seguro de hacer todo esto a espaldas de Hale? —inquirió Trick.
—Es necesario, Trick. Tú mañana tienes una cita con Alex para convencerle que esto es lo mejor y sé que el único que puede lograrlo eres tú. Tienes que ir a Londres antes de las cinco de la tarde. Aquí tienes toda la información que necesitas —le dijo Nacho entregándole una carpeta blanca.
—Perfecto. Mañana estaré allí, pero debes ayudar a Hale lo antes posible.
Nacho asintió levemente, se levantó de la silla y apuró su ultimo trago.
—Ahora voy a subir con Kenzi, mañana os veré antes de irme —dijo Nacho.
—Ayúdala, por favor —supliqué—. Ella no quiere verme.
—Tranquila, Bo. Es normal. Ella estuvo bajo el poder de Blacklock y bajo la influencia de la súcubo. Ningún humano es capaz de soportar tanto, pero Kenzi es fuerte y valiosa.
Recordé las palabras de Tamsin y mi corazón comenzó a latir con fuerzas. Esperé hasta que Nacho desapareció para hablar con Trick sobre esa pesadilla.
—Bo, ¿estás bien? —inquirió Trick.
—Recuerdas que te hablé sobre los sueños que me asustaban, pues soñé con Tamsin y Lauren. La valquiria le dijo a Lauren que el alma de Kenzi era muy valiosa y que Odin no se iba a quedar con las manos vacías. ¿Qué demonios significa eso?
—No lo sé, Bo. No tuve tiempo de buscar información al respecto.
—Trick, el mismo día que descubrí la identidad de mi padre, soñé con el.
Mi abuelo se acaricio la barbilla, intentando analizar mis dudas.
—Increíble —dijo mirándome a los ojos—. Bo, tú eres la fae más poderosa y el linaje de tu familia te ha dotado de muchos poderes. Tú no sólo eres una súcubo, también tienes más poderes que los demás. Muchos más.
—¿Por qué lo dices?
—Los faes no soñamos con los muertos y creo que el sueño con Lauren y Tamsin es una premonición.
—Nacho también sueña con mi padre, así que no soy la única.
—Es lógico porque Nacho es casi un semidiós.
—¿Qué? ¿Cómo qué un semidiós?
—Todavía no lo es, pero lo será. Aún así, debes tener esa conversación con tu tío.
Suspiré, resignada. Cada vez me asechaban más preguntas, pero supe que no era el momento indicado.
—Ok. Mañana tengo que desayunar con los padres de Lauren, pero me gustaría que te conocieran antes de irte a Londres. ¿Puede ser?
—Claro, Bo. Me honra que me lo pidas.
—Volverás después de hablar con Alex
—Si tú quieres, yo volveré. Pero ahora debes descansar.
Nos levantamos y recogí el diario de Mutwa. Subimos las escaleras, envueltos en el silencio que generan los pensamientos. Nos despedimos con una media sonrisa, pero mis ojos se fijaron en la puerta de la habitación de Kenzi. La contemplé, esperando que en cualquier momento volviera a abrirla. Sentí la impotencia al no poder ayudarla como ella tantas veces lo hizo conmigo. Entré a mi habiatacion, me senté en la cama envuelta en la penumbra, apaciguando mis sentimientos. Tenía el diario entre mis manos, sin ninguna ganas de leer lo que había en él. Lo coloqué en la mesilla de noches y me levanté para ducharme.
Me desvestí en el baño y abrí el agua de la ducha. Intenté relajarme, pero no podía conseguir la calma que se había esfumado como el vapor que desprendía el calor. Resbalé hasta el suelo con mi espalda pegada contra la pared. Mis rodillas chocaron contra mi pecho y elevé mi rostros para que el agua limpiara mis lágrimas. «¿Dónde estás, Lauren? Te necesito». Pensé.
Sali del baño tambaleándome, sumergida en la nostalgia de tu cuerpo, de tus labios y de tus besos. Bobby me esperaba detras de la puerta, con una mirada triste. Mcgee estaba con Kenzi y Nacho. Supe que él extrañaba a su compañera y me sentí igual que él. Fue absurdo comparar mis sentimientos con los de un perro, pero no hay nada más noble que el amor leal e incondicional de esos admirables animales. Doblé mis rodillas quedando en cuclillas.
—Ven aquí, Bobby —le llamé.
Él corrió emocionado hacia mí y casi me tumba de espaldas. Le acaricié con la misma ternura que él me daba.
—Le echas de menos, ¿eh? Tú y yo somos iguales amigo mío. Yo tampoco puedo vivir sin la persona que adoro.
Su respuesta fue un lametazo en mi cara. Todas las noches que dormí en esa casa Bobby las pasó conmigo. Me incorporé para vestirme y cuando estuve lista, me acerqué a la ventana. Apostados frente a la puerta de la entrada, estaban dos de los guardaespaldas de Vex, que había cumplido con su palabra de protegerme. Me tendí en la cama, con el miedo de volver a soñar contigo, pero mis ganas de verte era superiores a mi, aunque fuera en una pesadilla. Intenté conciliar el sueño, pero comprendí que ese tren se me había escapado. Encendí la luz y sin tener nada mejor que hacer, decidí examinar el diario de Mutwa. Caminé hasta un sillón que había en una esquina de la habitación y me senté en él.
Las primeras páginas estaban llenas de leyes faes, acontecimientos sin importancia, pero casi a la mitad encontré mi primera visita a los faes. Mutwa me describía con un peligro latente y te había encomendado para espiarme. Él comenzó a desconfiar de ti, cuando supo que me estabas ayudando a sus espaldas. Intentó hablar contigo un par de veces, pero tú estabas feliz y tu cambio de actitud lo atribuyó a mi presencian en tu vida.
Cuando ocurrió lo de Vex, tú hablaste no sólo con Mutwa, sino con todos los ancianos, intentando buscar una alternativa para alejarme de Vex. Los ancianos se negaron, y el Ash me concedió esa dichosa audiencia. Mutwa sabía que tú estabas enamorada de mi, pero temía por ti, al sospechar que yo no sería capaz de corresponderte. La descripción que el antiguo Ash daba de ti era de absoluta admiración y se sentía muy culpable por privarte de tu libertad. Hizo mención a un sueño con Odin, donde el dios de Asgard le exigió que dejara de protegerte y de alejarte de tú destino, pero Mutwa no se rindió y los dioses le hicieron sacrificar todos sus poderes. Él murió como un humano, en manos de mi madre, sólo para defenderte.
Sentí una inmensa vergüenza por Mutwa, al morir de esa manera, pero su misión se convirtió en la mía y le prometí en silencio que su muerte no quedaría en vano, que rompería esa maldición, aunque al final muriera como él lo hizo.
El cansancio me golpeo de repente, sin darme tiempo de volver a la cama. El rostro de Aife apareció en mi mente, removiendo mis recuerdos. Quizás porque deseaba reprocharle todo el daño que había hecho y por abandonarme tan cruelmente. Mi madre se convirtió en un constante cambio de opinión. A veces deseaba verla, hablar con ella y otras veces sólo quería que jamás volviera a mi vida.
"Me vi a mi misma corriendo por un pasillo oscuro, con el brazo derecho sangrando. No sabía donde me encontraba, pero a lo lejos se oían disparos y gritos. Era una sensación extraña porque corría sin saber hacia donde me dirigía. Entré en una habitación rodeada de oscuridad, con el corazón latiendo con furia.
—Puedes correr todo lo que quieras, pero no esconderte. Sal y enfrentarte a la muerte. Prometo ser rápido, pero igual sufrirás —era una voz de hombre que creí reconocer, pero no estaba segura.
Cogí una espada que jamás había visto, pero brillaba como un destello cegador. La puerta se abrió violentamente, pero no pude ver el rostro de ese hombre.
—Te lo dije, no puedes esconderte de mi. Ahora voy a matarte y disfrutaré al verte morir.
—Primero tienes que luchar —añadí con desprecio.
—No esperaba menos de ti... Su majestad —repuso con una carcajada.
Mis ojos brillaban en azul y sin poder explicarlo, sentí como la ira se agolpaba En mi interior. El dolor en mi brazo fue insoportable, pero sostuve la espada, esperando su embestida. La silueta de ese hombre avanzó deprisa, lanzando los primeros golpes. Aguanté los ataques con algo de destreza, pero dolor se hacia más agudo y no pude contener el peso de la espada. En un instante, el hombre me desarmó, me dio una patada en el estómago y caí de bruces al suelo. Comencé a toser al quedarme sin aire.
—Bueno, no has luchado tan mal, pero de nada te ha servido. Ahora yo reinaré el mundo fae y los humanos serán nuestra comida. Y mi primera demanda, será la cabeza de tu amiguita.
Observé como mi espada estaba muy lejos, no podía defenderme ante mi inminente muerte. El hombre sin perder más el tiempo se abalanzó hacia mi para matarme. Volteé la cara, cerrando los ojos y rogando que mi muerte fuera rápida. Escuché el choque de una espada contra otra. Abrí los ojos y Aife sostenía la mía.
—No permitiré que mates a mi hija —espetó Aife.
—Vaya, vaya. Hoy debe ser mi día de suerte, voy a matar a dos súcubos con la misma espada y me convertiré en el rey de las sombras.
—Ysabeau, sal de aquí... ¡AHORA! —ordenó mi madre.
—No, no, no —respondió el hombre chasqueando sus dientes—. Ella se quedará para ver como muere la zorra de su madre.
El hombre arremetió contra Aife sin parar. Mi madre lo esquivó y contraatacó varias veces. Se separaron, mirándose con la ira ardiendo en los ojos de Aife con ese brillo azul. Comenzaron a moverse en círculos, esperando el siguiente ataque, pero el hombre embistió de sorpresa y le clavó su espada en el corazón. El cuerpo de Aife cayó en mis brazos, sus ojos se perdieron en las tinieblas y su sangre se derramó en mis manos. Me abalancé con furia hacia el hombre, pero fue inútil. Me cogió por el cuello y me lanzó contra la pared, como si fuera un juguete roto.
—Ahora es tu turno, pero dejaré que mueras lentamente —dijo con crueldad.
Sin medir más palabras, me dio una estocada en mi costado. Sentí como el filo rasgaba mi piel y él dolor no tardó en aparecer.
—La reina ha muerto —dijo, escupiendo mi cara.
El hombre salió por la puerta, tarareando la canción: "Over the Rainbow". Busqué el cuerpo de mi madre que yacía a unos metros de distancia. Coloqué su cabeza sobre mi regazo y aparté el cabello de su rostro. La besé en la frente, conteniendo el dolor y las lágrimas.
—Lo siento, mamá —susurré a su oído.
Supe que iba a morir y dejé que mis pensamientos volaran hasta ti, deseando que pudieras escuchar a mi corazón. «Te amo, Lauren». Dije con mi último aliento. El frio invadió mis manos y después mi cuerpo entero. La sangre que emanaba de mi herida, perdía su calor. Cerré los ojos, intentado recordar tu rostro"
—¡Bo! ¡Bo! ¡Despierta! —escuché la voz de Kenzi.
Abrí los ojos y me di cuenta que estaba en la habitación de mi padre. Kenzi estaba a mi lado, sujetando mi mano.
—Kenzi, ¿eres tú? —dije incrédula.
—Si, Bo. Lo siento mucho, he sido...
Corté sus palabras con un abrazo, hundiendo mi rostro en su hombro. Estaba asustada por el sueño, pero me calmó tener a Kenzi conmigo. La imagen de mi madre muerta en mis brazos, desgarró mi alma. Lloré abrazada a Kenzi, sintiendo el latido de su corazón. Estaba viva, todo había sido una pesadilla, pero seguí aterrada durante varios minutos.
No quise soltar a Kenzi, me aferré a ella como si en cualquier momento fuera a perder la cordura. Mi cuerpo comenzó a temblar y el frío fue igual al de mi sueño.
—Bo, estás helada —dijo Kenzi.
Intentó separarse de mi, pero la sujeté con fuerza.
—Tranquila, Bo. ¿Has tenido otra pesadilla?
Asentí por duplicado.
—Ok, no pasa nada. Estoy aquí contigo. No pasa nada, Bo.
Ella me acarició la cabeza, sin dejar de abrazarme con fuerza. Recuperé la endereza y fui soltando a Kenzi.
—Lo siento, Bo. Ayer me asusté mucho, jamás me había sentido tan atraída y aterrada por ti. No debí tratarte así. Tú me salvaste —dijo limpiando mis lágrimas.
—Lamento haberte hecho daño y te prometo no volveré a ponerte en peligro, pero no vuelvas a dejarme.
—Sabes que jamás lo haré. ¿Me perdonas?
Nos miramos unos segundos, con una sonrisa triste en nuestros labios. Me incorporé lentamente y perdí mi mirada en el sol que ascendía por el horizonte.
—En una hora tenemos que estar con los padres de Lauren —dijo Kenzi.
—¿Dónde está Trick?
—En el salón. ¿Le digo que suba?
—No. Luego hablaré con el.
Kenzi salió de la habitación no muy convencida de dejarme sola. Tarde muy poco en estar lista y bajé al salón. Trick estaba desayunando en el comedor, leyendo los documentos que le había dado Nacho la noche anterior. En la esquina derecha del folio había una especie de escudo, con unas rayas rojas y el símbolo de las luces en el centro. Eleanor había vuelto a casa y Olson estaba ayudándola a recoger la mesa. Trick me ofreció una taza de café, mirándome con esa expresión de saber lo que me pasaba.
—¿Has vuelto a soñar? —inquirió Trick.
—Si, pero ahora no quiero hablar de eso. Cuando terminemos de desayunar con los padres de Lauren, me gustaría que nos encontremos en The Deacon Brodie's Tavern. Olson te ayudará a llegar allí.
—Tranquila, que sé donde esta. Pero luego quiero que me cuentes todos tus sueños
—Ok.
Kenzi bajó al salón y salimos a casa de tus padres. Olson hizo la misma estrategia del día anterior y nos dejó en el mismo sitio. Kenzi me sujetó de la mano, arrepentida por todo lo que había pasado entre nosotras. Los dos guardaespaldas estaban a una distancia prudente detrás de nosotras. Cuando estábamos a unos metros de tu antigua casa, salió de un coche negro, un hombre alto, musculoso y de aspecto intimidante. Avanzó hacia mi y le hizo una seña a los guardaespaldas.
—¿Eres Ysabeau Lloyd? —inquirió con una voz grave y potente.
—Sí, ¿quién eres tú? —pregunté, colocando a Kenzi detrás de mi para protegerla.
—Mi nombre es Bruce y estoy aquí para proteger a la familia Lewis. Dentro de dos horas vendrán dos agentes del MI6 para brindar protección oficial a los padres de Lauren.
—¿Los va a proteger James Bond? —preguntó Kenzi sorprendida.
Bruce la miró con una sonrisa y supe que ellos se conocían.
—No —repuso Bruce—. La tapadera que hemos creado, es que Lauren fue asesinada por un grupo terrorista y sus padres estarán protegidos por el gobierno británico.
—¿Pero son agentes reales? —inquirí.
—Sí. Los sombras tenemos agentes dispersados por todo el mundo y en diferentes instituciones.
—Perfecto. ¿Y qué tengo que hacer?
—Ayudarnos a convencer a los señores Lewis. Yo apartir de hoy estaré con ellos día y noche.
—Ok, haré lo que pueda.
Bruce se despidió de nosotras y volvió a su coche. Llegamos a la casa de tus padres y nos dio la bienvenida tu madre.
—Buenos días, Chicas. Pasad, por favor —dijo Emilia.
Tu padre se acercó a nosotras y nos abrazó.
—¿Qué tal estáis? Gracias por venir.
—Muy bien —respondí—. Gracias a vosotros por invitarnos.
—La comida esta servida en la mesa. Espero que os guste el típico desayuno inglés —nos dijo Emilia, guiándonos hasta el interior de la casa.
Nos sentamos en la mesa, que estaba abarrotada de comida. Tu madre había hecho un desayuno para un ejército. Alabamos las cualidades culinarias de Emilia y la comida estaba deliciosa.
—¿Hoy veréis la cuidad? —inquirió Niel.
—Imagino que sí —repuse—. Mi abuelo acaba de llegar a Edimburgo, pero nos gustaría invitarles a comer.
—Muchas gracias, Bo. Si os apetece les mostraremos un poco la ciudad. ¿En qué hotel os hospedáis? —inquirió Emilia.
—No nos alojamos en ningún hotel, estamos en casa de mis abuelos.
—¿Tienes raíces escocesas? Que interesante —preguntó tu padre.
—Sí. Mis abuelos tanto paternos como maternos eran de Escocía.
—¿Pero has venido antes? —inquirió Emilia.
Tu madre me sirvió un poco más de té. Kenzi seguía comiendo, disfrutando el desayuno.
—No. Hace pocos días descubrí la verdadera indentidad de mi padre. Mi madre me abandonó poco después de nacer y me crié en una casa de acogida.
—Lo siento, Bo —dijo tu madre, tocando mi brazo.
—No pasa nada. Mis padres adoptivos me quisieron muchísimo y crecí feliz. Hace unos años mi abuelo materno dio con mi paradero, pero él no sabía que Aidan Lloyd era mi padre.
—¿Eres la hija de Aidan? —preguntó Emilia, asombrada—. ¡Madre mía! Lauren admiraba a tu padre y él la influenció para que estudiara medicina.
—¿Lauren conocía a mi padre? —inquirí, sin aliento.
—Sí, Bo. Aidan trató a Lauren como una hija y la quería mucho. Mi hija se pasó casi toda su infancia en la casa Lloyd y mi madre era muy amiga de Olson Zimmer. ¿Él no te dijo nada?
—Sí, pero no me dijo que Lauren conocía a mi padre.
—Pues Lauren se convirtió en médico para seguir los pasos de tu padre. El último día que se vieron, Aidan la llevó a la facultada de medicina y en ese momento, mi hija decidió ser médico. Lo siento mucho, Bo. Tu padre era un hombre extradionario y es una pena su muerte —dijo tu madre, apretando mi mano.
—Gracias, me alegra que Lauren conociera a mi padre y él la ayudara a ser lo que... fue —dije casi sin voz.
—Que curioso es el destino. Lauren y tú os conocisteis a kilómetros de distancia, sin saber el pasado que compartíais.
Asentí, sin dejar de pensar en esa treta cruel llamada destino.
—Emilia, el desayuno estaba buenísimo —dijo Kenzi, quitando la tensión que se había formado—. Podría desayunar así todos los días.
Tú madre se sonrojó un poco, pero miró a Kenzi con una sonrisa.
—¿Quieres leer la carta? —me preguntó Emilia.
—Sí, por favor.
Nos levantamos de la mesa, mientras Kenzi ayudaba a tu padre a recoger los restos del desayuno. Tu madre me llevó a tu antigua habitación. Apenas entré, vislumbre la sobriedad, con ese toque tan tuyo. Era preciosa, con las paredes llenas de póster variados. Había uno de los Beatles junto al de Albert Einstein, que representaba muy bien en lo que te habías convertido. Al lado de la ventana había una biblioteca repleta de libros. Dejé que mis dedos rozase los lomos de esos libros, que permanecía inmóviles, esperándote para que volvieras a perderte en ellos. Habían de medicina, arte y literatura. Tu madre me dijo que tus escritores favoritos eran Oscar Wilde, Paul Auster y García Márquez. Que tú leíste todas las bibliografías de cada uno de ellos, pero tu libro favorito era Cien Años de Soledad. Emilia me lo regaló para que siempre te recordara. Acaricié las palabras con las yemas de los dedos, leyendo en silencio.
Cien Años de Soledad
Gabriel García Márquez
Me sentí como si profanara tu intimidad, pero estaba entregada a tu pasado. Tu madre me acompañó durante todo el tiempo que duró mi travesía por los recuerdos de tu vida. Ella me relató varias anécdotas de tu niñez, pero era evidente el dolor y lo mucho que te echaba de menos. Descubrí que cuando eras niña tenías un perro de raza Samoyedo y le llamaste Fujur como el dragón blanco de La historia Interminable. Murió días antes de marcharte a la universidad y fue uno de los momentos más duros para ti.
—Aquí tienes la carta de Lauren —dijo Emilia entregándome el sobre cerrado—. Léela tranquila, que yo estaré abajo con Kenzi.
Tu madre me acarició la mano y me sonrió con tu misma sonrisa. Cuando salió de la habitación, me senté en tu cama, dejé la carta sobre mi regazo y contemplé cada detalle de tu habitación. Pasé lentamente mis manos por tu almohada, intentando imaginar tu vida en esa casa, lo feliz que fuiste y en la persona que te convertiste.
Abrí con cuidado el sobre y extraje tu carta. Cuando comencé a leerla, las lágrimas se deslizaron por mi cara. Tus palabras me sobrecogieron y al expresar tu amor por mi, me hizo sentir la alegría más grande que jamás había tenido. Les decías que te habías enamorado de mi, que no podías evitar sentirlo, pero Nadia estaba a tu lado. La fecha de la carta era de seis años atrás, pero era un día posterior a nuestra primera cita en el Dal. Supe que habías modificado el año, pero conservaste esa fecha.
Para mi esa noche también fue especial porque me enamoré perdidamente de ti. No quería nada más en el mundo que besarte, pero tenía miedo a hacerte daño. Estar contigo me hizo sentir especial, normal y única. Aunque el bar estaba lleno, pero la sensación era de estar las dos solas en el mundo. El brillo de tus ojos, tus preguntas nerviosas y el calor de tu mano, me hicieron perderme en ti. Esa noche, Lauren Lewis, me robaste el corazón, la respiración y me llenaste de sueños.
Emilia entró la habitación, poco tiempo después de terminar de leer tu carta. Se sentó a mi lado y limpió mis lágrimas.
—Siento mucho que vuestra historia no tuviera un final feliz. Creo que mi hija hubiera sido muy feliz a tu lado.
Me mordí el labio inferior, conteniendo las ganas de soltar toda la verdad, pero fue la oportunidad perfecta para contar parte de nuestra historia. Suspiré y bajé la mirada.
—Ella también me hubiera hecho muy feliz —dije conmovida—. Todavía recuerdo cuando la conocí. Yo estaba inmersa en un ambiente hostil, pero ella fue la única que me trató con respeto y me ayudó a sobrellevar ese mundo. Lauren era tan hermosa, que cada vez que la veía, me tiemblaban las rodillas, mi corazón se deshacía y justo en el momento que se cruzaron nuestras miradas, supe que el universo tenía sentido.
Miré a tu madre que sonreía al escucharme hablar de ti. Nos arropó el silencio, que lo perturbó los murmullos lejanos de las voces de Kenzi y Niel. Me levanté de la cama, con la carta todavía en mis manos. Se la extendí a Emilia que al cogerla me abrazó con fuerza.
—Existimos porque alguien piensa en nosotros —susurró—. Siempre que te acuerdes de Lauren, piensa en lo que te dio y no en lo que nunca sucedió.
Ese fue uno de los muchos consejos que ella me dio. Le respondí el abrazo y en ese momento, se selló nuestra amistad. Alguien tocó al timbre, sabía quienes eran, pero me límite a mirar la cara de sorpresa de tu madre. Cogí el libro antes de salir de tu habitación, guardando en mi memoria tu esencia en ese lugar. Bajamos las escaleras y en salón estaba Bruce con otros dos hombre.
—Emilia, estos señores son del MI6 y vienen para hablar con nosotros.
Esos dos hombres me miraron y supieron al instante que yo era fae. Permanecieron en el umbral de la puerta hasta que tú madre terminó de bajar las escaleras. Brucé no me quitó los ojos de encima y buscaba en mi reacción la señal para continuar.
—Díganme. ¿Qué sucede? —inquirió tu madre nerviosa.
—Señora, estamos aquí para hablar sobre la muerte de Lauren. Soy el agente especial Roger Wade y ellos son mis compañeros: Albert Deakins y Bruce Wilson —dijo mostrando sus identificaciones.
Roger era alto de cabello oscuro y perfectamente peinado. Albert era un poco más bajo, con una mirada penetrante. Ambos estaban vestidos con trajes a medida y zapatos de marca. Se notaba que era agentes del MI6 y eso les dio seguridad a tus padres.
—Sabía que vendría James Bond, pero no por duplicado —susurró Kenzi a mi oído.
Notas: Sé que los detalles sobre la vida de Lauren son un poco excesivos, pero serán muy valiosos para que Bo obtenga lo que quiere. También soy consciente que la explicación sobre la carta ha quedado algo escueta y os aseguro que en próximos capítulos se aclarar mejor el tema.
Si os ha surgido cualquier duda, no tengáis reparo en preguntarme. Eso me ayudará a dar respuestas a muchas cosas que se me escapan en el relato y es muy importante para mi que disfrutéis de esta historia.
Como siempre, agradezco todos vuestros comentarios y muchas gracias por leerme.
"El silencio es el ruido más fuerte, quizás el más fuerte de los ruidos" – Miles Davis.
