Capítulo 25:
En cuanto entraron en la casa, Elena tuvo claro dos cosas, la primera no quería hablar del tema, ni siquiera quería pensar en eso, y la segunda, miró por encima de su hombro, al chico, el cual estaba soltando las cosas en el reparador de la entrada, no pensaba permitirle sacar el tema aún. Con pasos ligeros se lanzó a sus brazos, uniendo sus labios salvajemente, el chico, al principio no le correspondió pero al sentir como su cuerpo empezaba a reaccionar a Elena, como el calor se extendía por cada célula, no fue capaz de pensar con claridad, deslizó sus manos por la espalda de la chica, copando su rostro para tomar control del beso, Elena emitió un gemido, al sentir como Damon introducía sus manos por debajo de su camisa, arrancándosela por la cabeza, el chico se deleitó con la piel rosada de Elena, con la forma de su vientre, acarició con ambas manos a su pequeña, dándole tiernos besos.
- Damon… -jadeó intensamente al sentir como el chico jugaba con el cierre de su sujetador y buscó su rostro para besarlo.
Se besaron con ansiedad y una necesidad arrolladora, pero cuando los ojos azules de Damon se encontraron con la mirada de su chica, como si de un clic en su cabeza se tratara, él se dio cuenta de las intenciones de Elena. Por un segundo, quiso mandar a la mierda toda atisbo de coherencia en su cuerpo para centrarse en hacer feliz a su chica pero sabía que ese acto sería un movimiento equivocado, cerró de nuevo el broche del sujetador recibiendo una serie de protestas por parte de la chica que buscó, enseguida, otra manera de evitar el contacto visual, jugó con el cierre de su pantalón, mientras rozaba con las yemas de los dedos, por encima de la tela, su más que notable erección, por un momento Damon se dejó llevar, cerró los ojos con fuerza, cuando sus jeans cayeron al suelo, la chica soltó una carcajada dando pequeños y húmedos besos por todo su rostro, deshaciéndose de la camiseta del chico y de su falsa en un movimiento, ambos trastabillaron hasta que cayeron entre risas sobre el sofá, con Elena sentada sobre Damon.
- Te amo, Damon… -suspiró Elena contra su piel.
La chica acarició su musculoso pecho, bajando las manos con delicadeza por todo su torso, hasta alcanzar la "v", su mano estaba peligrosamente cerca, y Damon, por instinto y necesidad la agarró para conducirla personalmente provocando que la chica se relamiera los labios con deseo. Las sensaciones de los pequeños y suaves dedos de Elena tocándolo después de lo que había parecido una eternidad eran abrumadoras y casi se dio por vencido pero en un momento de lucidez apartó, quizás demasiado de golpe, la mano de Elena y se alejó un par de pasos.
- ¡Basta, Elena! -le gritó desesperado, los ojos vidriosos por el deseo de la chica se tornaron oscuros y dolidos- No hagas esto, tenemos que hablar. Sé que estás intentando distraerme.
- ¿No quieres estar conmigo? -gimoteó, cubriéndose con las manos- ¿Tan mal aspecto tiene… mi cuerpo?
- ¿Qué? -Damon abrió los ojos como platos, casi podía sentir que iban a escapar de sus órbitas en cualquier momento, cuando recuperó el control de su cuerpo se acercó a la chica para abrazarla- Elena, te amo, te deseo, ¡mira! -señaló su cuerpo- Claro que te deseo, en muchos sentidos, y me encantaría poder estar de esa forma contigo pero necesitamos aprender a afrontar nuestros problemas de otra forma… Siempre que tenemos algún problema terminamos cubriéndolo con sexo. Estar contigo es maravilloso, pero quiero que sea porque nos amamos, no porque necesitamos distraernos de un problema -Damon no dejó de mirarla a los ojos en ningún momento, manteniéndola abrazada y hablándole en un tono suave para que no se sintiera herida.
- Damon -sollozó- Lo siento, otra vez. Solo no quiero hablar del tema. Te necesito.
La forma en que la chica le miraba le dejó desarmado, sus ojos brillaban a causa de las lágrimas y del deseo, su pelo, era un revuelto de cabellos desordenados, y su cuerpo, por más que ella dijese lo contrario, era el cuerpo de una diosa para él, era totalmente perfecto, sus pechos hermosos le pedían a gritos atención inmediata, sus piernas, tan largas y perfectas, dios, deseaba que esas piernas se enredaran en su cuerpo, mientras hacían el amor. Pero simplemente no era el momento. Elena le necesitaba, si, pero no de la forma que ella misma creía.
Abrazó a Elena durante un tiempo, que para ambos, no fue suficiente, pero Damon no podía retrasar esto más, se mordió el labio pensando en la mejor forma de sacar el tema a relucir sin que la chica pensara lo peor de su persona, él no quería más lágrimas en su rostro, no quería que la tristeza empañara sus perfectos y hermosos ojos castaños, no quería nada de eso en ella, la apartó un poco, despejando el cabello de su rostro, ya no lloraba pero las marcas de las lágrimas seguían ahí, le sonrió con ternura repartiendo pequeños y castos besos, la chica rió ante las cosquillas y se limpió las pequeñas lágrimas intentando dejar atrás sus inseguridades, ahora intensificdas por todo lo que había pasado en la escuela.
- Lo pasé mal con la muerte de mi madre, Stefan y yo decidimos irnos -el cambio de tema la sorprendió de la misma manera que le sorprendió ver que estaba hablando de su pasado- Estudiamos un tiempo fuera hasta que conocimos a alguien…
Se quedó congelado en el sitio, al darse cuenta que no era capaz de nombrar a Katherine delante de Elena, como si decir el nombre de su primer amor fuera algo que afectara a su relación, como si Elena pudiera saber toda la verdad solo con oírlo, apretó los puños, sin darse cuenta que aún mantenía a Elena lo suficientemente pegada a él como para notar ese gesto, la chica buscó su mano, y deshizo el amarre con delicadeza, los dos cruzaron sus miradas, y Elena le instó con la suya, dejándole claro con esa simple sonrisa que todo estaba bien.
- Ella era increíble, ¡los tres éramos inseparables! -le contó por encima lo bien que les sintió a ambos conocerla, en ningún momento profundizó en el asunto y eso fue un golpe bajo para la castaña, que aunque no esperaba ese ataque de sinceridad si quería saber más sobre esa persona.- Hasta que… me di cuenta de que ella amaba a mi hermano.
Elena se tensó al instante, desconectó por completo de lo que Damon estaba diciendo, porque tan sumido como estaba en sus recuerdos, no se había dado cuenta del estado de la chica, él seguía moviendo la boca, contando su no romance con esa chica, con su primer amor, no tenía que escuchar mucho para saber que ella le rompió el corazón.
- Cuando volví a mi casa, todos me miraban como el chico que se fundió la herencia de su familia en viajes y en tonterías, no creían que yo hubiera intentado estudiar o algo así, solo dieron por hecho que hice lo que me dio la gana -centró su mirada en la chica, Elena se le quedó mirando unos segundo más, la incomodidad en la sala iba en aumento- Que en verdad es cierto -rió.
- Que malo -sonrió la chica, abrazándose con fuerza a su cuerpo- ¿Y que hicistes?
"Caer en una espiral de autodestrucción donde rozaba la vida y la muerte cada día", pero no lo dijo en voz alta, solo lo gritó en su cabeza haber si eso le daba el valor suficiente para hablar, Elena se dio cuenta de lo que significaba el silencio, y cansada de ver tanto dolor en las pupilas azules de Damon, se incorporó cogiendo su rostro con las manos.
Elena suspiró sintiéndose un poco culpable. Llevaba una eternidad intentando que Damon le contara cosas de su pasado y era evidente que este pequeño ataque de sinceridad era una manera de demostrarle, no solo que confiaba en ella, sino que ella podía confiar en él. Era horrible, y no quería revivir todo lo que había pasado en el instituto, pero Damon se merecía la verdad.
- Está bien, voy a contarte… -suspiró la chica escondiendo por un minuto el rostro en el cálido pecho desnudo de Damon.
Elena se levantó del sofá, cogió sus cosas para vestirse, ya no se sentía tan mal, sabía que el pasado de Damon tenía muchas lagunas que ni ella misma podía intentar rellenar, pero poco a poco, haría que el chico confiara en sí mismo para poder hablar, y una forma de conseguirlo, era hablando con él, demostrándole que no había nada más importante que eso. Agarró la camisa del chico, olvidando su ropa, y se la puso para después volver a sentarse con él.
- ¿Y bien…? -rompió el silencio después de unos minutos sumergidos en un espeso silencio, la chica alzó la cabeza desde su escondite- Elena, no te hagas la boba, has dicho que ibas a hablar.
- Si, lo sé, pero antes quiero merendar.
- Pero si te has comido hace un par de horas un tazón de chocolate enorme y después…
- Sé lo que he comido -se cruzó de brazos molesta, al parecer nadie entendía que eso de comer por dos era cierto y le molestaba que resaltaran el hecho de que estaba comiendo más que siempre- Pero mi cuerpo necesita más comida, tienes que alimentarme. A las dos.
- Bien -se rindió levantándose del sofá- ¿Qué deseáis merendar? ¿Dulces, frutas, galletas…? No, esto último no tengo -dudó- Bueno, ¿qué se te antoja?
- Graso error, Salvatore -se puso de rodillas encima del sofá para poder mirarle desde el otro lado- ¿Un antojo? Me das pena…
- ¿Qué quieres? Di lo que quieras, me he propuesto concederte cualquier deseo alimenticio -mentira, acababa de mentirle, él no solo le concedería cualquier deseo de comida sino cualquier cosa pero visto como había querido librarse de hablar, no iba a cometer ese error, la chica dudó, golpeándose con el dedo índice el mentón como si estuviera pensando una idea macabra.
- Postres italianos -sonrió ilusionada como una niña pequeña.
- Es la merienda -abrió los ojos como platos, no iba a obligarle a cocinar, ¿o si?, el chico se rindió al segundo que Elena dibujó un puchero, intentando, patéticamente imitarle- Vale, vale, ¿qué quieres?
- Tiramisu… tiramisu… -miró por todos lados, como si estuviera buscando la respuesta entre sus cosas, Damon negó con la cabeza, Elena podría ser muy inteligente pero con respecto a las costumbres italianas le costaba bastante acertar, una sonrisa se formó en sus labios y se bajó del sofá directa a una estantería.
Damon la observó con determinación hasta que se dio cuenta de lo que estaba buscando.
- ¡Eso es trampa! -pataleó el suelo como un niño chico mientras que inflaba los mofletes al ver que la chica tenía entre sus manos un libro de postres- No soy un chef, ¿eh?
- Oh… -se quejó tiernamente.
Aunque Damon negaría rotundamente el hecho de que, viendo como estaba la situación, en lo único que pensaba en esos instantes era elegir su propio postre, ver como la chica pasaba las páginas y se relamía los labios solo de ver los exquisitos platos de ese libro, le hacía tener un hambre atroz, se agachó para recoger sus pantalones, tal vez su camiseta no, pero necesitaba tapar esa erección. Necesitaban solucionar aquello cuanto antes, prácticamente no podían tener una conversación que no estuviera nublada por el deseo.
- Quiero esto -finalizó Elena ajena a los pensamientos de su novio.
Elena empezó a dar pequeños saltitos mostrándole desde la distancia la imagen de un plato adornado con hierbas que parecía, en vez de un postre, un plato de canelones, se acercó para arrebatarle el libro y ver personalmente de que se trataba.
- ¿Cannoli?
- Me encanta como suena en tus labios - murmuró sugerentemente con una falsa sonrisa inocente. "pues espera a probar los cannolis de mis labios", pensó el chico pero solo sonrió en respuesta- ¿Cómo es? Camnoli..
- No -rió incapaz de resistirse a darle un rápido pero apasionado beso que dejó a la chica sin aliento por un momento- Vamos anda, esto nos va a costar un tiempo.
- Pero, ¿quieres prepararlo en serio?
- Si tu a cambio me vas contando que pasó exactamente.
Elena asintió no del todo convencida, Damon se dirigió a la cocina, sacando todo lo que necesitaba, resultaría más cómodo ir a la cafetería del final de la calle, donde preparaban unos cannoli deliciosos pero ya que la chica había accedido a contarle todo él no iba a defraudarla quitando la magia, sabía que hacer este postre no era nada fácil, pero tampoco algo que él no hubiera previsto nunca.
Elena se sentó en un banquito, lo observó sacar todos los ingredientes, preparando la isla de la cocina para poder hacer la masa y demás. Le había mentido con la pronunciación del postre, sabía cual era, lo había probado con los chicos en más de una ocasión en su intento de conocer más la cultura italiana pero necesitaba algo para que Damon no estuviera tan pendiente de ella si quería que hablara de las horribles situaciones de la mañana. Damon, mientras ella seguía sumergida en sus pensamientos, le contó por encima como se preparaban y cual era el origen de ese dulce.
-... Los cannoli han pertenecido a los dulces carnavalescos típicos de la cocina italiana. No obstante, es creencia popular de la región que al igual que la Cassata ambos dulces son herencia de la permanencia de los árabes en la isla… -le comentó- ¿Me estás escuchando?
- ¿Qué? Si.
- Haber Elena, ¿de qué isla hablaba? -con los brazos en jarra, dejaba ver perfectamente los brazos y el torso desnudo del chico, no fue eso lo que la desconcertó por completo sino ver que llevaba los jeans desabrochados dejando ver algo más que la "v" de su pantalón, sino también el comienzo de sus boxers, el chico soltó una carcajada, provocando que Elena subiera sus ojos hasta su rostro.
Damon sonreía de forma lasciva. El muy cabrón disfrutaba de eso.
- Sicilia -sonrió Elena triunfalmente.
- Pues lo que te iba diciendo sobre su cultura …
Incapaz de evitarlo, Elena volvió a perderse del hilo de la conversación pero esta vez concentrándose en su perfecto trasero y en su increíble espalda desnuda, necesitaba jodidamente algo en lo que pensar antes de decir nada y, mientras ella reflexionaba, Damon seguía parloteando tranquilamente sobre la cultura que le había dado sus raíces.
- El nombre "canna" es caña, por eso la forma, muchos piensan, especialmente en las culturas mediterráneas que…
-Está bien -suspiró la chica, no sabía porqué, pero el ritmo tranquilo de su voz le había dado la valentía necesaria para decidirse a hablar.
-No lo hago para hacerte daño, nena. Solo quiero protegerte -se justificó Damon mientras seguía con la preparación del postre.
-Lo sé -suspiró de nuevo antes de comenzar con la historia.- Todos empezaron a reírse, pero eso no fue lo peor -el chico dejó lo que estaba haciendo para mirarla- Por favor sigue, es más fácil para mi si estás haciendo otra cosa…
"Pero no para mi" pensó Damon sintiendo la necesidad de encerrarla en sus brazos en ese momento pero tuvo que contar hasta tres y tragarse sus sensaciones, porque se trataba de Elena.
- Por supuesto, nena. Pero te amo, ¿eh?
- Hayley y Mary solo buscaban hacerme daño, creo que sospechan del embarazo desde hace mucho, o tal vez fue casualidad pero buscaban una forma de hacerme pagar porque solo tuvieras ojos para mi.
El chico dejó el relleno encima de la mesa, se quedó ahí, mirando sin mirar a la nada, ¿cómo qué por tener ojos solo para ella? ¿Tan lamentablemente directo era? No, no, lo creía, ni siquiera había visto venir el ataque de celos de esas chicas, Elena debía de estar confundida, o él estaba demasiado ciego para darse cuenta.
- Y encima desde hace unos días… esto está siendo… -se llevó una mano a su vientre, acariciándose con algo de tristeza mientras buscaba las palabras correctas- Muy llamativo, y hoy han tenido que darse cuenta del todo, cuando he salido huyendo… o cuando tu has renunciado… no, no, no lo sé -se mordió la uña del dedo anular como un acto reflejo, arrancarse la manicura a mordiscos era una forma de olvidar el dolor emocional- O tal vez lo han dado por supuesto y se han arriesgado, no lo sé… ¿era muy evidente?
Era una pregunta retórica, la chica no quería una respuesta solo que la tierra o el cuerpo de Damon la tragase durante unas horas, días, semanas, meses o años. Tampoco estaba pidiendo algo tan complicado.
- Todos se reían como ya te dije, me sacaron fotos, me insultaron, cosas terribles Damon, y la profesora no podía callarlos, yo creo que esas dos lo hicieron aposta, esperaron el momento para tener a mis amigos lejos de mi y a la profe sin saber qué hacer. ¿Quién mejor que la profesora nueva para aprovechar y crear el caos? -rió nerviosa.
Damon aplastó la masa con demasiada fuerza, desquebrejándola, maldiciendo en voz baja, cogió el molde para concentrarse en otra cosa. Elena lo sorprendió al contarle todos los detalles que recordaba desde el momento del gimnasio hasta que él fue a buscarla a su auto. Increíblemente, la chica no lloró, y si lo hizo solo fueron algunas pequeñas lagrimitas porque en ningún momento escuchó ni siquiera un pequeño sollozo.
Mientras fundía el chocolate y seguía intentando concentrarse en el postre aún a pesar de las tristes palabras de Elena a sus espaldas, tenía que contenerse para no dejar todo lo que estaba haciendo y acercarse en dos pasos a su chica para abrazarla y alejar todos esos recuerdos horribles. Se repetía así mismo que había sido idea de Elena, y que si dependiera de él estaría abrazándola con fuerza y repartiendo tiernos besos por todo su cuerpo.
Se quedó quieto. Observó la mesa escuchando de fondo como la historia que Elena le estaba contando llegaba a su fin y los dos se quedaron en silencio por un largo momento.
Damon volteó para mirarla y no pudo evitar sonreír al verla moviendo los pies descalzos en el aire mientras se miraba las rodillas como si fueran lo más interesante del mundo. Allí estaba, después de tanto tiempo y tantos problemas, sentada en su cocina como si realmente perteneciera ahí, rodeada por el dulce aroma del chocolate fundido y el resto de los ingredientes, ligeramente despeinada y solo cubierta con su camisa que, curiosamente, solo llevaba un par de botones cerrados. Estaba muy seguro más temprano cuando dijo que no quería esconder sus problemas con sexo, y tenía muy buenos argumentos para eso en aquel momento, pero ahora simplemente no podía pensar en nada más ridículo.
- Nena, he cambiado de opinión.
- ¿Qué? ¿De qué hablas? ¿No quieres…?
No le dio tiempo a acabar con la frase, porque Damon se volvió hacia ella, agarrándola de la cintura, hasta que ella se vió obligada a enredar sus piernas alrededor de su cuerpo.
-Te quiero, nena -susurró sobre sus labios justo antes de besarla.
-Mmm… Creo que me encanta el cambio de tema -suspiró entre un beso y otro.
Damon la sostuvo en el aire mientras compartían otro largo y apasionado beso, ella le rodeó el cuello con los brazos, disfrutando inmensamente del contacto con el pecho descubierto de Damon. Era uno de esos besos que les recordaban lo locamente enamorados que estaban, dulce y apasionado al mismo tiempo.
Elena soltó una pequeña carcajada cuando el chico la soltó con delicadeza encima de la isla, repleta de harina y olor a dulce.
- ¡Damon! -se quejó al notar las manos húmedas por algo de color marrón- Tienen mejor color en las pastelerías… -comentó desilusionada viendo que tal vez a Damon no se le daba del todo bien ese dulce. El chico abrió los ojos como platos al entender las palabras de Elena.
- ¿Cómo has dicho? -se molestó- ¿Sabes que se venden aquí? ¿¡Lo has probado y me has hecho matarme a cocinar!? Esto, esto es una ofensa personal señorita Gilbert. -le advirtió. Con un dedo tomó un gran trozo de esa crema marrón como su chica le había denominado y cuando la chica comenzó a reír le manchó el rostro, rozando toda su cara con la crema, la chica se quedó pálida al sentir como ese líquido helado corría por su cara hasta su cuello.
- ¡Eh! -le riñó, devolviéndole el golpe pero esta vez con ambas manos debido a que las dos estaban repletas de harina y dulce, el chico esquivó el primer golpe y comenzó a rodear la encimera para alejarse de la castaña, que con torpeza se bajó de la isla para seguirle cargando por el camino el bol de la crema- ¡Ahora me toca a mi! -cogió un buen trozo de crema para después lanzarla directamente, segundos después volaba por encima de ambos, cayendo muy lejos de su objetivo. Damon siguió la trayectoria con los ojos como platos, lamentando su error.
- ¡Mi cocina! -gritó al ver donde había caído la crema, la cual se expandía rápidamente por la vitrocerámica- Vas a limpiarlo… -se calló al recibir una bola de crema en toda la boca- ¡Esto está…! ¡Terrible!
- Pues lo has preparado tú -le vaciló removiendo su mano por dentro del bote y así preparar su nuevo golpe, la chica estaba descalza con la camisa puesta, Damon observó por unos segundos el suelo preocupado de que su chica se tropezara, en ese momento de desliz recibió un nuevo golpe esta vez a su torso desnudo.
Estaba helada.
Elena, triunfante comenzó a dar saltitos de alegría mientras Damon se limpiaba como podía, sin pensarlo mucho corrió tras ella. Al final, el festejo le resultó caro a la castaña que, concentrada en echarle en cara su victoria no fue capaz de escaparse de Damon lo suficientemente rápido y, antes de que pudiera escaparse, se encontró aprisionada entre un par de fuertes y pegajosos brazos cubiertos de crema. El pecho de Damon, casi completamente bañado en crema, se pegó a la espalda solo cubierta por la tela de la camisa de la chica que aunque intentó patalear para escaparse no logró tener suerte.
-Te tengo -susurró peligrosamente en su oído- Y ahora… ¿qué voy a hacer contigo? -reflexionó encantado de sostenerla tan cerca.
-¡Damon! -se quejó la chica al sentir que Damon se limpiaba la mancha del rostro en su cabello.
Pero antes de que él pudiera contestar, Elena se las arregló para escurrir una mano de entre los brazos de Damon y con ella volteó el bol lleno de crema marrón sobre la cabeza del chico a modo de sombrero. Estaba tan cerca, que la viscosa sustancia se deslizó por los cuerpos de los dos, haciéndolos temblar de frío.
-Mierda está helada -gritó Elena lamentando su decisión cuando la mezcla pegajosa empapó casi toda la camisa.
-¿No querías jugar? -la retó Damon frotando su cabello lleno de crema por la nuca de la chica que reía a casa de las cosquillas.
-No, no ¡mi pelo! -gritó entre carcajadas- ¡Damon!
Con esfuerzo, Elena logró girar en brazos de su novio hasta que quedaron cara a cara y no pudieron evitar reír al ver de frente el rostro del otro, completamente manchado por la crema. Elena aceptó su derrota, dándose cuenta de que Damon no iba a soltarla, pero aunque no lo hiciera ella no iba a rendirse así nomás así que se estiró para tomar un puñado de harina de la isla y se lo arrojó a Damon. El polvo se pegó inmediatamente en la pegajosa crema, arrancando risas de la chica lo que inició una batalla interminable.
Sin soltarla, Damon se las arregló para partir dos huevos en la cabeza de ella y mientras Elena intentaba estirarse para tomar el paquete entero de harina, Damon pisó una mancha de crema en el piso y se resbaló, llevándose a la chica con él al piso.
Elena cayó encima de Damon sin poder respirar por la risa y él la rodeó instintivamente con los brazos mientras la chica, completamente encerrada en su juego, se las arreglaba para levantar un poco de crema del suelo y esparcirla nuevamente por el pecho de Damon.
-¡Basta! -gritó el chico en medio de las carcajadas y Elena terminó apoyando su frente contra la de él, incapaz de controlar sus risas.
-Tienes harina en el cabello -rió- Vas a ser guapo con canas -se burló señalando el cabello de Damon.
-Y tú tienes cáscaras de huevo aquí -le quitó un pedazo del cabello- Y aquí -rió quitando uno que se había pegado en su mejilla- Y aquí… -sonrió quitándole una del hombro.
Damon aprovechó el momento y, empujando con delicadeza la nuca de Elena hacia abajo, capturó sus labios en un profundo beso. Ella sonrió sobre sus labios, enterrando los dedos en el pegajoso cabello de Damon con el mismo placer con el que un niño entierra los dedos en el barro para jugar.
Para ellos fueron simplemente unos segundos, donde se perdieron en las miles de sensaciones que les producía besarse de esa forma, pero para el mundo o para cualquiera, Damon y Elena se mantuvieron unidos durante unos largos e intensos minutos donde solo reinaba el amor que se profesaban mutuamente. Estaban repletos de harina, de crema y de cualquier sustancia pegajosa que estuviera al alcance de sus manos; el cabello de Elena estaba empapado en huevo y Damon estaba completamente cubierto por lo que antes iba a ser el relleno de un postre que ya había quedado completamente olvidado para los dos. El piso estaba sucio por todos lados y la cocina más que eso parecía un campo de batalla para la cual las armas habían sido los elementos de la cocina pero eso no importaba realmente, en ese momento solo eran ellos dos, esos dos chicos que viven un intenso romance a escondidas.
El cuerpo de Elena no tardó en acomodarse al de Damon como si fueran dos piezas creadas específicamente para encajar. Hambriento por aunque sea un segundo más de sus labios, Damon se incorporó apoyando su peso en la puerta de la heladera y la levantó de las caderas para que colocara una pierna a cada lado de él arrancando una risa de los labios de Elena que se divertía esparciendo la crema por el pecho de Damon mientras se besaban cada vez con más intensidad.
Cuando él se separó de ella unos segundos para poder tomar aire y recuperar el control de su respiración, apoyó su frente contra la de la chica, comprobando que pese a todo, ellos seguían siendo los mismos. La misma conexión que había explotado entre ellos desde la primera vez seguía allí, quemando bajo la piel.
- Eres mía, y voy a hacer de ti un dulce exquisito… -le pasó una mano por el cabello repleto de huevo.- Solo me falta arreglar mi desastre culinario -sonrió, recibiendo una sonora carcajada de su chica, el sonido de sus risas era el mejor bálsamo para sus heridas.
- Antes muerta Salvatore -sonrió, apartándose un poco de su chico y comprobando, por ella misma, lo mal que estaban ambos, la camisa azul de Damon estaba repleta de manchas y harina por todos lados, su cabello era un desastre pero lo que le alegraba era que Damon tenía peor aspecto que el suyo. Se mordió el labio, ladeó el rostro observando como un líquido caía del hombro de Damon, pasando por su torso, hasta alcanzar el fin de sus pantalones.
- ¿Te gusta lo que ves…? -ronroneó en su oído, mientras atrapaba con la boca el lóbulo de su oreja, la chica soltó una exclamación al notar la calidez de los labios del moreno- Mmm… deliciosa…
- ¿El mejor… hmm, dulce que ha probado?
- El mejor sin lugar a dudas -repartió pequeños besos húmedos desde su oreja hasta su cuello, bajando con cuidado la camisa adherida al cuerpo, debido al sudor y a la cantidad de crema- Exquisito… -sonrió alegre de encontrar un trozo de piel cubierto por chocolate fundido.
- Estoy horrible Damon… -no pudo resistirse soltar una carcajada al ver la mueca de disgusto que había en el rostro del chico al ver con sus propios ojos la cantidad de crema que había por su cuerpo- Déjame… -rió.
- Lo siento, nena. Pero sabes terrible, a huevo crudo y harina -dijo con una mueca de asco que hizo reír a Elena cuando sintió esos sabores en su boca.
-¡Es culpa tuya! -dijo clavándole un dedo el el pecho.
-Y estaré encantado de arreglarlo -sonrió con la voz grave y con sus ojos cargados de una promesa claramente sexual, Elena se mordió el labio con demasiada intensidad, perdiéndose en las posibilidades- Ven aquí, nena.
Y ella estuvo a punto de dejarse llevar por su voz pero un segundo antes una sonrisa típica pintó sus labios y antes de que Damon pudiera retenerla salió corriendo por el pasillo.
Damon la tomó de la cintura en un segundo, repitiendo el mismo proceso, y sin pensarlo mucho, corrió, como pudo hasta las escaleras, la chica dio pequeños grititos aferrándose a su cuello con demasiada fuerza.
-No, no, no ¡bájame! -gritó Elena haciendo un esfuerzo por contener las carcajadas.
-No…
-¡Damon! -volvió a gritar, pataleando en un intento de soltarse- ¡Déjame!
La chica estaba tan concentrada en que la soltara que no pudo hacer nada para volver a zafarse cuando Damon la dejó apoyar los pies descalzos por el frío piso de la ducha abriendo el agua y empapándola por completo.
-¡DAMON! ¡Está fría!
Esta vez fueron las carcajadas de Damon las que llenaron el lugar aunque sin darle derecho a réplica la castaña lo capturó tirando de la cintura de sus pantalones y pronto estuvieron los dos bajo el agua que lentamente comenzaba a calentarse. Elena ni siquiera perdió tiempo en seguir discutiendo y tan rápido como tuvo al chico a su alcance se lanzó a besar sus labios con desesperación, era demasiado tiempo separados, ambos se necesitaban en ese instante, y nada podía impedirles consumirse en su amor de nuevo. Los labios de la chica anhelaban el calor de la boca de Damon, tiró de él con más fuerza, pegándolo a su cuerpo, que a pesar del embarazo se amoldaba perfectamente al de él.
- Nena… -suplicó, separándose unos centímetros de ella, la castaña enredó sus dedos en su cabello azabache completamente húmedo, ver a Damon mojado, medio desnudo debajo de la ducha y con toda esa crema deslizándose por su cuerpo debido al agua fue una de las imágenes más excitantes que había visto en mucho tiempo.
Un beso se convirtió en cientos mientras el agua les quitaba lentamente los restos de la pelea en la cocina y las risas iban quedando apagadas, transformadas en suspiros y pequeños gemidos de placer producidos por sus cuerpos, desesperados por tocarse mutuamente el uno al otro después de tanto tiempo.
-Eres preciosa -susurró Damon respirando aceleradamente sobre los labios de su chica y se mordió los labios mientras la recorría con la vista, disfrutando de la manera en la que el agua hacía que la tela de la camisa se pegara a sus curvas como si fuera su propia piel.
Aún cuando conocían sus cuerpos a la perfección, Elena no pudo evitar sonrojarse cuando sintió la mirada lasciva de su novio sobre su cuerpo, analizando cada parte de él, como si se tratara de la cosa más hermosa que hubiera visto en su vida. Damon, pasó con delicadeza sus manos por encima de la camisa, deleitándose por los suspiros de su novia y no tardó en empezar a desabrochar los botones, al principio con tranquilidad, disfrutando pero enseguida todo se volvió desesperado y rápido, hasta que liberó uno de sus pechos, una sonrisa se formó en sus labios y con dos dedos apretó el pezón erecto de Elena ganándose un gemido de sus labios, sin pensarlo Damon capturó su boca en un beso de frenesí y anhelo, jugando mientras tanto con las sensaciones de la chica al tocar y amoldar sus pechos en sus manos.
Los suspiros de Elena llenaron la ducha cuando Damon se separó de sus labios, y se dedicó a besarla desde el cuello hasta sus pechos, ahora mucho más sensibles que antes debido al embarazo y a los toques de Damon que se las arregló para arrancar un par de sus sonidos favoritos de placer de la garganta de la chica antes de que la camisa cayera al piso con un fuerte chapoteo dejando a Elena únicamente cubierta por la parte de abajo de su ropa interior y por algunas pocas manchas de harina que el agua se estaba encargando rápidamente de lavar.
-Te extrañé -susurró Damon recorriendo el cuerpo de la chica con las manos casi frenéticamente mientras sus labios se entretenían con su cuello.
Elena se separó instintivamente de Damon, entre jadeos y con la vista nublada besó su torso desnudo, repartiendo pequeños mordisquitos por toda la zona, una sonrisa se dibujó en su rostro al notar la clara reacción de su chico, sin pensarlo bajó sus manos por su cuerpo hasta alcanzar la hebilla del cinturón.
Damon colocó las manos en el rostro de Elena, obligándola a que alzara la vista, a que clavara sus ojos en los suyos, cuando lo hizo, atrapó con su boca sus labios en un beso salvaje y pasional.
- Mm… Damon -suspiró mientras intentaba batallar con su cinturón que al estar mojado parecía resistirse a propósito a los ansiosos dedos de la chica.
Sonriendo por la adorable imagen, Damon bajó sus propias manos para ayudar a la chica con aquella tarea y en menos de lo que ella hubiera creído los pantalones de Damon cayeron al piso junto con sus boxers negros uniéndose al pequeño montoncito de ropa mojada que empezaba a formarse en el piso. No tardó en despojar a Elena de la última prenda que cubría su desnudez y, antes de que dijeran nada, volvieron a caer en brazos del otro en un beso apasionado donde eran todo manos frenéticas por tocar y labios ansiosos por besar y probar. Cuando notó los brazos de su chica rodeándole el cuello, pegando todo su cuerpo desnudo contra el suyo; de los labios de Damon escapó un gemido ronco, cerró los ojos unos segundos, el suficiente tiempo que necesitó Elena para ser ella quien esta vez lo acorralara contra la pared alzando una pierna para enredarla en su cadera mientras sus manos exploraban su glorioso cuerpo desnudo y sus bocas no se separaban ni un minuto. Los minutos corrieron como si fueran segundos en una lluvia de besos y caricias envueltos en una nube de vapor y de un calor asfixiante. Damon no tardó en incorporar el jabón a su pequeño juego y pronto los dos estaban frotando el cuerpo del otro con la pobre excusa de quitar los restos de crema que hacía rato habían sido lavados por el agua caliente.
- Te amo, Elena -Damon acarició sus mejillas sonrosadas por la fuerza del vapor, deslizando sus cabellos hacia atrás mientras apartaba un poco de espuma de su mejilla, la miró unos segundos más, perdiéndose en sus ojos café hasta que Elena le empujó levemente, quedando ambos debajo del chorro del agua caliente, Damon acortó las distancias, atrapando el labio inferior de la chica y tirando de él, se unieron en un profundo beso, y habrían ido mucho más lejos que un par de simples besos y caricias espumosas si no hubieran oído el sonido del timbre de la casa y el del teléfono fijo.
- No… -se quejó la chica como si aún fuera una niña chica, y para enfatizar aún más su descontento buscó los labios de Damon.
- Mm… -repartió infinidad de besos húmedos por todo su cuello, intentando ignorar el sonido del timbre, Elena enredó sus dedos en su cabello tirando de él hasta sus labios, ambos se besaron con frenesí, jadeantes.- Mierda -dijo el chico entre dientes al escuchar una vez más el sonido incesante de la puerta, aunque quería perderse en Elena, no podía aguantar oír ni una vez más ese ruido.
- Quédate conmigo -ronroneo la chica acariciando sugestivamente los huesos de la "V" de su cadera.
- Sabes que quiero hacerlo -se lamentó con la voz grave y apretó los puños cuando volvió a escuchar el timbre- Pero tengo que ir.
-Sea quien sea se acabará cansando…-Elena hizo un puchero que le recordó inmediatamente a una niña a quien no le habían comprado un helado en el parque y no pudo evitar darle un tierno beso en los labios, ese pequeño beso se volvió un beso pasional, donde sus lenguas tenían la batalla vencida, Damon la tomó de la cintura, acariciando tiernamente cada trozo de piel; Elena jadeó, y estaba a punto de atrapar una vez más sus labios cuando volvieron a escuchar, seguido esta vez, el sonido del timbre.
- ¡Un momento! -vociferó sabiendo que nadie le habría escuchado desde afuera, se apartó de Elena a regañadientes, pensando en la forma más cómica de matar a la persona de la calle- Vuelvo enseguida...sigue duchándote...para jugar no es necesario la ducha.
-¿Vas a dejarme así? -la chica se señaló a sí misma completamente frustrada y Damon soltó una carcajada acercándose a susurrarle al oído.
- ¿Y tu me has visto? -bromeó señalando todo su cuerpo y enfatizando en su más que notable erección.
- Bueno, esto tiene arreglo -comentó con voz sensual acercándose de forma peligrosa a su cuerpo, el chico ahogó una exclamación cuando notó las manos húmedas de Elena sobre su miembro.- Mm…¿aún quieres irte…?
Damon apoyó la cabeza en el hombro de la chica debido a la intensidad de las sensaciones, pero justo cuando iba a dejarse llevar el sonido del timbre resonó en su cabeza.
- No -musitó molesta.
-Esta noche -susurró encerrando en esas dos palabras tantas promesas que las rodillas de la chica temblaron- Baja conmigo cuando estés lista.
-¿Y si es alguien que no pueda verme? -preguntó con evidente inseguridad.
-Es mi casa, no tienes que esconderte aquí -prometió dándole un beso en la frente- Te espero abajo.
Elena asintió y bajó un poco la temperatura de la ducha cuando él salió, intentando apartar el recuerdo de sus manos y sus labios por todo su cuerpo para tranquilizarse un poco. Al menos podía concentrarse en quitar los restos de huevo y crema de su cabello con shampoo ya que, aunque las caricias de Damon habían hecho bastante por limpiarla aún tenía el cabello manchado.
Damon salió molesto de la ducha, se echó un poco de agua fría en el rostro, recibiendo unas risitas de Elena que se había asomado entre las cortinas; ignorándola se concentró unos segundos, intentó despejar la mente justo cuando oyó de nuevo, el terrible sonido del timbre, no sabía quien era, pero iba a cambiar ese maldito sonido por cualquier otro. Sin pensarlo tomó una toalla, alcanzó rápidamente un par de boxers, se secó como pudo y salió corriendo escaleras abajo, mientras ataba dicha toalla en su cintura en un intento fallido de ocultar su erección.
No se molestó en vestirse y simplemente bajó las escaleras quejándose en voz baja porque le habían arruinado un momento perfecto con Elena. Casi le empezaba a doler la cabeza por el constante y molesto sonido del timbre que ahora sonaba continuamente, así que tuvo que acelerar sus pasos y llegó corriendo a la puerta abriéndola de golpe con la mandíbula apretada por haber sido molestado precisamente en ese momento.
Quiso golpear a la persona que le estaba volviendo loco, pero en cuanto sus ojos se cruzaron con el par de ojos de sus amigos se relajó, no porque estuviera tenso, sino porque por un momento esperaba a cualquier persona menos a Ric y a Mer; Alaric sonrió en cuanto la puerta se abrió pero eso no quitó que siguiera pulsando el timbre con fuerza, Damon le lanzó una mirada fulminante.
- Ding, dong… -dijo divertido recibiendo un codazo de Mer- ¿Qué? Nos ha tenido por lo menos media hora.
- Exagerado.
- Voy a romper ese aparatito… -dijo molesto- Con tu cabeza, lo voy a romper con tu cabeza, ¿no te han dicho nunca que con una vez sobra?
- Pues hubieras venido antes, colega.
- ¿Ir en toalla no te dice nada? -preguntó claramente irritado, no es que odiara estas típicas bromas cliché entre ellos.
-Bajar desde el baño de arriba hasta acá no te toma tanto tiempo -insinuó Meredith obteniendo un feo ceño fruncido por parte de su mejor amigo.
No hay que malinterpretar su irritación pero es que en esos momentos preferiría que todo el mundo olvidara que Damon Salvatore existiera y perderse en ese olvido eternamente con Elena, y si no podía tener la eternidad, al menos quería un par de horas para amarla. Pero esos pensamientos hacían que la molestia entre sus piernas fuera aún más incómoda así que sacudió la cabeza e intentó no pensar en la belleza de cabellos castaños que en ese momento se estaba bañando en el piso de arriba y concentrarse en sus amigos
- Chicos, ¿qué hacéis aquí?
Damon se pasó una mano por el cabello húmedo, varias gotitas de agua corrieron por su rostro hasta perderse en el principio de su cuello, Meredith rodó los ojos al ver el poco interés que tenía su amigo en dejarles pasar por lo que optó por la forma más directa.
- ¿Vas a dejar que nos congelemos aquí afuera? -preguntó alzando las cejas e intentado mirar por encima del hombro de Damon- Tú también debes estar congelándote así.
¿Congelarse? Damon estaba a dos pasos de la combustión interna antes de que sus amigos interrumpieran la mejor ducha que podría haber tenido en meses. De solo pensar en Elena, su frágil silueta, sus pequeñas manos, esos labios… Definitivamente sus pensamientos estaban yendo en la dirección equivocada, pensar en Elena mojada y bañándose arriba definitivamente no le iba a ayudar en ese momento.
- Eso Salvatore -bufó Ric y se frotó los brazos intentando calentarse un poco, noviembre se estaba dando más frío de lo normal ni siquiera habían comenzado las lluvias y el frío era insoportable, Damon se mantuvo rígido en la puerta pero una sonrisa se dibujaba en sus labios- ¡Salvatore!
- Vale ya, chicos, parecéis unos críos, solo os falta poneros a patalear e hinchar los mofletes… -rió al ver que Damon le sacaba la lengua a su amigo ignorando completamente las palabras de Mer- Vale, no paréis, echaba de menos esto.
El moreno se apartó de la puerta dejando entrar a una malhumorada Meredith pero no hizo lo mismo con su amigo, el cual se dio de lleno con el pecho desnudo de Damon.
- Te vas a resfriar Damon -le advirtió medio en broma y medio en serio Alaric- Y yo no voy a estar ahí para pasarte pañuelos o prepararte un caldo caliente, te caerás por las escaleras y…
- ¿Y Elena? ¿no está contigo? -Meredith interrumpió las palabras de su novio, rompiendo el hilo de la conversación que ya se estaba transformando en esas típicas charlas donde ninguno de los dos ganaba o perdía nada, Damon se giró dispuesto a decirle que la chica estaba bien y estaba terminando de ducharse, pero Alaric aprovechó ese momento para empujar a Damon y quitarle la toalla, el chico gritó indignado tapándose con lo primero que pilló a mano, Mer seguía muy concentrada en algo que le llamó verdaderamente la atención por lo que no vió, ni de casualidad, como su novio jugaba con la toalla como si se tratara de una bandera.
- ¡Devuélveme eso! -con una mano se cubría su miembro y con la otra intentaba alcanzar la toalla, Damon se mordía de la vergüenza en ese momento- Tío no tiene gracia…¡está…!
-Una ducha bastante interesante la tuya ¿No? -se burló Ric al ver el evidente bulto entre las piernas de Damon que el boxer blanco hacía poco por ocultar.
-¡Dame eso, Ric!
Alaric negó con la cabeza más que divertido y comenzó a correr, golpeando, sin querer a su novia, que cayó de bruces en el sofá, comprobando de primera mano que Damon estaba prácticamente desnudo.
- ¡Alaric Saltzman! -gritó desesperada Meredith lanzándole a su amigo una camisa azul celeste que había en el suelo- ¡Saltzman!
Damon agarró al vuelo la camisa del uniforme de Elena no podía usar eso, rojo como un tomate, sin atreverse a moverse ni un centímetro más se unió a su amiga en los gritos, iban a provocar que los vecinos llamaran a la policía pero a ninguno de los tres parecía importarle, Alaric divertido se escondió en la cocina.
Se aguantó la risa como pudo y lanzó la toalla lejos de su vista, al dar un paso en falso acabó resbalando y golpeándose al caer, maldijo en voz baja pero en cuanto intentó tocar la parte dolorida un líquido cremoso corrió por sus dedos.
- ¿Qué…? -movió la mano varias veces- ¡Tío eres un cerdo…!
Limpiándose como pudo con la misma toalla de Damon, no notó como tenía a dos personas detrás suya, Meredith se lanzó encima de él, sin ver siquiera toda la porquería que había por todos lados; los brazos de Alaric la recibieron encantado, la chica lanzó un grito ahogado al notar la suciedad por todos lados, Damon, que se había puesto un par de jeans gastados, es decir, que había salido corriendo hasta la secadora para sacar unos, los miró desde el banquito de la cocina, disfrutando de la pelea que estaba teniendo lugar en su cocina, al ver a sus amigos así sintió que su corazón se encogía, por culpa de él, habían estado mucho tiempo separados pero ahora estaban ahí, abrazándose y riendo como si nada hubiera pasado.
-¿Qué es todo esto, Damon? -preguntó Meredith incorporándose e intentando sacudirse la harina de las manos sin mancharse la ropa.
-Yo… eh… -tartamudeó.
-Es como si un huracán hubiera pasado por aquí -comentó la chica analizando la isla con ojo crítico.
-Mira, se va a poner a limpiar en tres… dos… uno -y exactamente en ese momento Meredith se rindió ante su obsesión por la limpieza y empezó a ordenar los elementos de la cocina causando las risas de los dos.
-Mierda, Salvatore esto está horrible -se quejó la chica luego de haberse llevado un poco de la crema a los labios con un dedo- ¿Qué te pasó?
-¿Y tú que crees, Mer? -se burló Ric- Estaba pensado con la otra cabeza y no miró bien la receta.
Mer soltó una risita mientras echaba todas las cosas sucias al lavavajillas y Damon fulminó a su amigo con la mirada ganándose otra risa por su parte.
-Ustedes dos, dejen de pelear y ayúdenme con este desastre -interrumpió Meredith.
-Si mi capitana -rió Damon atrapando al vuelo un trapo para comenzar a ordenar el desastre que había hecho más temprano con Elena.
Entre los tres se las arreglaron para limpiar el inmenso desorden de la cocina en no mucho tiempo mientras intercambiaban un par de bromas y Meredith aprovechaba para preguntarle a Damon cómo se encontraba Elena. Media hora después, Damon, Meredith y Ric habían limpiado la cocina en un tiempo record y estaban hablando tranquilamente en la sala frente a la enorme chimenea que creaba un clima tan cálido que Damon ni siquiera se preocupó por subir a ponerse una camiseta o zapatos.
Durante el tiempo que pasó alejado de sus amigos, Damon había extrañado muchísimo compartir momentos tan simples como ese así que un par de minutos estaba tan concentrado en la charla tranquila con Mer y Ric que que escuchó a Elena hasta que ella estuvo más cerca de donde ellos estaban.
-Eh… pensé que estabas solo, yo… emm -tartamudeó incómoda jugando nerviosamente con sus dedos cuando se dio cuenta de con quien estaba Damon.
Elena venía descalza, con un par de shorts negros y una camisa blanca que había encontrado en la cama de Damon además de su cabello envuelto en una toalla y un par de gotitas de agua decorando su rostro y la parte visible de su cuello y hombros.
-Hola Mer -susurró la chica cada vez más incómoda- Yo, eh… estaré arriba.
-¿Qué? No… -interrumpió Damon inmediatamente, estirándose para tomarla de la mano y tirar de ella hasta que cayó junto a él en el sofá. En el impulso de la caída, la toalla que cubría su cabello se deslizó hasta caerse en el sofá .
-Damon… -susurró a chica señalando a sus amigos con la mirada y un gesto incómodo.
-¿Quieres quedarte conmigo? -la chica asintió débilmente- Entonces eso es todo -sonrió robándole un rápido beso en los labios.
-Te quiero.
- Estás preciosa, nena -acarició su cabello húmedo, fue en ese momento Ric se quejó porque Meredith le había dado un codazo para que quitara la cara de asombro mientras miraba a Elena , su cuerpo quedaba casi al descubierto, era alucinante como una campera podía ocultar tanto..
- Hola -dijo bajito al ver los dos pares de ojos puestos en ella, se mantuvo abrazada a Damon unos segundos más hasta que Meredith se levantó de su lugar y la abrazó con fuerza, alejándola de Damon- Mer…
No quería llorar, en realidad no tenía ganas de hacerlo, pero al ver el miedo y el dolor en los ojos del profesor Saltzman y de Meredith, era imposible no sentir la angustia creciendo en su interior.
- Mi niña -se separó acariciando sus mejillas- ¿Cómo estás?
- Bien -se encogió de hombros, buscó con la mirada el apoyo de Damon, en cuanto sus ojos se cruzaron con los suyos todo rastro de angustia desapareció como si la conexión que compartían fuera más fuerte que cualquier otra cosa.
- Me alegro, nos alegramos. -sonrió atrayendo la atención de Alaric- Quería venir antes pero…
- La convencí para que os diera tiempo -sonrió Ric, rodeando a su novia por los hombros, no es que Elena no confiara en Alaric es que aún sentía un poco de recelo con su presencia, a fin de cuentas, era culpa de Alaric que Damon o Mer estuvieran tan distantes, despejó esas ideas de la cabeza al darse cuenta que se estaba pareciendo increíblemente a Caroline metiéndose en la vida privada de los demás- Elena siento muchísimo lo que ha pasado.
No respondió solo sonrío porque en su cabeza solo se formulaba una pregunta, ¿por qué lo sentís si no tenéis ninguna culpa? Sin detenerse mucho en esos pensamientos, se estiró para tomar un lápiz de la mesita frente a ellos y lo utilizó para atarse el cabello rápidamente en un moño desordenado pero al menos ya no tenía el cabello mojado pegado a la espalda. Damon sonrió al verla hacer algo tan simple como aquello, ese tipo de gestos era una prueba clarísima de que Elena se sentía cómoda y libre en su casa.
-¿Quieres comer algo, nena? -preguntó Damon entrelazando los dedos con los de su novia que miró instintivamente hacia la cocina y se sonrojó intensamente al verla limpia.
-Tengo un poco de hambre -reconoció bajito mientras acariciaba casi sin darse cuenta su vientre redondeado que quedaba en perfecta evidencia con esa ropa- O quizás bastante -rió.
-¿Quieres que te prepare algo?
-No, no, no -interrumpió Meredith entre risas y gestos exagerados- Ustedes dos manténganse alejados de la cocina por lo menos hasta que Ric y yo estemos a salvo y bien lejos de ustedes.
Elena volvió a sonrojarse, intimidada por todo lo que estaba pasando, no es que se sintiera del todo incómoda pero la figura de Alaric aún le imponía, escondida detrás del hombro de Damon, dejó que Meredith tomara el control de la situación.
- Voy a preparar algo rico -se quedó pensativa- ¿Qué tienes en la nevera, Damon?
- ¿Comida? -bromeó, ganándose una mirada asesina de su amiga, Alaric negó con la cabeza mientras tomaba otro sorbo de su vaso de agua, para hacer frío en el exterior aquí dentro se estaba ahogando del calor.
- Normalmente si, al igual que en una cocina se cocina -rió lanzando una miradita a la pareja, Damon no reaccionó pero Elena sí, recordando lo limpia que estaba cuando ella llegó, Alaric escupió todo el agua comenzando a reír a carcajadas mientras el rubor de la chica se hacía cada vez más evidente.
- ¿De qué te estás riendo, tú? -preguntó asustada Mer pero con una sonrisa en los labios- No he dicho nada gracioso, ¿verdad?
- No, cariño -soltó el vaso de agua- Es solo que… nada, da igual, eres…
- ¿Soy qué? -preguntó en un tono molesto, odiaba perderse los supuestos chistes de sus amigos cuando se trataba de ella, se cruzó de brazos- Vamos Ric, sé un hombre, habla.
- No, gracias -rió moviendo su mano en un gesto de negación- Damon ayuda.
Alaric se incorporó en el sofá, para poder mirar a su amigo a la cara, el cual, con una sonrisa de oreja a oreja, llena de felicidad negaba en redondo, ambos sabían lo que pasaba cuando Mer se ponía en sus trece, nadie sobrevivía.
- Os vais a arrepentir, los dos -los amenazó desapareciendo en el interior de la cocina, tanto Damon como Ric se incorporaron en el sofá para poder mirar el camino que había tomado su amiga.
- "Sois como críos" -imitó la voz de Mer en un tono irritante pero en un volumen bajo, una cosa era reírse y otra querer morir en el intento- "¿Nos os dáis cuenta chicos que sois muy grandes para eso?" -continuó Damon, ganándose una carcajada de su amigo, ambos tuvieron que callarse antes de que Meredith apareciera con una sartén o algo similar.
Elena sonrió tras la espalda de Damon, le encantaba verle así. Sabía de los amigos de su novio desde hacía tiempo, y que estos pertenecían a la vida de Damon tanto como ella misma, nunca quiso separarlos, pero ahora, que le veía así de feliz supo que la culpa la acabaría matando si esos dos no se hubiera reconciliado, ¿por qué eso era lo que había sucedido, no?
- Tendría que sacaros a Meredith de aquí -comentó Ric atrapando un cojín que Damon había lanzado- Tengo muchos exámenes que corregir, hablando de eso, ¿qué vas a hacer?
Damon dibujó una mueca de disgusto, no le gustaba para nada el camino que estaba tomando la conversación, no es que Alaric lo hiciera aposta no era la primera vez que hablaban de trabajo pero delante de Elena no quería decir lo que estaba pensando, iba a volver al instituto algún día pero no para recuperar su trabajo sino para matar a esa panda de mocosos malcriados, apretó con fuerza el mando de la televisión, iba a responder cuando Elena tiró de su brazo.
- Damon -susurró ya que notaba la tensión en el cuerpo de su chico.
- ¿Qué pasa, nena?
En ese momento Meredith salió de la cocina con dos bandejas de comida, tanto Ric como Damon se quedaron quietos como estatuas, como si se tratara de dos niños pequeños que intentan ocultar a su madre el mayor horror de su vida, la chica los ignoró, centrándose solamente en una muy nerviosa Elena, que no dejaba de darle vueltas al asunto de Damon, temía que el chico tomara la venganza por su propia mano, ya era bastante tener que lidiar con sus propios amigos las últimas semanas como para añadirle a un novio sobreprotector.
- ¡Nuestra cocinera favorita entra en acción! -bromeó Ric, ganándose una mirada burlona de su novia- Intentaba ayudar, ¿verdad, Damon?
- Tengo hambre, tío, ella cocina ella manda.
Todos rieron, incluída Elena, en cuanto tomó una de las bandejas y lanzó una rápida mirada a los demás supo que iba a acostumbrarse a esa peculiar familia más rápido de lo que pensó, era extraño estar en una misma sala con el profesor Saltzman ese hombre que una vez le pareció de lo más amable y que había vivido en los últimos meses para separarles, pero ahí estaba, intentando sentirse cómoda con su presencia, Damon le había asegurado, varias veces, que Ric lo estaba intentando y por ahora iba muy bien.
- Aquí tenéis, no es esa "cosa" que intentabas preparar pero está bueno -los miró a cada uno de ellos, como si quisiera dejar en claro que su comida era una delicia antes de que tomaran bocado, para Elena, ver a Meredith en esa pose superior fue muy gracioso, ya la quería mucho por ayudarla cuando no tuvo a Damon pero ahora, simplemente, Meredith se había vuelto un modelo a seguir, una mujer decidida que tenía a esos dos chicos bajo la manga. Tomó un sándwich de queso y jamón, no eran los cannoli que Damon le había prometido pero estaba igual de delicioso, bueno para alguien con el apetito de Elena cualquier cosa era aceptable.
Los dos chicos se lanzaron a la otra bandeja, Mer se sentó entre Damon y Elena arrebatando al primero el mando de la televisión.
- ¿Cómo está? -la chica paró de comer, sabía que se estaba refiriendo al bocadillo pero por un momento quiso procesar la pregunta en su cabeza. Mer, al ver su silencio la miró a los ojos
- Rico, está muy rico -sonrió.
Pero para su sorpresa Meredith soltó una carcajada dejando caer incluso el mando al suelo, Damon se giró, junto a Ric para ver que pasaba, ambos hicieron el gesto de que la chica estaba completamente loca, quitándole importancia a lo sucedido, pero Elena necesitaba saber de que se estaba riendo.
- Vale, ha sido divertido, me refería -señaló con la cabeza al vientre- A como está nuestro bebé favorito.
- Bien -Elena sonrió al fin dándose cuenta del sentido de sus palabras y acarició con la yema de sus dedos su vientre, necesitando con todas sus fuerzas que su bichito le transmitiera nuevas energías, quería estar bien despierta para esa prometedora noche, se ruborizó al solo pensar en ellos dos haciendo el amor hasta altas horas de la madrugada.
-¿Algo nuevo? ¿Antojos? -sonrió Meredith completamente interesada en el tema.
-Nada en particular -sonrió Elena acariciando su vientre- En general tengo hambre casi todo el tiempo… Aunque casi siempre tengo ganas de comer alguno de los platos italianos que me cocina Damon, y extraño desesperadamente el café -reconoció haciendo un puchero.
-Me alegro de que hayas superado los malestares de las primeras semanas -le sonrió sinceramente mientras comía un bocado del sandwich- ¿Han avanzado algo con el nombre? Porque creo que le van a crear un trauma a ese bebé si siguen diciéndole bichito, va a llegar un punto en que ni reconocerá su nombre -rió.
-Va a ser el bebé más mimado de la historia -sonrió Ric contagiándose del buen humor de su novia.
-Dímelo a mí -rió Damon con los ojos brillantes de alegría y se dejó caer encima de las piernas de su mejor amiga hasta llegar a darle un beso al vientre de Elena.
-¡Damon! -se quejó Meredith entre risas mientras Elena acariciaba el cabello húmedo de su novio.
-Te has quejado de mi mal humor por días, no molestes ahora, Fell -se burló Damon sin hacer ni siquiera un mínimo intento por apartarse.
Elena puso los ojos en blanco ante las tontas peleas de Damon y sus amigos y sonrió completamente sumergida en ese momento de tranquilidad y alegría. Todo parecía tan normal estando allí…
-Esto estaba delicioso Mer -dijo Ric con la boca llena- Pero deberíamos dejarles solos, tengo un fin de semana intenso -se explicó mientras se limpiaba las manos con una servilleta .
- Ya, bueno, "intenso" -Mer rodó los ojos- Vamos a ir a la casa del lago…
- No veo el problema -rió Damon al pensar en el significado de "intenso" para Alaric, si se tratara de otra persona entendería que era todo con referencia a un fin de semana increíblemente sexual pero con Alaric eso quería decir que Mer le tenía preparado una limpieza extrema o algo así- Es una pena que no pueda ir -dijo con falsa molestia intentando contener la sonrisa que se escapaba por las comisuras de sus labios ante la perspectiva de pasar el fin de semana completo con Elena.
- Tranquilo campeón -sonrió Meredith dándole un golpecito en broma en el estómago- No te vas a librar, el próximo fin de semana estarás ahí, y ya que has dimitido tendrás días para ir a recoger algunas cajas, quiero hacer reformas. -comentó emocionada contagiando de su alegría inmediatamente a Elena mientras los chicos reflejaban lo poco que les gustaba esa idea con un par de caras de pocos amigos.
- ¿Otra vez? -interrogó Damon rogando que su amiga no le encerrara a pintar las paredes de su casa del lago, otra vez.
- Por supuesto, necesitamos una habitación más. -Alaric se encogió de hombros discutir con Meredith era inútil.
- Mer cariño -comenzó Damon como si estuviera apunto de tratar un asunto muy serio- Tienes cinco habitaciones, ¿qué más quieres?
Enfadada de que la trataran como una niña especial, lanzó una mirada asesina a cada uno de los presentes, incluida Elena que no entendía muy bien que estaba pasando.
- Quiero preparar una de las habitaciones, eso es todo. -se cruzó de brazos- No es una gran cosa para montar tanto espectáculo, ¿no creen?
- Pero habrá algún motivo, ¿no? -se aguantó la risa- ¿Vas a adoptar gente o qué?
- Vamos Mer dile lo que planeas.
Hasta Elena comenzó a interesarse en la conversación no entendía muy bien el tema de discusión, no era una gran cosa decorar un cuarto como había dicho Meredith pero la intriga ya la estaba matando, siempre había sido una chica muy curiosa y vivaracha pero estar rodeada de gente que casi no había tratado (a excepción de Damon) y un poco de Mer, pero aún no se sentía como para poder hablar con tranquilidad.
- Vámonos, dejemos a estos tortolitos tranquilos -cambió de opinión Mer empujando a Damon para incorporarse.
-¿Ves? No quiere contarte porqué la remodelación.
-Vamos Mer… no puede ser tan malo -la pinchó Damon dejándose caer en el sofá junto a su novia mientras sus amigos levantaban sus cosas para irse.
-¿Lo ves Elena? Son dos niños -comentó Meredith molesta poniéndose una bufanda y un par de guantes.
Elena contuvo una risa acomodándose entre los cálidos brazos de Damon que la recibió alegremente. Ella apoyó la mejilla en el pecho desnudo de su novio que depositó un suave beso en sus cabellos húmedos mientras acariciaba su vientre con una mano casi por acto reflejo.
Alaric los miraba sonrientes mientras se abrigaba. Quizás había muchísimas cosas sobre su relación que no eran exactamente lo mejor, pero no podía dejar de reconocer que hacía años que no veía los ojos de Damon brillar con tanta intensidad. Aún a pesar de todos los sucesos de ese día, que habían sido bastante dramáticos, su mejor amigo parecía un hombre completamente feliz.
-Cuida de estos niños, Elena -se burló Meredith revolviéndole el cabello de Damon- No creas que me olvidé de lo de las remodelaciones, Salvatore.
-No pienso mover un músculo hasta que no me digas por qué quieres hacerlo -la pinchó él estrechando a Elena más cerca de su pecho.
-Deséame suerte, colega -rió Ric acercándose a saludar a la pareja.
-Vamos, amor. Dejemos a este par un rato -dijo Meredith tirando del brazo de su novio, él se resistió unos segundos antes de alcanzar la puerta y Elena se levantó de un saltito para seguirlos hasta la puerta para cerrar.
- ¡Le pareció ver una mancha con la cara de su difunta abuela en la pared! -gritó Ric agarrándose al marco de la puerta para que su novia no tirara del todo de él y Elena rompió a reír ante la situación- Quiere hacer una reforma ultra.
- ¡Alaric!
- ¡Nos vemos colega, Elena!
La pareja desapareció entre risas y bromas. Era increíble la conexión que tenían esos dos, la castaña no sabía muy bien desde cuando estaban juntos pero sabía que se trataba de un tiempo bastante largo. Tan ensimismada como estaba en esas ideas dispares mientras cerraba la puerta con llave que ni siquiera se dio cuenta de que solo en un par de segundos Damon estaba junto a su espalda, pegándose lo máximo posible a su cuerpo, Elena dio un respingo cuando notó los brazos desnudos de Damon abrazándola por la cintura, mientras dejaba tiernos y húmedos besos por su cuello descubierto (ya que aún llevaba el pelo recogido con un lápiz en un desastroso moño) una sonrisa se dibujó en sus labios cuando se dio cuenta que estaban completamente solos, los susurros de Damon un rato antes en la ducha resonaban en sus oídos como campanitas, se removió para quedar justo enfrente de él, piel con piel, mirada con mirada, sonrisa con sonrisa, y una promesa sexual rondando entre ellos, era eso lo único que los separaba en ese momento.
Una promesa.
-Al fin solos -dijo Damon recorriéndola lentamente con la mirada- ¿Te he dicho lo increíblemente sexy que te ves en mis camisas, nena? -susurró acercándose a ella con los ojos brillantes por el deseo.
-Me gusta sentir tu perfume en la piel -susurró ella jugando con el borde de la camisa.
-Me vas a volver loco un día de estos… Adoro tus piernas, nena -confesó con la voz grave dejando que una de sus manos rozara con la ligereza de un suspiro la piel dorada de una de sus piernas. Elena contuvo un suspiro y se mordió un labio incapaz de apartar sus ojos del pecho desnudo de Damon que la atraía como miel a las moscas.
-Damon… -susurró la chica sorprendida por la capacidad que tenía su novio de volver a encenderla completamente con solo un par de palabras y la más ligera de las caricias.
-Y me encanta ese peinado -dijo acercándose a susurrarle al oído.
-No seas tonto -rió Elena- Es un desastre… ni siquiera quiero verme en un espejo.
-A mí me encanta…
Él se acercó enredando un mechón de cabello húmedo alrededor de un dedo. Era un hecho que Elena era hermosa, pero no podía negar que estando ahí frente a él, con su camisa blanca, las piernas descubiertas gracias a ese diminuto short negro, las mejillas sonrojadas y ese desastre mojado en el cabello era una de las imágenes más sensuales que había visto en mucho tiempo.
Damon se relamió los labios con sensualidad, provocando un cosquilleo en las partes más íntimas de Elena, que no pudo hacer otra cosa que acariciar su torso desnudo con las manos, mandando descargas eléctricas por todo su cuerpo, solo fueron unos segundos, donde cada uno observó el deseo en los ojos del otro, no hicieron falta palabras porque Damon recorrió la distancia que los separaba, tomándola de la cintura, la chica soltó una risita cuando notó, en la zona donde la había tocado, un calor creciendo por su interior.
-Ven aquí -casi rugió Damon cansado de la tensión que se había construído en solo un par de minutos y tiró de ella rodeándola por la cintura hasta levantarla del piso. Sus piernas rodearon la cintura del chico, presionando su cuerpo contra la notable erección que se formaba en sus pantalones. Damon no se veía con fuerzas para subir las escaleras, no porque no pudiera físicamente es que su cuerpo ya le pedía el regalo más ansiado de toda su vida.
Estar dentro de ella.
Oír sus gritos de placer y su nombre en cada una de sus embestidas.
Sacudió esas ideas de la cabeza, y aventó Elena contra la pared más cercana, besando cada parte de su cuerpo visible: su cuello deliciosamente descubierto, el inicio de sus pechos, sus hombros… con cada beso apartaba un poco más de tela de la camisa blanca mientra la chica, sintiéndose acorralada, se removía hasta alcanzar el rostro de Damon , alejándolo de la tela de la camisa para acercarlo a sus labios, le necesitaba desesperadamente, podía notar como su cuerpo reaccionaba a su cercanía, como sus pezones se endurecía solo con el roce de la tela, como en su bajo vientre se extendía una ola de mariposas, consiguiendo, sin proponérselo estar lista para él. Estaba muy mojada, no hacía falta que se lo dijeran. Había pasado tanto tiempo, que cada terminación nerviosa de su cuerpo prácticamente gritaba por él.
Damon besó sus labios con ferocidad, al principio solo pasó la lengua por la comisura de los labios, pero tan desesperados como estaban, ambos hundieron su boca en el otro, sus lenguas lucharon por tener el control, y así comenzó otra batalla; las manos de Elena bajaban por el torso desnudo del chico hasta alcanzar la hebilla del cinturón, esta vez no tuvo ningún problema en deshacerse de la prenda ya que estaba casi suelta.
Junto a los pantalones del chico cayeron también los shorts de ella, todo esto sin separse casi un centímetro, Damon pasó su lengua por sus labios hasta su cuello, deleitándose con ambas manos de los senos de la chica, liberándolos de la camisa de un tirón, los dos pechos refulgían, redondos y perfectos para su boca, el chico curvó una sonrisa, capturando con dos dedos uno de los pezones, mientras que con la lengua relamía al otro, ninguno se quedó sin el toque de Damon Salvatore.
Elena clavó las uñas en el cuero cabelludo de Damon, sintiendo como olas de placer golpeaban su sexo con fuerza, pidiendo más y cada vez más, desesperada se retorció de placer hasta morderse el labio por no correrse allí mismo, el sabor metálico de la sangre traspasó sus papilas gustativas con la misma fuerza que un orgasmo, con la boca ácida buscó los labios de Damon, saliva con saliva, profundizaron el beso, Damon tomó a Elena de las piernas, aferrándola a su cuerpo para después dirigirse escaleras arriba; cada escalón se convirtió en un dulce tortura ya que el mágico roce de sus cuerpos se intensificaba aún más por el movimiento. Damon incluso llegó a plantearse hacerle el amor en el descansillo de las escaleras, pero hizo un esfuerzo por mantener el autocontrol y la llevó en brazos a la habitación hasta dejarla caer entre las sábanas.
Ahí, se quitó los boxers, lanzándolos lejos de él, Elena se desprendió de la camisa, o de lo que quedaba de ella para después corresponder el beso con la misma pasión que antes, ambos se dejaron llevar por las sensaciones, como con un solo roce eres capaz de perderse en un infinito demasiado profundo.
Damon se separó de ella, y sin pensarlo recorrió con la mirada y con los dedos todo el cuerpo de la chica hasta alcanzar sus muslos, una sonrisa lasciva cargada de promesas sexuales se instaló en su rostro.
- Eres hermosa, Elena -ronroneó agachando la cabeza y besando cada parte del muslo, mientras la chica se retorcía por la peligrosa cercanía y su exposición, Damon seguía diciendo palabras sin sentido- Te amo, nena…
Besó su muslo interno, y luego besó su sexo, introduciendo segundos después su lengua húmeda entre los labios, Elena estaba realmente mojada, y lo sintió en toda su boca cuando la chica ahogó un gritito clavando las uñas en la almohada, para más satisfacción Damon comenzó a lamer el clítoris, haciendo círculos con la lengua, la chica jadeó, gimió su nombre con fuerza completamente perdida entre las intensas sensaciones, viendo venir el orgasmo, Damon introdujo un dedo, cogiendo el mismo ritmo mientras su lengua degustaba el delicioso sabor de Elena.
- Damon… -jadeó con intensidad, cerrando los ojos- ¡Ah!... Damon… estoy tan cerca.
Elena, ante la intensidad del orgamo gritó con fuerza el nombre de su novio, comenzando a ver luces de colores por todos lados y completamente perdida entre los espasmos de placer, con la respiración entrecortada buscó con la mirada los ojos de Damon, el chico se había separado de su sexo para ver su reacción, su explosión y ahí estaba, la cosa más hermosa del universo.
Elena.
Retorciéndose de placer y aún oyendo su nombre de sus carnosos labios, se acercó, casi se arrastró, notando como su palpitante polla necesitaba liberación pero antes de nada, buscó sus labios para saborearlos.
Elena hizo exactamente lo mismo, aún con su sabor en la boca, ella saboreó dichos labios, probando su propio sabor en la boca de Damon, ambos jadearon, Elena rodeó la cintura de Damon con las piernas, invitándole a que continuara, porque en verdad lo único que buscaba era estar en perfecta sincronía con él.
- Te… necesito… -susurró en su oído mientras se entretenía en besar lentamente su cuello, sus hombros, su pecho. Por dios, ese hombre iba a terminar matándola.
¿Y cómo resistirse a ese deseo? Besando con fuerza sus labios Damon se recolocó para poder entrar en ella en una sola embestida, y así fue, se introdujo en su intimidad notando como las paredes húmedas de Elena se dilataban por él. Abrió los ojos, ni siquiera se había dado cuenta de lo que los había cerrado y miró los ojos café de su chica. No importaba cuántas veces hubieran estado juntos, la mágia que los rodeaba en ese momento era única e irrepetible en cada ocasión.
Estaban en perfecta sincronía, con las uñas de Elena clavadas en su espalda, con su cuerpo pegado al suyo y temiendo, por primera vez en la noche, hacerle daño al bebé, se quedó quieto por un momento, la intensidad del momento había sido tanta que por un momento se había dejado llevar por las sensaciones así que, esta vez, se movió dentro de ella con una lentitud casi exasperante, procurando no hacerle ningún daño.
- Damon… -ella gimió su nombre, melodía para sus oídos, se mordió el labio para después besar los labios de su chica con dulzura.
- Prometí hacerte el amor… y casi acabo follándote -la chica soltó una risita de placer- Y pienso hacerte el amor… el resto de mis vidas.
- ¿Todos los días de nuestras vidas? -susurró ella con voz entrecortada, arqueando la espalda involuntariamente para estar más cerca de él mientras Damon se movía dentro de ella suavemente.
- Todos y cada uno de ellos -acarició su mejilla, apartando un cabello rebelde- Te amo, Elena, siempre os amaré.
- Siempre.
Y esa simple palabra sonó realmente como una promesa. La conexión que compartían en ese momento, algo mucho más profundo que una simple conexión física, los abrumaba a los dos a tal punto que lo único que podían ver, escuchar y sentir a su alrededor eran ellos dos. Como si realmente estuvieran solos en el mundo en ese momento.
No hubo más palabras, era imposible ante la intensidad de las embestidas. Elena abrazó las caderas de Damon con sus piernas buscando aún más cercanía y se aferró a sus hombros con los dos brazos mientras besaba sus hombros con devoción. No les costó nada alcanzar un dulce ritmo en el que poco a poco toda la realidad se vio reducida a ellos dos. No eran más que piel rozando con la piel, labios besando, manos acariciando y un ritmo de embestidas dulces y tan profundas como era posible. Manteniendo un ritmo acorde ambos alcanzaron el clímax en sincronía, gritando sus nombres como si estuvieran gritando a pleno pulmón el amor que se profesaban, Damon mantuvo el ritmo un poco más haciendo maravillas en las sensaciones de Elena que disfrutó de uno de los mejores y más extensos orgasmos de su vida. Un eterno momento después, él acabó cayendo extasiado encima de la chica teniendo cuidado de no apoyar su peso sobre el vientre de ella; Elena clavó sus uñas con un poco más de fuerza en la espalda de Damon y empezó a repartir besos suaves en su cabello empapado por el sudor, ambos permanecieron así unos segundos más, con las respiraciones agitadas y jadeantes. Damon se deleitaba con la dulce música del corazón de Elena que sonaba justo debajo de su oído mientras disfrutaba los besos de su chica y las suaves caricias que ella le regalaba, rozando perezosamente sus uñas por la piel de su espalda .
- Te amo, Damon -pudo al fin decir cuando recuperó el habla, el chico sonrió contra su piel repartiendo pequeños besos húmedos sobre su cuello y hombro.
- ¿Te he hecho daño?
Elena le miró unos momentos comprobando que Damon estaba hablando muy en serio, negando con la cabeza acarició su mejilla.
- Claro que no, tu nunca me harías daño -el chico sonrió dándole un tierno beso en los labios- Me pasaría toda la noche entre tus brazos.
- Mm, suena apetecible, pero, ¿no quieres cenar? -se relamió los labios pensando en mil formas de saciar su hambre sin necesidad de salir de la cama- Porque, ahora mismo tengo mucha hambre...de ti...si quieres que bajemos...tendrás que decirlo ahora -advirtió con los ojos chispeantes mientras sus manos volvían a recorrer lentamente el cuerpo de la chica.
- ¿No habrá marcha atrás? -susurró ella mirándolo con los ojos llenos de promesas.
- Nop -sonrió- Es ahora o nunca.
Elena se mordió la lengua para no reírse sin pensarlo se incorporó en la cama recibiendo una serie de gruñidos en protesta. Totalmente desnuda se cubrió con la sábana para poder observar a su víctima desde otra perspectiva.
- Mm..-ladeó la cabeza- Creo que...tengo hambre.
Damon sonrió y estiró los brazos por detrás de la cabeza sin importarle lo más mínimo su desnudez, se sentía orgulloso de su cuerpo y no le importaba mostrarlo. Elena se mordió el labio intensamente recorriendo el cuerpo de su novio descaradamente con la mirada. Toda su piel estaba cubierta por una capa brillante de sudor y lucía como el mejor regalo que pudiera recibir cualquier mujer. Se tomó un segundo más para considerarlo, pero finalmente no pudo resistirse y se lanzó encima de él besándolo casi al mismo segundo de tomar la decisión, tenía hambre sí pero estar con Damon era lo primero.
-Mmm… Me encantas cuando estás tan cariñosa -ronroneó Damon acariciándole la espalda mientras le quitaba el lápiz que aún mantenía su cabello recogido.
-Te amo… -susurró la chica incapaz de apartarse de sus labios- Y te deseo tanto…
-Amo como suena eso.
Esa noche la pareja olvidó completamente el mundo exterior, sumiéndose en una burbuja de besos, caricias y palabras de amor pasaron la noche completa, ninguno de los dos pensó en nada más que en satisfacer sus deseos más profundos, porque solo importaban ellos dos, no el pasado ni lo que vendría al día siguiente o al otro, sino el presente, lo que estaban viviendo aquí y ahora.
¡Hola!
¿Cómo les ha ido en la semana? La mía ha sido estresante, no solo por las clases sino también por la espera de TVD, como os dije en Enredados, tenemos doble actualización hoy en honor de la vuelta de la serie esta noche en USA, ¿lo veréis en directo? Yo tendré que esperar a mañana por la tarde -_-'' me perderé a Ian charlando por twitter, una mierda en un palo, pero no puedo hacer nada para remediarlo :( ya mañana leeré su twitter, eso si sobrevivo a la avalancha de spoilers de las redes sociales, mañana seré un zombie xD
¡Amo vuestros reviews! En serio, los amo, son un amor, leeros es algo más que maravilloso. Luna y yo estamos tardando más en escribir pero no se preocupen, no pensamos dejaros tirados, ¡tenemos muchas ideas que moldear!
No sé que más decir. Ojalá la premiére de hoy sea fantástica, que tengamos muchas escenas delena y que sepamos algo del lugar donde están Damon y Bonnie, ¿qué esperan ustedes?
Besos, esperamos vuestros reviews.
Noe.
