Descargo de responsabilidad: Harry Potter y casi todos los personajes son propiedad intelectual de J.K. Rowling.
Traducción al castellano, autorizada por la autora, del original en francés Il fallait bien ça
Autora: labulle
Hacía falta todo eso
Capítulo 25 – ¿Alguien más que quiera matarme?
Cuando Harry entró al dormitorio, Ron lo estaba esperando despierto.
–¿Hermione no está con vos? –Harry se había hecho a la idea de hablar con sus amigos, a como estaban las cosas ¡qué más daba!...
–No, te estuvo esperando un buen rato pero se fue a dormir hace unos quince minutos. ¿Dónde estabas?
Ron había formulado la pregunta con aprensión, como si temiera que Harry pudiera explotar, lo cual no era algo tan descabellado. Pero Harry no tenía energías para enojarse. Y no le gustaba que sus amigos tuvieran miedo de decirle o preguntarle cosas, pero reconocía que la culpa era sólo de él, de que hubieran llegado a esa situación.
–Estaba abajo.
–Bajé hace un rato, vos no estabas.
–Había salido a dar una vuelta, después de lo que pasó, se supone que no debería haber ninguna amenaza al acecho. –replicó algo irritado.
–Presumo que no querés hablar de lo que pasó.
–Exactamente, Ron. Estoy cansado y es tarde. Y además, no puedo contarte mucho más de lo que le dije a Dumbledore. Oí que Tom le decía a Stan que sabía lo que se proponía y nada más, el resto vos ya lo conocés.
–¿Cómo puede Dumbledore haber confiado en un tipo así? Desde el principio se comportó… –Ron se interrumpió, se dio cuenta de que Harry ya no le prestaba atención, tenía la mirada extraviada y pesarosa. Ron se lamentó en silencio no sabía qué hacer para ayudarlo…– Bueno, ya es tarde, será mejor que tratemos de dormir un poco. Buenas noches, cumpa. –le dio una palmadita en la pierna y se acostó. Harry le deseó también buenas noches y se metió en la cama también, pero sabía que difícilmente iba a poder dormir.
Apenas si pudo pegar un ojo. Ya de nuevo levantado, se contempló en el espejo del baño. Tenía unas ojeras inmensas y muy marcadas. Daba pavor verlo. Pero bueno… después de la noche que le había tocado su aspecto no iba a sorprender a nadie, aunque sólo supieran una parte de la causa de sus desdichas…
Una curiosidad mórbida reinaba en los corredores. Todos parecían estar al corriente de lo que había pasado, los rumores corrían rápidos en la escuela. Todos lo miraban como a un bicho raro… bueno no era precisamente algo novedoso para Harry. Pero veía una especie de alegría salvaje en muchas de las miradas, aunque no sabía si estaban contentos porque se había salvado o porque los alegraban de que hubiese quienes quisieran matarlo…
Le dolía la cabeza por la falta de sueño y verse así tan expuesto a todas las miradas le había quitado el apetito. Jugueteaba con los huevos revueltos que tenía en el plato pero no probaba bocado.
–Deberías comer, Harry. –aconsejó Hermione.
–Gracias, Hermione. Pero no tengo hambre. Los espero en la puerta de clase. –sin esperar a que Hermione pudiera replicar, se levantó y salió del Salón. Casualmente… o no, su salida precipitada había coincidido con la entrada de Malfoy que venía a desayunar.
oOo
Llevaba ya diez minutos esperando frente al invernadero 7. No era precisamente el mejor día para haberse pasado la noche sin dormir, saltearse el desayuno y correr el riesgo de morir congelado en la nieve sin guantes y sin bufanda. Un grueso manto blanco cubría el parque y el castillo. Tenía los dedos azules y doloridos, le goteaba la nariz y las orejas se le habían puesto duras y amenazaban pulverizársele ante el mínimo impacto. El aliento se le condensaba en espesa nube alrededor.
–Perdón por haber demorado tanto, Harry, pero te traje algo. –Ron le tendió la bufanda y los guantes, había subido al dormitorio a buscarlos para traérselos. Harry se lo agradeció infinitamente, le estaban haciendo mucha falta.
–Oh, no es nada… agradecéselo a Hermione… se dio cuenta de que habías salido mal equipado y me conminó a que subiera a buscarlos.
Harry sonrió conmovido. Minutos después llegó la profesora Sprout y les abrió la puerta.
oOo
Tal como era habitual últimamente Harry no prestó demasiada atención a las charlas durante el almuerzo. Algo se comentó sobre Hogsmeade y por supuesto se habló de quidditch y del partido entre Slytherin y Gryffindor que estaba muy próximo. No veía la hora de completar las clases del día para ir a descansar solo.
oOo
–Vas a llegar tarde, Ron.
–Ya sé, Hermione. Pero dame al menos un minuto para que deje los útiles.
Harry levantó la cabeza de la almohada. Había ido a recostarse apenas habían terminado las clases del día.
–¿Tarde para qué?
–Lo comenté durante el almuerzo, Harry. Charlie está de paso en Hogsmeade, vino de Rumania para entrevistarse con un experto en el cuidado de dragones. Vamos a ir a verlo.
–Ah… cierto… me había olvidado. –dijo para disimular, en realidad no había prestado atención al comentario durante el almuerzo– Me parece que hace siglos que no vamos a Hogsmeade juntos, pero ustedes al menos pueden ir.
–Harry, no es preciso que yo vaya, me puedo quedar con vos. –ofreció Hermione.
–Gracias, Hermione. Pero andá nomás, después de la mala noche que pasé, quiero dormir un poco.
Hermione no insistió. Se despidió con un beso y partió para acompañar a Ron rumbo a Hogsmeade.
oOo
Harry estuvo dando vueltas durante media hora, estaba exhausto pero no podía dormirse. Y de repente le entraron ganas de salir, de correr, de volar. Se levantó, se abrigó bien y bajó.
Al salir por la puerta retrato se topó con Tom. Tenía muy mal aspecto, lo cual no era de extrañar.
–Harry, justo quería verte –se lo veía muy ansioso, estrujaba en las manos su gorro de lana –Todavía no sé si me voy a quedar, Dumbledore lo está considerando. En este momento está reunido con el ministro. De más está decir que he pasado un día espantoso.
–Lo lamento mucho, Tom. –no sabía qué decir para animarlo un poco –¿No querés venir conmigo? Justo salía para dar un paseo alrededor del lago.
–¡Con gusto!
Salieron al parque, no había nadie a la vista, con el frío que hacía todos habían buscado el refugio de las cálidas y acogedoras salas comunes. Caminaron un poco en silencio. Harry tenía muchas preguntas que quería hacerle pero no se animaba. Pensó entonces que era posible que relevaran al auror de sus funciones y que quizá ya no tendría otra oportunidad para obtener respuestas. Fue Tom el que habló primero.
–¿Y dónde están Ron y Hermione?
–Fueron a Hogsmeade a ver al Charlie, el hermano mayor de Ron, el que es cuidador de dragones. –Harry no pudo evitar un cierto tono de desilusión, Tom lo notó.
–¿A vos te hubiera gustado ir también, supongo? Con todas las limitaciones que te han puesto para salir este año…
–Podés decirlo. –dijo Harry con un suspiro.
–¿Querés ir?
–Sí, ¡más bien!... pero…
–Sí, ya sé que no deberías. Pero yo te acompaño. Y probablemente nadie se va a enterar.
Harry lo consideró unos momentos. Era una oportunidad demasiado tentadora como para dejarla pasar. –Bueno ¡dale! –dijo finalmente con una gran sonrisa. Se desviaron hacia el portón de entrada. Cuando llegaron a la reja, Harry se acordó de lo que había dicho Tom: "la defensa que te impide salir de Hogwarts".
–Tom, ¿qué es eso que me dijiste de la defensa? –Harry se empezaba a imaginar una fuerza invisible impidiéndole salir o una alarma estruendosa denunciando que intentaba escapar.
–Por eso no te preocupes, Harry. Pero es algo que yo no puedo decirte, vas a tener que preguntárselo a Dumbledore.
Harry no ocultó su decepción por la respuesta. Y cruzó el portón con mucha aprensión, pero no ocurrió absolutamente nada. Sonrió aliviado.
Tom le devolvió una sonrisa cómplice. –¿Qué te parece si nos vamos a tomar unas buenas cervezas de manteca?
Harry aceptó de buen grado y pensó que un poco de alcohol vendría bien para soltarle la lengua Tom, sería más fácil así obtener respuestas para las preguntas que quería plantearle.
oOo
–Las Tres Escobas está en esta otra dirección, Tom.
–Sí, ya sé. Pero quiero ir a un bar nuevo que está en el extremo este del pueblo. La última vez tuve una pelea en Las Tres Escobas, no creo que me dejen entrar de nuevo.
Caminaron unos minutos en dirección este. Harry nunca había transitado por esa zona, las calles eran angostas, en muy pobre condición, con gran cantidad de nieve acumulada, desiertas y muy poco acogedoras.
–¿Estás seguro de dónde queda ese bar?
–¡Claro! No te inquietes tanto por el barrio sé que es un poco lóbrego pero te aseguro que es un bar muy tranquilo… Mirá, es allí.
Harry observó el edificio vetusto que le señalaba Tom, de afuera no parecía que fuese un bar. Se acercaron a la puerta, Tom la empujó y le cedió el paso.
Una mano se proyectó desde el interior, lo agarró del abrigo, lo arrastró con violencia y lo hizo caer al suelo, el lugar esta a oscuras y apestaba. Harry rodó sobre el suelo y sacó la varita, pero se la arrancaron con un Expelliarmus. Tom lo estaba apuntando.
–¿Lo tenés?
–Sí, se va a activar dentro de diez minutos.
Harry volvió la cabeza a un lado, era poca la luz que se filtraba por la puerta, distinguió mal a un hombre de aspecto enclenque, encorvado, de cabellos grises escasos y desordenados, en las manos artríticas sostenía un objeto redondo.
–Ponelo ahí y salí a hacer guardia.
El hombre obedeció y salió cerrando la puerta detrás de sí. La oscuridad era casi total.
Tom se le aproximó. –Dentro de diez minutos vas a reunirte con tu destino, Harry. Eso nos deja unos momentos para poder conversar. ¿Qué te parece? –Tom dejó escapar una carcajada demencial, –Querías saber sobre la defensa, ¿no? Bueno… era la última protección que me impedía hacer esto… –Tom le lanzó un Crucio que lo hizo retorcerse de dolor en el suelo –Para poder usar el traslador tenía que sacarte del castillo. –Tom hizo una seña hacía el objeto redondeado sobre la mesa– La defensa es una protección que hubiera impedido que salieras del predio contra tu voluntad. Si no hubiese aceptado acompañarme, mi misión habría fracasado. Y creeme, la pagué cara la última vez cuando fracasé. ¡Snape siempre metido en donde no lo llaman! Pero a él también le llegó su merecido, lo vi ayer, su estado no podría ser más lamentable.
–Actuaste en complicidad con Crabbe, me dejaste solo y fuiste a avisarle.
–Obviamente. Pero Snape lo vigilaba muy de cerca desde que el muy imbécil te había atacado en el patio. ¡El muy tarado! ¡Quería matarte él mismo! ¡Y el Señor Oscuro lo tiene específicamente prohibido! ¡Él mismo quiere matarte!
–¿Y Stan? Él no tenía nada que ver con esto. ¡Lo mataste!
–Y sí, el valiente Stan, siempre metiendo la nariz donde no debía. Me estuvo vigilando de cerca desde el principio. Fue él el que me sorprendió mandándole una carta al Señor Oscuro. Después ya no había forma de sacármelo de encima. Tuve que envenenar a su mujer. Pensé que de esa forma lo iba a sacar del paso, pero no… tuvo que volver. Por suerte para mí no le comunicó sus sospechas ni a Dumbledore ni a nuestro superior. Pero anoche me sorprendió cuando trataba de romper la defensa y tuve que matarlo.
Un relumbrar peligroso le cruzó la mirada, Tom había desplegado muy bien su juego, Harry nunca había sospechado de él. Preso de un nuevo arranque de locura, volvió a atacarlo con Crucio, Harry gritó y se contorsionó de dolor. Arañó el suelo, sentía como si se estuviera quemando desde adentro. La maldición parecía prolongarse eternamente… y de repente cesó. Se oyó un gran estruendo. Tom lanzó una palabrota y se desplomó al suelo. Una ráfaga helada había entrado en el recinto. Harry perdió la consciencia, lo último que su mente había registrado había sido un susurro de palabras amables en su oído.
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