La desesperación nace de la pesadumbre, del dolor, del amargo sentimiento que ocasionan la injusticia, la persecución y la mala fortuna.

El despecho proviene de la ira, del deseo de venganza, de un odio profundo y encarnizado. El despecho es más hostil que la desesperación, y no puede ocultarse como ésta bajo una calma engañadora.

José Joaquín de Mora


CAPÍTULO 21

DESESPERACIÓN

Parte 2

Gaara hubiese preferido a su propio equipo en esa misión ahora que se encontraban recorriendo el desierto. Se sentía completamente incómodo con Kakashi, Hinata y Sasuke, pero intentaba mantenerse neutral e impasible ante cualquier comentario o decisión tomada.

Había intentando ser lo más educado y amable que podía ser para no incordiarlos. No era parte de su naturaleza actuar de esa forma, no obstante había aprendido que tratar a las personas de esa manera daba buenos resultados. Ganaría el respeto de Hinata, Kakashi y Sasuke siendo respetuoso con ellos.

Con todo, los shinobis de Konohagakure no eran la mejor opción cuando se trataba de supervivencia. Sí, Kakashi era un jounin; el hombre tenía más experiencia que él cuando se trataba de misiones, pero no así cuando lo que estaba en juego era la sobrevivencia en el desierto. Para eso estaba él, para aconsejarlos a tomar las mejores decisiones posibles para que no se perdieran en ese mar ardiente de arena. Aquello lo hacía sentir en parte responsables por ellos. Recordaba lo mucho que Naruto los apreciaba, por ello, intentaría dar lo mejor de sí mismo para no fallarle a la persona que le había devuelto la esperanza de encontrarle significado a su vida.

A sugerencia de Gaara, el rastreo comenzó cuando el sol hizo posible que se volvieran a mover. Los cuatro recorrieron el desierto a gran velocidad mientras los perros de Kakashi olfateaban el suelo buscando los olores que habían memorizado en la aldea. Uno de ellos, al cual Hinata llamó Pakkun, se dirigió en búsqueda de refuerzos por orden directa de Kakashi. Gaara de verdad no sabía que tendría el jounin de Konoha en mente, pero esperaba que tuviese alguna especie de plan de respaldo. Después de todo, por la información que habían recibido de ese extraño chico en la aldea, era posible que se pudieran encontrar con Orochimaru.

Escuchar aquel nombre había hecho que algo similar a la tristeza recorriera su pecho. Su padre había muerto a manos de ese sujeto. A pesar de no mantener recuerdos gratos del cuarto Kazekage, la idea de que Orochimaru hubiese sido tan fuerte como para darle muerte era algo que rondaba su cabeza con constancia. No estaba seguro que tres gennins y Kakashi serían suficientes en caso de que tuviesen que hacerle frente.

Al menos el mensaje que le había mandado a Kankuro y Temari lo mantenía tranquilo. Pasara lo que pasara, sus hermanos llegarían de refuerzo. Le había tenido que pagar al extraño chico pelirrojo para que llevara el mensaje a Suna, pero había valido la pena. El consejo de la Aldea debía enterarse de lo que estaba sucediendo pues la situación del secuestro de hombres, mujeres y niños podía repetirse en otras aldeas a lo largo del país del Viento.

De pronto, Kakashi se detuvo. Llevaban gran parte del día corriendo y un descanso de seguro les hacía en falta. Ellos no estaban acostumbrados a esas condiciones y mucho menos al clima hostil del desierto. Hasta para él, un nativo de la zona, era un poco dificultoso poder soportar la fiereza con que el sol los había estado atormentando todo el día.

Le llamó la atención que el hombre aguantara tan bien el calor, pero no se sorprendió de ver los efectos que tenía tanto en Hinata como Sasuke. Sus pieles pálidas estaban sufriendo los primeros signos de la insolación y un dorado rubor aparecía en sus rostros. Él tenía aquel problema, una capa de arena cubría su piel constantemente.

Gaara era parte del desierto; lo entendía y podía escuchar palabras en el viento. Por ello, atravesarlo de lado a lado no lo intimidaba. Pensó en decirles que tomaran agua y que se cubrieran, pero no quería escuchar a Sasuke Uchiha gruñendo que no necesitaba de sus consejos. No quería causar nada para enemistarse con él. Quería acercarse a él y conversar, saber qué lo hacía tan especial para que Naruto pensara que su vida era lo suficientemente importante para estar dispuesto a morir por defenderlo.

— ¿Qué sucede? — Les preguntó Kakashi a sus perros. Todos se habían detenido a olfatear con cuidado un punto en específico.
—Los rastros se dividen aquí. — Respondió uno de los perros, tenía una especie de mohicano y su pelaje era gris. — Los llevaron a todos por distintos caminos o a distintos destinos.
—Ya veo. — Respondió Kakashi. — ¿En cuántas direcciones se dispersan?
—Al menos nueve. — Le indicó el can.
—Bien. Sigan las diferentes huellas hasta que encuentren el lugar donde los llevaron. Acamparemos cerca de aquí hasta que ubiquen su localización. Cuando los encuentren vuelvan por nosotros. — Kakashi subió la mano. — ¡Dispérsense!

Al bajarla los perros desaparecieron en distintas direcciones siguiendo cada uno los rastros que aún podían captar.

Los cuatro quedaron ahí parados en medio de la nada, mirándose unos a otros preguntándose qué harían hasta que volvieran los perros de Kakashi. Sin embargo, las palabras no surgieron con facilidad. Hinata y Sasuke estaban jadeando por el cansancio mientras que Kakashi se secaba la frente con el dorso de su guante.

Había un poco de viento y la arena comenzó a levantarse con ello. Gaara subió el rostro y vio la posición del sol; les quedaban 45 minutos más de luz antes de que comenzara a anochecer.

— Gaara-kun, ¿hay un lugar dónde podamos acampar por aquí? — Preguntó Kakashi mirando al pelirrojo.
—Con el viento y la posición del sol no llegaremos a ningún lugar aceptable antes de que anochezca. — Respondió sin mostrar emoción alguna. — La mejor opción que tenemos es buscar una depresión y levantar tiendas ahí hasta que amanezca Kakashi-san.
—Hinata-san. — Le pidió Kakashi. — ¿Podrías inspeccionar el terreno y buscar algo con las características que Gaara-kun señaló?
—Entendido. — Formó los sellos. — Byakugan.

La joven escudriñó la superficie alrededor de ellos y encontró una duna que se levantaba más alta que el resto, dos kilómetros al sur del lugar en donde se encontraban.

Acamparon ahí esa noche.

Sasuke se encargó de armar la tienda de dormir mientras Kakashi inspeccionaba los alrededores en busca de algo para quemar y así poder soportar de mejor manera el frío que estaba próximo a comenzar. Gaara les dijo que era inútil, pues a diferencia del país del Fuego, no crecían arboles ahí. Generalmente lo que quemaban era estiércol de camello cuando se encontraban tan internos en el desierto como lo estaban ellos. Por lo mismo, el pelirrojo supo que esa sería una noche fría y larga.

Se quedó parado mirando el horizonte observando como se movía el viento. No sabía si una tormenta de arena los golpearía o no, pero había más brisa de la normal. Habría sido catastrófico encontrarse ahí y recibir de lleno un evento como ese… sus compañeros de equipo no estaban preparados para ello. Volteó el rostro cuando notó que Sasuke lo estaba mirando y sus ojos se encontraron un momento.

Gaara lo observó desinteresado e inexpresivo. No quería ser mal educado, pero siempre había sido de esa forma, ajeno a todo a su alrededor para así poder soportar las miradas de odio que todos le dirigían, incluso su propia familia. Había sido su mecanismo de autodefensa para sobrevivir toda su infancia.

A veces le parecía curiosa la actitud de los extranjeros que llegaban al país del Viento creyendo que sabían todo lo que había que saber sobre un lugar tan inhóspito como ese, pero él y los suyos no habían construido sobre la arena así como así, había sido toda una lucha de generaciones poder establecerse permanentemente en Villas y dejar de ser nómades en constante búsqueda de agua. Lo sabía bien, él provenía de una familia de nómades que se movía con constancia o al menos eso había dicho Temari que decía su madre cuando estaba viva.

— ¿No tienes miedo? — Le preguntó Sasuke con frialdad.
— ¿Por qué debería tenerlo? — Lo cuestionó Gaara. Hinata se paró derecha y observó la lucha de ambas miradas.
—Orochimaru está buscando pelirrojos. — Respondió Sasuke con indolencia.

Gaara no respondió, sólo se dio la vuelta cargando su ánfora con arena y caminó en dirección opuesta. Sentía que Sasuke estaba incómodo con él ahí y no quería ser motivo para que el Uchiha se molestara. Le daría su espacio para que pudiese ver por sí mismo que no tenía malas intenciones, que realmente estaba haciendo un esfuerzo por cambiarse a sí mismo y así poder alejarse de aquel camino de soledad que había recorrido por tanto tiempo.

Miró a Sasuke y a Hinata sobre su hombro y se preguntó… qué se sentiría ser amigo de alguien. Él no tenía amigos. Ni si quiera estaba seguro de qué significaba aquella palabra. Sus lazos no iban más lejos que los que mantenía con Temari y Kankuro; estaba seguro que aquello era porque ambos estaban obligados a permanecer cerca de él al ser sus hermanos. Sabía que ambos le temían. Tanto era así, que mientras crecía nunca los había considerado como tales.

Se sentía esperanzado que tal vez, al finalizar esa misión, podría llamar a Hinata y a Sasuke… sus primeros amigos. Estaba haciendo un esfuerzo por cambiar, sólo esperaba que ambos lo pudiesen notar. Mientras se alejaba, escuchó la forma en que Sasuke y Hinata se decían alguna cosa, pero no prestó mayor atención a ello. Parecían estar discutiendo.

Sin embargo, lo que había dicho el Uchiha era cierto; Orochimaru estaba tras personas de cabellera roja. No era su propia seguridad lo que lo preocupaba, más bien pensó en un posible nuevo ataque a alguna otra Aldea en el desierto. Sólo esperaba que Temari y Kankuro pudiesen poner en alerta a todos antes de que tuviesen que lamentar una tragedia.

Un año atrás, la idea de que todo el país del Viento fuese destruido no lo hubiera hecho si quiera parpadear. Y ahora, ahí estaba caminando hacia la boca de un león sin miedo alguno, dispuesto a sacrificarse de ser necesario para proteger a personas que lo odiaban y aborrecían todo lo que él representaba.

No obstante, Naruto le había mostrado que podía cambiar su propio destino. Le había ayudado a ver que si seguía avanzando por una ruta de odio y soledad, terminaría perdiéndose para siempre. Por ello, deseaba tomar el mismo camino que él. Lo anhelaba. Esperaba encontrar algo que quisiera proteger y así dejar de estar siempre solo, desconociendo la palabra que había tatuado en su frente con la sangre de Yashamaru.

Había decidido empezar desde lo más bajo de la estructura jerárquica de shinobis del País del Viento para ello, apuntando a servir a su país y demostrarle a los aldeanos que era más que una peligrosa arma.

Era enviado en misiones en solitario, pues los demás no querían trabajar con él. De vez en cuando dos gennins lo acompañaban, pero le temían tanto que aquellos días se le hacían largos y melancólicos. Actuaban como si estar con él en el mismo equipo fuese más un castigo que otra cosa.

Kankuro le advirtió que sería difícil, que nadie lo veía como a una persona sino más bien como una bomba de tiempo que en cualquier momento podría estallar, que los ancianos y los altos mandos de Sunagakure buscarían eliminarlo enviándolo en misiones suicidas y peligrosas. Le pidió que no abandonara su propio grupo consistente en él mismo y Temari. Aquella era la única oportunidad que tenía Gaara de sobrevivir en Suna, de lo contrario aquellas personas eventualmente encontrarían la forma de deshacerse de él.

Lo despreciaban.

Le temían.

Lo odiaban.

Pero no le importaba. Aceptaba aquellos sentimientos como una fortaleza más para demostrarles lo contrario. Deseaba poder probarles a las personas de Sunagakure que no era sólo un contenedor o un arma, sino que había en él un humano que también deseaba encontrar el camino correcto.

Naruto Uzumaki le había enseñado que las personas se volvían más fuertes cuando tienen algo que proteger, por ello, se había puesto como meta intentar buscar alguna cosa o persona que también desease proteger con su vida.

Sin embargo, como aún no lo había encontrado del todo, decidió que al menos en esa misión protegería con su vida a Hinata, Sasuke y Kakashi, pues Naruto así lo había hecho esa vez. Si alguien como él pensaba que esos dos chicos y el jounin valían su vida, entonces él también lo creería así. No había motivo para seguir cuestionándose a sí mismo sobre eso.

A la distancia, miró a Sasuke de reojo y se preguntó si habría algo que él deseara proteger con su vida también.

Sus ojos negros eran extraños. Mostraban los sentimientos de alguien que conoce la verdadera soledad…Pero… ¿Estaba realmente solo?

Movió lentamente su mirada hacia la chica de melena azulada que lo miraba un tanto asustada mientras él la sermoneaba y se preguntó si Sasuke si quiera se daba cuenta de que ella había perforado esa capa que había interpuesto entre él y el mundo. A pesar de que con sus gestos y sus palabras la intentaba alejar, ahí estaba ella escondida entre sus hombros soportando todo lo que salía de él.

Suspiró con envidia. Le hubiese gustado que alguien perforara en su soledad también. Sasuke era un verdadero idiota por no darse cuenta de lo afortunado que era.

Aún así, sus reacciones cuando se trataban de Hinata eran bastante curiosas. Los detalles eran sutiles, pero Gaara se daba cuenta de ellos.

Si se acercaba demasiado a la joven, Sasuke lo miraba con resentimiento. Si Hinata le hablaba preguntándole si deseaba agua, por muy enfocado que el pelinegro estuviese en la misión, no podía dejar de mirarlos descuidando donde pisaba. Si Hinata buscaba conversación con él o le hacía alguna pregunta, Sasuke interrumpía rápidamente sermoneándola y aludiendo que aquello no era un encuentro social sino que una misión. Si Gaara le preguntaba si estaba bien, quien respondía por ella era Sasuke.

Sin si quiera darse cuenta, se interponía entre ambos de forma tan sobreprotectora que cualquiera que no los conociera hubiese pensado que Sasuke era su hermano mayor o algo por el estilo.

A Gaara no le molestaba que él actuara así, más bien le causaba una cierta curiosidad. No estaba seguro si Sasuke Uchiha era demasiado sobreprotector con su compañera o si simplemente rechazaba la idea de que ella quisiera acercarse a alguien que no fuese él. Se preguntó cuánto tiempo se tardaría en darse cuenta que aquella necesidad de protegerla era su camino a encontrar la salvación en su propio camino de odio y soledad.

—Pero…Sasuke-kun… — Alegaba Hinata intentando encontrar lógica en lo que él decía. Sin embargo Sasuke parecía no querer escucharla. La intensidad con la que la observaba la hizo querer enterrarse en la arena. — ¿Por qué debemos mantener a Gaara-kun alejado? Él… él parece una buena persona.
— ¿Acaso se te olvidó lo que hizo? Casi destruyó toda la aldea y tú lo tratas como si fuera un amigo de toda la vida. Es cierto que la aldea estableció un tratado de paz con Sunagakure y que debemos colaborar para mantenerlo, pero ese sujeto… ese sujeto… — Sasuke se cruzó de brazos y la miró con rabia. — ¿Cómo puedes ser tan ingenua? Nadie es tan crédulo como para pensar que de un momento a otro ese sujeto es la encarnación de la bondad, ¡bah! Me irritas Hyuga. No es posible que le creas que cambió porque Naruto le dio una paliza.
—Pero… ha sido muy amable con nosotros y… — Intentó argumentar Hinata.
— ¿Amable? ¿Cuándo ha sido amable contigo? ¿Cuándo estaban comiendo solos anoche? — La cuestionó mirándola de reojo. Su tono de voz era alto, pero no llegaba a gritar.
—Es nuestro compañero para esta misión. Lo mejor que podemos hacer es conocerlo. — Indicó intentando que su voz no se quebrara. Sasuke la ponía nerviosa cuando le hablaba así. — No siento que sea una mala persona o que tenga m-malas intenciones... sólo…
— ¿Sólo qué? — Le preguntó Sasuke intentando que llegara al punto con rapidez.
—M..mucha nostalgia. Siento mucha nostalgia en él. — Respondió con tristeza mirando en la dirección hacia la cual Gaara había caminado. Ya no se divisaba.

Sasuke la miró y volteó el rostro con un desaire dándole la espalda. Hinata escuchó su típico "Hmph" y entendió que no sólo estaba fastidiado, sino que era el fin de la conversación.

No dijo nada, simplemente se sentó un poco más allá activando su byakugan para ver donde Gaara había ido. Lo encontró en la cima de la duna sentando, mirando cómo se ponía el sol. Su soledad era palpable y aquello la entristecía. En muchos sentidos, sus ojos tenían impreso un aire melancólico que le recordaba a la mirada en Naruto cuando eran compañeros en la academia.

Suspiró un tanto agotada de todo ello. No era precisamente Gaara quien la había mantenido preocupada desde que escuchó el nombre de Orochimaru.

—Sasuke-kun… — La voz de Hinata fue apenas más alta que el viento. Él no le respondió pero levantó levemente los hombros evidenciando que le estaba poniendo atención. — ¿Si Orochimaru intenta… intenta llevarte con él nuevamente… tú… tú lo considerarías?

Aquella pregunta había circulado su mente demasiado tiempo, incluso antes de que los designaran en esa misión. El mero pensamiento de que Sasuke pudiese estar considerando la idea de que Orochimaru le diera poder, la asustaba… ya había perdido a Naruto, no se imaginaba su vida sin Sasuke.

No quería perder la fe en su compañero, pero debido a las circunstancias y la constante sombra que lo cubría… no podía dejar de preguntarse si su deseo de venganza era más fuerte que la amistad que tenía hacia ellos o su sentido de lealtad a la Villa.

Se sintió acongojada cuando notó que Sasuke llevaba una de sus manos a su cuello y comenzaba a temblar en silencio. Quiso acercarse a él, preguntarle qué le sucedía, si estaba bien… pero imaginó que Sasuke sólo la alejaría. No era el tipo de persona que aceptaba la cercanía de otros y mucho menos que admitiera debilidad ante situaciones como esa. Era demasiado orgulloso como para haber dicho que ese tema lo incomodaba.

— La idea de que uno de los legendarios sannin desee… - Comenzó Hinata sólo para ser interrumpida abruptamente por Sasuke.
—No me importa quien fue ese sujeto, no tengo nada que tratar con él. Me volveré fuerte por mis propios medios.

Hinata suspiró con alivio pero el gesto fue demasiado notorio como para que pasara desapercibido.

Sasuke volteó lentamente y la observó un momento a los ojos. La chica sintió algo extraño revolverse dentro de ella cuando lo hizo. Su ceño no estaba fruncido, más bien lucía sorprendido.

Sin saber la razón, sus mejillas se encendieron y tuvo que girar el rostro hacia un costado. Escuchó a Sasuke exhalar con fuerza, irritado. Ninguno dijo nada más sobre aquello.

La joven hundió su cabeza entre sus rodillas recordando el rostro de Orochimaru, su sonrisa serpentil, sus ojos rasgados y divertidos. Él había sido el sujeto que los salvó de morir a manos de Hidan cerca de la Aldea Oculta de la Cascada. Tenía una noción clara de que habría muerto desangrada si no hubiese sido por ese amable joven de anteojos que había realizado ninjutsu médico para cerrar las heridas en su frente y abdomen.

Aún recordaba ese dolor. Había pasado seis semanas hospitalizada por ello. En ocasiones rezó por él, pero luego de saber que había sido parte del ataque en contra de Konoha dejó de mencionarlo en sus oraciones. No podía desearle bien a aquellos que habían intentando destruir la Villa. Era justamente aquello a lo que se refería su padre cuando decía que ella era demasiado amable para ser shinobi.

La idea de volver a ver a Orochimaru la llenaba de nerviosismo. Apretó la piedra que colgaba en su pecho pensando qué habría hecho Naruto en una misión como esa. Seguramente habría sido el más entusiasmado de los tres.

Sin embargo, en esta ocasión, también subió la vista buscando a Sasuke para darse fuerzas; mientras estuviesen juntos podrían superar cualquier cosa. Lo encontró observando hacia al frente con la mirada perdida en la arena. Su perfil serio, su mirada perdida y un tanto melancólica la hizo saber de inmediato que Sasuke estaba en un lugar propio en donde ella, por más que lo intentara, no lo podría alcanzar.

Sasuke sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando escuchó el nombre de Orochimaru salir de la boca de Hinata, pero aun más importante, sintió un fuerte dolor en su cuello. Llevó una de sus manos sobre la marca en su nuca e intentó que no lo viera hacerlo. Apretó el puño con tanta fuerza que incluso comenzó a temblar.

Ese sujeto, el tal Orochimaru, le había dado ese sello que ahora llevaba consigo como una constante sombra, siempre susurrando que a pesar de trabajar duro y entrenar sin descanso, nunca se desharía de esa fuerza que no era suya que podía utilizar en cualquier instante con el riesgo de perderse a sí mismo cuando lo hiciera.

Aquello no era una opción. No antes de que pudiese vengar a su clan.

La única vez que había desencadenado el poder de ese sello fue cuando la aldea de la Arena atacó la Hoja en el examen chunnin. Recordaba lo que había sentido cuando ese chakra invadió su cuerpo. Era electrizante y le había quemado la piel, pero al mismo tiempo lo había llenado de una fuerza y rapidez que no eran propias, una especie de furor que no podía controlar. Se había sentido embriagado, como si de un momento a otro pudiese hacer lo que quisiera. Había olvidado su misión de proteger a las personas en las graderías, de velar por Hinata y asistir a Kakashi, sólo atacaba sin importarle las consecuencias.

Fue sólo cuando Hinata lo golpeó que recordó nuevamente quien era y por qué estaba vivo.

Sin embargo, el sello estaba ahí, susurrando en su oído que en cualquier momento podía volver a perder el control. Y aquello era culpa del famoso Orochimaru que le había dicho justo antes de desaparecer: "Cuando te aburras de jugar a ser ninja, búscame y te daré poder."

Lo había considerado muchas veces, en especial el día en que intentó irse de Konoha después de que Itachi lo venciera. No obstante, entendió que no había atajos para volverse fuerte. Si quería conseguir fuerza para vencer a su hermano, lo haría por su cuenta, por sus propios esfuerzos, de lo contrario su venganza no tendría sentido. Su venganza no sería suya. No podría sentirse en paz con la memoria de su madre y su padre si no era él mismo quien bajaba el telón en la vida de Itachi Uchiha. Quería sonreír cuando observara a su hermano morir frente a él y decirle que su peor error fue haberlo dejado vivo.

— La idea de que uno de los legendarios sannin desee…
—No me importa quien fue ese sujeto, no tengo nada que tratar con él. — La interrumpió con rapidez. — Me volveré fuerte por mis propios medios.

Y realmente creía en eso. No necesitaba trucos para volverse más fuerte. Tampoco despertaría el mangekyo de la forma en que Itachi lo había hecho. Prefería entrenar su propio sharingan, sus jutsus elementales, su genjutsu y taijutsu. La idea de matar a su mejor amigo sólo para obtener poder lo asqueaba, no porque no hubiese tenido la determinación de haberse deshecho de Naruto o incluso Hinata si su venganza así lo requería, sino, porque no seguiría los pasos de Itachi. Se negaba a caer tan bajo como él.

Lo odiaba demasiado como para haber querido ser como él y seguir sus pasos. Prueba de ello era la bandana que llevaba en su cabeza del día en que en un ataque de rabia había cortado la mayoría de su cabello con un kunai.

Fue entonces cuando escuchó el suspiro de alivio de su compañera. Sus párpados subieron y sintió una extraña presión en el pecho. No podía creer que un sonido tan inocente como aquel le hubiese causado una reacción tan rara en el cuerpo.

Dudoso, se volteó sobre su hombro para observarla. En el momento en que sus ojos se cruzaron sintió un vacío en el estómago. Se sintió paralizado mientras los segundos pasaban y ambos se observaban sin decir nada. Ahí en medio del desierto, tan lejos de Konoha, ella mostraba que se preocupaba de lo que podía pasarle. Sus gestos se suavizaron y por algún motivo quiso sonreír. Tuvo que hacer un esfuerzo por no hacerlo.

Su ritmo cardíaco se aceleró al verla sonrojar. No lo comprendió. La había visto sonrojarse un millón de veces, por cosas tan ridículas como cuando él le preguntaba qué deseaba comer, hasta por cosas graves como cuando la había interrogado por sus sentimientos hacia Naruto. Sin embargo, fue sólo en ese momento que pensaba que aquel rubor era… enternecedor.

Sacudió la cabeza irritado. El calor lo estaba haciendo pensar estupideces. Molestó, bufó y se dio la vuelta.

—Si tienes calor toma agua o algo. — Le dijo entrecerrando los ojos con una mueca de fastidio.
—S..sí. — Respondió Hinata casi en un susurro.

Dejó que el sonido del viento hablara entre ellos y se alienó de la joven.

Aquella vergüenza que comenzaba a experimentar lo hizo sentirse incómodo. Él no se avergonzaba. Nunca. Esa era una emoción para fracasados o imbéciles. No era digno de un Uchiha.

Un Uchiha no se ruborizaba, ni se sorprendía, no se sentía confundido, ni se perdía en sus pensamientos. Consideró seriamente qué le habría dicho su padre si hubiese sabido que estaba teniendo ese tipo de reacción sólo por el suspiro de una chica. Era patético. Estaba en una misión, debía mantenerse enfocado en ello y no en estupideces.

Se habría levantado de la arena para caminar un poco y así sacarse de la cabeza la imagen de aquellas mejillas sonrojándose de no haber sido porque en ese instante Kakashi apareció frente a ellos en una nube de humo.

—Bien, no hay nada para quemar en los alrededores. — Dijo con un tono ligero. — Pero han estado entrenando entre la nieve estos últimos dos meses. Deberían estar acostumbrados al frío.

Hinata y Sasuke asintieron; lo estaban, después de todo, se adiestraban en ninjutsu y taijutsu entre la nieve e incluso cuando la temperatura bajaba a niveles que personas normales no habrían podido soportar. Si pasar una noche en la intemperie en condiciones extremas era parte de su misión, sabrían llevarlo a delante. Se habían estado entrenando para ello.

Comieron un poco antes de que el sol desapareciera por completo. Al no poder calentar los bambús, se tuvieron que conformar con comida fría.

Gaara volvió a agradecer la gentileza de Hinata al extenderle una porción y les aconsejó que no comieran mucho pues la digestión provocaba que perdieran agua corporal incluso más rápido.
Hinata lo calmó diciéndole que tenían suficiente agua; aún así, Gaara no comió lo mismo que ellos. Era de esperarse, pues conocía el ambiente de mejor forma y de seguro no estaba dispuesto a tomar riesgos innecesarios con un clima impredecible y tan lejos de un lugar en donde pudiesen encontrar refugio, agua y comida.

Los problemas comenzaron cuando llegó la noche y el frío se hizo notorio.

Sasuke y Hinata se envolvieron en su ropa de invierno e intentaron mantener su temperatura a un nivel aceptable hasta que volviera a salir el sol. Hasta Kakashi parecía tener frío y los chicos lo notaron cuando exhaló vapor a sus dedos y acercó sus manos al rostro.

El único que parecía impasible ante la temperatura era Gaara. Lucía bastante compuesto, aunque no podían estar seguros, pues el pelirrojo no parecía mostrar sus emociones en el rostro. Era indescifrable saber qué pensaba, si estaba feliz o triste, si sentía calma o estaba planeando como los asesinaría esa noche. Aquello encrespaba a Sasuke y hacía que Hinata experimentara una cierta empática hacia él.

Se quedaron alrededor de una hora a la intemperie discutiendo qué harían cuando encontraran la ubicación de los aldeanos, hasta que el frío fue lo suficientemente fuerte para hacerlos entrar a la carpa. Kakashi dijo que se quedaría afuera manteniendo una vigilancia nocturna, pero Gaara lo interrumpió y le dijo que él la haría pues no solía dormir. Fue entonces que el jounin se metió a su saco de dormir y comenzó a leer su libro alumbrándolo con una linterna hasta que el sueño lo venció.

Sasuke y Hinata también se metieron en sus sacos e intentaron dormir, bastante cerca de Kakashi para conservar mejor el calor. No obstante, a eso de la media noche el sueño comenzó a escapárseles cuando descubrieron que el frío era insoportable. Por más que lo intentaban no podían dormir.

— ¿Por qué hace tanto frío? — Preguntó Hinata cuando sintió a Sasuke moverse al lado de ella. Kakashi estaba al otro extremo de la carpa en la posición que usualmente utilizaba Naruto. — Con todo el sol de esta tarde, pensé… pensé que al menos habría algo de calor en la tierra.
— ¿No recuerdas las lecciones sobre el País del Viento en la Academia? — Le preguntó Sasuke con curiosidad. Cuando no obtuvo respuesta supo que seguramente Hinata estaba más preocupada de espiar a Naruto que poner atención en clases. — Cuando el sol baja, las temperaturas descienden a los cero grados en el desierto pues no hay humedad que mantenga el calor en la atmósfera. Aún así, la sensación térmica es de -15 a -20 grados Celsius. No hace tanto frío como crees, sólo se siente más frío.
—Ya veo… — Susurró Hinata para no despertar a Kakashi.

Se quedaron en silencio intentando acomodarse, dándose la espalda el uno al otro. Ni si quiera se estaban tocando o acercándose más de lo necesario en búsqueda de calor, básicamente porque no había tanta confianza para hacer algo como eso.

Ninguno de ellos era una persona de tacto; Sasuke apreciaba su espacio mientras que Hinata hiperventilaba si alguien se le acercaba a una distancia que le pareciese demasiado cerca.

El pelinegro se movió una vez más intentando acomodarse y terminó mirando el techo de la tienda con su espalda contra el suelo.

—Esto no es nada, ¿recuerdas cuando estuvimos horas bajo el agua esa vez en el bosque de la muerte? — Le preguntó recordando ese frío. — Esto es lo mismo.
—Sí. — Respondió Hinata.

La joven cerró los ojos y se acurrucó. Debía dormir aunque fuese un poco pues debía mantener todas sus energías reservadas para la misión. Los perros de Kakashi podían volver en cualquier momento e indicarles la dirección que debían seguir para localizar a esas personas. Cuando aquello ocurriera, debía ser útil y ver donde los ojos de sus compañeros no veían. Ese era su trabajo en equipo. Tal vez nunca sería tan fuerte como Sasuke, Naruto o incluso Kakashi, pero podía ver donde ellos no y aquello la hacía un miembro indispensable en el equipo siete. Aquello la hacía sentirse segura de que podía serle útil a sus compañeros.

Por su parte, Sasuke comenzó a divagar en distintas ideas para solucionar su problema más evidente: el frío.

Repasó las lecciones de la Academia y en formas de crear fuego. Pensó en enterrarse en la arena y esperar que saliera el sol de una vez por todas. Consideró incluso la idea de intentar manipular su chakra para crear una corriente de fuego permanente, pero la idea de quedarse sin energía para luchar sólo por mantenerse tibio durante la noche era inconcebible, si aquello hubiese sido una opción Kakashi lo habría hecho él mismo ya que también podía manipular el chakra de elemento fuego.

Por ello, la única solución que encontró a su dilema era la más básica… cuando un cuerpo siente frío, la mejor forma de mantener el calor es apegándose a otro cuerpo. La mera idea de aquello lo irritaba y al mismo tiempo lo ponía… ¿Nervioso? ¿Ansioso?

No quería ni pensar en qué diría Hinata si le proponía que se apegaran y se abrazaran uno al otro para pasar la noche. Sólo imaginárselo lo hacía sentir incómodo. Era extraño, no estaba pensando en ello porque estuviese interesado en tocar a Hinata, más bien era porque la temperatura había bajado drásticamente la última media hora. Sin embargo, cuando la idea de apegarse a ella vino a él y la comenzó a considerar como la opción más viable, no pudo dejar de pensar en ello y en cada ridículo detalle de lo que podría provocar una cercanía de ese tipo.

Su estómago se lleno de cosquillas exasperantes. Realmente todo ese asunto lo agitaba y no entendía por qué. La manera en que su mente comenzó a trabajar lo hizo sentirse enojado. Le parecía demasiado humillante si quiera tener que pensar en abrazarla para algo como eso. Prefería morir de frío.

Se sentó de golpe y comenzó a bajar la cremallera de su saco de dormir. Estaba bastante enojado consigo mismo por estar imaginándose estupideces. Él no necesitaba de otra persona para buscar calor, era un Uchiha después de todo. No iba a depender de una niña para algo tan básico como buscar calor… ¿Por qué se sentía tan molesto de pronto?

— ¿Sasuke—kun? — La voz de Hinata sonó suave.
— ¿Qué? — Le preguntó casi ladrando.
—¿Don..Dónde vas? — Lo cuestionó dudosa y con un atisbo de miedo por su brusquedad.
—Afuera. — Le respondió a secas. — Duerme.
—Pe..pero, hace mucho frío y…
—No me importa. — la interrumpió con fastidio.

Deseaba alejarse de ella por algún extraño motivo. Su cercanía (o falta de ésta) lo comenzaba a inquietar.

Bajó el cierre de la tienda de acampar y el frío le golpeó el rostro. Dentro de la carpa estaba helado, pero afuera era mucho, mucho peor. Consideró seriamente que morir de hipotermia era mejor que estar ahí pensando en abrazar a Hinata Hyuga, por lo mismo no pensó dos veces cuando salió.

Suspiró un tanto irritado y se preguntó a sí mismo por qué estaba reaccionando de esa forma. Por un momento incluso se sintió infantil.

Eran shinobis, entrenados para todo tipo de situación y era el propio manual el que decía que imposibilitados de prender fuego, la mejor forma de mantener calor corporal era abrazándose al cuerpo de un compañero. Era en parte el motivo por el cual las misiones se realizaban siempre en grupos. No obstante, era Hinata de quien estaba pensando y aquello lo lograba fastidiar lo suficiente como para querer salir de ahí.

No podía abrazarla así como así, lo había hecho una vez y sólo porque ella estaba llorando… y aquello lo había mortificado tanto que pretendía que nunca había ocurrido. Había borrado ese recuerdo de su mente y lo había bloqueado con un candado permanente. Ellos no eran el tipo de personas que abrazaban a otros… ese tipo de cosas se lo dejaba a descerebradas como Sakura o Ino, quienes no entendían que cuando se le colgaban lo asqueaban. Los abrazos y mimitos eran para personas débiles, no para un Uchiha.

¿Qué mierda pasaba con él?

—¿Sasuke? — Miró hacia un costado y se sorprendió de ver a Gaara ahí sentado, cruzado de brazos y observando la luna que comenzaba a subir por el horizonte. Estaba llena. — ¿Sucede algo? — Qué tan distraído podía estar para haber ignorado la presencia de alguien en quien realmente no confiaba.
—Puedes entrar y dormir. — Le dijo sentándose al otro extremo, en el borde derecho de la tienda. — Yo vigilaré.
—Descuida. Yo no duermo. — Respondió con la voz rasposa e indiferente.
—¿Cómo que no duermes? — Le preguntó Sasuke levantando una ceja. Gaara no respondió, por lo cual volvió a insistir. No estaba acostumbrado a que lo ignoraran. — Te hice una pregunta.
Gaara esperó algunos segundos en silencio antes de responder. —El ser que vive en mí podría tomar el control de mi cuerpo si duermo.

Su respuesta parecía bastante sencilla. Sasuke recordaba algo de aquel monstruo que había tomado el cuerpo de Gaara mientras combatía contra Naruto en la arena del estadio. Aquella cosa había destruido gran parte de las edificaciones alrededor de la Villa y había sido un milagro que Naruto invocara un sapo gigante para que defendiera la Aldea junto con él.

—¿Qué rayos hay en ti de todos modos? — Le preguntó. Prefería saberlo. No quería sorpresas en medio de la misión.
—Un demonio de arena. — Contestó Gaara con simplicidad.
Y luego hubo silencio, como si esa respuesta bastara. — ¿Y por qué hay un demonio de arena dentro de ti? — Sasuke no se iba a quedar con una respuesta tan escueta.
—Lo pusieron dentro de mi cuando nací. Sirve como arma para el país del Viento.
—Entonces, ¿Tu eres como una especie de arma para tu Villa? — Sasuke levantó una ceja.
—Me gustaría pensar que puedo llegar a ser más que eso.

Sasuke se sintió incómodo por su tono de voz, por lo que no dijo nada más.

Por su parte, Gaara sabía que así lo veía su aldea, como una simple arma. Por ello, estaba intentando probarse a sí mismo y a los demás que estaban equivocados.

El pelinegro miró un momento su perfil intentando comprender por qué en ese momento Gaara no se sentía realmente como una amenaza. Si bien aún no confiaba en el pelirrojo, tampoco creía que estuviese en sus planes intentar lastimarlos.

Intentó ignorar su presencia y trató de mostrarse tan compuesto como él. Si el pelirrojo no sentía frío, no podía demostrarle que se estaba congelando por mucho que todo su cuepo amenazara con comenzar a convulsionarse de un momento a otro.

— ¿Quieres hablar de lo que te está molestando? — La voz de Gaara lo sorprendió. Sonaba raro haciéndole esa pregunta. Sonaba algo nervioso.
— ¿A qué te refieres? — Lo cuestionó. Gaara no lo miraba pero se notaba un tanto incómodo. Ambos lo estaban.
—Creo que sabes a que me refiero. — Dijo mirando hacia la carpa. Gaara era más perspicaz de lo que pensó Sasuke en un comienzo, pero aquello lo hizo sentirse humillado. Si hasta Gaara se daba cuenta… — Hinata-san es alguien bastante amable. — Murmuró. — Siendo compañero de Naruto Uzumaki, pensé que serías de aquellos que entienden que los lazos entre las personas son más que lazos de odio y muerte. Poder experimentar la felicidad, la tristeza y el sufrimiento junto a alguien más, es lo que crea un verdadero lazo. Aquello genera cercanía, que eventualmente se convierte en amistad, haciendo que tu existencia sea necesaria para otra persona. Deberías sentirte aliviado de que su existencia sea necesaria para ti, pero en vez de ello te cobijas en la soledad como si fuese tu único camino a seguir. Te encaminas a un final trágico si sigues avanzando por esa ruta.
—No quiero hablar de ello. — Respondió Sasuke irritado. — Al menos no contigo.
—Entiendo.

Sasuke comprendía lo que Gaara estaba intentando decirle, pero no eran amigos, ni conocidos, ni íntimos compañeros como para estarse hablando cosas tan íntimas. Terminarían esa misión y cada cual continuaría viviendo en su respectivo País. No había nada de qué hablar. Ni si quiera con Naruto conversaba sobre lo que sentía o las cosas que pasaban por su cabeza, menos con Gaara quien era casi un completo extraño para él. No le interesaba escuchar sermones sobre lo que era crear un lazo, sabía lo que eran. Tenía bastante de ellos.

Sin embargo no pudo evitar preguntarse cuál era el más fuerte.

Suspiró y subió el rostro observando como la luna subía en el cielo. Se veía gigante. Tal como esa noche.

Intentaba no mirar el cielo cuando la luna estaba llena, su pecho dolía demasiado cuando lo hacía.

—Odio las noches de luna llena. — Dijo en voz alta.

El pelirrojo percibió la tensión en torno a la boca de Sasuke y la sombra de ira que pasaba fugazmente por sus ojos bajo la bandana azul con que cubría su cabeza. Pero luego de aquello, nuevamente, sólo encontró soledad en cada uno de sus gestos.

Era la misma mirada que Gaara tenía cuando evocaba el recuerdo de aquella noche en que escuchó de la boca del único ser que le había demostrado afecto, que en realidad siempre lo había odiado por matar a su hermana durante su nacimiento. Se preguntó quién o qué le había provocado un dolor semejante al suyo a Sasuke Uchiha.

—También yo. — La memoria de Yachamaru y lo ocurrido esa noche de Luna llena aún le impedía encontrar paz en su vida. — Sasuke, ¿Sabes cuál es la diferencia entre una herida física y otra herida en el alma?
— ¿De qué mierda estás hablando? – Le preguntó irritado.

Hasta ahí quedo ese tema. Gaara no quería hacerlo enfadar. Sin embargo, tenía fe que algún día aquello sería sólo un mal recuerdo, que llegaría alguien a su vida que pudiese darle la única medicina que sana las heridas en el corazón.

Se preguntó si lo mismo ocurriría con Sasuke o si se perdería en el camino que estaba recorriendo sin encontrar paz con sus propios fantasmas del pasado y consigo mismo.

Si aquello ocurría, si era ciego y orgulloso, ignorando a las personas con las que había creado lazos de amistad, entonces caería en la verdadera desesperación.

El sol apenas se había asomado por el horizonte, sin embargo, la temperatura ya se había vuelto insoportable nuevamente. El calor los golpeó con fuerza anunciándoles que comenzaba un nuevo día.

Desarmaron la tienda y a consejo de Gaara comenzaron a caminar hacia el este, lugar en donde encontrarían uno de los tantos refugios que ocupaban los nómades que aún en esos días recorrían el desierto de punta a punta llevando consigo mercadería para comerciar, espectáculos insólitos, medicina, conocimiento, noticias y lo más importante, armas y jutsus nuevos.

Caminaron alrededor de quince kilómetros entre la arena, cuando finalmente se encontraron con una zona en la que el suelo se volvía más sólido y rocoso. Sasuke se sintió aliviado cuando vio que dicho territorio del desierto era una especie de oasis en donde había agua, algo de vegetación y una que otra palmera.

Gaara les dijo que a pesar de que el agua no tendría un buen sabor, sus niveles de sal estaban en lo aceptable para que pudiera beberse. Ninguno de los shinobi de Konoha quiso arriesgarse a beberla; aún mantenían suficiente agua guardada como para no querer tomar riesgos innecesarios. Enfermarse del estómago en ese lugar no era una opción.

Hinata se sentó contra la corteza de una palmera, aprovechando su sombra refrescante y abanicándose a si misma con una hoja que cortó del borde del agua. Por otro lado, Sasuke se comenzaba a desvestir para asearse un poco y nadar en el agua. La joven se dio vuelta un tanto avergonzaba cuando notó lo que estaba haciendo.

Kakashi se tiró junto a Hinata para aprovechar la sombra y sacó su Icha Icha del mes. Se había quedado en una parte bastante interesante la noche anterior y no perdería la oportunidad para tomarse un descanso antes de que sus perros volvieran.

Gaara se sentó sobre una roca, con las piernas cruzadas y los ojos cerrados, como si estuviese meditando. El aire de calma que expelía era envidiable. Ahí entre las palmeras, lucía como un verdadero nómade con su cabello rojizo brillando entre la luz y la sombra que proyectaban las ramas.

—Sasuke, intenta no estar demasiado tiempo en el agua. —Dijo de pronto el pelirrojo. —Hay demasiado sol a esta hora del día. Puedes insolarte.
— ¿Desde cuándo te importa lo que pase conmigo? — Le preguntó entre aburrido y divertido.
—Somos del mismo equipo, al menos lo que dure esta misión. Cargar con un miembro que sufra una insolación obstaculizaría nuestro objetivo. — Le respondió. — Los shinobi de la Arena utilizan ese uniforme tan cerrado exclusivamente para evitar insolaciones.
—Sólo quiero sacarme el sudor de la piel. — Dijo Sasuke obstinadamente.

Hinata volteó el rostro sobre su hombro para encontrarse con él flotando en el agua. Se veía feliz. Hacía mucho tiempo que no lo veía sonriendo por algo tan simple. Por lo general, observaba todo y a todos con aquella mirada suya, entre aburrida e indiferente. Verlo relajado era un cambio refrescante.

—Ya lo escuchaste Sasuke. Sal del agua. — Dijo Kakashi desinteresadamente.

Sonaba más a orden que a petición, por lo cual el Uchiha gruñó y comenzó a nadar hacia la orilla. No había nada que discutir, Kakashi era el líder del equipo para esa misión.

Hinata giró con rapidez para no verlo salir desnudo del agua, sonrojando levemente. Sasuke ni si quiera pensaba en ese tipo de cosas cuando ella estaba presente, siempre sacándose o poniéndose ropa como si no fuese nada. Era como si no entendiese el concepto de pudor. Aún recordaba la forma en que le había pedido sus bragas en la misión de supervivencia. Sólo pensar en ello la hizo hundirse entre sus hombros y taparse el rostro con ambas manos.

A sugerencia de Gaara, comieron algunas frutas frescas que crecían alrededor del agua. Eran pequeñas y redondas y de color amarillento. Aunque se parecían mucho a las fresas en aspecto y sabor, éstas eran mucho más dulce, tanto así que Sasuke no pudo comer más de un par. El pelirrojo les dijo que eran muy nutritivas y los nómades las traían a Suna de vez en cuando. Se utilizaban como base para pastillas energéticas que sólo se podían conseguir en la Aldea. Hinata dijo que a pocos kilómetros de Konoha había un grupo de agricultores que cultivaba una especie de fresa parecida a aquella, pero en vez de ser amarillas eran de un suave color rosa. Comenzó a narrar con ternura la forma en que su hermana y ella iban durante la primavera a recoger fresas y le pagaban a los campesinos por ello. Gaara la escuchaba atentamente pero sin expresiones en su rostro, mirándola a los ojos sin si quiera pestañar.

Sasuke los escuchó hablar sobre plantas y sus propiedades por treinta minutos antes de ponerse de pie con un claro gruñido de molestia, alejándose de ambos.

Tanto Gaara como Hinata lo observaron un tanto confundidos. La joven no entendía por qué Sasuke se estaba mostrando tan hostil con ella. Siempre era un poco brusco en su trato, pero esos días parecía molesto y hasta indiferente, como si ella hubiese estado haciendo algo que lo irritase. Se preguntó qué le sucedería y bajó el rostro con un poco de melancolía.

— ¿Siempre actúa así? — Preguntó Gaara de la nada.
—No. — Le respondió Hinata suspirando. — Me pregunto qué habré hecho para que este enojado conmigo.
—No has hecho nada. No le agrada que te acerques a mí. — Dijo Gaara mirando hacia adelante.

—Lo.. lo siento. — Dijo Hinata con vergüenza. — Sasuke-kun siempre está a la defensiva cuando se le acercan personas que no conoce.
—Quizás sea eso. — Le indicó Gaara. — O quizás, no le agrade que le prestes atención a alguien que no sea él.

Las palabras de Gaara quedaron rondando en su cabeza. No lo había visto de esa forma.

Sasuke podía llegar a ser un poco intimidante cuando alguien se le acercaba demasiado, pero nunca se había molestado sólo por ello. Le parecía un poco ilógico que ahora pareciera enojarse por algo así.

Cuando Naruto estaba en Konoha, no parecía molesto o si quiera incómodo cuando ambos se acercaban uno al otro. Que ahora se disgustara por Gaara no tenía sentido. Ni si quiera se conocían y si había sido amable era básicamente para que el chico no se sintiera excluido del grupo. Esos días con él le habían demostrado que el pelirrojo podía ser agradable y colaborador con ellos, aunque recibiera de vuelta miradas hostiles y hasta indiferentes.

Antes de que pudiese contestarle y explicarle que Sasuke era de esa forma porque era una persona bastante solitaria con una historia complicada que lo habían vuelto extremadamente cauteloso con todo a su alrededor, Kakashi sensei se puso de pie y Hinata vio el motivo de ello; Sus perros habían vuelto.

—¿Encontraron algo? — Les preguntó guardando el libro en su portakunais.
—Muertos por el camino. — Cuando uno de los perros dijo aquello, Hinata estuvo segura de que Gaara se había tensado por completo. — Mataron a la mayoría de los aldeanos, sobre todo a los más viejos. — Kakashi bajó el rostro.
—Buscaremos sus cuerpos y los llevaremos de vuelta a su aldea para darles sepultura. — Dijo con melancolía. — Es lo mínimo que podemos hacer por no llegar a tiempo.
—Seguimos el rastro del resto de los aldeanos hasta un escondite bajo tierra. — Le indicó uno de los canes. — Se encuentra a unas cuatro horas de aquí, pasado un risco, justo atrás de una cascada de arena.
— ¿Cascada de arena? — Preguntó Kakashi. No parecía haber escuchado antes sobre algo así.

—Es común que cuando se acumula mucha arena, caiga por los riscos por el movimiento que produce el viento. — Explicó Gaara. Kakashi asintió.

Sasuke apareció en ese momento, parecía haber escuchado todo lo que los perros habían dicho.

—Debemos movilizarnos enseguida. — Agregó mirando a Kakashi con determinación. — Tal vez aún haya posibilidades de encontrar sobrevivientes y liberarlos.
—Tenía la esperanza de que los refuerzos llegaran para este momento, pero tendremos que ir solos. — Kakashi se sintió nervioso mirando a los tres. No sabía si sería una buena idea exponerlos a una situación como esa. — ¿Reconocieron algún otro olor en ese escondite?
—Sí. Orochimaru. Definitivamente se encuentra dentro de ese refugio. No hay duda de ello. — Dijo el perro líder.

Kakashi suspiró mirando a sus dos discípulos y a Gaara; Sasuke era muy fuerte, quizás ya estuviese en el nivel de un chunnin; Gaara era alguien espeluznante cuando se trataba de combate, sobre todo si perdía el control del demonio de arena que había sido sellado en él; y Hinata podía darle pelea casi a cualquiera con quien se enfrentara, era silenciosa y lo suficientemente pequeña para pasar desapercibida.

Aún así, Orochimaru era uno de los tres legendarios sannin, el responsable de la muerte del tercer Hokage, un hombre tan o más fuerte que Jiraiya-sama. Era probable que si lo enfrentaban en combate, los cuatro murieran.

No obstante, debía tomar una decisión y hacerlo pronto.

Recordó su deber como shinobi. La orden estaba desplegada y la Hokage había tenido la suficiente confianza para mandarlo a él y a sus gennins. El honor y el deber lo obligaban a no retroceder, por mucho que parte de su consciencia le dijera que ni Sasuke ni Hinata estaban listos aún para una misión rango S. Sin embargo, confiaba en ambos.

Hinata había pasado de ser una chica nerviosa y tímida a alguien cuya determinación en ocasiones llegaba a dar miedo. Sus ojos mostraban ferocidad cuando entrenaba sin nunca retroceder por mucho que Sasuke la arrinconara a su límite de fuerza. Su puño gentil mantenía a raya el taijutsu de Sasuke, incluso cuando el joven utilizaba el sharingan. Aquello lograba ponerlo en problemas por lo cual por lo general terminaba utilizando ninjutsu o shurikenjutsu.

Por otro lado, el sharingan de Sasuke estaba mejorando bastante. Podía predecir golpes con mucha más eficiencia que él. Su manipulación de chakra estaba avanzando tanto que llevaba grandes avances manipulando la forma del chidori para terminar aquella técnica incompleta. Lo único que le preocupa sobre Sasuke era si sabría escuchar órdenes en una situación extrema. Estaba tan ansioso por demostrar que era fuerte, que su propio orgullo podría haberlo obligado a quedarse y luchar con él en una situación extrema en vez de huir.

Pero eran sus alumnos y aunque sabía que había sido un pésimo instructor, siempre haciendo el mínimo esfuerzo por entrenarlos… confiaba en ellos. No podía amarrar sus alas por siempre, debía darles la oportunidad de mostrar que tambien habían avanzado. A la edad de los chicos, él ya había perdido un ojo en la tercera guerra mundial shinobi… no había mejor forma que aprender que en una situación de vida o muerte.

—Iremos por los aldeanos. — Dijo Kakashi. — Pero si las cosas se ponen difíciles, su misión es volver a Sunagakure y esperar ahí.
Gaara lo miró con curiosidad. — ¿Y qué hay de usted, Kakashi-san?
—Yo les compraré suficiente tiempo para ello si nos vemos en la necesidad de retirarnos. — Suspiró con fuerza. — ¿Entendido?
—Sí. — Respondieron los tres al mismo tiempo.

Era un poco pasado medio día cuando comenzaron a avanzar siguiendo a los perros de Kakashi. A pesar del sol, no podían detenerse y esperar que más personas inocentes murieran. Gaara parecía mucho más motivado por ello que el resto.

Cubrieron sus cabezas con prendas para evitar el sol, pero correr por la arena del desierto no era para nada agradable y tuvieron que detenerse en contables ocasiones para beber agua, mojarse un poco el rostro y recuperar el aliento.

Cuando la frecuencia con la que paraban aumentó producto del calor de la tarde, Gaara utilizó su arena para hacerla flotar sobre ellos, generando de esa forma una sombra que alivió el calor, al menos en parte.

Hinata y Sasuke se lo agradecieron asintiendo en su dirección.

Habían corrido alrededor de una hora cuando el primer cuerpo en el camino apareció. Era una anciana de cabello blanco y largo, amarrado en dos moños. Hinata ofreció quedarse y vendar su cuerpo para luego transportarla, pero Kakashi dijo que no tenían tiempo para ello. Gaara la cubrió de arena con un jutsu y el primer montículo se erizó en el desierto.

Hinata miró el montículo en silencio. Era la primera vez que veía a una persona muerta, con la garganta rebanada de par en par. Aquello la hizo sentir escalofríos. Sin embargo, cuando sintió una mano sobre su hombre subió la mirada para ver los ojos comprensivos de Sasuke sobre ella. Bastó eso para hacerla recordar cuál era su verdadero propósito en ese lugar. Tal vez aquella anciana estaba muerta pero aun había niños pequeños vivos en algún lugar de ese desierto esperando ser encontrados y rescatados.

Se abrieron camino por la arena, ascendiendo por una ladera. Tuvieron que subir por un pequeño risco y cuando llegaron a la cima descubrieron el horror que se ceñía frente a ellos… el corazón de Hinata dio un vuelto y durante un momento no se atrevió si quiera a respirar o pestañar, creyendo sinceramente que se había perdido en una pesadilla.

Cadáveres de ancianos, hombres y mujeres se divisaban en el piso, uno tras otro, en intervalos de 10 a 30 metros hasta que se perdía la vista. Incluso Sasuke apretó el puño al ver a los cuervos dándose un festín con sus cuerpos. Rechinó los dientes y murmuró una maldición intentando controlarse.

Gaara miró a Hinata de inmediato, como pidiéndole que se asegurara, sólo en caso de que alguno de ellos aun estuviese vivo. Si había sobrevivientes tal vez habría una forma de ayudarlo.

—Byakugan. — Susurró Hinata intentando ver si había chakra en alguno de aquellos cuerpos. Movió su rostro hacia Gaara y negó lentamente. — Lo siento.
—Llevan días muertos. Deshidratación. No hay nada que pudiésemos hacer, pero si podemos darles una apropiada sepulturas como hijos del País del Viento que fueron. No podemos dejarlos pudrirse en el sol, siendo sus cuerpos exhumados por criaturas tan viles como los cuervos. — Dijo Gaara con un tono de voz neutral. Siempre parecía inexpresivo, pero había un claro dolor en sus ojos esta vez. — Debemos enterrarlos antes de seguir.

—No hay tiempo para ello Gaara-kun. — Dijo Kakashi tomándose un momento para analizar lo que había frente a él y entender con qué tipo de persona estaba tratando. Orochimaru y sus lacayos no eran el tipo de hombres que conocieran la palabra compasión. — No podemos hacer nada por ellos, pero sí podemos salvar a los que aún están vivos.

—Será rápido. — Expresó Gaara con un tono que llamó la atención de todos. Estaba enojado. — Sabaku Kyū (ataúd de arena).

La arena del desierto comenzó a moverse como si tuviese vida propia, escurriéndose por el suelo, cubriendo los cadáveres y espantando a los cuervos. Gaara levantó ambas manos. Lucía concentrado en lo que estaba haciendo, pues no era como otras veces que había realizado aquella técnica, esta vez, manipulaba también la forma que tomaba la arena una vez que cubría a las personas. En cosa de segundos, se formaron ataúdes perfectos y rectangulares que salían desde la superficie.

Hinata miró a Gaara con tristeza y Sasuke siguió avanzando. Por algún motivo, aquello sólo lograba prender una especie de fuego en su pecho, quería venganza para esas personas. Había mujeres, ancianos, hombres de todo tipo… pero nunca niños. Nunca pelirrojos, como si por el camino se hubiese hecho una selección natural de quien merecía sobrevivir y quién no. Aquello lo asqueó.

El terreno estaba seco y el aullido del viento acompañaba ahora lo que parecía un gigantesco cementerio en medio del desierto. Los túmulos se alzaban rememorando la catástrofe que ahí había ocurrido.

Hinata no realizaba el menor ruido al avanzar, cuidadosa de no molestar ni a Sasuke ni a Gaara innecesariamente. A su espalda, oía los suaves pasos del pelirrojo al correr.

Se preguntó que habría hecho ella si se hubiese encontrado con una escena tan espantosa con gente del país del Fuego, o incluso, su propia familia. Sacudió el rostro con violencia deseando que nunca ni ella ni ninguno de sus conocidos tuviese que pasar por algo tan horrible. Fue entonces que recordó que Sasuke ya había pasado por algo así siendo sólo un niño.

Por un momento no supo de dónde sacaba la fuerza para seguir adelante y sonreír de vez en cuando. No podía culparlo por ser la persona que era: desconfiado, silencioso, introvertido, ajeno, distante… tan distante que a veces no sabía cómo alcanzarlo. No podía culparlo; él había vivido algo así a temprana edad, obligado a observar a su familia muerta alrededor de él. A diferencia de Gaara, Sasuke había visto al asesino de aquellos a quienes amaba. Tal vez por eso deseara su venganza con tanta fuerza.

Estaban a menos de un kilometro del lugar donde los perros de Kakashi los guiaban cuando se detuvieron al ver una fuerte explosión a la distancia. Los cuatro observaron horrorizados que algo estaba ocurriendo en ese lugar.

Sasuke sintió algo raro en el estómago; tal vez era ansiedad. Todo aquello se estaba volviendo demasiado real en muy poco tiempo. Había estado esperando una misión como aquella por mucho ya, pero ahora que estaban ahí frente a él, no sabía que tan paciente podía ser esperando. Deseaba probarse a sí mismo que todo el entrenamiento que había soportado había valido la pena.

— ¿Qué está pasando en ese lugar? — Murmuró Kakashi. — Hinata-san.

Hinata llevaba el byakugan activo. Lo había estado haciendo los últimos diez kilómetros ya intentando divisar en frente, pero sólo en ese momento lograba estar a una distancia aceptable para observar hacia el punto fijo en que los perros de Kakashi habían señalado. Se suponía que aquella era la guarida de Orochimaru.

El lugar subterráneo era enorme. Se extendía bajo tierra por una longitud que le sorprendió. No sabía como Orochimaru había logrado construir algo así.

—No a nadie en la entrada. — Dijo suspicaz, intentando enfocarse. – Debería ser fácil entrar.

Dos pilares mantenían el techo de la caverna en su entrada, justo atrás de la cortina de arena que caía por el risco.

Los pasillos cavados en la tierra eran innumerables después de eso; eran tantos que le costó seguir cada uno de ellos. Estaban iluminados por suaves antorchas que colgaban desde las murallas de piedra y el suelo era exquisito, con serpientes talladas en baldosas.

En cada extensión había tantas puertas que perdió la cuenta. Atrás de éstas, se encontró con habitaciones de todo tipo; vio laboratorios, salas que debieron tener algún fin medico, lugares donde se podía dormir pues había camas, salas vacías, salas con libros y pergaminos de todo tipo y tamaño.

En los niveles internos divisó una gran cantidad de celdas que se interconectaban una con la otra. Algunas estaban vacías, en otras había personas que parecían haber perdido la intensión de vivir. Algunos lucían más saludables que otros, pero se enfocó en encontrar a los niños.

-Veo a los niños. – Dijo con alivio. – Estan vivos. Son.. son tantos… - Dijo acongojada. – Debemos sacarlos de…

Y fue entonces, mientras que su byakugan seguía avanzando y inspeccionando en caso de que encontrara a más sobreviviente, que encontró al fondo, en un gran salón, dos figuras enfrentándose una a la otra.

Frunció los labios y tragó saliva. Sus cejas comenzaron a temblar y sus manos las imitaron mientras intentaba mantener el sello manual del byakugan activo. No podía creer lo que estaba viendo.

—¿Qué ocurre Hinata? — Le preguntó nuevamente Kakashi intentando hacerla volver a la tierra. — ¿Qué es lo que ves?

No salió palabra de su boca, aun incrédula, sin acreditar que el destino estuviese jugando con ellos de esa forma.

Preparándose para aquella misión se había puesto mentalmente en muchas situaciones difíciles en donde ella, Sasuke, Kakashi, Gaara o todos ellos estuviesen en peligro de morir. Había imaginado una y otra vez en su mente el peor escenario, errores inesperados, errores evitables, formas de no fallarle a su equipo, maneras para sobrellevar cualquier obstáculo que se pusiera en su camino. Pensó que tenía las agallas para ser una kunoichi, para mantener su temple, su fuerza, su frialdad de mente y así poder protegerlos, para ver donde los ojos de Sasuke no veían. Pero aquella "cualidad" en este caso había sido un gran gran infortunio. Kakashi sensei le había dicho desde que era una niña que viera donde los ojos de Sasuke y Naruto no pudiesen ver, pero en esa ocasión deseó que no hubiese sido así.

Sí, su trabajo en equipo era hacerlo, pero en esta ocasión decir en voz alta lo que sus ojos estaban viendo sólo le causaría dolor y desesperanza. Lo conocía demasiado bien.

—Hinata. — La llamó Sasuke mirándola con severidad. — ¡Hyuga!

Su grito la hizo volver con ellos suavizando el byakugan y respirando profundamente. Los tres supieron de inmediato que algo estaba mal. Hinata no reaccionaba de esa forma por cualquier cosa. Sasuke se acercó a ella y la sacudió haciendo que lo mirara.

Sus ojos se encontraron y su mirada preocupada lo hizo saber que algo la había impresionado lo suficiente como para intentar mentirle. Estaba haciendo eso en donde los gestos de su boca no concordaban con los de sus ojos, sólo que no estaban saliendo palabras de ella. Había visto algo, algo que la había asustado lo suficiente como para no querer hablarle.

Hinata supo en ese instante que debía tomar una decisión: llevar a cabo su misión y confiar en que su compañero tuviese la suficiente calma para seguirlos sin hacer una estupidez o decir lo que acababa de ver; Ahí dentro, luchando en una batalla a muerte contra Orochimaru, se encontraba Itachi Uchiha.


NOTA

Agradezco mucho todos los mensajes de apoyo para este fic. A mí me encanta escribirlo y me costó un poco escribir este. Tuve que leer mucho sobre el desierto porque no vivo en una zona desértica y realmente no sé como es el tema del clima y como sobrevivirlo.

Quería provocar una respuesta fuerte por la introducción de lo que supongo la mayoría de ustedes ya se estará imaginando que ocurrirá en el capítulo 22.
Por otra parte, no soy buena con esto de los sentimientos de personajes "fríos" como Sasuke o Gaara. Por mí los pondría siempre como amargados que alejan a todos y tratan al resto como basura, que son realmente infelices y siempre sienten angustia (Amo el genero xDD). Hacer que Sasuke se cuestione sus sentimientos por Hinata no se me hizo NADA de fácil y ni si quiera se si lo hice bien. Quiero creer que sí, pero eso me lo dirán ustedes jajaja. (

Un abrazo! Cuando se termine Love Is (Faltan 2 capítulos) Comenzaré el capitulo 22. No antes. Por lo mismo pido perdón por cortarlo en esta parte ^^''!

Besos y pasen un bonito fin de semana.