*Los personajes pertenecen a S. Meyer. La historia es mía.


No me gustan los guapos

Capítulo 25: ¿Voy contigo?

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Desde luego, Bella trataba de convencerse de la idea que los días pasarían rápido, pero en realidad, le sería muy difícil estar separados. No podía explicarlo, pero pensar que estaría lejos de ella le generaba un vacío en el pecho.

Edward se había quedado un poco extrañado por la actitud de Bella. Aunque parecía tranquila, la notaba rara. Por un lado, pensaba que sería el viaje y, por otro lado, pensaba que también podría estar relacionado con el álbum que había encontrado. Además, no podía negar que en el fondo esperaba "una pequeña" escenita pidiéndole que se quedara.

Estuvieron muy callados de camino a casa de los padres de Bella. Ella había preparado su maleta para quedarse desde esa noche con sus padres en vista de que Edward se iría antes.

Bajaron del auto y Edward se encaminó a sacar la maleta con cierto pesar. A punto de entrar en casa de Charlie y Renée, Bella lo detuvo.

—Edward… —lo jaló de la camisa, pasó su otra mano a su nuca y lo acercó para darle un beso fuerte y apasionado—. Te voy a extrañar. —Se separó un poco de él, sin soltarlo—. No quiero que te vayas, pero sé que es parte de tu trabajo.

—Bella… —la abrazó y le dio un beso en la frente.

—Te dije que iba a tener insomnio en Nueva York, pero creo que lo tendré antes… Así que llámame cada vez que puedas, ¿sí?

—Todos los días…

—Sé que estoy haciendo un drama… Como si te fueras de intercambio escolar por un semestre o un año, pero… estábamos tan bien.

—Lo sé… pero es un viaje que no puedo evitar. Me gustaría que fueras conmigo —le dio un beso suave en los labios—, pero debes prometerme que en cuanto estemos en Nueva York haremos algo con nuestras agendas —le sonrió.

—Lo prometo.

—Vamos. Tus padres deben estar escuchando del otro lado de la puerta —dijo bromeando, tratando de aligerar el ambiente.

—Parece que los conoces de toda la vida.

—Son mis suegros, tengo que conocerlos —le hizo un guiño antes de entrar.

—¡Hey! ¡Chicos! ¡Qué bueno que llegaron! Para variar Charlie no ha dejado de preguntar a qué hora llegarían —Renée comenzó a hablar—. Por cierto, Emmett se fue hoy de madrugada.

—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Bella preocupada.

—Bueno, al parecer Rosalie se enojó bastante con él por algo que dijo al teléfono… No sé qué habrá sido, ya sabes como es… pero no hubo forma de hacer que ella tomara una de sus llamadas para explicarle… Así que se fue en el primer vuelo que consiguió. Supongo que después te llamará.

—Eso espero… De cualquier forma, llamaré a Rose para ver si me dice algo de lo que pasó… No me imagino qué puede ser tan grave como para hacer que Emmett viaje de madrugada.

—Sí, háblale y después me cuentas —agregó Renée guiñándole un ojo de manera cómplice.

—¡Mamá!

—¿Qué? Ya sabes que me preocupo por todos ustedes —y se acercó a abrazar a Bella—. Por cierto, ¿ustedes ya saben cuándo se regresan?

—Sí, yo me quedó el resto de la semana… —agachó un poco la cabeza antes de continuar—, pero Edward debe irse esta tarde a Grecia y de ahí regresar a Nueva York.

—¡Oh! ¡Qué pena, Edward! Charlie ya estaba organizando cómo tenerlos en casa todo el día viendo musicales.

—Mmm… mamá, con esos planes no creo que sea muy atractivo para Edward quedarse… Piénsalo, ¿Grecia versus musicales?…

Renée soltó una pequeña risa. —Tienes razón… Edward, no tienes idea de lo intenso que puede ponerse Charlie viendo un musical…

—Me imagino que es toda una experiencia… Espero vivirlo algún día, por lo menos para tener una historia que contarle a nuestros hijos —dijo mirando a Bella.

—¡Sí! ¡Ahhh! Mis nietos… No me alborotes, Edward… Te aseguro que soy mil veces más intensa hablando de mis futuros nietos que Charlie con los musicales. —Se acercó y lo tomó del brazo para seguir camino a donde estaba el papá de Bella—. Espero que convenzas a Bella de tener por lo menos cuatro.

—¡Cuatro! ¡Mamá! Te recuerdo que estoy aquí, caminando a un lado de ustedes.

Edward le sonrió y tomó su mano más fuerte.

—Dime, Edward… ¿te gustan las familias grandes?

—¡Mamá!

—Bueno, debo confesarle que anteriormente no. —Se acercó a su oído como si le estuviera diciendo un secreto—. Pero me encantaría tener varios hijos con Bella.

¡Dios! ¡Ya está hablando de hijos! ¿Es en serio?

—Sí, quiero muchos, muchos nietos… a los cuales, por supuesto, voy a consentir hasta morir… De una vez se los advierto.

—Para eso están las abuelas —agregó sonriendo Edward, mientras Bella permanecía callada ante la conversación.

No puedo creerlo… Esto es demasiado bizarro… Mi madre hablando con mi novio sobre nuestros futuros hijos… ¡Mierda! ¿Nuestros futuros hijos? Apenas somos novios y ya estoy hasta saltándome el matrimonio para llegar directamente a los hijos… Estoy mal.

Finalmente llegaron a donde estaba Charlie. Aún tenía que estar un par de días más en reposo, así que estaba en la sala dando algunos pasitos lentos para ejercitar las piernas y no entumirse de tanto estar sentado o acostado.

—¡Ahh! ¡Ahí está mi pareja favorita de todo el mundo!

—¡Papá! ¿Cómo sigues? ¿Cómo te sientes?

—Bien, hija. Ya quiero salir y comer de todo, pero Renée es peor que mi madre para cuidarme los alimentos… ¿Puedes creer que no dejó que me comiera un chocolate… un pequeño e insignificante chocolatito que podría hacer revivir este espíritu debilitado?

—Eres un exagerado Charlie, espera por lo menos un par de días. Ya sé que no seguirás la dieta ni las recomendaciones del doctor, pero estoy de acuerdo con mamá en cuidarte un poco más. —Lo reprendió Bella.

—Como verás, lo más probable es que termines haciendo lo que estas hermosas… y tercas mujeres de digan, Edward. —Le comentó Charlie.

—No hay forma de negarse, Charlie —respondió Edward mientras se acercaba a Bella para abrazarla.

—Bien dicho, Edward… Querido, deberías recordar más a menudo cómo eras cuando empezamos a ser novios —agregó Renée bastante risueña.

—Estoy seguro que no éramos como ellos… Tus padres jamás te habrían dejado quedarte en un hotel conmigo si íbamos a visitarlos. —En ese momento Bella no pudo evitar sonrojarse por el comentario.

—Nunca me lo propusiste… Tal vez te hubiera sorprendido mi respuesta —continuó Renée.

—Estoy seguro que esa sorpresa me habría durado menos de un minuto, en que tu padre habría sacado una pistola con la firme intención de deshacerse de mí.

Ambos comenzaron a reír recordando la época en que eran novios. Con algunos comentarios hacían sonrojar a Bella, pero Edward la miraba divertido, le hacía algunas caricias y la abrazaba.

Platicaron muy animados toda la tarde, comieron, discutieron sobre algunos actores, Charlie le propuso a Edward asociarse en algunos negocios "para diversificarse", habían hablado de nuevo sobre los nietos —incomodando un poco a Bella que fingía levantarse por algo a la cocina—, contaron algunas anécdotas de Bella adolescente en Londres y en general, estuvieron conviviendo bastante a gusto por algunas horas.

Se comenzaba a hacer tarde, así que Edward —aunque no quería—, tuvo que despedirse para ir por sus cosas al hotel y dirigirse al aeropuerto para viajar a Grecia.

—Debo irme —dijo Edward mientras se levantaba del sofá, mirando a Bella con cierta tristeza.

—Es una lástima Edward, pero espero que no pase mucho tiempo para verte de nuevo —dijo Charlie—. Tú ya sin ese ojo morado y yo sin estos agujeros a medio cerrar —bromeó con él sobre las heridas de ambos.

—Heridas de guerra, Charlie… heridas de guerra… —agregó mientras se acercaba a despedirse—. Gracias por todo y, también espero verlos pronto.

—Edward… buen viaje —dijo Renée—, cuídate y pórtate bien.

Bella soltó una risita al escucharla. —Mamá, esas recomendaciones me las decías cuando tenía 15 años.

—Pues son recomendaciones que no tienen caducidad… Además, ¿no quieres que se porte bien?... Y sabes a que me refiero, ¿verdad Edward? —agregó en tono de advertencia.

—No te preocupes Renée. Te entiendo y te aseguro que me portaré muy bien —respondió risueño ante el comentario.

—Ya ves, hija. Solo tienes que dejarles claro, de manera implícita, que si se portan mal no volverán a tener una vida sexual sana, en el mejor de los casos.

—¡Mamá! Por favor… —Bella se cubrió el rostro con ambas manos tras escuchar a su madre, antes de acercarse a Edward—. Será mejor que ya no los escuches, no quiero que te vayan a asustar y después decidas quedarte en Grecia —lo abrazó.

—Tranquila amor. Ya conoces a mis padres y son iguales, así que creo que podremos sobrevivir.

—Eso espero —le sonrió y apretó más su abrazo.

—Bueno, me voy porque todavía tengo que pasar al hotel por la maleta y algunos documentos.

—Te acompaño a la puerta —dijo resignada, y se encaminaron a la salida.

—Bien… —suspiró—. Espero que me extrañes —acarició suavemente el rostro de Bella.

—Mucho —dijo ella cerrando los ojos.

—Y espero que te cuides y te portes bien —agregó en broma haciendo referencia al comentario de Renée.

—Tú también… —Bella le sonrió, con cierta tristeza—. ¿Me llamas cuando llegues?... No importa la hora.

—Claro que sí, amor… Nos vemos en uno días, pero te estaré llamando. —Se acercó más a ella, la tomó de la nuca, con otra mano envolvió su cintura y la besó.

Se besaron de manera lenta, pero con fuerza. Era como si quisieran que el beso durara el tiempo que no estarían cerca.

—Te amo —dijo Bella cuando al fin se separaron.

—Te amo —respondió Edward y se fue al auto.

Cuando Bella entró a su casa, sus padres la esperaban con cara de extrañeza.

—¿Qué pasa?

—¿Y bien? —preguntaron ambos al unísono.

—¿Y bien… qué?... ¿Qué pasa?

—Te debo una Charlie —exclamó Renée rodando los ojos.

—Lo sabía. La conozco mejor.

—¡Oh! Sabes que eso no es verdad.

—Pues en esta ocasión sí.

—¡Hey! Les recuerdo que estoy aquí… —dijo Bella levantando un poco la voz—. ¿Alguien me puede explicar lo que pasa?

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¡Esto es una mierda! Debería odiar mi trabajo por tener que viajar tanto… Bueno, no. Debería odiar mi trabajo por no poder viajar con Bella todo el tiempo… Soy un cerdo egoísta, lo sé…

—¿Señor?...

No quiero ni pensar cómo estaré el día en que ambos tengamos que hacer viajes en extremos opuestos del país o del mundo. ¡Es una mierda!

—¿Señor?...

—¡Oh! Sí, diga…

—Llegamos al aeropuerto, señor.

—Ah, sí… gracias.

Edward fue todo el camino al aeropuerto considerando si podía quedarse o no, reprochando que justo debía viajar en ese momento, decidiendo qué tanto debía llamar a Bella porque no quería atosigarla o hartarla.

—Señor, buenas noches. Ya está todo listo, despegaremos en unos veinte minutos de acuerdo con el plan de vuelo. No sé si quiere pasar a abordar de una vez o prefiere esperar unos minutos en una de las salas del hangar. —Le informaba un miembro de la tripulación.

—Abordaré, gracias.

—De acuerdo, señor. Pase, por favor.

Se encaminaron al jet en el que habían viajado de Nueva York a Londres.

—¿Quién es el piloto?

—Thomson, señor. Ya ha viajado con usted en varias ocasiones.

—Sí, lo recuerdo. Gracias.

Al entrar al avión, Edward hizo una pausa recordando que unos días atrás había subido a ese avión con Bella en brazos. Le alegraba saber que ya no estaba en las condiciones en las que viajó por el susto de lo que había pasado con Charlie, pero definitivamente extrañaba el que no estuviera con él y que no harían juntos el viaje de regreso a Nueva York.

Soltó un poco de aire y entró completamente para ubicarse en su lugar. Ese asiento en donde también había estado cargando a Bella por un rato, bastante incómodos, por cierto.

Se acomodó en el asiento y después de mirar unos segundos por la ventanilla, se recostó un poco y cerró los ojos. Esperaba poder dormir todo el camino y así evitar seguir pensando en que dejaba a Bella, después de lo que había estado esperando para que fuera su novia.

—¿Te molesta si voy contigo? —escuchó al mismo tiempo en que sentía un peso en sus piernas. Al abrir los ojos vio a Bella que estaba sentada a horcajadas en su regazo sosteniéndose un poco en los brazos del asiento.

—¡Amor! —soltó Edward sorprendido—. ¡Claro que...! ¿Qué haces aquí?... ¿Cómo?... ¡Es increíble!... ¿En serio me vas a acompañar?... ¿Y Charlie? ¿Tus papás?...

Bella soltó una pequeña risita ante el ataque de nervios que había generado la sorpresa en Edward.

—¡Shhh!... Mis papás estarán bien; de hecho, mucho mejor ahora que estoy contigo. Y sí te voy a acompañar… si tu quieres, claro —trató de explicarle y colocó las manos en sus hombros.

—¿Si yo quiero?... ¡Claro que quiero!... ¡Amor! —la abrazó y hundió la cabeza en su cuello depositando un fuerte beso ahí mientras Bella enredaba sus manos en su cabello.

—Señor, estamos a punto de…

—Ehh… —Edward se separó pero no quitó a Bella de encima, movió un poco su cabeza para alcanzar a ver a la azafata— sí, está bien.

¡Ashh!… estúpida azafata, claro que estábamos a punto de… hasta que interrumpiste…Solo espero que no lo haya hecho a propósito al vernos.

—Voy a mi lugar… —Le dio un rápido beso en los labios.

—No… quédate aquí. —Le respondió con otro beso abrazándola más fuerte.

—Edward, no podemos despegar así.

—Sí podemos… Puedo ponerme pesado, con actitud de jefe dictador y ordenar que nos dejen como estamos. — Le sonrió y le dio otro beso.

—Sé que puedes hacerlo, pero no es seguro despegar así… y créeme que te quiero lo más a salvo posible por mucho tiempo.

—De acuerdo… Ese argumento me convenció un poco… solo para el despegue… Promete que después viajarás aquí conmigo.

—Lo prometo. —Comenzó a levantarse de su regazo.

—Me encanta que estés aquí, que viajemos juntos.

—Yo también… No sé por qué dudaba en hacerlo… —confesó mientras se ubicaba en su lugar para abrocharse el cinturón.

—¿Cómo lo decidiste?

—Bueno, mis padres tuvieron bastante que ver… Tienes muchos aliados, ¿sabes?...

—¿Sí?

—Alice filtraba información con Jasper, Rosalie te aconsejó sobre Garrett, Emmett te acompañó y fue tu cómplice en la pelea, y ahora mis padres me hacen ver lo estúpida que estaba actuando al dejarte ir solo.

—Mmm... creo que eso es bueno, ¿cierto? —Estiró el brazo para alcanzar la mano de Bella quien respondió a su gesto estirando el brazo también.

—Muy bueno... Es que eres encantador...

—¡Maldita sea! ¡Qué ya despeguen este avión! —exclamó mirando hacia la cabina, demostrando la frustración que sentía al no poder pararse a besar a Bella.

Por supuesto, durante el vuelo, un par de encuentros les hicieron ganar su membresía en el Mile High Club. Ninguno lo había hecho antes así que lo disfrutaron enormemente y se aseguraron que no sería la última vez.

Al llegar a Atenas, muchos se referían a Bella como Señora Cullen, cosa que Edward no desmintió ni aclaró, y por supuesto, a ella no le incomodaba. Francamente parecían una pareja de recién casados.

Edward tenía una cena esa misma noche, así que iban con el tiempo justo para llegar al hotel, cambiarse y salir al lugar de la reunión.

Acordaron que él se ducharía primero y se alistaría para poder ir a conseguirle un vestido mientras ella se duchaba y se arreglaba para la cena. Y eso hicieron, Edward se alistó rápidamente.

Era una cena casual con unos socios con los que tendría una reunión al día siguiente, por lo que no era necesario nada de gala o demasiado especial, lo que agradecían porque iban algo cansados como para tener que buscar algo más.

Salió de la suite y regresó treinta minutos después con un sencillo vestido de cóctel para Bella. Solo a ella se le podía ver espectacular un simple vestido color marfil y unas sandalias a tono.

—Te ves hermosa, amor —le dijo Edward mientras se acercaba a besarla.

—Y tu te ves demasiado guapo para mi tranquilidad —respondió tomándolo de la camisa para besarlo con fuerza—. Qué bueno que decidí acompañarte, no quiero pensar que estando en Atenas cualquiera te pudiera confundir con un dios griego y se te eche encima.

—Exageras, amor. Te recuerdo que tu no sales con guapos, así que soy un simple mortal saliendo con una hermosa mujer.

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Se dirigieron a la cena, no iba a ser en un restaurante sino en la casa de uno de los socios. La casa era impresionante, desde luego, cien por ciento estilo griego, pero muy moderna.

Los recibió una señorita que los condujo hasta el pequeño salón en donde estaban reunidas algunas personas. En el marco de la puerta, Edward le explicó quién estaba ahí: el tipo que está en el centro de ese grupo —dijo señalando al fondo de la habitación— es Nikos Vikelas, el hijo mayor de la familia, y con la que estoy haciendo negocios; cerca de la barra está Demetrius Vikelas, el menor —se acercó y le susurró al oído— es buena gente aunque un poco junior; la chica que está cerca de aquella ventana es Helena Vikelas, la hermana de en medio; su padre está sentado en aquel sillón, es Nicholas Vikelas y su mujer es la de la izquierda, se llama Ingrid Lindberg, creo que es sueca... una modelo, volvió a casarse hace un año, después de guardar luto a su mujer por veinte.

—¡Wow!

—El resto deben ser familiares cercanos que no conozco bien, reconozco a algún tío o primo de la familia, pero básicamente con los que hago negocios son con los que te mencioné. —Terminaba de decir esto cuando la chica, a quién había identificado como Helena, se acercó.

—¡Eddie!

¡Mierda! ¡Mierda! ¡Mierda! ¿Otra vez celos? No, no... Tranquilízate Bella. Solo es una chica amigable.

—Hola, Helena... —apenas dijo esto, la chica se acercó y le dio un fuerte beso y lo abrazó—. ¿Con quién vienes ahora? —preguntó sonriente mirando a Bella.

¿Ahora?... Bueno, por lo menos no me ignora.

—Helena, te presento a Isabella Swan, mi novia. Bella, ella es Helena, una amiga.

—¿Isabella o Bella?

—Isabella, pero prefiero que me llamen Bella —estiró la mano para saludar.

—Pues bienvenida, Bella —pero no correspondió a su mano, sino que se acercó para darle un abrazo y un beso en la mejilla de manera efusiva—. Eddie y yo somos amigos más allá de los negocios que tiene con mis hermanos... No sé si te ha contado por qué, pero si no lo ha hecho, yo te pondré al tanto —y le dedicó un guiñó.

—¡Edward! ¡Qué bueno que llegaste! —se acercó Nikos Vikelas—. Veo que muy bien acompañado —dedicó una mirada seductora a Bella quien no pudo evitar incomodarse un poco.

—Así es...

—Es su prometida, Nikos... —agregó Helena—, ¿no te parece maravilloso?

Bella se sorprendió un poco por el comentario y la actitud de la chica, pero dejó que Edward guiara el encuentro, no quería entorpecer sus negocios de alguna manera, propiciando fricciones personales entre nadie.

—¿Maravilloso?... Sí, por supuesto... —sonrió forzadamente—. Francamente pensé que te casarías con la otra chica con la que te vi hace unos años... Jessica, ¿cierto? —El comentario iba con toda la intención de crear tensión entre Edward y Bella, pero ambos lo percibieron y lo tomaron con calma.

—Me alegra que no hayas apostado por eso Nikos... —dijo Edward tratando de relajar el ambiente, pero el griego aún seguía mirando a Bella.

—¿Y qué tal si apuesto ahora, pero en contra? —Edward se enojó por el comentario y le iba a responder mandando todo al demonio, pero alguien los interrumpió.

—Mejor que no lo hagas hijo... No quiero perder mi fortuna por una apuesta que a todas luces se ve que perderías. —El patriarca de la familia se había acercado a saludar a Edward y había alcanzado a escuchar parte de la conversación.

—Nicholas, ¿cómo estás? —saludó Edward.

—Cada vez más viejo, pero más sabio y feliz... Y te preguntaría lo mismo, pero te he visto llegar y parece que, con excepción de lo viejo, estás igual que yo.

—Y creo que también con excepción de lo sabio... —aclaró Edward.

—Bueno, si eres feliz puedes sobrevivir... y creo que la señorita puede ser la causa de ese estado... ¿cierto?

—Completamente, Nicholas. Te presento a Isabella Swan... mi prometida. —Mantuvo el comentario de Helena ya que Nikos no se había movido de su lugar.

—Mucho gusto, hermosa. —Tomó su mano y besó su dorso.

—Igualmente, muchas gracias —respondió Bella con cautela.

—Ven conmigo Bella, dejemos a estos caballeros un momento, ya nos uniremos con ellos después... No te preocupes Eddie, te la regreso más tarde en una pieza —dijo Helena jalando a Bella hacia otro lugar de la sala.

—Eso espero... —alcanzó a decir Edward y le guiñó un ojo en señal de que podía confiar en ella. Bella no pudo decir nada porque la chica la jaló con prisa y solo le dedicó una sonrisa a Edward.

—Bien, pasemos de este lado —indicó Nikos mientras miraba de reojo a su hermana y a Bella que se alejaban de donde estaban ellos.

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Gracias!

No he podido actualizar con la frecuencia que me gustaría por cuestiones de trabajo, pero les aseguro que no dejaré que pase más de una semana para hacerlo.

Por favor, cualquier comentario de lo que les gusta o no es bien recibido. De verdad agradezco que lo hagan. Me ayuda a calibrar la historia. Gracias a quienes ya lo hacen (les dedicaré un espacio un poco más adelante para agradecerles).