– Levántate ahora mismo –dijo una voz seca y grave.
– Hmm –Byakuya abrió un solo ojo para ver qué pasaba–. Jii-sama –dijo adormilado–. ¿Qué hora es?
– Hora de levantarse, te quiero listo en cinco minutos.
– Pero –Byakuya miró con dificultad su reloj y vio que aún no eran ni las cinco de la mañana–. Jii-sama, es muy temprano aún.
– Es la hora perfecta, vamos –ordenó Ginrei por última vez antes de salir de la habitación del chico.
Byakuya escondió la cabeza bajo la almohada bostezando. Su abuelo era muy cruel al exigirle que madrugara tanto desde el primer día. Aún necesitaba varias horas de sueño para recuperarse… suspiró renegado y se levantó. Decidió vestirse con ropas cómodas y no muy abrigado, pues sabía que el trabajo que iba a imponerle su abuelo sería muy duro y sufrido. Fue hacia el baño y luego, cuando ya estaba dispuesto a salir fuera, pasó al lado de la habitación de Hisana. Ella estaría dormida y tranquila, y a Byakuya le encantaba verla así…
No pudo contenerse y, con mucho cuidado, abrió la puerta de la habitación. Estaba todo oscuro y apenas se veía nada, por lo que el chico tuvo que abrir algo más la puerta para dejar que la luz del exterior entrara en el cuarto y así poder verla. La chica estaba acurrucada en la cama, algo sonrojada y muy relajada, respirando con suavidad mientras dormía. Aquella imagen enterneció a Byakuya, no podía evitar sonreír como un tonto al verla así, estaba demasiado linda. Lentamente y sin hacer ruido se acercó a su lado y besó suavemente su frente.
– Duerme pequeña –susurró él muy bajo mientras colocaba su flequillo.
Ella ni siquiera se movió, estaba tan profundamente dormida que no había notado nada, pero cuando Byakuya besó su frente una leve sonrisa se dibujó en su cara, como si en sus sueños él también la estuviera besando.
Byakuya volvió sobre sus pasos y cerró la puerta con sumo cuidado. Luego salió fuera y vio a Ginrei esperándole.
– Que sea la última vez que tardas tanto en despertarte –dijo él secamente.
– Está bien –respondió el chico–. No volverá a suceder.
– Bien, vamos a trabajar.
Eran las ocho de la mañana cuando una suave mano despertaba a Hisana, ejerciendo una leve presión en su hombro. Ella abrió los ojos adormilada y vio a la señora Kuchiki a su lado, sonriéndole con ternura.
– Hisana, hija, es hora de levantarse –dijo la mujer con un tono de voz muy suave y melódico. La chica sonrió adormilada, se estiró y bostezó.
– Está bien –dijo aún sonriendo–. En seguida me levanto.
– ¿Has dormido bien?
– De maravilla, esta cama es muy cómoda y además he tenido un sueño precioso –volvió a sonreír algo sonrojada.
– Vaya, me alegro. Te espero en la cocina, no tardes mucho. Seguro que Byakuya está deseando que le lleves algo de comer.
– Claro –dijo sentándose en el borde de la cama para levantarse.
Cuando la anciana mujer salió de la habitación, Hisana suspiró como una adolescente enamorada, sonriendo y recordando ese fabuloso sueño que había tenido con Byakuya. Había sido tan tierno que incluso le parecía real, tanto que no podía dejar de sonreír. Se levantó y separó las cortinas de la ventana para dejar que entrara la luz en su cuarto. Un sol resplandeciente y brillante, acompañado de un gran paisaje verde le daban los buenos días, haciéndole sentir muy feliz y con ganas de trabajar y ayudar en todo lo que pudiera.
Nada más terminar de vestirse y asearse, fue a la cocina donde ya estaba la señora Kuchiki.
– ¿Dónde están Byakuya y Ginrei-dono? –Preguntó Hisana mientras ayudaba a la mujer con el desayuno.
– Trabajando, por supuesto –respondió sonriendo–. El campo necesita mucho trabajo y es muy sacrificado, por eso necesitan muchas energías. Aún así, Byakuya estará agotado los primeros días.
– ¿Por qué? Él es muy fuerte.
– Sí pero esto es distinto, ya lo notarás. ¿Vas poniendo la mesa mientras yo les llamo para que vengan?
– Claro –sonrió.
La mujer salió de la casa para llamar a su marido y a su nieto mientras que Hisana empezó a colocar la mesa con esmero. Habían preparado tostadas, cereales, algunos dulces, zumo de frutas y café. Era un desayuno muy completo y a ella eso le hacía ilusión pues sabía que una buena dieta favorecería su salud en caso de que estuviera embarazada.
Embarazo… bebé.
Se llevó las manos al abdomen preguntándose si realmente tendría a un pequeño ahí dentro, un hijo suyo, un bebé… Pero sus pensamientos se esfumaron cuando vio que Byakuya entraba en la cocina. Él parecía relativamente un muerto en vida.
– ¡Byakuya! –Gritó ella asustada y acercándose a él. Posó las manos en sus dos mejillas notando unas ojeras que él nunca había tenido, su mirada cansada no era tan seria y decidida como era de costumbre. Sencillamente estaba agotado y parecía que iba a desplomarse allí mismo.
– Tranquila –susurró el sonriendo como pudo–, estoy bien.
– No me mientas – dijo ella tocando las facciones de su cara con ternura, intentando aliviarle. Él cerró los ojos suspirando ante aquellas caricias, las cuales eran realmente como una cura inmediata–. Estás cansado –volvió a hablar ella.
– Es lógico –resonó de repente la voz de Ginrei por toda la cocina una vez que él entró–. Es su primer día de trabajo y para colmo se ha quedado dormido. Mañana te quiero en pie a las cuatro y media de la madrugada.
– Claro, jii-sama –dijo Byakuya cerrando los ojos con renegación, como si hubiera tenido que decir lo mismo muchas veces.
– ¿A las cuatro y media? –Preguntó Hisana asombrada–. ¿Tan temprano?
– Es la hora perfecta –dijo secamente Ginrei sentándose a la mesa para desayunar. Ahora Hisana entendía un poco mejor porque Byakuya tenía ese aspecto.
– Ven –le dijo ella agarrando su mano–. ¿Tienes hambre? –Byakuya asintió levemente–. Pues venga, vamos a desayunar.
Todos se sentaron y desayunaron tranquilos, pero Byakuya estaba tan cansado que apenas pudo comer nada. Solo se tomó una tostada que la propia Hisana tuvo casi hacérsela comer a la fuerza. Le daba miedo que el chico no comiera nada y le diera una bajada de azúcar con tanto trabajo. Por el contrario, el pelinegro se encontraba sediento, por lo que no paraba de beber zumo y agua. De café solo se tomó una taza para ver si con eso conseguía despertarse un poco, aunque sabía que ese tipo de milagros no existían.
– Venga Byakuya –dijo Ginrei nada más terminar de comer.
– Claro –dijo él levantándose.
– ¿Vais a volver a trabajar? –Preguntó Hisana preocupada por su novio.
– Por supuesto –dijo Ginrei con seriedad como si eso fuera algo obvio.
– Tranquila –le dijo Byakuya levantándose–. Ya nos queda poco, estaré bien.
– Está bien –dijo ella preocupada.
Hisana vio como su novio volvía a irse por aquella puerta y no podía evitar sentirse preocupada por él. ¿Y si le pasaba algo? Byakuya siempre había sido un chico sano y fuerte, siempre hizo ejercicio y nunca le vio tan mal como en ese momento. Recordó el día que volvió a encontrarse con él después de su vuelta de los Estados Unidos. De tanto correr se desmayó, quedándose unos minutos casi si fuerzas para moverse. En aquel momento la presión psicológica que sufría el chico, además de aquel sobreesfuerzo al que se expuso, provocó que le pasara eso, pero ahora era distinto. No había dormido casi nada en dos días, el trabajo era excesivamente duro y sus problemas habían aumentado notablemente en muy poco tiempo.
Hisana no podía esconder su angustia, tenía miedo de que le pasara algo.
– No te preocupes hija –comentó la señora Kuchiki al ver su rostro–, es normal que ahora esté así pero dentro de poco se acostumbrará. Además, mi nieto es muy fuerte. Venga –dijo levantándose para recoger la mesa–, tenemos que limpiar la casa.
– Claro –dijo la chica poniéndose en pie y ayudándola, sin dejar de pensar en cómo se encontraría Byakuya.
Un despertador sonaba con fuerza en una de las habitaciones de la mansión Kuchiki, indicando que ya era la hora de levantarse. Rukia lo apagó casi de inmediato y al segundo volvió a girarse para dormir de nuevo, aunque poco después saltó de la cama para ir al baño a ducharse.
– Es lunes –se dijo a sí misma adormilada–, tengo que ir al instituto.
Habían pasado prácticamente dos semanas desde que Byakuya se marchó y todo iba cada vez peor. El instituto había comenzado de nuevo y ya tenían exámenes, por lo que ella se sentía muy presionada y agobiada por sus padres. Intentaba llevar todas las asignaturas al día pero ella no estaba acostumbrada a estudiar, así que o solía distraerse con facilidad o dejaba siempre los deberes para el último día y el último momento, exactamente como le había pasado la noche anterior. Se durmió tarde ya que tenía que terminarlo todo y luego adelantó la alarma de su despertador para poder estudiar el examen que tenía ese día antes de irse.
El resultado era que estaba demasiado cansada, provocando que no pudiera rendir lo suficiente en los exámenes y, aunque aprobaba, socaba unas notas bastantes más bajas de lo que su padre pretendía, por lo que éste comenzó a controlar las salidas de su hija para que estudiara más. Pero eso más que beneficiarla la agobiaba más.
Al menos ya sabía que su hermano y Hisana vivían con los abuelos, pero no podría decirle nada a sus padres sobre el tema, sino era más que posible que fueran allí para echarles de nuevo a la calle.
– ¿Qué te pasa enana? Estás como ida.
– ¿Eh? –Preguntó Rukia sin haberse enterado de lo que Ichigo le estaba contando.
– No te has enterado de nada de lo que te he dicho, ¿verdad?
– Pues la verdad es que no– Rukia sonrió nerviosa, en cambio el pelinaranja resopló enfadado, haciendo que ella reaccionara–. Lo siento Ichigo, es que últimamente tengo muchas cosas en la cabeza.
– No ya, si te entiendo, pero podrías relajarte un poco ahora. Por algo me habrás llamado, ¿no? Decías que te agobiaba estar en casa todo el día.
– Y me agobia, y más ahora que mi padre no me deja salir tanto.
– ¿En serio?
– Sí, dice que así me tomaré más en serio los estudios.
– Comprendo. Básicamente es que si sacas las notas que él quiere te dejará salir más veces, ¿no?
– Exacto. Y no sé cómo lo voy a conseguir porque yo nunca he sido tan buena estudiante como nii-sama.
– Vaya. Oye, por cierto, ¿has sabido algo de Byakuya?
– Sí, está viviendo con mis abuelos en el pueblo. Ayer me llamó y me lo contó todo. Están bien –dijo ella sonriendo.
– Menos mal que al menos tienen un sitio donde vivir.
– Sí, mañana la veré, tengo ganas –dijo la chica emocionada.
– ¿Verle? ¿Vas a ir allí?
– No, viene él, me ha pedido un favor. ¿Recuerdas lo que te conté del embarazo de Hisana y todo eso?
– Sí claro, como para olvidarlo.
– Pues aún no saben si ella está embarazada o no, así que mañana le voy a dar el test para que pueda hacerse la prueba y así confirmarlo de una vez.
– Ya veo… ¿te imaginas a Byakuya de padre?
– La verdad es que no –empezó a reír la morena.
– Yo tampoco –rió él también.
Estuvieran hablando de varias cosas, riendo y despejándose de los estudios y las preocupaciones, cosa que alegró bastante a Ichigo porque había conseguido que esa tarde Rukia volviera a reír. Bueno, a reír y a insultarle.
– Ichigo –dijo ella.
– ¿Sí?
– Gracias por ayudarme y por hacerme reír –sonrió ampliamente–. Hacía tiempo que no pasaba una tarde así.
–… ¿a ti qué bicho te ha picado, enana?
– Oye, ¡que lo decía en serio!
Ichigo empezó a reír mientras que ella le gritaba como de costumbre. Lo que ninguno de los dos vio era que Kaien estaba muy cerca de ellos, justo al otro lado del parque.
– Vaya, parece que te lo pasas bien con el pelo zanahoria, ¿no, Rukia? –Dijo Kaien mientras miraba a los otros dos sentados en aquel banco.
– ¿Rukia? ¿Está aquí? –Preguntó la chica que iba con él.
– Sí, mírala.
– Vaya, parece que te está engañando con otro, al igual que tú –dijo ella con un tono muy sugerente.
– Pero según ella no está preparada para hacerlo conmigo, en cambio mira qué bien se lo pasa con ese.
– No podemos afirmar que haya hecho nada con él. A lo mejor son solo amigos… o quizás ya se haya acostado con él.
– Actúan muy raro como para ser solo amigos, están como muy… cerca. Se va enterar.
– Bueno venga, no te preocupes. Ahora estás conmigo, ¿no, cariño? –Volvió a decirle con un tono de voz muy sensual, se acercó a su oreja y le susurró–. Vamos al hotel y así te relajo.
– Bien –dijo él sonriendo de lado–. Vámonos.
Al día siguiente por la tarde, Byakuya se encontraba en la ciudad, esperando a Rukia cerca de unos supermercados. Había aprovechado que su abuela le mandó a comprar ciertas cosas y así podría quedar con su hermana, a la que vio un par de minutos después.
– Nii-sama –dijo ella corriendo hacia él.
– Hola, Rukia –habló él al llegar su hermana a su lado.
– Nii-sama, estás más delgado.
– Sí ya.
– Pero mucho más delgado –decía ella sorprendida.
– Jii-sama es bastante estricto con el trabajo.
– No, ya veo.
– Pero tranquila, empiezo a acostumbrarme. ¿Has traído lo que te pedí?
– Sí, claro –dijo ella dándole una pequeña bolsita–. Está ahí dentro.
– Bien –suspiró Byakuya.
– ¿Estáis todos bien? ¿Cómo está Hisana?
– Estamos todos bien, no te preocupes, lo único que Hisana está nerviosa por no saber si está embarazada o no.
– Normal.
– Pero por lo demás todo bien, los abuelos la han aceptado muy bien. Además, dentro de poco jii-sama nos dejará venir a la universidad por lo que podré verte más a menudo.
– ¡Eso es genial! –Dijo ella sin poder evitar que una sonrisa se dibujara en su rostro.
– Sí… Rukia, tengo algo que contarte.
– ¿Contarme algo? ¿Es malo?
– No, bueno, creo que no.
– Dicho así no me tranquiliza mucho, ¿qué pasa?
– Voy a casarme –aquellas palabras dejaron en shock a Rukia. Byakuya siempre había sido hombre de pocas palabras, por lo que siempre iba directo al grano cuando quería contar algo importante.
– ¿Ca-casarte?
– Sí, probablemente la semana que viene.
– ¡¿Tan pronto?
– Órdenes de jii-sama. Si por él fuera ya estaría casado.
– ¿Pero por qué así, tan rápido?
– Ya sabes que él es muy clásico y muy tradicional, no le gusta que Hisana y yo hayamos mantenido relaciones sin estar casados. Ni siquiera nos deja dormir juntos.
– ¿Y por qué le dijisteis que tú y Hisana ya…? Bueno, ya sabes.
– Es evidente, Hisana a lo mejor está embarazada, y un niño no aparece ahí por arte de magia. Además, no me importa casarme.
– Cierto, tienes razón… ¿entonces es la semana que viene? ¿Y dónde?
– En una ermita del pueblo. Los abuelos serán los padrinos pero necesito tres testigos.
– ¿Quieres que vaya yo?
– Sería lo mejor, sino tienes otra cosa que hacer, claro.
– ¿Cuándo es?
– El sábado seguramente, ya te confirmaré. Y es una boda sencillas, ni siquiera iremos vestidos con trajes de novio así que no hace falta que te arregles.
– Vaya… ¿y no hay invitados? –Byakuya negó–. ¿Ni banquete? –Volvió a negar–. ¿Ni baile?… ¿Nada?
– No, nada. Solo la ceremonia, decir "sí quiero" y los anillos.
– Pues que triste…
– Bueno, no tenemos dinero y jii-sama prefiere que la boda pase inadvertida, no quiere que se entere mucha gente. Si algún día me fueran las cosas mejor y tuviera un trabajo estable volvería a casarme, porque sé que a Hisana le gustan las bodas con fiesta, baile… en fin, lo normal.
– Es lógico, yo también sueño con una boda así, y vestida con un traje de novia blanco –sonrió pensativa–. Por cierto, ¿cuántos testigos necesitas?
– Tres.
– Pues si quieres se lo digo a Ichigo también.
– ¿A ese? Rukia no me tomes el pelo.
– Vamos nii-sama, es de confianza. No dirá nada, de verdad –Byakuya suspiró no muy convencido, pero tras pensárselo un rato accedió.
– Está bien. Pero como él diga algo la culpa será tuya.
– Entendido, pero te aseguro que no pasará nada.
– Eso espero… Bueno, tengo que marcharme, sino me echarán la bronca por llegar tarde. ¿Tú qué tal estás con papá y mamá?
– Pues… bueno, bien –dijo Rukia intentando fingir.
– Ya veo –Byakuya puso una mano sobre la cabeza de su hermana, como un acto cariñoso y protector–. Relájate y no te estreses mucho, si haces lo que te dicen no irá tan mal.
– No sé si lo conseguiré, me piden cosas que nunca he logrado.
– Seguro que ahora lo consigues, ánimo.
Byakuya le sonrió levemente y ella agradeció ver esa sonrisa en su rostro. Le transmitía confianza.
– Ahora sí, tengo que irme.
– Ten cuidado nii-sama, y saluda a Hisana de mi parte.
– Claro, lo haré.
Veinte minutos más tardes, Byakuya llegó a casa de sus abuelos. Después de colocar todas las cosas que había comprado en la ciudad, se acercó a Hisana y le dio el test de embarazo. Ella, muy nerviosa, lo tomó entre sus manos temblorosas y se encerró en el baño para hacerse esa maldita prueba que al fin le confirmaría esa duda que tanto la atormentaba.
Al momento Byakuya llamó a la puerta del baño.
– Hisana –dijo él con un tono de voz muy suave, escondiendo así los nervios que sentía–. ¿Puedo pasar?
– No –respondió ella alterada.
– ¿Por qué no? Llevas mucho tiempo ahí dentro, ¿ha pasado algo?
– No, no, no ha pasado nada. So-solo estoy esperando el resultado del test y-y estoy muy nerviosa.
– Tranquilízate, no pasa nada.
– ¡Claro que pasa Byakuya! Es muy posible que vayamos a ser padres y eso es un cambio muy importante.
– Tienes razón… ¿qué tiene que salir en la prueba?
– Si solo sale una raya es negativo, y si salen dos es positivo.
– ¿Y aún no ha salido nada?
– ¡No! ¡Me estás poniendo nerviosa, Byakuya!
– ¡Si al menos me dejaras entrar sería más fácil! –Silencio. Justo en ese momento Hisana dejó de hablar y eso preocupó más al pelinegro–. ¿Hisana? Oye Hisana, ¿pasa algo? ¿Estás bien? ¡Hisana! –Dijo golpeando la puerta más fuerte.
En ese momento se escuchó como la cerradura de la puerta se movía, por lo que Byakuya entendió que ya podía entrar en el baño con ella. Nada más abrir la puerta la vio, de espaldas a él y sin decir nada.
– Hisana… ¿qué ha salido?
¡Hola de nuevo!
Al final las fiestas de Navidad no me han dejado tiempo para escribir pero aquí estoy de nuevo con un nuevo capítulo que espero que os guste. Tengo muchas ideas en la cabeza ahora mismo así que procuraré escribir lo antes posible para que no se me olviden xDD
Muchas gracias por leer y por dejar reviews, que eso anima mucho a seguir escribiendo. Así que por favor, ¡seguid dejando reviews! xD
Nos vemos en el siguiente ^^
