Todos los personajes pertenecen a JKR
T/N: AnneM. Oliver es la autora de este fic. Yo, Moon Dahee, soy la traductora.
Capítulo 25: La locura interior:
¡Draco pensaba que lo que ella estaba diciendo era una locura total! El confidente más cercano del primo de Hermione nunca podría ser el responsable del daño que le habían hecho a la chica. Ese pensamiento no era creíble.
—¿Quiere decir que cree que Remus Lupin es el responsable de su secuestro y tortura?
—No, quiero decir, no lo sé —contestó ella, juntando las palabras. Solo sentía desespero; no sabía qué pensar o sentir, o qué era real y qué no. Hermione corrió hacia la puerta, pero Draco llegó primero. Se quedó de pie frente a la puerta para bloquearle la salida—. No sé quién me dejó inconsciente en el bosque o quién me maldijo. No fue el señor Lupin. Tenía los ojos vendados, pero oí la voz del hombre. ¡No obstante, el señor Lupin me apuntó con la varita y borró mi memoria! Me llevó a las afueras de la ciudad y empezó a traerme de vuelta. Recuerdo eso. ¡Lo recuerdo! —Los detalles aún estaban oscuros—. Me quitó la venda de los ojos y dijo un hechizo sanador para el dolor. Luego dijo que Lord Potter sabía a estas alturas que yo había desaparecido y que usted también, y que pensara en usted una última vez antes de que dejara de existir para mi.
—¿Cómo puede recordar eso con tanta claridad y solo unos pocos recuerdos preciados?
—¡No miento! —gritó ella, claramente agitada porque no la creía.
—¡No he dicho que mienta! —le respondió gritando—. Puede que esté confundida.
Ella lo apartó de un empujón de la puerta, lo que en cualquier otro momento él habría encontrado divertido, pero en ese momento se estaba frustrando tanto como ella. Hermione abrió la puerta.
—Si ni siquiera me cree, ¡entonces sé que mi primo nunca me creerá! ¡La esperanza está perdida! Estoy sola y abandonada. Me quedaré en su casa a la merced de ese hombre. Temo lo que hará a continuación.
Con el revuelo de sus faldas, salió corriendo de la habitación. Corrió por el pasillo hasta la biblioteca y, de forma dramática, cerró la puerta de un portazo. Draco pensó que incluso en un estado de tal angustia aquel acto había sido muy grosero.
Drao fue a buscar a su mayordomo, pero el hombre encontró primero a Draco.
—¿Sabe dónde está el señor Lupin?
—Ha salido y me informó de que no se unirá a ustedes para la cena —dijo el mayordomo con una reverencia.
Draco encontró aquello extraño. ¿Decía Hermione la verdad? ¿Sospechaba Lupin que ella lo sabía? Draco pensaba que la memoria de Hermione carecía de credibilidad. Por lo que sabía, Remus Lupin solo había sido su amigo. Parecía tener sentimientos reales y genuinos por la chica. Draco solo lo conocía como un modelo de diligencia y como alguien de morales y valores elevados. La señorita Granger tenía que estar equivocada. Tenía que estarlo.
Dracó llamó de nuevo al mayordomo.
—¿Cuándo se fue?
—Se fue justo después de que se marchara su padrino.
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Severus Snape era un hombre infeliz. Hasta donde recordaba, había sido un hombre infeliz. ¿Qué razón podía tener para ser feliz? No tenía esposa, pues la única mujer a la que había amado se casó con otro. No tenía hijos y la persona en la que pensaba como a un hijo le tenía desprecio. Tenía su profesión, pero no obtenía placer de ello. Hacía muchos sacrificios en su vida, todos por otros, y nunca le habían compensado. Nadie entendía a lo que había renunciado durante todos esos años trabajando para el Señor Oscuro, pero también trabajando como espía para el lado de la luz. Nadie recordaba estas cosas. No, preferían dimafarle.
Remus Lupin era un hombre solitario. Había sido solitario desde que era un niño. Había sido excluido y denigrado por algo sobre lo que no tenía el control. Nunca se había casdo nihabía tenido hijos. Sus tres mejores amigos en el mundo le habían dejado. Todos estaban muertos. Dos murieron luchando contra el Señor Oscuro y uno luchando del lado del Señor Oscuro. Todo lo que tenía en el mundo era el hijo de su mejor amigo y tenía miedo de perderlo también. Cuando Harry descubra la verdad, lo dejaría de lado. Tenía que hacer lo que fuera mejor para el bien común, pero Harry y Hermione podrían no verlo de ese modo. No podía hacer nada excepto rezar por el perdón e intentar continuar lo mejor que pudiera.
Harry Potter era un hombre preocupado. Tenía un dilema interno. Amaba a la señorita Weasley, pero había demostrado no ser de fiar. Así había sido toda su vida. Nunca podía confiar en nadie. No, eso no era verdad: confiaba en su padrino, Sirius Black, el mejor amigo de su padre, Remus Lupin y su querida y dulce prima, Hermione. Después de que murieran sus padres, llevaron a Harry a la casa de una tía y un tío mayores por parte de madre. Los mismos tíos que habían criado a su madre y a la hermana de esta. Harry se sentía deprimido allí y le trataban como a una plaga, como una cicatriz en la sociedad. No tenía ni idea de que era el hijo de un vizconde hasta que fue a la escuela. Después de eso, su padrino, Sirius Black, lo acogió y crió en la Mansión Potter como a su propio hijo. Sirius murió durante la guerra contra Voldemort. Desde los once años, a Harry le habían dicho que estaba destinado a ser el salvador del mundo mágico. Eso era demasiado peso para ponerlo en los hombros de un chico tan joven.
Aún así, hizo lo que le dijeron, con muchos sacrificios. Después de que finalmente derrotara al Señor Oscuro y sus mortífagos, pensaba que la vida sería más fácil. Encontraría a su única pariente viva, Hermione Granger, la traería a casa, se casaría con la señorita Weasley y, finalmente, sería feliz, lo que todo hombre merecía. Todo hombre menos Harry Potter, por lo que parecía.
Draco Malfoy era un hombre confundido. Criado con orgullo y jactancia, vivía su vida con cierta arrogancia, lo que sentía que era su derecho de nacimiento. Provocaba la envidia de todos aquellos a los que convertía en conocidos y sentía que así debía ser. Lo habían criado para creer que las cosas eran de una manera específica. No habían tonos de gris. Había bien y mal; negro y blanco; sangres pura y los demás. Lo habían criado para creer las mentiras del Señor Oscuro. Hasta el día de hoy, en el fondo, algunas de esas ideas, que estaban grabadas profundamente en su alma, resurgían. Quería cambiar. Lo hizo. Quería encontrar a una chica dulce con la que casarse, una inteligente, con un ingenio chispeante, bella y compasiva. Eso lo había encontrado en la señorita Granger, pero, pero desgracia, no era libre de casarse con ella porque él era un orgulloso y no estaba preparado para renunciar a todo lo que siempre había tenido o conocido. Quizás algún día lo haría. Moriría por ella, pero no renunciaría a su nombre. ¿Qué decía eso? Estaba confundido.
Hermione Granger era una mujer inteligente. También era una soñadora, pero no tanto como para tener la cabeza en las nubes. La solían describir como sensata. Aún así, sentía que todos merecían perdón y que todos tenían cosas buenas y malas. Era lo que hacían con sus opciones lo que marcaba las diferencias. Hermione guardaba todo lo que aprendía o descubría para futuras referencias. Sentía que cada ser vivo del planeta tenía un propósito y una razón para ser y una razón para vivir. Todo influenciaba todo lo demás. Era una mujer de primeras impresiones, pero no tenía miedo de cambiarlas tras una inspección detallada. Normalmente se pensaban que era sabia y perspizaz y que sabía juzgar la personalidad de la gente. Si eso quería decir que era ignorante de los propósitos reales de las cosas más duras de la vida, entonces sería ignorante. Nadie podía decirle que no era tan buena como cualquiera. Hermione sentía que ellos eran tan buenos como ella, así que ella debía ser tan buena como ellos. Ahora solo tenía que convencer a los demás de ello.
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Severus Snape se encontró con Remus Lupin fuera del pueblo, en una casucha pequeña que Lupin solía usar durante su transformación. Snapa irrumpió en la casa mientras Lupin se sentaba cerca de la chimenea, donde ni siquiera había fuego.
—¡Esto no va bien, Lupin! ¡Mi propio sobrino me ha acusado de tener algo que ver con la desaparición de la señorita Granger!
Lupin, que continuaba mirando fijamente al piso, dijo:
—Bueno, usted estuvo envuelto, ¿no? —Finalmente levantó la vista hacia el hombre—. ¿Tuvo algo que ver con la muerte de la sirvienta?
—¡Por supuesto que no! ¿Cómo se atreve a preguntarme eso? —rugió Snape—. Y sabe usted que yo no tengo nada que ver con su secuestro y tortura. Eso nunca debió haber pasado. ¿Y si alguien más la vio conmigo ese día? ¿Y si alguien me vio en la casa? ¡Se suponía que usted se aseguraría de que nadie se enterara!
Lupin, que mantenía la voz en calma, se levantó.
—Bueno, por lo que parece nada ocurrió como se suponía que tenía que pasar. Se suponía que tenías que hablarse con amabilidad, intentar convencerla de que fuera a Hogwarts, donde estaría a salvo y protegida, y sin revelar tus verdaderas intenciones, pero usted nunca fue una persona de civismo.
—¡Debería haberse encargado usted mismo entonces! —le dijo Snape.
—Sí, en retrospectiva, veo que tienes razón —dijo Lupin. Se frotó el puente de la nariz y suspiró—. Te has dado cuenta de que solo le borré la memoria a corto plazo. Recordará pronto. ¿Qué pasará entonces? Querrá respuestas y yo no puedo dárselas.
—¡Se equivocó al borrarle la memoria en primer lugar, Lupin! ¡Esperaba un mejor juicio de su parte! —Snape se sentó en el sitio en que Lupin había estado sentado, y usó la varita para encender el fuego.
—Lo sé. Tiene razón. Quizás debamos contarle a los demás la verdad.
—¿Y qué verdad les contarías? ¿La que me contaste a mí o la de verdad?
—No sé lo que quieres decir —dijo Lupin. Está cansado, muy, muy cansado.
—Me pregunto —comenzó Snape— si hay algo más en la historia que me contaste. Tiene sentido que no me contaras la hisotria completa. Después de todo, nunca confiaste en mí del todo.
—Nunca podíamos estar seguros de de qué parte estaba usted en realidad en la guerra —explicó Lupin—. Por tanto, lo que ha dicho es verdad. Nunca le conté la verdad por esa misma razón.
—¿Qué habría importado si le hubiera dicho a la chica la verdad como la sé? ¿De verdad habría sido el final del mundo? —preguntó Snape.
—Habría sido el final de su mundo —dijo Lupin—. Quería ahorrarle el dolor. Tampién pensé en que podía borrarle la memoria de su tortura. ¿Me jura que usted no ha tenido anda que ver?
—¡Se lo juro, caballero! —dijo Snape—. Simplemente la llevé al bosque, como una estratagema para intentar convencerla de que fuera a Hogwarts. Fue mal. Ella ya estaba demasiado enamorada de Malfoy por entonces. No tenía ni idea de que aparecería el verdadero culpable. Corrió directamente a sus garras. La busqué por todas partes, pero simplemente desapareció. Tan pronto como volvía a Spnner's End, Marcus Flint me contó el plan del hombre. Fue entonces cuando me di cuenta de que la joven señorita estaba con el bastardo del que le hablé cuando le dije donde podía encontrarla.
—Sí, y cuando la encontré, le borré la memoria porque USTED me dijo que le había contado las verdaderas circunstancias de su nacimiento. Pensaba que no tenía alternativa. Me aseguré de que estuviera a salvo en la carretera de vuelta al pueblo y de que alguien la encontrara. Era todo lo que podía hacer —señaló Remus.
—Bueno, mentí, ¿no? ¡Nunca le conté nada a la chica! —dijo Snape, levantándose otra vez—. ¡Se lo dije para causarle angustia! Le recuerdo que usted también mintió, ¿no? ¿Pensaba que nadie descubriría nunca la verdad?
—¿Cómo iba usted a saber la verdad? —preguntó Remus.
—Por la misma madre de la chica, antes de que muriera. Fui a ver a la mujer, con la esperanza de que quizás me reconocería de cuando éramos más jóvenes, y lo hizo. Me lo confesó todo en su lecho de muerte, la pobre mujer. ¿Por qué creyó que era adecuado mentirme, Lupin? ¿Creía que habría una diferencia? ¿Creía que yo no ayudaría a esconder a la chica si supiera de su verdadero origen?
—Siempre tuve ese pensamiento, sí —dijo Remus—. Aún así, usted debería haberme contado que sabía la verdad. No debería haber huido como un cachorro herido, declamando venganza, y afirmando que iba a contarle a la chica su versión de la verdad cuando ya sabía la verdad. Hicimos mal de parte de los dos. Ella nunca me perdonará una vez que empiece a recordar, ni tampoco lo hará Harry.
—¿Y eso es triste por qué? —preguntó Snape—. ¿Quiénes son ellos realmente para usted? Me dijo hace años que escondiera a la chica porque era de los suyos, pero eso era una mentira, ¿no? Me dijo que era la hija de usted y de Andrómeda Black, lo que la haría una sangre pura y la prima de Draco. Me dijo que después de que Andrómeda murió después de dar a luz, tenía miedo de que la mujer de Lucius Malfoy reclamara a su hija. ¡Me contó una mentira, caballero! ¡No veo por qué razón! ¿Cómo murió Andrómeda en realidad?
—Eso no es importante en este momento. Su familia habría sido asesinada igualmente si ella no hubiera muerto. Era conveniente, aunque desgarrador, por casualidad —dijo Remus con tristeza.
—La madre de la chica, ¿era una sangre pura? ¡Tengo que saberlo! —preguntó Snape.
—La verdad no es muy diferente.
—¡Diferente! Hay una gran y vasta diferencia entre ser un sangre pura y alguien que no lo es —dijo Snape.
—La única diferencia es que si usted hubiera sabido quién era su padre, no habría importado quién era su madre. Usted no me habría ayudado. Decirle que Hermione era mía era la única manera de conseguir que me ayudara. Usted no me odia, no importa lo que la gente piense, pero sí odiaba a su padre real. No puedo evitar pensar que querrías deshacerte de ella porque si ella fuera una sangre pura, su ahijado sería libre de casarse con ella, sin reproches o el miedo de que podría perder su propiedad. Estaba usted pensando en eso, quizás, cuando intentó obligarle a casarse con su pupila. —Remus caminó hacia la ventana mientras el sol se ponía en lo alto del cielo—. Ha terminado. Las mentiras y también las razones de las mentiras. No sé por qué hemos mantenido esta farsa tanto tiempo.
—Creo que usted sabe por qué —dijo Snape—. Si cree que puede hacer públicas las verdaderas circunstancias de su nacimiento y no herir a nadie, mayormente a ella, está equivocado.
—Ella dice que piensa en mí como en su padre —dijo Remus con melancolía.
—Ahí está el problema, hombre —señaló Snape—. No lo es. No importa las mentiras que se haya contado a sí mismo todos estos años, usted no es su padre. Sé que Potter era su padre, pero mi pregunta es: ¿quién era su verdadera madre?
Lupin se rió.
—Si las mentiras ya no importan, entonces no veo razón para limpiar mi alma. Eso irá conmigo a la tumba.
—Sabe que aún están aquellos que desean hacerle daño a la chica —dijo Snape—. Tú y el canalla de Sirius Black se esmeraron tanto en la guerra para protegerla. Usted hizo que Harry Potter hiciera lo mismo y, al final, ella aún sigue sin estar a salvo. Incluso sin saber quién es su madre, no está a salvo, ¿y usted quiere saber por qué? Porque ella ES la hija de James Potter y la gente que quiere hacerle daño aún seguirá queriendo hacerle daño sin importar quién era su madre. —Snape empezó a marcharse, pero se dio la vuelta—. Me lavo las manos. Ya no puedo ayudarle. He arriesgado demasiado. Solo le ayudé al principio por la profecía. Ahora que el Señor Oscuro ha sido derrotado y que el enemigo de la chica es un desconocido, no sé cómo puedo ayudarla. Sé que hay más gente envuelta en esto que solo el hombre que Flint delató. Sin embargo, eso no es importante porque puede que alguien me haya visto con ella aquel día y sospeche de mí, como hace Draco. Debo irme de aquí y volver a Hogwarts, a donde pertenezco. Esto es un giro inesperado de acontecimientos sobre los que no tengo control. Buena suerte en mantenerla a salvo. La necesitará, pero yo no le ayudaré esta vez. No puedo soportar pensar en perder el cariño de mi ahijado.
—¿Cambiaría su opinión sobre protegerla si supiera quién es su madre? —preguntó Remus.
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Lord Malfoy fue a la biblioteca, donde Hermione estaba sentada a la mesa, escribiendo una nota rápida y furiosa. La pluma se rompió cuando él entró.
—Solo soy yo —dijo Draco—. ¿Qué está haciendo? ¿Está escribiendo una carta?
—Le estoy escribiendo una carta de despedida a usted.
Él se rió.
—No se va a marchar, así que ahórrese las despedidas. —Su intención era sonar despreocupado porque no quería que ella supiera lo preocupado que estaba secretamente de que pudiera ser verdad la historia de Hermione, especialmente con las noticias de que Lupin se había ido justo después de Snape. No quería causarle más preocupaciones a la señorita, así que quería crear una atmósfera satisfecha a su alrededor—. Bueno, vaya a cambiarse a algo bonito para que mis ojos se den un festín después durante la cena.
Ella tiró la carta que había empezado al suelo. Draco pensó que ella era una fiera. Eso era cierto. Hermione intentó pasar a su lado, pero, otra vez, le bloqueó el camino.
—Déje que me marche, Lord Malfoy, pues cuando vuelva Remus Lupin no estaré segura —suplicó.
Hermione salió corriendo por su lado y siguió por el pasillo. Él estiró el brazo, pero su mano apenas rozó la falda de Hermione. Hermione corrió escaleras arriba y él esperó abajo. No tenía a dónde ir. Él lo sabía y sabía que ella también. Solo estaba asustada de lo que había descubierto.
Draco corrió escaleras arriba finalmente y por el largo, oscuro y cavernoso pasillo que llevaba al ala este. La encontró de pie contra la pared, fuera de la puerta de sus aposentos. Draco tiró del brazo de Hermione, haciendo que se diera la vuelta para mirarlo a la cara.
Cuando la volteó, vio que otra vez estaba llorando.
—Señorita, ¡escúcheme! ¡No tiene a dónde ir! ¡Puede que ni siquiera sepa que si lo que dice es verdad! —exclamó Draco—. Puede que recuerde otro acontecimiento. Su memoria puede que esté incompleta.
Ella inclinó la cabeza, pensando en silencio, y habló con una voz casi inaudible.
—Sé lo que vi. Sé lo que recuerdo, —Sacudió la cabeza adelante y atrás—. Confiaba en él. Lo quería como a un padre —lloró.
El corazón de Malfoy se rompía por la chica. Hermine estaba de pie con la espalda contra la pared y los brazos a los lados. El pecho le subía y bajaba con cada lágrima derramada.
Mientras Draco miraba cómo su pecho subía y bajaba con los angustiosos sollozos, se daba cuenta del dolor en su propio pecho. Una presencia continua que era más como un dolor. Nunca antes había sentido empatía de esta forma. Era más compasión, pues él sentía la herida de ella. Si solo pudiera entrar en la mente de la chica y descubrir si lo que recordaba era verdad. Sabía que nada que le dijera podía mitigar la angustia. Solo sabía una cosa que podía hacer.
Draco se acercó a ella, puso primero la mano derecha al lado de su cabeza sobre la pared y luego puso la izquierda en el otro lado. Apoyó la frente en la de ella y el peso hizo que la cabeza de Hermione se apoyara en la pared. Hermione aventuró su mirada en los ojos de él. Los ojos de Hermione estaban rojos y ensombrecidos. Draco llevó rápidamente las manos a sus mejillas y la besó en la frente.
—Hermione. Dulce, dulce muchacha —dijo.
Draco la besó en la mejilla derecha y luego en la izquierda. Rápidamente la atrajo hacia sí y la envolvió en un abrazo. Su Hermione. Su amor. Su tesoro. La levantó del suelo, totalmente erguido, con el cuerpo de ella presionado íntimamente contra el de él, con los pies de Hermione en el aire. Draco le murmuró palabras calmantes al oído mientras sus bazos sostenían a la tensa chica. Los brazos de Hermione estaban firmes alrededor del cuello de Draco. El dolor de la chica era casi demasiado para que él lo soportara y la noción de que ella aún estaba en peligro lo preocupaba incluso más. Puso los pies de ella de de nuevo en el suelo, pero su agarre permaneció firme.
Los sollozos cesaron finalmente y Hermione se quedó totalmente en silencio y sombría. Draco la levantó del suelo, con un brazo alrededor de la espalda de Hermione el otro bajo sus piernas. Fue a la puerta y la abrió de una patada. La sirvienta de su dama se acercó.
—¿Pasa algo, mi señor? —preguntó.
—La señorita se siente mal. Envía a alguien a por su primo, el vizconde Potter, de inmediato.
Draco aún la tenía en sus brazos. La acostó en la cama y se arrodilló a su lado. Hermione se puso de lado y cerró los ojos y las lágrimas empezaron otra vez. Draco le apartó el pelo de la cara.
—Te protegeré —le dijo en un tono quedo. Se inclinó contra la cama y le besó el pelo.
—No tengo esperanza —dijo sin fuerzas. Era cómo se sentía.
—Siempre hay esperanza.
Ver su miseria llegaba a cada fibra de su ser. Su alma gritaba de angustia junto con la de ella, pero no tenía modo de ayudarla.
—Lord Malfoy, lo recuerdo todo. Recuerdo que me dejaron inconsciente y que me torturaron, pero no solo eso. Recuerdo mi vida antes de venir aquí. Más aún, recuerdo que le amo. Y que usted no es libre de amarme.
Hermione se sentó y, en un esfuerzo de marcharse otra vez, lo empujó, haciendo que se tambaleara y callera al suelo al estar de rodillas. Hermione corrió escaleras abajo, casi histérica.
Al pie de las escaleras, estaba Remus Lupin. Por la expresión de la cara de Hermione, él supo que ella había recordado. Simplemente lo supo. Hermione lo vio y corrió escaleras arriba y pasó a Lord Malfoy. Remus y Draco la siguieron a la sala de estar del piso de arriba, con los dos a sus talones. Hermione abró las puertas dobles que llevaban a una terraza y, sin más dilación, o una despedida, se desapareció.
Remus miró a Draco, quien miraba a la nada. Simplemente miraba fijamente al espacio en el que ella había estado. Se había ido, tal cual. Cuando Draco cambió la protección de la casa, ¡no había pensado en hacerlo para que ELLA no se marchara!
—¡Por lo menos ha recordado cómo aparecerse! —dijo Draco.
N/A: En el siguiente capítulo: estad tranquilos. Hermione no llega lejos.
N/T: ¡Hola! Está interesante la cosa. Parece que Remus tiene sus razones y no es malo. ¿Quién más se siente aliviado? Actualización bastante rápida esta vez, ¿verdad? Pero no os acostumbréis mucho porque dentro de un mes me iré a estudiar a Corea y no sé cómo estaré de tiempo… Pero no pienso dejar esto, no os preocupéis. Por cierto, me he cambiado el nombre, aunque seguro que ya os habéis dado cuenta :) Otra cosa, mariposa, si queréis, podéis seguirme en twitter. He puesto un link en mi perfil. ¡Por favor, seguidme, seguidme, seguidme! ;D
