Me paro varios instantes frente al espejo antes de cruzar la puerta y marcharme. He trenzado mi cabello como siempre y la chaqueta de mi padre continúa cubriéndome. Me ajusto las botas y acomodo mi mochila en la espalda. No he cogido mucho equipaje, algo de ropa, comida, utensilios de aseo y algunas flechas. En el otro brazo cargo mi arco, aunque no sé si tendré que usarlo en estos supuestos tiempos de paz. Llevo el pin del sinsajo clavado justo en el corazón, cubierto por el abrigo, como si pudiera darme la fuerza que necesito, y también he metido el anaranjado vestido de mi madre a correprisa. No sé por qué lo he hecho, pero ahí va a quedarse.

Observo mi reflejo. Me llamo Katniss Everdeen y voy a traerlo de vuelta, cueste lo que cueste, hasta que entienda que no quiero vivir en un lugar en el que él no esté. Volverá.

Inspiro varias veces, despidiéndome de mi casa hasta nuevo aviso, y corro hasta la estación con fuerzas renovadas. La fría brisa me golpea el rostro, pero no importa, quiero seguir luchando.

Tardo pocas horas en llegar al distrito 13. Está algo distinto de lo que yo recordaba, ya que están trasladando la mayor parte de las viviendas al exterior…, pretenden dejar de vivir bajo tierra. No presenta una apariencia muy atractiva pero, como la mayor parte de los ciudadanos me reconocen enseguida, no tardo mucho en llegar a la modesta casa de Annie. Es mi primera opción de búsqueda porque estoy segura de que ambas sabrán dónde se ha instalado y eso podría ahorrarme tiempo; he malgastado demasiados días llorando.

Las dos se sorprenden al verme allí después de tan pocos días, pero me reciben en su casa con una hospitalidad que me halaga. Sin embargo, no me ando con rodeos y les pregunto directamente si saben dónde se encuentra Peeta. Annie mira al suelo y Abigail me dirige una de esas miradas compasivas que me hacen temer lo peor.

- ¿Se despidió?- me pregunta Abigail.

- Sí, aunque eso no impidió que se marchara.- asiento.- Le dijo a Haymitch que vendría al 13…

No necesito sus explicaciones, sus rostros me indican que el distrito 13 nunca ha estado en sus planes, pero no quiero creerlo.

- Aquí no ha venido.- añade Annie.

- No sé por qué le dijo a Haymitch eso…, no está aquí, nunca lo ha estado desde que se marchó.- me habla con delicadeza porque no sabe que mi corazón no puede romperse en más pedazos.- Lo siento, Katniss.

- ¿Por qué mintió?- no me importa que estén delante, rompo a llorar en silencio, discretamente.- Dio por hecho que Haymitch me diría a dónde se dirigía, por eso lo hizo, para que no lo encontrara…

- Lo siento, Katniss. Ojalá pudiéramos ayudarte, pero no sabemos nada sobre su paradero.- se sienta a mi lado y me estrecha entre sus brazos.- ¿Dónde crees que puede haber ido? Tal vez podamos averiguarlo…, no olvides que es Peeta Mellark, todo Panem lo conoce. Si nos damos prisa…

- ¿Buscarías a alguien que no quiere que le encuentres?

Mi pregunta no iba exactamente dirigida a ninguna de las dos, pero la pronuncio en voz alta sin darme cuenta. Al igual que sucede en mi mente, todo es silencio, no hay respuesta posible, no por ahora.

- A lo mejor necesitaba irse por un tiempo, no simplemente viajar, sino irse en más de un sentido.- Abigail intenta ayudar en lo que puede.

- ¿No lo buscarías?- la miro directamente.

- Creo que es bastante difícil decidir. Si él no quiere…, pero si tú quieres…

- Bueno, esto valdría la pena pensarlo si hubieran posibilidades reales de encontrarlo.

- Katniss, no creo que sea tan difícil encontrarlo, no te desanimes.- me estrecha la mano.- Él es muy conocido…, ya has visto cómo te han reconocido todos…, solo es cuestión de tiempo.

Cuestión de tiempo…, me sorprende que Peeta se haya tomado tantas molestias en impedir que lo encuentre. Nunca pensé que le acarrearía tanto dolor como para romper con todo de esta manera. No quiero perderlo, necesito decirle lo antes posible que lo que siento es real, pero sé que va a ser casi imposible. Tengo un presentimiento…, las cosas no van a salir bien. Bien por ti, Katniss, siempre llegas a tiempo.

Me quedo varios días en casa de Annie, haciendo averiguaciones sobre su posible paradero, pero nadie ha visto al chico enamorado. Sus caras están llenas de estupefacción: ¿Peeta te ha abandonado?, ¿habéis roto el matrimonio? En esos momentos tengo que hacer un acopio de fuerza de voluntad para no gritarles que nunca estuvimos casados, que probablemente nunca lo estemos, y que soy yo la única que podría haberlo abandonado.

¿Cuál debería de ser mi siguiente distrito?, ¿por dónde empiezo? He llamado a Haymitch y él tampoco sabe nada, ni siquiera esperaba que Peeta le estuviera engañando, y no conozco a nadie más que pueda ayudarme. No es agradable tener la certeza de que voy a embarcarme en una búsqueda que podría llevarme meses, solo con una mochila y una lista de contactos inexistente. Otra gira de la victoria.