¡Hola! Jejeje feliz domiiiii…. Lunes. Si lo siento trato de actualizar lo más pronto posible y este capítulo casi estaba acabado cuando publique el anterior. Pero como el vino, el tiempo mejora las cosas y ¡ya casi salgo de vacaciones! Volveré a ser su fiel esclava, digo, escritora que les actualizara cada domingo.
Gracias por tenerme paciencia y por seguir este fic, ¡los quiero mucho! Y espero estar llenando sus expectativas :D como se darán cuenta… ya están cambiando las cosas. Muajajajaja… no me odien. Aún no han leído nada… digo ¿khe?
¡En especial gracias por sus hermosos reviews! (se suena la nariz escandalosamente) es bonito regresar con tan bonitos comentarios. ¡July! ¡Si regrese! Y seguiré regresando. Porque aún falta que se ponga buena la cosa ;D tu y Shirae y Karma3985 son mis más fieles lectoras.
Si quieren comentarme algo al respecto sobre la historia sus reviews son más que bienvenidos. Los leere con gusto y les devolveré un comentario por inbox (para que sepan que si los leo… aunque no les conteste pronto los leo y lloro de felicidad cuando lo hago)
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Capítulo 25: "Lo inevitable"
¿Seguía despierta? Lo único de lo que estaba segura es que estaba consiente. Su visión estaba oscura. Sus sentidos se reiniciaron y arrancaron todos al mismo tiempo para encontrar su estado actual. Escuchaba voces en la distancia y música. La feria. Seguía en la feria. ¿Dónde exactamente? Sentía que estaba apoyada sobre algo. Con lo que quedaba de su olfato detecto una fragancia, una que le resultaba familiar. Había un palpitar que resonaba en su cabeza, ¿era el suyo? No. Ella estaba demasiado calmada para que latiera con esa fuerza. Tan profundo e inquieto. Poco a poco iba recuperando su vista. Veía luces de colores, algunos juegos mecánicos y gente pasar. Su rostro estaba sumergido entre una fábrica que no lograba distinguir muy bien. Todo eso apuntaba que seguía de pie gracias a que algo impedía que la fuerza de la gravedad la presionara contra el suelo. Razonó un poco más, así descubriendo que la gentil prisión que la sujetaba eran los brazos del empresario.
— Temari.
Pudo escuchar con claridad la vibración de su voz, porque su oído estaba pegado a su pecho. Lo que resultaba… muy acogedor. Su mente repitió esa melodía una vez más para sí misma. La manera en que pronunció su nombre, ya la había escuchado antes. Sonaba preocupado. Era hora de dar señales de vida. Con lo que le restaba de fuerza, se reincorporó torpemente apoyando sus manos sobre sus hombros y apartándose con lentitud de él. En lo que procesaba que era lo que pasaba, sentía que algo le faltaba. Como si una voz se lo hubiera susurrado al oído, fijo su vista a sus pies y encontró el peluche del panda en el suelo. Fue entonces que se dio cuenta que había perdido el conocimiento por un segundo.
— Lo siento.
Lo pronuncio tan bajo que por poco sus palabras fueron tragadas por el ruido del alrededor. A parte de que estaba enloqueciendo al joven empresario. ¿Había escuchado bien? ¿Estaba imaginando cosas? Nada cuadraba, bueno si lo hacía. Solo el hecho de escuchar esas palabras siendo emitidas de su boca, siendo ella quien las había dicho, no cuadraba. Otra preocupación brotó en su mente. ¿Pedirle disculpas en vez de buscarle pelea por tocarla? Inmediatamente colocó la palma de su mano sobre la mejilla del ángel, tomándolo por sorpresa la suavidad de su piel. La rubia arrastró sus pupilas para contemplar al muchacho pretendiendo buscar una explicación a su reciente acción, la cual no consideraba extraña ni pensaba que fuera "atrevido" como lo solía hacer. Su mirada somnolienta al encontrarse con la suya provocó una repentina descarga eléctrica sobre la espina del Nara. Ya eran dos veces que lo tomaba con la guardia baja. Sacudió un poco su cabeza para volver en sí.
— Estas fría —mató el silencio apartando su mano de su rostro para volverla a sujetar de los hombros—. ¿Puedes mantenerte en pie un segundo? —La Sabaku solo asintió—. Quítate los zapatos.
— ¿Qué? —Frunció un poco el ceño.
El Nara se agacho para recoger el panda del suelo. Lo sacudió y de nuevo se lo ofreció para que ella lo sujetara. Temari volvió a envolver el peluche entre sus brazos.
— Solo hazlo. —Ordenó fastidiado.
Sin entender nada ella obedeció poniendo sus blancas calcetas sobre la tierra. Shikamaru volvió a inclinarse para colgar esas tradicionales sandalias entre sus dedos y después puso su antebrazo detrás de las piernas de la ángel. Cuando menos se lo esperaba, ya la había alzado y la estaba cargando entre sus brazos. El instinto de ella se accionó y rodeó con uno de sus brazos el cuello del chico para asegurar su propio equilibrio. Él comenzó a caminar sin previo aviso.
— ¡S-shikamaru! ¡¿Qué haces?! ¡B-bájame!
— El trato era irnos de aquí sin protestas ni reniegos.
— ¡P-pero no de esta forma!
— No estas cumpliendo con tu parte del trato.
El calor del rostro de la rubia había aumentado. Forzada a tragarse sus protestas deseó al menos lincharlo con sus orbes aquas. De pronto sus miradas se reconectaron. Entonces, tuvo un momento de claridad, la cual se convirtió en un lio entre sus pensamientos, uno interponiéndose al otro, pero la idea era más o menos la misma: Su posición. ¿En qué posición estaba? Nada firme como su fría actitud solía presumir. Estaba alzada entre los brazos de un hombre. Un hombre que al contemplarla de esa manera la ponía nerviosa, porque con ella le suplicaba que confiara en él y le prometía que estaría segura. ¿Cómo podía descifrar eso en sus ojos? ¿Cuántas veces la había mirado así? ¿Cuántas veces estuvo debajo de esa mirada?
La chica resopló buscando con que poder distraerse y apretando la quijada. Estaba tan fatigada que su mente no trabajaba apropiadamente y creía que estaba imaginando cosas. Aunque su cuerpo, por su cuenta, estaba trabajando al mil por ciento. Su duro corazón estaba latiendo más fuerte de lo normal y podía sentir un intenso calor en sus mejillas. Lo que era peor, la loción del Nara, que se estaba volviendo adictiva, la estaba arrullando para que volviera a dormir. Era una situación muy incómoda para ella. La única protesta silenciosa que se le ocurrió fue quitarle su brazo que rodeaba su cuello y decidió abrazar al panda que descansaba sobre su vientre.
— Esto no era necesario. —Murmuró.
— ¿De dónde sacas fuerzas para seguir discutiendo? Si me hubieras hecho caso desde un principio, no hubiera llegado a este extremo.
Frunció el ceño aún más, pero lentamente estaba cediendo al sueño. No comprendía cómo podía incomodarla tanto y a la vez tranquilizarla estar así. El par comenzaban a atraer la atención de la gente y se podría escuchar como los murmullos a su alrededor aumentaban. Tornando la situación más molesta para el empresario: "Si tan solo lo hubiera escuchado desde un principio… pero ¡no! La niña quería hacer las cosas a su manera"… pero algo había cambiado. Había reconocido su estado y lo llamó para pedirle ayuda. Eso ya era un gran paso.
— Más te vale que no me tires.
Fue inevitable que el empresario no rodara los ojos y luego fijarlos en ella. Aun le estaba dando pelea incluso con los ojos cerrados. Que a veces los abría entre lapsos que se iban prolongando más.
— No, señorita. —Suspiró.
En segundos la rubia sucumbió ante el sueño. Relajando su cuerpo por completo su cuidado. De nuevo los cuchicheos a su alrededor se hicieron evidentes para Shikamaru, percatándose de la gente que señalaban hacia su dirección con amplias sonrisas. ¿Qué tanto señalaban? ¿Qué nunca habían visto a un hombre cargando a una mujer? Y como si recibiera un cubetazo de agua helada, se dio cuenta de lo que pasaba. Apresuró el paso hacia la salida de la feria, con un notorio sonrojo en sus mejillas y una expresión de incomodidad. Sí. Su posición era muy comprometedora. Después de cruzar lo que pareció una eterna odisea provocada por la misma sociedad, había llegado a la salida de la feria topándose con el estacionamiento. Una figura que paseaba entre los automóviles atrajo la atención el empresario. Parecía ser un policía o un guardia que se encargaba de revisar el perímetro del lugar y sus caminos se cruzaron. El hombre estaba lleno de curiosidad y se acercó con tranquilidad al muchacho y tocó su sombrero en forma de saludo.
— Disculpe, debo de preguntar, ¿se está robando a esa señorita? —Preguntó con un tono de burla al igual que se puso alerta y colocó su mano discretamente en su radio.
El muchacho frunció el ceño y su sonrojo se hizo más notorio. ¿Qué tenía la gente que le gustaba señalar lo que estaba haciendo por ella?
— No. Viene conmigo y está muy cansada —se detuvo enfrente del guardia—. Podría preguntarle usted mismo sobre eso, pero odiaría despertarla de esa manera. Además si esta chica sale en las noticias usted ya anotó mis placas. No soy tan tonto como para arriesgarme. —Continuó caminando.
El guardia rió un poco y relajó su postura.
— Si, se nota que son un par de enamorados. Buenas noches, señor. —También prosiguió con su patrullaje entre los carros del estacionamiento.
¿Par de enamorados? Esa postura sí que era comprometedora. Por fin su recorrido de vergüenza había terminado cuando encontró su auto. Abrió la puerta como pudo y acomodo a Temari sobre el asiento de piel blanco. Estaba a punto de inclinar su asiento cuando la ángel parecía volver en sí, pero esta vez trataba de apartar los brazos del muchacho para quitárselo de encima, quien supuso enseguida que estaba teniendo otra de sus pesadillas.
— Temari —le habló suavemente—. Temari .Tranquila, soy yo. Solo acomodaba el asiento para que estuvieras más cómoda.
Sus pesados parpados descubrieron sus orbes aqua por una pequeña rendija. Ella no lograba ver con calidad más que la borrosa silueta de Shikamaru enfrente de ella. Una vez que lo reconoció volvió a relajarse. Por fin pudo reclinar delicadamente el asiento de la chica. Cerró su puerta con cuidado y rodeo el frente del carro para también subirse. Una vez adentro recibió de nuevo ese choque de incomodas emociones. Le dio un último vistazo a su acompañante. No tenía ni idea como había logrado aferrarse al panda sin que se le cayera en su recorrido. Devolvió su vista al frente y apretó con nervios el volante. Haber atravesado por todas esas cosas problemáticas por ella…
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Con cada brazada el muelle se iba alejando junto con las luces del parque de diversiones. La iluminación ahí era muy poca, aunque tenía la necesaria para que los usuarios no quedaran encallados en las orillas del lago o perdieran su camino. El bote surcaba entre las diminutas cajas de colores que se apartaban a su paso. Sus ojos chocolates brillaban con intensidad al admirar tanta belleza.
— Oye Neji, —lo miró entusiasta— ¿Qué opinas de los pandas? —El muchacho solo alzo la ceja—. Temari dice que me parezco a ellos… bueno solo cuando me peino como siempre. ¿Tú qué opinas?
— Nunca lo había pensado.
— Pero ¿no tienes una opinión sobre ellos?
— No.
La ángel se encogió de hombros con un poco de desilusión y volvió su vista hacia el cielo. Después de remar un poco más, estaban en un lugar despejado y privado del lago.
— Bueno, yo creo que tus ojos se parecen a la luna. Más cuando está llena. —Continuó sin despegar su vista de esta.
El Hyuga acomodó los remos entre ellos para que no se cayeran y se perdieran en el agua. Pretendió ignorar sus palabras aunque ella tenía una gran facilidad para incomodarlo. Se cruzó de brazos y dejo que su vista se perdiera en el horizonte. Ahora que estaban los dos solos, debía de acomodar apropiadamente sus pensamientos antes de confesar las cosas que lo estaba molestando. El silencio reinó entre los dos. No parecía que eso la incomodara y se abstenían de querer romperlo. Era un momento demasiado tranquilo que se debía de disfrutar así…
— Temari dijo algo de que sabía cuándo nosotros mentíamos. ¿Todos ustedes pueden saberlo?
— Prácticamente sí —juntó sus manos mientras seguía divagando con la mirada—. Yo aún no porque necesitaría poder recordar mi pasado para lograrlo. Ella me lo explico de esta manera: es como si las palabras tuvieran colores. En mi caso, las percibo mas no se clasificarlos. Para hacer esto uno tiene que vivirlos en carne propia y dependiendo del efecto que te provoque cada uno de ellos, aprendes a clasificarlos. Por lo que soy no puedo hacer o vivir, metafóricamente, todos los colores ahora. Así que mi única opción es recordarlos.
El Hyuga pensó que era incorrecto sentir alivio por eso. Todavía no podía detectar sus mentiras y sí que le había dicho muchas. En especial ese día. Salían una tras otra. Cavando un hoyo para tapar otro. De la nada, una diminuta luz que se encendía y se apagaba flotaba en el aire cautivando la atención de la ángel. El muchacho se anticipó su pregunta.
— Es una luciérnaga.
— Parece una estrella. —Intentó tocarla pero esta voló lejos de su alcance.
Tenten sonreía con alegría. Estaba contenta. Puso más atención en su entorno, encontrando más luciérnagas errantes encendiendo y apagando su luz a diferentes ritmos. Devolvió su mirada a su acompañante quien estaba más serio de lo normal. Lo encontró mirando a sus pies, lidiando con algún pensamiento que lo abrumaba. Este al sentir su mirada se la correspondió. Ya era momento de aclarar ciertas cosas que no lo dejaban en paz.
— Tenten.
— Dime. —Lo contempló con una sonrisa.
Se tomó un segundo para acomodar sus palabras.
— Desde que Temari habló contigo has estado actuando un tanto extraña —esa frase borro por completo la curva de sus labios—. Siento que me ocultas algo y no tengo derecho de exigírtelo. No estoy pidiendo que me lo cuentes, pero no me agrado sentir que querías alejarte de mí.
La respiración de la ángel se agitó un poco y una sensación fría recorrió todo su cuerpo. No quería decirlo. No quería decir la causa de eso. Se dio cuenta que el Hyuga estaba más pendiente de ella de lo que creía.
— Aunque hay una cosa que si quiero preguntarte. ¿Hay alguna razón por la cual hayas dejado de llamarme "Neji-kun"?
— ¿P-por qué preguntas eso? —Su nerviosismo se hacía más notable con cada segundo.
— Antes no parabas de hacerlo y me pareció extraño. —Bajó la mirada.
— P-pensé que no te gustaba. —Se encogió de hombros.
— Eso lo sabias desde un principio, pero eso no te detenía. —Le volvió a clavar su mirada a su figura.
La castaña tragó saliva y desvió la mirada. Hace poco había recordado que al añadirle –kun a un nombre podría significar que era algo mas que solo amistad. Por eso se detuvo. Porque no estaba bien. Porque él no quería eso y ella no tenía que estarlo provocando ni seguir molestándolo de esa manera. Estaba mal. En todos los sentidos estaba mal que eso sucediera. Volvió a apretar sus labios con angustia.
— Olvidalo.
La ángel volvió a contemplarlo. El muchacho volvió a dejar que su vista se perdiera en el horizonte. El semblante de la chica proyectó una cierta aflicción. Estaba cuestionándose a sí misma la razón por la cual sentía que seguía decepcionando al joven con su comportamiento. Un intento por pronunciar su nombre trato de salir por sus labios, pero solo consiguió hacer un sonido. El nudo de su garganta había vuelto, pero ese sonido fue lo suficientemente audible para atraer la atención del empresario. Este podía ver que otra vez parecía estar en un caos dentro de ella misma.
— ¿Te volvió el malestar? —Se alarmó.
Intento negarlo, aunque no podía. Porque mentiría. Su corazón sabía que lo hacía. Al menos debía de responderle al empresario para que dejara de preocuparse.
— No estoy mareada, es solo que… y-yo… —abría su boca pero no sabía que palabras podría usar—. N-no creo que sea lo correcto.
— ¿Lo correcto?
— Estoy muy confundida.
— ¿Respecto a qué? —Se inclinó hacia el frente para escucharla claramente.
— Ahora que recordé más sobre —negó con la cabeza. No podía ni verlo a los ojos ahora— ¿Qué estoy diciendo? Neji. Lo siento.
— ¿Ahora por qué te disculpas?
— Porque estoy haciendo las cosas mal. Creo saber por qué estabas distante antes. ¿Es por mí, verdad? Lo siento. No era mi intención. He estado haciendo cosas que no debía —apretó con sus puños la tela de su kimono mientras que el nudo de su garganta crecía y crecía cada vez más—. Dando señales…
— En verdad, no sé de qué estás hablando. —Volvió acercarse más a ella tratando de encontrar lo que estaba sucediendo.
Mantenía la boca abierta deseando que las palabras se resbalaran de sus labios. Estaba entrando en pánico otra vez, ¿qué si no podía negarlo? Neji posó su mano sobre su hombro lo que la forzó a levantar la mirada. Tenía ante ella a un hombre que la miraba con una gran preocupación. ¿Por qué eso la aliviaba? ¿Por qué saber que a él le importaba estaba significando algo muy importante para ella? Su respiración se agito más y sus ojos chocolates estaban proyectando una gran aflicción. No quería lastimarlo. Apretó sus dientes con fuerza y se quitó su mano de encima lo que lo sorprendió bastante.
— ¡No es justo para Jousuke!
Su voz resonó como un eco para él. De nuevo ese nombre. Ese nombre ajeno… se le clavo como una estaca directo a su corazón. Dejándolo petrificado después de su reacción. Cuando la castaña levanto ligeramente la mirada, encontró sus pupilas ahogadas en un mar de lágrimas listas para desbordarse.
— No quiero saber que está sucediéndome. No quiero saber qué es lo que siento. Hasta ahora se que me agradas Neji, disfruto cuando me haces compañía y adoro molestarte… pero no quiero admitir mis sentimientos por ti —una veloz lágrima rodó por su mejilla—. No tuve el valor para negar que me gustaras cuando Temari me lo pregunto. Tengo miedo, porque eso está mal. Perdóname, ya sé que tú dijiste que no me veías así y ahora… debes de odiarme —selló sus parpados tratando de contener sus lágrimas—. Tú mismo lo dijiste que en una relación, los dos son leales uno al otro. Contigo cerca... Tal vez, Jousuke siga allá afuera buscándome y yo… estoy pensando en ti.
¿Qué había hecho? Todo lo que había dicho solo señalaba a una sola cosa. Cubrió su rostro con ambas manos deseando simplemente desaparecer de ahí. El Hyuga no sabía cómo reaccionar. Ella acababa de aclararle todas sus dudas de golpe, pero sus labios no cesaban de repetir ese nombre una y otra vez. Devastándolo con cada letra. ¿Cómo una persona podría brindarle tanta felicidad y tanto dolor al mismo tiempo? Ese era el momento de aceptar su derrota y dejarla ir. Antes de que siguiera sumergiéndolo en esa silenciosa agonía. Porque ella también estaba sufriendo. Odiaba verla así. Con todos sus actos solo conseguía confundirla más, incluso cuando sabía que le pertenecía a alguien más. Su codicia lo empujaba a actuar de esa manera. Quería que ella fuera solamente de él.
— No te odio.
La castaña volvió a verlo con sus ojos cristalinos. Haciendo lo imposible para contener sus lágrimas. Sus ojos aperlados se levantaron del suelo para verla también. Fue ahí que la ángel descubrió una nueva mirada en él. Una que no contenía sentimiento alguno, solo vacío. Ni siquiera proyectaba la seriedad hostil de antes.
— Tranquila, no pasa nada.
Esa mentira fue solo para mantener lo poco que había quedado después de tal confesión. Sabía que la perdería, pero no de esa manera. No tan pronto. Así que se colocó una máscara para ocultar sus emociones y la engañaba para que se calmara. Sin embargo sabía que a partir de ahora lo que sea que estuviera entre los dos, sería muy complicado y muy doloroso. No pensaba en él sino en ella.
— Quizás solo estás pensándolo de más. Déjalo así. No hay nada de extraño que pienses en otros. Mucho menos si estás pensando más en alguien que en los demás. Eso no significa nada.
— ¿Tú crees? —De alguna manera sus palabras estaban calmando su tristeza.
— Yo pienso en Hinata más que en mis amigos. Porque ella es mi prima —desvió la mirada—. Eso no es malo. De seguro tú piensas en ese hombre más que en mí. Solo que no lo recuerdas.
La castaña inhalo profundo, pero llena de incertidumbre.
— ¿Te molesta si intento negarlo para aclarar mis dudas?
— No lo hagas.
— Neji, yo…
— No es necesario. Solo es un mal entendido. Además te iras en un par de días. Es mejor no saberlo —estaba asombrada como estaba tomando las cosas y muy al fondo de ella también estaba decepcionada. Él seguía sin verla diferente y era mejor dejarlo así— ¿Aun quieres acompañarme mañana? —Consulto con la mirada.
Se retiró el exceso de agua en sus ojos y asintió forzando una sonrisa.
— Si, porque sé que es muy importante para ti.
— ¿Te sientes mejor?
— Eso creo.
A pesar de recibir constantes puñaladas, ahora sabía lo que ella sentía por él. Fue su pequeño placer masoquista e iba a hacer hasta lo imposible para mantener el mismo trato con ella. Era inútil tratar de convencerse que se alejara. Ya no podía hacerlo. Porque al usar esa mascara que ocultaba su dolor, la encontraría a ella sonriéndole e invadiendo su espacio personal. Aunque ese paraíso solo le duraría un día más, permitiría que ella lo destruyera a su antojo por el simple hecho de tenerla cerca. Aunque fuera por un día, ella estaría a su lado y no a lado de ese hombre.
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Habían llegado a su mansión. Tras cerrar su cochera, Shikamaru fue el primero en bajarse del auto para abrir la puerta que lo dirigía al interior de su hogar. Tenía un nuevo desafío: sacar a la ángel de su auto. Abrió la puerta del copiloto con cuidado y al acercarse se dio cuenta que la rubia tenía los ojos abiertos.
— Ya llegamos —dijo nervioso—. Perdona por despertarte.
La ángel lentamente se reincorporó. Permaneció un momento sentada con la mirada perdida. No se sentía dentro de sí. Con movimientos muy lentos puso sus pies sobre el piso y se levantó por su cuenta.
— ¿Puedes caminar? —Con el mentón en alto, con los ojos entrecerrados dio el primer paso y tambaleo. Shikamaru volvió a ser su soporte—. Déjame ayudarte.
Sin protestas utilizó al muchacho como muleta mientras que él la guiaba al interior de la mansión. Cuando la ángel detecto un área que ya conocía lo detuvo de inmediato.
— Déjame aquí en el sillón.
— No.
— Solo quiero dormir. —Caminó hacia el mueble.
— Y lo harás, —la detuvo con suavidad de la muñeca— pero en una cama. Como debe de ser.
— No quiero ir contigo. —Cansada a más no poder aún se dignaba a desafiarlo con su mirada adormilada—. ¡Suéltame! —Ordenó a regañadientes.
En un segundo mostro una extraña hostilidad antes de apartarse de él. El Nara la soltó de inmediato, algo confundido porque estaba completamente seguro que no la había provocado. Al verla tambaleando por su cuenta y sin abrir los ojos, dedujo lo que pasaba.
— ¿Estas soñando despierta?
Esa voz no concordaba con la imagen que la ángel tenía en su cabeza. Parpadeo varias veces tratando de distinguir la figura de la persona que tenía enfrente de ella.
— Shikamaru… yo —suspiró—. Si estaba… pensé... No estoy pensando adecuadamente. Lo siento. —Negó con la cabeza y se masajeo la frente.
— Esta bien —se acercó con cautela a ella—. Temari, —esperó a que lo mirara para evitar otra "confusión"— ¿Me dejarías cargarte hasta tu cuarto?
— ¿Sigo soñando? O ¿Acaso escuche que me pediste permiso?
— Te estoy pidiendo permiso. Sé que te desagrada, pero ambos sabemos que descansaras mejor en una cama.
La ángel lo analizo de pies a cabeza. Sus ojos ya le volvían a arder y su cuerpo se sentía torpe e inútil. Una vez que había probado un poco el sueño, no quería apartarse de eso. Necesitaba descansar.
— Si decides dormirte en la sala, —añadió— me quedare contigo toda la noche. Tú decides.
La Sabaku rió con la nariz.
— Entonces no me estás dando opciones, me estas orillando a una respuesta. —Caminó hacia una pared y se recargo en ella cruzándose de brazos.
— Si te doy opciones, solo te advierto como reaccionaria después de que las tomes.
— Y si decido mi cuarto. ¿Qué harías?
— No te molestaría en lo absoluto ni siquiera te llamaría para desayunar.
Meneándose como si hubiera bebido una alta cantidad de alcohol, se acercó al empresario y rodó la mirada. Eso fue suficiente señal para él entender el mensaje. Espero a que ella rodeara su cuello con su brazo para seguir adelante. De nuevo la cargo entre sus brazos. Al llegar al cuarto de la rubia encendió las luces con su codo, camino hacia su cama y con mucha delicadeza la acostó sobre su cama o algo así. Temari estaba recargada sobre sus codos en la cama y con la mirada perdida.
— ¿Dónde está el panda? —Preguntó con una voz perezosa.
El empresario miró a su alrededor pero no encontró lo que buscaba.
— Debe de estar en el auto. Voy por el. —Se dirigió al pasillo, pero volvió a asomarse por la puerta—. ¿Necesitas algo más? —La chica permaneció inmóvil—. Panda. Enseguida.
Bajo rápido las escaleras, se dirigió a la cochera y encontró al peluche tirado en el suelo cerca de su auto. Se aseguró de cerrar todas las puertas con seguro antes de volver con la ángel. Cuando cruzo por la puerta no le sorprendió en lo absoluto que la rubia ya estuviera acostada y profundamente dormida. Sí que lo necesitaba. Con mucha cautela se acercó y dejo el peluche cerca de ella. Había cumplido con su objetivo. Antes de pensar en retirarse se detuvo en seco y seguía analizando la vestimenta que ella portaba. Su obi parecía muy incómodo.
— "Mala idea" —dio media vuelta y se dirigió a la puerta—. "Muy mala idea".
De nuevo se detuvo en seco. Sabía que ella dormiría por muchas horas y tener que despertarse adolorida por esa cosa no era muy bueno. Echó su cabeza para atrás y exhaló frustrado. Tenía que poner en una balanza la comodidad de ella o mantener su cabeza sobre sus hombros. Caminó hacia la rubia y tragó saliva. Solo tenía que desatarlo y ella estaba acostada boca abajo. Acerco su mano temblorosa hacia la tela del obi.
— "No" —volvió a retirarse—. "Me va a matar."
Otra vez se detuvo a tres pasos de su cama y llevo su mano a su cara aun debatiéndose que debía de hacer. Soltó un profundo suspiro. Regreso con ella. Solo tenía que desatarlo rápido y correr lo más rápido posible. Algo apenado fue desatando el moño de su obi, con la mayor precisión posible. Hasta que lo logro, pero apareció otro problema. Ahora tenía que desatar la cosa que parecía una faja que envolvía la cintura de la chica. Shikamaru se puso a reflexionar que estaba haciendo de su vida y porque estaba haciendo eso. Solo estaba pidiendo a gritos ser asesinado por ella. Le volvió a dar la espalda. Merecía descansar plenamente. No es como si tuviera malas intenciones al estarle quitando ropa de esa manera. ¿Malas intenciones? El empresario sacudió su cabeza una vez más. ¿En que estaba pensando? En morir probablemente. Tal vez después de eso escribiría una nota "suicida" pidiendo disculpas o declarando su muerte por un mal entendido. Volvió su vista a ella. A la potencial asesina. Tomo una decisión, quizás estaba exagerando y se lo agradecería después… en el mejor de los casos. Así que desató la faja que abrazaba su cintura con mucha delicadeza y la aparto lo más posible de su cuerpo. Sí que era una roca al dormir.
La ángel se movió un poco lo que espanto al Nara, el cual salió corriendo despavorido de la habitación. Apago su luz y cerro su puerta con mucho cuidado.
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Nota de la autora: No me maten. No me maten. No me maten. No me maten. No me maten. No me maten… ¡Los quiero!... No me maten.
