Disclaimer: Fire Emblem no me pertenece.


XXIV

—¡Mátalo ya!

—¡No! Por favor…se los suplico ¡A mi bebé no! ¡No!

Aquellos gritos resonaron por el callejón, apenas opacados por el fuerte viento que silbaba de manera trémula al colarse por los recovecos entre casa y casa de donde salían un montón de ratas, chillando por lo bajo, buscando un escondite donde el frío no intentara congelarlas.

Aqua había vuelto a Gamma, pero odiaba estar ahí, tan cerca de las montañas Esmeralda, tolerando el frío cuando ni siquiera era necesaria para esa misión. Odiaba asistir a misiones de iniciación, no solo por lo tardadas que eran cuando el novato dudaba en asesinar a su encargo, sino por el hecho de que le recordaban tanto a la primera vez que asesinó a alguien. Las memorias volvían tan vividas a su cabeza y recreaban el temblor en sus manos, su respiración acelerada, el sudor frío perlándole la frente y, en más de una ocasión, el nudo en su garganta.

—Deja que lo haga yo, Jacob —pidió ella, al ver como el niño comenzaba a llorar y a negar repetidas veces con la cabeza, tal y como le había ocurrida a ella la primer vez que se encargó de un asesinato.

—No, sabes bien que tiene que hacerlo él —musitó el jefe de la misión, pasando con simpleza una daga de plata por el cuello de la mujer que no dejaba de gimotear por su bebé.

El cuerpo cayó al suelo, produciendo un sonido sordo que Aqua sintió retumbarle en los tímpanos. Sus ojos se fijaron en el charco carmesí que iba tiñendo lentamente el gris del viejo cemento, extendiéndose a sus pies y penetrando el aire con su intenso aroma metálico que le caló hasta la garganta.

—No era necesario que lo hicieras —protestó, con la voz ahogada por las repentinas nauseas que inundaban su entrañas, tal vez era el olor a sangre, o el hecho de que no había comido, pero estaba por volver el estomago y lo menos que podía hacer para sentirse mejor era respirar profundo y escupir un poco de la saliva caliente que se estaba juntando en la boca.

Jacob solo la miró por el rabillo del ojo y negó con la cabeza, murmurando algo que ella no pudo escuchar para luego volver al niño, Reymond, que seguía sin matar al lloroso bebé.

El corazón se le aceleró cuando una ráfaga de viento le atravesó el cuerpo y la hizo tiritar, el frío se estaba incrementando conforme la luna se iba alzando en el cielo, solo así Aqua notó que se estaban tardando demasiado en una simple tarea y bien sabía que los mercenarios enviados por los pobladores no demorarían mucho en encontrarlos.

Tenían que acabar con eso de una vez.

Sin mirar a Jacob, la joven caminó hasta Reymond, sujetó la fría y temblorosa mano donde tenía la daga y con un poco de fuerza lo obligó a bajarla hasta apuñalar al bebé, reprimiendo un estremecimiento cuando el grotesco sonido de la carne siendo cortada alcanzó sus oídos.

—Estúpida —musitó Jacob, viéndole con reproche—. Tenía que hacerlo él.

—Fue él, imbécil. ¿Qué no viste? —replicó ella, encogiéndose de hombros de manera desinteresada—. Ahora sí, ¿podemos irnos ya?

El jefe de misión solo rodó los ojos y se marchó sin decir una palabra y sin siquiera esperarlos.

Aqua maldijo por lo bajo y empezó a jalonear a Reymond para que la siguiera. Lo llevó con cautela por las calles más oscuras, apenas haciendo ruido con sus pasos y mordiéndose la lengua para que sus dientes no chocaran entre sí como castañuelas ante el clima que le entumecía el cuerpo entero.

Estaban por cruzar las últimas calles y salir de la villa, cuando una corpulenta mujer detuvo su marcha. Aqua apenas reaccionó a tiempo para apartarse del corte vertical de su gruesa espada corta.

—¡Quédate lejos! —ordenó la joven, dándole un empujón a Reymond para desenvainar su arma y bloquear otro zarpazo de la mercenario.

Ambas espadas se unieron, filo con filo, en un estridente choque de metal que resonó como un lamento. Las hojas brillaron ante la luz de la luna y con el brillo de Índigo,Aqua pudo ver las facciones disgustadas de su oponente.

—Perra —bufó la mujer, empujando con más fuerza.

Aqua apretó los dientes cuando las manos comenzaron a hormiguearle, se vio forzada a retroceder un paso al sentir todo el peso que se le estaba viniendo encima. Aquella mujer era mucho más alta que ella y bastante rechoncha también, por la ropa que llevaba era difícil saber si el tamaño de sus brazos se debía a músculos o solo una gruesa capa de grasa.

No podría mucho con esa fuerza, tenía que buscar otra manera de romper con su concentración, de hacerla perder la poca ventaja que había obtenido por el simple hecho de ser tan inmensa.

Tenía que hacerla enojar.

—Maldita vaca —le dijo, sonriendo de lado al ver como sus toscas facciones se irritaban más al punto de saltar sus ojos—. Y además fea. ¿Te enviaron conmigo para que vieras como luce una mujer de verdad? ¿O solo para que les hiciera un favor eliminándote?

—¡Cállate!

Tal y como Aqua lo predijo, la mujer se distrajo del forcejeo y trató de tomarla por el cuello, de manera torpe y lenta. Ella, en respuesta a su atacante, solo tuvo que inclinar su espada para que la otra se deslizara por el filo, como lo habría hecho un hacha, hasta acabar en la punta y, por mera inercia, empujar a su portadora hacia adelante.

Aqua aprovechó ese segundo, esa pequeña perdida de equilibrio, para moverse y hacerle un corte diagonal en la espalda que iba desde su hombro derecho hasta su cadera izquierda.

La mujer cayó de cara al suelo, retorciéndose y tratando de levantarse mientras la sangre empapaba las gruesas telas de su ropa.

La joven iba a terminar el trabajo cuando sintió como alguien la sujetó por detrás con tanta fuerza que sus costillas empezaron a doler.

—¡Suéltame, maldito! —se movió como desesperada, tirando patadas al aire, buscando una manera de golpearlo para poder liberarse, pero cada intento solo hacía que el agarré fuera más doloroso hasta hacerla ahogar un grito.

Sintió de nuevo el nudo en su estomago, los latidos acelerados de su corazón y el sudor frío recorriéndole la frente al ver como la otra mercenario se erguía por completo, como si la grotesca herida en su espalda ya no significara nada. Sus grandes ojos saltones la miraban fijamente, con tanta rabia que sus fosas nasales se dilataban con cada jadeo liberado.

—¡Mátala ya, Wanda! —gritó el hombre que la tenía sujeta.

Al ver como la inmensa mujer preparaba su puño para descargarlo con fuerza contra ella, Aqua solo se guió por el impulso que dictaba su desesperación.

Alzó sus piernas, aprovechándose del tamaño del tipo que la sujetaba, y las enredó en torno al cuello de la que se hacía llamar Wanda, apretando con unas fuerzas que ni siquiera ella misma pensó tener, hasta que un sonoro crujido le llegó a los oídos y el peso de su enemiga se volvió muerto.

El otro agresor la soltó de súbito, haciéndola chocar violentamente contra el suelo, sus piernas atrapadas debajo de la mercenaria y demasiado torpes debido al esfuerzo que había realizado con ellas.

En medio de su propia confusión y aturdimiento, alcanzó a escuchar un ruido sordo y cuando la visión por fin se le aclaró, se encontró con el cuerpo del hombre que la había sujetado, con un corte que le abría por completo la garganta.

—Ya, deberías cambiar tu segundo nombre por Estupidez y media. ¿Cómo se te ocurre?

Aqua levantó la vista y se encontró con la mirada verde musgo de Alexis, observándola con sorpresa e incredulidad total.

—En lugar de estar ahí como idiota quítame a esta vaca antes de que me corte la circulación de las piernas —se quejó Aqua, frotándose las sienes ante el dolor de cabeza que sentía debido al golpe. Solo quería acabar con todo de una vez y llegar a su guarida, tirarse en la cama y no despertar hasta el amanecer, o hasta la noche del día siguiente.

—Debería dejarte ahí, para que aprendas la lección —Alexis guardó su daga y caminó hasta ella, empujando el cuerpo de la mujer con algo de dificultad—. Aunque debo admitir que fue entretenido verlo.

—¿Estabas viendo? —espetó Aqua, poniéndose de pie con la ayuda de Reymond, sus piernas aun se sentían demasiado torpes—. ¿Estabas viendo y te quedaste ahí como imbécil en lugar de ayudar?

—Te ayudé, yo maté a ese sujeto mientras tú seguías besando al suelo así que no seas grosera.

—Pudiste haberlo hecho antes de que intentara romperme las costillas y casi perforarme un pulmón.

—No se te da gusto con nada —suspiró el hombre, dándose la media vuelta y haciéndoles señas para que lo siguieran.

Aqua soltó un improperio entre dientes ante las punzadas de dolor en todo su torso, pero siguió de cerca a su maestro, tomando de la mano a Reymond por mero instinto. Temía que de pronto el niño se fuera corriendo, o que otro mercenario los sorprendiera y se fuera contra él.

Un niño no merecía pasar por todo eso, pero no había otra opción, Aqua lo sabía y lo menos que podía hacer por él era ayudarlo en lo que pudiera, por eso no le arrebató el cuchillo para matar al bebé.

Siguieron un largo sendero, los tres en un frágil silencio roto con el insistente crujir de las ramas de los arboles que se movían al compás del helado viento que seguía con su insistente silbido.

No les tomó mucho llegar hasta el cementerio, a las afueras de la villa, mucho más cerca de las montañas Esmeralda.

La hierba muerta se alzaba demasiado alto por lo que antes fue un limpio camino, arañándole las piernas a Aqua como si quisiera detener su marcha, haciéndole cosquillas hasta la barbilla como un mimo juguetón que la hacía estremecerse, mas cuando la sensación de estar siendo observada la golpeó de lleno como un balde de agua fría.

El lugar estaba en el abandono total, y no solo porque fuera de noche. Las lapidas más viejas estaban partidas o casi completamente enterradas en la maleza, otras tenían los nombres borrados y varías habían sido saqueadas, dejando tan solo una negra fosa que producía un tétrico eco cada vez que el viento lograba colarse en su interior.

El cementerio estaba en el olvido al igual que la villa. Toda actividad productiva en la zona había quedado a la deriva desde que Benetnasch y Pechda rompieran su tratado para abrir un camino que atravesaría las montañas Esmeralda, en busca de facilitar el comercio entre las dos naciones.

Una vez que la actividad se suspendió, los trabajadores se marcharon, quedando solo algunos mineros al servicio de la corona benetnita para, de manera clandestina, extraer las esmeraldas en la parte ya construida del camino, aprovechándose de la falta de recursos de Pechda para reclamar lo que le correspondía a dicho reino.

Si su reina actual no fuera tan insignificante, podrían reclamar las esmeraldas, podrían salir adelante, pero no era así. Aqua sabía perfectamente que la reina Ana carecía del carácter necesario para poder gobernar y solo se mantenía en el trono porque todos los otros nobles le tenían demasiado miedo al general Corban Algol.

—¡Aqua no me ignores!

La voz de Alexis la hizo respingar y sentir que el corazón se le iba a salir del pecho. Llevó su mano hasta la empuñadura de su espada y la desenvainó con un movimiento limpio, cortando cientos de hierbajos que estaban a su altura.

—¿Qué? ¿Qué pasa? —soltó alterada, viendo a su alrededor hasta encontrar la mirada desconcertada de Reymond y la de desaprobación del mayor.

—…Reymond, déjame hablar a solas con Aqua —pidió Alexis—. Entra al escondite y vete a dormir que ya es muy tarde.

—Está…está bien —dijo el pequeño, resignado, arrastrando los pies al caminar hasta una lapida alta.

—¿Y qué te hace pensar que yo voy a hablar contigo? Estoy cansada y tengo mucho frío —dijo ella. Pasó de largo a Alexis, ignoró su mirada de reproche y ayudó a Reymond a mover la gruesa lapida, revelando un oscuro pasadizo y unas escaleras demasiado empinadas y pequeñas. Aqua siempre tuvo miedo al bajar por ahí, en más de una ocasión había rodado hasta abajo, lastimándose tobillos, piernas, brazos o, la peor de las veces, su muñeca izquierda.

Antes de eso, y al ser ambidiestra, usar la daga y la espada simultáneamente era demasiado sencillo para ella, pero con la fractura, la movilidad en su mano izquierda se redujo a la mitad. No volvió a usar la espada con esa mano de la misma manera, tuvo que acostumbrarse a volver la diestra su predilecta, fue como aprender a usar la espada otra vez y le tomó demasiado tiempo alcanzar el nivel que tenía antes. La daga entonces se mudó a la mano izquierda y el proceso fue el mismo, solo que un tanto doloroso.

Respiró profundo antes de comenzar el descenso y se sujetó de las frías y lisas paredes de mármol, suspirando aliviada hasta llegar a la parte grumosa, donde de pronto había una protuberancia lo suficientemente grandes como para tener un agarre un poco más firme.

El viento ya no se sintió más, todo era algo sofocado y solo quedaba un mortecino silbido que apenas acariciaba los oídos.

Cuando por fin terminó el descenso de escaleras, Aqua caminó apresurada por el corredor pobremente iluminado por las viejas antorchas apostadas a cada lado. Hizo caso omiso a los llamados de Alexis y solo se perdió entre las sombras danzantes proyectadas en los muros. No quería hablar, mucho menos responder las preguntas del joven hombre, solo quería dormir y olvidarse de todo.

Estaba a punto de llegar a su alcoba, cuando una fuerte mano la jaló por la muñeca y la obligó a girarse bruscamente.

—Preciosa, al fin volviste —dijo aquella mujer de fuerte mandíbula, hombros anchos y ojos como dos esmeraldas sucias.

—Suéltame, Amelia —musitó Aqua en completo desagrado al tener tan cerca a su jefa. Nunca le había agradado, mucho menos después de las insinuaciones que comenzó a tener con ella. Le parecía grotesca y, a sus ojos, lucía como uno de esos hombres desagradables que solo necesitaban una enorme barriga para lucir como un puerco.

La mujer se apartó, echándose un mechón de su mugriento y erizado cabello rosa detrás del hombro.

—Me gusta que seas tan difícil —dijo, sonriendo de oreja a oreja, luciendo más fea a los ojos de cualquiera con esos dientes amarillos y torcidos—. ¿Qué tal estuvo la misión? Jacob llegó antes que ustedes y eso nunca es una buena señal.

—Llegó antes por perro, nos dejó solos cuando sintió que su pellejo estaba en peligro, nada más por eso.

—Entonces, ¿Reymond hizo su parte?

—Sí, ahora deja que me vaya a dormir, Amelia —Aqua se dio la media vuelta, dispuesta a marcharse de una vez, pero de nueva cuenta sintió el agarre de su jefa sobre el brazo tan solo para torcerlo hasta su espalda con un movimiento limpio y empujarla hasta acorralarla de cara contra un muro. Todo fue demasiado repentino como para que ella pudiera evitarlo y con el agotamiento que parecía estar comiéndose sus músculos de poco a poco, ni siquiera podía forcejear de una manera que resultara decente—. ¡Suéltame!

—Te lo preguntaré de nuevo, preciosa —le susurró Amelia en el oído—. ¿Reymond hizo su parte?

Aqua apretó los dientes y contuvo la respiración para evitar aquel aliento penetrante con olor a huevo.

—Sí, bruja, Reymond hizo su parte a la perfección y sin ningún error —escupió molesta, negándose rotundamente a decir lo que su jefa quería escuchar.

Amelia suspiró pesadamente, la alejó despacio del muro tan solo para arremeterla de nuevo, poniendo más fuerza en su cabeza y haciendo que su frente chocara primero.

La visión se le oscureció por un instante y el dolor terminó por revolverle el estomago, sus piernas perdieron toda la fuerza y dejaron de sostenerla más, haciéndola caer de rodillas.

—Muy bien, hermosa, ya que amas tanto proteger a los débiles, también recibirás sus castigos. Tú pagarás por la falta de Reymond mañana a primera hora —comentó la mujer, alejándose—. Y cúrate eso, no queremos que ni una sola cicatriz dañe lo único bello que hay que ver por estos lugares, además de tu cuerpo, claro.

Aqua palpó con la yema de los dedos la zona de donde parecía nacer el dolor y sintió algo húmedo y viscoso que iba escurriendo despacio a su ceja hasta llegar a su ojo.

Se quedó ahí aun después de que su vista se aclarara por completo, limpiándose la herida con el dorso de la mano y respirando profundo como si eso fuera a ayudarla a contener sus nauseas.

Los parpados le pesaban tanto al igual que cada extremidad en su cuerpo. Se recargó por completo en el muro, sin intención alguna de levantarse, quería dormirse ahí, podía hacerlo sin ningún problema. Pero más que cualquier otra, quería llorar por el dolor, el agotamiento, la estupidez que había cometido al volver y el hecho de ni siquiera tener energía suficiente para derramar una sola lagrima, ni el orgullo lo suficientemente herido como para volver esa tarea un poco menos desgastante.

Su cabeza punzaba como si fuera a estallar y aun así, al cerrar los ojos, las imágenes que Anaha le mostró cuando ella se negó a volver a Gamma se veían tan claras que incluso la hacían temblar.

Veía de nuevo a Titania caer de su caballo ante un hechizo de viento, a Boyd siendo sometido por varios espadachines; Soren víctima de una lluvia de flechas; Ike…cayendo ante el general de Dubhe, Magnus Ain.

Con eso y todos los argumentos torcidos de la anciana, Aqua se sintió atrapada en el miedo durante mucho tiempo, incapaz de dormir debido a sus pesadillas. Su mente solo se ocupaba en pensar si Anaha le mostraba la verdad, en lo que podía hacer para evitarlo y que no implicara dejar lo que por primera vez amó con todas sus fuerzas, pero a final de cuentas, ese mismo miedo que la había atrapado terminó por hacer que perdiera cualquiera sentido de razón, tomó la espada tal y como Anaha le dijo y se marchó, dejando como despedida una única nota que escribió cuando la oscuridad de la noche parecía querer tragarse todo lo que tuviera la osadía de estar fuera o alejado de la luz.

Se odiaba tanto por eso y aun así no podía remediarlo, no encontraba la manera lógica de volver a Tellius como si nada, también sabía que no la recibirían después de marcharse, y que volver significaría la muerte de varios.

Sus parpados finalmente cedieron ante el peso del sueño y en medio de todas sus molestias, obtuvo un descanso a medias, despertando de momentos, escuchando muchas voces a su alrededor, sintiendo que la movían de un lado a otro, incluso uno que otro golpe repentino en las manos. Sintió calor, luego frío y mucha humedad rodearla al tiempo que un desagradable olor a orina se le metía a la fuerza por las fosas nasales.

Fue un intenso picor en la piel lo que la obligó a levantarse, encontrándose sobre un montón de paja sucia y con unos grilletes en sus muñecas.

El corazón se le aceleró conforme sus ojos recorrían el lugar con mayor detenimiento tan solo para darse cuenta que estaba en una celda un tanto oscura. Respiró profundo en un intento desesperado por calmarse, se pellizco varias veces, deseando con todas sus fuerzas estar soñando, pero todo era demasiado real y nítido como para engañarse a sí misma.

—Me alegra que haya despertado ya, lady Exilion.

Aquella voz la hizo perder de nuevo la poca calma que había logrado conseguir, su mirada púrpura se posó al otro lado de los oxidados barrotes de su celda para encontrar una delgada figura con vestido blanco y una melena lisa de color azul claro.

—Ismene —murmuró Aqua, más para sí misma que para la joven de ojos rosa pálido que la veía con una gran sonrisa plasmada en sus facciones finas—. ¿Qué hago aquí? ¿Cómo me trajeron?

—Está aquí para entrevistarse con la reina Dana Urban, milady, el cómo llegó aquí es totalmente irrelevante por ahora —respondió la asistente de la reina, con esa voz tan calma que le ponía los nervios de punta a Aqua.

Odiaba a Ismene después de que fuera ella quien la convenciera de que ir a Tellius era lo mejor y que se hiciera pasar por su dama de compañía cuando era más que obvio que la había dejado antes de llegar.

Fue ella la que le dio el bocadillo que la dejó inconsciente así como seguramente había sido ella quien comandó al pequeño ejército para que lucieran como enemigos.

Ismene tronó los dedos y un par de soldados abrió la celda, Aqua se pegó hasta el muró y le rompió la nariz a uno con la cadena de su grillete, a pesar de que sabía que podían someterla con facilidad, no se iba a quedar con las ganas de desquitar un poco la rabia que se formaba en su interior.

La sacaron de los calabozos y la llevaron por los pasillos del palacio hasta la sala de trono. La joven había estado muchas veces ahí, pero el hermoso mosaico del suelo, decorado hasta formar un gran árbol con unas cuantas hojas en sus ramas torcidas, no dejaba de sorprenderla, era como si cada día fuera más hermoso.

—Hola, Areia.

Aqua levantó la vista al escuchar su segundo nombre ser pronunciado por aquella voz molesta.

La reina Dana estaba sentada, orgullosa, sobre su trono de oro blanco. Su cabello ondulado, rubio platinado, parecía brillar tanto como su asiento, y sus ojos azules lucían como los de una serpiente al asecho de su presa.

—Me da mucho gusto verte entera —continuó, sin moverse de su lugar más que para recargarse en el respaldo—. Supongo que te tienen al tanto de la situación, ¿no?

—Sí, y debes de ser muy tonta como para creer que mi padre mató a tu esposo —siseó Aqua, viéndola de mala gana. Ya entendía las razones de porque estaba ahí, Dana quería a Ragnell.

Antes incluso de volver a Gamma, Anaha le había explicado que la reina también buscaba esa arma, también le dijo como usarla para que Dana retirara cualquier acusación en contra de su padre con respecto a la muerte del rey, y eso era lo que Aqua iba a hacer, por eso la escondió mucho antes de volver con los asesinos, nadie podía saber lo que había hecho.

«Solo alguien como Ismene» pensó amargamente, viendo por el rabillo del ojo a la chica que no dejaba de sonreír como si lo que tuviera enfrente fuera la escena más divertida del mundo. Por más idiota que luciera, Aqua sabía que era un Cambiante, sus ojos rosa en cualquier momento se podían tornar naranjas.

—La tonta eres tú por seguir creyendo en un hombre que solo te usó para mantener sus tierras —dijo la reina, admirando sus uñas de manera distraída, con el aburrimiento reflejado en su mirada azul—. Ahora, necesito que me digas donde escondiste la espada.

—Deja en paz a mi padre, devuélvele sus tierras y con gusto te digo donde está. —respondió Aqua, con la voz más firme que pudo mantener, ya no tenía nada que perder, pero aun así el nerviosismo parecía hacer estragos en su pecho al sentir la insistente mirada de Ismene casi perforarle el cráneo.

—Entonces, la pequeña bastarda quiere jugar… ¿Sabes una cosa, Areia? Si cooperas conmigo yo puedo hacerte alguien grande, pero eres demasiado tonta, niña —Dana se puso de pie y caminó hasta ella, los finos listones rojos de su vestido ondeando con suavidad al ritmo de sus movimientos, todo con elegancia. La reina era la personificación de la elegancia—. Así que debo de hacer las cosas de otro modo… Ismene.

La chica hizo una reverencia y se encaminó hasta la puerta principal del salón. Aqua fue obligada a girarse y sintió como un frío intenso abrazaba su estomago al ver entrar a Alexis, amordazado y maniatado, con una mirada que destilaba un odio que ella nunca había visto en él.

El soldado que lo escoltaba lo obligó a arrodillarse junto a Aqua y colocó una daga en su cuello, presionando lo suficiente como para hacer que un hilillo de sangre escurriera hasta su pecho.

—Ahora, Aqua Areia Exilion, solicito de tu cooperación, no me gustaría matar a uno de mis soldados, sabes bien que Alexis es Elite y alguien muy apreciado por mi —habló Dana, en ese tono de aburrimiento que siempre usaba al dirigirse a ella—. Por cada segundo que tardes en responder a mi pregunta, la daga hará más daño en el cuello de tu amigo. Y no te emociones, porque si con este falla, otra amiga tuya ya está esperando para ser traída aquí.

Alexis la miró de reojo, sus ojos demasiado inexpresivos como para comprender lo que quería decir. Aqua solo sentía los fuertes latidos de su corazón golpeando su pecho, retumbándole en los oídos, su respiración acelerada cada vez era más difícil de manejar y cuando su antiguo maestro y amigo respingó ante el cuchillo que se clavaba más en su piel, Aqua solo estalló.

—¡Está bien! Te digo… —espetó, con la voz un tanto ahogada por el miedo que de nuevo estaba inundando su cabeza. Se había ido de Tellius para evitar que Ike muriera, no dejaría que una de las pocas personas que le quedaba en Gamma pasara por lo mismo solo por su idea de querer ayudar a un hombre cuyo paradero desconocía. Aspros no la necesitaba en ese momento, Alexis sí—. Está en la catedral del dios Acatriel, pídele al hijo adoptivo del obispo que, en nombre de Yune, te entregue la espada.

—Por eso Ismene no podía encontrarla, estaba en tierra protegida —Dana sonrió débilmente y miró al soldado que tenía a Alexis, este le asintió y de un movimiento limpio, pasó su daga por el cuello del joven hombre.

Aqua se quedó sin aire cuando la sangre de su amigo le salpicó en la cara, sus oídos zumbaron y todo el ruido a su alrededor se apagó, dejando solo ese ruido muerto del cuerpo al caer sobre el mosaico, creando un charco de sangre que se extendía con rapidez hasta casi alcanzarla.

Todo era como estar en un sueño, no sintió cuando la tomaron por los brazos, solo vio como la alejaban de aquel lugar, como la arrastraban hasta el calabozo otra vez y como le amarraban a la pared con los grilletes.

Cuando por fin consiguió inhalar una buena bocanada de aire, Aqua lloró…lloró como no lo había hecho en mucho tiempo.

Alexis estaba muerto y ahora lo tenía enfrente, viéndola con esos ojos blancos totalmente inexpresivos, dejándole más que en claro que aquello era su culpa. Nunca se perdonaría por lo que había hecho…y él tampoco la iba a perdonar.

En ese momento deseó haber tenido la conversación que había evadido.


El Honesto: Igual, me alegra que mis OC te parezcan "tolerables"

¡Ah! Esto…esto fue difícil. Son las dos de la mañana y tengo clases en un par de horas :v por suerte son en la tarde. Les dije que…Alexis no sería relevante a nivel trama, es solo importante a nivel emocional para Aqua.

En fin…lamento si este cap se sintió muy acelerado, pero ocurre que me están ahogando en tarea en la universidad, si no lo subía hoy, no tengo idea de hasta cuando estaría listo. Lo revisé así súper rápido, así que si hay errores les agradecería muchísimo que me lo dijeran para corregir en cuanto tenga tiempo. También, todas las dudas con las que los haya dejado, díganme para aclararlas.

Hay una encuesta en mi perfil :) les agradecería mucho si se pasan a responderla. No es como un examen xD solo pido que me digan su reino favorito o el que más les interesa de Gamma para…escoger desde que punto de vista estará el siguiente capítulo.

Muchas gracias por leer :D Por favor, por favor…déjenme un review u.u ¿Qué les pareció? ¿Cómo sintieron la muerte?...¿Por lo menos sintieron algo? xD respóndanme eso si no saben que poner en el review :B