Cap. 24
La siguiente generación
El joven mortífago caminaba con paso seguro al interior de la vieja mansión que hacía de guarida para el señor oscuro.
Había pasado una semana confinado a su propio hogar, despilfarrando su tiempo entre los sueños y sus propias cavilaciones, tratando de encontrar un punto medio donde nadie pudiese hacerle daño.
Su corazón que tras el encuentro con Lupina se había abierto cual si se tratase de una rosa que había permanecido largo tiempo en botón, ahora estaba cerrado y cubierto de una dura coraza de frialdad, la cual se observaba claramente en sus ojos negros, los cuales evocaban a fríos laberintos sin salida.
Lord Voldemort no hizo expresión alguna al verlo entrar y postrarse ante él, sin embargo, le causó un profundo interés como Nagini se irguió y empezó a sisear alejándose de Snape, el cual no se inmutó en lo mas mínimo ante la bestia.
Los ojos rojos del señor oscuro analizaron a detalle a su sirviente, para finalmente observar a su mascota, acariciando su cabeza con sus largos dedos siseándole en su lengua que se tranquilizase.
Que su adorada Nagini sintiera miedo de Snape era algo nuevo, y también muy interesante.
- Quiero que vayan a una misión.
Empezó a hablar el hombre ante los ahí congregados, nadie dijo una sola palabra.
- Creo yo que los muggles han estado teniendo una vida bastante pacífica para mi gusto, cuando en realidad deberían de estar aterrorizados ante los extraños fenómenos que han estado ocurriendo. Hay una pequeña comunidad de muggles a algunas millas de Hogsmeade. Existen magos entre ellos, magos que se sienten realmente a gusto nadando entre la inmundicia, estando cerca de un pueblo totalmente mágico y viviendo apaciblemente entre cretinos que jamás comprenderían la magnificencia de nuestro poder.
- ¿Desea mi señor que los asesinemos?
Deseo que arrasen con todo. Magos y muggles. Aunque esos lame mugre no deberían siquiera llamarse a si mismos "magos".
- Será como usted desee, mi lord.
- Y Snape.
- ¿Mi lord?
- Tú estarás a cargo de la misión, ¿Me has escuchado?
- No lo decepcionaré mi señor.
- Bien. Snape, quédate. Todos los demás pueden largarse.
El numeroso grupo de sirvientes hizo una reverencia y se marchó, mientras Severus se mantenía estático ante el lord oscuro, el cual se acariciaba distraídamente el mentón mientras continuaba observándolo.
- Y dime, Snape, ¿Qué ha sido de tu vida últimamente? Puedo ver que algo realmente grande te ocurrió. Tan grande que mi propia mascota ha sido capaz de percibirlo.
El joven no demostró señal alguna del odio que bombeó en sus venas al recordar el asesinato de su ex novia.
- Esta última semana ha sido difícil para mi, mi Lord. El anciano decidió hablar conmigo exponiéndome todas las acciones que han sido cometidas en causa suya, mi señor, solo que él las llamó "atrocidades" y "homicidios" pues no es capaz de darse cuenta de que no se trata que otra cosa que la ley de la naturaleza y como los mas fuertes están destinados a terminar con los débiles.
- ¿Y eso es lo que te ha hecho cambiar?
- Para hacerme más partidario suyo, el anciano me encontró compañía. Una joven a la que yo solía frecuentar durante mi educación.
- Oh, te has estado divirtiendo.
- Al contrario mi lord. Alguien, imposible para mi saber quien puesto que solamente usted es capaz de conocernos a todos nosotros, terminó con su vida.
- ¿Y su muerte te ha afectado?
- Me ha dado la razón que me faltaba para saber que solamente a su lado se encuentra la victoria, mi lord, y que si deseo conservar mi vida debo entregarle siempre mi fe absoluta. Aún si eso me cuesta la vida.
Voldemort se mantuvo en silencio tras haber escuchado las palabras de su sirviente, para finalmente esbozar una media sonrisa, poniéndose de pié y pasando de largo a Snape, para finalmente apoyarse en la ventana que mostraba un lúgubre paisaje.
- En esta misión llevas a varios novatos contigo, los cuales serán luego entregados a Painsoul. Asegúrate de traerme solo a los que tienen verdaderas esperanzas de continuar. ¿Me has entendido?
- Será como usted lo ordene, mi lord.
Severus se puso de pié, hizo una reverencia y se marchó.
Una vez solo, el señor oscuro cerró los ojos, ciertamente satisfecho de haber encontrado a un mortífago que le era enteramente fiel.
Mientras tanto, el muchacho descendía por las escaleras observando atentamente a los jóvenes inexpertos que le esperaban en la estancia de la primera planta.
Severus los contempló un instante.
¿Qué hacían ellos ahí? ¿Habían ido con la esperanza de gobernar sobre los débiles? ¿Habían sido mal influenciados? ¿Estaban bajo amenaza y habían acudido por la seguridad de sus familias?
Pudo observar claramente que uno de ellos temblaba sin control, lo que le llevó a preguntarse como aquél joven había sobrevivido a la prueba de elección del señor oscuro.
El solo hecho de recordar la propia le provocó un escalofrío. Desde aquél día, no había vuelto a pensar en los gritos de aquellos que le habían acompañado en el fatídico día que arruinó por completo su existencia, y que ahora estaban muertos.
- Ah, Sev…
La voz susurrante llegó fuerte y clara hasta sus oídos, y Severus giró su mirada hacia la excesivamente familiar figura de Lucius Malfoy.
Sus ojos metálicos parecían emitir destellos desde el interior de su máscara, y el muchacho de negros cabellos fue capaz de imaginar la sonrisa desdeñosa que adornaba sus labios.
- Ha pasado tiempo sin verte.
- Lo mismo digo, pero ahora tengo prisa.
- ¿No te quedas ni por un viejo amigo?
- Me quedaría, si no estuviera desobedeciendo las órdenes del señor oscuro, y a menos de que le desees explicar que tus deseos parecen ser superiores a los de él, entonces con gusto me quedaré.
Aquellas palabras le dieron a Severus un triunfo absoluto sobre el joven hombre rubio, el cual escondió casi a la perfección el sobre salta ante aquella respuesta que definitivamente no esperaba, ya que sus ojos lo delataron.
No medió más palabra con su antiguo compañero y comenzó a caminar, siendo seguido inmediatamente por el grupo de veinte mortífagos.
Severus los observó nuevamente. Veinte mortífagos, de ellos, a lo menos quince eran novatos… y estaban a su cargo.
Apenas hubieron salido, Severus fue el primero en desaparecerse, y unos segundos después, todos se fueron desvaneciendo.
Mas allá de los límites de Hogsmeade, en un pequeño poblado muggle que vivía totalmente ignorante de las maravillas que se ocultaban a solo cincuenta kilómetros hacia el norte, los chasquidos unos tras otros emitidos por los mortífagos al aparecerse hicieron que más de una persona se sobresaltara.
Aquél era un pueblo pacífico, y aquellas detonaciones no eran normales.
Al menos para los muggles.
A un par de cuadras de aquél lugar, una mujer se llevó la mano al pecho asustada, para luego observar a su vecina, la cual llevaba una bolsa con mandado.
- ¡Estos niños! Estarán tronando cuetes. ¡Siempre es lo mismo con esos pequeños bandidos! Mis hijos nunca fueron así.
Sin embargo, cuando regresó su atención hacia su vecina, la mujer se quedó extrañada, observando su rostro libido y blanco como la tiza, la manera en que sus dedos se aflojaron y la bolsa con comestibles se fue al suelo, desperdigando todo su contenido.
- ¿Qué pasa? ¿Qué te ocurre?
- Váyase para su casa.
- ¿Qué dices?
La mujer le asió del brazo y caminó apresuradamente con ella, alterando a su pobre vecina, la cual no comprendía nada.
- ¡Váyase a su casa! Y no salga de ahí. Pase lo que pase no salga, ¿Me ha escuchado?
- Pero…
- Es una buena idea.
Ambas mujeres se giraron hacia el callejón que hacían las casas entre ellas, y sus rostros mostraron miedo y sorpresa al encontrarse con un hombre encapuchado y de máscara blanca el cual les apuntaba con lo que una reconoció como una varita, mientras que la otra pensó que era una navaja.
- No salga de su casa.
No tuvieron tiempo siquiera de gritar cuando un destello de luz esmeralda brotó de la varita de aquél hombre lanzándolas hacia atrás.
Sus cuerpos cayeron totalmente sin vida en el duro asfalto.
- ¡Vamos!
Gritó el hombre a los jóvenes que tenía detrás, sin embargo, apenas lo hubo echo sintió como un puño de hierro se impactaba sobre su rostro, para luego ser levantado en el aire por una mano que se cerró en su garganta, siendo taladrado por unos imponentes y fríos ojos negros.
- ¿Quién diablos te nombró a ti el jefe, grandísimo imbécil?
- ¡Estamos aquí para asesinar a estos lame mugre!
Un grito de terror brotó desde la calle, Snape gruñó.
- ¡ME IMPORTA UN PIMIENTO LO QUE PIENSES! ¡AQUÍ EL QUE MANDA SOY YO!!
Y habiendo expresado aquello con un tono de voz que mas parecía el rugido de una bestia, lanzó al mortífago al suelo, donde rebotó dolorosamente.
Los ojos del muchacho se desviaron hacia las mujeres que yacían en la calle. Era demasiado tarde para ellas, y se preguntó que diablos es lo que iba a hacer ahora.
Los novatos le miraban expectantes, para ellos, era como si él fuera alguna especie de dios que habría de guiarlos hacia la victoria y aceptación de un dios aún mayor.
Y aquella visión de si mismo como un portal a la aceptación del señor oscuro le produjo unas náuseas que apenas podía controlar para no vomitar.
Se había jurado a si mismo ante la tumba de su madre hacer lo mas posible por enmendar sus terribles pecados, por encontrar el perdón a los terribles actos atroces que había cometido.
Su mirada estaba fija en aquellos novatos. Ellos estaban ahí para matar. No sabía si serían las primeras vidas que arrebatasen, pero lo harían a pesar de cualquier duda que tuvieran.
Ya lo había pensado antes, pero esta vez, la verdad estaba ante sus ojos.
Si quería salvar inocentes, tendría que empezar a asesinar culpables.
Era increíble todo lo que podía pasar por su cabeza en cuestión de un par de segundos, pues no podía permitirse que cualquier persona sospechase de las reflexiones que le atormentaban.
- Quiero que se formen de cuatro en cuatro, ¡Rápido, no tengo su tiempo! Tu, tu y tu a los cuatro extremos, tu al frente.
Daba las órdenes rápido y con voz segura, enviando a los experimentados a cubrir a los novatos.
- Cualquiera que vean, mago o muggle es un blanco, hombres, mujeres y ancianos.
Uno de los más jóvenes se retorció al parecer excitado con aquella situación, por lo que se adelantó y Severus pudo escucharle jalar aire para hablar. Antes de que lo hiciera, la punta de su varita se clavó en su garganta, y sus ojos se abrieron con sorpresa.
- Y al que toque a un niño lo mato yo mismo, ¿Me han entendido?
Todos se quedaron callados al escuchar aquella inesperada amenaza, pero siendo él a quien Voldemort había puesto a cargo, no les quedaba otra que obedecerle.
- Tu.
Severus señaló al mortífago que había puesto al frente de la formación.
- Anúncianos como lo merecemos.
Por la mirada salvaje y desquiciada de sus ojos, el joven a cargo de lo que prometía ser una masacre pudo prácticamente ver la sonrisa demencial que apareció en los labios del mortífago, el cual elevó su varita al cielo.
- ¡MORSMORDRE!!
Snape entrecerró los ojos satisfecho cuando las miradas de todos, especialmente de los novatos se elevaron siguiendo aquella flecha esmeralda que se dirigía al cielo nocturno, explotando en cientos de luces que formaron la marca oscura.
Aquél momento era el mas perfecto que podría haber pedido para que de su varita brotara un cuerpo plateado que salió disparado al norte, en dirección a Hogwarts.
Un grito de terror se extendió por aquél pueblo, lo que suponía que eran los magos quienes habían reconocido lo que iba a ocurrir en aquél lugar, mientras los muggles observaban aturdidos aquella señal que apareciera en el cielo.
Severus observó que todos parecían maravillados con la visión de aquella imagen repugnante dibujada en brillantes tonalidades de verde, a él le dieron náuseas.
- ¿QUÉ ESTÁN ESPERANDO MONTÓN DE IMBÉCILES????
Todos se sobresaltaron al escuchar aquella orden, por lo que se apresuraron a empezar a caminar en la formación que Snape les había dado. La gente retrocedió al verles, y solo un segundo mas tarde empezaron a huir despavoridos.
El muchacho por su parte se colocó a un lado de ellos y suspiró. Desde que se había dado cuenta de sus errores había esperado este momento.
Elevó su varita sobre su cabeza y emergió una enorme llamarada de fuego, los otros le imitaron, incendiando en cuestión de segundos una gran cantidad de casas de aquél modesto pueblo.
Severus desvió su mirada hacia uno de los jóvenes novatos, no iba a lograr nada solo mirándolos. Su varita estaba alzada mirando al cielo escupiendo llamaradas que iluminaban la noche con su monstruoso resplandor. Aquél instrumento mágico dio un rápido giro entre los diestros dedos de su maestro, el cual realizó un rápido encantamiento antes de girarle de nuevo y lanzar una nueva lengua de fuego.
Nadie se dio cuenta de lo que había echo, y menos aún cuando el joven principiante tropezó, cayendo encima del hombre que iba delante de él, y tumbándolo igualmente al suelo.
- ¡IMBÉCIL, QUE CREES QUE ESTÁS HACIENDO??
Rugió Snape fingiendo una furia que no sentía, los demás les observaron bastante sorprendidos y se separaron, solamente los mas experimentados continuaron con las varitas en alto vigilando el perímetro.
Los ojos negros de Severus taladraron a los sorprendidos chicos.
- ¡QUE ESTÁN ESPERANDO???
Los muchachos se apresuraron a correr torpemente con las varitas en alto. Snape se permitió reír con amargura. ¿El también había sido tan imbécil en su primera misión?
Los novatos echaron a correr asustados por semejantes gritos, empezando a lanzar hechizos a diestra y siniestra para regocijo de Severus, el cual podía observar que aquellos muchachos no estaban en lo absoluto capacitados para las misiones con los mortífagos.
A aquellos jóvenes más les valía morir en aquella batalla, por que los sobrevivientes irían a parar en las garras de Painsoul.
Los observó detenidamente, parecían críos de doce años que se lanzaban piedras los unos a los otros, y sintió pena por ellos.
En ese instante se escuchó un grito, el joven hombre de cabellos negros observó a una bella jovencita que corría desesperadamente, pero no tardó mucho en ser alcanzada por uno de los estúpidos novatos.
Severus sintió asco, pues aquellos intentos de mortífago más parecían sucios pandilleros muggles.
La chica gritó, y el mortífago la sostuvo con fuerza negándole el escape, sin embargo, aquella situación le dio una excelente idea a Snape, el cual apuntó rápidamente su varita hacia el mismo mediocre que tan esperanzado había estado con la idea de matar niños.
Los ojos de aquél muchacho se desenfocaron y su postura se relajó. Un instante después corría en dirección a su compañero, y trató de arrebatarle a la mujer.
- ¡Oye, que haces!
- ¡Dámela, yo la quiero!
- ¿Estás loco?
- ¡Suéltala, suéltala es mía, dámela!
- ¡Búscate la tuya!
- ¡Te digo que la sueltes!
Ambos empezaron a forcejear estúpidamente mientras la jovencita lloraba desconsolada al saberse presa de aquellos dos dementes. Severus se apresuró hacia ellos, separándolos a la fuerza.
- ¿Son imbéciles o qué??
El joven bajo la maldición imperius no respondió, aunque el otro se deshacía a gritos, sino que al contrario, enarboló la varita y lanzó un encantamiento que le pasó rozando la cabeza a su contrincante.
- ¡Maldito idiota!!
Chilló el afectado lanzando a la pobre jovencita al suelo mientras sacaba la varita y ambos empezaban a luchar en plena calle.
Snape se apresuró a levantar a la joven, la cual se debatía entre sus brazos. Se acercó a su oído y habló tan rápido como le fue posible.
- ¡Rápido, dame un golpe y corre de aquí tan rápido como puedas!
Ella le miró desconcertada deteniendo su lucha por zafarse del agarre del supuesto agresor, para desesperación de Snape, el cual la sacudió con fuerza para hacerla reaccionar.
La muchacha no esperó más y tomó de los brazos al mortífago haciendo una llave bastante común entre las chicas que deseasen defenderse y deteniendo su golpe justo antes de golpear al joven hombre en los genitales.
El se dobló fingiendo dolor y la soltó.
- Gracias, gracias…
La alcanzó a escuchar susurrar antes de salir corriendo. El la miró partir mientras fingía revolcarse de dolor en el suelo, y una sonrisa tocó sus labios.
"Gracias"
Sus ojos, que por un momento fueron tocados por la luz de la buena acción realizada, volvieron a vaciarse de toda emoción positiva, llenándose de una frialdad y un odio por la raza humana incomparable.
- ¡Malditos imbéciles!
Gritó él lanzándole un hechizo a uno de los contendientes lanzándolo de espaldas, mientras que el otro aprovechó aquél instante para lanzar un último hechizo, asesinando a su compañero.
Severus sonrió al verlo muerto, y decidió que era el momento perfecto para deshacer su propio encantamiento.
El muchacho se quedó quieto algunos instantes sacudiendo su cabeza confuso. Los mortífagos a su alrededor estaban igualmente congelados.
Finalmente, el jovencito observó su propia varita y a su compañero muerto, y sus ojos se desorbitaron de terror.
- ¡MALDITO Y ASQUEROSO TRAIDOR!
Chilló uno de los mortífagos con mayor experiencia yéndosele encima al chico, Severus no lo evitó.
Todo se volvió confuso, pues algunos de los novatos parecían haber perdido todo el valor y temblaban aterrorizados pensando en que a ellos les esperaba la misma suerte.
Sin embargo, a pesar del rugir de las llamas que devoraban las casas, los gritos de la batalla, y solo uno de los muchachos que parecía disfrutar intensamente de estar destruyendo todo a su paso e incitando a los demás a buscar a los habitantes del pueblo, el sonido de violentas detonaciones fue totalmente claro, y solo un segundo mas tarde, las figuras de los integrantes de la orden del Fénix se materializaron frente a los mortífagos.
Hubo un momento de silencio entre los oscuros encapuchados antes de lanzar un grito de guerra, olvidándose de la lucha entre ellos para lanzarse contra los recién llegados, incluso los novatos se envalentonaron y corrieron a la batalla.
Severus levantó la varita para no levantar sospechas entre sus compañeros, sin embargo, se preguntó como podría luchar de manera convincente y no acabar asesinando a alguno de los magos que acababan de arribar.
- ¡Ahora verás asquerosa basura!
Bramó la voz conocida de un hombre mientras este se lanzaba a luchar contra el joven de cabellos negros.
Severus invocó un escudo y un enorme alivio le arrancó un suspiro al encontrarse cara a cara con Alastor Moody.
Aquél auror poseía un ojo mágico capaz de penetrar en las máscaras de los mortífagos, por lo que fácilmente había descubierto quien de todos los ahí presentes era el espía de Dumbledore, cubriéndole de ser obligado a cometer alguna tontería.
Ambos se trenzaron en lo que aparentaba ser una cruel y diestra batalla entre maestros guerreros.
Nadie, ni mortífagos ni miembros de la orden fueron capaces de suponer en lo más mínimo que aquella impresionante batalla no era otra cosa que la actuación excelsa de dos magníficos actores, los cuales prácticamente leían sus movimientos y le daban tiempo al otro de esquivar, atacar, y recibir los ataques precisos.
Así mismo, nadie podía ver como ambos hombres se coordinaban para lanzar ataques al grupo de mortífagos, los cuales caían derrotados como si se tratasen de insectos.
Severus observó el campo de batalla, descubriendo que la mayoría de los novatos habían sido derrotados. Contempló un poco más allá y pudo asegurar que dos estaban muertos. Solamente uno continuaba luchando ferozmente gritando enloquecido como si estuviera totalmente demente.
El chico gozaba de la lucha y de la muerte como si fuera una especie de droga que le hacía ver miles de luces centelleantes.
Una pareja de aurores lo intentaban acorralar sin gran éxito, por lo que se sumó un tercero.
De repente, un escalofrío hizo temblar la columna de Severus.
El señor oscuro había dicho que debía regresar con aquellos que valiesen la pena. Los Voldemort no era estúpido. Sabía a la perfección que casi todos los novatos no eran más que un montón de idiotas que más serían un estorbo que una ayuda en su causa, pero los había reclutado solo para demostrarles que aquello no era un maldito juego, enviándolos a la muerte o a Azkaban.
Pero este novato si era bueno, y Voldemort lo sabía. Si lo eliminaba, entonces se sabría que Snape había participado en aquella batalla actuando en el bando incorrecto.
Ejecutó un escudo para sorpresa de Moody y emprendió rápidamente la huída llamando a gritos a sus hombres. Ninguno de los mortífagos con mayor experiencia parecía tener heridas de consideración, y todos ellos acataron inmediatamente la orden de retirada.
Severus alcanzó al joven novato del cuello ejecutando nuevamente un escudo que les protegiera a ambos de la batalla.
- ¡Vámonos estúpido!
El joven se giró furioso al haber sido interrumpido, pero poco le interesó a Snape, el cual desapareció llevándoselo consigo.
En un lapso de milésimas de segundos, ambos se materializaron fuera de la lúgubre mansión que hacía de guardia para el señor oscuro y sus vasallos.
El muchacho se retorció frenéticamente, para luego ser lanzado al suelo sin ceremonia alguna.
- ¡Suéltame maldito imbécil!! ¡Yo podía solo con ellos!! ¿No lo entiendes?
Se puso de pié verdaderamente rabioso encarando a Snape, levantando el rostro por que era algunos centímetros mas bajos.
- ¡Oyeme bien por que es la única vez que te lo diré! ¡NO. TE METAS. EN. MI…! ¡AUUUGGGG!!!
No pudo decir más por que Severus le tomó del brazo y se lo roció sin tener una pizca de misericordia, el chico gritó aún más fuerte cuando sus huesos llegaron al borde de ser dislocados.
Snape sonrió y se inclinó sobre el joven al quien tenía absolutamente sometido, hablándole en un ronco susurro.
- Ahora escúchame tú a mi, niño, el señor oscuro me puso a cargo de esta misión, y yo te di una orden que deliberadamente desobedeciste. Haberme ignorado a mi, es como haber ignorado al propio señor oscuro. Si yo fuera tú, ahorraría mis energías para el castigo que caerá sobre ti.
Los ojos del muchacho se abrieron horrorizados.
- ¿Le dirás? ¡No eres más que un asqueroso chismoso y aawww!!!
Nuevamente fue silenciado cuando el mayor ejerció una considerable presión contra él.
- ¿Y por qué debería cubrirte? ¿Umm? ¿Arriesgar mi pellejo para ocultar tus insolencias? ¿Qué te has creído que somos? ¿Una familia? Déjame decirte algo.
Rápidamente lo giró, le tomó de las solapas del cuello y lo tiró al suelo, lanzándose encima de él con los movimientos de una serpiente, hundiendo sus dedos en su cuello un segundo mas tarde.
- Esto es algo que apreciarás. Yo lo aprendí de la manera difícil.
Se acercó a él lo suficiente como para que sus máscaras se rozaran, y sus ojos negros taladraron los castaños congelándoles de terror.
- Nadie aquí te protegerá. Nadie aquí es tu familia. Si triunfas, tu triunfo le pertenece al lord. Pero si fallas, te encontrarás completamente solo. ¿Lo has entendido?
No hubo respuesta, por lo que Snape apretó con más fuerza sus dedos en torno a la garganta del muchacho, el cual aceptó fervorosamente con la cabeza.
- Bien, ahora sígueme.
Viéndose nuevamente libre, el joven no dudó un segundo en seguir esta vez la orden recibida, poniéndose de pié y caminando detrás de Severus, el cual se encaminó en dirección a la estancia del lord.
Cuando ambos entraron en la oscura estancia, los ojos rojos de Voldemort taladraron primeramente a Severus, el cual se inclinó respetuosamente. El muchacho a su lado lo hizo de manera temblorosa.
- ¿Solo uno?
Snape se mantuvo en silencio.
- Te envío con quince novatos, y tu solo me traes uno de vuelta. Comienzo a pensar que eres una pésima niñera, Severus.
El joven mortífago continuó en silencio, sin embargo, internamente sintió un aliento de confianza cuando escuchó que era llamado nuevamente por su nombre.
- Y sin embargo, no te envié como niñera… sino como depurador. Los otros chiquillos no eran mas que una molestia, y su destino era morir el día que osaron presentarse ante mi, pero en tus manos han sufrido el destino que merecían, descubriendo que la batalla de Lord Voldemort no es un patio de juegos para críos infantiles y estúpidos.
Voldemort se examinó las largas uñas con aire distraído, contemplando al novato.
- Te pregunto... ¿Qué tan leal me eres?
- Con el alma señor.
Los ojos rojos taladraron al muchacho, el cual dio un respingo y comenzó a tartamudear.
- M-Mi señor.
- Así está mejor… sin embargo, tuviste una actuación realmente penosa en esta misión. A pesar de tus habilidades, no eres más que un niño… un estúpido niño que sabe como jugar y ganar.
- G-Gracias mi lord.
- Lo cual sería bueno si esto fuera un juego. Pero no lo es.
A pesar de la máscara, Severus estaba seguro de que el chico se había sonrojado.
- Es por ello que ha llegado el momento de que seas correctamente iniciado.
Las palabras sobre el rito de iniciación fluían lentas y claras como si estuvieran hablando de algo tan trivial como el clima. El muchacho tembló ligeramente, pero trató de no demostrarlo.
Al final, se arrodilló en una actitud prácticamente de auto humillación y aceptó los términos de su señor.
- Severus, ¿Serías tan amable de escoltarle a los dominios de Painsoul?
- Será un honor para mi, mi lord.
Dio la vuelta y el jovencito le siguió. A pesar de todo el ímpetu y el egocentrismo, no cualquiera conservaba aquellas cualidades cuando se le anunciaba que iba a ser torturado durante tiempo indefinido.
De nada le servía esa máscara de falsa confianza. No ante Severus.
Atravesaron una vieja puerta de roble, el aire enralecido golpeó sus pulmones provocándoles muecas y gemidos de asco.
Bajaron el largo camino de piedra uno frente al otro, el mas joven observando las paredes de piedra que parecían caerse de viejas, las enormes telarañas que colgaban del techo y las ornamentadas antorchas cubiertas de herrumbre y humedad. Los gemidos lastimeros parecían atravesar las paredes, y el muchacho comenzó a temblar de miedo.
Finalmente llegaron a la lúgubre morada de Painsoul, Severus se cruzó de brazos con tranquilidad mientras el muchacho se cubría la nariz con su ropa, tratando de alejar de si el fétido aroma a sangre y secreciones fecales que intoxicaba el ambiente.
Los gemidos lastimeros llegaban aquél ambiente provocando que el muchacho fuese acosado por un acceso de pánico, Severus cerró los ojos tratando de continuar aparentando una indiferencia que estaba lejos de sentir.
- Quítate la ropa y entrégame tu varita.
Aquellas palabras parecieron casi ofender al muchacho el cual pensó que todo se trataba de alguna clase de broma enferma por parte de su interlocutor, sin embargo, ante la seriedad de su mirada no le quedó otra que obedecer.
- ¿QUIÉN ES? ¿QUIÉN OSA VENIR AQUÍ? ¿QUIÉN INTERFIERE???
Chilló la voz tan conocida del verdugo, Severus rodó los ojos con fastidio preguntándose por que diablos siempre hacía las mismas preguntas cada vez que alguien descendía a sus dominios.
- Te traigo a un novato para que cuides bien de él.
- ¡Oh, oh!! ¡Ohhhh!!!! ¡Conozco esa voz, la conozco!!
Painsoul emergió de entre las sombras cojeando mientras corría en dirección a Severus, levantando los brazos cuando le distinguió.
- ¡Eres tu, tu!!!
Sus dedos torcidos y deformes se aferraron a la ropa de Severus, el cual retrocedió asqueado.
- ¡Painsoul adora tanto cuando tú vienes! ¡Painsoul te extraña tanto! Si… si…
Se aferró a la túnica, acariciando la tela con añoranza.
- Si Painsoul tuviera un deseo, sería poseerte por siempre, sería atormentarte hasta el último de los días de Painsoul, si… eres el mejor, el mejor… Painsoul vibra de emoción cada que el señor oscuro te manda, Painsoul desea volver a tenerte de nuevo muy pronto.
Severus torció el gesto ante la locura enferma de aquél repugnante ser, por lo que jaló su manga, levantándola lo suficiente para que el otro no la alcanzase de nuevo.
- Puedo ver que sigues tan loco como siempre. Te dejo al chico.
El mortífago se giró y tomó las ropas del jovencito, el cual observaba con sus ojos desorbitados a Painsoul, el cual le analizaba a detalle, tocando su piel mientras balbuceaba todo lo que podía hacer con aquél nuevo "espécimen"
Los ojos negros de Severus se posaron sobre el rostro del muchacho. Eres muy joven, tan joven como había sido él al entrar en las filas de Hogwarts. Trató de hacer memoria, se había graduado hacía ya tres años, lo que quería decir que aquél muchacho había estado en cuarto año. ¿Alguna vez lo había visto? ¿Se habían topado en algún pasillo?
No logró recordarlo.
El joven fue arrastrado a través de las lúgubres y oscuras sombras de aquél calabozo, mientras Snape daba media vuelta para retirarse.
- Agua… agua… por piedad…
Se detuvo al registras aquella débil voz.
Se giró, Painsoul debía estar muy entretenido preparándole su nueva "habitación" al recién llegado, y no volvería en algunos minutos.
- Agua…
Rápidamente se deslizó a la vieja y herrumbrosa puerta que se encontraba a su derecha, agitó su varita en el aire para que ningún sonido brotara de aquél lugar.
Hizo bien, por que la pesada puerta chirrió terriblemente al ser abierta.
Sus ojos tardaron en acostumbrarse a la oscuridad absoluta de aquél lugar, pero al hacerlo, la escena dentro le hizo desear la muerte del asqueroso monstruo que en aquél momento tanto se divertía con la nueva víctima.
Botó las ropas en el suelo y se acercó rápidamente, arrodillándose ante la lastimosa figura que se encontraba en el suelo.
Se trataba de un anciano. El hombre estaba tan delgado que sus huesos se dibujaban sobre su piel desnuda y llena de heridas, las barbas del hombre estaban enredadas y sucias mientras su ralo cabello blanco estaba cubierto de tierra y sangre.
- Agua…
Repitió aquél hombre, y en un acto reflejo, Severus miró a su alrededor, pero no encontró lo que aquella pobre alma estaba suplicando.
No podía saber si era un muggle o un mago, le era totalmente imposible saberlo.
- Tranquilo…
Los ojos del anciano se elevaron encontrándose con el rostro de Severus, y repitió su súplica, tratando de moverse, pero sus cadenas eran demasiado pesadas para hacerlo.
- Abre tu boca, vamos, ábrela.
Así lo hizo el viejo, y el muchacho apuntó su varita hacia él, haciendo que un chorro de agua brotase de la punta.
El prisionero bebió tanto como pudo, a pesar de atragantarse terriblemente, hasta que ladeó el rostro, señal de que estaba satisfecho. El joven mortífago acarició la vieja cabeza sintiendo lástima por aquél desdichado hombre, el cual empezó a llorar en aparente agradecimiento por la bondad del extraño.
No podía liberarlo, sabía que estaba fuera de sus posibilidades…
Levantó la mirada hacia el cielo al comprender una cosa. No podía liberar su cuerpo, pero si podía liberar su alma.
La decisión que acababa de tomar debió reflejarse en sus ojos, por que el anciano sonrió, agradeciendo lentamente con su cabeza.
Severus extendió su túnica cubriéndolos a él y al hombre, no quería que ningún destello llamase la atención de Painsoul.
Lo abrazó con cuidado queriendo transmitirle un poco de paz antes de la transición que estaba a punto de atravesar.
- Gracias… gracias hijo mío, gracias…
"Gracias"
Nunca antes le habían agradecido nada, y esta vez le había ocurrido dos veces en un solo día.
Apuntó su varita y susurró el hechizo mortal, al segundo siguiente, el anciano cayó muerto en sus brazos. Severus lo observó mientras corría su túnica de encima de sus cuerpos, postrando luego el frágil suelo en el piso.
Según estaba informado, aquellos que morían bajo la vigilancia de Painsoul eran botados al río, o abandonados en cualquier lugar conveniente como aviso de lo que les ocurría a los que se atrevían a oponerse a Lord Voldemort.
Aquél anciano probablemente tenía esposa, hijos y muchos nietos… pero su cuerpo no sería velado, ni sería bendecido con el amor de los suyos en su camino después de la muerte, sino que simplemente sería lanzado como un pedazo de basura.
Colocó su mano sobre aquél desdichado y cerró los ojos, susurrando una de aquellas plegarias que su madre le había enseñado cuando era muy chico.
El sonido estridente de la risa de Painsoul lo regresó a la realidad y al corto tiempo con el que contaba, se apresuró a alejarse tomando las ropas del chico para luego cerrar la puerta y salir corriendo de ahí.
Sentía nauseas y unos enormes deseos de marcharse.
Cerca de una hora mas tarde, el joven de largos cabellos negros emergió entre las llamas esmeraldas de la chimenea de Dumbledore, reconociendo el breve silencio que se hizo ante su llegada.
- Buenas noches.
Susurró el con voz apenas audible mientras se sacudía la ropa, solo Dumbledore le contestó.
Al levantar la mirada se encontró con Moody, el cual le observaba furioso.
- ¡Es una vergüenza!
- Alastor por favor.
Con aquellos argumentos, Severus se dio cuenta de que acababa de interrumpir en una discusión que seguramente, le incluía.
- ¡Cooperar con una basura humana como él! ¡Es un mortífago por Merlín!
- Sabes perfectamente que Severus es nuestro espía, y por lo que me has relatado, ha desempeñado un excelente papel como tal.
- ¡Tener que ayudarle a un pedazo de escoria!
- Pues deje de hacerlo entonces. Aunque su ayuda me sería beneficiosa para hacer el trabajo que por Dumbledore me ha sido encomendado, estoy seguro de que puedo hacerlo solo. No necesito que usted se manche sus preciosas manos en pro de mi misión.
- ¡Serás…
Pero las palabras se vieron ahogadas cuando la puerta se abrió de repente. Todos se giraron y se encontraron con Lily, la cual entró corriendo a la habitación.
Su cabello rojo revoloteaba en todas direcciones con cada paso, sus ojos verdes parecían brillar como esmeraldas, y en sus labios había una preciosa sonrisa.
Lo primero que hizo fue lanzarse a brazos de Dumbledore, el cual la recibió bastante sorprendido, luego abrazó a Moody, y finalmente se colgó del cuello de Severus, el cual la observó con una ceja levantada.
- Lily querida… ¿A que se debe tanta felicidad?
Ella se giró totalmente radiante para observar al director, todavía colgada del cuello de Snape.
- ¡Me lo acaban de decir! ¡Me lo acaban de decir!!!
- ¿Qué?
- ¡Estoy embarazada!!!
TBC…
Ohh, Harry ya viene en camino! No se si quedó muy bien esa última parte, pero bueno, ¡Fué así como se me ocurrió! Si alguien se lo pregunta, si, Alice también está embarazada, y en cuanto a Narcisa, eso se los diré mas tarde. No se apuren!
Ahí nos vemos y un beso!
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Lady Grayson
