So, wake me up when it´s all over.
Veinticuatro
Cita
Negro. Discreto pero elegante. Perfecto para la noche. Un par de tacones del mismo color, el bolso de mano y el pelo perfectamente moldeado sobre sus hombros. Un toque de maquillaje, no mucho, y el corazón gritándole que aquello no estaba bien. Rachel se miró en el espejo por última vez y dejó escapar un suspiro de resignación al ser consciente de lo que estaba a punto de hacer.
Eran las 20;13 pm. En apenas dos minutos un hombre rubio y con barba de varios días, pasaría a recogerla para cenar. Un hombre que atendía al nombre de Henry, y que por como respondió a la segunda llamada que le hizo en aquella tarde, estaría más nervioso que ella.
Todo perfectamente planeado para la ocasión. Henry la había, o mejor dicho las había invitado a cenar a las dos, a ella y a Quinn, pero el cambio de planes al no acudir la rubia, llevó a Rachel a hacer algo que Glen y Spencer le habían exigido que hiciera; avisarles con antelación sobre alguna posible salida pública. Fue telefonear a su representante y todo cambió bruscamente.
Lo que iba a ser una sencilla cena con un amigo de la familia, se convertiría en toda una cita en uno de los restaurantes más elegantes de la ciudad, con un par de paparazzis infiltrados a las puertas del mismo, y la decisión de dar ese paso y hacer pública la confusión que deseaban.
Pero Rachel no solo estaba nerviosa por aquello, sino que también le provocaban aquella sensación sus padres. Estaban allí, en el salón de su casa mientras jugaban con una Elise que ya no lograba aguantar más el sueño. Unos padres que desde que llegaron a su hogar aquella mañana, desconocían por completo lo que sucedía en su matrimonio, y no precisamente que se hallaban inmersas en una descomunal mentira.
Fueron muchas veces las que preguntaron por Quinn, y la excusa del trabajo fue lo único que Rachel utilizó para responderles. No tuvo el valor de hacerlos participe de aquella mentira que estaban difundiendo entre sus seres queridos, como tampoco tuvo el valor de confesarles que estaba decepcionada con ella por lo que había sucedido en su viaje a España. Y no lo hizo nada mal al ocultarles aquella situación. Tanto Hiram como Leroy conocían las exigencias que una directora de galería podría tener, y no vieron nada extraño en las horas que dedicaba a su trabajo, pero ver a su hija salir a cenar con un hombre sí que les empezó a resultar raro y Rachel fue consciente de ello, sobre todo cuando la voz de Hiram interrumpía el último escrutinio de su vestimenta frente al espejo de su habitación.
—¿Cómo es posible que cada día estés más guapa? ¿No se supone que la edad perjudica?—Dijo desde la puerta y Rachel no puedo evitar esbozar una sonrisa nerviosa.
—Soy como el buen vino, papá, cuanto más viejo, mejor.
—Ya, ya veo. Espero que Quinn llegue antes de que te marches, merece verte así.
—No es gran cosa—trató de restarle importancia, aunque en el fondo sabía que sí, que estaba realmente elegante para aquella noche.—Te aseguro que Quinn me ha visto mucho mejor y más elegante que ahora.
—No lo dudo, por algo se casó contigo—musitó sonriente, aunque el pequeño recuerdo no sentó de la misma manera a Rachel.
—¿Estáis seguros que podéis quedaros con Elise?—cuestionó tratando de cambiar de conversación.—Brittany y Santana están dispuestas a quedarse con ella mientras estoy fuera.
—No te preocupes. Tu padre y yo estábamos deseando pasar tiempo con ella, así que no hay problema. Además, no creo que tarde demasiado en dormirse. No ha parado de bostezar desde que Leroy ha empezado a hablarle de estrellas y galaxias, como si realmente fuera a comprender algo.—Bromeó
—Ya debería estar en la cama, pero por ser viernes y ya que estáis aquí, voy a permitir que se quede un poco más. Eso sí, en 20 minutos como máximo tiene que estar en la cama.
—Lo estará. ¿Tardarás mucho en regresar?
—No, no creo. Solo voy a cenar y ya está.
—¿Y Quinn? ¿Tardará mucho? Tenemos ganas de verla.
—No , no lo sé, papá—volvió a recuperar la seriedad—Tiene una cena con gente importante del mundo del arte y ya sabes que esas cosas suelen alargarse siempre.
—Ok. Supongo que la veremos mañana, ¿No? Nos has prometido una barbacoa.
—Eh…sí, claro—balbuceo esquivando la mirada de su padre en todo momento, gesto que evidentemente no pasó desapercibido para Hiram.
—Será mejor que bajemos, ya debe de estar al llegar.—Dijo la morena evitando tener que mencionar a Quinn de nuevo. Y lo hizo sin mediar palabra alguna, de hecho, salió de la habitación tras hacerse con el bolso, y ni siquiera miró a su padre, que justo bajo el umbral de la puerta no apartaba la mirada de ella. Fue justo llegando a las escaleras cuando se decidió a hablar. Obligada por supuesto.
—Cielo—susurró con firmeza y Rachel se detuvo antes de bajar el primero de los escalones—¿Está todo bien?
—Eh…Sí. Claro que sí.
—¿Seguro? Entiendo que con Elise te sea más complicado hablar, pero ahora estamos a solas. Si te pasa u os pasa algo a ambas—hizo referencia a Quinn—, y necesitas hablarlo solo tienes que decírmelo.
—No te preocupes papá—respondió esquiva–No sucede nada.
—¿Y por qué no te creo? Ni siquiera eres capaz de mirarme a los ojos y menos cuando te mencionamos a Quinn. Hija, ¿Ha pasado algo?
Tragó saliva. Su garganta completamente seca se lo exigió en un reflejo instantáneo, justo cuando su corazón palpitaba más rápido de lo normal y comenzaba un debate interno por saber qué hacer; Si confesarle la verdad, o hacerle partícipe de su gran mentira. Por suerte la difícil elección se vio interrumpida por una de esas señales que en miles de ocasiones habría odiado por molestarla, pero que en ese instante la ayudó a salir de aquella situación.
El timbre sonaba y la voz de Leroy le avisaba de que su acompañante para la cena de aquella noche acababa de llegar. Rachel bajó la mirada, lamentándose por mostrarle con aquel gesto que tenía razón y que algo sucedía en su vida, pero no se lo iba a hacer saber en ese momento.
—Mañana hablamos con calma, ¿De acuerdo?—susurró e Hiram asintió segundos antes de verla bajar las escaleras, y dar la bienvenida a su cita.
—¡Oh dios!—susurró Henry de manera casi imperceptible al verla aparecer, pero tanto Leroy como Elise escucharon aquella breve exclamación del chico.
—Hola Henry—saludó ella—Puntual.
—Claro, como siempre. Estás…estás muy guapa—sonrió divertido—¿Cómo la dejan salir así de casa?
—Me estoy arrepintiendo de no haberla dejado encerrada en la habitación—masculló Hiram tras los pasos de Rachel—¿Qué tal, Henry?—le saludó—Hace mucho que no te veo.
—Muy bien señor Berry. He regresado hace poco a Nueva York y ya espero poder instalarme aquí para siempre. Así que nos veremos más a menudo, por supuesto—Añadió complaciente.
—¿Aquí?—preguntó Leroy con aquel tono de voz dejado, como si no le preocupase en absoluto la respuesta.
—Aquí en Nueva York—aclaró Henry—No aquí en esta casa. Aunque si ellas me lo piden, le aseguro que me quedaría a vivir aquí para siempre, aunque fuese en la casita del árbol—Bromeó
—La casita del árbol es mía—intervino Elise enfadada—De nadie más.
—Cierto, pero tú me dejarías dormir ahí, ¿Verdad?—cuestionó Henry sin perder el tono de humor, sin embargo Elise parecía no aceptar aquel tipo de broma y el gesto torcido de su boca bien lo demostraba.
—Será mejor que nos marchemos cuanto antes—interrumpió Rachel con algo de temor. Elise, al igual que Quinn, era experta en callar a quienes hablaban más de la cuenta y lo hacían sobre un tema que no les gustase demasiado. La diferencia entre ambas, es que Elise no tenía contemplaciones, y de su boca podría salir cualquier cosa que dejase paralizado a todos los que allí estaban.
Aunque apenas duró un par de minutos la estancia de ambos en la casa. El rubio se limitó a despedirse de los padres mientras Rachel ordenaba a Elise a marcharse a dormir en menos de 15 minutos. Algo que también repitió a sus padres mientras se despedía de ellos. Cinco minutos más tarde, el taxi con el que Henry había llegado a recogerla, cruzaba la décima avenida entre cientos de coches más que en aquella hora abarrotaban esa zona de la ciudad y colapsaban el tráfico. Y lo hacían casi en silencio, o con las explicaciones de Rachel acerca de la estancia de sus padres en su casa.
—¿Está segura de que no estaba enfadada conmigo?—cuestionó Henry
—No, por supuesto que no. Elise solo está cansada y por eso responde de esa manera—Respondió excusando a la pequeña— Además, ya sabes que cuando se trata de la casita del árbol, nadie tiene privilegios.
—No sé. ¿Y tus padres? ¿Ellos también están cansados?—musitó con algo de sarcasmo
—¿Qué? ¿Por qué dices eso?
—Digamos que lo he notado en su actitud—susurró evitando que el taxista, completamente ensimismado en la retransmisión de un partido de baloncesto, lo escuchase—Me temo que no les ha gustado la idea de verme contigo.
—No, no creo que sea así—replicó Rachel mirando al frente, observando como el intenso tráfico los obligaba a detenerse constantemente—Solo se interesan, nada más.
—¿Pero ellos no sabían que íbamos a cenar? Quiero decir, mi pensamiento era cenar con vosotras dos, contigo y con Quinn, como hemos hecho muchas veces, pero da la sensación de que ellos piensan que yo solo quiero cenar contigo a solas.
—No pienses cosas que no son, Henry—respondió un tanto seria.—Mis padres sabían que íbamos a cenar y que Quinn no viene porque está trabajando, nada más.
—¿Y por qué te has puesto así de guapa?—volvió a susurrar sin apartar la mirada de ella— Quiero decir, siempre lo estás pero hoy esta noche te has puesto impresionante. Apuesto a que eso también les ha podido molestar.
—¿Por qué insistes en que estaban molestos?—Lo miró—Solo es una cena, ellos te conocen y saben que eres importante para nuestra familia. Y si me he puesto así es porque al restaurante donde vamos hay que ir elegante. ¿Recuerdas que soy actriz? ¿Qué dirían de mí si voy a cenar a un lugar como ese en jeans y camiseta?—Mintió. Y no porque el ser actriz la obligase a ir siempre de gala, sino porque ya sabía que un par de paparazzis iban a cazarlos en aquella noche, y no quería dar la imagen de cena con un amigo. Su única intención era la de levantar rumores y afianzar esa mentira que ya habían difundido a pesar del desconocimiento de Henry. Su vestimenta en aquella noche era importante para lograr aquello.
—Tienes razón—masculló tras ver como el taxi se veía obligado a detenerse por culpa del tráfico—Es la última vez que dejo que una mujer elija restaurante.
—No te preocupes por el dinero, invito yo.
—No, no lo digo por eso. Fui yo quien insistió a cenar y te llevaría a cualquier sitio, a cualquier lugar del mundo si hiciera falta—Bromeó—Pero justo ese restaurante no es el que yo habría elegido.
—¿Por qué? Quinn y yo solemos…solíamos ir en ocasiones especiales. Es perfecto.
—Dudo que me dejen entrar—respondió esbozando por primera vez una sonrisa natural.—Mira cómo voy vestido.
—Vas bien—musitó Rachel regresando la mirada al frente.
—¿De veras? ¿Tú me permitirías salir así si fuese tu marido y no un amigo? ¿No me obligarías a llevar traje de chaqueta y corbata?
—No eres mi marido—replicó siendo consciente de como la conversación empezaba a tornarse molesta y el taxista desviaba curioso la mirada hacia ella a través del espejo retrovisor. Y fue entonces cuando caía en la cuenta de lo que podría estar sucediendo en aquel instante. Rachel lanzó una mirada hacia Henry y no vio al chico que durante dos años estuvo cuidando a Elise los días en los que ella y Quinn tenían que atender su responsabilidades profesionales. Veía a un hombre completamente desconocido, a pesar de saber quién era. Veía a alguien que cada vez que tenía ocasión, bromeaba con aquel anecdótico e hipotético caso de haber sido él su pareja sentimental. Algo que normalmente siempre solía hacerle gracia, pero que en aquel instante no hizo nada más que molestarla. Veía a un hombre que podría ser perfectamente uno de esos espías de los que hablaba Quinn, al menos estar involucrado conscientemente, o inconscientemente.
Tenía que actuar, aunque no le apetecía en absoluto hacerlo.
—Ya, ya sé que no soy tu marido, lo digo por…
—Si lo fueras—le interrumpió rápidamente—No me importaría en absoluto que vistieses así.
—¿De veras?—la miró incrédulo.
—Sí. Me gustan las personas con personalidad. Valoro muchísimo esa cualidad en alguien, y además…No vas nada mal—Sonrió forzada.—Muy rebelde…muy músico.
—Eso es un gran halago, siempre y cuando el muy rebelde y muy músico no quiera decir, muy esperpento y desaliñado.
—Sexy—dejó escapar casi sin voz, tragándose su orgullo y el malestar que le producía volver a la mentira.
—¿Sexy? ¿Me consideras sexy?—Se burló—No juegues con eso, Rachel, podría utilizarlo en tu contra.
—¿Qué?—lo miró desconcertada—¿Cómo en mi contra?
—Sí, sí—volvió a sonreírle—En tu contra. Si Quinn se entera que me dices esas cosas, me deja el camino libre para conquistarte.
Uno, dos y tres. Rachel respiró guardando una bocanada de aire en sus pulmones y tras lanzar la vista al frente y descubrir cómo estaban llegando al restaurante y el taxista había vuelto a prestar más atención al partido que a ellos, se lanzó.
—No, no me importa que Quinn se entere de algo así.
—Ya, ya supongo. No he visto un matrimonio más infranqueable que el vuestro. Estoy seguro de que se reiría de mí incluso, pero ha tenido gracia ver tu cara—respondió sin perder la sonrisa.
—No. Precisamente por eso lo digo. No me importa que Quinn se entere de algo así porque ella no tiene opinión alguna acerca de lo que yo haga o deje de hacer.
—Sí, bueno…ya sé que os…
—Nos hemos separado, Henry—soltó tras ver como insistía en buscar excusas que no hacían más que atrasar aquel momento. Y fue decirlo y notar como el coche ya empezaba a detenerse junto a la rotonda Columbus, y les obligaba a descender del mismo para continuar el trayecto andando hacia el restaurante.
Le costó. Henry apenas pudo reaccionar a la confesión de Rachel, y tuvo que ser ella quien lo incitase a bajar y abandonar el taxi.
Y eso hizo sin asimilar aun lo que le había dicho. Pagó al taxista para que continuase con su ronda y se detuvo allí, en mitad de aquella bulliciosa avenida, a escasos metros del centro donde se situaba el restaurante y sin dejar de mirar a Rachel, que tras comprobar por inercia que todo estaba bien en el interior de su bolso, fue a centrar su mirada en la de él.
—¿Vamos?—cuestionó rompiendo el silencio y Henry negó varias veces como si con aquel gesto, su cabeza lograse aclarar lo que había escuchado.
—¿Te…os…habéis separado?—balbuceó incrédulo y Rachel desvió la mirada a su alrededor.
—¿Podemos entrar y hablamos con más calma?—sugirió viéndose rodeada de gente que inevitablemente, iban a reconocerla. Al menos 1 de cada 5 personas lo haría, sin duda.
—¿Es cierto?—volvió a preguntar Henry—Estás bromeando, ¿Verdad?
—No, no estoy bromeando—respondió algo nerviosa—¿Podemos entrar en el restaurante? No estoy cómoda hablando de esto aquí, en mitad de la calle con tanta gente…mirándonos de reojo—susurró y por fin el chico reaccionó.
No tardó en invitarla a que caminase junto a él para recorrer los escasos metros que les separaban del mismo. Un restaurante que se presentaba con una pequeña pero intensa cola de personas que intentaban acceder al mismo, y que ellos esquivaron ante las miradas incrédulas y alguna que otra desafiante de los que allí estaban. Tal vez Glen solía fastidiarlo por ser un bocazas, pero no podía negar que para organizar veladas como aquella, era único. Ni siquiera le preguntaron por la reserva. Rachel y Henry entraron directamente acompañados por uno de los jefes de sala del restaurante, y las quejas entre los que esperaban para acceder a sus reservas, no tardaron en provocar un pequeño murmullo a su alrededor.
Rachel lo sabía. Sabía que en apenas un minuto, entre 10 y 15 personas que a buen seguro la habían reconocido, estaba viéndola entrar acompañada de un hombre, y los rumores no tardarían en confirmarse cuando los paparazzis hicieran su trabajo. Paparazzis que en ese instante aún no estaban allí, pero que lo harían cuando la cena acabase. Al menos así se lo había confirmado Glen.
El enorme salón donde se distribuían las mesas aparecía casi al completo de comensales. Dos ambientes dividían el mismo, uno a nivel de la entrada y otro en una planta superior separada por apenas unos cinco o seis escalones, donde se situaban algunas de las zonas reservadas. Y era allí donde Rachel dirigía sus pasos, aunque no precisamente a alguna mesa privada. La idea de Glen era sencilla; Cuánta más personas pudiesen ver a la pareja, mayor amplitud de rumores. Tener la mesa en la zona más exquisita del restaurante era un punto a su favor que provocaría multitud de miradas del resto de comensales. Y fue entre ellos, entre las casi 50 0 60 personas que estaban cenando aquella noche en aquel restaurante, donde Rachel encontró a quien no esperaba encontrar.
Todo perdió el sentido.
Rachel avanzó indecisa hacia la mesa que ya le indicaba el jefe de sala, sin perder la vista de un pequeño grupo de cuatro personas que cenaban mientras se mostraban interesantes en una conversación. Cuatro personas entre las que pudo reconocer a una, o al menos creyó reconocerla.
Sus hoyuelos cada vez que sonreía y aquellos ojos vivos no podrían ser de otra persona más que de ella, de Ellen.
Tragó saliva y tras buscar con detenimiento a su alrededor, no logró encontrar a quien supuestamente debía estar allí. Porque Quinn se había encargado de informarle con detenimiento que aquella noche tenía una cena junto a los representantes de la fundación Picasso, y que lo haría acompañada por su compañera de trabajo.
Bien. Allí estaba Ellen, y junto a ella dos hombres y una mujer más, pero ni rastro de ella. Ni rastro de la cabeza rubia de su mujer.
—¿Se encuentra bien señora Berry?—Preguntó el jefe de sala tras ofrecerle el asiento y ver como la morena ni siquiera se percataba del gesto.
—Eh…sí—murmuró desconcertada, viendo como Henry también esperaba para sentarse después de ella, como buen caballero—Disculpe, necesito ir al servicio urgentemente.
—Claro, está por allí, primera puerta a la derecha—indicó el chico.
—Ok. Muchas gracias—respondió mostrando una forzada sonrisa. Por supuesto, ella ya conocía donde estaba situado el mismo. No era la primera vez que acudía a aquel restaurante—Henry, ¿Me disculpas?
—Por supuesto, ¿Te encuentras mal?
—No, no…estoy bien—sonrió de nuevo, ésta vez con más naturalidad—Solo…bueno, cosas de chicas—susurró y Henry no tardó en asentir permitiendo que se retirara—Ve eligiendo el vino, ¿Ok?
—Claro. Yo elijo—respondió y Rachel no esperó más.
No. Su decisión por apartarse de él y meterse en el servicio no era por algún problema o situación típica en una chica. Lo hizo porque necesitaba hacer algo para saciar su curiosidad, y sobre todo para no arruinar un plan que parecía ir perfecto.
Necesitaba saber dónde estaba Quinn, y la única forma de hacerlo sin levantar sospechas era de aquella manera. Colándose en el interior del baño y tras encerrarse en una de las tres cabinas, realizar una llamada que la sacaría de dudas.
Tres tonos. Apenas necesitó tres tonos para saber que algo sucedía. Algo surrealista.
Un extraño zumbido se apoderó del baño mientras ella realizaba la llamada y Quinn atendía a la misma.
—¿Rachel?—susurró tras el auricular y la morena se sorprendió. Y no lo hizo por el susurro, sino porque la voz de la rubia sonó cerca, demasiado cerca para tratarse de un teléfono.
—¿Quinn?
—¿Rachel?—cuestionó de nuevo, ésta vez alzando un poco más la voz y con algo de incredulidad—¿Dónde estás?
—¿Y tú?
—Cenando, ¿Dónde estás tú? Te escucho rara.
—Yo te escucho rara…parece que estás aquí.
—¿Qué estoy dónde?
—¿Quinn?—replicó completamente desconcertada, abriendo la puerta del habitáculo para cerciorarse de que no había nadie más allí.
—¿Dónde estás, Rachel?—habló la rubia y Rachel no tardó en reaccionar.
Tres puertas la separaban de su voz, o al menos eso entendió cuando caminó hacia la última de las cabinas y golpeó sobre ella.
—¡Está ocupado!—respondió Quinn tras la misma y el desconcierto en Rachel se convirtió en sorpresa.
—¿Quinn? ¿Está ahí?—preguntó apartando el teléfono de sus labios y de pronto la puerta se abrió. Se abrió para que ambas se quedasen boquiabiertas y sin palabras. Se abrió para que Quinn reaccionara rápidamente y tomando a su mujer del brazo, la obligase a entrar en la misma cabina, encerrándose con ella como otras tantas de veces habían hecho a lo largo de su vida.
—¿Qué haces aquí?—fue Quinn quien rompió el silencio mientras Rachel seguía tratando de asimilar lo que el destino pretendía mostrarle. Porque aquello solo debía ser obra del destino, sin duda.
—Ce…cenar. ¿Y tú?
—Estoy con los tipos de la fundación—respondió guardando el teléfono en el bolso—Me he ausentado un minuto para despejarme un poco, porque me estaban destrozando la cabeza. Ahí…ahí fuera está Ellen. ¿Qué haces tú aquí?
—Te lo he dicho, he venido a cenar con Henry.
—¿Aquí?—cuestionó al tiempo que la miraba más detenidamente. Ese momento en el que la descubría por completo—¿Así?
—Glen…Glen lo ha organizado todo.—Musitó siendo consciente de como la miraba, y las dudas que empezaban a acusarla—Pensó que nuestra cena con Henry podría ser una buena excusa para…para lo que ya sabes.
—Con Henry—repitió centrándose en sus ojos—Glen quiere que te vean con Henry.
—Sí, así es. De hecho, ha…ha avisado a algunos paparazzis para que nos vean salir.
—¿Y Henry lo sabe?
—No. No sabe nada.
—O sea que para él…Es una cita.—El silencio fue la única respuesta que recibió. Rachel se limitó a desviar la mirada presa de los nervios.—¿Te has vestido así porque es una cita?—Insistió
—No es más que un plan.
—Un plan que él desconoce. Si quieres que resulte creíble tendrás que flirtear con él delante de esos paparazzis, ¿Eres consciente de ello? ¿Te ha pedido Glen que hagas eso?
—Quinn, no creo que debamos hablar de algo así aquí—susurró
—Necesito que me lo digas. Necesito saber que si mañana veo una fotografía tuya será por…
—Es nuestra hija—susurró interrumpiendo y alzando la mirada de nuevo hacia ella—¿Recuerdas por qué hacemos esto, Quinn? No lo hago por gusto, ni siquiera estoy segura de durar dos minutos con él. Mi única intención es comentarle lo de nuestra separación y dejar que esos paparazzis nos vean salir del restaurante. De todo lo demás se encarga Glen y…además, ¿Por qué te tengo que dar explicaciones?—añadió orgullosa—Estoy enfadada contigo, no tengo por qué explicarte esto.
—Rachel—susurró Quinn tratando de detener el monologo que poco a poco tomaba el matiz de reprimenda.
—No, Rachel no—volvió a hablar—Tú has venido con Ellen y no te he cuestionado absolutamente nada, aun teniendo tu estúpido viaje martilleándome la cabeza todo el día he decidido confiar en ti ciegamente. ¿Por qué insinúas que yo voy a utilizar toda ésta locura para hacer algo que detesto? ¿Tan poca confianza tienes en mí que…
—Shhh—la silenció.—Rachel, yo confío en ti, pero no confío en los demás. Y tampoco confío en las artes de Glen para sacar a relucir todo esto.
—Sé cuidarme, Quinn. Soy una mujer adulta.
—Ok, ok…Si tú consideras que está bien, no seré yo quien diga lo contrario—rectificó—Si Henry es el elegido, perfecto. Él estará encantado, segurísimo—musitó con algo de sarcasmo.
—¿Qué te pasa?—cuestionó sin pensar—¿Tienes miedo?
—¿Miedo? ¿A qué te refieres?
—Parece que tienes miedo a Henry. ¿Piensas que puede lograr algo en mí? ¿Piensas que estoy aprovechando toda ésta locura para saldar alguna cuenta pendiente?
—Sinceramente, no quiero pensarlo. Para Henry siempre has sido especial, y está claro que ésta situación le viene perfecta.
—¡Basta!—Exclamó alterada.—No tienes derecho a decirme algo así.
—Lo siento Rachel—susurró recuperando la compostura—Siento ser tan idiota y dejar que los celos me hagan decir estupideces. Ya…ya sabes, soy humana y cometo errores.
—Yo no—sentenció la morena—Tal vez me equivoque muchas veces, pero no voy a equivocarme con lo que siento. Y lo que siento es lo mismo que he sentido desde que te conocí.
—Rachel…—Volvió a susurrar acercándose a ella con la intención de besarla, pero la morena no lo permitió.
—Eso no quita que siga decepcionada contigo. Ahora mismo lo único que me permite mirarte a los ojos, es nuestra hija. Hasta que no solucionemos eso, no voy a poder centrarme en lo nuestro y en saber cómo arreglar lo que has roto. Así que te pido por favor que no mezcles las cosas y mucho menos que me vengas con ataques de celos después de lo que estamos viviendo. Si he venido con Henry es porque es una buena oportunidad para lo que nos aconsejó Spencer.
—Ok. Ok…—repitió permitiéndole de nuevo la escasa separación que el habitáculo podría regalarles—Lo siento. Olvídalo. Olvida mi estupidez. Confío plenamente en ti.
—Es lo menos que podría esperar de ti—recriminó realmente molesta y Quinn percibió perfectamente el tono.—Mis padres quieren hacer una barbacoa mañana. Deberías estar, ellos aún no saben nada.—Añadió tratando de empujar el orgullo al fondo de su estómago.
—Estaré—respondió sin rechistar—Si quieres se lo decimos juntas.
—No. Aun no tengo claro cómo hacerlo. Si lo hago, será antes de que regresen a Lima. No, no puedo mentirles de esa manera y seguir mirándoles a los ojos.
—Ok. Me parece bien, pero si dices que los paparazzis estarán esperándote ahí fuera, lo lógico es que se enteren.
—No. Ellos saben que venía con Henry, así que no le darán importancia. Además, dudo que los rumores lleguen a ellos en esta noche. En todo caso lo harán cuando ya estén en Lima y sepan la mentira.
—Está bien, pero…
—¿Pero qué?—la miró de nuevo tras varios segundos desviando la mirada continuamente.—¿Qué problema ves ahora?
—Pues que se supone que si estás aquí para levantar rumores, no es adecuado que yo también lo esté. Esos paparazzis me pueden ver y sabrán quien soy.
—Tienes…tienes razón. Le diré a Henry que nos marchamos, recién acabamos de llegar y ni siquiera hemos pedido nada. Avisaré a Glen para que cambie de estrategia o…
—No, no—la detuvo—No le digas nada. Quédate con él y cena hasta que esos paparazzis te vean. Yo voy a salir de aquí sin que nadie se entere.
—¿Qué? ¿Cómo lo vas a hacer? He visto que Ellen está ahí fuera y los de la fundación también.
—No te preocupes por eso. Procura que Henry no me vea salir de aquí. Del resto me encargo yo. ¿Ok?
—Eh…está bien.—Balbuceó completamente confusa.
—Vamos…Sal ahí fuera, no le hagas esperar—susurró tragándose el orgullo, y viendo como Rachel también parecía no poder asimilar esas palabras con la naturalidad suficiente como para no derrumbarse. –Estás preciosa.
La habría besado sin dudas. Se habría lanzado a su cuello para abrazarla y besarla como nunca, pero se contuvo. Se contuvo porque ya había cometido demasiados errores y no quería volver a hacerle daño. Quinn permitió que Rachel saliese del baño sin recibir ese beso, pero si con una mirada llena de complicidad que le hacía indicar que estaba a su lado, a pesar de todo. Y durante varios minutos se mantuvo allí, en el interior de la cabina y tratando de averiguar cómo salir de allí sin que nadie la relacionase con ella.
Varios minutos hasta que tuvo la única idea factible, la única que podría llevar a cabo. Quinn no dudó en asomarse a la puerta y descubrir como la mesa que ocupaba Rachel se situaba lo suficientemente lejos de ella como para que Henry no pudiese verla, además estaba de espaldas, probablemente incitado por Rachel para que tomase ese asiento.
Se armó de valor y decidió salir de allí rauda, bajando la mirada sin detener sus pasos en ningún momento, hasta que logró alcanzar su mesa, donde Ellen ya la escrutaba con la mirada. Y con razón.
En el tiempo en el que Quinn se había ausentado, tuvo que ser ella quien se hiciese cargo de la reunión con los representantes.
—Señores—musitó Quinn al llegar a la misma—Disculpad mi ausencia, pero he recibido una llamada bastante importante y me temo que voy a tener que abandonar la reunión.—Dijo sabiendo que estaba cavando su propia tumba en la galería. Lo último que Bette esperaba de ella, era que hiciese algo así. Pero Elise y Rachel eran mucho más importantes para ella. Tanto que ni se lo pensó.
—¿Está bien? ¿Ha pasado algo?—cuestionó la mujer mientras el resto la miraban confusos. Sobre todo Ellen.
—Es un asunto familiar. Siento, siento muchísimo tener que marcharme así, pero…No tengo más opción. Por supuesto, la cena corre a cargo mía, y podéis seguir disfrutando de la velada. Estoy convencida de que Ellen será una mejor anfitriona.
—Oh…claro, no se preocupe. De todas formas ya casi hemos acabado, ¿Verdad?—refirió otro de los representantes.— Hemos hablado de todo y no quedan cabos sueltos. Excepto el postre.—Bromeó y Quinn lo agradeció.
—Pues disfruten de él y gracias por todo. Prometo compensarles por el gesto. Eh…Ellen, ¿Me acompañas a la puerta?—Miró a la chica, que se mostraba realmente confusa por la situación y no tardó en asentir casi por inercia.—Muchísimas gracias por venir—volvió a repetir ofreciéndoles la mano a los tres representantes—Ha sido un verdadero placer conocerles.—Añadió recibiendo el beneplácito de ellos para abandonar el restaurante, y con ella Ellen. Que siguiendo su petición también siguió sus pasos para despedirse de ella en la calle, donde esperaba recibir una explicación más directa.
Lo que no entendió nunca era por qué Quinn optó por dirigirse hacia el lado opuesto de la salida. Al menos no en aquel instante.
Quinn Rodeó prácticamente todo el restaurante, dejando a un lado la mesa donde Rachel ya la miraba de soslayo y trataba de mantener la atención de Henry para evitar que la descubriese. No así Ellen. Que rápidamente se percató de la situación y comenzó a entender de qué trataba todo aquello.
La puerta trasera, por donde solía salir el personal del restaurante, fue el lugar elegido por Quinn para salir de allí lo más rápido posible. Y fue allí, en la calle trasera y libre de paparazzis o personas que pudiesen relacionarla con Rachel, donde Quinn respiró.
—Ok. Siento mucho dejarte en esta situación, y entiendo si prefieres marcharte también.—Comenzó a excusarse frente a la mirada apenada de Ellen—No te preocupes por nada, ¿De acuerdo? Yo me encargo de avisar a Bette. Soy la responsable de…
—Yo me quedo con ellos, Quinn—la interrumpió—No te preocupes por nada, ¿Ok? Estaré hasta que se tomen el postre y luego me despediré de ellos de la mejor manera posible. Prometo no defraudarte.
—Pero…¿De veras?—cuestionó Quinn un tanto incrédula. Incrédula porque Ellen no había parado de repetirle que estaba nerviosa por vivir una reunión como aquella. Porque no hubo un solo minuto, o segundo mejor dicho, desde que se encontraron en aquella noche en el que no se hubiese mostrado insegura por la responsabilidad que la cita conllevaba para ambas. Y ahora, de repente y cuando peor se ponía la situación para ella, tomaba el mando de la situación como nunca pensó que lo haría.
—No te preocupes Quinn. No te voy a fallar. Esta noche ha sido muy especial para mí y tú has confiado siempre en mi capacidad. Puedes irte tranquila, prometo dejar la galería en la mejor situación posible.
—Vaya…No, no sé qué decir—balbuceó la rubia—No me siento bien teniendo que marcharme, pero debo hacerlo.
—¿Es por ella?
—¿Por ella? ¿Por quién?—preguntó indecisa.
—Por Rachel—susurró Ellen acercándose con delicadeza—La he visto, está ahí con un hombre y…Bueno, imagino que no es fácil para ti verla y estar en el mismo sitio que ella, ¿No es cierto?
Pena, pensó Quinn tras escucharla. Pena porque realmente Ellen le estaba demostrando ser una buena chica, con un interés por ella que no sobrepasaba el límite. Solo era como su amor platónico, alguien a quien admiraba nada más, y que se estaba creyendo absolutamente todo el show que habían armado. Y le daba pena porque a pesar de ser atenta y mostrarse respetuosa con ella, no podía dejar de desconfiar. Ellen seguía siendo una desconocida más, alguien a quien debía mentir por el bien de su familia, por muchas dudas que le crease su actitud.
—No te preocupes por nada, Quinn—añadió tras el prolongado e intencionado silencio que creó la rubia a modo de respuesta—Ve a descansar. Si necesitas algo, solo tienes que avisarme, ¿Ok?
—Te estaré esperando en el coche para llevarte a casa, ¿Ok?
—¿Qué? No, no es necesario, Quinn.
—Lo es. El que no pueda estar ahí dentro, no significa que no pueda estar aquí, esperándote. Así que en cuanto te despidas de ellos, me avisas. Pasaré a recogerte con el coche.
—¿Estás segura? ¿De verdad quieres esperarme?.
—Sí—respondió regalándole una sonrisa llena de dulzura—Te estaré esperando.
#3NCFic
