Bleach no me pertenece

CAPITULO.- XXIV: DIAGNÓSTICO

CAPITULO XXV: CULPA

Sentimiento que carcome por dentro. Cuando hacemos algo mal nuestra consciencia se coloca en contra de nosotros para sufrir en el camino de aceptar lo que hemos hecho y enmendarlo. Pero cuando viene la tormenta sin haber dañado a alguien ¿qué hacer?

-¡ES TU CULPA! ¡TODO ES TU MALDITA CULPA!

Fácil: echar la culpa a otros

Los gritos de Rukia se encargaban de romper la tranquilidad del cementerio general de Kyoto. Un lugar de arquitectura Meiji que lo hacía destacar en medio del 'silencio' del campo. La pequeña mujer cargaba una botella de sake a medio tomar mientras apuntaba acusadoramente el mausoleo de la familia Kuchiki

-TU QUE NI SIQUIERA ME CUIDASTE, QUE ME ABANDONASTE EN MEDIO DE LA NADA ¡QUE NO ME AVISASTE QUE PODÍA TENER ESTA ENFERMEDAD DE MIERDA!-al decir lo último se le cortó la voz, ya ni siquiera tenía la fuerza para reclamar apropiadamente-no se cómo soy capaz de llamarte hermana… una hermana no hace lo que tu me hiciste… no

Todo había pasado muy rápido para ella. En un minuto estaba pensando que le quedaba mucha vida por delante para enamorarse y al siguiente le dicen que le quedan seis meses por una estúpida enfermedad familiar. La misma que Hisana había padecido, la misma que había convertido a Kuchiki Byakuya en un frio personaje, la misma que ahora le cortaba las alas y todos sus deseos futuros como terminar su carrera, trabajar para su hermano como agradecimiento por acogerla, encontrar a su media naranja para formar una familia, tener muchos hijos que fueran fanáticos de Chappy como ella, etc, etc, etc

Luego de tomarse la última gota de la botella se sentó a un lado del mausoleo más relajada, hipando, intentando tranquilizarse, sin tantos sentimientos agresivos para una muerta.

-lo siento… hip… lo siento por gritarte así- suspiró entrecortadamente- en realidad tú no tienes la culpa de nada

¿estará soñando? Se preguntarán ustedes. En realidad no.

Apenas vio a Ichigo, el flamante estudiante de medicina parado a un lado de la entrada de la clínica salió corriendo, huyendo despavorida de cuanto grito le pedía que se detuviera y regresara. Llegó a su departamento tomó el dinero del mes, una mochila y partió a la estación de trenes con destino a Kyoto, su ciudad. Huyendo de todo: la corporación Kuchiki, el host club, Ichigo, sus amigas, su prometido… todo

Ahora luego de descargar sus penas en violencia y alcohol su mente vacía no la molestaba, estaba en blanco, con sus grandes ojos llorosos e hinchados mirando la tranquilidad del cementerio. Podría quedarse allí, podría quedarse allí los seis meses y desaparecer en tranquilidad. Sin cuestionamientos, ni reclamos ni despedidas lastimeras, sólo ella y la tierra, como todo ser humano.

Suspiró 'no me gusta Kyoto' concluyó 'me recuerda algo que no quiero recordar' fue su último pensamiento antes de colocarse a vagar con la mente en blanco

Despertó por unos pinchazos en su espalda, lo último que recordaba era estar bebiendo frente al mausoleo de su hermana.

-¿qué, qué?- dijo, ¡es que esos pinchazos no la podían dejar descansar en su incomodidad!

Y valla que estaba incómoda, le dolía todo el cuerpo, hacía frió, tenía un sabor asqueroso en la boca, los ojos pegoteados y un horrible aroma a lodo y alcohol rodeándola ¿Dónde estaba?

-¡quítate de la vía mujer! ¿estas loca? ¡¿quieres morir?! - Abrió los ojos pero el sol la cegó, sólo logró distinguir una gran silueta, alta y corpulenta, misma silueta que la dejó sorda con su próxima intervención - ¡Kuchiki Rukia! ¿qué haces aquí? ¡hija del demonio! Ahora quieres lograr que me acusen de asesinato.

La única persona que así la llamaba era el pequeño Ganju Takeda, pero la voz era muy grave y la figura muy corpulenta para pertenecer a ese pequeñajo.

-déjame tranquila – pidió

-¿cómo mierda quieres que te deje aquí? ¡estas en la vía mujer loca! ¡SAL!

Le iba a gritonear pero en ese instante reconoció las facciones del niño molesto en él, ¿en qué momento creció tanto? Debía medir como dos metros, quizás con una tonelada de puro músculo, se había dejado crecer su cabello negro y un poco de barba incipiente adornaba su mentón. Llevaba una especie de pañuelo en su cabeza ¿en qué clase de delincuente su había convertido?

-ya déjame en paz –reclamó

No estaba tan afectada por sus palabras, de verdad que no pero fue la situación de reencontrarse con aquellos recuerdos negros bloqueados de su pasado enfrentados a su desgracia presente lo que detonó su llanto descontrolado

-oye – Ganju se asustó – oye anda deja de llorar… oye hija del demonio...

Comenzó a oír distorsionado y a ver luces de colores, un alboroto se desencadenó a su lado antes de desmayarse.

En medio de la oscuridad un recuerdo inundó su cabeza. Un recuerdo que tuvo que bloquear en su cabeza para vivir en tranquilidad, que en esos momentos no aguantó su prisión e irremediablemente salió a la luz. Tenía catorce años cuando los Kuchiki la comprometieron con el hijo del medio de los Takeda para cumplir una futura unión con la pequeña empresa familiar que poseían y así ampliar el dominio de la corporación hacia el rubro agrícola.

Rukia tenía el cabello largo en ese instante, cabello tan largo como su ego y caprichos. Pasaba por una época de princesita aprovechando de derrochar todo el dinero de su todopoderoso hermano para cumplir sus deseos: desde tener la colección completa de Chappy (a nivel mundial), su propia limosina, ropa de diseñador, una habitación llena de zapatillas y cosas por el estilo. Cada antojo le era cumplido como a toda una malcriada así que en cuanto le informaron de su compromiso sin conocer mayores detalles que la edad de su marido se negó rotundamente. Ella era una princesa, merecía un amor de cuentos de hadas con un príncipe azul muy guapo y adinerado no un compromiso fríamente arreglado con un agrícola que se había hecho un poco millonario por suerte.

Todo el mundo intentó persuadirla, hasta sus sirvientas venían constantemente con el chisme de que era amable, bueno y muy guapo pero ella estaba tan cegada con su decisión que rechazó cualquier comentario incluso las veces que Takeda se daba el tiempo de ir a convencerla. Siempre que podía hacía escándalos de negación que hacían desesperar al mismo Byakuya Kuchiki.

Hasta que, un fatídico día se le ocurrió la idea más descabellada y perversa de todas.

Acusar a Takeda de violación.

Su hermano alterado, creyéndola una blanca paloma, se fue con todo contra el tipo, en un juicio que duró bastante tiempo, tiempo en el cual el pobre Takeda permaneció en prisión. Nunca testificó, Byakuya no quería exponerla a tan degradante situación, sin embargo al colarse a una de las últimas sesiones deseó nunca haber sido tan desobediente. El que suponía era su prometido –nunca se había topado con él -estaba siempre con la cabeza gacha en el estrado del acusado mientras todas las personas le lanzaban miradas de odio. Detrás de él una mujer imponente se derrumbaba y ese muchachito que siempre iba a reclamarle lloraba desconsolado ¿todo eso era por su culpa? Quiso retractarse pero las palabras y toda razón quedó atosigada en su boca.

Al llegar a su hogar lo primero que hizo fue llorar. Había hundido a una familia ¿en qué se había convertido? ¡era una persona horrible! Repudiaba hasta a su propio reflejo por lo que sin pensarlo tomó unas tijeras y se cortó su cabello…

La mojaron, despertó violentamente

-¿Qué esperabas? ¿Un beso de tu príncipe?-notó como Ganju se mofaba de ella en medio de la habitación ¿Dónde estaba?- estas en nuestra casa, mi hermana dijo que no te podíamos dejar ahí tirada… por mi que lo cuervos te hubieran dejado en los huesos

-gracias… -masculló, su voz apenas le salía

Unos fuertes pasos resonaron en el lugar, Ganju se puso nervioso sólo con escucharlos. Rukia se contagio de tal sentimiento. Al llegar a la puerta la abrió, una mujer alta, pechugona, de cabello largo oscuro y ojos celestes como los de Ganju se le acercaba con paso decidido. Se sentó como un indio frente a ella apoyando su único brazo en sus rodillas para observarla mejor, después de un escrutinio sólo suspiró.

-¿qué es lo que quieres en Kyoto?

Ganju se interpuso entre ambas mujeres, eufórico-¡oh! Es la hija del demonio Kuukaku, por ella pasó todo lo de nuestro hermano

-ya se quien es… -la detuvo la mujer, su voz potente le causó escalofríos- Kuchiki Rukia, la prometida de nuestro hermano… aquella que lo acusó de violación –era la verdad, pero sonaba tan feo- se muy bien quien es, ahora ¿por qué estás en Kyoto?

Sus motivos para estar en la ciudad distaban bastante de lo que ocurría en esos momentos, pero bien podría aprovechar la oportunidad que muchas veces buscó en el pasado. Miró a su receptora, Kuukaku Takeda era reconocida por ser una mujer fuerte y decidida, siendo la hermana mayor de la familia fue la que más sufrió con ese turbio incidente ¡genial! ¿para qué esperar seis meses si con ella ya tendría su muerte asegurada? Por lo menos si cumplía su objetivo podría marcharse en paz

-lo lamento- se arrodilló –debí haber venido antes, quería hacerlo pero fui una cobarde, debí haberme disculpado en la primera oportunidad pero cuanto más esperaba más difícil se volvía hasta que me marché y quise bloquear ese recuerdo, lo siento…

-ya fue suficiente… - golpeó el piso con su mano sobresaltándola- ¿qué es esto? La disculpa más larga del mundo?

-yo… ¡lo siento mucho! –Kuukaku simplemente perdiendo los estribos le pegó en la nariz

-¡basta he dicho!

-yo… mmm- masculló mientras intentaba hacer compresión para detener su ya abundante epistaxis

-no importa, hablo en serio- de la nada sacó un cigarrillo, lo encendió y le dio una larga primera calada- Byakuya ya me contó todo lo que pasó. Sé que lo que pasó con nuestro hermano lo hiciste sin querer y se que desde ese día has cargado con más culpa que la que deberías. Hace tiempo decidí que desde el fondo de mi corazón que si decías sólo una palabra para disculparte te perdonaría

"todo este tiempo pensé en mi misma cuando ella es la que más ha sufrido por la caída de su familia" se dijo la chica para sí misma

-gracias, lo lamento tanto –otro golpe

-¡ya deja de disculparte!

-esta bien… lamento, quiero decir gracias- rió nerviosamente intentando salvarse de otro seguro golpe

Inmediatamente Kuukaku le explicó como Byakuya había ayudado a su hermano después del incidente. Le había conseguido una nueva identidad, con eso lo había ayudado a formar una nueva empresa, casarse y hasta ser profesor en una prestigiosa universidad. Además les había conseguido la casa en la que estaban y se preocupaba de que no les faltara nada.

Su hermano era asombroso ¿Podría hacer algo por él antes de…?

-¿puedo preguntarle algo nada que ver?- soltó Rukia de repente

-anda, dale…

Tomó aire antes de cuestionar-¿qué haría si le quedara poco tiempo de vida?

La mujer tomó una bocanada a su cigarro antes de mirarla de forma penetrante. Rukia supuso que estaría cuestionándose mentalmente sus motivos, determinando si estaba cuerda o no, al fin de cuentas ¿a que persona normal se le ocurría soltar tal inquietud así como así? La pobre chica ya estaba sudando frío ¿porqué aplazaba tanto su respuesta? Si quería decirle algo ya sea retarla o reclamarle que lo hiciera pronto pero no que guardara ese silencio

-yo…- reflexionó mirando su brazo ausente- yo me encargaría de ayudar lo más posible a los que quiero y no dejaría ningún cabo suelto que me atara a este mundo

Esas palabras hicieron lógica en su cabeza

Por si sola no hubiera llegado a una conclusión tan madura, justo era el propósito que necesitaba. Si le quedaban seis meses de vida, serían los seis meses más productivos de su vida.

Pasó la noche con los Takeda. Recordaría su hospitalidad por siempre. Antes de irse a encontrar con su realidad su mirada se fijó en la entrada. Muchas fotos adornaban esas paredes pero sólo una captó su atención, al parecer la más reciente. Los hermanos Takeda abrazaban a un hombre que ella conocía bastante bien, un hombre guapo de ojos celestes y cabello oscuro que se encargaba de darle clases todos los días en la universidad, Shiba Kaien para ser exacto

-¿qué no tienes que irte?- soltó Ganju con fingida molestia

-sí… oye ¿ese de la foto junto a ustedes es…?

-es nuestro hermano

-¿eh?- casi pegó su rostro al marco, ahí estaba el signo patognomónico de los Takeda, sus pestañas inferiores prominentes ¿cómo no lo había notado?

-¡tu si que eres despistada! ¿Es que no reconoces a Kaien? ¿tu antiguo prometido?

¿así que su antiguo prometido, el que tuvo que cambiarse el apellido para ser un exitoso hombre de negocios es nada más y nada menos que su amor plantónico? ¡oh por Dios! El karma la estaba matando. Idiotizada por la ironía se despidió de sus acogedores anfitriones, analizándolos bien con la mirada, quizás y fuera la última vez que los viera y quería llevarse un buen recuerdo de ellos.

Tomó el primer tren que pudo de vuelta a Tokio. Una vez sentada en el vagón sacó de su mochila una hoja algo estropeada y un lápiz ¿qué podría hacer para ayudar a sus seres queridos? Catalogó lo que se le vino a la mente en cinco objetivos:

Primero : conseguir un socio para mi hermano

Segundo: juntar a Ulquiorra con su padre

Tercero: disculparme con Shiba-sensei

Cuarto: conseguir un reemplazo para el host club

Quinto: seguir siendo Cupido

Dispuesta a seguir ese plan a cabalidad dejó la hoja en su billetera, encendió su Mp3 dedicándose a ver el paisaje que se desplegaba frente a ella. quería disfrutar de las cosas hermosas lo más que pudiera.

El viaje se había tornado algo más largo de lo normal. Llegó a su edificio con el atardecer. Mientras subía las escaleras buscaba frenética en su mochila las llaves del dichoso departamento. Al encontrarlas levantó la mirada encontrándose con quien menos esperaba en la entrada

-Ichigo…- murmuró

-te he estado buscando- se acercó a ella – Rukia yo…

-Ichigo…- ella le cortó lanzándose a sus brazos

Apretó su rostro contra su pecho y se puso a llorar en él. No importa si se enojaba con ella, lo necesitaba, lo necesitaba más que a nadie. Milagrosamente él la envolvió con sus brazos, eran como una fortaleza para su alma. Una fortaleza que ahora necesitaría más que nunca.

No tengo excusa para haberme demorado tanto ¡LO SIENTOOOO! Muchas gracias por los reviews y comentarios, y por seguir la historia ¡no me odien, por favor! Solo quiero hacer la aclaración de que Ichigo aun no es medico, sólo es estudiante de medicina por lo que eso de la relación medico-paciente no interviene, creo XD

De nuevo muchas gracias por sus reviews. Espero comentarios para este capitulo también ¿se han dado cuenta que ya no hay tantos fics de Ichigo y Rukia como antes? Que pena ¿no?

Ténganme paciencia, por favor

Nos leemos luego xoxo