Cuando el auto de Albert hizo entrada por la reja de la casona, el corazón de Candy dio un vuelco. El sonido había entrado por el ventanal de su habitación, ese ruido, agregándose el chapoteo de la lluvia bajo las ruedas fue tan claro, que no hubo duda de que fuese un auto. Él había llegado. O en su defecto, había sido Archie.

Había tenido tiempo de pensar qué cosas habían hecho que su querido amigo se fuese de ese modo y tuvo que admitir que el corazón se le apretujó. En la mañana lo vio hasta resignado, pero algo le hizo sentir que no estaba conforme con sus sentimientos por Albert.

Se sintió avergonzada.. besar a Albert en un lugar como ese, a la vista de todos! No estaba muy segura de cual era la forma correcta de poder estar cerca de Albert, porque en público era casi una falta a la moral y en privado, podía ser que trascendiera en otros deseos. Los deseos que la habían inundado la noche anterior y le habían despojado de defensas, entregándose a él. Lo necesitaba. Necesitaba ese abrazo y esos besos. Necesitaba sus caricias. Necesitaba sentir nuevamente ese calor dulce que la inundaba hasta lo más profundo.

Dio los últimos trapazos a la tina después de haberla aseado, previniendo que si entraba alguna empleada, tuviese que hacerse cargo de cosas tan elementales como esa. Le incomodaba que los empleados de servicio hiciesen tantas cosas por ella y ni siquiera le gustaba el hecho de recibir ayuda para colocarse el corsé, pero ahí no podía hacer nada. Era imposible ajustarlo por sí misma y que quedara de la forma correcta.

Los años que había vivido fuera de la mansión de los Andley y del colegio San Pablo, habían hecho que retomara muchos de sus hábitos aprendidos durante toda su vida en el Hogar de Pony. No estaba cómoda sin hacer nada. La propiedad en su exterior la conocía un poco, pero no le iba a durar más de un par de días inspeccionarla por completo y podría hacerlo si acaso la lluvia volvía a retirarse, tal y como lo había hecho desde que llegó a Londres.

La casona, al haberse restaurado, tendría muchas áreas para ver y muchos libros en la biblioteca para leer, pero no consideraba que estar solamente leyendo o paseándose por la casa le hiciese sentir bien.

Cuando había tratado de ayudar a la gente del servicio, el ama de llaves casi se mostró herida, como si con hacerlo le estuviese diciendo que consideraba malo su desempeño en el trabajo y Candy casi de inmediato tuvo que retractarse.

¿Qué hacían las señoritas de sociedad según ella recordaba? Tomar clases.. clases de música, de etiqueta… también recordaba que le habían enseñado a bordar carpetas que jamás utilizaban. Otra de las cosas que había sabido por boca de Annie es que solían asistir mucho a las fiestas y aprendían idiomas. Annie inclusive le comentó que tomó durante un tiempo clases de pintura. Nada de eso le atraía lo suficiente, por no decir que algunas cosas las repelía.

Se sentía demasiado mayor para aprender música o pintura, le causaba casi dolor de cabeza pensar en las clases de etiqueta. Quizá lo único llamativo era estudiar idiomas, pero con su acento tan marcado, sentía que seguramente terminaría haciendo el ridículo. Tendría que preguntarle a Albert, así que con esas intenciones salió de la habitación.

Se asomó por la baranda del pasillo del piso superior y en ese momento la puerta que se abrió, haciendo que dos figuras fuesen visibles a los ojos de Candy.

- Albert…! Archie…! Cielo santo, ¿qué les ha pasado?!

Inmediatamente se dispuso a bajar las escaleras casi corriendo sin tomar en cuenta de que podía ser peligroso hacerlo, pero no podía quedarse de pie viéndolos desde arriba. Estaban empapados, con la ropa sucia, aunque quizá fuese una imagen salvaje por si misma, sobre todo referente a Archie, quien con su cabello más largo ahora los mechones se mostraban bastante despeinados.

Se notaban rastros de sangre en su fina camisa y la misma también se encontraba rasgada. Albert por su parte, no estaba mucho mejor. Su saco estaba evidentemente inservible apoyado en su brazo junto con el abrigo. Ambos rostros se notaban enrojecidos e inflamados. Archie tenía roto el labio desde afuera y Albert tenía una mancha de sangre apenas visible en la nariz.

- ¿les asaltaron? Cielo santo, con el frío que hace… díganme algo, ¿están bien?

- No pasa nada –dijo Albert, apenas acercándose para darle una sonrisa. Candy le escudriñaba la cara percibiendo lo que pronto serían moretones, con una expresión de preocupación.

- ¿Cómo me dices que no pasa nada estando ustedes en ese estado?

- Mira gatita, yo creo que lo mejor es que tanto mi tío como yo, subamos a nuestras habitaciones a quitarnos la ropa mojada.

- Desde luego! Le pediré a una empleada que suba a prepararte la tina, tienes que darte un baño de agua caliente, lo mismo tú Albert… pero aguarden un momento, necesitan algo primero..

- No estamos para esperar –protestó Archie.

- Si no quieren que para más tarde tengan la cara morada, será mejor que esperen un segundo, acérquense al hogar que está en la biblioteca, necesitan sentir el calor de la chimenea.

Candy casi fue corriendo para alertar a un par de empleadas sobre prepararles el baño mientras de modo intempestivo asaltaba la cocina. Cuando era niña la señorita Pony solía usar fomentos para los golpes. No quitarían mucha inflamación, pero a lo menos evitaría que los moretones fuesen evidentes. Entre todos los frascos encontró uno de vinagre y pidió que le diesen varios paños que estuviesen limpios.

Para el momento que llegó a donde Archie y Albert estaban, ambos se hallaban sentados al suelo frente a la chimenea, la cual un empleado estaba avivando. Cada uno traía en la mano una copa de coñac y les habían ido a traer unas frazadas.

- ¿Qué cosa traes? –preguntó Archie.

- Van a ponerse unos fomentos con vinagre.

- Gatita, eso huele horrible!

- Es lo mejor que tengo a la mano, y le ruego a Dios que les sirva todavía. ¿Qué se estaban pensando? ¿Acaso no había un oficial cerca para defenderles? –y empapó los trapos, uno para dárselo a Archie en tanto ella empleaba el otro en el rostro de Albert.

- Candy, la verdad.. –iba a responder Albert, pero Archie no lo dejó.

- La verdad es que no estamos para andar pidiendo la ayuda de nadie. Ambos somos fuertes, tenemos todo para defendernos.

- Pero pudieron hacerles más daño! Habré de llamar al médico para que les examine. –y revisaba a Archie. El labio partido no iba a resistir el uso de vinagre, así que lo exprimió alrededor para que el líquido quedara en la piel.

- Nada de eso –protestó Albert-, no nos pasa nada. Unos cuantos golpes y ya.

- ¿Quiénes son ustedes y que han hecho con el Albert y el Archie que yo conozco? Mira que después del susto inicial, tengo deseos de darles una tunda. ¿Cómo es que llegaron a esto? Pudieron haberles matado, haberles herido de gravedad! –y sopesó la herida del labio de Archie con visible preocupación-. ¿Te sientes bien?

- No te preocupes por mí. ¿Cuánto tiempo tenemos que soportar el vinagre?

- Sólo unos minutos. No dejes que el vinagre se seque. Si necesitan más, necesitaré mandar a alguien al almacén.

- ¿Y de verdad funciona? –preguntó Archie y aclaró al ver las cejas enarcadas de Candy- el vinagre.

- Esperemos que sea suficiente.

- Yo siempre he sabido que se debe usar algo frio.

- Para desinflamar si, pero eso no les evitará los moretones. ¿Les han dado en los ojos?

- Yo creo que no.. –sonrió Albert- los golpes fueron al maxilar..

-También al estómago –se quejó Archie fingidamente pero sonrió igualmente–, aunque, creo que me partieron el labio también por dentro. Comer será una lata.

- Y reír! –sonrió Albert al punto de la carcajada.

- Y reír! –secundó Archie, visiblemente divertido.

Candy los miraba con el ceño fruncido ante el gesto divertido de ambos. Los miró en silencio un par de segundos y se puso de pie.

- Por lo que veo a ustedes les divierte haber estado en una pelea, pero para mí eso no es nada gracioso.

Ambos la observaron y al notar el gesto de disgusto Albert se serenó.

- Te aseguro que no eran mis planes..

- Ni los míos –dijo Archie con premura.

- Pero les ha encantado! –rezongó Candy.

- Tanto como encantarnos, no. Pero ha sido bueno que a pesar del dolor producido podamos sonreír ahora.

- Nos pudo haber ido peor.

- Indiscutiblemente… -dijo Albert y miró a Archie. El muchacho asintió. Sabía que su tío peleaba mejor que él.

- ¿Cuánto tiempo más debemos esperar? –preguntó a Candy, estaba extenuado, se veía dolorido y con frío.

- Si quieren, pueden irse a sus habitaciones, pero sin dejar de pasarse el paño con vinagre por donde tengan las marcas rojizas. Ya algunos empleados fueron a prepararles el baño.

Archie se puso de pie como un resorte. No soportaba estar en ese estado de desarreglo. Apenas podía creerse que hubiese andado por la ciudad con esa pinta y mucho más que se mantuviera con ella más tiempo del necesario.

- Entonces yo me iré a mi habitación. No quiero pescar un resfriado. Gracias gatita. Si esto me evita un moretón para el fin de semana, soy capaz de darme un baño con él, después de todo.

Candy suspiró, pero su mirada no era precisamente algo que Archie pudiera soportar, así que el joven salió de la habitación pasándose el paño por la cara haciendo gestos de molestia.

- Yo debo hacer lo mismo –dijo Albert también incorporándose y sin perder la vista de la cara preocupada de Candy- Gracias amor.

Candy al escucharlo miró a Albert. Su gesto entre molesto y preocupado se diluyó a la sola palabra "amor", era la segunda vez que le llamaba de esa forma y el corazón se le aceleró enseguida. Era indudable lo que su voz le provocaba y mucho más con esa sencilla palabra; aunque no era solamente su voz lo que la turbaba. Él, a pesar de la ropa hecha un desastre, del cabello alborotado, de las muestras rojizas en su rostro, era de un atractivo arrollador. Y sabiendo que con una sola mirada la tenía cautivada, se forzó a tomar el control de sí.

- No quiero que vuelvan a hacer algo como esto.

- No pasará si no es necesario.

- Albert..!

- No te preocupes. Tú bien sabes que solamente peleo para defenderme o defender a la gente que quiero.

- ¿Me explicarás como fue que se vieron metidos en esa pelea?

- No vale la pena.. lo que debemos hablar es más importante –y le sonrió-. Necesito deshacerme de esta pinta de pendenciero que veo que no te gusta y después de la cena quisiera que charláramos. ¿Está bien?

- No tienes pinta de pendenciero..

- mi traje y mi camisa me gritan lo contrario.

Ella le observó por un segundo y terminó haciendo una mueca divertida en medio del sonrojo.

- Si, creo que ellos si parecen haber estado en una trifulca monumental.

Albert admiró la sonrisa genuina aunque quizá algo tímida de ella. Le encantaban sus rubores, la forma en que parecía querer develar y esconder lo que sentía, como si no se atreviese a decirlo libremente. Le acarició la cara un segundo, perdiéndose en el iris de sus ojos y con dulzura posó sus labios suavemente por un segundo en los de ella, despegándose con reticencia y observando sus bellas gemas verdes.

El corazón le latía acelerado desde que la observó bajar las escaleras a toda prisa y aunque durante el tiempo que ella había estado buscando el vinagre en la cocina, había tomado control de su ritmo cardiaco en base a la respiración y al sentarse frente a la chimenea con la copa de coñac, ahora, sintiéndola cerca, lo que más deseaba era estrecharla entre sus brazos, decirle mil veces lo mucho que la amaba y besarla de tal forma que pudiese volver a hacerle el amor. Iban a ser difíciles los días que vendrían antes de que pudiese casarse con ella. La necesitaba.

Albert carraspeó, y después la miró con una sonrisa tierna.

- Albert, necesito saber ¿Archie se fue porque vio que nos besamos?

Él la observó un segundo. Se debatía entre decirle toda la verdad o darle evasivas.

- Me dijo que no quiso interrumpirnos, y al salir, desvió a las personas que me han estado vigilando.

- ¿Se dieron de golpes con los tipos que te siguen? –se sorprendió Candy- Eso es muy peligroso!

- No ha pasado nada de eso. No te preocupes por ello. Sobre la vigilancia, espero recibir respuesta del Ministro para vernos y que pronto esta situación se solucione. Hoy he ido a verlo, pero no se encontraba en las oficinas y quizá antes del sábado pueda atenderme. Más tarde te explico. He de subir, ¿está bien?

Ella asintió, él besó su mejilla y seguidamente salió de la habitación. Candy lo vio salir. Escuchó a lo lejos el sonido de las pisadas al subir las escaleras con algo de prisa. En el suelo estaban las copas de coñac y las recogió para ponerlas en una mesita y después de eso, salió de ahí con la cabeza llena de preguntas que en ese momento no tenían respuesta.


- ¿Que vas a hacer qué?

- Voy a ir a su casa.

- No vas a ir a la casa de nadie!

- Desde luego que sí.

- Mira Marjoirie, te lo digo como hombre de esta familia, NO VAS A IR.

- NO-ME-PUEDES-DETENER.

- ¿Qué vas a ir a hacer a la casa de ella? ¿No habías quedado que ibas a esperar a la fiesta?

- Ya me conoces. No soy de las que tienen demasiada paciencia. Quiero verlo!

- Vas a hacer el papel de acosadora!

- Mira hermanito… ellos no han salido en estos días a ningún lugar publico donde hemos andado.

- Tienen al señor Cornwell enfermo, ¿a qué iban a salir?

- Eso es para los grandes! ¿Cómo crees que él va a estar encerrado en un hospital cuidando de su padre?

- Si es buen hijo y un caballero realmente, sí. ¿Acaso no estarías con alguno de nosotros si nos enfermáramos?

- Pero es que no entiendes! –se desesperó- Yo sé que seguro él habrá ido a ver a su padre, pero si el señor hubiese estado tan enfermo, su esposa se hubiese visto más afectada. Seguro que no estaba tan mal. Y aunque no lo vea, quiero que sepa que fui por su casa, que no me desvanecí en el aire. Aparte de ello, Candice me pareció una muchacha dulce y agradable y quiero ser su amiga!

- Eres una necia!

- Mira hermanito, que tú te dieses por vencido tan rápidamente, no significa que yo haga igual. Quiero ir, conocer su casa, saber si está Archibald por allí, conocer a Candice y que seamos amigas. A todo esto, ¿crees honestamente que los tres iban a estar en el hospital cuidando al enfermo? En los hospitales no dejan hacer tal cosa. Una visita a la vez, unas pocas horas y ya.

- De verdad no entiendo como es que somos hermanos si eres tan poco seria en esas cosas, andar detrás de un muchacho!

- Siempre fui seria, no me vengas a tachar de libertina. Pero con Archibald es otra cosa. Él es tan guapo, tan interesante, tan inalcanzable… y yo de que lo alcanzo, lo alcanzo. Estoy segura de que aunque no lo hiciera, el hecho de hacerme amiga de esa muchacha será muy bueno. No es como Janet o Mildred, que me tienen harta con su cantaleta del dinero que se gastan cada que salen de compras. Ella era sencilla y agradable, quizá algo seria, pero seguro que no era una chica como las que mi madre quiere que sean mis amigas.

- ¿Y con qué pretexto vas a ir? Es una muestra de poca educación acudir a una casa donde no has sido invitada en la situación en la que se encuentra el padre de tu tipo soñado. Si tan siquiera fuesen amigas, pero le ofreciste tu amistad y ella no te respondió nada concluyente.

- No, pero de todas formas, sé que le agradé y voy a aprovecharme de eso. Lo que voy a hacer va a ser algo arriesgado, porque quizá me tache de inoportuna, pero una invitación a visitarnos en casa es la mejor carta que tengo. Así surgirán otras oportunidades para conocerles más, brindarles nuestro apoyo y quizá hacernos tan amigos que un buen día terminemos yéndonos a pasear a algún lugar, ir al teatro, a la opera.

- Chica, estamos en medio de un conflicto bélico y tú crees que hay funciones de teatro como si estuviesen echando flores al aire en lugar de armamento por todos lados. A veces me pareces demasiado descerebrada.

- Te lo advierto, no porque sea mujer voy a permitir que me trates como alguien sin inteligencia –le replicó enojándose-. En este momento me recuerdas a James, casi a un grado de la imbecibilidad.

- Marjoirie.. –previno con voz dura.

- Si ella no te interesa lo suficiente como para hacer el esfuerzo, es tu problema. Pero a mí, tanto ella como Archibald sí me interesan, y él es muy importante. Nadie me había gustado como él. Nadie me había hecho soñar como él.

- Ya! –gritó el muchacho, tapándose los oídos-. Lo que quieras pero no me estés hablando de tus cursilerías y tus sueños románticos. No lo soporto.

- Lo dicho. La imbecibilidad está a milímetros de ti. ¿Vas o te quedas?

El muchacho la miró con desagrado.

- Voy. Si mis padres se enteran que te he dejado salir sola, me darán tremendo castigo y a ti también.

- Entonces, vístete, ponte guapo como sabes hacerlo y apúrate, que ya son más de las 4.30. No quiero llegar y que piensen que es para incluirme en la cena. Pero si nos ofrecen tomar el té, se lo aceptamos sin mucha reticencia, ¿está bien?

- Está bien –dijo de mala gana.

Salieron de la residencia que habitaban sin mucho aspaviento cuando ya iban a dar las 5 de la tarde, en un coche elegante y moderno.

Marjoirie había averiguado la dirección debido a los contactos de su tío abuelo pues habían enviado invitación a los Andley a la fiesta desde hacía unas semanas y había sido confirmada la asistencia de por lo menos dos personas.

También el padre del joven Archibald había sido invitado. De los cuatro pases, todos estaban confirmados, así que imaginaba que la familia completa iba a asistir. Semejantes personalidades, todas en una misma familia, todos invitados a la fiesta programada por el ex Ministro de Armamento y recién nombrado Ministro de Hacienda.

Llegaron al domicilio que Marjoirie había anotado y ella al igual que su hermano, al verlo quedaron visiblemente impresionados. Parecía un castillo, pero más pequeño. Los ojos casi violeta de la chica y los de su hermano se cruzaron en una mirada de sorpresa. No esperaban que esa familia fuese dueña de un lugar así.

- Maxwell, toca la campanilla para anunciarnos por favor.

- Si, señorita –asintió el chofer. El mismo descendió del coche con rapidez y al tocar la campanilla le hizo saber al empleado que los jóvenes Boswell estaban a la espera de ser atendidos por la señorita Candice Andley o por su primo, el joven Archibald Cornwell.

El empleado le brindó una sonrisa y desapareció en la casa con rapidez. No habían pasado ni tres minutos cuando el buen hombre salió todavía sonriente y eso originó que tanto Marjoirie como su hermano estuviesen tentados a bajar del coche.

- Dice la señorita Candice que pasen.. –informó el empleado al casi llegar al cancel y abriéndolo con amabilidad y luego se dirigió al chofer- y que si usted también quiere acompañarnos a tomar una taza de té en la cocina, ella se sentirá complacida de que así sea.

El chofer se sorprendió. Era la primera vez que era invitado a esperar dentro de la casa de una familia importante. El hombre sonrió apenas y de ahí les abrió la puerta del coche a los señoritos de la casa. El joven salió primero y le dio la mano a su hermana para que ella también saliese del mismo.

- La lluvia puede comenzar de vuelta, así que hay que apurarse –dijo Ethan y Marjoirie sonrió complacida. Hasta que por fin lo miró un poco dispuesto-. No sabemos cuanto tiempo estaremos en la casa –repuso el muchacho- así que quizá lo mejor es que esperes en el coche, Maxwell.

- No seas tan pécora. Si Candice ha dicho que pase a la cocina es porque piensa recibirnos y atendernos sin prisas.

- Eso porque cree.. –y se detuvo de decir lo que pensaba-, mira, no me molesta que Maxwell tome té dentro de la casa, lo que pasa es que ni tú ni yo sabemos cuanto tiempo estaremos ahí y será mejor que no se quede a medias.

- Mira Maxwell, no le hagas caso a mi hermano. Nosotros entraremos a saludar a la señorita y tú puedes acceder a tomarte un té o un café con estas buenas personas.

El chofer sonrió con pena mirando de uno a otro, pero asintió, mientras Ethan miraba a su hermana con expresión de agotamiento.

"Eres un dolor de cabeza, Marjoirie", pensaba Ethan, pero de cualquier manera entraron a la casona.

Del mismo modo que Candy se había impresionado al llegar y conocerla, fue del modo que Marjoirie y su hermano quedaron impresionados.

Candy estaba debatiéndose en subir a su habitación o ponerse a leer algo en la biblioteca, inmediatamente después de que Albert la dejase a solas, cuando el empleado llegó anunciando que tenía visitas. Nunca creyó que el par de hermanos Boswell iría a visitarles. Desde luego que ni Albert ni Archie estarían presentables para recibirles, pero ella no pensaba ser descortés y no admitirles, aunque se sentía torpe. Sin embargo, estaba intrigada por causa de su visita.

Marjoirie al verla, le prodigó una sonrisa de genuina alegría y ella no pudo reprimir la suya pues la muchacha sí le agradaba.

- Candice, querida –le saludó, besando su mejilla y tomándola por los hombros unos segundos.

- Hola Marjoirie.. que sorpresa!

- Señorita Andley.. –saludó Ethan. La observaba de manera discreta, pero no podía negar que su belleza lo seguía descolocando.

- Llámenme Candy, me supongo que somos casi de la misma edad.

- ¿Candy? ¿Como Caramelo? –preguntó Marjoirie con una sonrisa y Candy asintió-. Pues que sobrenombre más apropiado. Usted señorita, desde que la vi en el barco me ha parecido una muchacha muy dulce.

- No te dejes llevar por las apariencias –jugó Candy-, también soy una chica bastante fuerte y tengo mi carácter.

- Sin embargo –intervino el joven-, coincido con mi hermana, usted manifiesta mucha dulzura. Quizá no lo haga de modo premeditado, pero así es.

Candy observó a Ethan. Era la primera vez que lo miraba sin estar agobiada por la tristeza o el desanimo. Valoró el hecho de que fuese tan increíblemente alto. Más que Albert seguramente, pero también delgado. Su cabello negro perfectamente peinado hacia atrás, el color de sus ojos que no eran violetas como los de su hermana, sino de un color gris acerado muy particular. Su piel era blanca, pero se notaba que solía tomar el sol pues no era pálida y era atractivo. No del tipo de Albert o de Archie, ni siquiera del tipo de Terry o del doctor Fabbri, pero sí podía decirse que era guapo. La mirada de mutuo reconocimiento la hizo parpadear un par de veces, cayendo en cuenta de que lo había estado valorando al igual que el muchacho hacía con ella.

En ese momento, el ama de llaves se hizo presente en el lugar, alertada por el hombre de la puerta que había dado aviso de que aparte del chofer en la cocina, había visitas en la casa que seguro requerían atención, pero a pesar de haber entrado, no mencionó palabra.

- ¿Gustan pasar al salón? Creo, si la memoria no me falla un poco, que a esta hora se acostumbra tomar el té en Inglaterra y aunque no seamos de este país, será interesante seguir tradiciones. Así también podemos charlar un poco.

Los jóvenes accedieron y Candy le hizo un pedido a la mujer encargada de la casa para que llevase un servicio de té al salón, ante lo cual la empleada asintió de modo educado.

Candy caminó por delante de ellos entrando al salón, notando que la temperatura no era la mejor a pesar de que no estaba tan fría como otras habitaciones de la casa, sin embargo los muchachos no se notaban en nada incómodos.

- ¿No tienen frío?

Marjoirie asintió, pero Ethan negó. El muchacho al ver a su hermana sonrió a modo de disculpa.

- Quizá si le agrego un par de leños a la chimenea… -dijo Ethan y Candy le agradeció con la mirada. Ella también lo hubiera hecho, pero le pareció agradable que el joven se ofreciese a hacerlo.

- Y bien? –preguntó Candy en cuanto el muchacho volvió a sentarse en uno de los sillones de la habitación.

- ¿Quieres saber por qué estamos aquí? –preguntó la muchacha y Candy asintió-. Mira, podía decir muchos pretextos, pero la verdad es que no conocemos a mucha gente en esta ciudad y creo que en el barco te dije que me interesaba mucho que fuésemos amigas. Sé que el asunto de tu tío quizá haga que nuestra visita sea inapropiada en estos momentos, pero pensé mucho en el hecho de que me dijeses que posiblemente estuvieras poco tiempo aquí y quería aprovechar ese espacio de tiempo para conocerte y que fuésemos amigas. Quizá no vivamos en la misma ciudad en Estados Unidos, pero te aseguro que haría lo posible para que esta amistad no se perdiera.

Candy por un momento se quedó sin palabras. No esperaba que la muchacha le reafirmara el deseo de ser amigas, y aunque la idea no le desagradaba, lo único que le hacía pensarlo un poco era el hecho de que en el barco ella le había dicho que su hermano había quedado decepcionado de que no aceptase bailar con él. No sabía si había sido porque le interesaba o porque al verla triste, se había propuesto hacer un acto de caridad: sacar a una muchacha de su ensimismamiento o más bien de su tristeza.

- ¿Mi hermana la ha dejado sin palabras? –preguntó Ethan ligeramente avergonzado- Suele ser demasiado impaciente, pero en el barco me dijo varias veces de su deseo de conocerle y también me pareció interesante tratar a su primo, aunque no estoy seguro de que yo le agrade mucho.

- Mi primo Archie es un joven muy agradable, pero estaba preocupado por la salud de su padre. Honestamente, en el barco fuimos bastante sobrios, quizá demasiado reservados, pero no solemos ser así. Y.. y yo quiero disculparme por ello. Mira Marjoirie, joven Boswell..

- Ethan.

- Ethan –continuó nerviosa-. Yo me siento realmente halagada de que tengan interés en conocerme o conocernos a Archie y a mí. Sé que no me porté muy bien en el barco, pero créanme que no fue algo que yo deseara. Yo me alegraría mucho de ser amiga de ustedes, de conocerles más, sin embargo hay algo que debo decirles antes que nada –y tomó aire, mirando de uno al otro y fijando su mirada en Marjoirie-. Yo no soy sobrina de la señora Cornwell. Su familia, los Andley, me han protegido desde que yo tenía casi los 13 años. Me dieron su apellido, me ofrecieron las comodidades y la educación en un colegio donde los hermanos de ustedes también pensaban estudiar, sin embargo, estoy muy lejos de ser la muchacha de sociedad que ustedes esperan.

- Candy…-musitó Marjoirie con una sonrisa tierna-. ¿Entonces el joven Archibald y tú no son…?

- No nos une ningún lazo de sangre, sin embargo nos queremos como si fuésemos hermanos. Hemos estado, desde que nos conocimos, muy al pendiente el uno del otro. Yo me independicé después de cumplir 15 años y me dediqué a estudiar enfermería. Trabajé como enfermera en un hospital por un buen tiempo y después trabajé en una clínica. No soy una chica de sociedad como ustedes suponen, aunque la ropa y el peinado digan lo contrario.

- ¿Y piensas que con ello no estaremos interesados en ser tus amigos? –preguntó Marjoirie y Candy la miró con algo de culpa-. Pero querida, que cosas piensas!

Ethan comenzó a sonreír, visiblemente agradado.

- Si mi hermano no me contradice, yo tampoco soy una señorita de sociedad demasiado común –y se rió-. Sí, suelo hacer lo que la mayoría de las muchachas de sociedad hacen, lo hago por costumbre, sin embargo la mayoría de las veces soy un dolor de cabeza para mis padres porque me consideran demasiado impulsiva. Yo no suelo quedarme quieta en ningún momento y quizá no seré enfermera como tú lo eres, pero definitivamente no seré una señora de esas que se la pasan hablando de sus millones y de sus viajes. Yo quiero ser pintora y no de esas que pintan cosas correctas y delicadas para fingir que hacen algo para matar el tiempo. Quiero dedicarme a eso. No soy un modelo de corrección, seña de eso es que estoy aquí sin haber sido invitada, pero me interesa conocerte. Y el hecho de que no seas familia realmente de los Andley, para mí no representa nada. He tenido amigas muy adineradas y con apellidos muy importantes, con genealogías impresionantes y me he quedado tan insatisfecha.. el dinero y el apellido no significan nada. Te reitero lo que te dije en el barco y lo que te he dicho hoy: me interesa ser tu amiga. Sólo eso.

Candy la miró, visiblemente impresionada.

- Y como muestra de ello, quiero que accedas junto con tu familia a visitarnos. Queremos invitarlos a nuestra casa. No será tan impresionante como este lugar, pero es bastante bonita. Te enseñaría mis cuadros, podríamos.. ¿sabes montar a caballo? –Candy asintió-. Entonces, daríamos unas cabalgatas por la propiedad, cenarían con nosotros.. será divertido.

- A mi querida hermana se le olvida algo… -intervino Ethan-. La salud del señor Cornwell.. no sé si se sentirán con humor de hacer todo eso si todavía se encuentra enfermo.

Marjoirie se puso roja, olvidó preguntar por la salud del padre de Archibald.

- El señor Cornwell ya está bastante recuperado. De hecho le dieron de alta hoy.

- Entonces, perfecto! Pudieran ir todos!

- No puedo asegurar que él o su esposa asistan. Depende de cómo se sienta. Ni siquiera puedo asegurar que alguien aparte de mí pueda asistir. Tendría que preguntarle a Archie y a Albert.

- Mira Candy, mis padres les aprecian bastante y estarán encantados de recibirlos en casa aunque se queden charlando en la sala o en el salón. De hecho, hoy iban a ir al hospital a visitar a tu tío. No quisieron hacerlo en cuanto llegaron para no importunar a nadie. Y… ¿quien es Albert?

Candy se puso roja como la grana al oír la pregunta. ¿Quién era Albert? ¿Podía decir que era su novio, así como en el hospital Albert había dicho que lo eran con el tío de Meredith?

- Marjoirie… William Albert Andley. El hermano de la señora Cornwell –dijo Ethan y ahora fue el turno para que Marjoirie se sonrojara un poco.

En ese momento entró alguien del servicio con el té y con panecillos y galletas. El aroma a canela y miel de los panecillos era agradable, así que les sirvió de distracción en tanto Marjoirie y Candy se recuperaban de sus sonrojos.

Estuvieron charlando por más de media hora cuando la puerta se abrió nuevamente. Era Archie. Traía el cabello casi seco, la ropa perfectamente planchada. Se miraba regio. Sus ojos color miel destilaron reconocimiento al ver al muchacho, pero se detuvieron en la joven de modo inevitable.

- Archie… -musitó Candy poniéndose de pie, con Ethan haciéndole segunda. Caminó hacia él para verle la cara y notar con agrado que el vinagre había servido, pero eso no quitaba que partes de su cara estuviesen inflamadas-. ¿Estás mejor?

Archie sonrió, observando a Candy, pero sabiendo que debía reaccionar de un mejor modo, saludó al par de hermanos de modo cortés e incluso se sentó junto con ellos. Candy pidió nuevamente rellenaran la jarra con agua para el té y le sirvió en una taza que también le llevaron y estuvieron charlando los cuatro por un buen rato, ante el ligero nerviosismo de Marjoirie y la mirada cautelosa de Ethan. Podía decirse que la visita había sido buena, así que cuando se despidieron, unos treinta minutos después, la invitación a la casa de los Boswell había quedado pactada para un par de días después de la fiesta.

- A ese tipo le interesas –soltó Archie-. Si no quieres que mi tío se ponga celoso, será mejor que vayan definiendo que no eres una muchacha sin compromisos.

- Archie..

- ¿Crees que no los vi besándose? No es lo más correcto hacerlo así, aunque a estas alturas, ya no sabemos donde es correcto o no hacerlo. Lo que si te pido es que tengas cuidado. Mi tío y tú están ligados por un documento que todavía no está invalidado. No quiero que nadie te falte al respeto ni que se murmure nada malo sobre ti pero tampoco que otros pretendan cortejarte y eso te produzca fricciones con él –y con gesto tierno la miró a los ojos-. Solo quiero tu felicidad, gatita. ¿lo sabes? –ella asintió-. Voy a salir un rato, me llevaré a uno de los empleados, he dejado el otro coche sin combustible en un lugar poco confiable, así que hay que ir a recogerlo. ¿No sabes quien de todos sabe manejar?

- Tendrías que preguntárselo al ama de llaves, ella está mejor informada que yo sobre esas cosas.

Archie asintió y fue en busca de la empleada en tanto Candy sopesaba las palabras de él por unos segundos. Según su experiencia, Albert había sentido molestia porque Archie o el médico se mostraran como posibles enamorados de ella. No sabía qué reacción tendría si se topaba con el supuesto interés de otro joven más.

A pesar de meditar en eso y de sentirse algo incomoda, subió a su habitación para arreglarse el peinado y cambiarse de zapatos. Le gustaba usar las botas, pero no eran lo más apropiado con la ropa tan fina que Evelyn y Archie le habían comprado.

En ese momento recordó que no les había avisado sobre su ida a Londres a sus madres y se dispuso a redactar unas cartas. Seguramente ellas estarían preocupadas por no tener noticias suyas desde que salió del Hogar de Pony. Si lo hubiera pensado antes, las habría mandado con George. Hubiesen tardado menos tiempo. Entonces decidió enviar también un telegrama escueto diciendo que estaba bien en lo que las cartas eran enviadas por medio marítimo y llegaban a su destino.

La hora de la cena la sintió llegar rápidamente cuando tocaron a la puerta para avisar que podía pasar al comedor. Para ese entonces, tanto el auto de Albert como el del emblema Andley estaban dentro de la casa y Archie estaba de excelente humor, charlando con Albert al pie de la escalera.

Ella descendió ante la mirada de ambos. Uno la miraba momentáneamente con un poco de tristeza a pesar que repuso su gesto casi de inmediato, mientras el otro casi con veneración. Entraron al comedor, tuvieron la primera cena realmente alegre con los tres a la mesa. Charlaron, se rieron, disfrutando de la sobremesa. La cocinera les había preparado otra de sus tradicionales cenas londinenses que Albert engulló con fascinación. El postre fue un soufle de vainilla y chocolate a dos capas que resultó delicioso. Inclusive mencionaron la visita de los hermanos Boswell y que habían sido invitados a ir a su residencia la semana siguiente. Albert accedió con una sonrisa.

Cuando Archie terminó de cenar, se disculpó y subió a su habitación, dejando a Albert y a Candy a solas en el comedor.

- Creo que ahora es el momento de que te cuente todo lo que ha pasado. ¿Me acompañas a la biblioteca?

Candy se mordió los labios y accedió. Albert por primera vez se notó introspectivo en lo que caminaban hacia aquella habitación. Les llevaron un servicio con té, leche y galletas que ellos no hicieron el intento de tomar.

Solamente se miraban el uno al otro en tanto la tensión se iba acumulando. Cuando Albert sintió que ya no podía más, la miró a los ojos con una expresión apenas atormentada.

- El día de hoy –comenzó-, ha sido uno de los más complicados en mucho tiempo. Salí de casa desde antes de las seis de la mañana para contactar a un par de mis amigos. Fui a buscarte una rosa porque quería que tuvieses algo lindo que observar en cuanto te despertaras. Le di a George las instrucciones para que solucionara nuestro asunto legal. De ahí, marché a buscar al ministro como bien sabes, pero al no encontrarlo, regresé a la oficina para adelantar la solución a algunos pendientes.

Estando ahí, abrí el periódico, me he enterado de una noticia para nada agradable. Un barco se ha hundido. No se sabe si fue accidente o si fue un ataque. Venía desde Greenock, una ciudad que está en el oeste de Escocia con una cantidad descomunal de pasajeros. Se dice que por lo menos la mitad murió en el barco, otras están graves en algunos hospitales de Londres. Entre los pasajeros se encontraba una persona que tú y yo conocemos –e hizo una pausa leve-. Richard Grandchester, su esposa y sus hijos estaban en el barco.

El rostro de Candy palideció. Al notarlo, Albert tomó su mano y prosiguió.

- Los hermanos de Terry han muerto. Su madrastra estaba muy grave. El señor Grandchester también sufrió heridas al querer rescatar a uno de sus hijos, pero el diario afirma que los muchachos estaban curioseando en una zona de carga que fue de las primeras en llenarse de agua. Uno de ellos casi se salva, pero recibió un golpe en la cabeza y se hundió. Para cuando el señor Grandchester pudo encontrarlo, el joven ya se había ahogado.

Candy sintió que las lágrimas llegaban a sus ojos. El duque de Grandchester no fue muy amable con ella en su momento, pero ella venció sus temores al pedirle que dejara que Terry fuese feliz. Él respetó el deseo de Terry de convertirse en actor y de vivir en la ciudad donde Eleanor Baker también vivía, pese a que toda la vida había estado renuente a ello. Pensar en el dolor que como padre estaba sintiendo le hizo soltar un gemido ahogado. Las lágrimas se desbordaron mientras ella se mantenía en silencio.

- Sé que esta noticia puede ser muy dura…

- Yo no los conocí.. pero al padre de Terry si. Lamento mucho que sus hijos hubiesen muerto.

- Lo sé. El asunto en esto es que el señor Grandchester se ha quedado sin descendencia legítima a quien otorgar el ducado cuando él se haga mayor o cuando muera.

- Pero.. ¿Y Terry?

- El señor Grandchester nunca se casó con la madre de Terry. Según él me dijo, el padre del duque siempre estuvo en contra de esa relación debido al pasado de la madre de Terry y también del hecho de que fuese actriz. No era nada más que fuese americana, sino el hecho de que provenía de una familia sin abolengo. La señora era huérfana y con una sola hermana que nunca fue apegada a ella. Como verás, todo la constituía en una mala opción para que fuese esposa del futuro duque. Sin embargo, ahora la historia se complica para ellos. Si el duque de Grandchester no tiene otro hijo legítimo con su esposa, el ducado pasará a algún otro familiar.

- O a Terry…

- Honestamente, no lo sé. Terry nunca quiso tener nada que ver con la nobleza. Fue el peor candidato para su padre, sin embargo, ahora quizá no quede otra opción. Para que pueda ser el próximo duque, su madrastra tendrá que aceptarlo como hijo de modo legal, no sólo como hijastro.

- Pero ella lo aborrece!

- También lo sé.

Albert suspiró. No era lo único que tenía que decirle.

- Este día ha sido tan agitado.. tantas cosas… no puedo negar que esa noticia me ha sorprendido bastante. Lo lamento mucho por el señor Grandchester, lo lamento por su esposa, hasta por Terry.. que no sé si realmente tenía afecto por sus hermanos o no.

En ese momento tocaron a la puerta. Albert permitió que entraran y se topó con la figura del ama de llaves.

- Señor Andley, una persona del hospital está a la puerta. Quiere hablar con usted.

- ¿Del hospital? –preguntó Candy y enseguida ambos pensaron en lo mismo: algo había pasado con Meredith.

Albert le dijo a la empleada que le dejara pasar y tomando a Candy de la mano salieron de la biblioteca a la espera de encontrarse con esa persona en el recibidor.

La delgada figura del tío de Meredith se apareció en la puerta. Sus expresión asustada, sus ojos enrojecidos..

- Señor Wesley! –se sorprendió Albert.

- Necesito que venga conmigo.. mi sobrina ha cometido una locura y me ha hecho jurarle que lo llevaré con ella, si no, lo volverá a intentar.

- ¿Qué? –preguntó Albert completamente anonadado- ¿Qué ha hecho? ¿Qué ha hecho Meredith?

- En un descuido de mi parte, se levantó de la cama. Preguntó por usted a una de las enfermeras y le dijeron que ni usted ni su pariente se encontraban ya en el hospital. Valiéndose de no sé que cosa, pudo conseguir un escalpelo.. ha tratado de quitarse la vida! –el hombre se sacudió a punto de romper el llanto- y ha amenazado volver a intentarlo si no habla con usted a solas. Tenía el escalpelo en la mano cuando salí de su habitación y no hay manera de acercarse a ella sin que se haga daño primero.

La sangre se le fue a los tobillos a Candy en cuanto le escuchó decir semejante cosa. Un temblor inevitable la sacudió. Albert estaba pálido, con la mirada plagada de confusión.

- Será mejor que vaya –dijo después de unos segundos. Meredith iba a ocupar ayuda psiquiátrica, pero de momento lo que necesitaba era que se dejase atender y quitarle ese escalpelo.

- Albert, no!

- Necesito ir Candy. No puedo permitir que Meredith se haga daño.

- Pero… en el estado en que se encuentra… ella.. ella podría querer hacerte algo!

- No me hará nada, no te preocupes por ello. Meredith ha pasado por una crisis que le ha ocasionado que actúe fuera de sí. Iré, trataré de tranquilizarla, le quitaré el escalpelo y después de ello podrán darle la atención que necesita.

- Es peligroso Albert.. yo he sabido de tantos casos..

- Te repito que no me pasará nada. No lo permitiré –y la miró a los ojos, tomándola de los hombros, procurando parecer muy seguro de sí mismo-. En cuanto pueda convencerla de que deje el bisturí, regresaré. No puedo permitir que tenga a su tío y al hospital en ese estado de tensión.

- Ella te ama..?

- No, amor. Ella no me ama. Ha sufrido mucho, quizá quiso aferrarse a algo que nunca se dio entre nosotros, pero amor no es. Voy a ir, voy a manifestarle mi deseo de que todo se solucione y que salga de ese estado. Regresaré en cuanto eso pase. No necesitas esperarme. Ya es tarde y quizá dejarla tranquila me lleve un buen rato. Seguimos charlando mañana. ¿Está bien?

- Yo quiero ir contigo.

- No creo que sea lo mejor. Para ella eres una extraña, es mejor que entre su tío y yo arreglemos esto.

Candy asintió de mala gana. Estaba preocupada. Deseaba ir y estar con él por si acaso la muchacha era realmente peligrosa. No podía imaginar que a Albert ella le hiciera algún daño, tal como se lo había tratado de hacer a sí misma. Era terrible. Demasiado.

Candy lo miró partir en compañía del tío de Meredith y aunque trató de tranquilizarse, no pudo. Subió a su cuarto y dio vueltas caminando de un lado a otro. Se cepilló los dientes, se puso el pijama, se cepilló el cabello y siguió esperando. Cuando habían pasado a lo menos tres horas, escuchó el ruido de un vehículo ingresar a la propiedad y ella se puso sobre el pijama un albornoz y salió de la habitación a toda prisa.

Albert ingresó. Su rostro se apreciaba apesadumbrado. Se notaba el semblante como el de alguien que estaba mucho muy agotado. En cuanto levantó la vista, la miró sobre la escalera y un destello de bienestar le apreció en la mirada.

- ¿No has dormido nada?

- No. Te estaba esperando. Estaba muy preocupada.

- Ha sido terrible –dijo, despojándose del abrigo y también del saco, viendo como Candy bajaba las escaleras para acercarse a él -. Estaba peor de cómo pensé. La han internado en una clínica de manera momentánea para valorarla. No podrá salir ni recibir visitas en algunas semanas, a menos de que puedan observar alguna mejoría.

- ¿Qué es lo que pasa con ella?

- Meredith fue violada por el que creí que era mi mejor amigo de la universidad –dijo después de un suspiro lleno de pesar-. Nunca lo dijo a nadie. Lo peor no es eso. Durante cuatro años la ha mantenido como su amante a escondidas de todos, la ha obligado a hacer lo inimaginable. Candy… -y dudó, pero la mirada de ella le hizo continuar- le ha obligado a abortar por lo menos cuatro veces. Está devastada emocional y físicamente. Creo que no puede tener hijos a causa del último aborto que le practicaron. Es… es espantoso. Hoy se ha derrumbado y quizá ha sido mi culpa.

Albert agachó la cabeza unos momentos. Sabía que tenía que explicarse con ella. Su gesto cansado y las pocas horas de sueño ya se notaban en su expresión, pero nada como las emociones que había pasado durante las últimas horas. El hecho de hablar con ella representaba un gran descanso.

- Desde que regresé a Londres y ella lo supo, me he comportado con ella de un modo terrible. He sido grosero y cortante. No le he tenido ninguna consideración. Hoy a mediodía ya estaba harto de su insistencia y del modo en que me estaba acosando y le dije la verdad. Le dije que en un tiempo pensé que podía sentir algo por ella y que incluso pensé en pretenderla, pero que el hecho de verla.. en la cama con él..

- ¿Los viste en la cama?!

Albert asintió.

- Los encontré, pero pensé que era algo consensual, que eran amantes y eso me hizo repudiarles. Hoy me he enterado que él abusó de ella y que esa vez que yo los encontré en la cama fue cuando él estaba abusando de ella por primera vez. Yo.. he sentido de todo. Me he sorprendido, me he avergonzado, sentí furia, sentí asco.. pero ahora, después de haberla visto en la clínica, me he enterado de todo lo demás. De los abortos, de la manera en que él la trató y estoy hastiado, me siento tan impotente, tan…

Albert no pudo continuar. Estaba devastado. Candy le abrazó mientras Albert cerraba los ojos. Ella trataba de darle palabras que lo hiciesen sentir mejor, pero a pesar de su esfuerzo no lo estaba consiguiendo. Albert la miró a los ojos al separarse de ella un poco.

- Y me he enterado de algo peor hace apenas cosa de media hora. La madrastra de Terry ha muerto. El duque de Grandchester fue internado en el hospital junto con su esposa. La mujer no sobrevivió.


Aquí sigo, que no me voy!

Muchas gracias amigas y amigos por permanecer leyendo ésta historia. Me he retrasado un poco, pero la musa a veces anda de paseo. Mi cariño y gratitud por sus reviews, por ser mis amigas y seguir compartiendo lo que piensan y sienten con ésta y las demás historias. Y, por causa de fuerza mayor, para todos las que quieran agregarse como mis amigos en facebook en mi cuenta de AnaEdith Fiction, un favor: Les quiero pedir que me manden mensajito antes, porque me he llevado algunas sorpresas últimamente.

En mi cuenta podrán hallar de todo, desde pensamientos, fotos, adelantos de los fics (si, me preguntan y yo les contesto) e inclusive algunas cosas muy prosaicas. En ella también me dedico a compartir un poco lo que soy, mi vida, mi entorno, mis pasiones y también (por qué no?) mis frustraciones. También ahí aviso si he subido capi nuevo y de qué historia e inclusive si gustan, etiquetarles los capis cada que me sea posible, ¿qué les parece?

Gracias por sus reviews a:

Sayuri1707: perdón por la tardanza, pero en este capi más o menos se aclaran las cosas. Archie no está cómodo con la relación entre Candy y su tío, pero ha decidido no ser un obstáculo. Y lo de Meredith, fue cierto. Ahora hacen entrada los gemelos en la vida de los Andley y aunque no hablé de Alexander, estará en los capis siguientes. Gracias por leer y por tu review.

Lady susi: Pues hace falta que regrese George, pues él fue a conseguir que los tramites de adopción que se hicieron cuando Candy era adolescente, se invaliden. Albert también se quiere casar con ella enseguida, mira que después de tantos años de amarla y tantos meses de sufrirla, lo que más quiere es estar con ella como marido y mujer. Y sobre Annie y Archie, ellos definitivamente no los miro juntos en el futuro. Ya ves que la chica de ojos violeta no da su brazo a torcer con el hecho de conquistar a nuestro querido Archie. A ver si lo logra. Un saludo grande!

Yuukychan: Muchas gracias… me siento tan contenta cuando aprecian lo que hago porque lo hago de todo corazón. Y gracias por seguir enviándome tus reviews. Es algo que alimenta el alma saber que siguen pendientes de lo que escribo y que se toman el tiempo para darme sus impresiones, aunque solo sean algo tan sencillo y significativo como lo que me has escrito.

Candyfan72: Amigaaaa! Sip. La dulce Annie con su carácter debilucho no supo decir que no ante el acoso de James, el pelirrojo aristócrata que se ha convertido en su prometido. Meredith estaba tan bloqueada por lo que tenía años viviendo que tuvo que explotar al darse cuenta de todo. Ya me dirás tus impresiones porque esos temas son bastante serios. Ella fue obligada a abortar, no sólo a ser amante de un tipo despreciable, no tenía otro objetivo que le diese sentido a su vida pues había perdido a William, así que lo toleró todo, pero saber que él pudo haber sido su novio si no hubiese cometido el error de confiar en Roberth la hizo estallar. Que malo que eso pase, pero quizá con haber llegado a esa fase donde se enfrenta a todo, quizá por fin le haga reaccionar y encausar su vida, aunque a muchos les pueda resultar imposible. Creo que en mi mente, Meredith se fue creando barreras para impedir que el dolor la demoliera. Cuando miró a William, algo de su mente reaccionó, le hizo tener esperanza. Ahora, es obsesión, por eso amenazó con matarse si no hacían que él fuese a verla. Estando en tratamiento, quizá con ello salga de ese estado tan devastador. Mira que la miro y descubro en ella el calvario de muchas mujeres que han vivido bajo apariencias de un matrimonio o vida ejemplar cuando en la realidad, han sido manipuladas terriblemente. Y… la pelea, me costó, pero creo que he andado violenta así que se comprende. Un abrazote con todo mi cariño para ti. Ya sabes que te quiero mucho, princesa.

Carito Andrew: Me disculpo nuevamente y te agradezco tus palabras. Ha sido un tiempo de leer mucho, de pensar mucho, de actividades infinitas con mi nena porque anda de vacaciones, pero al fin, aquí está. Ahora Alexander no ha dado lata. El que viene como no queriendo la cosa es el hermano de Marjoirie, Ethan, pero el muchacho no está interesado en cosas románticas. Candy le ha gustado, pero como que no piensa enamorarse. Lo que quiso en el barco fue acercarse a ella y poder tratarla porque le gustó, pero hasta ahora no da señales de otra cosa más. y ya quisiera casar a Albert y a Candy, pero necesitamos que el buen George haga malabares y casi milagros.

Elluz: pues si. La muchacha debilita en el carácter y como que en muchas otras cosas. Tanto año con un galanazo como Archie que siempre la respetó y en eso llega un pelirrojo con aires de grandeza y la seduce. Eso le ha pasado por ser tan poco firme en sus decisiones y en el amor que le tenía a Archie (que dice que todavía lo quiere, pero Archie ya no la tiene incluida en su vida). Aunque te diré, en lo de la virginidad ahora hay otros cánones pues en el pasado se le condenaba a quien daba "el mal paso", pero el que una chica sea o no sea virgen, no debería ser motivo de que fuese menos o más valorada. Creo que el valor de la mujer tiene que ver más con su naturaleza, con la nobleza de su corazón y el que sea una persona de bien. Lo condenable en Annie es el hecho de que ella se faltó el respeto a sí misma. Al igual que Candy, se entregó a alguien, pero Candy lo hizo por amor y Annie por miedo a lo que ocasionaría en sus padres al resistirse y que James la despreciara.

Lukyta: muchas gracias! Me siento tan contenta de lo que me has dicho, mira que eso me motiva más a seguir escribiendo, pero más que nada a que lo que escribo sea algo bien pensado y que valga la pena leer. Me esfuerzo mucho a veces pues soy muy escrupulosa, pero cuando leo comments como el que me has dejado en el review me hace sentir que ha valido la pena. Y mira, que a mí me ha parecido eterna esa semana y no llegar a la dichosa fiesta, pero ya casi.. ya casi. Necesitaba que muchas cosas se aclararan y soy meticulosa en ello. Un abrazo y mi gratitud por tus palabras.

Melisa Andrew: Ahhh, mi querido Archie.. si, necesitaba llegar a los golpes y sacar todo lo que tenía dentro; aunque, si lo has notado en este capi, no por eso él deja de sentir cierto pesar. Quiere a la pecosa, quizá no como pareja, pero siente algo y lo que más quiere es su felicidad. Ahora, la novedad es que como ambos están más receptivos, han visto a los gemelos, que son muy atractivos. Quizá Marjoirie sea la persona que la vida le tiene destinada a nuestro ojimiel para encontrar la felicidad. Se parece a Candy en su temperamento, medio apasionada e impulsiva. A ver como les va.

Erika de Andrew: Ah, sí. De hecho Albert hasta este momento no las ha digerido, pero con la bomba que Meredith ha dejado caer, no ha tenido cabeza para ello. A Archie le toca disculparse por decirle tantas cosas. Albert le dijo que no podía estar con ellos antes de que fuese presentado como patriarca y eso era algo que estaba fuera de discusión y Archie lo debe entender en algún momento. Y si, mis rubios se aman mucho, se preocupa el uno por el otro. Albert no quiere que Candy ignore nada, pero no lo han dejado sincerarse con ella sobre lo de Terry y eso todavía no lo ha podido resolver. Por el momento, la noticia de que la esposa de Richard Grandchester ha fallecido, dejará a Terry con mayor posibilidad de ser el que en el futuro lleve el título de Duque, pero hace falta ver lo que Terry va a opinar sobre ello. Mucha tela de donde cortar en todo momento. Un saludo.

Clau Ardley: Querida Clau! Imagínate lo que sentía yo! El aroma que yo asocio a Albert siempre es a limpio, un poco a jabón, a loción, pero más que nada pienso en el aroma natural de su piel… awwww, mi wero, me tiene suspirando en este momento! Y si, Archie estaba tan enojado que lo que no hizo con Terry en el colegio, lo vino a hacer con Albert: pelear! Creo al igual que tú, que a veces es la única manera en que ellos se enfrentan a sus problemas y si esa les resulta, ni que decir. Ahora que Annie ha reconocido que necesita de Archie quizá se revele contra sus padres, pero a pesar de ello, Archie sabe que Annie ya no es para él pase lo que pase, por lo menos hasta ahora que no la ha visto. Y muchas gracias Clau, yo estoy picadísima con tu historia. Es verdaderamente emocionante. Te aprecio mucho y respeto el trabajo que estás haciendo y tengo muchos deseos de seguir leyendo más.

Friditas: preciosa, aquí estoy después de larga ausencia. Si.. Archie sufrió mucho, pero parte del sufrimiento es que no supera la soledad que le originó perder a su hermano mayor. Creo que todo se le ha juntado: fue primero perder a su hermano, perder a Annie, que su padre estuviera muy enfermo, que Candy se enamorara de su tío.. se le juntaron las ausencias y los pesares, pero el muchacho es fuerte y va a salir de esto como mejor sepa. Ahora, la que viene a mover el piso es la señorita Boswell, ella sí que es de armas tomar. No le importa el qué dirán, es apasionada y atrevida (quizá demasiado), pero se le ha metido entre ceja y ceja el estar cerca de él y quizá conquistar su corazón. A ver si Archie se deja. Te quiero mucho amiga. Te he extrañado bastante y espero con todo mi corazón estés muy bien. Aquí seguimos, cuando gustes, por todos los medios que estén al alcance, será extraordinario charlar contigo. Un abrazo de corazón.

Maryel Tonks: ¿De verdad? Mira que con ver al gatito así de afectado, se me hizo un nudo en la garganta y sí, ahora las cosas se ven más cordiales, por lo menos no se fue de la casona y ha convenido no decir nada del motivo de los golpes, para no hacer sentir mal a nadie, en especial a Candy (que siempre termina medio echándose culpas sola). Annie no está contemplada para Archie por el momento, no te preocupes, pero deberán poner en claro las cosas entre ellos pues Annie necesita ser una muchacha sin tantos miedos y debilidades de carácter. A veces, la vida golpea tanto, que hace que las personas entren en razón. Ojalá ella sea una de ellas.

Lio: Lio! Amiga, que lindo leerte también aquí. Lo dije en Facebook, que ya mero publicaba y lo he cumplido. Espero que me des tus opiniones. Desde luego, Archie necesitaba sacar todo lo que traía dentro, si no, quizá explotaba delante de Candy y eso la hubiera lastimado mucho. Ahora, Albert le ha explicado algunas cosas pero Archie ha convenido que se callen otras y es lo mejor para ellos en este momento. Lo que sigue? pues ya me conoces, me gusta mantener un poco de misterio. Seguimos en contacto, corazón.

Chicuelita99: Bienvenida! Mira, te agradezco mucho todos tus comentarios, porque de todos he aprendido mucho. Yo te entiendo, pero al inicio escribía tres veces por semana y no me daba lata el que no llegaran a algo sólido tan pronto. Sin embargo, entiendo que para quien me lee de buenas a primeras pues le resulte E-ter-no, jajajajajaja. Lo que importa hasta ahora es que al llegar al capitulo 24 tus impresiones han sido muy buenas. El capitulo 17 ha sido de mis favoritos y todavía queda mucho por decir. Esta historia puede que no sea tan popular, pero es a la que le tengo un cariño muy particular porque fue la primera y la inicié escribiéndola en mi móvil. De ahí, abría el opera mini y lo copiaba a facebook y después me iba al cyber a pasarlo a ff. Me acabé casi el teclado de la blackberry! Pero ha valido la pena. Todavía conservo los capítulos que escribí en el móvil (del 1 al 19, ya sabrás. Los siguientes los escribí en mi computador y los posteé con el móvil). Así que, esta historia es especialmente importante para mí, por eso le dedico mucho de mi tiempo y me interesa que al publicarla, lleve mucho sentimiento y mucho corazón. Un saludo grande!

Key: hola, bienvenida, creo que es el primer review que recibo de tu parte y te agradezco que lo hubieses mandado. El capi 25 aquí por fin, estaba con la idea general del capi porque la historia la he pensado desde que comencé a escribirla, pero tener el argumento a veces no significa que escribir el capitulo será algo sencillo. Espero que te haya parecido bueno y me des tus impresiones., ¿vale? Saludos.


Un saludo con todo mi cariño a una gran amiga y mujer extraordinaria: Carola. Te quiero muchísimo amiga. Eres una persona que aprecio en demasía, que admiro y que he extrañado horrores, pero entiendo perfecto cada proceso que has ido llevando con tu maravillosa familia. Espero que pronto podamos charlar como lo hemos hecho desde que nos topamos en ff.

Y también a ti Rosaura. Espero que las cosas se solucionen pronto y podamos ver a la mujer fuerte y valiente que eres, salir avante de todos los obstáculos que se te han presentado. Tú sabes que te apoyo y te quiero y que estoy siempre a la espera de que llegue el día que todo se arregle. Te quiero, corazón, ya lo sabes, hasta el punto de sonar exagerado, pero es real.

Amigas: Marta y Eva, las quiero, corazones. De manera muy profunda y a ustedes les dedico también mis trabajos. Pienso en ustedes cada vez que me pongo al frente del monitor y en lo importante que son para mí. En la bendición que son por si solas y en que me permitan quererlas y que me quieran de esa manera tan profunda. Son una razón importantísima para sonreír cada mañana y para dormir plácidamente cada noche. Han venido a demostrarme que es posible tener una amistad fuera de serie a pesar de la distancia. Princesa, mi apego por ti sobrepasa lo inimaginable. XOXO.


A todos y todas las que me leen, como bien saben muchos, les invito a que me compartan sus opiniones. Que me contacten por PM o por medio de facebook, que me dejen un review. Estoy muy motivada a hacer de esto algo más que un hobby, pues son tres historias que escribo en ff y dos que escribo que no han salido posteadas. De esas dos, una va a ir a ff en cuanto termine Indecisión y la sonrisa de la princesa, pero la otra va a ser para publicarla de modo independiente y sus comentarios sobre mi trabajo me ayudan a que cada día me dé cuenta lo que les agrada de ellas como lo que no. Un abrazo a todos. Se les quiere.

*AnaEdith*