XXV
El coche se detuvo frente a la casa de Arabella Figg. La luz eléctrica se filtraba por las cortinas de las ventanas de la planta baja. Kate tocó suavemente el hombro de Marius y lo despertó. En silencio, Devon, Masqueline y ella misma se bajaron del vehículo. Devon y Kate ayudaron a salir a Marius, mientras Masqueline, con la máquina bajo el brazo, daba golpecitos en la puerta. Alguien comprobó desde dentro la identidad de los visitantes, y a continuación se oyeron ruidos como de cerrojos descorridos apresuradamente. Arabella Figg, vestida como si acabara de llegar de la calle, emitió un grito ahogado al ver el estado en el que se encontraba Marius.
"No es grave" – dijo Devon – "Llegamos a tiempo de cortar la hemorragia antes de que hubiera sido preciso llevarlo a un hospital. Pero necesita descansar. ¿Su cuarto?"
"En el primer piso. Mejor ponerlo en el sofá."
"Lo llevaremos a su cuarto" – dijo Devon resueltamente. Y entonces alzó la vista para encontrar, al pie de la escalera, a una mujer.
"¿Qué ha ocurrido?" – dijo la mujer.
"Un bombardeo en Londres" – Kate habló por primera vez. La mujer no quitaba los ojos de Marius. Era alta y delgada, morena, con los ojos oscuros. Un rostro atractivo y muy familiar. – "Tu debes ser Cassiopeia, la otra hermana de Marius" – dijo Kate con voz cansina.
"Las presentaciones, si no os importa, para más tarde. Tengo que llevarlo a su cama." – Devon interrumpió. Tenía la cara colorada del esfuerzo.
"Oh, perdona" – dijo Masqueline – "Aquí nada impide hacer ésto". Con un movimiento de varita levitó el cuerpo de Marius.
"Ohhhhh" – a Kate se le escapó un grito.
"Por favor, señorita Jones. Controle que no se golpea la cabeza con las paredes mientras lo levito hasta su habitación" – dijo Masqueline.
Kate alzó una mano y la puso entre la cabeza de Marius y la pared. El mago hizo un pequeño movimiento con la mano y el cuerpo empezó a ascender, seguido de Kate que no le quitaba ojo. Al cabo de poco tiempo, Marius estaba acostado en su cama. Le administraron un antibiótico y un sedante que la señora Figg les proporcionó de un botiquín doméstico, y lo dejaron profundamente dormido.
En el salón de la señora Figg, Devon y Cassiopeia esperaban en silencio.
"Está durmiendo. Como un bebé" – dijo Masqueline mientras una pálida Kate se dejaba caer en un sillón. - "Vaya. Usted debe ser de la familia Black. Sus rasgos la delatan, si me permite decirlo. Muy bellos, por cierto"
"Cassiopeia Black." – la bruja se presentó sin dar mayor importancia al cumplido– "Soy su hermana"
"Encantado. Jasper Masqueline. A su servicio" – el mago hizo una leve inclinación de cabeza mientras cogía la mano derecha de Cassiopeia al más puro estilo tradicional.
" ¿Masqueline¿El gran experto en transformaciones?"
"No es para tanto. Me va a hacer sonrojar."
"He seguido sus trabajos desde hace tiempo, aunque últimamente no publica mucho"
"En realidad, últimamente no publico nada. Oh, de nuevo, discúlpeme. La guerra no debería oxidar los buenos modales" – dijo con media sonrisa – "Permítame que le presente al señor John Devon, de Inteligencia del Gobierno de su Graciosa Majestad" – Devon saludó con un "hola" en tono bastante bajo. "Y la señorita Jones, de la que seguramente haya oído hablar" – Kate la miraba con expresión agotada y cara pálida desde el sillón.
"Mi hermano me ha hablado de usted."
Kate sonrió levemente.
"Tome asiento, por favor" – dijo Masqueline – "Seguramente querrá conocer detalles de lo que ha ocurrido".
"Gracias" – Cassiopeia eligió el sillón que estaba justamente al lado del que Kate ocupaba.
"Precisamente había venido a hacerle una visita. Me sorprendió no encontrarlo."
"¿Y decidió esperarlo hasta tan tarde?" – dijo Devon con tono suspicaz.
"La compañía de Arabella Figg siempre es agradable" – contestó la bruja un tanto molesta.
Se hizo un pequeño silencio, que Arabella, que hasta entonces no había dicho nada, aprovechó para ofrecerles una taza de te que aceptaron. Se fue a la cocina con el kneazel siguiéndola de cerca.
"Volvíamos de casa de los Potter.." – Kate, súbitamente, comenzó a narrar la historia. Cuando terminó, todos miraban hacia la repisa donde Masqueline había dejado la máquina.
Arabella Figg regresó con el te y pastas en una enorme bandeja, y se esmeró en servirles a todos, mientras Cassiopeia y Kate miraban con curiosidad la máquina.
" ¿ Para qué sirven estas ranuras? " – preguntó la bruja dejando la taza de te sobre una mesa baja y pasando un dedo por una de ellas.
"Se insertan unos discos en ellas. Los discos tienen letras. La posición inicial fija el código de encriptado. Cada vez que se teclea una letra, giran todos una posición. El último determina la letra que aparecerá en el texto cifrado. Para que la misma letra se represente igual dos veces se necesita un giro completo de los discos.
"Ya veo..." – dijo Kate. Cassiopeia, en cambio, tenía el ceño fruncido.
"Cada mes, los alemanes establecen distintas posiciones iniciales para los discos. Lo llaman configuración inicial, y figura en unos libros de claves, según la fecha en que se emitan los mensajes... " –continuó Devon. – "Los mensajes relativos a los ataques aéreos suelen interceptarse. Al parecer, los magos se coordinan con la Luftwaffe de alguna manera un tanto esotérica y…"
Si Devon supuso que iba a arrancar una sonrisa de los presentes se equivocó completamente. Kate estaba demasiado agotada, y Masqueline, Cassiopeia y Arabella Figg intercambiaron una mirada interrogante.
" ¿ Ocurre algo?" – preguntó Devon.
" ¿ Insinúa que se coordinan? Hoy ha habido un ataque aereo. ¿Es más que probable entonces que la comunidad mágica también haya sufrido una intromisión de los secuaces de Grindelwald? ." – preguntó Cassiopeia.
Devon se puso serio.- "Es una posibilidad" – fue su comentario.
"Puedo hacer averiguaciones" – dijo Masqueline – "Si mi presencia aquí no es imprescindible…"
"No. Puedes marcharte. Cuando sepas algo, háznoslo saber, por favor"
"Muy bien, entonces. Señoritas, señora Figg, gracias por su hospitalidad…" – con un movimiento de cabeza se despidió y se marchó por la puerta. Kate creyó oir una especie de "pop", pero pensó que eran figuraciones suyas producto del cansancio.
Cassiopeia seguía bastante seria. – "¿ Dice que se meten unos discos en estas ranuras?"
"Sí. Discos dentados con el alfabeto alrededor. Como ya le he dicho, giran una posición cada vez que se teclea una letra. El primero hace girar al segundo, éste al tercero y el último determina la letra que debe aparecer en el mensaje. Conocida la posición inicial, no hay más que colocar los discos, dar a una palanquita que los hace girar en sentido inverso, y teclear el mensaje en clave para obtener impreso el texto descifrado. Sencillo, pero a la vez endiabladamente complicado si se cambian las combinaciones iniciales todos los meses."
" ¿ Las cambian todos los meses? Entonces ¿ Como hacen para descifrar?"
"Por una parte, calculamos las posibles combinaciones con un aparato electromecánico que llamamos la bomba. Por otra, de vez en cuando nuestros chicos roban algún libro."
" ¿ Un libro? "
"El libro de claves. La relación de las combinaciones iniciales, según la fecha. Los alemanes las llaman configuración inicial".
"Parece una tarea casi imposible" – dijo Kate –
"Casi. " – contestó Devon – "Cuando utilizan las máquinas con tres rotores, todavía tenemos posibilidades de calcular la posición inicial con la bomba. Pero ahora han introducido un cuarto rotor. Las posibilidades se multiplican enormemente. Nos está dando muchos problemas."
" ¿ Se refiere a que usan cuatro discos?"
"Sí, pero no siempre. Bueno creo que mi estancia se prolonga demasiado por estos pagos. Mañana a primera hora regresaré para ver que tal se encuentra el herido. Si me disculpan. Buenas noches."
Devon dejó en la casa de una nerviosa señora Figg a dos mujeres mirando fijamente un aparato que parecía una extraña máquina de escribir.
