El nerviosismo de Mikasa no hizo más que ir en aumento al darse cuenta de que Levi sólo contaba con la ropa que traía puesta, lo que significaba que debía encontrarle ropa seca o bien, dejarlo desnudo en espera de sus prendas ya lavadas y secas, y esta segunda opción no le parecía nada desagradable a la azabache, causándole un ligero sonrojo.
''¡Por Dios, Mikasa! ¡Qué cosas piensas!''
Mientras esperaba a que Levi saliera de la ducha, Mikasa regresó a la cocina recordando que su padre le había dejado el desayuno listo en el microondas. Lo calentó unos segundos y se sentó a disfrutar de unos deliciosos hot cakes, cuando una cuestión invadió su mente: ¿Qué haría si su padre decidía regresar antes de lo previsto y Levi aún se encontraba en la casa?
Intentando encontrar una respuesta a esa interrogante, Mikasa apoyó la mejilla sobre su mano y se mantuvo con la mirada perdida varios minutos, por lo que no escuchó los primeros golpes que Levi dio en la puerta de la cocina, haciéndolo irritar más de lo que ya estaba.
- Mocosa, ¿sigues dormida o qué?
El tono de voz que empleó el azabache fue suficiente para devolver a Mikasa a la realidad, dando un respingo por la repentina interrupción de sus pensamientos. Al verlo, Mikasa volvió a sonrojarse descontroladamente: el mayor volvía a estar con el torso descubierto mostrando el fortalecido cuerpo que tenía, cubriéndose sólo a partir de la cadera. En sus manos llevaba la ropa que anteriormente traía puesta perfectamente doblada y por su cabello aún escurrían unas cuantas gotas. Mikasa soltó un suspiro antes de hablar.
- ¿Quieres que la ponga a lavar? Si te la pones así podrías enfermarte...
- A eso vine, mocosa. Tampoco puedo salir desnudo a la calle y ponerme a bailar para los vecinos, por más que la lluvia haya cesado.
Y era verdad. La terrible tormenta causante de todo aquello por fin se había disipado y un reluciente sol iluminaba el vecindario desde lo más alto. Mikasa se acercó al oji-azul y tomó las húmedas prendas que el azabache sostenía en sus manos, cuando un repentino roce en sus labios le aceleró el corazón; Levi la había besado tan rápido que apenas le dio tiempo a la azabache de reaccionar.
- Le-Levi...
- Tsk, es un beso de buenos días.
El azabache desvió la mirada aparentemente molesto por tener que dar una explicación de esas pequeñas muestras de afecto que de pronto traía consigo, simplemente quería hacerlo y ya. Mikasa le sonrió con ternura y depositó un beso en su mejilla, y a pesar de que seguía evitando su mirada, las mejillas de Levi de inmediato se tornaron de un color rosado.
- Buenos días, amargadito.
Levi rodó los ojos en respuesta, provocando una risilla silenciosa en la azabache, quien se dirigió rápidamente al cuarto de lavado mientras el oji-azul recogía los trastes sucios de la mesa para lavarlos. Realmente parecían una pareja al realizar acciones de este tipo.
Después de unos minutos, ambos Ackerman se dirigieron hacia el living, donde comenzaron a discutir sobre qué harían si el padre de Mikasa los encontraba en esos momentos.
- Podrías decirle que soy un vagabundo que llegó a pedir refugio de la lluvia en tu casa y que tú muy amablemente me dejaste usar la ducha.
- Y se lo va a tragar así de fácil, ¿verdad?
- Tsk, entonces tú da una idea, mocosa.
El mayor se cruzó de brazos y se giró bruscamente sobre el sofá, provocando que la toalla que lo cubría se corriera un poco dejando que la imaginación de Mikasa se activara enseguida, causándole un nuevo y más colorido sonrojo. Levi, al no escuchar más que el silencio que los rodeaba, volvió a voltearse para encontrarse cara a cara con una Mikasa sonrojada.
- ¿Qué demonios te pasa? ¿Tienes fiebre?
Levi posó su mano sobre la frente de Mikasa y enseguida sobre sus mejillas, lo que no fue de mucha ayuda para la pelinegra ya que causó que el sonrojo que tenía sólo fuera en aumento, como si de fuego invadiendo su cuerpo se tratara. Negó frenéticamente con la cabeza como respuesta y se cubrió el rostro, para frustración del mayor.
- Tsk, mujeres.
Luego de varios minutos en silencio, que para ambos parecieron eternos, el timbre de la máquina secadora se hizo presente en los oídos de los Ackerman, y Levi se levantó veloz como un rayo para ir por su ropa.
- Me vestiré allá y vuelvo, no tardo.
La azabache sólo asintió apenada y vio cómo el mayor caminaba hacia el cuarto de lavado dándole la espalda. Justo en ese momento, unos golpes en la puerta de la entrada retumbaron en los oídos de Mikasa y el miedo volvió a hacerse presente en su interior. ¿Era su padre? Aunque era muy poco probable, ya que no sería necesario que tocara a la puerta cuando contaba con llaves. Entonces, ¿quién era?
Esperando lo peor, Mikasa se levantó del sillón y se encaminó hacia la puerta con la ansiedad carcomiéndola por dentro. Se asomó por la mirilla y se encontró nada más ni nada menos con unos grandes ojos color esmeralda.
¿Eren?
Su repentina visita la había tomado totalmente desprevenida, y no podía dejar que Eren descubriera que Levi estaba ahí, por lo que mantuvo la puerta cerrada y habló.
- ¿Qué haces aquí?
- Mikasa, quiero hablar contigo... ¿Puedo pasar?
- ¿No podías esperar a mañana en la escuela?
- Ni siquiera me dejas acercarme, por eso decidí venir acá...
La voz de Eren parecía quebrada, y aquello a Mikasa le dio un vuelco el corazón; a pesar de todo, el chico castaño era su amigo y se preocuparía siempre por él. Dejando salir un suspiro, la pelinegra abrió la puerta y Eren rápidamente entró, abrazándola con fuerza.
- Eren... ¿qué tienes?
- Gracias, pensé que te negarías...
El agarre del castaño se hizo más fuerte, y Mikasa se sintió un tanto incómoda por la sensación; semanas atrás, aquel abrazo habría significado el mundo para ella.
Pero ahora...
- Eren, basta. Sólo te dejé pasar porque me preocupa que algo te haya pasado-
- Tienes que escucharme, Mikasa...
- Lo hago, pero cálmate...
La desesperación en el tono de voz de Eren fue el detonante para que Mikasa lo llevara al sillón para recargarlo y que se relajara un poco. El castaño, sonrojándose en cuanto sintió las manos de su ex novia sobre sus hombros, bajó la mirada y se concentró en tranquilizar los temblores que eran causados por sus nervios.
- ¿Puedes decirme qué es lo que pasa?
- ...
Eren se armó de valor y miró a los ojos grises de Mikasa. Casi había olvidado la sensación que le causaban esos orbes brillantes, y antes de pronunciar palabra, tragó saliva y sostuvo los hombros de la chica para evitar que se alejara en cuanto dijera lo que debía decirle.
- Mikasa, te necesito de vuelta en mi vida.
- ...
La azabache ya se lo esperaba, desde aquel día Eren no había dejado de insistirle en volver, pero ya era demasiado tarde para ellos dos. Mikasa negó con la cabeza y cerró los ojos en modo de irritación.
- Eren-
Pero antes de que pudiera decir más, el castaño aprovechó que la chica había cerrado los ojos para acercar su rostro al de ella y apoderarse de sus carnosos labios con desesperación, haciendo que Mikasa abriera los ojos como platos y tratara de alejarse, acción que fue impedida por el fuerte agarre del castaño en sus hombros.
Mikasa no sabía qué hacer, estaba atrapada en ese beso y ya ni siquiera sentía lo mismo que hacía meses cuando se besaban; al contrario, sentía ira y una frustración enorme por no saber cómo separarse de él. Pero no duró mucho.
Un portazo estalló en aquella casa y retumbó en los oídos de los chicos, haciendo que se separaran. El corazón de Mikasa dio un vuelco, y su rostro palideció al caer en cuenta de que no estaban solos en esa residencia.
Eren miraba con extrañeza a la azabache y a la vez con temor, debido al salto que le hizo dar el sonido del portazo. Al notar cómo Mikasa temblaba, su temor aumentó.
- Oye, Mikasa... ¿qué pasa?
- Eren... te voy a pedir que te vayas.
- ¿Cómo dices...?
Ya no había vuelta atrás, no podía seguir con Eren, pero tampoco podía salir en esos momentos a buscar a Levi o el castaño los descubriría. Tenía que deshacerse de Eren a toda costa en esos momentos.
- Quiero que te vayas. No sé porqué viniste aquí si sabías que no iba a ceder.
El castaño suspiró con pesadez y asintió, resignado. Se levantó del sillón y se dirigió a la puerta de entrada, no sin antes despedirse de Mikasa con una última oración.
- Tengo la esperanza de que algún día me aceptes de nuevo.
Y sin más, Eren salió de la casa y desapareció de su vista. Mikasa ni siquiera esperó a que el castaño estuviera lo suficientemente lejos para ir en búsqueda del enano azabache.
- ¿Levi?
Buscó por toda la cuadra, pero para su mala suerte el azabache llegó en auto a aquel lugar y lo más seguro era que ya se encontraba muy lejos de ahí.
