Disclaimer: Obviamente, todos los personajes –excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado

A/N: "Oh, Blanca Navidad..."

Una vez más, muchísimas gracias a tods aquells lectores que van a apuntando esta historia entre sus alertas o sus listas de favoritos. De verdad que cada nueva suscripción me provoca una sonrisa.

Y en cuanto a los comentarios, ya sabéis que seguiré publicando capítulos aunque no lleguemos a los diez por cada uno, pero he de deciros que jamás pensé que fuéramos a llegar a los 100 antes de que acabe el año. Y si se cumplen las promesas que he recibido, casi casi llegaríamos antes de Navidad. ¡Papá Noel me traería la impensable cantidad! Estoy encantada con tods vosotrs, y espero no decepcionaros.


Capítulo Veinticinco: "Callejón Sin Salida"

Pv Bella

Llevaba un buen rato sumergida cuando Alec llegó al callejón donde había dejado tendida mi trampa. La conversación de teléfono que mantenía con Claudia no dejaba lugar a dudas de que era él, y me llegaba en un susurro.

- ¿Dónde estás?

- A unas seis calles del hotel, y parece que se la ha tragado la tierra… Espera, hay una puerta abierta… Y aquí una escalera, voy a subir…

- ¡Maldito seas, Alec! ¡Eres un inútil! –insultaba ella.

- Me parece que estás olvidando Claudia, ¡que yo soy tu superior!

- De nada te va a servir tu rango cuando Aro nos arranque la cabeza a ambos por perder a nuestra rehén. –mascullaba Claudia, perceptiblemente indignada.

- ¿Nuestra rehén? – escupió entonces él.- ¡Ella es tu misión! ¡Tú eres la mía! Era TU trabajo haber visto que TU rehén había recuperado la cordura ¡antes de que escapara!

Perfecto. Ya estaba más que claro. Yo era la rehén que había huido, ése no era mi sitio. Ellos no eran mis amigos, y ni mucho menos mi familia. Rehén, dícese de la persona –en este caso vampira-, retenida por alguien como garantía para obligar a un tercero a cumplir determinadas condiciones.

- No puedo volver a Volterra sin ella…

- ¿Te diste cuenta de lo que hizo? Ya no está bajo tu influencia…

- Pero dudo que sepa quién es. En eso he sido muy cuidadosa…

- Sí… tanto como para que decidiera de buenas a primeras proteger a Edward, ¿verdad?- provocó él.

¡También ellos lo sabían! Mi ángel del rostro perfecto, a quien acababa de proteger era Edward, él era el que podría decirme qué estaba ocurriendo.

- Ése es el motivo de que haya huido. Sabe que no debió hacerlo. Sí, he dado por hecha mi influencia sobre ella, cuando de algún modo, ella debía estar atando cabos…- protestó Claudia.

- No hay nadie en esta azotea… ¡Maldita sea! ¿Qué hacemos ahora?- inquirió Alec. Había caído en mi trampa. Yo les escuchaba completamente en silencio desde mi escondite, mientras ellos podían empezar a pensar que me había escapado por los tejados.

- Yo la buscaré, Alec, debajo de cada piedra. Ni siquiera tiene dinero, no puede ir muy lejos.- apuntó Claudia con puro veneno en sus labios – Tú rastrea a los Cullen, y si intenta reunirse con ellos, captúrala y avísame inmediatamente.

Abrí los ojos de par en par. Tuve que hacer un titánico esfuerzo para no delatar mi posición, con la urgente necesidad que sentí en ese preciso instante de dejar que todo mi cuerpo temblara incontrolablemente, de chillar, gemir y sollozar.

Cullen. Edward. Edward Cullen.

Edward Cullen, el vampiro cuyo nombre hacía que todo mi cuerpo se estremeciera anhelante sin pedir permiso. El vampiro de ojos dorados y cabellos color bronce impecablemente despeinados. El del rostro de facciones perfectas y sonrisa deslumbrante. El dueño de la voz de terciopelo, el que me había abrazado en aquella visión durante el entrenamiento. El que me había visto cazar aquel puma. El que olía a miel, lilas y luz del sol…

Era él con quien yo debía estar, no en una alcantarilla, sumergida en aguas residuales, oyendo a las ratas campar a sus anchas a mi alrededor.

Claudia tenía razón. Yo aún no sabía ni mi nombre, no tenía más ropa, y no tenía dinero, ni un lugar adonde ir. Al menos no uno localizado.

Sentía que mi sitio estaba junto a Edward, pero ¿cómo iba a encontrarle, sin que Claudia o Alec me interceptaran? Mi escudo no me hacía invisible, sólo ocultaba mi olor y me protegía de amenazas externas.

Me quedaría allí por el momento, hasta que se me ocurriera alguna buena idea, alguna muy buena idea en la que no llamaría la atención por ir oliendo a inmundicia. ¡Agh! La sola idea de recordar dónde estaba y la insalubridad de las aguas que enmascaraban mi aroma de vampiro me provocaban nauseas tan desagradables, que saqué la cabeza a la superficie, rogando por que Alec ya se hubiera ido, y Claudia estuviera muy lejos. Necesitaba respirar, me ahogaba sólo de pensar lo ciega que había estado hasta la entrevista con Martín, cómo había dejado que Claudia me manipulara día y noche.

Pero cuando quise respirar, creí morir. Sí, el olor era tan penetrante, que las convulsiones estomacales fueron inevitables, y supliqué de nuevo que estuvieran lo suficientemente lejos como para no oírme vomitar y gemir.

Me sentía brutalmente desamparada, y el desánimo amenazaba por hacer presa en mí. Me pellizqué el puente de la nariz, y me senté acurrucada al borde del canal, cerrando los ojos.

Pv Alice

Después de haberle abofeteado la otra noche, había vuelto a escaparse. Parecía totalmente incapaz de usar el raciocinio ahora que estábamos tan cerca de recuperar a Bella.

No escatimé improperios en mis pensamientos mientras nos dirigíamos al hotel.

- Alec conoce nuestro gusto por la comodidad, localizará rápidamente las reservas del Hilton. De modo que tendremos que renunciar a nuestras preferencias, y trasladarnos a algún hotel impensable para nuestras costumbres, aún cerca del Crowne. Hay al menos cinco por la zona. Cogeremos habitaciones simples, nada de suites.- dije en voz alta, mientras pensaba – Si por habitaciones simples en un hotelucho entendemos un resort de cinco estrellas en primera línea de playa, en la otra punta de la ciudad, claro. Edward, Alec podría estar ya escuchándonos, y a partir de ahora, diré una cosa y haré otra. Así que te conviene no separarte de mí.

Por toda respuesta, Edward frunció el ceño y asintió. La verdad, el hecho de que obviaran nuestra posibilidad de comunicarnos sin hablar me decepcionaba. Aunque las cosas no iban a ser tan fáciles.

Alargué inmediatamente la mano para coger el móvil de Edward y éste se tensó al leer mi visión.

- ¡Jazz! – respondí cuando descolgó.

- Verás, ahora no puedo hablar, cielo – jadeó él. La carrera ya había comenzado.

- Sé que no puedes acercarte, cariño – lamenté.- No dejéis que os mire a los ojos, y mucho menos aún que os toque…

- Alice, estábamos en la azotea, Bella reaccionó…- anunció de repente.

- ¿La viste?- inquirí atónita.

- Tan claro como en Lisboa, amor mío. Dile a Kate que Garret está bien y que cuidaré de él.

Y colgó. Claudia se había topado con su aroma y los estaba persiguiendo, y ahora no iba a parar. Jazz acababa de insinuar que habían visto a Bella huir.

- Edward ¿qué ha querido decir? ¿Qué es eso de que Bella reaccionó?- interrogué.

- Sabe quién soy, Alice.- me respondió él ilusionado.- Cuando me vio acarició la alianza en su mano…

- Y cuando nos vio en peligro, nos cubrió con su escudo. Alec nos había alcanzado y yo quedé ciega mientras aceleraba la moto. Grité horrorizada, y al momento, su escudo me envolvió hasta que salimos del radio de acción de Alec.- añadió Kate.

- ¿Os protegió cuando te oyó gritar?- volví a preguntar, sintiendo que mi corazón quería salirse de mi pecho.

- Grité el nombre de Edward –confesó Kate entonces.

- Yo había leído el ataque en la mente de Alec, había quedado sordo antes de que ella perdiera la visión, y noté el escudo de Bella inmediatamente, cubriéndonos. Lo que no sabía, era que Kate había gritado mi nombre.- explicó Edward, fascinado.

- ¿Vería Jazz todo?- pregunté, y volví a pensar - ¿A qué ha venido mencionar Lisboa? ¿Lo ví tan claro como en Lisboa? ¿Sabe Jazz dónde se ha escondido Bella?

- Jazz pudo sentir las reacciones de Bella.- contestó Edward.

- ¿Por qué ha dicho eso de Lisboa?- cuestionó Kate. Iba a ser muy difícil comunicar la realidad a mi prima, si no llegábamos al hotel pronto.

- Los tres estuvimos en Lisboa, y tuvimos la misma sensación de que nos quedábamos sin pistas – mintió Edward, guiñándole un ojo a la vez. – Lisboa…

Lisboa. En Lisboa habían ocurrido muchas cosas. Habíamos conseguido el vídeo del alquiler de coches, había desesperado a los asistentes de vuelo de aquella compañía para que Edward y Jasper pudieran escabullirse a la bodega de equipajes, habíamos tropezado con la pista de Albi… En Lisboa, Jazz y yo habíamos hecho el amor sobre aquella mullida cama, recordaba ensortijar mis manos entre su cabello aún mojado de la reciente ducha…

- ¡Eso es, Alice!- me interrumpió Edward.

- ¡Edward! ¿No sabes lo que es la intimi…? ¡Oh, por Dios, Edward!- exclamé, al verle colarse en una alcantarilla, de noche. Ratas, Jasper había cazado una docena de ratas y las había soltado por el aeropuerto para que Edward y yo pirateáramos las cámaras de seguridad… Por eso se había duchado… Ahora suponíamos que Bella se había rodeado de unas cuantas más para enmascarar su aroma sin usar su escudo, y reservar fuerzas para escapar.

- Necesitamos un mapa.- afirmó él.

Ya había tomado la decisión de bajar a por ella, y mi siguiente visión me inundó de calor. Deseaba fervientemente que se cumpliera.

Estábamos a un paso de conseguirlo. Solamente había que trazar un plan eficaz, que iba a incluir una buena ducha de agua caliente, sales de baño, y champú de fresas, y eso sólo para empezar.

- Esta vez no te lo voy a discutir…- rió Edward sacándome de mis elucubraciones.

Le asesté un codazo juguetón, sabiendo que había leído mi plan de choque contra el nauseabundo olor bajo el que había decidido ocultarse Bella.

A nuestra llegada al hotel, mientras Edward se duchaba, ésta vez sí, yo me conecté a internet, no sin antes abrir un documento de texto y poner a Kate al corriente de lo que no habíamos dicho.

- Estaba empezando a comprender a Emmett.- se quejó ella.

A decir verdad, aún no había tenido ninguna visión que me indicara que Alec estaba cerca de localizarnos. Pero claro, eso quizá se debía a que yo había tomado ya la decisión de no verbalizar nada que pudiera darle pistas, si nos localizaba, de cuáles eran nuestros planes, por lo que no iba a arriesgarme.

- Pero…- escribía Kate – Dejar solos a Jasper y a Garret, ¿no es darles ventaja por la ley "Divide y vencerás"? Jazz es un soldado de estrategia, y Garret pura fuerza bruta… es como si nos dejaran sin defensas…

- ¿Y yo qué soy? –protesté, contestándola del mismo modo.- En realidad, son ellos los vulnerables. Yo puedo ver nuestro futuro y el de Alec y Claudia, siempre que vayan juntos y Edward puede leerles la mente a todos ellos, incluida Bella si ha desactivado el escudo. Nadie puede acercarse a nosotros sin que lo sepamos con antelación, y tú puedes freír cualquier amenaza en una lluvia de voltios. ¿De verdad crees que estamos en desventaja?

- OK.- fue su escueta respuesta.

- El verdadero contratiempo está en el escondite de Bella –seguí escribiendo-. Sólo podemos intentar guiarla hasta un punto seguro para que no llame la atención al emerger oliendo a mil demonios, o esperar hasta la noche para asegurarnos de que nadie nos vea. Pero eso sólo significaría que entonces, los únicos que estaríamos moviéndonos por la ciudad seríamos nosotros y nuestros perseguidores. Así que es como un callejón sin salida. Está segura mientras a Claudia no se le ocurra explorar bajo tierra. Y ¿cómo nos podríamos comunicar con ella sin despertar sospechas sobre su escondite? Si Alec nos pilla bajando a las alcantarillas, Bella estaría perdida. No sabemos en qué punto ha desaparecido, y no hay cuatro túneles… El éxito entonces estaría en encontrarla antes que ellos, y el enfrentamiento sería prácticamente inevitable…

Estaba explicándole mis elucubraciones a Kate cuando acudió a mi mente una imagen borrosa de Bella, completamente empapada, recogiendo algo que flotaba en las aguas… ¿una botella?

- Quizá funcionara, Edward, pero ¿cómo piensas hacer llegar la botella al sitio exacto?

- Primero déjame ver eso, Alice.- contestó mi hermano, abandonando el baño descalzo enfundado en unos vaqueros y un jersey de algodón fino.

Situé el mapa en la pantalla y localicé el punto en que estaba el Crowne, y el Resort. Desconocíamos el punto exacto en el que habían perdido a Bella, pero había pocos accesos al circuito de túneles de alcantarillado cercanos a esa zona.

- Has visto una botella con una copia de este mapa en su interior.- escribió Edward en la pantalla.

- ¿Y qué señalarías en ese mapa, Edward? ¿Cómo sabremos desde dónde dejar caer la botella para que Bella la encuentre cuanto antes? A menos que haya decidido buscar una salida que no implique subir a la superficie, no podemos asegurar que vaya a encontrarla… Seguramente, ni siquiera ella sabe dónde se encuentra…- rebatí yo.

No estaba tratando de poner pegas, en absoluto. El ceño fruncido de mi hermano me hacía sentir como la mala de la historia, cuando yo lo quería era que no hubiera ningún cabo suelto en el plan. Ni el más mínimo.

- Tienes razón, Alice. Una única botella no es suficiente. ¿Y si escogemos sitios concretos de la ciudad, los marcamos en cada copia, y señalamos una única ruta hacia un punto de encuentro?- corrigió Edward.

- Ninguno de los dos puede distribuir esas botellas por la ciudad, excepto yo.- entró Kate a la conversación.- Alec sólo me vio hace quince años. Tanto él como Claudia han visto que una mujer te recogía en moto, pero el casco hace imposible que me reconocieran. Yo puedo escabullirme y repartir las botellas.

- No lo sé, Kate, es arriesgado. Estás diciendo que tienes que ir sola…- protestó Edward de inmediato.

- He demostrado que puedo pensar rápido, Edward. Ya me he escapado de Claudia una vez. Alice puede vigilar. Y si hay peligro, abortaré la misión.- discutió mi prima.

Asentí hacia Edward, y éste frunció el ceño ligeramente.

- No estoy del todo conforme. Pero si crees que puede funcionar, adelante. Ahora tenemos que conseguir las copias del mapa y las botellas.- contestó poco después.

Las botellas no eran problema alguno. Bajo mi estricta supervisión, Kate y yo bajamos hasta los contenedores y encontramos una inusual concentración de botellines de cerveza. Ya habíamos llenado la mochila, cuando un revuelo de voces jóvenes me sugirió una visita rápida a la piscina.

- ¿A qué hora tenemos que levantarnos mañana para reunirnos con el guía?- oímos preguntar a una chica de unos dieciocho años a su grupo de amigos, reunidos al lado de la piscina, disfrutando de más cervezas.

- A las nueve tenemos que estar en el hall… Personalmente, lo único que me interesa es el Jardín Botánico, pero dicen que el Mercado Ver-o-Peso es la mayor atracción que tiene este sitio. Mira…- contestó uno de los amigos, sacando un folio.- Es este punto de aquí…

Miré a Kate sonriendo de oreja a oreja. Acto seguido, los chicos parecieron decidir que era hora de retirarse, y abandonaron la piscina dejando algunos botellines… y el misterioso folio, que se debía haber escurrido debajo de una tumbona. Me acerqué velozmente a por él antes de que lo echaran de menos, y me llevé también las botellas. Así si volvían a por él, pensarían que alguien había limpiado.

- Está hecho…- comencé a escribir en la pantalla, bajo la atenta mirada de Edward.- Este folio es el mapa de un tour organizado que unos adolescentes pudientes están realizando por la ciudad. Kate puede confundirse entre ellos y dejar caer un mapa en cada una de las paradas del tour…

Edward cogió el folio entre sus manos y una leve sonrisa apareció entre sus labios.

- Funcionará, Edward. Mañana será un día nublado. Estarán con resaca y ni siquiera se molestarán en preguntarle el nombre… Guiaremos a Bella hasta aquí – dije, señalando un punto a varias calles del resort-. Bajarás a recogerla y nosotras vigilaremos en todo momento, preparadas para actuar si Claudia o Alec aparecen.


Bueno, quedó más corto que los últimos, pero espero que os haya gustado. ¿Creéis que funcionará el plan? ¿Qué hará Bella? ¿Se quedará en su escondite o explorará las alcantarillas?