Gracias de nuevo por estar ahi :D pasais un buen verano? Aquí hace un calor insoportable. Por eso pienso en nieve.
o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o.o
La nieve fue dando paso al hielo y a la lluvia helada, casi no les quedaba comida, habían pasado dos meses allí y decidieron que ya era hora de ponerse en marcha.
Esa noche Blue se quedó mirando el techo, los rayos de la luna se colaban por los tablones de una ventana, marcaban las rendijas del suelo.
-Hablame de ti Max, de tu familia -susurró. Centrarse en ella le daría un respiro, se había vuelto taciturna, no solía ir en busca de conversación, lo que le daba mucho tiempo para pensar, para echar de menos. Su amiga se removió al lado del bebe que dormía.
-Ya te conté que acabé en el psiquiátrico con mi hermano Noah, a el lo echaron. Vivíamos en Auburn con mis abuelos. Cuando todo esto comenzó nos metimos todos en el coche, mi abuelo quería coger un vuelo a Europa, pero nunca llegamos al aeropuerto -su voz sonaba distante, podía ver las escenas en su cabeza como una película- al final solo quedamos nosotros. Espero que Noah siga vivo.
Blue alargó el brazo y cogió su mano. No quería decirle nada que pudiera ser malinterpretado, solo quería hacerle ver que estaban en ese barco juntas. Se quedó un buen rato pensando como sería su hermano.
Lo volvieron a cargar todo en su vehículo y salieron a la carretera de nuevo.
Apenas llevaban media hora de trayecto cuando le vieron, el mismo hombre parado en medio de la carretera con un coche a su lado.
-¿Puedes dejar de espiarnos? -preguntó Kai al bajar la ventanilla, Max lo estaba apuntando con la pistola en el otro asiento, sujetando bien a Lucky.
Aaron solo sonrió y levantó las manos. Llevaba ropa limpia y su coche parecía nuevo.
La chica se bajó de la furgoneta cansada de aquello.
-¿Cual es la trampa? -preguntó- ¿Vais a matarnos para quedaros con el niño? ¿Violarnos?
-Madre mía si que lo habéis pasado mal... -suspiró tristemente, por extraño que le parecía sus ojos no mentían, le daba bastante seguridad- escucha ya se que suena demasiado bueno para ser verdad, pero hay más comunidades de gente que coopera y sobreviven todos juntos, dame una oportunidad, os llevaré a la puerta, miráis desde fuera si os gusta entráis, sino sois libres de iros.
-¿Una trampa para hacernos entrar? -preguntó Max desde el coche.
-Os doy mi palabra de que si algo os pasa dentro de esos muros podréis matarme.
Ambas chicas se miraron, llevaban tantos meses a la fuga que parecían animales salvajes, necesitaban un respiro.
-Nos llevas solo hasta la puerta -accedió Kai volviendo al coche. El hombre pareció más relajado, sonrió de nuevo.
-La verdad es que parece inofensivo -declaró Max mientras lo seguían en el coche.
-También lo parecía Joseph -le recordó su amiga.
Pasaron más de una hora de camino por carreteras secundarias perdidas, pero extrañamente desiertas hasta llegar a una zona residencial, pasaron por una calle y al final vieron una gran verja de metal y un muro de chapa enorme.
Se detuvieron en la puerta despacio, había dos personas armadas que vigilaban desde arriba.
Al otro lado pudieron observar muchas casas blancas, todas del mismo tamaño, había patios, césped y limpieza.
Se bajaron del vehículo para ver mejor, entonces dos niños pasaron corriendo la carretera, tras los muros de aquel bastión, reían sin parar.
Aquello fue algo que jamás pensó que volvería a oír, las risas de un niño, un juego, algo más aparte de el horror.
Kai se quedó mirando a Aaron incrédula.
-Si, a mi también me costó al principio -sonrió- es Alexandria.
-¿Podemos verlo por dentro? -preguntó Max.
-No -aclaró Kai alerta- ya sabes como funciona esto, tu te quedas aquí y yo te doy una señal.
-Puedes entrar, pero deberás dejar todas las armas fuera -aconsejó el hombre, tenía el pelo rizado y los ojos verdes, la gente al otro lado de la verja la miraban con interés.
-Max si no te doy la señal da la vuelta y márchate -le tendió su arco, el rifle y el cuchillo. No recordaba sentirse tan expuesta.
Caminó junto al hombre como si la llevara a la guillotina, miraba todas las caras a su alrededor como si fueran monstruos que la fueran a devorar.
Pasaron la valla, habían conseguido cercar varias calles sin huecos y la gente paseaba por allí como lo hacían en Woodsbury.
-Este es mi trabajo, vigilar gente, nómadas que hay por los alrededores y si son buenos y merecen estar aquí los traigo -señaló.
-¿Podremos entrar y salir cuando queramos? -preguntó.
-Sin restricciones.
De una de las casas salió una pareja, parecían jubilados, la mujer llevaba el pelo por los hombros castaño claro y el hombre era alto, con gafas.
-Ellos son los creadores de todo esto, Deanna y Reg, el es arquitecto y edificó este lugar.
-¿Una nueva integrante de la comunidad? -preguntó la mujer con una gran sonrisa.
-Eso espero.
-Me llamo Kailani -aclaró, suspiró y entonces se giró para levantar el brazo. Max dejó su pistola y cruzo el tramo que los separaba a paso ligero con Lucky en los brazos- Ella es Max y el Lucky.
Todos se quedaron asombrados ante el pequeño, que los miraba a todos muy sonriente.
-Hay que conseguirles una cuna -dijo la mujer con rapidez y eficiencia.
-Preguntaré a los Anderson -sonrió Reg echando a andar hacia una de las casas.
-Venid -dijo la mujer- os enseñaré vuestro nuevo hogar.
Todo parecía tan perfecto, tan sacado de un sueño que ambas estaban aterrorizadas. Las llevaron a una de las casas más cercanas a la puerta de salida. Era preciosa, tenía un porche de madera, al entrar vieron una cocina totalmente equipada, un salón y la escalera subía a los dormitorios.
-¿Cual es el truco? -preguntó Kai nerviosa en cuanto les enseñó que había electricidad y agua potable.
-No hay truco querida, solo necesitamos gente, para patrullar, para ayudar a Aaron, cuidar a los más mayores, lo que sepáis hacer.
-Kai a mi no me suena mal -murmuró Max cansada, el bebé empezaba a lloriquear por falta de un adecuado descanso.
-De acuerdo, dos contra uno es trampa -levantó ambas manos con una sonrisa.
La morena se llevó al niño a darle un buen baño mientras que ella salía a meter la furgoneta y entrar con sus cosas. Deanna la acompañó.
-Kailani, si no os parece mal me gustaría haceros unas entrevistas a cada una, documentar vuestra experiencia en el mundo -dijo la señora con un ademán tranquilo.
-De acuerdo -asintió tras una pausa- pero llámame Kai.
Tras un duro día de trabajo consiguió que todas sus cosas estuvieran colocadas en la casa, no compartirían habitación pero si dejaban las puertas abiertas podrían verse.
Su amiga bajó con ropa limpia y una toalla enroscada en la cabeza.
-Hacía tanto que no me daba una ducha con agua caliente -gimió sentándose en el sofá.
-Ahora me toca a mi -exclamó la pelirroja subiendo peldaños de dos en dos, les habían proporcionado un par de mudas de ropa limpia mientras lavaban la suya que prácticamente toda estaba muy manchada y sucia.
Entrar en el cuarto de baño fue casi como volver atrás, rozó los azulejos claros con los dedos, se desnudó deprisa y entró a la ducha, se miró las extremidades, parecía mucho más morena de lo que era debido a la capa de polvo que la cubría, se restregó la pastilla de jabón con fuerza, rascando con las uñas y se enjabonó el pelo tres veces hasta que lo notó de nuevo suelto y brillante, no se había dado cuenta de lo largo que lo llevaba.
Se detuvo en cortarse las uñas de las manos y de los pies, se lavó los dientes frotando durante más de cinco minutos e incluso se depiló al completo solo por el placer de sentirse suave.
Encontró varios botes de cremas y se lanzó a hidratar todo su cuerpo.
Nunca había sido una mujer vanidosa, pero ahora echaba de menos cosas tan simples como un buen acondicionador.
Después de ponerse unos pantalones de pijama a cuadros y una camiseta de propaganda bajó imitando a su amiga con una toalla envolviéndole la cabeza.
La chica estaba abrazándose las rodillas con los brazos, lloraba.
-Eh... ¿Que ocurre? -preguntó preocupada sentándose a su lado en el sofá.
-Es todo... todo es demasiado -Kai la entendía a la perfección, estaban abrumadas, después de haber pasado penurias encontrar aquel sitio había sido una bendición- ojalá Rachel hubiera aguantado un poco más.
Asintió, la rodeó con los brazos para darle un buen beso en la cabeza.
Aquella semana fue una locura, la gente las observaba como si fueran portadoras de alguna enfermedad. Les hicieron pasar un pequeño examen médico con una doctora regordeta y bastante jóven, Denise. Tras descartar enfermedades o mordeduras toda la comunidad empezó a interactuar con ellas.
Al principio no les mandaron tareas, pero conforme avanzó el mes ambas estaban empezando a pensar en aportar algo a la comunidad que les brindaba comida y refugio. Max se comprometió a cuidar a una pareja de ancianos al mismo tiempo que se quedaba con el bebé, mientras que ella se ofreció voluntaria para salir, vigilar, cualquier cosa que la mantuviera ocupada. En su mente ya empezaba de nuevo a formarse la idea de conseguir un coche con el deposito lleno y empezar de nuevo la búsqueda de su familia.
Estaba sentada en la estructura de madera tras el muro, por donde podían vigilar al exterior, era su primera guardia nocturna allí y de pronto empezó a pensar lo distinto que era todo de la prisión, echaba de menos la alta torre de hormigón, su cuchitril al lado del de Daryl. Se detuvo en seco conforme recordó su nombre, sus ojos la estaban mirando, no podía soportar pensar en el. Parpadeó varias veces para contener las lágrimas y tomó aire. No era el momento de mostrarse vulnerable.
-¿Te aburres? -preguntó alguien a su lado.
Blue levantó la cabeza, Aiden tenía las cejas levantadas. Era el hijo mayor de Deanna y Reg, encargado de la seguridad. Era un hombre alto y bastante en forma, de pelo oscuro y profundos ojos castaños. No le gustaba como la miraba, parecía que no tenía sentido del decoro, la miraba más tiempo del necesario.
Ignoró su comentario, puso la espalda recta mientras se sentaba en una silla plegable a su lado. La chica empezó a ajustar su asco, como hacía siempre que quería evadir conversación.
-Mi madre se ha empeñado en hacer mañana una reunión -rompió el silencio tras un buen rato callados- una pequeña fiesta de bienvenida. Haceos las sorprendidas.
-¿Porque me lo cuentas? -soltó contrariada.
-He notado que no te gustan demasiado las sorpresas. Saltas al oír un ruido medianamente fuerte, evitas pasar por ningún sitio donde alguien este dando martillazos.
-He notado que te pasas el día vigilándome.
-Vigilándote no -no le dio tiempo a verle la expresión, se levantó demasiado aprisa, pero al bajar la escalera parecía serio.
Blue se sonrojó sorprendida. No era tonta y tenía ojos en la cara. Aiden era ese tipo de hombre de barbilla cuadrada y perfectos modales que cualquier madre estaría encantada por tener de yerno, pero hasta ese momento no se había planteado que pudiera gustarle. La idea profundizó en su estómago como una serpiente. No estaba preparada para seguir adelante. Había pasado bastante tiempo, pero la sola idea de que pudieran estar por allí, que siguieran vivos la frenaba en seco.
-¿Y si el ha pasado página y esta por ahí con... otra? -preguntó por la mañana, no había podido dormir en toda la noche, ni cuando hubo llegado su relevo. Max la miraba con los ojos entrecerrados, la había puesto al tanto, bastante por encima, de su pasado mas cercano.
-El hecho de que te estés planteando que Aiden pueda querer algo contigo quiere decir que quizás tu si has pasado página -soltó con más madurez de la que tenía- y siento decirte que ahora mismo yo me aferraría al presente.
Blue se dejó caer sobre el sofá hecha un lio. Lucky emitía unos gorgoritos desde su carrito en la cocina, con un suspiro dejó que aquel pacifico sonido la relajara hasta la inconsciencia.
Despertó a tiempo para subir a ducharse e ir a la fiesta, no tenía ningún vestido que ponerse y recordó que Max había estado interesada en hacerle uno. Se acabó colocando unos vaqueros y una camisa oscura. Encontró la casa de Deanna llena de gente, incluso habían puesto música. Se servían aperitivos sobre una mesa, Max ya estaba allí bailando con el pequeño en los brazos.
-Si que es una fiesta -murmuró acercándose a ellos. La anfitriona hizo un brindis por su nueva incorporación y se sintió fuera de lugar, había demasiada gente.
Discretamente dejó su copa sobre una mesa y volvió a salir, se agarró a un escalón y se sentó, la cabeza le daba vueltas.
-¿Estas bien? -preguntó Aiden a su lado- ¿Quieres agua?
Le ofreció un vaso con hielo que se colocó sobre la piel de la frente para calmar la ansiedad.
-¿Como sabías que esta aquí? -preguntó con un hilo de voz.
-Pasaste a mi lado a toda prisa, no tenías buena cara -era lo bueno de hablar con el. Hacía una pregunta y le respondía con sinceridad, no tenía dobleces.
Blue suspiró algo más calmada, metió los dedos en el agua y sacó los cubitos para ponerlos en su nuca. El helor la despejó, suspiró al notar el agua fría resbalar por su espalda.
-Demasiada gente -soltó- demasiada... normalidad.
Los ojos castaños de su interlocutor la miraron, asintió despacio.
-Estuve en el ejercito, a punto de ser teniente. Entonces todo se torció -era la primera vez que lo veía abrirse a nadie, hablaba con todo el mundo como si fueran soldados- siempre he estado acostumbrado a estar rodeado de gente, y ahora este tipo de cosas me resultan...
-Insoportables -terminó por el. Era extraño ver como ambos sentían lo mismo.
La chica levantó la cabeza al sentir una corriente de aire fresco que casi la devolvió a la vida.
-No puedo imaginarme lo que Max y tu habéis pasado, pero aquí estáis a salvo.
Su mirada hizo que se estremeciera, lo decía totalmente convencido.
A partir de ese momento ambos se buscaban, la enseñó a apuntar con una pistola, no sería profesional, pero se defendía bastante bien, recargar deprisa, técnicas de entrenamiento del ejercito. Hablaban de los libros que habían leído, las películas que habían visto y conforme pasaba el tiempo más a gusto se sentía a su lado.
Era extraño, tenían bastante en común, ambos habían visitado el museo de arte de Seattle el mismo día, les gustaba la música indie y ambos aborrecían Moby Dick.
-¿Entonces? -preguntó interesada, se había quedado parado mirándola a mitad de una historia. Garraspeó nervioso al ver que estaban muy cerca y soltó algo parecido a una risita nasal.
-Se puso a dar vueltas con el culo al aire, iba muy borracho, se llevó tres balazos en cada nalga -Blue abrió mucho la boca, no sabia si reír o preocuparse- lo llevamos a la enfermería muy deprisa, pero se recuperó.
Solo entonces ella rió con ganas, más relajada de lo que había estado en meses. Era extraño, pero había echado de menos una conversación normal, con alguien simplemente por el hecho de divertirse.
