De orgullo, alcohol y confianza
Hermione era considerada una buena persona. Correcta, lógica, justa, amable y como todos sabían, inteligente. Pero ella también era orgullosa, muy orgullosa. Esta característica la llevó a tomar algunas decisiones drásticas en su vida, como cuando a los cinco años no quería aceptar que no sabía atarse los zapatos, así que usó zapatos con hebillas o con velcro hasta que llegó a la edad en que aprendió a hacer nudos o cuando a los siete años, en la escuela muggle, decidió que no saldría al patio para no enfrentar su miedo a los balones de football.
Cuando entró a Hogwarts su orgullo trajo consecuencias más radicales que cambiar sus zapatos o alejarse de un patio. En su primer año no quiso admitir frente a sus profesores que no tenía amigos, así que dijo que ella había querido enfrentar a un Troll de las Montañas. Y si eso no parece algo extremo, a los quince años no soportó que Ron Weasley no la invitara al baile de Navidad, así que aceptó ir con Viktor Krum, quien a pesar de ser una gran persona que terminó siendo su primer novio, no tenía absolutamente nada en común con ella.
Ahora, con diecinueve años, Hermione sentía que su orgullo estaba dañado otra vez. Remus Lupin le había dicho que debían terminar lo que tenían. Le habló de supuestos problemas que ella tenía, de algo que Ginny le había contado y sobre la nueva casa de Harry. No le importaba las escusas que él le había dicho, siempre supo que en algún momento Remus-soy-demasiado-poco-para-cualquiera-Lupin iba a terminar lo que tenían, era cuestión de tiempo. Lo que si le había importado y lo que había dañado su orgullo, era esa mirada de lástima que el hombre lobo había tenido sobre ella.
No podía soportar que alguien sintiera lástima por ella.
¿Quién era Remus Lupin para sentir compasión por ella? No había sobrevivido a siete años de guerra para que ahora alguien no quisiera acostarse con ella por lástima. Pero no iba a reclamar ni rogar, su orgullo no se lo permitía, iba a mantener la frente en alto, como lo hizo en su oficina, porque sabía que sin importar si las razones de Remus eran incorrectas, ella no tenía ningún derecho de exigir landa.
Y es que sus razones si que eran incorrectas. Él había dicho que ella no se beneficiaba de lo que ocurría y Hermione sabía que no era verdad, ella si se beneficiaba y mucho. No solo dejaba de pensar en sus problemas cuando estaba con Remus, sino que había aprendido bastante, no porque Remus fuera un profesor sexual, porque no lo era. Pero sentía que en ese mes había logrado conocer más sobre su cuerpo, sus gustos, sobre lo que pensaba y sobre qué era estar con alguien aunque no hubiesen sentimientos románticos.
Ella no era virgen cuando estuvo con Remus, su primera vez había sido con Ron y obviamente lo habían hecho más de una vez, pero era distinto, porque aunque ella disfrutó haber estado con Ron, Remus le hacía sentir confiada con su cuerpo, con sus marcas, con todo lo malo en ella. También era distinto porque había estado con Ron enamorada, lo hizo por amor, en cambio con Remus era por placer.
Nada más que placer.
Podía ir a hablar con él, explicarle que en verdad era ella la que estaba utilizándolo por placer, mientras que él lo hacía por necesidades biológicas, pero no podía, porque seguía siendo demasiado orgullosa para rogarle a alguien cualquier cosa.
No podía depender, no, no, no.
- ¿Hermione? - preguntó Ginny sacándola de sus pensamiento - ¿Estás bien? Te he estado hablando de los planes para mi fin de semana libre de las Arpías y creo que no me estás prestando atención.
- Lo siento, Ginny, aun no despierto del todo - mintió Hermione volviendo a enfocarse en su desayuno - ¿Qué me decías?
- Que si vas a dejar de lado tus estudios el domingo para ver a tu mejor amigo en las Tres Escobas - sonrió Ginny - debemos aprovechar que no tendré entremiento este fin de semana y que Harry puede venir a vernos.
- Ginny, por más que quiera ver a Harry, no quiero estar entre ustedes dos - se quejó Hermione recién notando que Ginny ya iba por su segunda ronda de huevos revueltos - ¿Hay un gen Weasley para comer una tonelada de comida y no engordar?
- No cambies el tema, Hermione - se quejó Ginny - extraño pasar tiempo contigo y Harry se muere por verte.
- Si, pero es San Valentín, ustedes deberían pasar tiempo entre ustedes - insistió Hermione - ¿No quieres estar a solas con Harry?
- Para eso está el sábado - contestó la pelirroja colocando más huevo en sus tostadas.
- Pero no tenemos permitido salir el sábado - Hermione notó la mirada picara de Ginny y entendió a lo que se refería - Vas a escaparte el sábado para ver a Harry ¿verdad?, ¡Oh, Ginny! Sabes que quiero que pases tiempo con Harry, pero no quiero que te metas en problemas, le dije a tu madre que te cuidaría.
- No seas cínica, Hermione, tú has estado saliendo del castillo todo este mes - se burló Ginny y Hermione empalideció al darse cuenta lo hipócrita que había sido - con Harry creemos que es lo mejor que podemos hacer, todos los periodistas esperarán que salgamos juntos el domingo y no nos dejaran tranquilos - Ginny se acercó a su amiga para asegurarse de que nadie los escuchaba - saldré en la mañana y volveré antes del toque de queda, vamos a ir a Londres muggle para que nadie nos siga, nunca he ido sin mi familia a Londres muggle.
Hermione sonrió al ver a su amiga sonrojada. Ginny nunca tenía tiempo a solas con Harry, no era que las vacaciones en la madriguera fueran sinónimo de privacidad, además que no importaba si Harry fuese el niño que vivió, Ginny seguía siendo la hermana de cinco pelirrojos que vigilaban en cada momento donde estaban las manos de Harry.
- Solo espero que sean cuidadosos - sonrió Hermione - pero sigo sin querer interrumpirlos el domingo.
- Hermione, Luna también estará - insistió Ginny rodando los ojos - así que no tienes excusa.
- Entonces si - aceptó Hermione con una sonrisa - hubieses comenzado que Luna estaría allí. Ahora termina eso, tenemos clases.
- Hablando de clases, ¿Sabes dónde está Remus? - preguntó Ginny.
- ¿Por qué me preguntas? - saltó Hermione algo paranoica.
- No está en la mesa de profesores - respondió Ginny sin hacer hincapié en la reacción de su amiga.
Hermione dejó de escuchar a la pelirroja y miró por primera vez la mesa del fondo. Desde que llegó había evitado mirar para allá, no quería ver a Remus Lupin, pero ahora veía el puesto vació de su profesor y se preocupó.
- ¿Le habrá pasado algo a Teddy? - sugirió Ginny asustándose.
- No es como si nunca ha faltado a alguna comida - le tranquilizó Hermione aunque preguntándose por qué faltaría un día lejano a la luna llena - lo verás a las once, tenemos defensa a la segunda hora, Ginny, de seguro simplemente se saltó el desayuno.
Ginny tenía Adivinación, mientras ella tenía Aritmancia, pero su cabeza no pudo seguir el ritmo de la teoría que Septima Vector explicaba, estaba enfocada en generar innumerables teorías de por qué Remus Lupin no había ido a desayunar. Era normal que Remus no fuera a cenar, pero nunca había faltado a los desayunos, excepto cuando se recuperaba de sus transformaciones.
Cuando terminó la clase, Hemione se repitió que Remus podía haberse quedado dormido o simplemente tener que ir al Ministerio por algún trámite e insistió en que no era de su incumbencia las razones por las que él se saltaba una comida en el Gran Comedor.
Salió de la clase y se encontró con Ginny antes de entrar a la sala de defensa y se sorprendió al ver a Remus Lupin en su escritorio, con unas ojeras prominentes y unos cuantos arañazos visibles en el cuello. Parecía como si hubiese estado en una pelea callejera.
Quizá si le había pasado algo.
- Buenos días, alumnos, hoy habrá una actividad práctica - anunció el profesor cuando todos los alumnos habían llegado - Hay veintitrés objetos con magia oscura en Hogwarts y tienen hasta el fin de la clase para rastrear, identificar y eliminar la magia oscura de los objetos. Es un trabajo individual y los esperaré aquí para que traigan los objetos. Solo para hacer esto más interesante decidí que por cada objeto que traigan se les recompensarán con veinte puntos para sus casas - los alumnos sonaban entusiasmados con la nueva tarea y los puntos que podían ganar para sus casas - El tiempo comienza ¡ahora!
Todos los alumnos comenzaron a levantarse y salir del aula con sus varitas levantadas. Hermione, por otro lado, se quedó quieta.
- Hermione - la llamó Ginny casi saliendo de la sala - ¿no vienes?
- No debemos trabajar juntas, no se permiten los trabajos en pareja - le dijo Hermione aun sentada - saldré en seguida.
Ginny levantó los hombros y sonrió antes de irse de la sala. Hermione esperó a que un alumno que se había demorado en guardar sus cosas saliera por la puerta para dirigirse al escritorio donde Remus corregía pergaminos sin darse cuenta que no estaba solo en la sala.
- ¿Qué ocurrió, Remus? - preguntó la chica haciendo que el hombre levantase la cabeza.
- Hermione, tienen dos horas de trabajo en el castillo - repitió Remus notablemente cansado - aunque no encuentren objetos deberán hacer un trabajo sobre que técnicas utilizaron, así que deberías ir a trabajar.
- No iré hasta que me digas qué ocurrió - insistió la chica aun con un tono calmado, acercándose a su profesor - Ayer en la cena estabas bien, ahora luces como si hubieses estado en una pelea y no estamos cerca de la luna llena. Solo te he visto así cuando volvías de las misiones de la Orden.
- Y como en esos tiempo, no tienes por qué saber - le respondió Remus en un modo gentil - estoy bien, ahora creo que deberías empezar con la búsqueda de objetos.
- ¿No me puedo preocupar? - insistió Hermione sin ocultar el tono angustia.
- No tienes por qué preocuparte - le sonrió Remus - estoy bien, Hermione.
Hermione frunció el ceño y se quedó mirándolo. Los arañazos del cuello eran acompañados por leves moretones. Miró a un lado, buscando algo que explicara lo que había pasado y no demoró en enfocar su vista en la capa de viaje apoyada en un lado del escritorio. Antes de que Remus pudiera evitarlo, la chica se acercó y la tomó sin importarle lo descortés que podía ser. No tuvo que acercarse mucho a la prenda para sentir el olor a alcohol, humo de cigarro y tierra.
Remus se maldijo por haber no haber desaparecido la capa de viaje. Cuando había llegado esa mañana fue directo a su sala de clases para preparar la clase de los de primero y luego fue a cambiarse y tomar una poción recuperativa, olvidando su capa ahí.
- ¿Alcohol? - murmuró Hermione sacando conclusiones apresuradas - ¿En serio, Remus, de nuevo? No me digas que esto es una estúpida pelea en un bar, porque esta vez si que...
- ¡Hermione Granger, ¿A qué te refieres al decir "de nuevo"?, no voy a permitir que insinúes algo así - le retó Remus mirándola con severidad, levantándose de su asiento y moviendo su varita para hacer desaparecer su capa de viaje - ahora vuelve a tu trabajo si no quieres que te quite puntos o imponga un castigo.
- Esta bien, Remus, iré a trabajar - contestó Hermione con firmeza dando la vuelta al escritorio y poniéndose cara a cara a su profesor, sin miedo - pero antes debo decirte, no como alumna, sino como alguien que te vio tirado en el piso de la madriguera, borracho después de la muerte de Sirius y como la persona que acompañó a Harry a cuidarte y sanarte después del funeral de Tonks que esta no es la forma de solucionar las cosas.
Remus tenía sus manos a sus lados, inmóviles, mientras Hermione lo abrazaba con fuerza. Estaba aturdido con el abrazo y con la información. No sabía que Hermione lo había visto en el peor de sus estados, ebrio. No podía negarlo, era cierto que después de la muerte de Sirius bebió hasta que su hígado necesitó ir a San Mungo, pero siempre se aseguró de nunca interrumpir a nadie, excepto a Dora que lo cuidaba todas las noches.
Claro, excepto la vez que Arthur lo encontró intentando entrar a Grimmauld Place. El mago lo había llevado a La Madriguera, pero nadie lo vio, todos estaban dormidos, Arthur se lo había asegurado a la mañana siguiente cuando le entregó una poción para la resaca. Se lo dijo antes de decirle que Molly estaba preparando el desayuno por si quería quedarse, que había hecho más comida que de costumbre porque... Hermione había llegado la noche anterior.
¿Era posible que lo hubiese visto?
Después de la muerte de Dora pasó dos semanas culpándose, encerrado en el ex departamento que Dora tenía cuando era soltera y tomando como si revivir a su esposa dependiera de cuanto alcohol tuviera su sangre. Harry se encargó de dejar a Teddy con Andrómeda y de quedarse con él dejando de lado cualquier responsabilidad que tuviera por haber vencido a Lord Voldemort. Por eso ahora era tan unido con Harry, él se encargó de ordenar el departamento, de llevarle pociones, de alimentarlo y de curar las heridas que se hacía en peleas con hombres lobos o en un bar. Se encargó de sanarlo después de la transformación, de que cada herida se cerrara y no dejara marca.
Los brazos de Hermione lo aprisionaban y se sintió estúpido al darse cuenta que era obvio que Harry no había podido hacer esas cosas solo. Él era bueno en Defensa, sería un fantástico Auror, pero jamás había demostrado ninguna habilidad en hechizos curativos, era imposible que él hubiese podido sanar sus heridas producidas en su transformación, en cambio Hermione era la persona más capaz para hacerlo.
¿Ella lo había visto así de vulnerable?
- Hermione - susurró Remus por primera vez moviendo sus brazos para rodearla - te prometo que no es lo que crees, que no...
- ¿Y debo creerte? - le preguntó Hermione enojada y separándose de él - les prometí al señor Weasley y a Harry que no diría nada, ni a ti, ni a nadie, acepté porque supuse que era difícil para ti perder a tu mejor amigo y a tu esposa, que necesitabas una forma de desahogarte, por muy insana que fuese - Hermione temblaba de rabia - pero te vi, Remus, acostado con esa misma túnica de viaje en el sofá de los Weasley, inconsciente por horas en el departamento de Callejón Diagon y no te cuidamos para que vuelvas a lo mismo, ¡no hay excusa! - Hermione tenía las mejillas coloradas y los ojos húmedos - ¿O pasó algo para que volvieras a hacer esto?
- Escúchame - le dijo Remus posando sus manos en los hombros de la chica para calmarla - Lamentó que hayas tenido que verme así, esos fueron momentos bastante difíciles para mi, pero créeme cuando te digo que no he vuelto a hacer lo mismo.
- ¡Prefiero que me digas que estas drogándote en poción alucinógena a que me mientas! - le gritó Hermione olvidando completamente que ella era la alumna y él el profesor - No sé que piensas de mi, pero no soy estúpida, tu túnica huele a alcohol, es obvio que saliste del castillo ¡un día de semana! y no sé si te has mirado en el espejo pero parece como si hubieses sido parte de una pelea.
Remus pensó en cómo decirle que estaba sacando conclusiones apresuradas, cómo explicarle lo que en verdad había pasado, pero no podía decirle "estuve con una manda de hombres lobo buscando como liberar tensiones sexuales con una prostituta ya que ya no puedo tenerte a ti para hacer el trabajo".
No podía decirle la verdad.
- No es lo que crees, todo esto tiene una explicación - le dijo Remus con voz calmada volviendo a acercarse a la chica - pero tengo mis razones para no decirte ¿Puedes simplemente confiar en mi, cuando te digo que no hay nada de qué preocuparse?
- Siempre he confiado en ti - murmuró la chica como si no quisiera decir lo que estaba pensando - pero te escuché decirle a Harry que todo estaba bien, cuando no lo estaba - Hermione desvió su mirada, no quería mirarlo, no podía - Lo siento, Remus, pero no puedo confiar, no puedo creerte.
Hermione se sorprendió cuando sintió que dos brazos la atrapaban en un fuerte abrazo y aunque aun estaba muy enojada con Remus, Hermione no luchó para alejarse de él.
- No sabes lo horrible que es escuchar eso - le susurró Remus apretando sus brazos.
Era horrible escuchar a alguien decir que no confiaba en él, pero era peor cuando lo decía Hermione, porque ella fue la que siempre había confiado ciegamente en él. Nunca olvidó como en tercer año descubrió su secreto y se lo ocultó al resto del colegio y a sus propios amigos. Ni siquiera lo comentó con otro profesor, temiendo que ellos no supieran.
Nunca nadie había sido así con él.
Sus amigos tardaron dos años en descubrir su condición y aunque lo aceptaron, ellos mismos reconocieron que al principio dudaron si él era peligroso y cómo no hacerlo si a todos los habían asustado en las noches con que el hombre lobo vendría a morderlos si no se comportaban. Y aunque eran amigos, Remus nunca pudo olvidar que cuando se supo que Lord Voldemort tenía hombres lobo en sus líneas, sus amigos desconfiaron y le ocultaron que el verdadero guardián de los secretos iba a ser Peter y no Sirius.
Era obvio que la Orden confiaba en él, que Dora incluso lo había amado y que ahora no recibía tantas cartas alegando que un hombre lobo no debería estar enseñando a sus hijos, pero eso se debía a que ellos no lo descubrían de un día para otro, siempre había alguien que lo explicara antes de que lo descubrieran y siempre tuvo a sus amigos o a Albus respaldándolo.
Hermione era la primera persona que descubría por si misma que él era una hombre lobo y que no había corrido, gritado o maldecido. Y ahora, la escuchaba decir que no podía confiar en él y Remus sintió que algo se rompía en su pecho.
- No puedes pedir que confíe en ti, cuando no me puedes decir por qué estás ebrio - le dijo la chica desde su pecho, aun sonando enojada - obviamente tú no confías en mi.
- No estoy ebrio, Hermione - le corrigió Remus - y puedo decirte que hay muy pocas personas en las que confíe tanto como confío en ti - le respondió Remus acariciándole el cabello - pero no quiero que estés preocupándote por asuntos que no deben preocuparte.
- Es como si me pidieras que no me preocupara por Harry o por Ron- insistió la chica relajándose con las caricias del profesor - ¿Seguro que todo está bien?
- Muy seguro - sonrió Remus al fin pensando en algo que podría tranquilizarla - ¿Te sentirías mejor si te digo que Minerva sabe a dónde estuve anoche?
- ¿Y cómo sé que no me estás mintiendo? - preguntó la chica mirándolo desde su pecho.
- Porque jamás te mentiría - le aseguró Remus dándole una sonrisa.
- No me mientes, pero omites la verdad - cuestionó Hermione - muy conveniente, ¿seguro que no eres un Slytherin?
- No quiero quitarle puntos a Gryffindor porque has insultado a un profesor.
Ambos habían olvidado el enojo y estaban conteniendo la risa, mirándose y abrazándose. Hermione sintió la anticipación, la misma anticipación que sentía cada vez que se escabullía por los pasillos del castillo para ir al despacho de Remus, sentía un cosquilleo que recorría su columna y sus mejillas empezaban a acalorarse.
No debía estar sintiendo nada, pero se sentía tan bien estar entre sus brazos, era tan correcto y tan incorrecto al mismo tiempo. Quería decirle que quería darle un beso, que quería entrar a su habitación en ese instante y disfrutar como lo habían hecho durante todo ese mes. Pero no podía, no debía, porque él ya no quería y ella no iba a rogarle a nadie.
- Perdón por entrometerme - se disculpó Hermione separándose de Remus y mirando el suelo para evitar que él notara sus mejillas - solo me asusté, pensé que habías vuelto a... no sé, eso, pero no soy nadie para exigir explicaciones y ...
- No tienes que disculparte - le interrumpió Remus colocando su mano en su hombro - sé que solo te preocupabas y te lo agradezco, pero espero que confíes en mi cuando te digo que no pasa nada malo.
Remus sonrió con gentileza, como siempre lo hacía. Omitió comentar sobre que él creía que Hermione tenía todo el derecho del mundo de exigir explicaciones, si lo había visto en sus horribles borracheras. Respiró hondo pensando en todo lo que la chica había visto de él, estaba avergonzado, ahora no solo se había aprovechado de ella, sino que también lo había visto inconsciente y en un estado deplorable.
Definitivamente no iba a decirle que había ido al carnaval, pasaría de la vergüenza a la completa humillación. Además ahora no podía detener sus viajes, tendría que planear mejor cuando salir del castillo y claramente debía tener más cuidado con sus marcas. No había previsto que la chica que Ulmer le había presentado fuese tan salvaje pero si quería mantenerse de las tentaciones del castillo tendría que ver a las chicas unas tres veces al mes.
- Creo que debo empezar la búsqueda de objetos - comentó Hermione separándose de él al darse cuenta que la "anticipación" aumentaba - no quiero que Ginny me gané.
- Toda la razón, señorita Granger - sonrió Remus dejando que la chica caminara en busca de su mochila - Aun con este retraso espero que vuelva con algunos puntos para Gryffindor.
Hermione solo sonrió antes de encaminarse a la puerta con rapidez, Remus se quedó mirando como la falda de la chica se movía rozando sus muslos y supo inmediatamente que iba a tener que volver al carnaval antes de lo que había esperado.
- ¿Sabes, Remus? - dijo Hermione antes de salir la puerta - aunque no me digas qué pasó, sigo confiando en ti.
Sin esperar una respuesta o algún comentario, la chica salió por la puerta, dejando a Remus paralizado en medio de la sala, confundido y sin saber que pensar. Esas palabras lo llenaron de algo indescriptible, algo confuso y no quería descubrir qué era.
Ay, por Merlín, ¿Están empezando los sentimientos? No sé ustedes pero después de escribir esto iré a decirle a mi pareja que confío en él ciegamente y que siempre lo haré. Estoy con el amor en las nubes últimamente y eso solo quiere decir que se vienen un poco de romanticismo, si les molesta, lo lamento, pero culpen al amor.
Espero les haya gustado el capítulo, no es de mis preferidos, pero siempre quise escribir sobre lo orgullosa que es Hermione, porque al final el Troll y Viktor, todo fue por orgullo. Nuevamente, muchas gracias por sus comentarios, hacen que escribir sea maravilloso.
Bacardí, hielo, limón y Coca-Cola
Simona Polle
