Capitulo 24

-¡Oh no, oh no, OH NO! ¡Es tarde, muy tardeee! ¡Me acosté a dormir muy tarde y ahora me he quedado completamente dormido! ¡Papá me dirá que debo ser más responsable y no quiero ser una molestia y… ARRGH! –la animada charla que el jovencito sostenía consigo mismo fue interrumpida por el fuerte golpe que se dio al tropezar con sus propias cosas que estaban tiradas en el suelo en gran desorden.

-¡Ren! ¿estás bien? –preguntó alarmada una dulce niña de ojos color canela, que ingresó a la habitación de su hermano al oír tanto estruendo a esas horas de la mañana. –Hermano, ¿te encuentras bien?

-¡Nadeshiko! ¿Tu también te has quedado dormida? –preguntó con asombro el niño llamado Ren.

-No, mamá me ha enviado por ti. Dijo que lo mejor sería ver si estás despierto porque sino llegaríamos más tarde aún.

-¡¿Papá también te envió?!

-Noo. –contestó riendo la niña. –Ren, sabes que papá no se enfada contigo si te quedas dormido, sólo te dice que no debes ser un dormilón como lo era mamá.

-Pero es que quiero ser un orgullo para él. –murmuró el niño tomando su mochila listo para bajar a tomar un rápido desayuno.

-Sabes que eres su orgullo, hermano. No seas tonto. -respondió la niña

-Sólo el hijo de un monstruo puede hacer tanto ruido como un verdadero monstruo mayor.

-¡Tío Toya! –gritó la pequeña que bajaba acompañada por su hermano, y luego dando un salto a los brazos de su alto tío. -¿Cuándo llegaste?

-Acabo de hacerlo pequeña, justo a tiempo para oír los grandes estruendos que provocaba tu hermano al despertar. –rió el aludido, mientras revolvía cariñosamente los cabellos de su sobrino. –Eres igual a tu madre, Ren

-Pero mamá no se queda dormida nunca, tío. –musitó el niño mientras se abrazaba a las piernas del galeno

-Puede que ahora no, pero de niña si. Y muchas veces, ¿sabes que podía desayunar un gran plato de comida en tan sólo 5 minutos?

-Ooohhh. –fue la respuesta de los niños asombrados por lo que acababan de escuchar.

-Hermano…

-¡Mamá, mamá! ¿es cierto que podías desayunar en 5 minutos? –preguntaron al unísono los dos niños.

-Esto…eso no importa, niños. –respondió la antigua cardcaptor mientras una gotita de sudor surgía en su frente como señal de su incomodidad. –Será mejor que dejen a su tío y vayan a desayunar, bueno mejor dicho que Ren vaya a desayunar. Y tu padre te envía saludos querido, debió irse al Consejo antes de que bajes a desayunar te esperó pero ya se le hacía muy tarde.

-Oh, lo siento mucho. –murmuró apenado el pequeño.

-No te preocupes, tu padre es un cascarrabias que sólo al que sólo le importa el trabajo y sus responsabilidades. –susurró con complicidad Toya Kinomoto al oído del pequeño

-¡Papá no es así, tío! –rió la pequeña a su lado.

-Lo sabe, es sólo que le gusta molestarlo. ¡Ahora sí, dense prisa o llegarán tarde los dos! Ren, desayuna y tu Nadeshiko…este…acompaña a tu hermano en su desayuno.

-¡Si mami! –respondieron los dos niños

-Tus hijos están realmente hermosos, Sakura. Me siento muy orgulloso de ti.

-¿Y la pequeña Kioko? –preguntó con una sonrisa la joven de ojos verdes

-Se quedó con Kaho en el templo, aún no salía a la escuela.

-Si no puede venir a casa, pasaremos a visitarla en la tarde. ¿Estarás allí?

-No, tengo mucho trabajo en la oficina

-¿Sabes? Nunca en toda mi vida creí que terminarías trabajando como colega de Shaoran en una institución mágica. –rió la joven

-Yo tampoco. –suspiró él. –Pero el mocoso me ofreció ese puesto, ahora hace tanto, y no podía negarme. Después de todo, la investigación siempre ha sido lo mío y no hay mucha diferencia en hacerlo en una central policial a hacerlo en el Consejo de Magia de Oriente, ¿no es así?

-Es cierto –rió ella. –Bueno, debo irme Tomoyo me pidió ir a verla en su oficina antes de pasar al trabajo. Quiere mostrarme unos diseños que tiene en mente para que Nadeshiko y Ren usen en su próximo cumpleaños.

-Mientras no vista a Ren como una niña… -rió el galeno

-Hermano, ¿cómo crees? A propósito, ¿también saldrás ahora? Podemos ir juntos si quieres.

-No, pasaré a saludar a Sota y luego iré al Consejo

-Oh, Sota no está. Shaoran le dio el día libre y Nakuru no le dio tiempo ni a ponerse un abrigo cuando se lo llevó

-Aún no creo que esos dos estén juntos, son muy…peculiares.

-Tu sabes como es Nakuru y el pobre Sota sólo se deja llevar, aunque en realidad la quiere muchísimo. –rió la joven mientras se disponía a salir acompañada por su hermano mayor.

-Oye monstruo, yo conduzco me siento más seguro.

-¡Hermano no es la primera vez que conduzco a Tokyo!

-Lo sé, pero no confío en monstruos a la hora de conducir.

-¿Alguna vez dejarás de llamarme así? –bufó la joven de ojos verdes

-Nunca, así como tampoco dejaré de llamar mocoso al chino. –rió él.

Fue así como ambos partieron hacia Tokyo, en donde se encontraban las oficinas Daidouji, el Consejo de Magia Oriental y la sucursal central de Sweet Dreams, el adorable café del que Sakura era dueña y que poseía sucursales en varios puntos de Japón incluyendo Tomoeda, lugar donde ahora vivía junto a su familia, pero a pesar de eso eran varias las veces en las que tenía que ir a la sucursal central de Tokyo a solucionar leves inconvenientes o reunirse con nuevos proveedores. Durante su viaje, la dueña de Sweet Dreams no pudo evitar recordar todo lo sucedido hasta ahora en su vida.

Nueve años habían pasado de aquella terrible noche en la que la batalla entre Shaoran, Eriol, los guardianes y Sota se había librado contra Sebastian y sus subordinados junto a Yugo Zhao y su esposa. Aún recordaba como luego de aquel horrible acontecimiento el amor entre ella y su ahora esposo había crecido cada vez más y más a cada segundo que pasaban juntos.

Habían estado de novios durante casi un año a pesar de que los constantes celos de su hermano mayor entonces soltero, y no habían podido posponer más la boda debido a las insistencias de Ieran Li quien insistía en que a esas alturas el jefe del clan Li ya debía estar casado. Fue así, como en un hermoso día primaveral repentinamente Tomoyo llegó a su casa sacándola de allí casi a rastras hasta llevarla a la gran mansión que compartía con Eriol en su calidad de casados, mansión en la que para su gran asombro...Eriol no estaba presente.

-¡Ay amiga, hay mucho que hacer! Todo tiene que estar perfecto para ti, ¡hace meses que diseñé tu vestido y hoy lo lucirás espléndidamente!

-To…Tomoyo, ¿de qué hablas? –había preguntado ella completamente confundida

-Hablo de la sorpresa que hemos preparado Eriol y yo para ti y para Shaoran, ¡esta noche! Será realmente hermoso. –había contestado la joven Hiragizawa con ojos soñadores.

Y mientras tanto, en la residencia Li…Eriol Hiragizawa arrastraba a Shaoran, con ayuda de Sota, haciéndolo ingresar.

-¿Qué sucede con ustedes dos? –había preguntado el jefe del clan Li

-Hoy es la noche Shaoran, ¡¿qué más puede suceder?!

-¡¿EN SERIO, SOTA?! El tiempo ha pasado muy rápido…y yo… oh por todos los cielos, me siento muy nervioso de solo pensarlo. –había dicho completamente rojo, Shaoran

-Si dejaras de tomarte tan en serio tus responsabilidades y te divirtieras más, todo sería diferente Shaoran. –rió Eriol

Una hora después, una gran limosina negra se encontraba estacionada frente a la mansión Hiragizawa, con la elegante figura de Shaoran junto a la puerta trasera abierta de la limosina esperando por ella, su acompañante. Acompañante que era una hermosa joven de ojos verdes como las esmeraldas y de un sedoso cabello de color amielado que caía ahora hasta su cintura, mientras que a la altura de su pequeña frente, surgía por su derecha una delicada trenza cascada que le daba un aspecto de ensueño.

Llevaba puesto un delicado vestido blanco que era bien ceñido al cuerpo hasta su cintura, donde después de un delicado moño caía ampliamente hasta sus rodillas. La parte superior del vestido, es decir de la cintura para arriba era de Acetato blanco con pliegues que le daban un agradable decorado al vestido, luego el cinto y el moño que lo unía con la falda era también blanco, mientras que la amplia falda que resaltaba la fina cintura de la muchacha pasaba de ser blanca (en la parte superior) yendo en un degradé verde. Es decir, tornándose cada vez más verde hacia el final del vestido, siendo que el tono más fuerte combinaba perfectamente con sus ojos. Su maquillaje era natural, haciendo resaltar dichos ojos, y todo estaba combinado con unas sandalias plateadas de tiras que decoraban sus finos pies.

Pero fue cuando vio a su novio, cuando cayó en la cuenta de la hermosa noche que pasarían. Él la esperaba en un fino y hermoso traje negro que se ceñía perfectamente al cuerpo del galán haciendo resaltar su exquisita figura atlética y sus anchos hombros, mientras que en el bolsillo delantero del traje, se veía un pañuelo de seda verde estratégicamente colocado para que la pareja estuviera a juego.

-Estás…realmente, hermosa. –había dicho él fuertemente sonrojado, mientras ella descendía por las escalinatas de la mansión.

-Tu también, Shaoran. –fue su respuesta, igualmente sonrojada.

Él había tomado su mano ayudándola a descender de la escalinata, y después de un instante de mirarse con pasión fijamente a los ojos había sido Eriol quien los había apremiado a subir a la limosina.

-Vamos, vamos tendrán tiempo suficiente para hacer lo que quieran esta noche. –les había dicho con un brillo pícaro en sus azules ojos, mientras los despedía acompañado por su esposa: Tomoyo.

Y fue así, como después de un corto viaje a un restaurant italiano que había sido reservado exclusivamente para ellos. El lugar estaba totalmente ambientado para la ocasión, delicados pétalos de rosas se esparcían por el suelo y una exquisita cena los esperaba en medio de aquel mar de rosas y decoraciones elegantes. Después de una charla tímida, habían bailado al compás de una relajante música que inspiraba la más grande ternura en ellos. Sakura aún recordaba lo nervioso que se veía Shaoran mientras bailaban, parecía no decidirse por algo pero cuando la pieza había terminado él la había inclinado en sus brazos besando su cuello con devoción y aspirando su suave perfume. Luego, la liberado de sus brazos mientras besaba tiernamente sus manos y la miraba con su característica intensidad directo a sus ojos.

-Sakura, eres lo más importante que tengo en esta vida. –había dicho. –Daría la vida una y mil veces por ti y jamás me arrepentiría de ello, en este tiempo que llevamos juntos descubrí que todo este tiempo lejos de ti ha sido vacío y triste. Gracias a ti, soy quien soy, porque tú me enseñaste a vivir y a luchar. Te amo no sólo por ser como eres, sino también por como me haces ser cuando estoy a tu lado. Si no te hubiera conocido no dudo en que ahora sería una persona fría y sumamente seria, sí más serio de lo que suelo ser. –rió. –Que probablemente estaría casado por obligación con alguien a quien ni siquiera amaría de la forma en la que te amo a ti. Eres mi vida y nací para amarte. Y te amaré aún en la otra vida, porque sería imposible para mí no hacerlo. Es por eso… -dijo mientras se arrodillaba ante ella galantemente. –Que te quiero pedir por favor, que te cases conmigo.

A estas alturas del discurso de su amado, ya había derramado más de una lágrima de felicidad y sin dudarlo dijo que sí.

-¡Oh Shaoran! ¡Por supuesto que sí! Me haría la mujer más feliz del mundo ser tu esposa, porque te amo…te amo con todo lo que soy y nunca podría haber sido de otra manera. –le había respondido mientras se arrojaba a sus brazos. –Eres parte de mi, siempre lo has sido y siempre lo serás, y las palabras no alcanzan para expresar lo mucho que te amo. Pero te amo, con todo mi ser, con toda mi magia y con todo lo que soy capaz de darte.

La boda había sido apenas un mes después, ahora recordaba con mucha gracia las insistencias de su suegra Ieran Li, en que la boda se realizara cuanto antes ya que a estas alturas el jefe del clan Li ya debía estar casado. Todo había sido de ensueño y se había organizado en Hong Kong, con la presencia del clan, las familias y amigos más cercanos. Eriol y Tomoyo habían sido los que les habían reglado el viaje de bodas, un viaje inolvidable que había traído como agradable consecuencia el nacimiento de sus adorables gemelos: Nadeshiko y Ren. Y tiempo después, una vez que todo había sido dispuesto se habían mudado a Tomoeda, incluso Tomoyo y Eriol, donde ahora vivían en paz y sus hijos, junto a los de Tomoyo y la hija de su hermano, asistían a la misma primaria en donde ellos se habían conocido.

De vuelta a la realidad, ahora Sakura miraba el semblante alegre de su hermano, haber encontrado el amor de nuevo lo había convertido en una persona menos gruñona de lo normal. Kaho Mizuki había llegado, tres meses después de la noche en la torre de Tokyo y habían sido tres años los que les habían tomado a ella y Toya finalmente casarse. Casamiento que llevó al nacimiento de la pequeña Kioko Kinomoto, una adorable niña de seis años que había heredado los bellos rasgos de su madre pero que a veces se alteraban por el carácter de su padre que corría por sus venas.

-Aquí termina la travesía monstruo. –dijo él interrumpiendo sus pensamientos. –Yo recorreré el poco camino que queda hasta el Consejo a pie, lo mejor será que subas a ver a Tomoyo. –añadió señalando el edificio frente al que estaban estacionados.

-Si…nos veremos después, hermano.

Luego de despedirse de Kinomoto, Sakura Li se dirigió a las oficinas de su amiga, quien ahora además de dirigir la compañía de juguetes de su madre comenzaba a lanzarse en el mundo de la moda infantil.

-Hola Tomoyo. –saludó, luego de que la secretaria de la joven Hiragizawa anunciara su llegada.

-¡Sakura! Me alegra mucho verte, te estaba esperando, ¿cómo has estado? ¿Cómo están los pequeños Nadeshiko y Ren?

-Muy bien, ahora están en la escuela aunque están muy ansiosos por su cumpleaños. –rió la antigua cardcaptor.

-Oh, ¡sólo tienes que ver los adorables trajecitos que confeccioné para ellos! ¡El de Nadeshiko hace resaltar sus ojos canela y su adorable cabello color miel, mientras que el de Ren también hace destacar sus hermosos ojos verdes y ni hablar de su hermoso cabello del mismo color que Shaoran!

-Aún no puedo creer lo detallista que eres, Tomoyo. –rió la joven Li.

-Para hacer algo perfecto, se debe ser detallista, ¡y los atuendos de aquellos dos angelitos deben ser per-fec-tos! Al igual que los de mis pequeños Kio y Aya, ¡serán unas parejitas perfectas!

-No olvides que también Kero pidió algún pequeño decorativo para él

-Jamás me olvidaría de mi pequeño Kero, ¡tengo un moño ideal para él!

Dos días después, una gran fiesta infantil se celebraba en la nueva residencia Li en Tomoeda, los niños corrían de aquí para allá jugando y gritando de felicidad. Nadeshiko y Ren festejaban sus nueve años acompañados de su prima Kioko, de seis, Kio Hiragizawa de siete, Ayame Hiragizawa (a quien todos llamaban Aya) de ocho, y todos sus compañeros de la primaria Tomoeda.

-Se ven realmente felices. –susurró a espaldas de la joven Li, su esposo mientras la abrazaba tiernamente

-Así es Shaoran, estoy tan feliz de verlos así que no te das una idea. –sonrió ella.

Ambos se encontraban en la cocina del hogar y Sakura preparaba más bocadillos para llevarles a los niños mientras los observaba por uno de los grandes ventanales que daban hacia el jardín donde todos se encontraban, felices y sin preocupaciones. Y, aprovechando ese instante de "privacidad" Shaoran la había seguido y ahora la aprisionaba con sus brazos susurrando palabras de amor a su cuello, lo que motivó que la joven de ojos verdes se girara y le diera un amoroso beso en los labios. Beso que creció cada vez más y más, hasta que la joven tuvo que detenerlo.

-Shaoran, basta. –murmuró acalorada. –Podría entrar alguien y nos vería, ¿qué tal si nos ven los niños?

-Tienes razón. –suspiró resignado. –Pero eso no te salvará de mi esta noche. –rió

-Nunca hubiera creído que el Shaoran Li, tan tímido que conocí en la primaria ahora sería un hombre tan apasionado. –sonrió ella mientras depositaba un beso fugaz sobre los labios de su esposo. –Será mejor que vayamos, o seguro mi hermano vendrá a buscarnos sólo para molestarnos. Además Kero también está impaciente por más dulces, aunque deba comerlos a escondidas.

-Ni me lo recuerdes, por lo menos Tsukishiro lo controla un poco.

-Pobre Yukito, Yue tampoco debe estar disfrutando ponerle límites. –rió ella.

Acto seguido se dirigieron hacia el jardín donde todos se hallaban y compartieron el resto de la tarde en agradable compañía de los niños, sus amigos de siempre y algunos padres que también se habían quedado en el cumpleaños de los gemelos y que eran buenos amigos de los Li.

La tarde transcurrió sin incidentes y los adorables niños de ojos azules que eran Kio y Aya se despidieron de sus amigos muy alegremente mientras partían hacia sus hogares, al igual que Kioko y sus padres y los demás amiguitos de la primaria de Nadeshiko y Ren.

Horas más tarde, los esposo Li disfrutaban de su privacidad mientras se murmuraban palabras de amor y pasión, fundiéndose en un solo ser de la misma forma en que lo habían hecho más de una vez y prometiéndose que pasara lo que pasara, todo estaría bien. Y que no habría obstáculo que les impidiera estar juntos.

Mientras que en ese mismo momento los pequeños mellizos pronunciaban al unísono el extraño nombre que una carta rosada tenía acompañado por la figura de una mujer.

-Vien…to. –habían dicho, mientras ráfagas de viento giraban alrededor de los pequeños y hacían volar las demás cartas que se hallaban en aquel extraño libro rosado que habían encontrado en la tarde.

-¡Ciérralo Nadeshiko! –gritó Ren quien tenía en su poder la carta Viento.

Y, cumpliendo las órdenes de su hermano cerró con rapidez el libro evitando que al menos 10 cartas más se escaparan.

-¡¿Qué fue eso?! –gritó en ese momento el pequeño Kero, que había ingresado con rapidez a la habitación de los niños. -¡¿HAN LIBERADO LAS CARTAS?! ¿CÓMO ES POSIBLE?

-No lo sé, Kero. –contestó Ren. –Encontramos este libro y leímos lo que decía una de las cartas que había en él, luego un gran viento nos envolvió y muchas cartas salieron volando.

-Al menos no han escapado Tierra y Fuego. –suspiró la Bestia del Sello mientras revisaba las cartas que habían quedado.

-¿Qué sucedió? –preguntaron en ese momento Sakura y Shaoran que habían dejado de lado sus placeres matrimoniales para acudir a revisar qué era lo que había desatado el poder de las cartas Sakura.

-¡Sakurita! ¡Los niños han liberado las cartas! –explicó el guardián

-¡¿QUÉEE?!

-Eso quiere decir que tienen magia. –murmuró asombrado el jefe del clan Li

-Así es. –Aceptó Kerberos. – ¡Y también quiere decir, que su nueva misión como cardcaptors ha comenzado! –añadió señalando a los confundidos mellizos.

Mientras tras el asombro y preocupación inicial, ahora Sakura y Shaoran sonreían con orgullo observando a sus hermosos hijos, que ahora comenzarían con la misión de juntar las cartas Sakura. Cartas que en un principio los unieron a ellos.