Tratando de crecer

Quistis

"Pastillas para no soñar"

Quistis gruñó de exasperación y se frotó el rostro copiosamente.

-Tengo que mantenerme despierta a toda costa.- pensó, mas sus párpados se tornaron pesados como juicios.

Se puso de pie, caminó alrededor de su habitación, pero se sentía mareada y vagamente podía continuar sin chocarse con las cosas. Su visión se tornaba borrosa y su cuerpo entero parecía asediado por el más extremo de los agotamientos.

Fue hasta el cuarto de baño y se lavó el rostro con agua helada. Tenía que poder aguantar. Tenía que. No podía fallar ahora, puesto que el semestre estaba tan cerca del final, los exámenes intermedios habían comenzado y sólo tenía cuarenta y ocho horas para corregirlos y hacer la devolución individual correspondiente.

-No puedo fallarle a mis alumnos ni a mi profesión.- le dijo a la rubia pálida que la miraba con los ojos perdidos desde el otro lado del espejo. Hizo un gesto compungido. Se restregó los párpados. –Café. Necesito café urgentemente.- murmuró para sí y salió de su habitación.

De golpe se enderezó, abrió los ojos de golpe y se dio cuenta que estaba en la Cafetería.

-Qué… ¿Cuándo llegué aquí?- se apoyó una mano en la frente. –Lo que me faltaba: caminar dormida. Hyne…- suspiró y pidió una taza de café caliente a la encargada nocturna. Cada vez la veía más asiduamente pero no compartían más que las palabras del rigor. –Café doble solo, por favor. Tamaño extra grande.- la mujer emitió un sonido a modo de contestación. La rubia cubrió un bostezo en su mano y volvió a intentar espabilarse frotándose el rostro.

-Se ve extremadamente cansada.- afirmó la mujer mientras la máquina hacía los sonidos propios de la molienda de los granos.

-Y así me siento.- suspiró Quistis. Abrió ampliamente los ojos para enfocarse. –Con suerte, esta taza me ayudará a pasar la noche.- pero emitió otro bostezo, que dio a entender que no sería el caso.

-¿Sabe? El café no es la única forma de mantenerse despierta.- comentó la mujer, como quien no quiere la cosa, tomando un vaso descartable de una pila. La instructora estaba medio dormida, así que era un blanco fácil, como lo eran muchos alumnos en el Jardín de Balamb y demás personas en diversos empleos donde había trabajado. –Existen formas bastante usadas de mantenerse despierto.-

La joven se pasó una mano por la frente y trató de enfocar la vista en ella, frunciendo el entrecejo.

-¿De qué está hablando?- preguntó blandamente. La mujer alzó un pequeño frasco plástico, del tipo que contienen medicamentos.

-Esto sirve para mantenerse alerta y despierto.- movió el frasco y las píldoras resonaron como un cascabel. La muchacha negó.

-¿Los inhibidores del sueño no acaban siendo contraproducentes?- se quitó un mechón de la vista y lo puso tras su oreja, un poco más espabilada por el cuestionamiento moral. Vio a la mujer apoyar el frasco delante de ella e ir a llenar la taza con un aromático café.

-Esta es una generación nueva de medicamentos. Dan un "bono" de energía, nada más. Dejas de tomarlas y vuelve todo a la normalidad; nada de cosas raras.- apretó la tapa contra el vaso, lo extendió hacia la instructora y, sin soltarlo, la miró intensamente a los ojos. –Además, seguro que una persona tan dedicada como usted sabe controlar este tipo de cosas. Es como si se tomara tres tazas juntas de estas, pero sin las ganas de ir al baño.- bromeó la mujer.

A Quistis le tentaba la idea, pero no acababa de convencerse, es decir, ¿meterse pastillas para estar despierta y sin efectos secundarios? Eso sonaba demasiado fantástico para ser cierto. Hizo una mueca, observando fijamente el frasco.

-Mm, no lo sé…- salió de sus labios, ahora pálidos y sin maquillar, pero la mujer notó que los finos dedos de la instructora tamborileaban inconscientemente cerca del recipiente.

-Hagamos una cosa: le regalaré un par de píldoras, usted las probará y, si le parece bien, me pide más otro día.- relató, extrayendo algunos prismas rosados y colocándolos en una pequeña bolsa plástica.

-N-no, no podría aceptarlas.- se resistió la rubia, alzando una mano. La mujer se la tomó y colocó en ella la bolsa.

-Venga, que no es problema.- insistió y se hizo la desentendida. Le sonrió. –Por cierto, el café va por mi cuenta.-

La muchacha agradeció dubitativamente, apretando aún el envoltorio con una mano y el alto vaso de café con la otra y se fue.

Caminando por los pasillos, las píldoras en su mano le pesaron en la consciencia.

-Esto suena tan ilegal. No entiendo cómo pudo…- pero su mente estaba agotada y no pudo pensar más. Bebió un sorbo del obscuro y amargo líquido y sonrió débilmente. –Bueno, tenerlas no quiere decir que vaya a tomarlas. Al contrario que a ti, cafecito.-

Al arribar a su habitación, caviló que no hubiera sido mala idea pedir algo de comida.

-Demasiado tarde.- suspiró y miró la pila de exámenes, que parecía crecer en lugar de reducirse. Dirigió la vista al reloj. –Casi las tres y media.- con un sorpresivamente rápido cálculo mental, estimó que (al ritmo actual) le tomaría una hora y media por curso y todavía tenía cuatro asignaturas pendientes. -¿Quién me mandó a dictar diez clases?- hizo un gesto de hartazgo y se pasó una mano por el rostro. -¿Dónde quedó mi energía para calificar?- apoyó la frente en el escritorio y estiró las manos. Sintió algo caer. Se asomó y vio la pequeña bolsa plástica con píldoras rosadas dentro. Las miró fijamente durante varios segundos. –No. No debería.- levantó el envoltorio y se mordió el labio. Estaba tan cansada y tenía tanto trabajo… -Sólo una. y será esta vez y nunca más. Esto es casi como hacer trampa, rayos.-

Fue al baño, se metió una pastilla rosada en la boca y rápidamente tomó un trago de agua. Hizo todo rápido porque sabía que, si lo pensaba dos segundo más, seguro se arrepentía. Bostezó sonoramente.

-Supongo que no hará efecto automáticamente.- murmuró y volvió a su labor.

Minutos luego, sin embargo, sintió su cuerpo vigorizado y su mente mucho más despierta. Lo que antes le tomaba veinte minutos, de esta forma le consumía sólo cinco. Así, para las seis y media ya había acabado todo.

Estiró los brazos y emitió un quejido para relajarse.

-Podría dormir durante una hora... Aunque realmente ya no tengo sueño.- se puso de pie y decidió ducharse. Se pasó un champú perfumado que sólo usaba para ocasiones especiales. Suspiró y disfrutó del agua caliente contra su cuerpo. –Hacía demasiado tiempo que no me tomaba el tiempo de darme una larga ducha.- sonrió y cerró los grifos veinte minutos más tarde.

Se puso un uniforme limpio y se peinó la cabellera dorada en un rodete sólo un poco más suelto de lo usual. Estaba por cruzar el umbral de la puerta de su habitación, cuando se detuvo. Volvió al cuarto de baño, se puso maquillaje y le sonrió a su reflejo.

Consideró desayunar pero no tenía hambre realmente, así que se decidió por otro café.

-Hola, instructora. Se ve muy bien hoy.- le dijo uno de los "Trepies". Ella agradeció el cumplido. Sin dudas había empezado con el pie derecho

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