ME DISCULPO POR LA DEMORA, ACÁ LES DEJO UN MINI CAPÍTULO.

Los personajes son creados por la escritora Kyōko Mizuki, uno de los seudónimos de Keiko Nagita, y la mangaka Yumiko Igarashi, seudónimo de Yumiko Fijii, publicado en Japón por Kōdansha Ltd. desde 1975 a 1979.

-Confío en ti princesa, de quien desconfío es de mi mismo, ella no lograba entender por qué le decía aquello.

-¿Estás seguro que aún quieres que yo sea tu esposo? No quiero que te sientas mal por mi culpa, puedes anular nuestro matrimonio y regresar con la tía, apenas pudo decir aquello antes de que su voz se quebrará, lo amaba y por nada del mundo quería verlo afligido, sus sollozos apenas se escuchaban.

Apenas había dado un paso cuando el la sujeto de la mano para detenerla.

-Nunca vuelvas a decir algo como eso, tu seras mi esposa hasta que Dios lo decida, sólo Dios podrá separarnos, ella con suavidad trato de soltarse de su agarre pero el no se lo permitió.

-Candy mírame por favor, ella sólo quería correr y alejarse de él, seguro ya se había cansado por el alboroto del banco y por lo que había sucedido con Stear.

-Candy amor mírame por favor, su voz también se escuchaba triste, poco a poco ella se volteó a mirarlo, esos ojos azules que tanto amaba se veían apagados y tristes.

-¿Realmente quieres separarte de mi? Ella bajaba su mirada sin contestar.

-Sí es eso lo que quieres dimelo y hoy mismo regresamos Y te prometo que nunca más nos volveremos a ver.

Ella abrió muchísimo los ojos, el miedo de perderlo hizo que comenzara a llorar, y sin pensarlo se arrojó a sus brazos, él la recibió aliviado, aunque ella dijera que quería regresar él no se lo iba a permitir, ya no podía ni quería separarse de ella, lo que necesitaban era estar solos y lejos de tanta gente.

-Te amo, tanto princesa que moriría si me dices que quieres regresar y dejarme, él la abrazaba con fuerza.

-No quiero, no quiero regresar si me vas dejar, quiero estar siempre a tu lado Albert, él levantó su rostro para limpiar sus lágrimas con suaves besos, no soportaba verla en ese estado.

-Tenemos que hablar y resolver esto hoy, no quiero secretos ni malos entendidos entres nosotros, el sentir su piel desnuda lo hacían reaccionar irremediablemente, mientras ella inocentemente sentía como algo rozaba su piel.

-Albert ¿por qué no me dijiste que Stear también te había lastimado aquí? queriendo aliviar su inflamación intento sobar aquella parte de la anatomía de Albert que veía por primera vez, pero contrario a lo que buscaba cada vez se inflama más y más ante su tacto

-¡Por Dios amor no sabes lo que me estas haciendo! Su voz se escuchaba ronca y aunque él deseaba perderse en aquellas suaves caricias, una vez más hizo de tripas corazón y detuvo las mano de su esposa, haciendo sus deseos aún lado.

-Pero mira como esta tan hinchado Albert, mejor vamos a un médico para que te alivie, el pobre hombre no sabía si llorar, reír o ponerse a llorar como un niño pequeño.

-Esto sólo podemos aliviarlo entre tu y yo mi amor, ello lo veía pensando que ya el dolor lo estaba afectando.

-No Albert vamos a ver a un doctor, ella intentaba hacerlo salir del baño y él solo sonreía moviendo la cabeza diciendo que no.

-Ven aca preciosa, diciéndole aquello la levantaba como si no pesara nada y caminaba hasta la cama para sentarse con ella en su regazo.

-Todo eso lo causas tú, aquella fue la mejor manera o la peor en la que pudo comenzar su explicación porque la rubia se levantó como un resorte pensando que lo había lastimado la noche anterior.

-Yo lo lamento mucho, no me di cuenta Albert, es que soy de mal dormir, él nuevamente era preso de sus hormonas, el verla caminar de un lado al otro completamente desnuda lo estaba volviendo loco de deseo.

-¡Para por favor Candy! Necesito que vengas y te sientes acá conmigo y me dejes explicarte que es lo que me esta sucediendo.

Aunque ahora se veía como más inflamado a él parecía no dolerle como cuando estaban en el baño, así que ella decidió ir a centrarse y escuchar cómo iban a solucionar eso.

-¿Estar seguro que no es mejor ir con el médico? Él asentía con una sonrisa, el verle sonreír la tranquilizó un poco.

-Cielo, no estoy así porque tu me lastimaste, ni porque me golpeó Stear, estoy así porque mi cuerpo reacciona al tuyo, ella nerviosa jugaba con sus manos.

-¿Entonces yo soy quien te hace daño? Ella casi se pone a llorar ante aquel pensamiento.

-No, no me haces daño, es que mi cuerpo piensa que tu cuerpo es lindo y quiere estar más cerca de ti, ella levantaba una ceja y lo observaba como tratando de hilar lo que él le decía.

-Ya también creo que tu cuerpo desnudo es lindo Albert, aquello lo asombró por un momento.

-Candy, esto es difícil para mí yo sé que no eres una niña, de serlo no podríamos estar casados, ella asentía .

-Dime algo amor ¿tu que sabes sobre lo que sucede cuando un matrimonio se queda a solas en su alcoba? Ella suspiró audiblemente y eso fue un claro aviso para el rubio de que no le iba a gustar para nada la respuesta.

-Pues la tía cuando me dijo que me tenía que casar con Arthur me explicó muchas cosas, en ese momento Albert quería que se lo tragara la tierra.

-Ella dijo que cuando me casara tenía que estar dispuesta a recibir a mi marido, eso no lo entendí ¿si no sales a ningún lado como lo recibo? Le pregunté y casi me fulmina con la mirada, la joven se levantaba de hombros y él casi no podía aguantar las risas.

-¿Qué otra cosa te dijo? Que los hombres no eran tan bonitos sin ropa, ella veía a su esposo como detallando.

- Pero tu eres muy hermoso sin ropa, hasta eso inflamado se te ve bonito, el rubio casi se va para atrás al escuchar aquello.

-También dijo que era mejor utilizar de esas batas transparentes para dormir y me regaló dos, estirando la mano tomaba la que se había puesto la noche anterior, pero eso pica mucho albert, aunque versela puesta casi le provocó un infarto, al tocar la tela se compadeció de su esposa.

-Tienes razón esta tela no es comoda amor, yo te voy a regalar unas mas lindas y cómodas, ella asentía con la cabeza.

-La tía también dijo que entre los esposo tenían que tenerse confianza porque ya eran uno, y que cuando estaban a solas ennlas noches sus cuerpo podian estar desnudos.

-Bingo, mivtia por fin le dijo algo útil, peso Albert, poco le duró el mérito a Elroy.

-¿Por qué cuando los esposos están juntos en el lecho nupcial no se pueden ver a los ojos? La tía dijo que eso era malo, ahora entendía el fan de ella por dormir viendo hacia el lado contrario de la cama, derrotado se dejó caer de espalda sobre la cama, por lo que ella pudo notar desde un mejor ángulo su inflación.

-¿Tía por qué te empeñas en hacer de mi vida un infierno? Pensaba tratando de encontrar la manera de explicarle a su esposa lo que implicaba tener una vida conyugal.

-Tía, tía, estoy pensado seriamente mandarla uma temporada con las hermanas de la carmelita.

-¿Estás seguro que la inflación no te duele Albert? Al escuchar a su esposa se le ocurrió una manera práctica de explicarle y no perdió tiempo para ponerla en práctica, en silencio se le acercó y le acarició el rostro con una mano, ella tímidamente le sonreía.

Él le tomó la mano y se la llevó al pecho, para que sintiera como latía de rápido su corazón.

Ella lo veía sin saber qué hacer hasta que finalmente él se acercó y rozó apenas sus labios, luego defendió hasta su cuello para besarlo, nuevas sensaciones se despertaban en su joven e inexperto cuerpo, mientras él la besas ella suspiraba, no supo en qué momento sus manos se deslizaron por la piel un tanto caliente de su esposo hasta llegar a su cuello.

Ella lo toma del cabello en medio de un cúmulo se sensaciones que nunca había sentido.

-¿Esto te duele amor? Ya su voz jadeante demostraba lo mucho que la deseaba.

-No, no te detengas por favor mi príncipe, ella se sentía en las nubes y no quería bajar.

Continuará...