CAPÍTULO 24: EL RESCATE DE SERENA ( PRIMERA PARTE )
En un lugar indeterminado del espacio
La pequeña habitación estaba totalmente a oscuras, su único foco de luz era un chico de cabellos violetas que permanecía sentado en el suelo con las piernas cruzadas y los ojos cerrados. Estaba rodeado por un aura blanca que su propio cuerpo generaba y parecía preocupado por algo.
La expresión de su rostro apenas varió cuando percibió como alguien se acercaba al exterior de la puerta de la habitación en donde se encontraba. Dejó que poco a poco su energía interior se fuera reduciendo hasta que el lugar quedó sumido en una profunda oscuridad. En ese momento la persona que había al otro lado de la puerta presionó un interruptor que alumbró todo el cuarto y abrió la puerta automáticamente. El chico se incorporó para ir a recibirla.
¡Dain!.- exclamó el recién llegado mientras abrazaba con fuerza al chico.¿Es que nunca te cansas de estar aquí metido? La gente también tiene que divertirse¿sabes?
- Todo a su tiempo, Dania.- sonrió mientras se separaba de ella.¿Qué tal te fue en tu misión?
¡Fantástico!.- juntó las manos emocionada por la pregunta.- Júpiter es un planeta encantador y me lo pasé genial con esos dos chicos a los que me enviaron a ayudar, los dos eran muy simpáticos… bueno, mejor dicho Arthur lo era porque el otro era bastante huraño.
- Te preguntaba por el resultado de la misión, no por como te lo habías pasado.- suspiró Dain.- Ya sé que siempre tienes que amoldar las cosas a tu manera para sacarle algo extra a la situación.
¡No lo hago por eso!.- se hizo la ofendida.- Simplemente a ti te gusta hacerte el misterioso y a mi se me da mejor hacerme la loca, así me resulta más fácil acercarme a los objetivos sin tener que revelar más de la cuenta.
¿Qué me hago el misterioso?.- inquirió incrédulo.
- Bueno, en realidad no sé si solo lo aparentas o forma parte de tu personalidad.- reflexionando.- Quizá a mi me pase lo mismo y esté loca de verdad.- agarrando a Dain del brazo con una gran sonrisa.¡Qué gran dúo seriamos entonces, hermanito! Dain el hombre misterio y Dania la mujer enloquecida¡me gusta!
- Aún estoy esperando que me cuentes como te fue en la misión.- replicó el chico sin hacer caso a los desvaríos de su hermana.
¡Cierto!.- lo soltó.- Y sin ánimos de alardear tengo que decir que soy una auténtica hacha, solo tuve que enviarle una carta a Arthur en nombre de su mentor John para conseguir que fuera hasta Júpiter y viera todo lo que se estaba fraguando a su alrededor sin que el muy torpe se diera cuenta, aunque claro, tampoco se puede decir que los jupiterianos sean muy listos, sino llega a ser por mi ni se dan cuenta de que tenían invitados no autorizados.
Pero lo mejor de todo es que gracias a mi maravillosa actuación, la Luna estará preparada para el día del ataque y sus enemigos no podrán hacerse con el cristal de plata por mucho que lo intenten, lo que aunado a que tampoco podrán conseguir el cristal dorado significa nuestra victoria. ¡Soy un as!
- Tenía entendido que los secuaces de Atlante casi matan a Arthur y a Alex y sin ellos nuestro plan no hubiera funcionado.
¿Eh?.- se hizo la despistada.¿Quién te ha dicho eso? Mi actuación fue impecable.
- El sabio Klaus.
- Argggg.- puso cara de repulsión.- Ese anciano metomentodo, tenía que ir por ahí contando mis errores.- con expresión apenada.- La culpa de todo la tuvo Atlante, se suponía que yo debía llevar a Arthur y al otro a Júpiter, conseguirles una reunión con Zeus para que supieran de que iba todo y ayudarlos después a regresar a la Luna acompañados de la princesa de Júpiter pero el estúpido de Zeus habló con Atlante y este machacó todos mis planes enviando a su hija a por los prisioneros…. ¡les perdí el rastro y aprovecharon para darles una paliza que casi los mata!
Afortunadamente, reaccioné a tiempo y conseguí que Klaus me diera una de esas pastillas revitalizadoras que tiene para arreglarlo todo. ¡Hasta rescaté de paso a la princesa Michiru!
- Me alegro de que al final todo saliera bien.- ensayó una sonrisa sabiendo que su hermana esperaría algo parecido después de su magistral actuación.
- Mmmmm.- observándole con ojo crítico.- pues para estar tan feliz esa sonrisa parece muy falsa. Y no lo entiendo, vamos un paso por delante de nuestro enemigo, arrebatándole la posibilidad de hacerse con cualquiera de esos dos cristales le impedimos poder volver a la vida.- suspirando.- Es por la portadora¿no? Esa tal Hotaru.
Dain le dio la espalda a su hermana y se dirigió hacia la única ventana de la estancia la cual había permanecido cerrada automáticamente hasta que Dania presionara el interruptor que la abriera.
El panorama que se extendía ante sus ojos era bastante desolador, una profunda oscuridad impedía ver lo que había más allá de la pequeña ciudad que habitaban su hermana y él y en cuyo centro había levantada una torre de cristal de brillante luz que luchaba por ganar terreno a la oscuridad reinante.
Sin embargo, era evidente que la luz de la torre se estaba debilitando poco a poco, señal inequívoca de que pese al optimismo de Dania su enemigo seguía ganándoles terreno y si este conseguía llevar a cabo sus planes respecto al Milenario de Plata su gente no tendría suficiente poder como para hacerle frente una vez más. Y esa era la principal razón por la que el consejo había aprobado que se apoyara en secreto a la reina de la Luna.
Dain había sido uno de los pocos partidarios de la idea de no solo apoyar en el anonimato a la reina sino ir a hablar con ella para ponerla al tanto de la situación e intentar formar una alianza que hiciera más fuertes a ambos reinos para poder así enfrentarse a su enemigo común pero esta sugerencia había sido desechada por ser demasiado arriesgada.
La razón por la que su pueblo gozaba de paz por el momento era que sus enemigos pensaban que los habían aniquilado por completo durante su último enfrentamiento que había tenido lugar después de que su gente encerrara a la fuerza oscura que los guiaba en un sueño del que se suponía no debía despertar nunca.
Si ayudaban de manera tan directa a la reina eso pondría sobre aviso a sus enemigos y aún no estaban preparados para enfrentarse de nuevo a ellos, de ahí que la única salida que les quedara fuera contribuir en el anonimato.
Dain sabía que esta forma de ayuda era tan buena como la otra, lo que realmente le preocupaba era Hotaru. A estas alturas todos sabían que estaba bajo el control de su padre, aliado con su mayor enemigo. Era cierto que este hecho ya no preocupaba a los consejeros pues aunque Hades contara con la colaboración de su hija no poseía el cristal dorado y por lo tanto consideraban innecesario arriesgarse intentando salvarla ( como había propuesto Dain ) menos aún cuando sabían que sucumbir a la oscuridad era su destino. Sin embargo, él….
- Dain….- lo tomó Dania del brazo.- … anda, vamos a divertirnos un rato¿quieres?.- le sonrió.
El chico se giró hacia ella al escuchar su voz aunque no le prestó atención alguna sumergido como estaba en sus pensamientos.
- Podría haberse resistido a su destino.- comentó más para si mismo que para Dania.¿Por qué ha tenido que rendirse tan fácilmente?
- Tal vez la obligaron a aceptarlo.- sugirió Dania comprendiendo de que estaba hablando su hermano.
- Tal vez.- repitió pensativo.- O tal vez no.
Aposentos de los sirvientes, palacio real de la Tierra
- No sabéis cuanto os agradezco todo lo que estáis haciendo por nosotros, Marin.- hablaba Hiperión con zalamería mientras tomaba a la joven de ambas manos y la hacía sonrojar hasta la médula.- Estaremos en deuda con vos para toda la eternidad.
- No… no es para tanto, alteza.- respondió la chica sin atreverse a levantar la mirada.- Cualquiera en mi lugar hubiera hecho lo mismo.
- No cualquiera.- le levantó la barbilla con delicadeza.- Mi tía podría enfadarse mucho con vos.
- No me importa.- contestó Marin con la mirada totalmente perdida en la de Hiperión.- Ningún castigo por cruel que sea podría impedir que os prestará mi ayuda.
¡Por Dios!.- exclamó Endymión harto ya de la conversación.¡Pero si a los únicos a los que mi madre va a encerrar de por vida va a ser nosotros! A tu amiga solo la reñirá por dejarse embaucar por ti.
¡Ey!.- protestó Hiperión soltando a la chica y girándose hacia un biombo detrás del cual se encontraba Endymión cambiándose de ropa.¡Yo no he embaucado a nadie! Sé ofreció voluntariamente¿verdad Marin?
La chica asintió con la cabeza sin dejar ni un momento de mirar a Hiperión con corazoncitos en los ojos.
- Lo ves.- dijo satisfecho.- Mejor dejas de criticarme y te das prisa con lo tuyo o a este paso Usagi tendrá que rescatarse ella sola.
- Se llama Serena.- lo corrigió.- Y ya estoy listo.
¿En serio?.- inquirió con interés.¿Y a qué esperas para salir?
- ……
- Venga ya Endy.- se acercó al biombo de puntillas con una sonrisa siniestra en su rostro.¡No seas tímido!
Agarró a su primo del brazo y estiró de él con todas sus fuerzas para sacarlo de su refugio. Endymión trastabilló y en su esfuerzo por no caer al suelo no vio las caras de sorpresa de Hiperión y Marin hasta que levantó su sonrojado y molesto rostro en respuesta a las risotadas que estaba escuchando. En el caso de Marin la chica intentaba disimilar tapándose la boca con una mano pero Hiperión era harina de otro costal. Lo que había comenzado como una simple sonrisa había terminado en un ataque de risa en todo regla, con el chico señalando a Endymión con una mano y con la otra sujetándose el estómago muerto de risa.
Y la verdad es que había que comprenderlos ya que la situación no era para menos. Endymión lucía una falda larga de color marrón, un corpiño negro y una camisa blanca de manga larga. En la cabeza se había puesto una peluca rubia y un pañuelo marrón que se suponía que debía cubrir su rostro para que nadie lo reconociera. El disfraz podría haber servido sino fuera porque la peluca estaba mal puesta, el pañuelo no le cubría el rostro y la fruta que Hiperión le había dado para simular… ya sabéis que… la había colocado de tal manera que parecía más un gordiflón deforme que una joven esbelta y delicada.
¡No le veo la gracia!.- gritó el príncipe de la Tierra muy enojado.¡Ni siquiera sé porque tengo que ser yo el que se disfrace¡La idea fue tuya!
- Sí… .- contestó Hiperión tratando de contener su risa sin mucho éxito.- …pero el interesado eres tú. No querrás que me recuerde a mí como a su príncipe salvador¿o sí?
Endymión le dirigió una mirada asesina a su primo, intentó colocarse un poco mejor la fruta y se fue con la cabeza bien alta a contemplarse en el espejo de cuerpo entero que había en la habitación. En cuanto vio su imagen reflejada la quijada le llegó hasta el suelo y en un acto de completa desesperación y frustración se arrancó la peluca y el pañuelo y los lanzó contra el espejo encolerizado.
¡Esta idea es absurda!.-exclamó frustrado .¡Nadie se creerá que soy una mujer!
- Mejor idea que la tuya si que es.
¿Y eso por qué?.- inquirió ceñudo.- Lo único que teníamos que hacer era alejar a Diocles de la habitación, el resto hubiera sido coser y cantar.- se cruzó de brazos altaneramente.- Entre tu y yo podemos perfectamente con los tres o cuatro guardias que la custodian.
- Sí, pero no con todo el regimiento que tía Calice hubiera enviado en cuanto se hubiera dado la voz de alarma.- respondió Hiperión mientras recogía la peluca y el pañuelo y se acercaba a Endymión.- Tú solo relájate y déjate hacer.
¿Qué quieres decir?.- preguntó con desconfianza. No le había gustado para nada la cara de diablo que su primo había puesto al decir esto último.
Hiperión le guiñó un ojo e hizo una señal a Marin para que fuera a buscar algo. Al cabo de un rato la chica volvió con su maquillaje y se lo dio al príncipe.
- Oh no.-sudó Endymión retrocediendo unos pasos.- Eso si que no…
- Endy… .- lo llamó Hiperión con un extraño brillo en los ojos mientras esgrimía sus recién adquiridas armas: un pintalabios rosa y un poco de rimel para los ojos.-… no huyas cariñín…
- Te lo advierto Hiperión.- siguió retrocediendo con el sudor corriéndole por todo el cuerpo y una palidez mortal en el rostro.- Si acercas uno de esos trastos a mí, no respondo de mis actos.
Hiperión amplió su sonrisa demoníaca y se preparó para abalanzarse sobre Endymión. Antes de que el chico pelinegro pudiera reaccionar ya tenía al otro sujetándole por el cuello y pintándole los labios mientras le susurraba al oído perversas palabras.
- Cuando acabe contigo, cariñín.- decía Hiperión.- estarás listo para desarmar con tus nuevos encantos a cualquier ejército que se cruce en tu camino… ¡la operación rescatemos a Serena acaba de empezar!
Los escalofríos no se hicieron esperar.
-OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO-
En uno de los miles de extensos bosques que existían en la Tierra había uno especialmente frondoso y alejado del palacio terrestre en donde se localizaban unas cuevas de gran profundidad. Y era en este lugar en donde se estaba llevando a cabo una reunión de suma importancia entre Hades, rey de Saturno y la anciana abuela de Beryl y Áyax.
- Y bien.- habló Hades con ansiedad mal disimulada.-he cumplido con mi parte del trato¿dónde está el cristal dorado que me prometiste a cambio?
- No lo tengo.- respondió con calma la mujer.
¿Qué no lo tienes?.- inquirió incrédulo y con un peligroso tono de voz.- Será mejor que no juegues conmigo anciana, podría irte muy mal incluso aunque estés respaldada por esa entidad maligna.
- Tranquilo, Hades.- sonrió siniestramente.- He dicho que no lo tengo aquí no que no vaya a entregártelo. Si tanto lo quieres solo tienes que volver a Erusión a buscarlo, el cristal está allí.
¿A Erusión?.- pronunció con repulsión ese nombre mientras un aura violeta comenzaba a envolverlo.- Ya estuve allí una vez y fracasé en mi intento, por eso hicimos el trato¿recuerdas? Yo te conseguía energía humana para que tu señora pudiera despertar y tú obtenías para mí el cristal dorado.
¡Oh! Pero ahora la situación ha cambiado mi querido amigo.- rió.- Ahora, gracias a mi señora y a sus siervos gran parte de la gente de la Tierra está perdiendo sus sueños como paso previo a su incorporación al ejército de las tinieblas. El guardián de Erusión ha asistido impotente a este suceso porque sus reyes, los únicos que conocen la existencia del cristal dorado y de su guardián, están demasiado centrados en sus problemas como para que Erios pueda ponerse en contacto con ellos.
Ahora, el cristal dorado es asequible, ve a Erusión, hazte con él y despierta a tu señor para que pueda sembrar el odio y la destrucción en todo el sistema solar, al fin y al cabo, ese también es el propósito de mi señora.
- Si lo que dices es cierto.-dijo Hades con desconfianza.¿Por qué no has ido tu misma a por él?
- Porque para que yo pudiera apoderarme del cristal dorado sería necesario que toda la Tierra estuviera contaminada y desgraciadamente aún no es así, sigue habiendo gente que conserva sus sueños y que no está aliada con nosotros. En cambio, tu si puedes hacerlo.
¿Por qué?
- Porque pese al odio que albergas en tu corazón sigues siendo humano…. yo, no…. y Erusión no permite la entrada en sus dominios a seres como yo.
Hades pareció meditar durante unos segundos las palabras de la anciana hasta que finalmente tomó una decisión y redujo su aura hasta hacerla desaparecer.
- Está bien anciana, creeré en tus palabras pero si por cualquier motivo no me es posible hacerme con el cristal dorado tendrás noticias mías.- le advirtió.- Lamentarás haberme conocido el resto de tu miserable vida.
- Sea así.- le extendió la mano.
- Sea así.- la aceptó Hades.
-OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO-
El soldado bostezó descaradamente sin hacer nada por intentar disimular su patente aburrimiento. Estaba a solas con sus compañeros de guardia y los tres estaban tan aburridos y cansados como él de vigilar la entrada a la habitación de la prisionera. Llevaban allí toda la noche y parte de la mañana y estaban deseando que su turno acabara para poder irse a echar una cabezadita.
El soldado consideraba que toda esa vigilancia era una pérdida de tiempo, el palacio siempre había estado muy bien protegido y nadie se atrevería a atacarlo y, en cuanto a la joven, parecía más una niña pequeña y desamparada que una peligrosa mercenaria o lo que se supusiese que fuera. Pero órdenes eran órdenes.
Estaba a punto de bostezar una vez más cuando la llegada de alguien inesperado le hizo ponerse en alerta inmediatamente. Se trataba del príncipe Hiperión de quien Diocles les había dejado muy claro que no debían permitir que entrara a esa habitación bajo ningún pretexto.
- Hola.- los saludó el príncipe.¿Qué¿Cansados de estar toda la noche vigilando?
El soldado enrojeció al verse descubierto pero al igual que sus compañeros no dijo nada y permaneció firme en su posición.
- Um.- reflexionó Hiperión.- Hoy estáis poco comunicativos así que mejor os dejó tranquilos para que continuéis con vuestra misión.- dijo mientras intentaba pasar al interior de la habitación.
Los guardias le cortaron el paso antes de que pudiera entrar.
- Lo siento mucho, alteza.-habló uno de los soldados.- Pero tenemos órdenes estrictas de no dejaros pasar.
¿En serio?.- se hizo el sorprendido.¡Pero si solo será un momento! Nadie se enterara.
El soldado negó con la cabeza y volvió a su posición. Hiperión recorrió con la mirada al resto de los guardias para ver si alguno le hacía el favor pero al comprobar que no sería así abandonó su postura amable y recurrió a una un poco más agresiva, algo que la gente de palacio no estaba acostumbrada a ver en el apacible y mujeriego príncipe Hiperión.
- Voy a entrar en esa habitación por las buenas o por las malas.- los amenazó.- Vosotros decidís.
Aunque la actitud del príncipe los sorprendió, los guardias se negaron a dejarle pasar y a Hiperión no le quedó más remedio que entrar por las malas. Con pasos firmes y rápidos avanzó hacia la puerta y cuando uno de los soldados intentó cortarle el paso le arrebató su arma y le dio un puñetazo en la cara partiéndole la nariz. Al instante, los otros tres soldados se abalanzaron sobre el príncipe para detenerlo intentando dañarlo lo menos posible ( después de todo, Hiperión seguía perteneciendo a la familia real y eso siempre intimidaba a un soldado ).
El sonido de la trifulca llamó la atención de Diocles que se encontraba en el interior de la habitación vigilando a una dormida Serena. Cuando salió a investigar y vio quien era el responsable, la vena de la frente se le hinchó y con su calma habitual pero no por ello menos amenazante ordenó a los guardias que soltarán al príncipe y que volvieran a sus posiciones. Estos obedecieron al instante y dejaron a Hiperión tirado en el suelo quien se levantó con algo de dificultad y bastante parsimonia sabiendo lo que le esperaba: una visita guiada a la habitación de su tía.
- Je, je, je… buenos días Diocles.- saludó con nerviosismo.- Vaya sorpresa¿qué haces tu por aquí?
- Acompáñame.- lo cogió del brazo y lo levantó del suelo con brusquedad.- Vosotros.- se dirigió a los soldados.- Que no entre nadie en mi ausencia.
Los centinelas asintieron con la cabeza y Diocles se llevó a rastras a Hiperión quien no dejaba de farfullar mil disculpas e intentar restarle importancia al asunto.
Minutos después de la marcha de Diocles, de Hiperión y del soldado con la nariz partida se acercaron a la puerta dos mujeres. Los soldados saludaron a una de ellas reconociéndola como la sirvienta a quien la reina había encargado atender las necesidades básicas de la prisionera. En cambio, la otra chica les era completamente desconocida de ahí que su atención recayera sobre la misma.
La joven era alta y corpulenta, sin apenas formas en las caderas pero bien dotada de lo demás. Llevaba puesto un pañuelo en la cabeza del que se escapaban algunos mechones de cabello rubio y mantenía la vista bajada lo que impedía verle el rostro a excepción de unos labios rojos y sensuales ( o al menos eso les pareció a los soldados ).
- Hola muchachos.- saludó la primera chica.¿Qué tal la guardia?
- Tranquila hasta que se presentó el príncipe Hiperión.- respondió uno de ellos.- Le partió la nariz a Rumualdo.
¿En serio?.- se apenó la chica.- Lo lamento mucho.
¡Bah!.- se encogió de hombros.- Ha recibido peores golpes en las tabernas a donde suele ir cuando no está de servicio.
- Oye Marin.- habló otro de los soldados, uno moreno y con los ojos negros que no había apartado la vista de la chica rubia desde que esta había llegado.¿Quién es tu amiga?
- Se llama Elena.- la presentó.- A partir de ahora ella se encargará de atender a la prisionera.
- Nadie nos ha informado de ese cambio.- intervino el tercer soldado desconfiado.
Marin se encogió de hombros.
- Yo solo sé que ella es mi sustituta y que si no la dejáis entrar en la habitación la prisionera va a pasar algo de hambre porque yo tengo un permiso para ir a ver a mi familia y no regresaré hasta dentro de tres o cuatro días.
¿Y dónde está la comida?.- insistió el soldado.
- En la cesta que lleva Elena.- respondió extrañada de que el guardia no se hubiera percatado antes de ese detalle. Pero claro, los chicos habían estado pendientes de otras cosas.
- A sí, ya la veo.- se rascó la coronilla.- No la había visto.
¿Puede pasar entonces?
- Por supuesto.
¡Fantástico entonces! Por cierto.- añadió antes de marcharse al ver que el guardia que se había quedado prendado de Elena se disponía a intentar entablar una conversación con ella.- Es muda.
Los guardias la miraron sorprendidos mientras Marin se encogía de brazos y se marchaba de allí dejando sola a Elena quien hizo el intento de pasar a la habitación pero antes de que pudiera hacerlo el guardia de los ojos negros la cogió del brazo y la detuvo.
- Espera un momento.- dijo muy serio.
Elena obedeció.
- Verás… yo… .-empezó a hablar algo sonrojado.- … me preguntaba si te apetecería salir algún día conmigo.
Elena le dirigió una profunda mirada de desdén, se soltó de él muy molesta por la invitación y entró en la habitación dejando al pobre soldado con tres palmos de narices y con la extraña sensación de que había visto ese rostro en algún otro sitio.
Continuará….
Sailor Alluminem Siren: Hola! Gracias por tu review y no te preocupes mucho por Hotaru que como ves ya tiene a alguien que la rescate.
Lupita¡Otro review tuyo! Qué alegría, creo que eres la única que desde que empezó a escribirme no ha dejado de hacerlo ni un solo capítulo. Muchas gracias por tus animos, lo aprecio mucho.
