Para mi amiga Valitos, que la quiero con toda mi alma.
Cap 25. Bésame y deja de decir tonterías.
Y si he de romper cadenas que me aten
a la costumbre, yo las partiré,
y si he de mover montañas que en mi mente
no me dejen verte, mi amor, las moveré.
Eileen Snape sintió la agitada y cálida respiración de su profesor de Herbología acariciándole con suavidad el cuello. No pudo evitar estremecerse ante la peligrosa cercanía de éste y del hecho que acababan de besarse en los labios con una pasión infinita… ¿Acaso estaba soñando? ¿Es posible, que de un momento a otro se despertara en su cama con el libro de su padre reposando en su pecho? ¿Puede ser que aquello sólo fuera un dulce sueño? No… aquello era real, todo aquello estaba ocurriendo, no era producto de sus deseos adolescentes, Neville rodeaba su cuerpo con sus brazos con firmeza, pero sin dejar de ser tierno estar entre ellos, podía sentir su delicado tacto…
Eileen buscó con su boca sus labios. Quería volver a sentir esa oleada de sensaciones que se habían despertado como un ciclón al ser besada por él. Quería besarle para demostrarse que estaba despierta, que aquello estaba ocurriendo en la realidad. Deseaba besarle para poder volver a sentirlo suyo, besarle era lo único que le apetecía… y se sentía con fuerzas de hacerlo durante toda la noche y seguro que no se cansaría, porque el sabor de sus jugosos labios era en lo único que podía pensar.
Comenzó a besar sus labios con delicadeza, como si fuera la primera vez que se tocaban. Neville no dudó en responderle al beso, despacio, tierno, jugoso, delicioso… Su mano se aventuró a acariciar aquella sedosa y larga melena azabache que se desparramaba por sus hombros con la que tanto llevaba soñando. Podía sentir su respiración, sus manos aferradas con energía a su espalda, el dulce sabor de sus labios… sus labios entrelazándose, cada vez con más brío, con más afán. Sus respiraciones cada vez se hicieron más violentas, agitadas, hasta que la chica comenzó a empujarle a causa de su pasión incontrolada. Sin poderlo evitar, sin importarle mucho la torpeza a la que siempre hacía gala y sin poner mucho empeño en hacerlo, Neville tropezó con el sofá cayendo al suelo enmoquetado de la habitación, con Eileen entre sus brazos, tropezándose y cayéndose encima de él, aterrizando sobre el cuerpo de él.
No pudieron evitar reír.
-Al menos esta vez he caído yo encima…- dijo Eileen con una gran sonrisa mientras se estremecía de volver a sentir el cuerpo de su profesor tan cerca al suyo.
Se miraron a los ojos con intensidad, sin decirse nada… pero diciéndoselo todo, como aquella vez cuando Neville la sorprendió con Ted Lupin.
A veces las palabras no pueden expresar lo que sentimos.
Neville acercó su rostro al de ella.
Volvieron a fundirse en un beso, ya sin reticencias… dejando a un lado las inseguridades, la culpa, las aprensiones, los prejuicios… Se besaban, se daban pequeños mordiscos, succionando, lamiendo. Neville rodó poniéndose encima de ella, acariciándole el rostro con ternura, perdiéndose en esos ojos profundos. Acariciándola con delicadeza, como si su vida dependiera de ello… Eileen era lo que más deseaba en el mundo.
Pudo sentir las manos de la chica escabulléndose con el sigilo de una serpiente por debajo de su jersey y su camisa, sus dedos acariciaron directamente la piel de su espalda, con paciencia y delicadeza. Los finos dedos de Eileen le ardían en el paso de su piel, como si grabara caminos en ella. Su cuerpo comenzaba a encenderse… su frágil cuerpo bajo él, su mano sobre su piel, sus besos, sus ojos infinitos… Podía sentir como su sangre comenzaba a hervirle en las venas, su contacto se estaba volviendo sofocante…
Una luz de alerta se prendió en su cabeza. Aquello estaba yendo lejos, y no tenía ni idea si sería capaz de aguantar mucho más tiempo el control. Estaba siendo imprudente, temerario… y que cojones, apasionado.
Neville rompió su beso y la miró incorporándose un poco, cociente que las mejillas le ardían por el sofoco.
-Eileen… tenemos…- titubeó, intentando reponerse a su agitado resuello- tenemos que hablar…
Eileen frunció levemente la frente, aceptando la mano que le tendía el profesor para levantarse de aquella sorprendente confortable alfombra. Colocándose bien la ropa con cierta teatralidad, tomó asiento al lado donde se había sentado Neville en aquel viejo sofá, cerca del agradable calor que desprendía el fuego de la chimenea.
-Eileen yo…-comenzó hablar Neville mientras intentaba buscar en vano una postura cómoda - Antes de nada… necesito…- un nudo se le hizo en la garganta, que casi le impedía hablar- decirte lo que siento por ti.
-¡Pero sí ya me lo has dicho!- comenzó a decir la chica, pero él había posado sus dedos con delicadeza en sus labios, para que le dejara continuar.
-Eileen, no es justo que algo que me importa tanto te lo haya dicho totalmente ebrio. Tú me gustas… desde hace mucho.- acarició su pelo- No podría decirte cuándo, pero sí sé lo que siento ahora. Desde casi principio de curso, como una fuerza incomprensible, me empujaba hacia ti sin remedio. Es una locura, lo sé. Sé que es depravado, malvado y perverso…
-¡Tú no eres ninguna de esas cosas! Eres la persona más noble que conozco… eres bueno.- afirmó Elle con vehemencia.
-No lo soy Eileen… esto que estoy haciendo contigo no es de buena persona, no tiene nombre, bueno en realidad si que lo tiene: perversión.
-¡No digas eso!
-Yo no debería haberte besado. Al principio, cuando me percaté de mis sentimientos hacia ti, pretendí apartarme, quise alejarme de ti. Sólo Merlín sabe que lo intenté… pero mi deseo de acercarme a ti, tenerte cerca, era mucho más poderoso que mi fuerza de voluntad. – Neville acarició su mejilla con la punta de sus dedos con una ternura desbordante.
-Yo no sabía que podías sentir algo tan fuerte por mí…- dijo Eileen mientras cogía con delicadeza la mano que se había paseado por su rostro.
- Mis sentimientos por ti son fuertes como las raíces de un árbol. – hizo una pausa para coger aire-Pero…
-Ahora viene la putada.- dijo Eileen, que era lo que siempre decía cuando oía decir a alguien la palabra "pero" con tanto ahínco. Bajando sus manos y poniéndoselas sobre sus propias piernas.
Neville sonrió, esta vez no la reprendió por decir palabrotas.
-Elle… Por mucho que nos gustemos, por mucho que nos atraigamos… ya sabes que esto no puede ser.
Eileen puso esa cara inexpugnable que tanto odiaba en su padre y que tanto amaba en ella. Y se cruzó de brazos mientras lo estudiaba con la mirada.
-Pues no lo entiendo. ¿Si tú y yo nos gustamos? ¿Cuál es el problema?
-Vamos Eileen… no hagas como que no lo comprendes. Ya sabes que lo tenemos todo en contra, ya no eres una niña.
-Entiendo eso que lo tenemos todo en contra… pero no entiendo qué importa.
-Sí que importa, no podemos hacer lo que nos plazca sin más. Existen reglas, pautas de conducta…
-¿Ah sí?- Eileen comenzaba a dar claros indicios de enfado- ¿Y eso lo dice alguien que acaba de revolcarse con una alumna por el suelo?
Neville se ruborizó, francamente la chica no dejaba pasar ninguna.
-Eileen, entiéndelo… soy tu profesor. Te doblo la edad. Soy amigo de tu madre. ¡Te he visto crecer, maldita sea! No… no puedo estar contigo aunque quisiera.
-¿Por qué no? Ambos queremos estar juntos… lo realmente estúpido es que no lo estuviéramos. Al menos que lo que me estés diciendo sea una burda escusa porque en realidad… me estés mintiendo.- Eileen se levantó del sofá con vehemencia, volviéndose hacia él- Yo era un capricho, ¿Verdad? Cuando has conseguido lo que querías, pasas de mí.
-Entiéndelo… ¿No entiendes que las relaciones profesor-alumna están prohibidas? No voy a arriesgar que te expulsen, me pueden despedir por salir contigo… Hogwarts es mi vida. Además… ¿Y qué pensarían tus padres?
-Mis padres se enamoraron cuando eran precisamente profesor-alumna… No tienen derecho alguno a censurarnos.
-No creo que tu padre piense así.
-¿Le tienes miedo a mi padre? – dijo fulminándolo con la mirada.
-No.- afirmó rotundo- Eileen, no me lo estás poniendo fácil.
-¿FÁCIL?- gritó Eileen- ¿Quieres que te deje ir sin más por esa puerta? Vete si quieres… pero haciendo eso seguirás siendo EL MISMO COBARDE DE SIEMPRE.
Neville sintió como le herían lo poco que tenía de amor propio.
-No soy un cobarde.- se defendió.
-Desperdiciaste tu oportunidad de estar con Luna por cobarde, porque fuiste incapaz de abrir tu corazón ante ella. Y ahora, que por fin tienes agallas de decirme lo que sientes por mí, pretendes abandonarme a mi suerte porque tienes miedo… tienes miedo de lo que digan ahí fuera.- dijo señalando las ventanas de la sala común.
-¡Ya te lo he dicho!- dijo Neville levantando levemente la voz- ¡Tengo un código ético! ¿Qué pretendes que haga? ¿Qué olvide todo que he intentado siempre ser?
- Si pretendes que me quede de brazos cruzados viendo como vuelves a tirar tu vida por la ventana, estás muy equivocado conmigo. ¿Crees que te voy a dejar así como así después de todo lo que me has dicho?
-¡Tienes que dejarlo todo como está, Eileen!- dijo ya casi desesperado.
-Sé que será difícil, - afirmó la chica sin inmutarse y sin importarle lo que decía su profesor- eres mayor que yo, se escandalizarán con esto. Incluso muchos se pongan en nuestra contra… ¿Sabes que pienso? ¡Me importa una mierda! Porque nos tendremos al menos el uno al otro. ¡Yo quiero estar contigo! ¿No lo ves?
-¡Pero no puede ser! Yo no soy un pervertido.
-¡Y no lo eres cabeza de melón! ¡Tengo la mayoría de edad!
-¡Pero eres muy joven! ¡Tengo treinta y cuatro años, joder! Te he tenido en brazos cuando sólo eras un bebé… No puedo…
-¡Me importa una mierda de unicornio! Lo que siento por ti es muy fuerte, ese dolor de estómago cuando te veo, esas cosquillas que recorren mi espalda cuando me tocas… ¡Quiero estar contigo!
-¡Pues yo no!- le gritó.
Eileen sin pestañear, volvió a bofetear a su profesor, que no hizo ademán alguno para defenderse. La miró fijamente mientras se sobaba un poco la mejilla pensando en el horrible carácter que tenía la chica… pero le gustaba.
-Yo no soy una cobarde como tú. ¡Eres el mayor! ¡Eres el jefe de la casa Gryffindor! ¡Espabila!
Neville se levantó del sofá y se acercó a ella.
-Creo que no me dejas otra elección… nunca entrarás en razón ¿verdad?
Y estrechándola entre sus brazos, la volvió a besar con pasión. Tirando por la ventana todas sus reflexiones, su ética profesional y personal, sus principios, sus criterios e incluso sus ideales. Todo aquello le parecía tan absurdo, palabras huecas sin sentido, ahora que la tenía entre sus brazos, ahora que había degustado sus labios.
Tenía toda la razón. Ya no volvería a ser un cobarde. Nunca la dejaría escapar… porque ella era la dueña de su corazón.
-Eileen… ¿Qué voy hacer contigo? Tú eres mi vida ahora…
-Bésame y deja de decir tonterías.
Neville pensó lo increíblemente cómodo que le parecía ahora el sofá, ambos se habían acurrucado como unos roedores en su madriguera, contemplando el extraño ballet de las llamas en la chimenea acompañado del crujido de la madera al quemarse. Todo parecía idílico esa noche…teniendo en cuenta que había comenzado movidita y parecía que se iba a desatar la tragedia... Aunque la peor parada de la noche habían sido los carrillos abofeteados de Neville. Elle había bajado de su habitación una vieja manta de color gris, la cual no era muy grande, así que debían estar muy arrimados el uno al otro para compartir aquel trozo de tela.
Neville pensó que quizás era hora de marcharse a su despacho. Ya era muy entrada la madrugada, y no estaba bien que él estuviera allí con Eileen, aunque ya había cometido aquella noche las suficientes infracciones, como para que una más, le importara.
Pero no quería marcharse de allí, no le entusiasmaba la idea de volver a un solitario despacho tenebroso, donde no estaría ella.
-Neville. – preguntó la chica mientras pasaba la yema de su dedo por su mandíbula una y otra vez- ¿Y ahora que vamos hacer?
-¿Qué quieres decir con eso?- preguntó aún contemplando el fuego.
-¿Cómo vamos a llevar nuestra relación?
Neville tragó saliva y sonrió. Ya existía un "nuestro" En su vida, jamás hubiera sospechado que una historia así pudiera ocurrirle a él. A veces había pensado que estaba condenado a la soledad, ninguna chica se había fijado jamás en él… quizás al principio de terminar la guerra sí que había tenido admiradoras, pero se habían cansado de él enseguida. No era una persona que arrastrase masas ni mucho menos. Y en su vida el interés que había despertado en el público femenino había sido bajo mínimo.
-Aunque no me guste en absoluto, tendremos que ir a escondidas...por ahora.- dijo por fin Neville, tras pensarlo con cuidado.
¿Podría él sobrellevar una relación clandestina? Por Merlín que aquello era una locura, era una jodida temeridad. ¡Era Eileen! Su alumna, una jovencita, la hija de Hermione y del murciélago de la mazmorra… ¿Con qué cara miraría mañana a su amiga?... ¿Y a Snape? ¿Cómo podría mirar a Snape después de besarse con su hija?
Tendría que aprender a vivir con ello. Eileen merecía correr todos los riesgos que hiciese falta… y lo sabía.
Acarició con dulzura su rostro.
-¿De verdad que te gusto?- dijo Neville incrédulo, aún cargado de todas las inseguridades propias de su condición.
Eileen sonrió a su profesor. Conocía de sobra ese carácter tan especial de Longbottom. Era tan inseguro, tan tímido en realidad, tan modesto… eso era lo que le volvía loca de él. Esos ademanes de cachorro, a pesar de su edad. Esa educación exquisita del profesor, su torpeza de oso, la cara que ponía cuando pensaba con atención, ese deje de despiste que tenía siempre… y su sonrisa.
-¿Tú? ¿A mí?- dijo con sorna, pero al ver su rostro preocupado, dejó de bromear- ¡Más que nada en el mundo!
-¿Más que las ranas de chocolate?- bromeó él.
Neville había llegado el primero, de todos los habitantes del castillo, al comedor para desayunar. Ya casi no podía recordar la última vez que probó bocado y sus tripas le rugían tanto que estaba abochornado.
Se había quedado toda la noche con Eileen en aquel incómodo sofá. Habían estado hablando, besándose y riendo toda la noche, hasta que al fin, vencidos por el cansancio, se habían quedado plácidamente dormidos, abrazados bajo la calidez de aquella manta grisácea. Quizás aquel raído sofá no era lo suficiente amplio como para que durmieran en él dos personas, pero sus cuerpos habían encajado a la perfección, como si estuvieran hechos el uno para el otro, como dos piezas de un rompecabezas y no había estado mal del todo…
Aunque por la mañana temprano ella se había hecho dueña absoluta de la manta, envolviéndose en ella como un rollito de primavera y le tenía totalmente arrinconado, aplastado contra el respaldo. La contempló un rato mientras acariciaba su suave cabello, que olía a una mezcla de romero y jazmín. La chica profirió un gruñido, molesta, como de animalito salvaje. Longbottom ahogó la risa para no despertarla y con todo el cuidado y delicadeza que le dejaba aquel minúsculo espacio, se levantó del sofá, en la que la chica no tardó en acomodarse, acaparando toda la superficie de este. La besó por última vez en la frente y salió de la sala común, eso sí, después de tropezar un par de veces con un par de sillas que había tiradas por el suelo, no sabía qué había pasado allí, pero era como si un huracán hubiera arrasado la sala de Gryffindor. Y mientras silbaba contento, se dirigió a su despacho… una ducha calentita le vendría de perlas.
Neville recordaba todo lo de la noche anterior con una sonrisa estúpida en los labios, mientras removía distraídamente el contenido humeante de su taza de café.
Severus y Hermione salieron de las mazmorras, caminando tranquilamente, cogidos del brazo con dirección al comedor.
-¿Crees que resultará?- preguntó pensativa Hermione.
-No lo sé… pero ya no me parece tan descabellado como hace dieciocho años. Ten en cuenta que los muggles usan la vía intravenosa para su medicación. Pero no deja de ser arriesgado...
-Pero me parece la mejor opción… ¿crees que Lupin… se prestará?
Severus afirmó solemne con la cabeza.
-Creo que lo lleva esperando toda su vida… la cuestión es… ¿Permitirá Minerva que realicemos este experimento dentro de Hogwarts?
Hermione guiñó un ojo a su marido.
-Déjame a Mcgonagall a mí. Verás como la convenzo.
-Siempre fuiste su alumna predilecta.
Hermione sonrió con cierto orgullo, siempre sería una insufrible sabelotodo por mucho que pasara el tiempo.
-Aunque creo que le sentó un poquito mal cuando se enteró de nuestra historia.
Severus sonrió con malicia.
-Eso porque le hirió su orgullo Gryffindor no descubrirnos…
Entraron al comedor. La mesa con el desayuno ya estaba religiosamente dispuesta. Al sólo quedar en el colegio los profesores, Hermione y Eileen, habían acordado hacer las comidas en una mesa redonda central, donde todos podían verse las caras mientras comían. Aunque para la cena, los Snape tenían licencia para hacerlo en la intimidad de las mazmorras.
Sólo había un comensal sentado en la mesa. Longbottom no se había percatado de la silenciosa entrada del matrimonio al comedor, que seguía con la mirada perdida, ensimismado en los recuerdos de aquella noche con Eileen, mientras removía sin parar el café.
Severus le dedicó una mirada burlona. Longbottom le parecía cada vez más idiota, aún no se explicaba cómo alguien como él había terminado de jefe de la casa Gryffindor. Desde luego, en esa casa cada vez caían más bajo. Se acercó a él sin hacer ruido.
-¡Longbottom!- dijo Severus con su voz más grave cuando estuvo a sus espaldas.
El profesor de Herbología dio un respingo derramando el café sobre el tablero de la mesa. Además de idiota, era cada vez más torpe.
Neville se volvió lentamente, temeroso… por Merlín, ¿es posible que supiera algo de lo que ocurrió anoche? Ese hombre conseguía ponerle todos los vellos de punta.
-¡Buenos días Nev!- dijo con simpatía Hermione, que se sentaba a su lado.- Te veo mejor cara. ¿Cómo has pasado la noche?
Severus se sentó al lado de su mujer y comenzó a servirle un café.
Desde luego estaba paranoico… era mejor que se tranquilizase.
-Bi...en- titubeó Neville.- He dormido bien.
-Te encuentro nervioso. Si quieres te puedo dar una poción para apaciguar esos nervios…
Medimagos, siempre estaban dispuestos a entumecerte los sentidos con pociones.
-No hace falta, gracias.- y le dedicó una leve sonrisa a su amiga.
Por la puerta del comedor, con el cabello mojado, vestida con un atuendo de rotundo negro y con una sonrisa en los labios, entró Eileen, que también había decidido madrugar esa mañana, aunque no era muy pródiga en ello.
Neville pensó que ya no le sonaba tan mal ese ofrecimiento de Hermione.
La vio entrar en el comedor, tan bonita como siempre, con su larga melena húmeda, que la hacía brillar más y se moría de ganas por ir a abrazarla. Sin poder evitarlo, tiró sin querer una botella con zumo de calabaza que tenía al lado de su brazo derecho. Por Merlín, era mejor que guardara la compostura, si no le daría un infarto y con más razón, delante del murciélago… que siempre había sido muy intuitivo con esas cosas, después de todo había sido espía.
Eileen entró en el comedor con la esperanza de encontrar allí solo a Neville. Sabía que era muy madrugador y aquella mañana se había marchado muy temprano de la sala común, así que no habían podido quedar para verse. Deseaba con todas sus fuerzas encontrarle solo y así poder hablar con tranquilidad con él. Casi le da un infarto al verle allí sentado con sus padres, y por su cara de cachorro apaleado, seguro que estaba comido por los nervios. Vio como tiraba un recipiente con zumo por el mantel, sonrió levemente y se acercó a la mesa, saludando. Estuvo a punto de sentarse al lado de su profesor de herbología, que era en realidad donde más le apetecía sentarse, pero se dio cuenta que aquello podría parecerle raro a su observador padre, así que tomó asiento al lado de él.
-Eileen… ¿Cuántas veces te he dicho que te seques el pelo?- la regañó su madre. Ella resopló con fastidio.
-¿Millares de veces?
-¿Entonces por qué no me haces caso?
Eileen se encogió de hombros y observó a su padre, que miraba como Neville recogía apresuradamente el estropicio con un conjuro de limpieza, con una ceja levantada y esa sonrisa de medio lado maliciosa.
-Longbottom.- le llamó su padre.
Neville alzó la cabeza y miró a su padre, con un reflejo de recelo en sus ojos.
-Me preguntaba… si podría conseguirnos ciertos ingredientes a mi esposa y a mí… para una poción.- dijo con su voz sedosa.
-Si… claro. ¿Qué necesitáis?
-Te lo he apuntado todo en un trozo de pergamino- Dijo amablemente Hermione tendiéndoselo a su amigo. No se fiaba de darle la lista oralmente, seguro que terminaba olvidándose de algo.
Neville leyó con avidez el contenido de la lista.
-Creo que lo tengo todo. Después del desayuno iré al invernadero a por lo que necesitáis. Para esta tarde lo tendré.
A Hermione se le ocurrió una idea y se volvió a su amigo.
-Llévate a Eileen y que te ayude.
El profesor Longbottom tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para no tirarse por encima el café que se estaba sirviendo.
Eileen abrió mucho los ojos al oír a su madre. No se lo podía creer, era perfecto… pero, rápido, tenía que quejarse, si no, eso sí que resultaría extraño.
-¡Estoy de vacaciones, mamá!- protestó- ¿Por qué tengo que ir?
Hermione se inclinó para hablarle muy bajito a su hija, con cuidado de que no le oyese su amigo.
-Eso por llamarle idiota ayer… así que no admito protestas. Creo que un poco de trabajo te vendrá bien.
Eileen protestó un poco más y se llevó a los labios su zumo de calabaza, intentado ocultar esa sonrisita de triunfo que se le había dibujado en el rostro.
La profesora Graham y la directora Mcgonnagall irrumpieron en la estancia. Neville suspiró aliviado, quizás con más gente alrededor la situación fuera más llevadera.
-¡Como te digo Minerva! No me lo podía creer… estos niños cada vez tienen menos vergüenza. ¡Hace falta disciplina! ¡Están descontrolados!
La directora se sentó al lado de Neville, por el que sentía una especial estima, mientras saludaba al resto.
-¿Qué ocurre?- preguntó con curiosidad el jefe de la casa Gryffindor.
-¡Han hecho una pintada! ¡Algún gamberro se ha atrevido mancillar los ilustres pasillos de este colegio con una pintada mágica, que no se puede borrar!
-¿A si?- preguntó Severus con tranquilidad mientras se untaba con mantequilla una tostada.- ¿Y se puede saber qué pone?
-¡Slytherin quien lo lea!- cacareó la profesora de transformaciones.
Neville y Eileen no pudieron evitar cruzar una mirada cómplice.
-¡Ya lo llevo diciendo desde el comienzo de curso!- dijo Severus clavándole la mirada al jefe de la casa Gryffindor- ¡A estos chicos les hace falta orden!
Neville se llevó el café a los labios. Ya estaban con las mismas… él nunca trataría como escoria a sus alumnos, como había hecho Snape con él.
Neville salió de su despacho con su bata de trabajo y los guantes protectores puestos. En la entrada de la sala común ya lo aguardaba con impaciencia Eileen, que ya se había puesto la bata de trabajo que usaba en clase y canturreaba una canción muggle que tanto le gustaban... claro, como si aquello se podría calificar como "canto". Se sonrieron y caminaron uno junto al otro en silencio. Cruzaron todo el castillo hasta llegar al exterior, rumbo a los invernaderos y con un movimiento de varita, el profesor abrió la puerta.
Él la dejó entrar primero caballerosamente, con un gesto con la mano y cerró la puerta tras sí.
Se miraron un momento, sonriéndose.
Neville, se quitó un guante y lo arrojó al suelo y el que quedaba, comenzó a tirar uno a uno de la tela que cubría los dedos, hasta que se lo quitó. Le dio un par de vueltas y lo arrojó lejos. La chica se rió.
En dos zancadas se puso a su lado, cogiendo su rostro con cuidado con las manos y la besó en los labios.
¡Hola a todas otra vez!
Hace mucho que no me quejo de mi insomnio, y creo que eso es malo. (Sí soy una quejicus jajajaja) Aquí tenéis el producto de mis noches insomnes condenada a vagar como alma en pena. Sinceramente espero que os haya gustado.
Después de 25 cap (por Merlín, si que tenéis aguante) por fin estos dos se lían… a ver que repara el futuro. Estamos adentrándonos a la parte del fic que esperaba con ansia llegar.
Muajajajajaja
¡Ah! Comencé el cap con una canción de Mägo de Oz, llamada "Maite Zaitut", la escuché mientras escribía y me hizo mucha gracia.
Por cierto, fui a ver la primera parte de las reliquias. Necesité una palangana para mis babas con la entrada de Severus a la mansión Malfoy…
Un besiño muy fuerte y seguiré respondiendo comentarios. Os quiero niñas.
AnitaSnape
Mortífaga de Severus
arwen genevieve: Te busqué en el face, pero hay muchas con tu nombre. Déjame tu correo pero con espacios, si no la página lo detecta y no lo publica. Un besiño muy fuerte corazón.
