Holiiii hoy toca Kalijah! pero hay flashback de los viejos tiempos con todos los hermanis!
Capítulo 25: Muerto
Katherine
Puente Brooklyn, New York
- Sabía que vendrías – le dijo Esther. Era de noche, justo la hora que habían acordado.
- ¿Tengo otra alternativa? – contestó con fastidio. Claro que no habían acordado nada. La vieja puerca le mandó un mensaje diciéndole donde tenían que encontrarse y ella como un borreguito fue directo para allá apenas tuvo la oportunidad.
- Quizá no, pero bueno, estás acá por elección propia – suspiró exasperada. ¿Elección propia por donde?
- No, si me queda bien claro que tu concepto de "elección propia" no tiene mucho sentido. Sino pregúntale a todos tus lindos niños, vampiros por elección propia.
- Ya no vale la pena que malgastes tu tiempo con esas tonterías Katerina, no me afecta en lo más mínimo – "Katerina". La vieja puerca le dijo "Katerina". Frunció el ceño molesta y apretó los puños con fuerza. Eso no se lo iba a permitir.
- En tu puta vida vuelvas a llamarme así – contestó rabiosa. Nadie tenía ese derecho, menos alguien que no la había conocido en ese entonces. No quería que la llamaran más así. La Katerina esa, la debilucha esa, ya había muerto. Ni siquiera le iba a permitir a Elijah llamarla así. Lo había decidido.
- Como quieras – respondió Esther tranquila, no pareció inmutarse en lo más mínimo y tampoco pareció afectarle tener a la vampira al límite. Katherine respiró hondo, ya basta de tonterías. Había que concentrarse un poco en la misión.
- ¿Y dónde está tu esbirro? – preguntó en referencia al hombre que vio con ella el otro día, un pusilánime a quien no veía beneficio alguno.
- Lo envíe a recoger al resto de su familia. Por si acaso.
- Ah… ya veo.
- ¿Y bien? ¿Qué noticias me traes? ¿Cómo va todo?
- Pues yo sigo en lo mío, distrayendo a Elijah…. Y te digo que no es ningún sacrificio. Total, podemos disfrutarlo mientras se pueda, igual le voy a romper el corazón – vaya que lo iba a hacer. Eso si que se llamaba "jódete con mi puta venganza después de 500 años. Jódete y siente como es cuando te cagan el corazón, hijo de puta", pensó con rabia ¿Cómo es que había pasado de esas hermosas sensaciones a su lado al otro extremo? ¿Al extremo en el cual quería destruirlo? Pues muy simple. Los recuerdos, esos siempre te clavan los puñales cuando menos te lo esperas.
- ¿Y qué sabes de mis otros hijos?
- Elijah no sabe nada de ellos, "suegra" – dijo con burla - Está feliz en este mundo paralelo donde todo es… valga la redundancia, felicidad. Si se están matando en Mystic Falls, no lo sabe. A lo mucho sé que Kol anda por Colorado, pero nada más.
- Estás haciendo sólo la mitad del trabajo Katherine.
- Lo sé.
- No estás colaborando como debes.
- Ya sé – contestó fastidiada – pero para la próxima tendrás toda la maldita información que quieras. Me tomó tiempo pensármelo, pero ya lo he decidido.
- ¿Y a qué se debe ese cambio tan repentino?
- Eso a ti no te importa. Que te baste con saber que te ayudaré a jodértelos a todos. Tienes razón, se lo merecen. Siempre se lo han merecido – dijo con firmeza, intento que no se notara su amargura. Pero aquel día los recuerdos habían azotado su mente de una forma tan fuerte que no le quedó de otra. No tuvo alternativa. Katerina Petrova tenía que estar bien muerta en su interior.
- Me alegra.
- No te alegra en absoluto. Sólo te importa cumplir con tu objetivo. Pero que sepas que he decidido que…
(1492)
- … es hora de entrar en acción – dijo con la voz un poco temblorosa. No estaba muy segura de eso en realidad, no después de lo que le dijo Kol. Porque sabía bien que eso era una amenaza e hizo un esfuerzo por no entender aquello de "tú sabes que tienes que hacer". No era una santa, claro que no, pero su mente se cerraba a esa idea. Acaso Kol había querido decir que tenía que acostarse con él si quería que guardara el secreto? No quería ni pensar en eso. Si era así prefería mil veces que él lo dijera a todo el mundo y la hicieran quedar en vergüenza. Que importaba, si Elijah iba a estar a su lado para enfrentar eso entonces lo demás no importaba. Se acomodó un poco el vestido y bajó por las escaleras, era hora de entrar a la fiesta.
- Katerina… - esa voz hermosa, dulce. La voz que amaba. De pronto todas esas ideas horribles se fueron de su mente y sintió que todo su cuerpo temblaba de emoción. Era él. Se giró casi de inmediato y ahí estaba Elijah. Tan hermoso como siempre, todo un caballero. A veces lo miraba y pensaba que no había podido tener mejor suerte. Había llegado "manchada" desde su tierra y de pronto lo conocía. Nada podía ser mejor que eso… excepto claro por los detalles de que supuestamente ella "estaba" con su hermano Klaus… y que el otro hermano la estaba chantajeando. Vaya problema en que se había metido. Elijah la miraba de pies a cabeza y sonrió, se acercó a ella y tomó su mano con delicadeza para dar un beso en ella – estás preciosa.
- Gracias – respondió también sonriente. Sólo él podía hacer que le flaquearan las piernas. Por todos los cielos, el mundo era maravilloso en su presencia.
Soñé que el amor nunca muere… Soñé que Dios perdonaría
- ¿Ibas a bajar?
- No quería hacerlo sola.
- No tienes porque, ven conmigo – dijo tendiéndole el brazo como todo un caballero. Suspiró. De ninguna manera se iba a dejar llevar por el chantaje de Kol. Esa noche la iba a pasar con él, ya lo había decidido. Quería entregarse a él en cuerpo y alma, no había nada de que arrepentirse. Ya hablaría sobre Kol otro día, lo importante en ese momento era estar a su lado. Y tenía que aprovechar cada minuto que estaba con él antes de la llegada de Klaus… o antes que Klaus la mandara a llamar.
Empezaron a caminar en dirección al salón principal, aunque no era su intención, de inmediato la presencia de ambos llamó la atención de varios de los presentes. Saludos, sonrisas y eso para empezar. La verdad es que la fiesta estaba muy bonita, los colores eran preciosos, los invitados, los juglares, la música… era encantador! Y había mucha comida, bebida, de todo! Klaus si que se había esforzado. A veces no sabía que pensar de él. Definitivamente no había compartido tanto tiempo con él en comparación al tiempo que había pasado con Elijah, pero dentro de todo le parecía un tipo agradable. Había que reconocerlo, Klaus era también muy pero muy guapo. Seductor… cielos, a veces cuando estaba a solas con él sentía que incluso podría dejarse llevar. Pero a veces también sentía que él no estaba verdaderamente interesado en ella, al menos no como Elijah, que no la amaba y que sólo la tenía como entretenimiento o porque en fin. Era eso o Klaus no sabía como expresarse, quizá no sabía como amar. Lo mejor era ni pensar en eso, si se ponía a creer que Klaus la quería de alguna forma se haría más insoportable el hecho de enfrentarlo para poder quedarse con Elijah… por qué de verdad van a hacer eso ¿no? A ella no le importaba enfrentar a todos si él estaba su lado.
Elijah la condujo hacia el centro del salón, sería buena idea bailar después de todo. Le gustaba el suave contacto de sus manos con las suyas, le gustaba tenerlo tan cerca… frente a frente, mirando sus ojos maravillosos…hipnotizada con él…y de pronto escuchó risas conocidas acercándose a ellos detrás. Risas casuales aparentemente. Elijah se detuvo un instante y cuando Katerina se giró vio a una alegre Rebekah caminar al lado de Kol. Rebekah con una copa de vino… vino que "de casualidad" cayó sobre el vestido de ella. Todo su contenido.
- Ay lo siento! – dijo aún riendo. Obviamente no lo sentía, incluso parecía disfrutar de haberla humillado de esa manera. Todos en el salón se dieron cuenta, se escucharon algunas risas disimuladas.
- Ten más cuidado Rebekah – le dijo Elijah con voz de molestia. Tomó su brazo y la puso a un lado, como protegiéndola de esos dos, de sus burlas – aprende a controlarte.
- Ya dijo que lo sentía – intervino Kol en defensa de su hermana – no es que ande como una demente buscando molestar a la gente, o acaso piensas eso de nuestra hermana?
- No – contestó Elijah un poco más tranquilo. Aunque Katerina no entendía como es que se podía estar calmada con la sonrisa burlona de Rebekah ¿Pero qué le había hecho? Entendía que quizá se comportara como una hermana un poco celosa, pero eso ya era demasiado. Se había ensañado con ella, desde hace varios días que estaba en ese plan, molestándola disimuladamente, sólo que esta vez se había lucido.
- Ha sido un accidente – dijo al fin – no te preocupes Elijah, iré a cambiarme… no demoro – de verdad se había sentido fastidiada con todo eso. Pero no importaba, no dejaría que nadie arruine su noche con Elijah – se excusó y se fue hacia las habitaciones.
En el camino iba pensando en que otro vestido ponerse, tenía que ser uno que no hubiera usado antes, no demoraría mucho porque en realdad pues ya tenía uno en mente. No había ninguna doncella que la ayudara, tuvo que arreglárselas sola. Y la verdad no importaba, estaba acostumbrada a peores cosas y por mayores dificultades había pasado para ponerse a lloriquear por un vestido manchado. Esa Rebekah no sabía con quien se estaba metiendo si creía que esa tontería iba a dañarla. No le importaba en lo más mínimo, ya había decidido que nada iba a arruinarla, no ese día. No demoró mucho, quizá no estaba tan impactante como al principio pero al menos estaba bien. Se dio un último vistazo y salió de su habitación. Había ruido al final del pasillo, risas principalmente. También la voz de Rebekah y el vizconde.
- ¡Pero te juro que lo la soporto! ¿Quién se ha creído que es esa mierdecilla? – sintió una especie de punzada. Era obvio que hablaba de ella. Sabía que era mala idea escuchar, pero aún así se quedó quieta y decidió hacerlo.
- Es la pareja de tu hermano –le dijo el vizconde – ¿no crees que deberías tener un poco más de respeto?
- Pareja…¡Ja! ¿Es que esa ridícula no se da cuenta? La única razón por la que está pasándola en grande es porque se parece a ella, nada más.
- Ella… quién es ella?
- La antigua mujer de mi hermano… mis hermanos mejor dicho. Eso es algo que no te importa, pero sólo debes de saber que esta Katerina es idéntica a la mujer que Elijah y Klaus amaron…que coincidencia, ¿no? – Katerina se llevó una mano a la boca para ahogar un grito de sorpresa. Ella era idéntica a una mujer que ambos hermanos amaban. Eso no se lo podía creer.
- ¿En serio? vaya, quien lo diría.
- Pues claro que si. A Klaus esta mujercita no le interesa para nada, sólo es un pasatiempo. Y bueno…Elijah creo que anda jugando a la novia resucitada, pero también sé que no es en serio. Él la quiso mucho, ¿sabes? A Tatia… siempre creí que no iban a olvidarla jamás. Cada uno reaccionó diferente cuando esta Katerina apareció.
- ¿Entonces Elijah tiene una relación con Katerina?
- ¡Ay por favor! Todo el mundo lo sabe, ¡ella debe creerse lo máximo! La zorra más astuta jugando con los dos hermanos… ¡Pero si que está loca la mierdecilla esa! No tienes idea de como muero de ganas de decirle todo esto pero me toca callarme – mientras escuchaba todo eso sentía que las lágrimas estaban a punto de asomar por sus ojos. Eso no podía ser cierto… él no haría algo así. Él si la quería… ¿cómo podían ser falsas todas esas cosas? Todas sus palabras, sus caricias, sus besos… ¡No! Rebekah estaba loca, seguro sabía que la estaba escuchando y se inventaba toda esa historia de la chica parecida a ella. "Una historia demasiado elaborada…¿no crees? Eso no puede ser mentira" le dijo una voz interior. "¡No! ¡Él me ama! Nosotros nos amamos, claro que no es cierto". Negó con la cabeza. Se estaba mortificando demasiado, Elijah no era falso… y si quizá se había acercado a ella porque quizá si había existido una mujer parecida a ella… bueno, si quizá todo eso era verdad seguro que Elijah se vio atraído en un principio por ella debido a ese parecido pero después las cosas habían cambiado cuando la empezó a conocer. "O quizá es como dice Rebekah… él sólo está jugando a la novia resucitada". Empezó a secarse las lágrimas con fuerza… ¡no podía creer eso! "¡Calla, calla! ¡No es cierto!", se decía desesperada. "Sabes que puede ser posible".
- No… - pudo decir apenas y sin querer. Ya no escuchaba las voces ni de Rebekah ni del vizconde, se habían ido y ella no se había dado cuenta. Casi sin poder contenerse salió corriendo hacia los jardines, sentía que las paredes se achicaban y le hacía falta el aire.
Esa ya no era su noche especial, era la peor noche que recordaba en mucho tiempo. Su corazón se negaba a creer que aquello podía ser verdad, pero su mente encajaba las piezas sueltas que había recogido todo ese tiempo y armaba un lógico rompecabezas donde Rebekah tenía razón. Al fin llegó al jardín, así al menos empezó a sentirse más tranquila, llena de todo el loquerío. Aunque claro, tampoco los jardines estaban libres, los habían iluminado bien y habían varias parejas caminando por ahí. Ese era su lugar, de él y ella. El lugar donde se habían besado por primera vez, donde habían hablado de lo que sentían y había disfrutado de su compañía. Era su lugar favorito en todo el mundo. "Él no es falso Katerina… tú lo conoces bien. Elijah te ha demostrado que te quiere, deja de dudar". Suspiró hondo. Tenía que creer en él, en su amor.
- Katerina – la voz de su amado (porque seguía siendo su amado) se escuchó a lo lejos. Ella se giró a verlo, Elijah se acercaba preocupado – te estuve buscando, ¿qué pasó?
- Nada, es sólo que yo… bueno, necesitaba aire – no sabía ni como mentirle. Él pareció notarlo pues de inmediato tomó sus manos y las apretó despacio.
- ¿Qué pasa? ¿Es por lo de Rebekah? No le prestes atención, sólo está celosa y también sospecha de lo nuestro, pero nada más- ella había bajado la mirada. ¿Acaso debía de comentarle lo que escuchó? Tenía miedo, quizá no era buena idea. Él tomó delicadamente su mentón haciendo que lo mirara a los ojos – no dejes que eso te ponga triste.
- No es sólo lo de Rebekah, es que de pronto no me he estado sintiendo muy bien – dijo con voz temblorosa – sólo vine a tomar aire.
- ¿No te sientes bien?
- Descuida, tonterías mías. Es sólo fastidio, algo de incomodidad… esas cosas. Yo me entiendo Elijah, no creas que estoy molesta contigo.
- ¿No? – dijo él y esbozó una sonrisa. Basta ya de tonterías, ¿cómo podía dudar de él? "Vamos a suponer que de verdad existe esa otra novia…pues bien, ahora me quiere a mi, está conmigo".
- No Elijah, es sólo…-suspiró. Al menos en parte tenía que desahogarse – tú me quieres, ¿verdad? – él volvió a sonreír y le dio un beso en la frente. Eso la hacía sentir más tranquila.
- ¿Tienes alguna duda de eso? – dijo separando apenas los labios de su piel y hablando suavemente – claro que te quiero Katerina – su corazón empezó a latir con emoción nuevamente. Creería en él, creería porque ella también lo quería y porque necesitaba creerle.
- Nunca vas a hacerme daño ni a mentirme, ¿verdad? – él se quedó unos segundos en silencio y le dio otro beso en la frente que ella interpretó (o quiso interpretar) como un "si" – porque si no es así dímelo ya, no podría soportarlo. Yo nunca…
(PRESENTE)
- …. perdonaría una traición así – le dijo a Esther, las mismas palabras que esa vez. Tuvo que recordarlo todo para darse cuenta que había estado yendo en la dirección equivocada. Había pasado tanto tiempo desde aquello y había hecho tantos intentos por enterrar a esa "yo" tan débil dentro de sí que había desechado y escondido tras una cortina oscura esos recuerdos. Ella dijo aquella vez que nunca perdonaría una traición así…¿y qué estaba haciendo ahora? Cayendo una vez más en la trampa del amor, la misma trampa que en esos años la había cegado y le había hecho soñar y creer que podía ser feliz. Pero no señor, no fue así y ella lo sabía bien. Todo ese tiempo él no fue sincero del todo, él le ocultó las verdaderas intenciones de Klaus y aún amándola como decía que la amó jamás se atrevió a advertirle y protegerla. Después de las cosas horribles que pasó en su tierra, después de haber perdido a su hija y de haber sido apartada por sus familiares, después de toda esa mierda que tuvo que pasar… aún así creyó en él, aún así le entregó su amor.¿Y qué hizo él? ¡Nada! Si, todos esos días había hecho lo posible por apartar eso de su mente, pero ya no podía negarlo más. Ellos la habían matado, ellos le dieron el empujón para ser el monstruo en que se convirtió, en la perra manipuladora que todos detestaban. Lo hizo si, ¿y qué? Cualquier cosa para mantenerse con vida, para demostrarle a esa maldita familia que era más fuerte que ellos y que ni la traición ni su corazón roto la iban a vencer. Ellos le quitaron las esperanzas, mataron a su familia… ¿cómo perdonar eso? ¡No hay forma! Es cierto que Katerina Petrova murió esos días destrozada por el dolor, traicionada y sola. Y ahora Katherine Pierce se iba a encargar de vengar a Katerina, claro que si. Le estaban ofreciendo la oportunidad de participar en un plan para destruirlos como ellos lo habían hecho con ella. Él le mintió, le dijo que la amaba y dejó que le hicieran daño. No podía tener piedad con él.
Pero si estaba tan determinada a vengarse de Elijah y los Mikaelson… ¿cómo es que se sentía tan mal de sólo pensarlo ¿Cómo es que a pesar de la rabia sabía (pero no lo iba a reconocer) que le dolía pensar en lo que iba a hacerle? Elijah confiaba en ella… y lo iba a traicionar. Ojo por ojo, ¿no? Hubo un tiempo en que creyó en él, pero ya no más. Le dolía, pero no importaba. El amor duele, ¿no? Pero la traición duele más. La soledad duele más.
- Has elegido bien – le dijo Esther. Ella apenas asintió. No había elegido bien ni cosa alguna. Sólo quería justicia, por todos los cielos. Justicia por esa "ella" que mataron en aquel tiempo. Justicia para la soñadora Katerina Petrova que se enamoró de alguien que no dio todo por ella cuando tuvo que hacerlo. Y con el dolor de su alma, lo iba a hacer.
