Mi imagen se distorsionó en el espejo poco a poco y me acerqué todavía más para intentar descifrar la escena que se formaba nuevamente en él, pero no conseguía verla con nitidez. Noté como una fuerza inexplicable tiraba de mí e intenté resistirme, pero era demasiado fuerte.
…
Caí precipitadamente sobre un frío y húmedo suelo. Me incorporé con dificultad y totalmente desconcertada.
–¡Vaya! Cuando creíamos que nada más podría sorprendernos –exclamó una irritante voz a mis espaldas
–¡Ni se te ocurra tocarla!
Levanté la vista al instante, Severus estaba esposado y con el cuerpo amoratado. Sus ropajes estaban encharcados en sangre. Grité descontrolada y me abalancé sobre él, pero al momento unas frías y robustas manos me sostuvieron, inmovilizándome.
–¿Esta estúpida chiquilla es el culmen de tus deseos? –comentó entre carcajadas una voz que me resultaba familiar.
–¡Lucius! –intervine con desprecio al reconocer su cara.
–¡Bienvenida! –exclamó de forma burlona. –Por lo visto no es a Snape el único al que se le da bien volver de la muerte –comentó mientras me agarraba con fuerza la barbilla.
–¿Qué le habéis hecho? –pregunté enfurecida intentando zafarme.
–Eso se lo ha hecho él solito… pero ahora que estás con nosotros, quizá no se niegue a contestar a nuestras preguntas –dijo mientras retaba a Snape con la mirada.
–Juro que te mataré y disfrutaré con cada segundo hasta que tu cuerpo sin vida caiga al suelo –susurró Severus en un tono peligroso.
Todos los mortífagos de la sala estallaron en carcajadas.
–Me parece que no estás en disposición de amenazar a nadie, ¿no crees?... ¿y bien?, ¿Hay algo que quieras contarnos? Somos todo oídos.
–Púdrete en el infierno, Malfoy –articuló el profesor exhalando con dificultad.
Estaba totalmente aterrada, mis ojos recorrían el cuerpo de Snape una y otra vez haciendo recuento de las múltiples heridas que lo estaban debilitando. Mis pupilas comenzaron a arder, me sentía impotente, necesitaba auxiliarlo de alguna forma.
–Muy bien –atajó Lucius. –Creo que necesitas un aliciente –constató mientras se acercaba a mí.
–¡Cruccio! –exclamó con una sonrisa de superioridad, dirigiendo su varita a mi pecho.
–¡NO! –gritó Severus descontrolado mientras yo me retorcía de dolor.
–¡¿Dónde la estás elaborando?! –preguntó Lucius con fuerza haciéndose eco por encima de mis gritos.
La maldición cesó a los pocos segundos. Intenté incorporarme del suelo, pero mis rodillas flaquearon, por lo que volví a caer estrepitosamente.
–No se lo digas… –susurré en un hilo de voz, dirigiéndome a Snape.
El profesor me miró desolado, el dolor que manifestaban sus ojos al verme así era indescriptible. Draco Malfoy salió de entre las sombras, caminó hasta mi posición y me agarró fuertemente de la cabellera, arrastrando mi cuerpo unos cuantos metros atrás.
–Quizás preferirías ver cómo todos estos hombres la toman de uno en uno delante de ti, al fin y al cabo hoy no has podido disfrutar del espectáculo final en el burdel. –informó sádicamente.
Snape lo miró con desprecio a la vez que maldecía por lo bajo.
–¡Tomas! –pronunció el pequeño de los Malfoy, abriendo mi camisa de un solo tirón. –¿Quieres ser tú el primero?
Intenté resistirme a su sujeción, pero estaba demasiado débil.
–¡BASTA! –gritó enloquecido al ver que aquel hombre se abalanzaba sobre mí. –¡TE DARÉ LO QUE QUIERAS!
Draco miró a su padre con aire de autosuficiencia, se habían salido con la suya.
–Estamos esperando, Severus –dijo Lucius acercándose a él.
–Todavía no está terminada.
–Bien, te propongo algo –comentó a la vez que le hacía indicaciones a los mismos mortífagos que me habían estado sujetando para que lo soltaran. –Acabarás la poción antes de la próxima luna llena y nos la entregarás. Si te demoras aunque solo sea un minuto, tu amiguita sufrirá las consecuencias –finalizó con una risa triunfante.
–¿Cómo sabré que no le harás daño? –preguntó Severus todavía con una mano esposada.
–No lo sabrás. Así que más vale que te des prisa, el tiempo corre…
Snape me miró devastado, yo aparté mis ojos de él para no infligirle más dolor del que ya estaba soportando. Avanzó hasta mí y me extendió sus manos, pero los mortífagos lo agarraron antes de que llegase siquiera a rozarme para sacarlo rápidamente de allí.
Continuará...
