Ultimo capitulo flashback, para cerrar el pasado de uno de los personajes protagonistas del fic.
Un Grunto caminaba tranquilamente por el desierto, se había separado de su manada por agua, pero no sentía preocupación, como cualquier otro animal, su propio instinto lo impulsaba a volver con los suyos.
Entonces sintió un ruido, o un olor, lo que le hizo decidir darse vuelta.
Su cabeza rodó varias veces luego de ser separada del cuello.
Quien había matado al animal caminó, acercándose a este, era un hombre joven de pelo marrón, llevaba un gran saco blanco, debajo de él una camiseta y unos pantalones negros. Tenía dos espadas, una en cada mano, de las que goteaba un pequeño hilo de sangre, que cayó hasta que quedaron totalmente limpias como si fuera magia, en ese momento las guardó en su espalda.
Cuando llegó hasta la cabeza del Grunto, se agachó e hizo una plegaria por el alma del animal con los ojos cerrados.
Los abrió al escuchar un ruido, "Tebigong, ¿has encontrado agua?".
El que había hecho el sonido efectivamente era el mencionado, aunque se veía más joven que como lo conocemos.
"Si", dijo, "pero tuve que escarbar bastante, deberemos llevar la carne para allí", luego de eso vio bien lo que tenia frente a sus ojos, "¿no crees que es un desperdicio matar a un Grunto solo para que comamos nosotros?".
"No había nada más", respondió su compañero seriamente, "lo que no nos llevemos les quedara a los carroñeros y a las bacterias, ellos también deben alimentarse si queremos que el planeta algún día se recupere".
"Tsk", Tebigong se rascó la cabeza, "siempre con esas cosas, vamos, Yura, antes de que los animales llenen la cantera".
La Búsqueda capitulo 25: "Dos, solo dos".
Yura y Tebigong comían alrededor de un fuego, en ese mundo devastado por las guerras, la noche no era calma como la humanidad había llegado a verla en el pasado, el terror podía olerse en el aire.
"Sabes", le dijo Tebigong a Yura, "convendría que ases la carne".
"Solo porque Brenda nos haya enseñado a hacerlo, no significa que esté mejor".
"Puedes enfermarte".
"Nunca ninguno de los dos se ha enfermado, así que no sé porque lo dices".
"Si, supongo que tienes razón en eso, pero de todas maneras el sabor es mejor".
"Solo es tu opinión".
La actitud de Yura hacia enfurecer bastante a Tebigong, siempre era lo mismo.
Ambos fueron adoptados por Brenda cuando eran chicos, y cuidados junto con otro grupo de niños.
Yura siempre fue el reservado, tan extraño, tan callado, pero supo ganarse el respeto de todos, era el único que podía vencer a Tebigong en combate, gracias a sus espadas, con las cuales había sido encontrado, y su naturalidad para manejarlas.
Durante años los ataques se volvieron recurrentes, cultivar era algo muy difícil en esas tierras, pero Brenda logró hacerlo, y esto era muy codiciado.
No pasó mucho tiempo hasta que los chicos maduraron, algunos murieron, pero otros, se volvieron fuertes, pero ninguno como Tebigong y Yura.
Pero un día, Yura decidió que quería marcharse, no hubo razones, simplemente quería irse.
Brenda ya estaba muy anciana, y sabia que el día de su muerte estaba cerca, así que no quiso detenerlo.
Tebigong no supo bien que hacer, y fueron las palabras de quien había llegado a llamar madre, las que le dieron la fuerza para salir al mundo exterior con aquel que consideraba su mejor amigo, aunque nunca hubiera notado el mismo sentimiento en el otro.
Su viaje fue largo, de años, todo lo que encontraban era lo mismo, la humanidad podrida por dentro, muerte, destrucción, ruinas de un pasado que tal vez hubiera sido glorioso, pero del que solo quedaban sus escasos restos.
Los años completaron cada vez más el rompecabezas sobre lo que el pasado había ocultado, aunque nunca completamente.
Y siempre Tebigong acompañaba a Yura sin saber que buscaba este, ni si realmente su compañía era lo que él deseaba.
Fue así que un día llegaron a un pequeño pueblo, totalmente en llamas, destrozado por una maquina que jamás habían visto antes.
Era plateado, tenia miles de partes de su cuerpo como garras, y unos terribles ojos rojos, sea lo que fuera, no era un ser vivo para nada.
Yura y Tebigong no dudaron en atacar a esa cosa tras ver que aun quedaban algunas personas con vida en ese lugar.
"Puño de Tebigong", Tebigong nunca fue alguien muy reservado, así que atacó con todo desde el principio, pero la cosa pegó un gran salto hacia atrás cuando lo hizo.
"DETECTADOS DOS SERES VIVOS CON CARACTERISTICAS METAHUMANAS", dijo la cosa gigantesca, y al instante de varias partes de su cuerpo salieron unos misiles.
Tebigong no sabía cómo esquivarlos, pero antes de que llegaran a él, Yura los había cortado en el aire con su espada.
"Wo, gracias", dijo Tebigong sacándose el sudor de la frente, pero Yura no dijo nada, y arremetió contra el extraño ser metálico, solo para que sus espadas pasaran sin hacerle ningún rasguño.
La cosa movió uno de sus brazos a una velocidad impresionante, aunque Yura logró esquivarlo, recibió un gran corte en su pecho.
"Maldición", gritó Tebigong, y con gran velocidad usó el golpe de su puño sobre la tierra que tenia debajo.
La onda sísmica causo un debilitamiento de la roca debajo del peso de la gigantesca bestia, que empezó a hundirse.
Aunque sangraba mucho, Yura recuperó la energía para moverse y clavar una de sus espadas en una de las uniones de su oponente, lo que causó que se separara la cabeza, explotando casi al instante.
"¿Esa cosa era un robot?", preguntó Tebigong.
En ese momento se escucharon unos aplausos, y tres figuras aparecieron frente a ellos, llevaban trajes violetas que cubrían todo su cuerpo, con gafas oscuras.
"Muchas felicidades", dijo uno que tenía un emblema rojo en la frente, lo que parecía significar algo importante, "han vencido a nuestro prototipo de Cosechador, parece que aun no está perfeccionado".
"¿Eso fue un Cosechador?", preguntó sorprendido Tebigong.
"Claro que no, no quedan Cosechadores, las armas nucleares los destruyeron a todos, este fue solo un intento por parte de nuestro amo, el gran Goenitz, de duplicar sus poderes".
Ese nombre resonó en la mente de ambos jóvenes, no era la primera vez que lo habían escuchado, siempre asociado a muerte, control y destrucción.
"¿Acaso mataron a tanta gente solo para probar un arma?".
"Claramente, y para descubrir potenciales soldados de la causa, debo decir que ustedes realmente han pasado la prueba".
"Estás loco si crees que nos uniremos a Goenitz, sabemos suficiente de él como para saber el tipo de persona que es, y obvio que esto no hará sino empeorar lo que pensamos…".
Antes de que Tebigong terminara de hablar, Yura desenfundó su espada y cortó uno de los brazos del líder de los tres.
"Señor Mantis", llegó a decir uno de los soldados, intentando acercarse a su líder.
"No me toques", gritó este, al poco tiempo la sangre que brotaba paró, como si la herida se hubiera curado, "maldito, esto no te lo perdonare, Moneda de la Mantis".
El sujeto dio un gran salto, y con unos movimientos perfectos, empezó una lucha contra Yura, que con cierta dificultad lo esquivaba.
"Estate quieto, maldito".
Pese a los movimientos que Mantis realizaba, Yura logró posicionarse, y lo decapitó sin problemas.
Los otros dos empezaron a temblar, "no puede ser, nunca un humano normal había vencido a un Wu reencar…".
No llegó a completar sus palabras, ya que él y su compañero murieron al recibir un ataque de las espadas de Yura.
"Yura", lo llamó Tebigong con cierto temor, "¿no crees que has sido un poco duro?, estos dos tal vez solo eran soldados menores que buscaban sobrevivir".
Yura no dijo nada, como si su herida en el pecho ya no existiera, se acercó al cuerpo de Mantis, y tomó el emblema rojo, viéndolo con detenimiento, tras lo cual empezó a caminar.
"¿Adónde vas?", le gritó Tebigong.
Yura paró de caminar, y por primera vez, contestó a una pregunta de su compañero de carácter personal, "ya he encontrado mi misión en la vida, he dejado que me acompañaras hasta ahora, pero ya no más".
"¿Qué?, no me digas que… ¿Vas a enfrentarte a Goenitz solo?, es una locura, ¿no viste el poder de esa máquina?, si no fuera por mi hubieras muerto, y seguro es solo una centésima del poder de ese hombre".
Yura siguió caminando.
"No me obligues a detenerte".
Tebigong preparó su brazo para realizar su ataque, pero una gran cantidad de sangre brotó de su boca, y notó dos grandes tajos formando una cruz en su pecho, cayendo al suelo.
"¿Por qué, Yura?".
"Sé que eso no te matara, te he visto sobrevivir a heridas más grandes, y quedar sin la mas mínima cicatriz", Yura no expresaba ninguna emoción en sus palabras, "sea lo que seas, sé que no eres humano, y a diferencia de mi, tu cuerpo no conservara una marca de este día, pero si nos volvemos a ver, juro que te matare".
Yura siguió caminando, pero con gran dolor Tebigong logró gritar unas palabras más, "¿Ninguna marca?, ¿es que acaso no comprendes que el dolor va mas allá de algo físico?, Brenda sufrió mucho cuando la dejaste, le dañaste su corazón, pero de todas formas no quiso detenerte, y yo también di todo para ayudarte, demonios, ¿nunca te has dado cuenta?, Yura, yo te amo, siempre te ame, y no dudé en sacrificarlo todo por ti, aunque nunca hayas demostrado lo mismo para el resto".
Yura siguió caminando sin mirar atrás.
"Maldición, mírame, ¿o es que no puedes?, te crees fuerte, pero en el fondo…", Tebigong se desmayó en ese momento por la pérdida de sangre, cuando despertó, se encontraría en una cama, ayudado por las personas a las que él y Yura les habían salvado la vida, tal como su compañero le había dicho, su herida física ya había desaparecido, pero el daño interno quedaría por siempre.
Continuara…
