Título: La hanyou, el hanyou
Resumen: Al encontrar a una miko herida, el grupo decide ayudarla. Más tarde, por la noche, la miko va a junto de Inuyasha y le dice: "Por haberme ayudado, te voy a conceder un único deseo..." ¿Y qué es lo que desea? Que Kagome se convierta en hanyou. InuKag
Disclaimer: ¡NO ES MÍO! Pertenece a Rumiko Takahashi
Género: Romance/Acción/Aventura
Edades: Kagome: 16 - Inuyasha: 18
Nota de la traductora: los personajes y la historia no son míos. Los personajes son de Rumiko Takahashi y la historia es de Wolf Blossom.
Capítulo 25: Inesperado Giro de los Eventos
Eso fue como una bofetada en la cara de todos.
—Cómo… ¿cómo lo sabes? —preguntó Kagome, sus ojos se ampliaban, encarando a su mejor amiga. Sango abrazó a Kagome, su respiración venía en intervalos superficiales.
—Protegimos el templo de Midoriko… sabemos estas cosas —Sango tragó saliva.
—Había un viejo proverbio que decía "El portador quedará atrapado si la llave desaparece…" supusimos que significaba que Kagome, la portadora, quedaría atrapada en su tiempo si la llave, la Shikon no Tama, se usaba para un deseo… le pregunté una vez a Kaede, hace tiempo… y ella lo confirmó…
Kagome alzó la vista hacia su compañero, con una mirada de terror en su rostro. El corazón de Inuyasha dejó de latir al oír lo que había dicho Sango. Podía: o traer de vuelta al hermano de su amiga… y perder a su compañera… o conservar consigo a su compañera y presenciar el derrumbamiento de su amiga.
Miró a Kagome, que ocultaba su rostro en el hombro de su amiga y luego a Sango, que enterraba su cabeza en el pecho de Kagome.
¿Y ahora qué? Pensó al mirar a Miroku. Vio que Miroku también tenía una mirada muy sorprendida en su cara.
—Entonces… ¿qué hacemos? —preguntó Shippo, expresando en voz alta lo que todos estaban pensando.
—Yo… no lo sé Shippo —dijo Miroku. Inuyasha no podía apartar sus ojos de Sango y Kagome. Su compañera, que llevaba a su cachorro podía traer al hermano de Sango de vuelta… e irse para siempre… o simplemente podrían olvidarse de Kohaku y presenciar cómo Sango se rompía en un millón de pedazos.
Inuyasha le tendió a Shippo el fragmento, quien luego corrió hacia Kagome y tiró suavemente de su brazo, ganando su atención.
—¿Shippo? —susurró. Shippo le tendió el último Shikon no Kakera y las lágrimas, una vez más, saltaron a los ojos de Kagome. Ella, aunque reacia, sacó el fragmento de la mano del joven kitsune y lo presionó contra la perla. Ésta brilló con un claro color rosa antes de que una completa y redonda esfera sagrada colgara del cuello de Kagome.
Todos fijaron la mirada en la perla que estaba ahora, finalmente, completa. Su viaje, sus peligrosas batallas que abarcaban el tiempo desde la Máscara de Noh en el siglo XXI hasta Naraku de vuelta en el siglo XVI, su trabajo duro finalmente valía la pena.
Con el pequeño hecho de que o perdían a Kagome o perdían a Kohaku, todos habían matado completamente sus espíritus de celebración.
—¿No podríamos pedir…? —Kagome alzó la vista hacia su compañero y frunció el ceño al ver que Inuyasha meneaba la cabeza.
—¿Por qué no? —preguntó.
—Primero —dijo Inuyasha en el tono más suave que pudo formar—, estamos hablando de Sesshomaru, él no lo hará. Segundo, Kohaku ha sido incinerado. No puedes regenerar… el polvo.
Sango cerró los ojos fuertemente, intentando detener las lágrimas que empezaban a crearse detrás de sus párpados. Kagome reforzó su agarre sobre Sango, su corazón se rompía con las palabras que había dicho Inuyasha. Si alguna vez perdía a Souta, dios sabe lo que le pasaría a ella. La respiración de Sango se volvió irregular, tanto Kagome como Inuyasha la oyeron. Miroku se detuvo al lado de su amigo hanyou, observando a su prometida que lloraba en los brazos de la compañera de su amigo.
—Inuyasha —murmuró Miroku. Miró al monje que miraba, con mucha concentración en sus ojos, a las dos damas.
—¿Qué? —dijo Inuyasha mientras volvía a mirar a Sango y a Kagome.
—Desea que Kagome permanezca en esta época —murmuró Miroku, lo suficientemente alto como para que sólo lo oyera Inuyasha. Miroku olvidó recordar que Kagome también era un inu-hanyou y que también captó lo que dijo.
—¿QUÉ? —gritó Kagome—. ¿Qué quieres decir con que desee que me quede? ¿Tu prometida se está rompiendo en pedazos porque su hermano ha muerto y tú quieres que me quede?
—¿No crees que Inuyasha se moriría si su compañera estuviera siglos lejos de él? —soltó Miroku en dirección a su amiga miko-hanyou—. Yo amo a Sango y sé que le duele, pero, aunque no me gusta decirlo, superará lo de Kohaku. Él ha estado muerto durante bastante tiempo y a Sango le ha ido bastante bien. Si un compañero deja al otro, el infierno se desata y temo decir que AMBOS compañeros mueren.
Los ojos de Kagome se abrieron con horror mientras el agarre de Sango se reforzaba sobre Kagome.
—Él tiene razón —murmuró, su cabeza seguía enterrada en el pecho de Kagome. Las miradas de todos se dirigieron rápidamente hacia la sollozante taijiya. Ella levantó lentamente su cabeza y con unos ojos acuosos y sombríos, miró a Inuyasha.
—Desea que Kagome se quede. Superaré lo de Kohaku, pero vosotros dos nunca podréis superar lo vuestro.
—Sango —le reprendió Kagome—, ¿qué demonios estás diciendo?
—Estoy diciendo algo con sentido —dijo Sango mientras se secaba las lágrimas. Miroku avanzó hacia ella y envolvió sus brazos alrededor de sus hombros. Sango se apoyó contra el cuerpo de Miroku, permitiendo que su calidez la relajara. Kagome se sentó en el suelo, mirándolos fijamente a los dos que estaban perdidamente enamorados.
Inuyasha no me ha dicho que me ama, se dio cuenta Kagome. Habían sido compañeros durante algún tiempo y, demonios, incluso estaba embarazada, y aún así él no le había dicho ni una vez las dos palabras directamente, Te Amo.
Ahora que lo pienso, yo tampoco se lo he dicho nunca, pensó Kagome mientras continuaba observando a sus dos amigos. Inuyasha caminó silenciosamente hasta ponerse detrás de Kagome. Ella olió su presencia detrás de ella y sus orejas se movieron. Se levantó despacio, sólo para sentir que sus brazos se envolvían fuertemente alrededor de su cintura, su mano derecha acariciaba su estómago por debajo de su camiseta.
Los estremecimientos se dispararon a través de la columna de Kagome mientras sentía sus garras raspando su estómago. Está hablando con nuestro cachorro, se dio cuenta al sentir un patrón en sus caricias. Las orejas de Inuyasha y de Kagome estaban erguidas, intentando captar sonidos irregulares tanto de Miroku como de Sango.
—Queremos hablar un rato —dijo Miroku finalmente mientras empezaba a conducir a Sango hacia la cabaña. Inuyasha asintió.
—Lo mismo conmigo y Kagome.
Shippo y Kirara permanecieron donde había estado Kohaku momentos atrás, observando a las dos parejas marcharse en direcciones opuestas.
—¿Qué crees que pasará, Kirara? —preguntó Shippo inocentemente a la neko-mata.
Kirara inclinó su cabeza y emitió un sonoro maullido, sus espíritus volaban con los restos de Kohaku, el hermano de su ama.
Miroku y Sango estaban juntos en la cabaña, envueltos en el abrazo del otro. Sango volvió a empezar a llorar, al no ser capaz su corazón de soportar el dolor de perder a su hermano para siempre. Endureció su agarre sobre su prometido, mientras que el toque de él se volvió más suave. Estaba acariciándole la espalda, ambos sentados contra la pared. La cabeza de Sango estaba en la curvatura del hombro de Miroku y el brazo de éste estaba alrededor de sus hombros.
—Diles que no deseen que Kohaku vuelva —lloró Sango—, no seré capaz de perder a una hermana.
Miroku cerró los ojos.
—No podemos hacer nada sobre ello, Kagome tiene que pedir el deseo, ella es… después de todo, la protectora y la portadora de la perla.
Los ojos de Sango se abrieron de golpe.
—Entonces es obvio que deseará que Kohaku vuelva. ¡Miroku tenemos que detenerla!
—¡Sango, ahora no! —dijo Miroku severamente. Sango salió de entre sus brazos y se giró hacia la puerta.
—¡Sí ahora! ¡Es Kagome y no importa el qué, ella nunca piensa en sí misma!
—¡Sango! ¡Inuyasha y Kagome están hablando! —gimió Miroku. Las lágrimas de Sango volvieron a aparecer y sus manos se cerraron en puños.
—No me hagas perder a una hermana, Miroku —dijo con una peligrosa voz calmada. Miroku se congeló en el sitio cuando observó a su prometida saliendo de la cabaña.
No pasaron ni dos minutos…
—¡MIROKU!
Inuyasha cargó a Kagome hasta el Goshinboku. Ambos estuvieron en silencio mientras llegaban al árbol. Al segundo en el que Inuyasha se sentó en el árbol, Kagome se giró en sus brazos y presionó sus labios contra los suyos. Inuyasha se esperaba eso, a juzgar por su aroma, y casi instantáneamente, puso sus brazos alrededor de su cintura.
Kagome presionó sus labios con más fuerza contra los suyos cuando cayeron el uno sobre el otro. Sintió el calor de la necesidad salir de Inuyasha y presionó su cuerpo contra el suyo. Gimió cuando la lengua de Inuyasha chocó contra la suya.
—Inuyasha —dijo mientras la mano de él se deslizaba por su estómago. Los escalofríos volvieron a recorrer su columna una vez más. La perla que estaba alrededor del cuello de Kagome comenzó a brillar mientras los dos empezaban a sentirse más ligeros.
—¿Qué pasa? —preguntó Kagome mientras se agarraba a su compañero.
—No lo sé —dijo Inuyasha mientras agarraba firmemente a Kagome. Los rodeó una cálida sensación y una voz angelical llenó sus oídos.
—Uno puro no consigue separar a dos cuerpos por incontables siglos. Uno puro permanece puro y concede los más profundos deseos del corazón más puro.
La luz se apagó y el calor fue muriendo.
—¿El más puro qué? —Inuyasha arqueó una ceja. Kagome frunció el ceño mientras pensaba por un momento, luego se dio cuenta.
—Lo sé —dijo, sus ojos se abrían como platos.
—¡MIROKU! —captaron las orejas de los dos. Kagome e Inuyasha supieron quién era instantáneamente.
—Sango —murmuraron mientras él la cogía en brazos y empezaba a correr hacia la cabaña.
Miroku corrió fuera para ver a una mujer alta sosteniendo un arpón ensangrentado en sus manos. Sango estaba doblada en el suelo, y Kagura y Kanna estaban a una distancia segura de la mujer.
—Quién… ¿quién eres? —los ojos de Miroku se abrieron como platos mientras corría hacia Sango. La dama soltó una risa estridente mientras Inuyasha y Kagome se dirigían a donde estaban ellos.
—Ah —la mujer tenía una sonrisa de villana en su rostro—. Príncipe Inuyasha —sonrió—, y su Princesa.
— ¿Quién demonios eres tú? —demandó Inuyasha—. ¿Cómo demonios conoces nuestro estatus y POR QUÉ cojones le hiciste daño a Sango?
—Oh —la mujer compuso una sonrisa demente—. Lo siento. No la vi.
Kagome tiró de la manga del haori de Inuyasha mientras se agarraba fuertemente a él. Había bajado de su espalda y estaba justo detrás de él.
—Tiene trazas del olor de Naraku —murmuró Kagome. Inuyasha respiró hondo y sus ojos se abrieron como platos al darse cuenta.
—Es verdad —murmuró. Apartó a Kagome a unos pasos de él.
—¿Quién demonios eres tú? —demandó Inuyasha mientras desenvainaba su Tetsusaiga. Kagome también se agarró al Kibou.
La dama adoptó un aire despectivo mientras hacía que el arpón se incinerara. Miroku estaba sujetando fuertemente a Sango mientras ella trataba de coger aire.
—Ese arpón era venenoso —la dama sonrió—, tu pequeña amada morirá —murmuró mientras encaraba a Inuyasha.
—En cuanto a tu pregunta, querido —hizo una reverencia, sus ojos apuntaban hacia Inuyasha—. Soy Tsuki.
Inuyasha arqueó una ceja.
—¿Tsuki?
Tsuki asintió.
—Correcto, Tsuki, y yo amé a tu padre.
Os estáis volviendo muy rápidos, vamos a una velocidad de un capítulo cada dos días y eso es genial, porque si puedo terminar de traducir este fic antes de la época de los exámenes será genial.
Muchas gracias por toda esa presión. Siguiente actualización a los 258 reviews.
Besos ^_^
