Una felicidad bien merecida

«Felicidades señoras, vais a tener una hermosa niña»

«¿Una hermanita?» preguntó tímidamente Henry

«Sí, Henry» respondió Ruby al ver que sus amigas se estaban mirando, sin haber escuchado la pregunta del niño.

«Pero…una chica no juega al fútbol» dijo él desolado.

Las tres mujeres se echaron a reír al escucharlo.

«Depende de cuáles, yo jugaba cuando podía» confesó Emma.

«Pero las chicas en la escuela son tontas, ellas quieren jugar a ser princesas y nosotros debemos hacer lo que ellas dicen, quieren dar besos cuando es asqueroso. Y cuando jugamos el fútbol, dicen que somos malos. No vale, una chica no juega a Zelda, bueno, salvo mamá»

«¿Tú juegas a Zelda?» preguntó Emma

«No, yo…sí, en fin juego por Henry»

«¿Ah sí? ¿Y por qué nunca me devuelves el mando?»

«Te desbloqueo cuando no logras avanzar» se justificó la alcaldesa

«¿Durante dos horas?»

«Yo…no yo…bueno, fuiste tú quien quisiste que jugara contigo, no es mi culpa si me gustó» dijo molesta al ser descubierta.

«Lo sé, pero puedes al menos confesarlo»

«Eres demasiado encantadora» dijo Emma al escucharla refunfuñar de exasperación

«Mira quién fue a hablar» dijo ella, provocando las risas de su compañera.

Regina le golpeó el hombro y se giró hacia su hijo

«En serio Henry, ¿te ha desilusionado saber que tendrás una hermanita?»

«No, pero ¿jugará conmigo?»

«Por supuesto, te va a adorar, y se pegará a ti porque serás su hermano mayor guay y adorado. Querrá jugar contigo porque es tu hermana, y cuando ella crezca, estarás ahí para protegerla, la ayudarás a crecer, le enseñaras los trucos para convencer a Emma cuando yo diga que no a algo. Tendrás la misión de amenazar a los chicos o chicas que le ronden, y cuando ella tenga a alguien, la ayudarás a que nos lo presente y que evite los errores que harían que nosotras tuviéramos ganas de matarlo»

Henry se echó a reír y puso su mano sobre el vientre de la rubia.

«Tienes razón, de hecho, es guay una chica»

«¿Crees de verdad que ellos podrán convencerme cuando tú digas no?» preguntó Emma

Regina no respondió y se conformó con levantar una ceja con expresión cómplice.

«Ya…» concedió la rubia «Es verdad. Bueno, vamos a tener una niña»

«Una pequeñina»

«Una mini Emma»

«Ella va a poder obtener todo de ti» dijo divertida la rubia

«Como su madre» dijo ella inclinándose para besarla.

«Entonces, ¿puedo tener una noche de creps?»

«Noche de creps tendrás» dijo ella en voz bastante alta para que su hijo escuchara.

«¡Guay!»

«¿Con jamón, queso de cabra, miel, tocino, huevos, Nutella, mantequilla de cacahuete, mermelada de fresa, limón…?»

«Oh, calma, calma, tendrás todo lo que te apetezca, pero para, nuestro hijo tendrá un coma diabético solo de escucharte» dijo ella mirando al niño cuyos ojos estaban desorbitados.

«Heu…» resonó la débil voz de la ginecóloga «¿Puedo apuntarme?»

«¿Vendrás sola o con tu lobo?»

«Con mi lobo, si prometes no meterte con él»

«Prometido»

«Ok, entonces»

«Bien, esta tarde a las 19:00. Creo que estarán también Mary y David»

La pareja salió con su hijo, hicieron un alto en la tienda para comparar todos los ingredientes de la velada y volvieron a casa.

«Es divertido tener tanta gente en casa» dijo Regina terminando de preparar un bol indecentemente grande de masa de creps.

«Es fantástico» respondió Emma pegándose a su espalda.

«Solo hay que dejarlo reposar» dijo ella continuando con lo que estaba haciendo a pesar de tener a su compañera aferrada a ella.

«¿No te molesto?»

«No» dijo la morena acariciando su cabeza «Me gusta tener a mi koala aferrado a mi espalda»

«Y, ¿no te gustaría que nos sentáramos en el sofa para que pudieras mimar a tu koala?»

«Emma, Henry podría bajar»

«No digo hacer el amor, solo digo…sentarnos…tú y yo, y disfrutar de estar juntas»

Regina sonrió ante el tono serio de su compañera.

«Oh…sería cruel si rechazara darle un poco de ternura a mi bello koala»

Así que, fueron a sentarse, Emma pegó su espalda al brazo del sillón, sus pies encima. Separó las piernas para invitar a su compañera a instalarse en el hueco. Regina se sentó entre sus piernas, pero cara a cara, pasó sus piernas alrededor de su cintura, sus rodillas alzadas. Emma le sonrió como una adolescente enamorada hasta las trancas y se echó hacia delante para besarla. Levantó el vestido vaporoso de la alcaldesa y, mientras hablaban, comenzó a acariciar su suave pierna.

Hablaban, se decían palabras tiernas, se besaban y se acariciaban castamente. Regina nunca había vivido un momento tan dulce, tan confortable. Extrañamente, comenzó a sentir una intensidad que le cortaba la respiración. Estaba en los brazos de su compañera, y por primera vez en su vida, alguien la quería sin pensamientos ocultos. Emma la rodeaba con su dulzura sin esperar más en ese momento, solo feliz de tenerla para ella en un sencillo momento de la vida, sin fingimientos ni sobreentendidos. La amaba sin contrapartida. Si mañana dijera que ya no quería más sexo, sabía que a su compañera le iba a faltar, pero que no la empujaría, porque más allá del deseo por su cuerpo, ella se había enamorado de su alma. La amaba sin condición, y la gran diferencia en esa historia, es que ella sabía que nunca podría decir "se acabó el sexo". Porque con su hermosa rubia, ella quería todo eso, quería la pasión, la dulzura, el abandono. Quería lo desconocido, la rutina, envejecer juntas.

«Te amo» dijo ella, cortando el discurso que mantenía en su cabeza.

Emma la miró, sorprendida, después sus ojos se dulcificaron y comprendió todo lo que había detrás de esas dos palabras, todos los pensamientos de su futura mujer.

«Te amo» respondió ella.

Y se besaron tiernamente.

«¿Esos son caricias de adultos?» preguntó Henry a su maestra que estaba junto a él en el umbral de la puerta.

«No Henry, esas son caricias de amor. Ven, vamos a dejarlas un rato más a solas»

«¿Van a hacer caricias de adultos?» dijo él con una mueca de asco

«Ah, no Henry, no te preocupes, ellas no harán eso sabiendo que tú estás aquí»

A las 20:00, todos estaban en la gran mesa del salón degustando los creps y riendo juntos. Regina se levantó para ir a buscar la Nutella que se había olvidado y se detuvo un momento a la vuelta, admirando la escena ante sus ojos. Emma se dio cuenta y se levantó para ir hacia ella.

«¿Qué ocurre?»

«Nunca he tenido a tanta gente que quiero en mi casa. Mira a Henry, está lleno de vida, está feliz, despreocupado, vuelve a ser un niño de seis años»

«Podemos hacerlo a menudo si te hace estar tan serena»

«No lo comprendes, ¿sabes cómo eran nuestras comidas antes?»

«No» dijo ella agarrándola por el brazo.

«Había tres posibles maneras, Leopold invitaba a un montón de gente a causa de sus negocios, yo me angustiaba durante tres días preparando todo, intentando adelantar. Él quería que todo fuese perfecto, para mostrar hasta qué punto su mujercita era una buena ama de casa que se ponía a cuatro patas para darle placer. Si se quedaba satisfecho, me dejaba tranquila, si no, si no había estado a la altura, me lo hacía pagar en la habitación. Durante otras comidas, solo estábamos los tres, Henry intentaba atraer su atención, pero Leopold lo enviaba a paseo sistemáticamente, recordándole que no merecía su tiempo. La última situación era la mejor, cuando Leopold estaba en sus "cenas de negocios"…» dijo ella ironizando sobre el término.

«Cenas de negocios de largas piernas, ropa interior de cuero y tarifas exorbitantes»

«Eso es»

«Mujeres como yo»

«No Emma, no digas eso. No lo decía por eso. Te amo, no te estoy criticando…»

«Lo sé Gina. Es un hecho, yo era de esa clase de mujeres. Es mi pasado, no quiero hacer como si no hubiese existido. Continua contándome Gina»

«Esas noches, Henry y yo nos divertíamos, éramos más libres, más serenos. Desde que tú estás aquí, estamos totalmente en calma, seguros. Estamos despreocupados gracias a ti y ahora nos has traído una vida social»

«Ruby y Graham son tus amigos»

«Sí, pero nunca los invitaba, y Ruby nunca se hubiera atrevido a invitarse como lo ha hecho. Hemos comido algunas veces juntas, pero siempre en su casa. Tú nos has despertado, has dado un sentido a nuestras vidas. Te amo»

«Yo también te amo. Yo tampoco tuve esto antes, tenía a Mary, pero es todo. Tú tienes la sensación de que yo te lo he dado todo, pero mírame a mí. De prostituta a sheriff adjunta, tengo una hermana, tengo una mujer, dos hijos y una gran familia de amigos, quería morir cada día, y ahora no pasa una hora en que no tenga una gran sonrisa en mi rostro»

«Deseo hacerte el amor por un largo, largo, muy largo rato»

«¡Hey, gente, la velada ha acabado, recogemos!» gritó la rubia dirigiéndose al salón.

«Emma» gritó Regina riendo «No, todavía quedan muchos creps» dijo ella.

Algunos días más tarde, Emma y Regina estaban en la sala de espera de la consulta de Ruby. La joven morena las recibió y dejó que Emma se instalara en la camilla de examen. Comenzó su examen en silencio y a continuación se colocó mejor en la silla.

«Bien, la altura uterina es buena, el útero está flexible, el cuello largo, la tensión es buena. Toda está bien con lo que respecta a la mamá. ¿La notas moverse?»

«Sí, muy a menudo, sobre todo cuando Regina me habla, después se calma en cuanto Regina toca mi vientre»

«Comienza a reconocer la voz de su mamá, está bien. Normalmente, el bebé se muestra muy activo con respecto al segundo progenitor, es la variación de su día. Si además el segundo progenitor acaricia el vientre, habla tiernamente, cuenta historias o canta, son momentos felices para el bebé»

«¿Eso quiere decir que me quiere?»

«Sí, Regina, te quiere»

Ruby continuó con sus exámenes y vio que todo estaba bien, el corazón del bebé, su desarrollo, todo era perfectamente normal.

«Bueno. Ahora vamos contigo, Regina, después iremos al hospital a realiza la amniocentesis» comenzó la ginecóloga «Conozco todos tus antecedentes ginecológicos, voy directamente a sacarte sangre para hacer una examen hormonal. Ya he enviado tu muestra de orina al laboratorio para hacer un test de ovulación, ver si produces bien la LH que es la hormona que prepara tus ovarios para la ovulación. Después haré una histeroscopia y una biopsia de tu endometrio»

«Ok» dijo Regina sentándose, elevando su manga para la toma de sangre.

«Es…» comenzó Emma sin atreverse a continuar «¿Qué es la hyste..maqui..cosa? Sé que no he estudiado…» dijo ella sin atreverse a acabar.

Regina se dio cuenta de la turbación habitual de Emma, pero estaba conmovida porque, a pesar de su vergüenza, se atrevía a hacer preguntas. Eso probaba hasta qué punto la amaba, comprender lo que le pasaba era mucho más importante que esconder su falta de estudios.

«Me gustaría saber también que quiere decir todo eso» dijo ella tomándole la mano para demostrarle que no era la única que no comprendía.

«Con la histeroscopia voy a mirar directamente el útero y el cuello para diagnosticar eventuales irregularidades de la mucosa. La biopsia se hará tomándote una muestra de tu mucosa uterina, y me permitirá ver si tu útero evoluciona normalmente con relación a tus ciclos menstruales»

«Ok, bien, muy bien» dijo Emma conteniéndose para no caminar ni aquí para allá.

«Cálmate, mi amor. Si soy estéril, no es grave, hace mucho tiempo que lo había aceptado. Si no lo soy, pues mejor»

«Lo sé, te amo»

«Hey, chicas» dijo la ginecóloga «Nada de presión, vamos paso a paso»

Efectuó la toma de sangre, después se dirigió a su mesa de examen que golpeó con la mano para que la alcaldesa se acercara.

«Venga, muéstrame tu coño Regina» dijo ella poniéndose los guantes, para aligerar el tenso ambiente reinante.

«Ruby» gritó la alcaldesa asombrada mientras que se compañera dejaba escapar una gran carcajada «Tu comportamiento es completamente anti profesional»

«Perdón, señora alcaldesa» comenzó ella con la voz afectada «Si me lo permite, tendría usted la amabilidad de hacerme el honor de mostrarme su real vagina para que la examine?»

«Te odio» gruñó ella antes de lanzarle una mirada asesina a Emma que reía a un lado.

«Yo también te amo. Bájate los pantalones, Mills, para que pueda dar una ojeada a tu sala de juegos»

Las risas de Emma redoblaron y la morena resopló mientras se desvestía y se ponía el camisón.

«¿Has decidido usar todos los términos nos profesionales que conoces?»

«¿No te gusta que hable de tu albaricoque?»

«Ruby, haz ya el dichoso examen»

«Atención, te va a dar frío en tu minino» dijo la ginecóloga mostrándole el especulo.

Ella lo untó de lubricante mientras que su amiga se echaba, exasperada. Recobró su seriedad al acercar el instrumento, consciente de los problemas que tenía la morena con todo acto de penetración. Regina había aprendido a calmar sus angustias, consciente de que su ginecóloga actuaba por su bien, pero le era difícil controlarse totalmente y Ruby lo sabía demasiado bien. Sin embargo, hoy, sintió a la joven crisparse ante el contacto, pero permaneció en calma, estrechaba fuertemente la mano de Emma a la que le daba igual, mantenía su mirada fija en los ojos esmeralda de la rubia, y escuchaba las palabras tranquilizadoras que le decía acariciándole los cabellos.

«Aunque seas estéril, si decidimos tener más hijos, yo tendré tantos cuantos sean necesarios para complacerte»

«Te amo» murmuró Regina sonriendo.

Ruby se preguntaba si su amiga le había explicado a su compañera el porqué de su bloqueo, inconsciente de que Emma actuaba simplemente por instinto, imaginándose que el acto de penetración, ya proviniese de un hombre o de un examen ginecológico, podía angustiar a su novia después de todo lo que había vivido.

«En mi opinión todo es normal, ahora haré la biopsia, vas a sentir un ligero malestar, como un pequeño pinchazo, pero será rápido»

Regina asintió y la dejó hacer. Expiró cuando la toma fue terminada y sonrió a su compañera que reaccionó instantáneamente besándole la frente.

«Voy a dar prioridad a todos los análisis, y os llamaré más o menos dentro de cuatro días para daros los resultados. Después, me gustaría que te tomaras la curva de temperatura. Todas las mañanas, sobre las 08:00, tomarás la temperatura y la anotarás en una libreta» dijo ella dándosela «tienes que comenzar el primer día de tu próxima regla hasta el primer día de la siguiente. Eso nos mostrará si tu ciclo es normal. Te daré un termómetro para que te lo pongas en el oído, es super preciso»

«Gracias Ruby» dijo Emma tomándolo mientras Regina se vestía.

A continuación se dirigieron al hospital para practicar la amniocentesis.

«Hoy y mañana te quedas bien metida en la cama, ¿ok? Descansa, deja que los demás se ocupen de ti. Al menor dolor, sangrado u otra cosa, me llamas. Tendré los resultados en tres semanas, pero parece que todo va perfectamente»

Las dos mujeres salieron para volver a casa.

«¿Realmente quieres muchos hijos?» preguntó Regina apenas entraron en el coche.

«Sí, en fin…no lo sé. Dos está bien, pero quizás uno más, si lo deseamos»

«¿Y en qué métodos habías pensado?»

«No lo sé, está la inseminación artificial, tirarme a un tío que conozca en un bar, pero eso no me mola demasiado, quitarle el semen a David…» esto último hizo reír a la morena, imaginándose al pobre hombre secuestrado, asustado al verlas lanzándose hacia su sexo.

«¿Por qué te ríes?»

«Perdón» dijo ella deglutiendo «Nos he imaginado agrediendo al pobre David»

«Eres boba…si no…» retomó ella dulcemente «Está…no lo sé…quizás la adopción»

Regina la escrutó con la mirada comprendido la timidez de su compañera.

«¿Quieres poder ofrecerle a un niño como tú lo que tú nunca tuviste?»

«No lo sé…quizás…si…no lo sé, si tú puedes quedarte embarazada, no desearía privarte de eso si lo deseas, pero…si…»

«Me gustaría que habláramos de todo eso. Ya he tenido un embarazo, y aunque me gustaría vivirlo sin estar sola, creo que me encantaría mucho más ofrecerle un hogar a un niño a quien la vida no le haya sonreído»

Emma paró el coche rápidamente y se tiró sobre su compañera para darle un apasionado beso.

«Te necesito»

«¿Qué? ¿Aquí?» preguntó la alcaldesa mirando por la ventana para si había gente alrededor.

«Aquí, en seguida» respondió la rubia velozmente intentando subir la ropa de su compañera.

Salió de su asiento, echó hacia atrás el asiento del pasajero y se posicionó a sus pies. Le sonrió con lujuria y deslizó su cabeza bajo su ropa.

«Emma, aquí no. Podrían…¡Oh Dios mío!...Emma, podrían vernos» dijo ella mientras sentía su ropa interior siendo apartada y una deliciosa lengua abatirse contra su intimidad. Se agarró desesperadamente a la manivela de la ventanilla.

«Emma, soy…una figura…pública…No…no puedo…¡Oh, Dios mío, no pares!» jadeaba.

Emma gimió contra su sexo y la hizo suspirar de placer, la alcaldesa apoyó su otra mano en la cabeza de la rubia que se insinuaba bajo su ropa. Intentaba más mal que bien colocarse mejor para permitirle profundizar el contacto.

«Voy…¡Oh, Dios mío! Voy…más fuerte…más rápido»

La joven rubia dio algunos lengüetazos suplementarios, enviando a su compañera a los abismos del placer, haciéndola gritar su nombre. Cuando Emma se movió para separarse, sintió que su compañera acentuó la presión sobre su cabeza, como para mantenerla en el sitio.

«Más» murmuró ella, sorprendiéndose a sí misma.

En un principio asustada ante la idea de poder ser vistas, Regina estaba ahora completamente excitada por la situación. Era, sexualmente hablando, la cosa más loca que había hecho en su vida, se lo debía a Emma y quería más.

Gruñó de placer al sentir a su compañera volver a su tarea. Exclamó de gozo sintiendo dos dedos entrar fácilmente en ella y se permitió gemir audiblemente.

«Emma, te amo…Oh, Dios mío, te amo»

Gritaba literalmente, importándole poco que el coche no estuviera insonorizado. En los pocos momentos en que lograba abrir los ojos, no veía a nadie por los alrededores y se dejó hundir en los placeres que desprendía su intimidad.

«Bésame» dijo ella, casi sin respiración después de su segundo orgasmo, ayudando a la rubia a salir de debajo de su ropa.

Emma obedeció con placer y tomó posesión de sus labios, dejándola saborearse en el beso. Regina puso sus manos en sus mejillas y la besó con pasión. Después recorrió su rostro con muchos besos, demostrándole así su gratitud. Después de algunos minutos, Emma volvió a su sitio bajo la mirada perdida de su compañera.

«¿Y tú?»

Emma le sonrió guiñándole un ojo.

«Te dejaré que me sorprendas una vez en casa»

Regina se hundió en sus pensamientos. Su primera emoción fue el pánico. Estaba convencida de ser incapaz de sorprender en la cama, aun menos a una mujer como Emma que era realmente experimentada. Pero rápidamente borró esa angustia pensando en la naturaleza de la rubia, su novia era comprensiva y paciente, si le había dicho eso era porque la creía capaz de lograrlo. La idea de que su novia creyera en ella en su terreno le henchía el corazón y la empujó frenéticamente a buscar una idea.

Emma se divertía con la expresión seria de la morena. Sus cejas estaban fruncidas, sus labios apretados, y su expresión concentrada era adorable. De repente, el rostro de la alcaldesa se relajó y sonrió con orgullo. Acababa de recordar una charla que tuvo con la rubia y sabía cómo sorprenderla. Solo deseaba una cosa, volver a casa.

Una vez en casa, Regina sabía que aún tenían por delante cuatro horas antes de tener que ir a buscar a Henry. La llevó a la habitación mientras la iba besando y la echó sobre la cama.

«Emma, necesito estar segura de que confías en mí»

«Completamente» dijo la rubia temblando de anticipación.

«Ok»

Regina desapareció en su vestidor y regresó con algunas telas de satén negro. Se colocó detrás de ella y le vendó los ojos.

«Si quieres que pares, me lo dices»

Emma asintió sonriendo, temblando de excitación.

La alcaldesa la besó en sus labios y por su rostro mientras le quitaba la camisa. La rubia no lograba creer que su compañera se acordara de la fantasía que le había confesado la primera noche en la que se habían dejado llevar por la pasión. Nunca había pensado que iba a satisfacer esa fantasía tan rápidamente.

Sintió cómo la desvestía, emitió un sonido de placer cuando liberó sus pechos, sus pezones se endurecieron inmediatamente al contacto con el frío.

«Gina» gimió.

La alcaldesa estuvo un momento jugando con ella, retrasando el placer completamente, después comenzó a besar sus labios, sus ojos, su mandíbula, su pecho derecho, su garganta. Cada vez que lo hacía se separaba completamente, para sorprender a su amante sobre su próximo destino. Emma gemía, se sobresaltaba, temblaba. Intentaba agarrase a su compañera para mantenerla contra ella, hasta que Regina consiguió atar sus muñecas al cabecero de la cama.

«Déjate hacer el amor»

Emma gruñó de placer cerrando sus piernas para calmar su deseo.

«Dime si está muy apretado»

«Mmmmm…No, está perfecto, mi amor» murmuró

«Tu corazón late fuerte» susurró Regina besándole el pecho

«Es fuerte ofrecerme de esta manera a ti»

Emma había dicho eso tan suavemente que casi no la escuchó

«Te amo» dijo en su oído

Volvió a comenzar sus caricias y le retiró el pantalón, llevándose con él también el tanga. Se enderezó para admirar el cuerpo de su compañera.

Emma sentía cómo su corazón tamborileaba a una velocidad increíble, esperaba a que Regina hiciera su próximo movimiento, completamente subyugada por la situación. Creyó desmayarse al sentir de repente su cuerpo desnudo tenderse sobre ella.

«¡Oh, Dios mío, Gina!» gruñó mientras asimilaba que su compañera se había desvestido.

La alcaldesa ondeó sobre ella un instante, después se enderezó nuevamente, separó sus piernas, pero decidió darle falsas pistas al tomar una de sus pezones en su boca y comenzar a succionarlo tiernamente. Cosquilleó su ombligo con la punta de la lengua y finalmente, después de estar un minuto sin hacerle nada, se colocó lo más discretamente posible entre sus piernas.

Emma intentaba calmar su respiración para concentrarse en su oído, no tenía idea de la posición de su novia en la habitación, pero elevó violentamente sus caderas cuando sintió una lengua deslizarse a lo largo de su intimidad.

«Ohhhhh, Regina…Regina…» gritó ondeándose

Para su gran satisfacción, la morena comenzó inmediatamente con un juego de caricias con su lengua. Descubría la totalidad de su sexo, sin dar respiro a la rubia que parecía una muñeca de trapo bajo ella.

«Gina…oh, Dios mío, no pares…voy a…creo que voy a…Ahhhh…ahhhhh Gina»

Gritaba como nunca y creyó llorar de felicidad cuando un orgasmo violento hizo temblar todo su cuerpo. Luchaba, tiraba de sus ataduras arqueándose tanto como podía. Regina dejó que se recobrara tranquilamente, después la desató y le quitó la venda. Se acariciaron un momento, después Regina descendió hasta su vientre.

«Buenos días, mi pequeño bebé»

Bebé Swan se movió suavemente en su vientre, haciendo sonreír a las dos mujeres.

«Oh, entonces, bebé Swan, reconoces a mamá» dijo Emma acariciando su barriga.

«¿Mamá? No, es mami»

«Yo soy mami»

«No, con ella tú eres mamá»

«Ni hablar»

«Pero, ¿por qué?»

«Porque tú eres mamá y yo soy mami»

«Pero Emma, eres tú quien…»

«Gina, que pensará Henry si nuestra hija me llama mamá y él mami. Pensará que son diferentes a nuestros ojos. Y no es así»

El brillo en los ojos de la morena era maravilloso de ver.

«Los amo mucho Gina, nuestro hijo ha hecho que nos enamoremos de él»

«Nuestro hijo» dijo deglutiendo de felicidad y estrechándola en sus brazos

«Y además, si ella escucha a Henry llamarnos de una manera, ella lo imitará seguramente. Sabes que así será perfecto porque tengo razón. Quiero que cada uno de nuestros hijos tenga la misma vida»

«Lo será. Te amo Emma»

«Yo también te amo. ¿Y con lo que respecta al nombre?»

«¿Lo has pensado?»

«Un poco»

«A ver»

«He pensado en Emma junior»

«¿En…en serio?»

La joven rubia se echó a reír.

«No, pero la cara que has puesto ha valido la pena»

«Francamente, eres tonta»

«Lo sé. Si no, he pensado en Lisa, Emmanuelle, Alice…»

«Sí, son bonitos» dijo ella no muy convencida

«¿Tienes algún nombre en la cabeza?» preguntó la rubia golpeándole la punta de la nariz

«Quizás…Cuando estaba embarazada, pensé durante mucho tiempo en nombres, Henry era evidente, era por mi padre, y si era una niña…había pensado en…Anna. Me gusta mucho como suena ese nombre, yo…»

«Lo adoro» dijo Emma interrumpiéndola

«¿De verdad?...No estás obligada a darme el gusto»

«No, no, Gina, en serio, me encanta. Anna» dijo ella acariciando su vientre.

Regina se inclinó y besó amorosamente su barriga

«Te amo dulce Anna»