Capítulo 25
El suicidio
Sentí náuseas en la boca del estómago ante la frialdad de sus palabras. ¿Cómo podría pensar que me suicidaría? Jamás se me había cruzado esa idea por la mente. Eso era algo que yo no había previsto. Si deseaba apartarme de su camino debería matarme.
—No voy a suicidarme ¿Estás loca? —la contradije con una pregunta retadora, intentando sonar segura, pero mi voz sonó demasiado áspera y débil debido a que tenía la boca íntegramente seca.
Ella me ignoró aparentando que no existía la necesidad de que yo sea participe en mi propio suicidio.
—Había pensado en algo realmente dramático como el veneno de Romeo y Julieta—meditó sobreexcitada, para luego alterarse aun más al expresar su otra idea. — O que te cortaras las venas, sería una gran paradoja que mueras desangrada cuando tu familia se ha esforzado tanto para que tu sangre se mantenga dentro de tu cuerpo—me dijo dejándose ver ansiosa porque llegara ese momento. — Pero considerando que tuvimos algunos contratiempos—agregó observando las numerosas heridas que circundaban mi cuerpo. —Vamos que tener que adjudicar una muerte un poco más violenta.
—Tirémosla de un precipicio—opinó Jason, deleitando a mi captora y aterrándome a mí.
Me agité ante la perversidad de su idea. Su voz era incluso más amenazante que su postura.
—Oh Jason, eres maravilloso—exclamó ella besándole la mejilla.
El mencionado esbozó media sonrisa de costado, que era más terrorífica aún que su rostro plenamente circunspecto, cada nuevo movimiento que realizaba lo hacía parecer más espeluznante. Solo deseaba que él haga uso de su don y desapareciera, más de lo que deseaba desapareciera Caroline.
—¿Con el lobo que haremos? —consultó el vampiro horripilante dirigiendo su mentón levemente hacia Lean con desprecio.
—A él lo tiraremos al mar, lejos de aquí—le respondió ella. —Con suerte las cadenas lo hundirán lo suficiente como para que nunca lo encuentren, su familia pensará que se escapó—recapacitó por medio segundo con rostro inocente. — ¿Los lobos escapan? —lo consultó con su compañero como si estuviera hablando de un cachorro rebelde.
—No lo sé—se desconcertó él, evaluándolo.
—Supongo que lo averiguaremos—dijo ella elevando sus hombros con indiferencia. —De todos modos, nadie sospechará de nosotros que ni siquiera lo conocemos.
Mi respiración de tornó agitada, hiperventilando y las manos comenzaron a sudarme en exceso como reacción al pánico que me invadió al visualizar tan inmediato el momento de mi muerte.
—Eso es cierto—afirmó Jason con la reserva refulgiendo en su voz.
—Gracias Sr. Lobo—le dijo ella a Lean con fingida gentileza. —Fue realmente muy amable de tu parte haberte dejado engañar por mí para utilizarte como escudo—luego se dirigió hacia Jason nuevamente. —Prepara todo que ya debemos encontrar el lugar desde donde la tiraremos, nos hemos demorado demasiado en conversación y formalidades—le señaló con esparcimiento, haciendo que él la obedezca en ese mismo instante en que terminó de pronunciar sus palabras.
Jason abandonó la habitación como un rayo, estableciendo nuestra sentencia de muerte. Contrario a lo había pensado anteriormente, su ausencia no me apaciguó en lo absoluto.
Ya no quedaba tiempo, no quedaban opciones, no nos quedaba nada, la vida de Lean y la mía estaban a la merced de nuestros captores. Observé a mi compañero que se encontraba impresionantemente estático, pero a pesar de su inmovilidad se podía percibir en sus facciones que él pensaba lo mismo que yo. Íbamos a morir pronto.
Siempre creí que moriría de anciana, rodeada de hijos y nietos; con mis padres, tíos y abuelos igual de hermosos que ahora, protegiéndonos constantemente. Nunca sospeché que mi vida terminaría de esta forma, en manos de la misma especie que me había acunado todos estos años. Ni siquiera se me había cruzado por la cabeza que sería exterminada por la desquiciada ex de mi novio, a quien amaba con cada célula de mi cuerpo. Eso me consolaba de alguna forma, al menos había conocido el amor, el amor indiscutible, el amor que te hace pensar primero en la otra persona. Las palabras que me dijo Max en la playa de la reserva se arremolinaron en mi mente perforándome el corazón "sentir el amor verdadero, aunque sea por un día, es mejor que no llegar a conocerlo nunca". Pero era difícil asimilar que justo ahora que lo habíamos logrado sentir, deberíamos perderlo de esta forma.
—Alice—murmuré aferrándome a la vida, esperando inútilmente que mi tía visualice este momento, encuentre este lugar y mis padres me salven de esto, como siempre lo hacían, como siempre se adelantaban a todo lo malo que podría llegar a ocurrirme.
—El lobo no dejará que tu tía vea nada—me rebatió Caroline en tono socarrón. —No es nada personal Jasmett, incluso me caerías bien y podríamos ser amigas si no estuviera Max de por medio... —detuvo en seco su monólogo para girarse hacia Lean desapaciblemente. —¿Qué haces? —le escupió entre dientes mirándolo horrorizada.
—Jasmett, lo siento—murmuró mi compañero entre impetuosos temblequeos que hacían entrechocar sus dientes, pero yo no logré comprender porque se disculpaba y solo lo observé confundida —Dile a la manada y a Max... —pensó un segundo sin dejar de zarandearse antes de concluir su frase. — Especialmente a Max, que los quiero y que son los mejores amigos que alguien podría tener—continuó tiritando de forma cada vez más dinámica.
—¡Detente! —le ordenó Caroline en un grito agarrotado al notar que su temblequeo había sido improvisadamente reemplazado por sacudidas violentas.
Se veía realmente alarmada por primera vez desde que nos había involucrado en su procedimiento de captura. Al ver ese pánico reflejado en sus facciones de ángel conseguí vislumbrar las intenciones de Lean con claridad.
Obtuve las fuerzas que mi cuerpo no poseía desde lo más profundo de mi mente y me abalancé sobre Lean en un estúpido intento de detenerlo, creyendo que yo podría ser más fuerte que su naturaleza, pero fue demasiado tarde. Cambió su piel excesivamente bronceada por un pelaje turbio del color del ónice más intenso. Al mismo tiempo que se escuchaba como se desgarraban cada uno de sus huesos y rechinaban los orondos eslabones que lo circunvalaban. Ese sonido se precipitó por toda estancia como si se hubiera derrumbado un frondoso roble sobre una superficie metálica. Lo que había sido su acentuada musculatura pasó a estar cubierta por excesiva lanosidad y en el proceso de su transformación me golpeó con una de sus garras delanteras que la inquebrantable cadena había dejado escapar, empujándome al suelo.
—Lean—susurré, intentado volver a acercarme a él a pesar de sentir que mi cuerpo ya no respondía a mis disposiciones. —Lean no…—supliqué en mi interior que aún estuviera vivo, pero el ya no se movía, ya no podía escuchar su agitada respiración, ni siquiera podía distinguir su figura de lobezno debajo de esos hierros deformes que se calaban entre su pelaje.
—Jason vete del aserradero lo más lejos que puedas—dijo Caroline en voz grave, con el espanto aun pasmado en su rostro. —Hay sangre fresca.
Su cara fulguraba como su plan se había truncado por completo.
No podría decir si el aludido la había oído, pero no volví a verlo después de las palabras de la vampira.
—Lean, mírame—le rogué en un susurro amortiguado, el sonido de mi propia voz me sonaba extraño dentro de la confusión de mi mente.
Todo lo que nos rodeaba comenzó a volverse color escarlata. El líquido espeso purpúreo brotaba por todos lados, del pelaje Lean, de mí misma, hasta Caroline parecía estar sangrando. Me sentí desvanecer, estaba perdiendo mis pensamientos, sentí como mi ser se alejaba lentamente de mí cuerpo.
—Quédate quieta—me dijo Caroline tomándome por los hombros. No entendía a qué se refería si yo me encontraba inconsciente, sentada sobre el duro suelo donde Lean me había empujado, no podía moverme, no podía pensar, ni siquiera sentía que las lágrimas caían de mis ojos, todo estaba rojo, rojo incandescente. —¡Quieta! —me gritó con hosquedad dándome un leve sacudón que me devolvió la conciencia.
Al reaccionar miré hacia mi cuerpo para darme cuenta de que estaba temblando, más fuerte incluso que Lean antes de transformarse, mi cuerpo se arrebataba en violentas sacudidas, como si estuviera convulsionando. Mi brazo derecho estaba enteramente surcado por tres enormes incisiones, tan profundas que dejaban ver la carne y el hueso a través de la sangre que lo acaparaba todo.
Mi instinto de supervivencia se alarmó al verse amenazado por la sed de la vampira. Intenté alejarme de Caroline, que me miraba con los ojos negros como el carbón, en un inservible intento por prolongar mi vida solo unos minutos más. Ella me retuvo férreamente y contuvo sus instintos de inhalar el aroma que repelía mi sangre. Su obseción por Max era realmente más fuerte que cualquier cosa, incluso más fuerte que sus ansias por la sangre humana.
—Está muerto, ya no late su corazón—sus palabras sonaban como si quisieran tranquilizarnos a las dos, como si yo le importara. Y por supuesto que le importaba, no había dado por terminado su plan. — Pero tú debes vivir un poco más todavía, solo hasta llegar a ese precipicio—se repetía esto para sí misma, como si intentara convencerse de que no debía drenarme por completo para saciar su imprevista sed, que amenazaba con derrumbarlo todo. Se recordaba constantemente su estrategia para reconquistar a Max. —Debes suicidarte.
Tomó un pedazo de la falda de mi vestido que aún quedaba medianamente limpio y lo rasgó para enrollarlo en la parte superior de mi brazo que no dejaba de sangrar, a modo de torniquete.
Yo no podía apartar la vista de Lean, deseando que en algún momento vuelva a respirar por arte de magia.
—Creo que sobrevivirás al viaje—se repitió justipreciando mi estado. Pero algo escuchó que la alarmó, algo imperceptible a mis oídos la aterrorizó, haciendo que comience a mirar en todas las direcciones, buscando lo que ninguna de las dos podíamos apreciar. —Max—murmuró, pronunciando esas tres letras con una voz tan dulce que me resultaba imposible que estuviera saliendo de entre sus labios.
Yo no podía escuchar nada ¿Max estaba aquí? No podía verlo tampoco, pero si Caroline lo estaba nombrando así debía ser. El miedo me inundó por completo, más que antes, más que al reconocer que iba a morir. Ahora era la vida de Max la que estaba en juego también, Jasón estaba por ahí. Recordé cuando Max había mencionado que jamás tendría posibilidad de ganar una pelea contra otro vampiro por haber dejado atrás sus instintos de caza. Menos la tendría con el don que Jason poseía, él podría aparecer detrás suyo y decapitarlo sin que siquiera lo note.
Caroline desapareció de mi vista en un abrir y cerrar de ojos, me había dejado sola, había ido detrás de mi novio.
Me horroricé.
—¡Max vete! —le grité con toda la potencia que mis pulmones me permitieron.
Con la descomunal fuerza de ese alarido sentí como comenzó a latir bruscamente la herida de mi brazo, como empezó a palpitar pertinazmente mi cabeza, como ardió mi tobillo, sentí cada herida que había sufrido mi cuerpo contraerse. La adrenalina de enfrentar a la muerte cara a cara me estaba abandonando, dando paso al desasosiego, al dolor y los recuerdos.
Lean.
Me arrastré por el suelo, sintiendo como la sangre de mi fiel compañero de cautiverio me empapaba el desvaído vestido. Me recosté sobre él, sobre su húmeda figura contrahecha, y volví a llorar desconsoladamente, ahogándome con cada una de mis lágrimas.
—Jasmett—la voz aliviada y espantada de Max acercándose me hizo olvidar las últimas horas que había vivido, incluso el horrible dolor que me estaba invadiendo, hasta me hizo dejar de lado por medio segundo el sufrimiento de la muerte de Lean.
—¿Max? —pregunté estremecida antes de poder confirmar su presencia con mi vista.
Aún se hallaba elegantemente vestido con su traje negro de etiqueta, era lo más sublime que jamás alguien podía encontrarse. Inmediatamente iluminó todo el lugar, volviendo armonioso ese horrible cuarto de torturas.
—Oh, Jasmett—se lamentó con voz atormentada arrodillándose a nuestro lado, al lado del cuerpo de su amigo y del mío.
—Max haz algo—le supliqué estrangulada por el llanto. —Sálvalo, por favor...
Él acarició suavemente a Lean, rozando el pelaje de su amigo con sus dedos, con toda la amabilidad brotando de sus yemas. Luego de tres segundos que parecieron eternos pude distinguir como su cara se contorsionó en una mueca de aterrada consternación.
—Está muerto—susurró con una voz que me adstringió el corazón. —No puedo traerlo a la vida nuevamente, mi don solo revierte el daño de las células, no las puedo revivir—dijo estas palabras dejando entrever como se odiaba a si mismo por la limitación de su don.
Me tomó entre sus brazos en un intento de apartarme del cadáver de Lean, pero no se lo permití.
—No… Por favor—le supliqué en un chillido golpeando su pecho que me aprisionada y expulsé un llanto más dolorido que el de antes al confesarle la verdad. —Es mi culpa, murió por mi culpa, él se sacrificó para que me salven, para que Alice pueda verme, es mi culpa.
—No lo fue, Jass—me contradijo con todo el padecimiento aglomerado en su voz, sin dejar de sostenerme a pesar de que lo aporreaba con todas mis fuerzas. Sentía como mis dedos se herían en cada golpe. —Jasmett, estás lastimándote, cálmate—me intentó tranquilizar, levantándome del piso y alejándome de donde estaba tendida.
—Déjame con él, déjame—le pedí revolviéndome entre sus manos. Él me concedió la petición, regresándome al lado de Lean.
Ya no sentía ningún malestar en mi cuerpo, solo en mi corazón, que acribillaba más que todo el dolor físico que había soportado ese día. Max revolvió las cadenas que ajustaban el pelaje de nuestro amigo, deshaciéndose de ellas dificultosamente, pero dejándolo libre el fin.
—Dijo que te quería—sollocé recordando el momento antes de su muerte, mientras me abrazaba al cuerpo inerte del lobo. Max no respondió, solo se quedó a mi lado acariciándome, dejando que su don haga conmigo lo que no podía hacer con nuestro amigo. —¿Y Caroline? —le pregunté atemorizada al recordarla.
—Escapó—respondió con consternación. —Lo siento tanto, mi amor, lo siento, lo siento—profesó envolviéndome con su cuerpo por la espalda con sutileza, mientras besaba mis mejillas, mis ojos y mis labios empapados por lágrimas y sangre.
—Jasmett—las voces de mi familia se hicieron presentes en toda la mugrosa habitación, sonando como el coro más ambicionado. La música perfecta para mis oídos.
—¿Mamá? —pregunté con voz temblorosa al reconocerla, mientras me relajaba por completo, mi familia estaba aquí, ya nada podía pasarnos, estábamos a salvo.
Entonces todo se volvió oscuro y floté, sin ningún tipo de dolor ya.
No sé cuánto tiempo estuve inconsciente, pero desperté confundida y aletargada, como cuando dormís tanto que no sabes si es de día o es de noche. Al abrir los ojos la claridad que entraba por la ventana de mi balcón me espabiló. Era de día y el sol brillaba en su punto más alto.
Estaba viva y envuelta en la paz de mi cuarto, en la comodidad de mi cama. Ningún dolor físico me amenazaba y ya no tenía puesto el vestido de graduación. Estaba vestida con mi pijama rosado y estaba salvaguardada.
Posé mi vista en las manos que acariciaban mis cabellos suavemente.
—¿Cómo te encuentras cariño? —me susurró la voz apacible de mi madre, quien me miraba aliviada, detenida inmaculadamente a un costado de mi cama.
—¿Dónde está Max? —investigué ignorando su pregunta, mientras giraba mi rostro por toda la habitación sin encontrarlo.
Intenté sentarme en la cama para examinar mejor el panorama que me rodeaba, pero al apoyar mi peso sobre mi codo noté una punzada de dolor en mis venas. Tenía inyectada una aguja mariposa conectada a un conducto de bajada de suero.
—Déjalo ahí—me ordenó mi madre adivinando mi intención y tomando mi mano dulcemente para que no lo arrancara.
Observé detenidamente mi cuerpo que horas antes se encontraba totalmente cubierto por sangre, heridas abiertas y moretones. Ahora todo estaba religiosamente en su lugar, ni siquiera había rastros de las cicatrices que deberían haber dejado las garras de Lean al surcar los tejidos de mi débil brazo. Acaricié ese lugar donde deberían descansar esas marcas, no había nada, ni siquiera un levantamiento de la piel perceptible al tacto, nada.
—Max—explicó mi madre con el agradecimiento rebalsando de su voz, poniendo en palabras lo que ya sabía. Él se había encargado de que no quedara ninguna herida física en mí.
De no ser por mis vívidos recuerdos y el penetrante dolor que acordonaba a mi pecho, nada quedaba de la aterradora noche que había pasado con Lean. Volví a mirar detenidamente el vacío de mi brazo al pronunciar el nombre de mi salvador en mi mente, debería estar cubierto por unos cuantos puntos de sutura. Necesitaba esas cicatrices, ellas eran el memorándum necesario de que Lean había dado su vida por mí, era lo mínimo que yo merecía por haber sobrevivido en su lugar.
—¡Al fin despiertas! —exclamó Renesmee sacándome de mis pensamientos.
Entró en la habitación precipitadamente junto a mí padre y se abalanzó sobre mí.
—Hola hermana—le sonreí mientras la abrazaba con dificultad.
—Me hiciste pasar el peor momento de mi vida, casi muero—me dijo y luego se corrigió mirando nuestros padres. —Casi morimos todos.
—Lo siento—sentí la necesidad de disculparme por haberlos sometido a esa situación.
—¿Cómo te sientes hija? —me volvieron a preguntar, pero esta vez fue mi padre. Él me tomó con sutileza de la mano que no estaba conectada al cable plástico.
—Estoy bien—le dije con sinceridad dado me sentía físicamente bien. —Así que creo que esto ya no es necesario—le indiqué señalando el suero con mi mirada. El asintió y sonrió mirándonos a mi madre y a mí con apego, para luego retirar el artefacto de mi vena con sumo cuidado. Tomó un pequeño parche de la mesita de noche y lo depositó sobre mi piel, donde estaba la minúscula gota roja, producto de la perforación de la aguja. —¿Dónde está Max? —volví a preguntar, mirándolos a todos.
¿Por qué Max no estaba aquí? No podía encontrar ningún motivo que justificara el hecho de que no estuviera en mi habitación esperando que despierte, de haber sido al revés yo no me habría despegado ni un segundo de su lado.
—Yo hablaré con ella—le dijo Renesmee a mis padres, haciéndoles señas con las manos para que se marcharan.
Ellos asintieron y se retiraron de mi cuarto sin reprochar nada, después de besarme en la frente.
—¿Qué ocurre? —me impacienté con esa situación, sentándome en la cama libre al fin del odioso conducto en mi vena.
—Max está buscando a Caroline por todos lados—me dijo Renesmee, acariciando mis dedos con los suyos afectuosamente.
—No, Nesmy, no puede hacer eso—le dije preocupada por la salud de mi novio, mientras intentaba ponerme en pie, pero ella me detuvo. —Ella no trabaja sola, está con Jason, está con otro vampiro que es invisible.
—¿Invisible? —preguntó mi hermana tomándome de los brazos, aun impidiendo que yo me levantara de la cama.
—Él no puede ser percibido por nadie, no pueden leer su mente, ni ver su futuro, siquiera pueden verlo físicamente si él no lo desea, es muy peligroso, tengo que detenerlo—me impacienté, revolviéndome entre las manos de mi hermana.
—Cálmate Jasmett—me intentó tranquilizar. —Están nuestros tíos ayudándolo, Alice, Jasper, Emmett, Rosalie—me dijo nombrándolos uno por uno con paciencia. —Incluso Candy está colaborando mimetizándose con Caroline, no va a pasarle nada a ninguno, relájate.
—¿Pero por qué él no se quedó aquí conmigo entonces? —le pregunté con lágrimas de angustia que abandonaban mis ojos.
—Él debe hacer eso—se limitó a decir. —Debe buscarla.
—No es su obligación encontrarla—la contradije, recordando cuánto lo necesitaba a mi lado en ese momento. —Lean murió Nesmy, Lean murió para que yo sobreviva, él debe estar aquí conmigo...
—Lo sé, hermosa—me dijo ella tomándome en un abrazo. —Gracias a Lean estás aquí con nosotros.
—¿Por eso me encontraron? —le pregunté lamentando profundamente haber quedado viva a costa suya. —¿Alice vio donde yo estaba cuando él murió?
—No, lo distinguió Candy—comenzó a contarme Renesmee. —Estuvo mimetizada contigo desde el momento que sospechábamos que algo malo te había ocurrido. Max no te encontraba por ningún lado en la fiesta del instituto, y cuando vio tus zapatos en el pasillo siguió tu perfume hasta el bosque, dónde se mezcló con otro aroma y los perdió totalmente. Nos llamó de inmediato y Alice empezó a buscar visiones tuyas, pero no podía ver absolutamente nada respecto a ti, temíamos lo peor—confesó recordando ese momento con intranquilidad. —Hasta que Candy estableció empatía contigo, descubriendo que estabas con Caroline—nombró a la hermana de Max con toda la dulzura que no usó en el nombre de la ex. —No podía distinguir dónde estabas, tu no lograbas ver nada de ese lugar y ella solo puede ver lo que tú ves, oír lo que tu oyes y sentir lo que tu sientes, dijo que nunca se había sentido tan aterrada en su vida—rememoró con consternación las palabras de Candy. — Hasta que Lean se transformó, acabando con su vida y haciéndote sangrar en el proceso, ahí Caroline le dijo a Jason que salga del aserradero—continúo relatando, mostrándose inesperadamente apenada con la muerte de Lean. —Nos separamos, dirigiéndonos a los diferentes aserraderos abandonados en las afuera de Forks. Como esta ciudad vivía de la madera hay varios de esos cochitriles por todos lados, pero una vez que Lean falleció Alice comenzó a hacer uso de su don y Max se dirigió al que más probabilidad tenías de encontrarte, para sanarte cuento antes dado que Candy sentía tus signos vitales alarmantemente bajos.
—Creí que moriría—confesé.
—Todos lo creímos—me dijo tocando el relicario de colgante que ella me había regalado, que aun pendía de mi cuello. —Tenías que ver la expresión de Max—recordó estremeciéndose. —Juraría que iban a salir lágrimas de sus ojos, no pensé que un vampiro podría demacrarse tanto.
—No puedo creer que no esté aquí—me volví a lamentar, el disgusto comenzaba a llenar el vacío que su ausencia había cavado en mi pecho.
—Jasmett... —susurró mi hermana con la cautela a flor de piel, esquivando mi mirada.
—¿Que? —pregunté, temiendo lo peor. Algo le había pasado, por eso no estaba aquí, la sangre se me escarchó dentro de las venas. —¿Qué le paso?
—No le ocurrió nada malo, pero...
—Pero ¿Qué? —inquirí desesperada, sintiendo como el corazón amenazaba con salirme por la boca. —¿Qué pasó?
—El no volverá Jass.
—¿Cómo que no volverá?
—No volverá a aparecer por aquí mientras no encuentre a Caroline.
—¿Cómo dices? —mi mente había escuchado claramente las palabras de mi hermana, pero mi corazón no quería entenderlas, no quería asimilarlas.
—Es lógico lo que te digo Jasmett—me dijo mi hermana con algo de rudeza en su voz. —Él no va a volver hasta que Caroline esté muerta e incinerada, al igual que Jason.
—Tienes que estar bromeando—murmuré irritada.
No había posibilidad de que estuviera alejada de Max, solo habían pasado algunos minutos desde que había despertado y su ausencia se estaba incrustando en lo más profundo de mi ser, desesperándome. Me despegué de la cama de un salto, esquivando sus manos que intentaban apaciguarme.
¿Cómo a mis padres se les podía ocurrir que Max se alejaría de mí? ¿Cómo podían siquiera pensar que algo así ocurrirá? ¿Cómo considerarían que él les haría caso? Max y yo éramos uno solo, estábamos entrelazados. Prefería morir mil veces en las manos de Caroline, antes que estar alejada de él un minuto más.
—¿Dónde demonios está mi móvil? —pregunté mientras revolvía toda mi habitación buscando el artefacto por cada lugar. Debajo del sillón, debajo de la cama, entre las almohadas, detrás de la cortina.
—Lo perdiste anoche, te encontramos sin móvil, sin zapatos y prácticamente sin vestido—me dijo observándome con precaución.
—Dame el tuyo—le ordené extendiendo mi mano y fulminándola con la mirada impaciente, con actitud provocadora.
—¿Para qué? —me preguntó Renesmee, ignorando mi postura malhumorada. — ¿Vas a llamarlo acaso?
—Por supuesto—afirmé. —Tiene que saber que nada de lo que digan nuestros padres nos condicionará, él es mi vida Renesmee, no pueden alejarlo de mí ¿Cómo se les ocurre? —le dije permitiendo que la angustia remplazara mi disgusto. El nudo que previene al llanto se instaló en mis cuerdas vocales dificultando que continúe hablando.
—Jasmett... —me llamó ella con la pena en su voz, tomándome de los hombros y llevándome a sentar sobre mi cama. Permití que lo haga, estaba demasiado débil como para seguir luchando. —Esa decisión no la tomaron nuestros padres—soltó cuando me senté.
—¿Cómo? —pregunté al mismo tiempo que una lágrima se escurría por mis ojos anunciando el inminente llanto que se avecinaba. No necesitaba su respuesta, si mis padres no lo habían alejado entonces...
—Lo decidió él—puso mis pensamientos en palabras, apuñalando mi corazón, dejándolo partido en dos.
¡Hola a todos y todas! Espero que estén súper bien y preparados para el final del primer tramo de esta historia. Quiero que sepan que ya empecé con la segunda parte y estoy totalmente abierta a sugerencias! Cuéntenme que piensan.
Tammy.
