En primer lugar: ¡Muchísimas gracias por toda vuestra colaboración! En serio, no me puedo creer que tanta gente participara en la votación. Sois los mejores, sin duda.

Bueno. Estadísticas. Sumando los reviews en todas las páginas, he tenido como resultado: Seis votos a decirle la verdad, dos a que publique lo que ya he escrito, dos que no he sabido como interpretar, y cuatro a que no se lo dijera. Como el que ya tenía escrito era el de decirle la verdad, ¡gana con un total de ocho comentarios!

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Día 8 tras nuevos sentimientos

...

Antonio se despertó con algo de modorra entre los primeros trinares de las apisonadoras. Volteó, cansado, y decidió perderse en su imaginación mientras veía un punto concreto del suelo y se le desenfocaba la vista. Cerca de media hora pasó sin hacer nada más que meditar en nada. Poco a poco salió de su ensimismamiento y se estiró, comprobó la hora y tuvo que despedirse de poder desayunar.

Salió algo tarde de casa, mientras corría con prisas para no perder el autobús. Hacía un calor horrible, y el sol parecía que quería quedarse allí toda la vida. En ese momento echó un poco de menos la brisa refrescante de hacía un mes.

Consiguió llegar a tiempo al trabajo, saludó a su compañero y se dispuso a atender a los pocos clientes que había a esa hora.


En un momento tranquilo en el que estaba intercambiando un par de frases con una pareja de clientes, vio cierto rulo asomarse por la puerta.

Lovino entró en el establecimiento con paso pesado y se sentó en el primer sitio vacío que vio. Miró hacia varios puntos aleatorios del sitio y se puso después a escribir algo en el móvil. El español, curioso, se acercó a él.

–Hola, Lovi. ¿Qué haces por aquí?

–Ya sabes. Quería admirar la flora y fauna del establecimiento. ¿Para qué crees que he venido, sino? ¿Para tomar un café?

Antonio se rio ante el comentario del muchacho y abrió su libreta.

–Simplemente se me hizo raro verte aquí.

El ítalo se limitó a responder con un gruñido y a mirar hacia otro lado. Tenía una bolsa sobre la mesa, la cual señaló después de quejarse.

–¿Qué es?

–Tu puto desayuno– Volvió a gruñir y bostezó–. Tus pisadas con las prisas me despertaron, y cuando bajé no vi la taza de tortuga en el fregadero– Detuvo su frase–. No sé muy bien por qué te lo he traído, pues estás en una cafetería y puedes desayunar sin problema, pero ha sido costumbre, ¿vale? En el anterior trabajo no tenías cafetería– Se llevó ambas manos al rostro y se apoyó en la mesa–. Joder, acabo de hacer el ridículo, pero tú también por olvidarte.

Antonio sonrió, enternecido.

–Entonces... ¿Un café con lo justo de leche (o me patearás) porque luego le echarás dos sobres de azúcar? Y una napolitana, pero de chocolate.

El italiano alzó una ceja y asintió.

–¿Cómo lo has sabido?

–No estoy seguro– Sonrió–. ¿Te lo habré escuchado?

–No que yo sepa.

Antonio se limitó a sonreír y encogerse de hombros, tratando de restarle importancia. Tras esto, dio la vuelta y se fue. Lo que acababa de hacer Lovino había sido terriblemente adorable. Se sintió horrible por no haberle contado lo ocurrido en el día anterior, aunque lo haría al acabar la jornada, o quizás un poco antes. Si había gente delante así no se arriesgaba a ser apuñalado, ¿verdad? Además, seguramente Lovino sería comprensivo y no se lo tomaría tan mal. El pasado era pasado.


El italiano sorbió un poco de su café y contestó a su hermano con pocas ganas, ya que de nuevo volvía con sus problemas de pareja con Ludwig. Que le fuera a otro con esos cuentos, pues él ya estaba pasando por cosas bastante peores con su novio o lo que fuera Antonio en ese momento.

–Oye, Lovino– Lo escuchó llamarlo.

Se giró hacia el español y alzó una ceja. Lo había llamado por su nombre entero, y eso no era una buena señal.

–¿Qué pasa?

–Bueno...– Intercambió el peso de su cuerpo de un pie a otro varias veces– Mejor te lo digo después.

–¿Qué?– Frunció el ceño, molesto– ¿En serio, imbécil? ¿Vas a dejarme con la curiosidad ahora?

–Es que tengo que trabajar, ya sabes... –rio, nervioso. Lo que menos quería es que Lovino tuviera una bebida caliente en la mano justo cuando se lo dijera– Volveré en un momento. ¡Sólo un momento!

Media hora más tarde, el más joven ya estaba bastante cansado de esperar. Suspiró ruidosamente y volvió a mirar hacia la napolitana medio comida que tenía sobre la mesa, y después miró por la ventana, descubriendo que había comenzado a llover un poco. Finalmente, Antonio apareció de nuevo, sonriendo levemente, como si estuviera forzando esa sonrisa.

–Lovi. Bueno, yo...

El corazón del italiano dio un pequeño salto. Eso sonaba como a una confesión. ¿Iba a ser tan fácil? Menudo alivio se estaba llevando.

–¿Recuerdas que ayer salí para hacer la compra? Bueno, verás. De camino al supermercado me encontré con alguien que al parecer conocía antes. Hablamos un rato y después de comprar me... besó, diciendo después de excusa que éramos amantes –Rio, nervioso– ¿Qué opinas al respecto?

Lovino vio hacia él, perplejo. Sonrió con una pequeña y falsa sonrisa, para luego mirar hacia su taza vacía.

–¿Que te dijo qué?

–Que... éramos algo así como una pareja.

El de ojos ambarinos comenzó a reír levemente y se cubrió el rostro con las manos, apoyando sus codos en la mesa.

–Eso es mentira. Nosotros estábamos perfectamente, nuestra relación no tenía fisuras– Suspiró, intentando calmarse. Una parte de él no parecía creerse lo que él mismo estaba diciendo–. No te imagino engañándome.

Antonio soltó aire, algo más aliviado.

–Sólo quería informarte de esto ya que, bueno, creo que es importante que lo supieras.

–Ya, ya...– Se levantó y dejó el dinero sobre la mesa– Creo que voy a irme.

–¿Lovi?

Lovino miró hacia él, sonriendo con muy pocas ganas. Se notaba que aquel comentario no le había resultado agradable.

–Yo... Lo siento, Lovi.

–Quizás habría sido mejor no saberlo.

Apartó a Antonio de su camino y salió del establecimiento. Lo que peor le venía en ese momento era saber que alguien andaba diciendo cosas como que era el amante del español. Se puso la capucha de su chaqueta y fue hacia donde había aparcado el coche, pateando todo lo que le pillaba de camino, hasta a un niño al cual tuvo que pedir disculpas. No era su culpa que justo decidiera pasar por delante en ese preciso momento.

Al llegar a casa dejó la chaqueta a secar. Como no tenía mucho que hacer en esas horas sólo, simplemente se puso a jugar en el teléfono móvil y a contestar a quien le mandara un mensaje. Alguna que otra persona preguntando por cómo estaba Antonio, su hermano molestando... lo usual. Al menos así se distrajo algo de tiempo, sin pensar en el reciente incidente en absoluto. No, no pensaba en aquello para nada, para nada.

Dejó el móvil sobre la mesita de café y encendió la tele con mala leche.


El sonido de la puerta de la entrada y algo chapoteando por el pasillo lo sacaron de su sueño. Quizás llevaría media hora durmiendo ya que la sequedad de su boca y el desconcierto eran signos de una siesta, o… de haber sido drogado. Abrió el ojo derecho con pereza, comprobando que aquella cosa que chapoteaba era Antonio. El español lo miró unos segundos, esperando una respuesta.

–¿Qué pasa? ¿Por qué estás calado?– Preguntó con cierto interés y preocupación el de ojos color miel.

–Salí tarde de la cafetería y perdí el autobús– Tiritó notablemente y dejó caer su cazadora al suelo–. Como te imaginarás, llovía bastante.

–Podrías haberme llamado.

–Lo hice– Lovino cerró la boca antes de comentar algo más–. Como no me respondías, pensé que estarías enfadado.

El italiano se levantó del sofá, quedándose sentado en éste. Efectivamente, tenía cuatro llamadas perdidas de su compañero.

–Lo siento. No lo escuché– Suspiró, decaído–. No estaba especialmente bien y dejé el teléfono.

–Lovino.

El citado dirigió la mirada hacia Antonio, algo decaído al recordar el tema.

–¿Quieres tener una cita este sábado?– Preguntó éste– Y bueno, no hablo exactamente de "rememorar", si no... Una cita real– Agarró una mano de Lovino y le miró a los ojos–. No sé qué habré hecho en el pasado y qué no, pero, bueno, quiero intentar empezar la relación.

El italiano se sonrojó levemente y dirigió la mirada hacia el televisor, tratando de calmarse y que no se le notara la sonrisa tonta que sus labios acababan de dibujar.

–Vale– Soltó, tratando sonar escueto– ¿Cine?

–¡Cine será!

...o...o...o...

Supongo que algunos os estaréis preguntando dónde estará el drama, la sangre y las cabezas cortadas. Todo a su debido tiempo. En serio. Todo a su debido tiempo...

De todas formas y como ya he mencionado últimamente, apenas he estado escribiendo durante estas últimas semanas, así que seguramente tarde mucho en publicar (A ver, con mucho no me refiero a un mes o más, o al menos quiero pensar que no).

Como he dicho antes, muchas gracias a todos por haber participado y por seguir dándome ánimos.


Sigdom: Nah. No tiene por qué doler. No soy taaaaaaan cruel... O sí. Te has leído Represión, así que puede ser. Jajajaja Puede ser, no descartes esa idea pues tiene sentido (Yo haría lo mismo(?)). ¡Gracias a ti por comentar!

Maddy: Fue un golpe a traición, lo sé. Mucho fluff para ZAS, puñalada en las costillas. Naaah, no dolió tanto. ¿Ves como Lovi está bien? ¡No se lo tomó tan mal! Bueno... Tratándose de mí, no esperes gran cosa, de verdad... ¡Gracias por comentar!

Lovi Love: ¡Me alegra que mi historia sea de tu agrado! Te eché en falta estas últimas publicaciones y en el final de mi otra historia jajaja. No te preocupes en no creer eso, pues hay varias personas que piensan como tú, y quizás sea así. Ya se sabrá con el tiempo, ¿no? Piensa que Lovi está con Antonio porque lo quiere por encima de cualquier cosa. Es el único que le ha demostrado amor verdadero. Quizás... Quizás supiera que realmente lo engañaba y no quería dejarlo, o quizás realmente no lo sabe. Jajajaja está bien. ¡Gracias por comentar!


Quizás a varios le haya decepcionado esa reacción tan... Sencilla. Es normal. Ya os digo. Más a delante el tema se esclarecerá del todo.

¡Hasta la próxima!