Capítulo 26:
El Elegido
El suave viento del atardecer barría la blanca arena y las olas espumosas mojaban sus pies desnudos. Le gustaba ese lugar, era hermoso y apacible, pero lo mejor de todo era saber que Harry se encontraba ahí, a su lado, observando el horizonte mientras el tiempo transcurría sin preocupaciones.
Potter le rodeó con un brazo y Draco escondió el rostro en su cuello aspirando el aroma dulce y varonil que despedía. Escucho su risa casi infantil y se sintió completamente feliz. Debía estar muerto porque aquello se parecía al paraíso, aunque pensándolo bien a lo mejor sólo estaba soñando. Así que surgió en él la necesidad de saberlo y dejó que la pregunta se le escapara.
-¿Qué es este lugar?- dijo dirigiéndose a Harry.
El moreno le miró con expresión pícara -Acaso no lo reconoces, estamos en Norddelch, en la casa de la playa.
Pero eso no era posible pensó el rubio negando con la cabeza –No puede ser… es que no parece real…
Harry le sonrió y acercó su rostro plantándole un beso en los labios, Draco saboreó su boca reconociendo su sabor y sintiendo el calor intenso que le transmitía.
-Acaso esto no te parece real – dijo el moreno
Malfoy asintió, ¿Tenía importancia que no lo fuera? Por supuesto que no. Recargó su cabeza y cerró los ojos dejándose arrastrar por el momento mientras el sol empezaba a desaparecer por el horizonte, tembló ligeramente pero Harry le cobijó haciéndole sentir mejor. Las sombras alargadas y oscuras les rodearon y el frío se hizo intenso, alguien le jaló llamándole –Draco, Draco vamos –decía una voz, pero él tenía mucho frío y no quería moverse ¿Por qué no podía quedarse ahí?
Malfoy abrió los ojos sobresaltado y una luz intensa inundo sus pupilas, fue consciente de que se encontraba rodeado por varias personas. Una de ellas le decía-Muy bien muchacho, lo hiciste muy bien, ya pasó todo te tenemos de regreso.
Estaba vivo, había vuelto prácticamente de entre los muertos y se encontraba en el Hospital de San Mungo atendido por un nutrido equipo de medimagos que le sanaban utilizando lo más avanzado de la magia. El hechizo de la marca había muerto con Voldemort y ya no le podía hacer más daño, sin embargo las heridas causadas antes de desaparecer, no remitieron y por poco le matan, se sorprendió al saber que tenía varios meses debatiéndose entre la vida y la muerte, increíble que en su sueño sólo hubiera parecido un minuto.
Desde su lenta y dolorosa recuperación el rubio observó pacientemente como un nuevo mundo mágico se abría paso dejando atrás ese episodio oscuro que ahora formaría parte de su historia. El proceso de sanación no era nada fácil, demasiadas heridas y demasiadas pérdidas. Sin embargo, la capacidad que adquirieron los habitantes subterráneos para construir a partir de la nada les fue muy útil y por todos lados empezaron a surgir grupos de sobrevivientes aislados. Algunas familias lograron reunirse después de años de separación, también algunos amigos y amantes, los demás tendrían que conformarse con el recuerdo nostálgico de sus seres queridos.
Por supuesto, no todo fue resurgimiento, quedaba pendiente el sucio y desagradable asunto de lidiar con los prisioneros del lado oscuro, así como con todas esas familias fanáticas. En efecto, los principales líderes oscuros perecieron en el Campo de Quidditch, eso había sido muy inteligente de parte del Ejército de la Luz, sin cabecillas a los demás no les quedó más remedio que huir o rendirse. Sin embargo, existía un número enorme de seguidores del lado oscuro que no estaban en el Campo ¿Qué debían hacer con todos ellos? ¿Encerrarlos en Azkaban y tirar la llave? ¿Tratar de hacerlos jurar fidelidad? ¿Petrificarles de forma permanente y almacenarlos en algún lugar olvidado? ¿Dejar libres a los "arrepentidos" y vigilarles? ¿Obliviatarles?
La cruel realidad era que el aún incipiente nuevo mundo no se podía dar ninguno de esos lujos, no existían suficientes magos para vigilar a todos esos prisioneros en Azkaban o en ningún otro lado. Tampoco serviría obliviatarles porque no era suficiente borrar la memoria en donde las convicciones y valores personales estaban ya tan arraigados. Y bueno, nadie se podía arriesgar a dejar libres a una partida de fanáticos sanguinarios, así que la decisión fue lógica y la justicia se impartió de forma rápida y precisa.
Harry y el Ejército de la luz se dedicaron a perseguir y cazar a todos los mortífagos y a las familias seguidoras del lado oscuro, sólo se perdonó la vida a los más jóvenes, estos serían obliviatados y reacondicionados para integrarles al nuevo mundo. Para los adultos, la ejecución era un destino inevitable, pocos salvaron el pellejo, para ser precisos fueron exactamente 100 almas en todo el mundo, él incluido.
Su padre también había fallecido, era difícil determinar a causa de que o quien, no dudaba que existieran enemigos oscuros acechándole desde hace tiempo, aunque nunca lo sabría realmente. ¿Se merecía la muerte? El ya no podía contestar esa pregunta, así que se limitó a llorarle y enterrarle como un hijo debía hacer con su padre.
Harry como todo un caballero estaba cumpliendo cabalmente con su palabra, intercediendo a su favor para lograr el perdón junto con esos otros 99 magos.
En el hospital le atendieron solícitamente, la gran influencia de Potter obraba milagros en ese sentido, aunque la realidad fuera otra. Nada cambió para él, sólo se recrudeció. Los prejuicios hacía los "ex mortífagos" no desaparecerían, eso estaba claro desde un inicio. La mezcla de miedo y odio era una combinación muy peligrosa. Sabía que le toleraban haciendo su trabajo lo mejor posible bajo las órdenes del Ministro emergente en persona, pero Draco no se engañaba, él era ahora un paria, la sociedad mágica siempre le recriminaría y le excluiría, no importaba lo que hubiera hecho para redimirse. Ahora le tocaba experimentar en carne propia algo de lo que sufrieron los sobrevivientes durante años.
La mayoría le miraba con reserva y desdén, aunque la orden del Ministro interino era muy clara. Ningún ex mortífago perdonado podía ser víctima de mal trato, exclusión o discriminación alguna, los que no acatarán esta orden serían tratados como criminales. Incluso se les otorgó una pulsera mágica para "identificarlos y protegerles" como amigos de la Luz. Draco sonrió mirando el aro de color fosforescente que circundaba su muñeca y pensó en lo inútil que resultaría eso si se encontraba con una tromba de magos rebeldes resentidos, parecía más una "distinción deshonrosa" que una exoneración.
Pero no importaba, Malfoy tampoco se encontraba entusiasmado con sumarse al nuevo mundo ni deseaba la compañía de los demás. Quería algo de paz en su vida, tal vez viajar y perderse en los confines del mundo, sembrar algo con sus propias manos y cocinarlo sin la ayuda de los elfos, ya había tenido su dosis de pesadillas para esta vida y la siguiente.
Así que durante los largos meses de recuperación arregló las cosas para deshacerse de lo que le ataba a su vida pasada, todo lo innecesario. Donó la gran mansión Malfoy y demás propiedades junto con lo que contenían, sólo conservó los títulos de la propiedad donde sus padres estaban enterrados, tenía la suficiente riqueza para viajar sin limitaciones por el resto de sus días. En eso también Harry había intervenido. Las posesiones decomisadas de la familia Malfoy le fueron devueltas hasta el último penique.
No había visto al moreno desde la batalla, pero tampoco era algo que esperara. Sabía perfectamente que el Elegido se convertiría en el alma de la resurrección y así fuel. Harry corría a lo largo y ancho del mundo trayendo el orden y la paz tan sólo con su presencia. Era una tarea ardua, considerando que existían un millón de cosas que hacer, desde restaurar el Ministerio hasta echar a andar las escuelas, reconstruir ciudades, cazar mortífagos, consolar a los desvalidos, en fin la lista era interminable. Aun así Harry, como el fiel y leal amigo que era, se tomó el tiempo para velar por su bienestar. ¿Por qué eso era ahora… no? Amigos, después de todo lo que pasaron juntos definitivamente le había perdonado. ¿Qué más le podía pedir? Nada, las cosas eran ni más ni menos lo que debían ser.
Después de pensarlo detenidamente, decidió dar la vuelta a la página para iniciar un nuevo capítulo en su vida. No quería permanecer más tiempo en Londres, sabía que en cualquier momento Potter regresaría y definitivamente sería demasiada tentación quedarse por ahí. Continuar flotando alrededor de Harry el resto de sus días insistiendo en algo que nunca conseguiría, sería demasiado doloroso y patético, debía partir y estaba casi listo para hacerlo, sin embargo, algo aún le retenía.
Esa necesidad de protegerle le hacía a veces actuar como un completo idiota, definitivamente era obvio que Harry se encontraba mejor que bien, pero tenía que asegurarse. Y fue entonces que la oportunidad se presentó. A mediados del verano aterrizó en el alfeizar de la ventana una pequeña lechuza rayada con un gran sobre color rojo y plata en el pico. Harry finalmente regresaría y para celebrarlo le harían un homenaje en el salón del recién inaugurado Centro de Convenciones "Dumbledore".
La invitación tenía una breve nota del moreno que decía –No faltes, te espero, necesito verte…
Draco salió de la estación, su equipaje se encontraba ya registrado. El tren partiría un poco después de la media noche, así que tenía suficiente tiempo para aparecerse en el Homenaje que "EL NUEVO PROFETA" había calificado como el evento social del año. Tomó un Taxi en la avenida principal dejando que el sopor del calor veraniego le atrapara. Resultaba un poco ridículo que en medio del verano alguien vistiera con levita y capa de terciopelo, pero no podía presentarse con sandalias y shorts, aunque pasó por su cabeza hacerlo tan sólo para fastidiar a los demás.
Las personas pasaban a su lado mirándole extrañadas, pero las fanfarrias se las llevó definitivamente el pobre taxista muggle. El hombre tenía una expresión de alarma total, no podía creer que ese joven elegantemente vestido insistiera en que lo dejaran en medio de aquel barrio de mala muerte a la entrada de un terreno baldío. Cuando se apeó, el hombre insistió nervioso si estaba seguro de quedarse ahí, incluso ofreció llevarlo a mitad de precio a otro lugar "más conveniente".
-No se preocupe, no me pasará nada…- contestó Draco de forma condescendiente, ¿que acaso el hombre no sabía que ahí el peligroso era él?
El taxista le miró como si estuviera loco, encogió los hombros y salió quemando llanta, el rubio sonrió. Lo que el taxista muggle no podía ver era la increíble construcción de piedra marmoleada que se encontraba en el supuesto terreno baldío. Aquello era realmente exquisito, las columnas del edificio y su cúpula tallada rememoraban el nacimiento del mundo mágico fusionado con el estilo clásico y elegante del viejo.
Malfoy lo observó asombrado mientras caminaba por el sendero de gravilla, escurriéndose entre las personas como un fantasma hasta llegar a la puerta. Un quinteto de jóvenes franqueaban la entrada revisando las invitaciones mágicas, aún existía un estado alarma permanente, los antiguos temores serían difíciles de desterrar.
-¿Nombre?- pregunto uno de los chicos.
-Malfoy, Draco Malfoy
El muchacho pareció reaccionar y levantó la cabeza inmediatamente mirándole con displicente atención, -¿Que dijo? – preguntó nuevamente.
Debía de estar acostumbrado a ese tipo de reacciones, pero no era así, realmente le empezaban a molestar mucho, así que levanto la voz contestando –Soy Draco Malfoy, se deletrea M-a-l-f-o-y... ¿entendiste?
El chico tiró la lista tratando de sacar de forma intempestiva su varita y los que le rodeaban se retiraron aterrorizados, pero Malfoy girando los ojos con expresión de fastidio subió ligeramente la manga de su brazo izquierdo mostrando en alto el brazalete del Ministerio… esto tranquilizó a los perturbados invitados incluyendo al muchacho de recepción que temblaba como una hoja. Por supuesto, el incidente no pasó desapercibido y sintió clavadas en él las miradas de odio. Bien, por él se podían ir todos al diablo, así que les ignoró por completo y entró en el recinto sin mirar atrás.
Fue una agradable sorpresa. Si el exterior le había sorprendido, el interior le dejó sin palabras y se habría extasiado recreándose con cada uno de los detalles, sino fuera porque el saber que vería nuevamente a Harry le tenía más que nervioso, su corazón daba saltos intermitentes y colocó una mano en su pecho para que no se le fuera a escapar.
Se asomó por el balcón para contemplar el esplendor general del lugar. Imposible no verle de inmediato y no sólo por la cantidad de gente que pululaba a su alrededor como si se tratara de abejas rodeando la miel… no, definitivamente no era solo eso. Harry siempre había sido hermoso y atractivo de una forma discreta e incluso desgarbada, pero ahora la palabra exacta que buscaba era arrolladoramente sensual. Su forma de caminar, sus movimientos serenos, su cabello divinamente alborotado, la mirada transparente y tal vez esa aura de energía que parecía desplazar a su alrededor cada vez que se movía aportaba mucho al cambio, pero lo que más llamó su atención fue sin duda su risa, no recordaba haberle visto reír de esa forma nunca, el ceño fruncido y la mirada nostálgica que siempre parecían acompañarle habían desaparecido, ahora una sonrisa franca y permanente adornaba su rostro… que increíble contraste. Harry se veía completamente feliz y porque no debía estarlo, al fin los demonios de su pasado se alejaban. Por un momento recordó la imagen del Potter triste, atemorizado e inseguro, nadie le extrañaría y menos Harry.
Bajó por una de las impresionantes escalinatas tomándose su tiempo para empaparse del ambiente. Una charola paso volando por su lado y el rubio tomó una copa de un líquido verde espumoso, lo paladeó y decidió que aquello sabía a pis de Goblin, repulsivamente agradable, así que la bebió completa de un sorbo.
Rodeo el salón sin acercarse demasiado, no estaba seguro de querer interrumpir aquella fascinante plática que Harry parecía sostener con todos a su alrededor, tal vez sería mejor retirarse discretamente, para que alargar la agonía. Tuvo que recordarse porque estaba ahí, su objetivo estaba cumplido.
Retrocedió hacia las escaleras, pero antes de que lograra escabullirse los ojos esmeralda de Harry le sorprendieron a mitad de camino. Resultaba idiota pretender que no le había visto, así que Draco se detuvo y también correspondió sonriendo de lejos, pensó que con eso debía ser suficiente, de seguro el moreno volvería a concentrase en sus asuntos. Pero para su sorpresa no fue así, Potter atravesó el salón dirigiéndose hasta donde él se encontraba, había mucha gente de por medio, pero siguió avanzando de forma decidida y cuando estuvo a un palmo de él se acercó abrazándole fraternalmente. Esa demostración de afecto fue increíblemente tierna y conmovió a Draco hasta la médula. Cuando al fin se separaron el moreno le retuvo de los hombros diciendo.
-Me da gusto verte aquí en pie ¿Te sientes bien?
-Como recién nacido…-contestó el rubio perdiéndose en el esmeralda de sus ojos.
Harry iba decir algo más pero una persona a sus espaldas le interrumpió.
-Sr. Potter, el evento está por comenzar, le necesitamos ahora…
Resultaba obvio, a su alrededor las personas se encontraban evidentemente incómodas. Tanto los presentadores, como el Ministro estaban demasiado ansiosos por llevarse a Harry de ahí… claro, era inconveniente que el Elegido se mezclara con ex mortífagos.
Harry hizo una mueca divertida que sólo pudo ver él y Draco soltó una carcajada disimulada.
- Bueno, el deber me llama… ya sabes el protocolo y todo este alboroto…-comentó Potter resignado.
-Déjate consentir… te lo mereces…
-No más que tú –contestó Harry y Draco supo que lo decía sinceramente.
- Te vas a quedar hasta el final ¿verdad? ¿Nos vemos al rato?- exclamó Harry apresurado antes de que prácticamente los organizadores le arrastraran lejos de ahí.
-Definitivamente – alcanzó a contestar Draco a voz en cuello mintiendo.
Malfoy subió hasta el balcón, aguardando. Los invitados tomaron sus lugares y el Ministro comenzó a dar un discurso cargado de sentimiento y entusiasmo, enalteciendo al homenajeado. Cuando mencionó el nombre de Harry Potter pidiéndole que subiera al pódium para dirigir algunas palabras a los presentes, la gente se desbordó en aplausos y hurras. El ver a Harry rodeado de aquello, fue algo tremendamente emocionante, siempre le habían atormentado las imágenes del pasado, ahora finalmente se podía desprender de esas pesadillas. Estaba feliz por él.
Se retiró lentamente dirigiéndose hacia la puerta escuchando aquella ovación que no parecía acabar, antes de salir, alguien a sus espaldas le habló llamando su atención:
-¿Te vas tan pronto?
Cuando volteó se encontró ahí parado a Neville.
-Si…-contestó Draco simple y llanamente.
-¿Adónde vas?
-No lo he decidido, pero mi tren sale a la media noche…
Neville asintió y después hizo algo que dejo a Malfoy sorprendido, extendió la mano ofreciéndosela, aquello definitivamente era más que una oferta de paz, Draco la estrechó cálidamente mientras decía –Cuídalo, quieres.
Longbottom se sonrojo ligeramente, pero no había porque, para Malfoy como para todo el mundo era evidente que Neville siempre había estado enamorado del moreno en más de una forma. Resultaba gracioso que el chico pensara que nadie estaba al tanto de aquello.
Draco ni siquiera se dio cuenta del camino de regreso, sólo fue consciente de que estaba parado en el gran arco de entrada de la estación. Paseó por el andén de forma distraída matando el tiempo y observando de vez en vez las puertas de acceso como si esperara algo. Fue casi el último en abordar y mientras lo hacía sonrió amargamente pensando que era un estúpido iluso.-No muchacho, definitivamente nadie vendrá corriendo por el andén para retenerte… no será esa clase de final…. – se dijo.
Cuando el tren arrancó, Malfoy observó como la estación se perdía haciéndose pequeña hasta parecer sólo un punto en el horizonte, la noche era cálida y un olor dulzón saturaba el ambiente. Suspiro, simplemente había cosas que no podían ser. Draco cerró los ojos recordando sus suaves labios, era el último pensamiento que le dedicaría y después nunca más lo volvería hacer. Las lágrimas resultaban insuficientes para lo que sentía, pero Draco sabía que era momento de dejarle ir. A su cabeza acudieron unas palabras tan claras como si se las estuvieran susurrando:
"Porqué el corazón se siente vacío… Porqué mis brazos extrañan el calor de tu cuerpo dormido… Porqué mi alma esta hambrienta de tu cobijo… Necio deseo idiota, amar lo que no se tiene… pero sobre todo, amar lo que nunca se ha tenido…"
