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Heero Yuy no sabía cuantas cicatrices tenía ya en la piel. Entre explosiones, quemaduras, golpes, cuchilladas; un golpe en la nuca no se iba a notar. Claro, quizás sí el chichón que tenía ya que podía sentirlo con sus manos.
Estaba devuelta en la cama del sector hospitalario. Su pierna estaba en altura enganchada a un cabestrillo que colgaba del techo.
¿Cuánto tiempo había pasado? No tenía la menor idea. Apenas abrió los ojos supo que eso era un detalle menor. Era un hecho de que no podría salir de allí por las buenas y quizás, por las malas tampoco.
Cerró los ojos tratando de olvidar el dolor de cabeza y las ganas de lo que fuera contra el chino…
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DC
febrero de 2011
