Bellatrix no notó maldición, ni cuchillo, sino sus labios estrellarse contra los suyos.

Cuando se recuperó del susto comenzó una batalla. Sus lenguas luchaban para dominar a la otra en un beso lleno de fuerza. Sus manos seguían sin tocarla, manteniéndola sin salidas y privándola de ese deleite, no obstante ella le obligó a pegar su cuerpo contra el suyo, atrapándose así misma. El aire le escaseaba, pero no quería soltarle no fuera a volver irse.

Su estómago dio otra voltereta mortal cuando abandonó sus labios, después de ganar la pelea entre sus leguas, para bajar por su cuello dejando un rastro de marcas, mordiscos y sangre hasta llegar al inicio de su escote. Forcejeó con su corsé mientras ella clavaba sus uñas intentado agarrarse a él y no dejando que sus rodillas se doblasen, se mordió el labio intentando contener un gemido cuando sus dientes rompieron su piel otra vez.

Sus manos la tocaron por primera vez, agarrándola por las caderas y pegándola si se podía aun más a él. Bellatrix notó a través de las capas de tela como sus partes intimas chocaban contra la parte baja de su estómago. El pensamiento en sí la hacía perder todas sus fuerzas, pero él no la iba a dejar caer.

Sin darse cuenta se encontraron en su cuarto, la soltó para intentar volver a desatar el apretado corsé. Al ver sus intenciones le ayudó y enseguida cayó éste olvidado en el suelo. Pasó sus manos por sus redondos pechos a través de la tela del vestido, Bellatrix intentó reprimir otro gemido pero no le dio resultado. Voldemort la vio arquearse bajo sus manos, no pensaba más, no quería nada más que follársela y liberar toda la presión que tenía.

Con otro movimiento de su mano el vestido desapareció, dejando a Bellatrix con sus botas altas de cordón y unas bragas negras, sus ondas negras tapaban parcialmente su pecho, dejando ver dos puntos rosas. Él se tomó unos segundos para admirarla, notando como su miembro dolorosamente se hacía aun más grande.

Bellatrix se quedó congelada al notar el frío sobre su piel descubierta, pero rápidamente acometió contra los labios de su señor, y con manos rápidas le desató su túnica perdiéndose entre las otras prendas por el suelo de la habitación, y poco después también su camiseta y sus zapatos. Cuando sus manos bajaron por su sorprendentemente firme y delgado torso y acabaron en su cadera dispuesta a deshacerse de sus molestos pantalones, él la tiró sobre la cama, quedándose sentada en el borde apoyándose en sus antebrazos. Desde abajo admiró su cuerpo cuando con otro movimiento sin varita desaparecieron los restos de ropa tanto suyos y los de ella. La cogió por la cadera y Bellatrix se encontró en medio de la cama entre las sábanas negras y con su maestro encima suyo. Partió sus piernas para darle pleno acceso, pero él se tomó su tiempo, jugando con su cuello y su entrada, solo cuando sus dientes se clavaron en su cuello cortando su piel y sin dejar que ninguna gota de sangre se perdiera ella no pudo aguantar más y se dejó perder por una ola de placer, gritando y arqueando su cuerpo contra el suyo. Él no esperó más y la penetró dolorosamente. Bellatrix se fue adaptando a su tamaño y a su ritmo, hasta que la incomodidad empezó a convertirse en placer, no acostumbrada a su tamaño. Sus manos se recreaban con sus pechos tirando y pellizcando, consiguiendo que sus pezones se pusieran duros. Volvía a notar como su cuerpo estaba llegando al límite, lo rodeó con sus piernas por la cadera aumentando la sensación y clavó sus uñas en su espalda, preparada para pederse. La cogió de la barbilla y la demandó un beso lleno de fuerza y pasión, no duró mucho más y con movimientos bruscos y descontrolados terminaron a la vez.

Se quedaron en esa posición, sin separarse. Ambos agotados recuperando el aliento. Cuando Bellatrix centró su mirada en su rostro, su roja mirada se perdió en su oscuridad y la volvió a besar, esta vez sin prisa. Al terminar él salió de ella y se tumbó a su lado, ambos mirando el techo intentando ordenar sus mentes.

Pasó un tiempo hasta que Voldemort la volvió ha hacer caso. Bellatrix estaba demasiado cansada siquiera para formular una frase coherente, dejando sin decir en voz alta las preguntas que se agolpaban en su cabeza de forma desordenada. Con los labios partidos y el pecho subiéndole y bajando, miró por el rabillo del ojo a su señor. Él tenía los ojos cerrados y su cuerpo relajado. Se giró hacia su izquierda, con intención de recoger e irse a su cuarto cuando su brazo la atrajo hacia su cuerpo.

Sintió su respiración suavizarse contra su cuello, indicando que él ya se había dormido. Ahora podía huir de los brazos del mago tenebroso más poderoso de todos los tiempos, pero al levantarse adormilada y perder el abrazo de su cuerpo, se agachó y simplemente los cubrió a ambos con la colcha. Se recostó como estaban, espalda contra pecho, y colocó su brazo alrededor de ella antes de que el sueño se la llevase completamente, con una ligera sonrisa en el rostro.