holass:
Aquí el esperado capítulo!!
Sin más, disfrútenlo!
Gise.
(disculpando los "horrores de dedo" que encuentren pero subí ipso facto terminé!!!!)
CAPÍTULO 25 – DECISIÓN FINAL
– ¡Malfoy! – Fabian Dogde clamaba a duras penas mientras trataba de alcanzar a Draco que acababa de doblar el corredor a paso ligero – ¡Soy yo, Fabian, espéreme!
A regañadientes, Draco no pudo fingir que no lo escuchaba por más tiempo, casi lo había seguido por tres corredores y tampoco era cuestión de crear un impase con el jefe del DCMI, así fuese un viejo obsoleto en el cargo, aún seguía siendo el jefe y debía coordinar con él la preparación del torneo. Ya habría tiempo para terminar esa otra conversación. Disminuyó el paso con la mayor tranquilidad y giró a los pocos segundos. El rostro de casualidad que puso era casi creíble para cualquiera.
– Sr. Dogde, que sorpresa. ¿Se le ofrece algo?
Con una mano puesta sobre el flato, el viejo Dogde trató de sonreír pero estaba sin aliento. Draco se acercó hacia el viejo y con actitud flemática lo tomó del brazo para sentarlo junto a una banqueta del corredor. Esperó pacientemente que el aire volviera al mago y luego escuchó con atención lo tan importante que tenía el viejo tenía que comentarle para haberlo seguido. Conforme escuchaba el discurso, sus pupilas se iban dilatando advirtiendo peligro. Apretó los puños disimuladamente. Había aprendido a controlar su irritación a través de los años aunque se le hacía difícil en esa ocasión. Casi planeó al milímetro su regreso triunfal a Londres, donde él se encargaba de toda la organización del torneo y la gente reconocía su talento y las puertas se abrían a él y sobre todo, olvidaban el pasado de su familia. Pero ahora le imponían un colaborador – un estorbo – pensó de inmediato. Se vería forzado a repartir el crédito con aquel sujeto y eso no lo permitiría. Tenía que convencer a Fabián Dogde de dejarlo sólo con los preparativos. En su ágil mente los argumentos se agolpaban zumbando. Sonrío mentalmente ante lo fácil que sería convencerlo. Pero debía saber quien era el necio que deseaba opacarlo.
– Y el nombre de la persona que debe trabajar conmigo es….
Las pupilas de Draco se contrajeron de inmediato al escuchar el nombre pronunciado por Fabián Dogde. De pronto dejó de escuchar las palabras que brotaban de los labios del viejo, sólo un retumbar sordo parecía acrecentarse dentro de su cabeza. No sabía por qué le molestaba tanto aquello, pero lo cierto es que le quemaba la sangre. Se había imaginado mil veces que sólo la vería una vez y después de humillarla nunca más cruzarían sus caminos. Pero ahora debía soportar su presencia. Dejó que el viejo continuara hablando, no obstante por más que trató de concentrarse en la conversación, fugaces recuerdos llenaban su mente muy a su pesar. Ella lo había despreciado;
"… comienza una nueva vida, Malfoy…"
No le había dado el chance para hablar…. Y ahora ya era demasiado tarde.
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
– ¿Qué rayos le ocurrió a Hermione? – casi gritó Ron entre el ruido de la multitud que ya empezaba a bailar animadamente – ¿Porqué dejó la ceremonia tan intempestivamente? Pareciera que algo la espantó y por eso huyó…
– Claro que nada la inquietó – se apresuró a contestarle Ginny alzando la voz para hacerse escuchar – es sólo que no se sentía cómoda con tanto ruido, eso es todo.
– ¿Pero a donde fue? – Ron alargó el cuello para tratar de encontrarla entre la multitud – ya ha pasado bastante tiempo y aún no vuelve.
– A mi también me parece extraño que aún no regrese. Fabian Dodge estaba realmente apremiado por hablar con ella –terció Harry.
– Bueno, cualquiera estaría apremiado por estar junto a otro ser humano si la única compañía a su lado fuese el imbécil de Malfoy – Ron hizo un gesto de asco – ¿Captaron la mirada presuntuosa que tenía? No entiendo como es que el Ministerio puede contratar gente como él con sus antecedentes. ¿No hay suficiente personal capacitado en el ministerio para que tengan que llamar a ese idiota?
– El ministerio abrió una investigación contra su familia hace 5 años, Ron – Ginny volteó seria hacia su hermano, frunciendo el ceño con determinación – Su padre pagó por tres años en Azkaban y su madre un par de meses. A él lo absolvieron por las condiciones en que se dio su participación. No te olvides que lo forzaron con la amenaza a sus padres.
– ¿Ahora te volviste una defensora de los Malfoy? Parece que no te acuerdas que eran mortífagos – Ron le devolvió la mirada, claramente incrédulo
– No seas estúpido, Ron – la pelirroja miró a su hermano con chispas en los ojos – Si pensara como tú, como aún algunos cuantos lo hacen todavía – dio una mirada de reojo al salón – no podríamos mantener la paz que tanto nos costó conseguir. La gente tiene derecho a cambiar y debemos darles la oportunidad de demostrarlo.
– Se me hace un poco difícil imaginarme estrechando la mano de Lucius Malfoy. Pasaron demasiadas cosas entre nosotros, Ginny – Harry acarició el rostro de su novia y la miró con sinceridad. Sólo con ella podía expresar tan libremente sus pensamientos – No es tan sencillo olvidar y perdonar.
– Pero es indispensable hacerlo, Harry. No podemos construir un futuro de paz si no aprendemos a ser tolerantes, ni a perdonar la acciones pasadas. Dumbledore lo hubiese querido así. Tú mismo me contaste como quiso ayudar a Malfoy para que se pasara a nuestro bando. Él creía que la gente podía cambiar si se le daba la oportunidad.
– Odio cuando tienes razón – bufó Harry y le tiró de un mechón de cabello, fingiendo estar molesto – Tengo que reconocer que no se ha sabido nada de los Malfoy desde entonces, salvo que se mudaron a Brasil junto al pedante de su hijo cuando salieron de Azkaban. Kingsley les puso guardia por varios meses y en el informe que me mostró hace unas semanas, no se reveló que hiciesen algo incorrecto. Hasta se podría decir que aprendieron su lección. Aunque sería bueno que volviese a darle una mirada concienzuda a aquel informe, para no tener dudas
– ¿Informe escrito? Ginny abrió los ojos desmesuradamente – No me habías contado nada. ¿Draco Malfoy estaba incluido en el seguimiento?
Por la mente de Ginny pasó un fugaz pensamiento. ¿Y si Malfoy trató de contactar o hasta merodeó a Hermione en esos años? No era una idea del todo descabellada y se horrorizó ante la posibilidad que alguien pudiera haber presenciado ese acto y redactarlo en aquel parte. Si Harry volvía a leer aquel informe a conciencia, se daría cuenta de inmediato. Y estaba el obvio hecho de que ahora, aquellos dos trabajarían juntos. No había que ser adivino para saber que las cosas no permanecerían inmutables entre ellos. No creía del todo el argumento de Hermione del supuesto olvido de sus sentimientos por Draco.
Ron seguía despotricando molesto y no percibió el cambio operado en Harry ante las preguntas de Ginny. Imágenes antiguas de Hermione a medianoche mintiendo sobre donde había estado, con los ojos llorosos, o extraña conducta cuando se mencionaba a algún Malfoy, su ausencia larga en otro país como si hubiese huido de alguien, los férreos silencios cuando se tocaba el tema de familia Malfoy y para completar el cuadro, la expresión de Hermione cuando mencionaron que Draco había regresado y trabajarían juntos, antes que Ginny la cubriera con el cuerpo. Los ojos de Harry estaban ahora ligeramente entrecerrados, pero era la extraña sombra brumosa que los había opacado fue descubierta en el acto por su novia. Ambos se miraron a los ojos por un par de segundos, en los cuales Ginny sintió como su piel le hormigueaba y el vello de la nuca se le erizaba.
– Creo que hay algo que debes contarme, ¿cierto Ginny?
La pelirroja siguió contemplando los hermosos ojos verdes de su pareja sin pronunciar palabra alguna. Tarde o temprano la verdad saldría a la luz, muchas veces se lo advirtió a Hermione. Y parecía que el momento finalmente había llegado. Asintió despacio sin dejar de mirarlo. Pasados unos segundos ambos se levantaron y emprendieron el camino hacia una esquina algo solitaria en el salón, donde permanecieron la siguiente media hora.
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
– ¿Porqué tenía que suceder otra vez? –Hermione despotricaba con los puños cerrados frente al desvencijado espejo del baño de mujeres. El peinado estaba completamente desarmado. Las ondas del sedoso cabello castaño al fin libres, enmarcaban sin control el rostro contorsionado por la emoción.
Había corrido hacia allá de manera inconciente. En ese baño había llorado muchas veces por Ron y su relación con Lavender y sobre todo, allí había besado a Draco por primera vez. Todo estaba igual que la última vez que estuvo allí, hasta podía escuchar los débiles quejidos de Myrtle en el fondo de un inodoro inoperativo. Las baldosas deteriorados por el moho, las puertas de madera arrancadas o colgando en ángulos extraños, el ambiente a humedad, volvían a retrocederla en el tiempo. Sólo la imagen que le devolvía el viejo espejo era distinta, no era aquella adolescente crédula y enamorada de un ideal, de un recuerdo. Ahora frente a ella, la imagen de una mujer aturdida y desconcertada. Se había mentalizado para olvidar a Draco Malfoy, a sacarlo de su vida. Y la vida se encargaba de volverlo a meter, volvía a ponerlo frente a ella.
¿Cómo debía actuar ahora?, ¿Qué debía hacer?
Debo renunciar a mi empleo… sí… es lo mejor. Así evitaré verlo todos los días, escuchar su voz… respirar el mismo aire. Hermione cerró los ojos y suspiró fuertemente
El sonido de pasos en el exterior la puso sobre aviso. Como pudo limpió las incipientes lágrimas, tratando de recomponer el semblante. Seguramente Ginny había ido a buscarla al darse cuenta de la situación y no deseaba que la viera ese estado de turbación. Se alisó el vestido como pudo, acomodó algunos rebeldes cabellos tras una de sus orejas y en cuanto sintió que los pasos se detenían en el umbral, giró con la mejor falsa sonrisa que pudo.
Su rostro se congeló en un segundo. Frente a ella y a juzgar por la expresión de su rostro también sorprendido, Draco Malfoy la observaba silencioso desde la entrada a los baños de Myrtle la llorona.
– Insisto, Granger ¿Me estás persiguiendo? – Draco recuperó en un instante aquel gesto exquisito que mediaba entre la altivez y la abierta seducción. Se apoyó en el marco de la desvencijada puerta y cruzó los brazos sin dejar de observarla. Sus ojos grises se habían tornado fríos a pesar del tono disipado de voz. Ni siquiera creyó posible volverla a ver en aquel lugar. Sólo había ido a pensar.
– Yo persiguiéndote… por supuesto que no.
Con el mayor aplomo que pudo juntar, se irguió completamente para no demostrar lo nerviosa que estaba, muy a su pesar. Iba a irse de aquel lugar y luego pensaría con tranquilidad y sangre fría el rumbo que tomaría su vida. Aun no deseaba enfrentarse a él, así que mientras tanto optaría por una retirada estratégica, pero él seguía sin moverse de su lugar.
– No seas tan evidente… nadie con dos dedos de frente va a creer que los encuentros de esta noche son "casuales". Sabes, empiezo a cansarme de ver tu rostro – trató de impregnar en su voz mucha soberbia. Quería que ella sintiera el desprecio que deseaba realmente sentir. Con satisfacción al ver su reacción, sonrió triunfal dejando ver sus dientes perfectos.
Una punzada hirió el orgullo de Hermione y la hizo estremecer. Tal vez pensaba que ella continuaba sintiendo… –trago inconciente al seguir el curso de sus pensamientos – sintiendo algo por él y por ese motivo la provocaba y ofendía. Pues no le daría el gusto. Ya había enterrado aquellos sentimientos y además era una persona madura y adulta capaz de lidiar con un engreído y soberbio como él.
– ¿Y para que querría provocar un encuentro entre nosotros, Malfoy? –Hermione captó en seguida la fugaz reacción en los ojos grises al escuchar aquel abierto encaro y más aún; por la forma como pronunciaba deliberadamente su apellido–. Vamos, ilústrame ¿Cuál es mi motivo secreto?
Draco sintió la irritación espumar en su interior. Ahora él era quien se sentía perturbado ante la confrontación tan evidente. Sólo intentaba fastidiarla y no traer aquel espinoso asunto entre ellos. Jamás iba a admitir que algo paso entre ellos. No podía, simplemente, decir que ella deseaba algo con él; como en el pasado…
Mierda…, sabelotodo insufrible….
– ¿Te quedaste sin nuevos insultos, Malfoy? – Hermione avanzó hacia él decidida. Echó los hombros hacia atrás y ladeó la cabeza sin dejar de enfrentarse a esos dos ojos grises que parecían burbujear como acero en ebullición.
Draco aún seguía sin moverse del umbral, sólo contemplándola. Su expresión ahora era inconmovible. Mas no por eso no dejaba de observarla con curiosidad, como evaluándola. Ella caminó un poco más hacia él rogando mentalmente que se hiciese a un lado y la dejara pasar.
Un metro más y estoy fuera….
De pronto, Draco se irguió derecho y acortó la distancia, quedando a escasos pasos de ella. Sus ojos grises fijos en ella. Eso lo obligó a inclinarse un poco hacia adelante, de modo que la contemplaba claramente. Aún seguía sin pronunciar palabra.
Hermione sintió la garganta seca y algo revoloteando en su estómago pero se obligó a serenarse. Sabía que todo aquello era el juego perfecto de Draco. Levantó la vista y posó sus castaños ojos en él. No le daría el gusto de verla nerviosa ni rabiosa, prefería mostrarse imperturbable, sabía que eso irritaba a Draco Malfoy más que cualquier otra acción o insulto. Él amaba sentirse dueño de la situación, y el hecho de que alguien no se inmutara con sus ataques, innegablemente lograría irritarlo.
– La vida no me alcanzaría para continuar enumerando "cumplidos" para ti – puso énfasis a la última palabra mientras su rostro esbozaba una sonrisa satírica, sin dejar de observarla y mucho menos moverse– Pero lamentablemente, me impusieron tu presencia para los preparativos del Torneo de los Tres magos, y he decidido que, en vez de perder el tiempo haciéndote ver tus defectos, me resultaría más grato simplemente ignorarte.
Hermione cerró los puños con fuerza y el cuero de su pequeña cartera crujió. Contó mentalmente hasta tres. La sonrisa de Draco se ensanchó.
– ¡Me parece perfecto! –La voz de Hermione fue mordaz – Es la mejor idea que has tenido.
Parecía mentira que minutos antes, ella había casi decidido renunciar a su empleo. Pero la abierta bravata de Draco había surtido el efecto contrario, no iba a dar marcha atrás. Aquel trabajo era demasiado importante para hacerlo a un lado por un imbécil como Malfoy. Se decidió en un segundo. No se dejaría intimidar por él.
– Pero nada te impide abandonar el proyecto, Granger. Creo que sería lo más conveniente.
– Conveniente para ti, Malfoy. Ni creas que permitiré que entres al ministerio y a los archivos centrales sin supervisión. Las cosas no son como antes, no me arriesgaré a que t–-
No pudo terminar la frase porque de pronto los ojos de Malfoy se habían encendido como si una tormenta tropical estuviera gestándose en las grises pupilas. La mente de Hermione tardó un segundo en darse cuenta del alcance de sus palabras. Se mordió el labio inferior. En realidad había soltado aquella frase sin pensar.
- Ya no soy el inmaduro adolescente de 17 años – espetó con rabia contenida – Ahora tomo decisiones propias, sé lo que es bueno y lo que no, comprendo perfectamente en qué me equivoqué. Comencé una nueva vida, opuesta a la tuya. Si mal no recuerdo fue lo último que sugeriste al entregarme la varita.
– No fue mi intención ofenderte…
– Tuve que tocar muchas puertas en el mundo mágico para que me dieran una nueva oportunidad – le cortó adusto –y lo he conseguido. Pero no estoy dispuesto a dar más explicaciones ni a permitir que mi integridad y moralidad sean cuestionadas. Mucho menos por una….
– Sangresucia ¿no Malfoy? – soltó herida.
– Asistente, Granger, una simple e inexperta asistente. Aunque creas lo contrario, jamás volví a usar esa palabra, hasta hace unas horas en el invernadero – Draco sintió que su rabia se evaporaba al contemplar el semblante desconcertado de la chica.
Hermione miró a Draco tan fijamente que parecía no poder pestañear. Si tan sólo pudiese leerle el pensamiento…
El ruido de una canción atronadora se filtró por los pasillos e hizo que la conexión entre ambos se disolviera. Ella desvió la mirada inmediatamente sin dejar de apretar el pequeño bolso, la cercanía entre ambos de pronto se hizo demasiado íntima.
– Deb…debo irme, me esperan en el salón… – intentó dar un paso, pero el torso de Draco aún seguía frente a ella.
– ¿Quiénes, el elegido y la comadreja? Soltó Draco de pronto – después de cinco años, aún no puedes conseguir otras amistades más, o tal vez, hasta, no sé, ¿un novio?
El tono extremadamente circunstancial que intentó poner Draco en su frase hizo que Hermione curvara los labios disimuladamente.
– Siempre serán mis amigos y obviamente también tengo otras amistades. –replicó inalterable, sin responder totalmente a su pregunta.
El silencio que se hizo después, hizo comprender a Hermione que Draco esperaba una respuesta completa.
Perfecto, quieres saber? Muy bien, yo también… se aclaró sutilmente la garganta tal vez esta casado como en la anterior realidad…o quizás no… diantre! No me debe importar… aunque…
– No tengo novio. ¿Tú tienes algún compromiso? – exclamó despacio, delineando cada sílaba, como si de ese modo la pregunta dejaría de ser tan directa.
Listo. Ya estaba hecho. Se había expuesto, como res al matadero. Si él quería, haría escarnio de aquel desliz. Ya casi sentía los insultos por inmiscuirse en su vida.
La forma en que los labios de Hermione se curvaron al pronunciar las palabras dejó a Draco ensimismado durante un par de segundos. Los ojos fijos en aquella boca.
Draco palideció. No podía pensar en ello, no debía, se había jurado a si mismo: nunca más. Ese juramento hizo que despertara abruptamente de aquella inquieta visión. Dio un paso hacia atrás.
– Es algo fuera de tu competencia, Granger.
– Tienes razón. Soy una tonta, por suponer que lograríamos entablar una conversación común, como dos futuros compañeros de trabajo. Pasaron demasiadas cosas para pretender dar borrón y cuenta nueva. Y ahora… ¡Hazte a un lado para irme de aquí!
Hermione se había puesto roja de la vergüenza y lo miraba con los puños cerrados, como si en cualquier momento fuera a pegarle un puñetazo. Sabía que se había arriesgado a ello, pero le era imposible no reaccionar. Avanzó con decisión, si era necesario, lo empujaría pero saldría de esa habitación.
Más no fue necesario porque Draco se ladeó segundos antes de que Hermione caminara hecha una tromba por el umbral. Con el rabillo del ojo, pudo observar la sonrisa burlona que ahora iluminaba el pálido rostro e hizo que ella apretara las mandíbulas. Cuantas ganas tenía de hechizarlo…
Sólo llegó a avanzar cuatro pasos cuando sintió que unos dedos delgados pero fuertes la tomaban de la muñeca y contenían su paso. En una milésima de segundo la giraron sobre sí. La sorpresa de aquella acción hizo que se dejara llevar sin oponer resistencia.
Aunque por una pequeña fracción de tiempo, Hermione creyó que él la besaría, pensamiento que bastó para crear una tormenta emocional en su ser, Draco solo la jaló hasta unos centímetros de él y con la misma fuerza la contuvo. Perezosamente, como si todo el tiempo del mundo fuese suyo, levantó la mano en ángulo recto directo a su cabello.
Hermione volvió a sentir aquella conocida impresión de quedarse sin piso y de su corazón tamborileando desbocado. Cerró los ojos instintivamente. No obstante nada sucedía.
– Espino cerval
Hermione casi brincó en su sitio ante la súbita frase de Draco. La magia se había esfumado. Abrió los párpados, algo confundida por el tono indiferente, todavía sujeta firmemente por la mano que aprisionaba su muñeca. Recorrió incrédula la mano libre de su opresor que ahora se retiraba de algún lugar indefinido de su cabellera con algo entre los dedos.
– ¿Co–-como dices? –balbuceó apenas para hacerse oír. El ruido exterior empezaba a incrementarse.
– Tenías una hoja de espino cerval enredada en tu cabello. Aunque creo saber donde fue que la conseguiste – y Hermione regresó instantáneamente al invernadero horas atrás, con el comentario – No puedo asegurarlo y lastimosamente calculo que algún malicioso y suspicaz mago también puede malinterpretar este pequeño detalle, tú entiendes, una mujer despeinada, acalorada y con restos de hojas en el cabello, bueno la imaginación se echaría a volar y francamente no estoy dispuesto a que mi equipo de trabajo, aún cuando no esté de acuerdo con él, se vea de alguna manera afectado por chismes de com––
– ¡Cómo te atreves! ¡PLAAAAFFFF!
Hermione corrió la distancia que la separaba del desvencijado y olvidado baño a la entrada del castillo con frenesí apenas contenido. Estaba enfadada y encrespada con la vida, con esa vida que volvía a perseguirla nuevamente. Ella que había logrado dejar atrás sus recuerdos, sus sensaciones, sus sentimientos, éstos volvían a atormentarla nuevamente con la presencia de Draco Malfoy otra vez en su vida. Y éste volvía a comportarse como un mocoso de 17 años.
Hurón estúpido. Que bueno que te borré la sonrisa de un solo bofetón, pedazo de idiota arrogante
Escuchó su nombre pronunciado a la distancia por única vez, pero continuó su camino con más ímpetu, la rabia pura la energizaba. Seguramente eran Ginny y Harry y lo que menos deseaba ahora era hablar con ellos, quería estar sola para calmarse y meditar, para saber como iba a actuar; después podría inventar una excusa para ellos. Cruzó el amplio salón donde las parejas ya empezaban a bailar con entusiasmo. Sin importarle nada tomó la varita con decisión y se abrió camino de manera poco elegante, empujando a algunas parejas con un halo invisible. Los murmullos no se hicieron esperar.
Detrás de ella, a unos cuantos pasos; la figura alta e imponente de Draco redujo la marcha de inmediato, pareció sopesar la situación y determinar no hacer nada más. Dio media vuelta, no sin antes dar una última mirada de reojo hacia el pequeño sendero humano que había creado Hermione y regresó por donde había venido.
¿Qué diablos esta pasando conmigo?
A lo lejos se pudo notar el destello amarillo de una pequeña llama, el inconfundible punto incandescente de un cigarrillo recién encendido y el sonido de una maldición lanzada al viento. Salió del lugar con parsimonia hacia uno de los pasillos. Necesitaba pensar…
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
– Ya sé que él odió ser mortífago…
– ajá
– Y que su familia estaba amenazada de muerte…
– ajá
– Y nunca más contactó a mortífago o sospechoso alguno….
– Exacto
– Pero….
– ¡No hay pero, Harry!
– Pero… Hermione y… ¿Malfoy?... ¿Los dos tuvieron algo….? Sólo de pronunciarlo, yo…
– Harry…
– ¿Imaginas lo que dirá Ron cuando lo sepa?
– Por eso Hermione no quería contarles nada. Pero creo que ya fue suficiente con los secretos. Ron tendrá que aceptar lo que pasó y punto. Hermione es nuestra amiga, mejor dicho, es casi nuestra hermana – Ginny dedicó una de sus miradas formales al incrédulo de su novio – y si no la apoyamos –acotó fijando sus hermosos ojos marrones en los esquivos verdes – si la condenas sin entender sus razones, estaré muy decepcionada de ti…
Harry blanqueó los ojos ante el claro mensaje de su novia. Además, era historia pasada después de todo. Eran tiempos para recapacitar.
Tomó a la pelirroja delicadamente por el talle y con un movimiento calculado la atrajo hacia sí.
– Trataré de comprenderle
– ¡Harry!
– Vale, lo haré…
Ginny sonrío satisfecha segundos antes de perderse entre el abrazo acelerado de Harry.
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
Astoria Greengrass tomó delicadamente el vuelo de su costoso vestido satinado y subió las escaleras con soltura. Su hermana Daphne, junto a su esposo, estaban muy atrás y ella estaba desesperada por encontrarse con sus antiguos compañeros. Después de la caída de Lord Voldemort, muchas familias pura sangre de Slytherin habían emigrado hacia lejanas tierras por el miedo a ser estigmatizadas o señaladas. Aunque su familia no tenía miembro alguno como mortífago y tampoco habían participado en la batalla de Hogwarts, necesitaban asegurarse que las aguas se calmaran y por ello se mudaron a Canadá años atrás.
Ahora que regresaron, Astoria estaba desesperada por encontrarse con sus viejas amistades. Se sentía algo sola porque nunca terminó de acostumbrarse a los canadienses y deseaba formar una familia como su hermana Daphne, a pesar de ser muy joven aún. Nunca le habían faltado los pretendientes en su nueva ciudad, porque ciertamente era una chica hermosa. Cabellos ondeados dorados como las espigas al sol, rostro como un corazón de mejillas redondeadas y matizadas con un tenue viso sonrosado, ojos con la tonalidad del mar tropical y los labios en contraste, color del terciopelo carmesí. Su esbelta y grácil figura era directamente proporcional a su elegancia innata. Cuando entró al su viejo colegio, caminó apurando los pasos, porque la reunión ya había empezado y por culpa de Daphne llevaban casi tres horas de retraso.
En el corredor, los hombres volteaban a verla inmediatamente. Ella, acostumbrada a estas reacciones continuaba su caminar acelerado, con la barbilla en alto, pero observando disimuladamente a un posible futuro esposo. Tan absorta se encontraba a esta tarea que no se percató que delante de ella había alguien apoyado contra la pared, tan abstraído como ella. Demasiado tarde para frenar, gritó.
El golpe por poco fue frontal, la persona del pasillo, con una agilidad inusitada, como una pantera esquivando al cazador, giró sobre si mismo, la tomó por los hombros inmediatamente y evitó el choque.
Astoria quedó embelesada al instante, fija la mirada sobre los fuertes ojos grises, como mercurio líquido, y de brillo divertido, que la dejaron momentáneamente sin habla. Quieta y expectante de lo que pasaría. Él continuaba con sus manos sobre sus desnudos hombros, ejerciendo una indiscutible, pero agradable presión por un minuto más. Luego, sin más, bajó los brazos con delicadeza extrema y se acercó un poco más a ella, sin dejar de observarla acucioso.
– La pequeña Greengrass, ¿verdad? Como has… cambiado
La sonrisa que empezó a formarse en el pálido rostro enfatizó la barbilla puntiaguda. Astoria abrió los labios ligeramente al contemplar los níveos dientes perfectos. Carraspeó ligeramente antes de contestar e iniciar la charla.
Durante todo el tiempo que duró la plática, el revoloteo de mariposas en el estómago de la chica, nunca cesó.
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
– ¡Hermione! – Ginny gritaba tratando de correr detrás de Hermione– ¡Espera por favor! Me caeré con este vestido si no te detienes…
A pesar de que no deseaba hablar con nadie, Hermione tenía conciencia que no era una niña para salir corriendo y dejar todo atrás. Aunque reaccionara impulsivamente, ahora sabía que su deber era serenarse y pensar con calma las cosas. Pero era endemoniadamente difícil. Igual detuvo la marcha y giró para confrontar a su amiga. La noche estaba iluminada por la luna que ambas chicas podían verse a los ojos nítidamente, paradas frente a frente sobre el verde césped de los terrenos de Hogwarts.
– ¡No puedes huir sólo porque él ha vuelto! – Ginny tenía una mano sobre el flato y respirar entrecortado – Tú no eres así.. – le dedicó una mirada aguda –¿quieres comportarte como una verdadera Gryffindor y enfrentar los problemas, cara a cara? ¡Tienes que regresar al baile!
Hermione suspiró ruidosamente. ¡Odio esta situación!
– Bien, Ginny. Regresaré….
Se miraron por un instante antes de emprender el regreso silencioso hacia el castillo.
– Que bueno que Ginny te detuvo – Harry las esperaba en la entrada principal del castillo – No creo que debas marcharte por la culpa de Malfoy, después de tod–
Pero no terminó la frase. La mirada de exasperación que le dedicó Ginny hizo que enmudeciera.
– ¡Ginny!
– ummmm
– ¡¿Qué le contaste?!
– eeh, creo que todo…
– ¡Ginny!
– Lo siento Hermione – se apresuró a contestar, roja como un tomate al verse descubierta – pero tuve que hacerlo…
Harry incómodo presenció la conversación entre ellas, por momentos acalorada, con toques de amonestación y regaño para terminar con palabras de aliento y cariño. Exhaló aliviado cuando ambas chicas se fundieron en un abrazo.
– ¿Qué… qué harás finalmente, Hermione?
La chica miró a Harry y a Ginny con profundidad. Se tomó unos segundos antes de contestar.
– Draco Malfoy es parte de mi pasado. Ocurrieron demasiadas cosas entre nosotros… Él, me traicionó, no me defendió cuando…. –Hermione hizo una pausa, como si le costase decir aquellas palabras – cuando me torturaban. No hizo nada…
Ginny y Draco se miraron silenciosos.
– Nunca me quiso realmente. Jamás hizo algo que demostrara que me amaba.
– Hermione… si puedo hacer algo…. Dime… lo que sea para ayudarte…
– No te preocupes, Harry. Yo estoy bien, sólo un poco conmocionada con su llegada. No lo esperaba, pero estaré bien, ya me acostumbraré a verlo nuevamente. Soy una persona adulta ¿no?
– Entonces ya lo olvidaste – repuso Harry concluyentemente.
– ¡Basta, Harry! – Ginny intervino espantada – No puedes preguntarle eso.
– Yo… pues, claro que lo… lo – Hermione mascullaba a duras penas.
– Será mejor que entremos, empieza a correr mucho viento y no quiero arruinar mi peinado – cortó Ginny de pronto – A ti sí que te despeino este fuerte viento..… ¿Qué tal si vamos al tocador a arreglarnos un poco antes de volver al baile?
Hermione agradeció con una mirada disimulada el salvavidas que su amiga le tendía para evitar el tema.
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
– Entonces Draco, me prometes que irás a pasar el verano en nuestra mansión del caribe – Astoria hacía un mohín coqueto mientras hablaba – nuestros padres estarán la mar de contentos de que nos frecuentemos de ahora en adelante.
– Haré todo lo posible, Astoria – le dedicó una mirada evaluativa – pero como te dije, no sé aún si disponga del tiempo con esto del torneo.
– No seas tan trabajólico, unas vacaciones antes de torneo harán que recargues baterías y… podríamos conocernos más–. Astoria inclinó el torso sobre la mesa, posó su delicada mano sobre el brazo de Draco e hizo una sutil presión. Sus ojos azules fijos en los satisfechos grises.
El lenguaje corporal y la última frase, confirmó a Draco sus sospechas. Levantó la barbilla y sonrió de gusto.
Tenía todo el derecho del mundo a empezar su vida ahora que la comunidad mágica había vuelto a ver con buenos ojos a los Malfoy. Sentía en ese preciso instante que tenía todo lo que deseaba y aspiraba: Un trabajo importante, galeones ganados por el mismo, la afirmación de la comunidad mágica y un proyecto, hermoso y de familia pura sangre, de futura novia. Tenía el mundo a sus pies.
¡¿Y porqué mierda me siento tan vacío…?!
– ¿Sucede algo? – la chica miró a Draco intrigada por aquel súbito cambio de expresión. Tenía ahora un semblante serio y profundo.
– No es nada. Sólo son estupideces mías.
Dijo esto convencido, después de que una imagen fugaz de Hermione Granger arremetiera en su mente con fuerza.
– ¿Podemos bailar, entonces?
– Por supuesto– la autosuficiencia volvía a implantarse en él – seré el hombre más envidiado de la pista.
Draco se levantó y con movimiento ágil hizo a un lado la silla y tomó, con un gesto galante, la mano que Astoria le ofrecía encantada. Ambos se dirigieron al centro del salón. Con elegancia, Draco la tomó del talle, arrogante y soberbio de saberse el centro de atención. Empezaron a bailar con movimientos suaves y naturales, lo hacían tan bien, como si hubiesen bailado siempre. Ella coquetamente acercó su mano, hacia la nuca de Draco, acariciando grácil la cabellera rubia. Se acercó más hacia él, al sentir que no había freno alguno. Draco la sujetó complacido y halagado; realmente formaban una pareja perfecta.
Pero entonces… ¡¿porque mierda me sigo sintiendo tan vacío?!
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– ¡Me aceptaron! – Ron gritaba exaltado, apenas divisó a su amigo entrar al gran salón. – ¡Lo conseguí!
– Pero… ¿de que hablas Ron?
– ¡Conseguí el puesto en la academia de La Sorbona, en Francia! – Ron abrazó a Harry a pesar de sus protestas.
-- Ron, no entiendo – Harry se soltó como pudo del fervoroso abrazo. – No dijiste nada al respecto… a nadie en realidad?
– Lógico pues, ¿Qué tal si no me lo daban?... y apropósito – Ron alargó su larguirucho cuello para divisar a Hermione y contarle la gran noticia – ¿Donde están las chicas?
– Fueron a los baños a hacer, cosas de chicas supongo. – Harry carraspeó un poco antes de hablar nuevamente –Y no creo que este sea un buen momento para contarle noticia alguna…
– ¡Claro que es un buen momento! – refutó indignado Ron – ¡No te digo que me aceptaron!. ¡Hey, es más creo que puedo ver a Hermione! Sí, sí , es ella. Está parada junto a esa columna – señaló un lugar a unos veinte metros de él. Vamos Harry, ¡Tengo que contarle!
Hermione, efectivamente estaba parada junto a una columna adornada con ramas de acebo decoradas con luces de colores, pero lejos de estar sólo parada, estaba clavada al lugar. Se había quedado magnetizada al sitio cuando había divisado a aquella perfecta pareja bailando en el centro del salón. Él la sostenía como si ella fuera a volar y juntos se movían diestramente, sonriendo, hablando tan embelesados, como si el mundo fuesen solamente ellos dos.
– Hermione… vámonos – Ginny suplicaba detrás de ella. También había divisado a la pareja y a pesar de recordar todo lo que Hermione había expresado sobre el fin de sus sentimientos por Draco, sabía claramente, como mujer y como amiga, que ella se vería afectada.
– Le… está acariciando, Ginny –- un murmullo salió de los labios de Hermione, aún plantada en el lugar – y a él parece agradarle…
– Salgamos de aquí, por favor – Ginny intento darle un pequeño empujón para que se moviera.
– Mira como se abrazan…
– ¡Suficiente Hermione!
El grito de Ginny pasó desapercibido para la gran mayoría, aunque algunos voltearon asombrados por aquel acto fuera de lugar. Uno de ellos fue Draco, quien volteó inmediatamente cuando escuchó aquel nombre.
– Típico de esas Gryffindors – soltó de pronto Astoria – Necesitan llamar la atención de alguna manera ya que no pueden hacer por sus atributos. Ya me lo había advertido mi hermana Daphne que las conoció bien.
Draco disminuyo el movimiento, aunque aún seguía sujetando a Astoria. Los ojos grises no podían apartarse de los castaños, sin razón aparente.
– ¡Hermione!
Ron llegó en ese instante, eufórico sin percatarse, como siempre, de nada. Abrazó a Hermione y la levantó, girando con ella mientras le daba un sonoro beso en la mejilla.
Segundos después, Astoria Greengrass se quedaba sola en medio de la pista.
– ¡Qué demon—! Ron Weasley apenas pudo pronunciar cuando sintió el tirón en el brazo.
– ¡¿No me dijiste que no era tu novio?! – Draco tenía presa de la muñeca a Hermione y la miraba con intensidad creciente.
– El no es mi novio – gritaba aturdida Hermione – ¡aunque no es de tu incumbencia!
– ¿Por qué rayos te habla de esa manera? – Ron miraba desconcertado a Hermione, momentáneamente paralizado – ¿Por qué la estás tocando….? ¡Que mierda te sucede, Malfoy! – giró para enfrentar a Draco Malfoy.
– No Ron, detente – Harry se acercó a Ron y apenas lo contuvo. La gente cerca de ellos empezaba a voltear con curiosidad…
– ¿Qué ocurre, Draco? – Astoria se acercó a Draco. Los ojos celestes se posaron inmediatamente en la mano que sujetaba a Hermione – …me dejaste a mitad de un baile. ¿Qué sucede?
– Hermione… la gente nos está mirando… – Ginny dio una ojeada disimulada. Muchas caras, entre extrañadas y sorprendidas los empezaban a observar con fisgoneo y a murmurar. – esto no es bueno para ninguno de nosotros…
– s-u-é-l-t-a-m-e
– No hasta que me expliques por que me mentiste…
– Déjame Harry, este cretino va a aprender que no puede meterse otra vez con nosotros…
– Chicos… las personas están formando un círculo a nuestro alrededor…
– ¿Por qué continúas asiendo a Granger, Draco?
– Déjame en paz y sigue con tu conquista de turno, ¡vale!
– No hasta que te enseñe que de mi nadie se burla
– ¡Que carajos ocurre aquí!, ¿Alguien puede decirme lo que está ocurriendo?, ¿porqué el imbécil este le habla de esa manera?
– Hey… ahora casi todos nos miran….
– ¿Tienes algo con ella, Draco?
– ¡SUFICIENTE! – Harry exclamó y todos callaron de inmediato ante el sonido autoritario de su voz –. Aquí no hay nada que ver, den media vuelta y regresen a lo que estaban haciendo… ¡Que den media vuelta! – gritó finalmente.
Las personas empezaron a esparcirse y a murmurar por lo bajo pero ya ninguno estaba pendiente de aquel grupo de personas que causaba aquel disturbio.
– Pero Harry…
– ¡No hay peros! – volvió a exclamar decidido, con el ceño adusto y echando una mirada a todos – Ginny, acompaña a Ron a la barra de las bebidas y que tome algo…
– No, yo quier–
– ¡No discutas conmigo, Ron! – Harry le dedico una mirada irritada – Usted, señorita…
– Greengrass. Astoria Greengrass, acotó la joven inmediatamente.
– Vale, señorita Greengrass. Usted regrese a su mesa y…
– Pero yo estoy con Drac–
– Le he pedido gentilmente que regrese a su mesa, señorita Greengrass…
La mirada dura y decidida de Harry contuvo cualquier inicio de oposición en la joven. Regresó por donde había llegado.
– En cuanto a ustedes dos…
– ¡Tú no me vendrás a mí con órdenes, Potter! –saltó Malfoy inmediatamente – Esta será tu nochecita, pero no voy a permitir qu–
– ¡sobre todo tú, me escucharás y harás lo que te digo! – le cortó Harry ahora visiblemente enojado. – Has causado demasiados problemas a Hermione y no permitiré que lo sigas haciendo. Si continúas haciendo una escena como ésta, ella perderá su trabajo.
– Oh no… – Hermione cayó en cuenta de la realidad
– Ahora, ambos – Harry miró alternativamente a Draco y a su amiga – irán por ese comedor y resolverán sus asuntos de manera civilizada sin espectadores ni gritos…
– No voy a perm–
– Vete ahora mismo, Malfoy, o te juro que hablaré personalmente con Kingsley y haré que te expulsen o te censuren de por vida…
– Nada tengo que hablar con este inmadur–
– Tú también, Hermione. Ve y resuelve de una buena vez tu situación para que puedas empezar de cero.
El pecho de Harry subía y bajaba apresurado, las aletas de la nariz estaban dilatadas y una vena en la sien, le latía peligrosamente. Tenía sujeta la varita, aunque dentro de la túnica. Y eso era suficiente para que todos lo obedecieran sin chistar.
Hermione se soltó con furia de la mano de Draco y avanzó pisando fuerte por el extremo norte del comedor. Con sobresalto, sintió pisadas detrás de él. Supo que había llegado el momento de hablar.
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
Me he vuelto loco, no hay otra explicación
Draco avanzaba silencioso tras los pasos frenéticos de Hermione, pero con mil pensamientos en la mente. La única explicación que se le ocurría era esa, porqué ¿Cómo había podido dejarse llevar por aquella sensación incomprensible de querer apartar a Hermione de la comadreja? Se suponía que estaba totalmente claro en cuanto a sus sentimientos. La había olvidado, completamente. La había sacado de su corazón porque ella así lo quiso.
Muchas veces pensó, en las noches solitarias, alejado de sus padres y amigos en un país extraño. Analizó las razones por las que ella le dio la espalda tratando de justificarlas pero sabía que ella nunca lo perdonaría. Debió ser terrible para ella, imaginar que él estaba coludido con su Tía Bellatrix y Grayback para lastimarla… porque ella nunca sabría que, a pesar de todo, él sí intentó salvarla…
Ya ahora que la veía de nuevo, su mente asegurándole que había enterrado aquel fuerte sentimiento; su propio corazón le hacía esa trastada. Sacudió la cabeza ante lo inevitable, ante la certeza que se imponía en todo su ser. No podía negar lo evidente.
A quien quiero engañar…
Yo…
Aún la amo
Aquella confesión finalmente expresada en su mente hizo que se detuviera, conmocionado. Había querido, gritado, deseado olvidarla, arrancarla de su vida durante los últimos cinco años, y lo único que había logrado era afianzarla, sumergirla en su corazón. Pero ¿Qué podía esperar ahora, después de tantos años? Ella lo aborrecía, lo detestaba tanto como lo odiaba. Ella se había encargado de decírselo muy claramente en el invernadero y minutos antes en los baños.
O quizás ¿A ella también le pasaba lo mismo que a él?
Con este pensamiento súbito, Draco sintió una especie de vibración, de energía inexplicable en el cuerpo. Tal vez no estaba todo perdido…. Podría tener alguna esperanza
– ¿Por qué te detienes? – espetó Hermione bruscamente al sentir que Draco se había quedado estático en su sitio– será mejor que busquemos un aula vacía. No creo que desees que la gente te vea hablando con… con una sangresucia. Sobre todo cuando has estado tan cerca de tu novia. – la última palabra se tiñó de furor.
Draco la miró evaluando su conducta. Sin más, ahogó una carcajada, para irritación de Hermione
– No dije nada gracioso, Malfoy.
Sus mejillas estaban teñidas de un rosa único, el cabello alborotado con algunos rizos ondeando con la suave brisa, las manos sobre las redondeadas caderas y los ojos castaños entornados mirándole con una furia que, seguramente ella deseaba, que fuese real.
Las tripas bailaron conga dentro de Draco. La miró, observó y contempló como si quisiera memorizar cada línea, cada rasgo, cada curva de su rostro. Volvió a sonreír. Era un estúpido sólo de pensar que la había olvidado…
– No me gusta que se burl––
Hermione no pudo terminar de hablar. Draco había acortado la distancia en dos grandes pasos para sorpresa de Hermione. Sin más, le rodeó la cintura, arrugando la suave tela del vestido bajo su palma y la atrajo con un fuerte movimiento; mientras que la mano libre le sujetó la nuca, bajo los sueltos rizos, aplastando y desordenándolos más.
– No…
Aquella negación susurrada y frágil, fue lo único que pudo articular Hermione antes de sentir los labios de Draco, empujando suavemente su boca contra la de ella, obligándola, sin que ella pusiera demasiada resistencia por su parte, a abrirse a él.
Mientras sentía cómo la besaba exquisitamente, pero con autoridad, saboreando sus labios, tanteando, despertando y bebiendo cada parte de ella, la mano experta la atraía de la cintura aún más al cuerpo duro.
En un momento dado, Draco entreabrió los ojos y quedó congelado. Gruesas lágrimas caían, humedeciendo el rostro arrebolado de Hermione. Asustado, se separó.
– Hermione…
– Yo…no… puedo…
Empujo a Draco con las pocas fuerzas que reunió e intentó correr. Necesitaba alejarse de allí. No podía con la avalancha de sensaciones que la embargaban.
¿Terminaría así?,¿volvería ella a huir?
– ¿Por qué? – Draco la alcanzó y detuvo su avance situándose frente a ella. – Responde… – intentó sonar neutral, pero el temblor en su voz lo evitó. Levantó su mano hacia ella.
– ¡NO! – chilló fuera de sí, dando un traspié al querer evitar el contacto – ¡No puedo! – se pegó a la pared cercana, como si quisiera fijarse a ella.
Parpadeó secamente sin dejar de mirarla a los marrones ojos arrasados por las lágrimas. No entendía… no quería entender… Probó nuevamente tomarla de la mano.
– ¡Déjame, Draco! – subió las manos y las cruzó sobre su pecho
– Escúchame… nosotros podem–
– ¡No! – bramó – ¡no hay nosotros, que no entiendes!
– Déjame hablar esta vez – Draco apoyó las manos en la pared, a cada uno de los lados de Hermione y se acercó, inclinándose un poco para quedar ambos rostros frente a frente. – Sé que me comporté como un inmaduro y un idiota en el pasado, cometí muchos errores, entre ellos el haberte dejado. Pero debes entender que a pesar de todos mi traspiés, yo… – tomó aire como si aspirara valentía del ambiente – …siempre te he amado.
Por un segundo, Draco pensó que ante tamaña revelación, que le había costado un monumental y extraordinario esfuerzo de su parte, pues él nunca expresaba sus sentimientos; Hermione lo abrazaría, gritaría o se le tiraría al cuello. Pero la reacción en ella fue diametralmente opuesta a su imaginación.
– ¿amarme?– le increpaba enloquecida – ¡Tú jamás me has amado!
– Es verdad – balbuceaba momentáneamente confuso – te… amo
Draco calló y por unos minutos el silencio reinó entre los dos. Hermione mirando ahora a las baldosas de piedra del suelo y él tratando de recuperar el ritmo de su respiración. Se sentía completamente desarmado, como un blanco móvil esperando a ser atacado. Había revelado sus sentimientos contra todo pronóstico y se los estaban pisoteando sin reservas.
– Me traicionaste, Draco… – soltó finalmente Hermione, con los hombros caídos, derrotada anímicamente, – Dejaste que me lastimaran… permaneciste así sin más, viendo como me torturaban, como mis gritos llenaban la habitación. No hiciste nada para salvarme de la retorcida de Bellatrix… sólo te quedaste allí, sin hacer nada… no puedo perdonarte ¿me entiendes?
– Hermione… trata de entender… mis padres… por favor…
Era más de lo que había supuesto que haría por una mujer alguna vez. Estaba suplicando… él, un orgulloso pura sangre le estaba rogando a ella. Y ella ni se inmutaba, ni siquiera entendía el extremo grado de esfuerzo que ello le significaba. ¿Cuánto más iba a hacer o decir para que ella entendiera que se arrepentía de cada una de las cosas que había hecho antes por su inmadurez?, muchos lo habían perdonado, pero ella ni siquiera quería intentarlo…
– No puedo…. ¿entiendes? Es demasiado para soportarlo… no me consideraste importante para merecer tu compasión ni para nada. Soy demasiado poca cosa para ti, sólo soy una sangresucia ¿Cierto Draco?
– No seas tonta – siseó por lo bajo – eso fue en el pasado, cuando no te conocía y cuando creía en los cuentos de grandeza y realeza del Lord – ¡Maldición, como te hago entender que siento algo, que es tan fuerte que me hace estar parado frente a ti, como un imbécil, arriesgándome a que me humilles, como lo haces justo ahora! – pegó un puñetazo a la piedra pulida donde estaba apoyado – ¡Quieres que salga a gritarlo a todos los presentes en este baile! – saltó hacia atrás ofuscado – Necesitas eso para creerme y darme una oportunidad. ¡Entonces lo haré!
Hermione dejó de llorar al instante. Miraba a Draco avanzar hacia la entrada del corredor con grandes pasos, aún sobresaltada por aquella desconcertante actitud. ¿Sería capaz de gritarle a todos que él, un sangre pura, un orgulloso y soberbio mago de gran cuna se había enamorado de una hija de muggles? – se irguió de pronto – ¿Lo haría?.... Pero aún así estaba la otra cuestión. Corrió detrás de él.
El corazón de Draco tamborileó furiosamente todavía más, cuando sintió que ella lo llamaba y trataba de alcanzarlo. Con una gran sonrisa formada en el rostro giró para abrazarla.
– No lo hagas – Hermione se detuvo a unos pasos de él, con el semblante esquivo – Aún si lo hicieras, no olvido, no puedo sacarme de la mente y de mi corazón que, me traicionaste; no hiciste algo al menos para auxiliarme. Lo siento, pero no. Continúa con tu vida, con tu novia,
– No es mi novia – se apresuró a cortar
– Da lo mismo – continuó sombría – no hay futuro para nosotros, Malfoy.
Hermione camino de regreso al salón, aún con la vívida imagen de Draco, parado frente a ella, sin ese usual gesto de altanería y suficiencia que lo caracterizaba. Ahora tenía un Draco Malfoy, completamente vencido.
Si así lo deseas, Granger; continuaré con mi vida – le había dicho
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
– Hermione, tranquilízate por favor… llevas media hora llorando, regresemos a casa…
Ginny trataba de consolarla. Ella, Ron y Harry la vieron salir con el rostro dolido y se apresuraron a llegar a ella. Como pudo les contó lo sucedido con Malfoy sin poder evitar llorar. La había llevado al baño dejando a Ron y a Harry despotricando contra su antiguo enemigo.
– ¡Es mejor así, Harry! – farfullaba indignado Ron – Hermione no debe volver a acercarse a ese imbécil. Pero no entiendo el porqué no puedo ir y darle un puñetazo y romperle la crisma.
Harry escuchaba la perorata de Ron a lo lejos, enmudecido ante la visión del sufrimiento de su amiga, pero con el semblante a la máxima concentración. Había algo que parecía tratar de recordar. Enarcó las cejas, sumido en sus pensamientos, intentando seguir a su intuición y no a los hechos expuestos. De pronto, se iluminó el rostro moreno y las verdes pupilas se dilataron.
– ¡Eso es! – habló finalmente – Creo que puedo resolverlo…
– De qué rayos hablas, Harry – bufó Ron sorprendido – Hey! A donde vas – pero no obtuvo respuesta porque Harry corría lejos de allí.
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
Draco caminó nuevamente hacia la mesa donde se encontraba Astoria Greengrass, con el gesto adusto. Ella le dedicó una sonrisa espléndida, con los ojos celestes iluminados por un sublime brillo de felicidad y le conminó a sentarse junto a ella. Como un autómata, se ubicó en aquella mesa, tratando de olvidar lo ocurrido momentos antes.
– Estaba segura de que pronto regresarías aquí – susurraba muy junto a él, tanto que el exquisito aroma a gardenias envolvía sus sentidos y el cálido aliento lo atrapaba – ¿Verdad que no te irás otra vez?
El sedoso cabello rubio de Astoria casi le rozó el rostro, mientras veía los cristalinos ojos acercarse más y más. Los delgados labios de la chica se entreabrieron con coquetería.
Que más da…
Ella seria aceptada por su familia de inmediato. No tendría que luchar contra nadie ni explicar ni justificar nada. Era hermosa, rica y de buena estirpe.
Voy a intentarlo…
El perfecto rostro de Astoria Greengrass estaba a milímetros del suyo ahora, pero de pronto…
ooooooooooooooOOOOOOOOOOOOooooooooooooo
Hermione escuchaba boquiabierta a Kingsley Schacklebolt en uno de los despachos. Harry la había llevado casi a rastras para que se enterara, de la propia boca del ministro, como habían sucedido los hechos aquel fatídico día en la Mansión de los Malfoy, cuando capturaron a los tres, junto a Dean y Griphook. Kingsley tenía una declaración firmada por los Malfoy, Lucius y Narcissa y además la declaración de Draco. Pero eso no era lo que tenía a Hermione en estado de estupor, sino la declaración de Aberforth sobre Dobby y Kreacher. Ella no podía creer lo que Kreacher había contado. El viejo elfo había manifestado con lujo de detalles como su idolatrado amo Malfoy lo había llamado:
"…….– ¡KREACHER!
– …. Pero amo, Malfoy ¿Cómo voy a enfrentarme a mi antigua ama y señora?…
– ¡¡Busca a alguien si es preciso!! – Draco arrodillado con los ojos inyectados en sangre sacudía al viejo elfo en un estado de paroxismo total – ¡¡Pero tienes que salvarla!! – Un nuevo grito puso a Draco aún más histérico – ¡¡Busca a alguien que la salve….pero rápido!!
El arrugado elfo abrió los ojos asustado. Odiaba aquella orden. Aún sentía aprecio por la señorita Bella. Pero no quería desobedecer al joven Malfoy… tan distinguido, tan sangre limpia. ¿Pero cómo salvar a la chica sin comprometerse? – giró para irse del lugar hacia su vieja casona en Grimmauld Place a buscar una solución, pero no tuvo que pensarlo mucho. Con una mirada de astucia, decidió cambiar de curso. Sabía donde encontraría al ser indicado para aquel trabajo.
Con una reverencia exagerada, casi tocando la gran y asquerosa nariz en el frió suelo, se despidió de Draco Malfoy para cumplir la orden que se le había dado. Debía darse prisa si quería llegar cuanto antes a Hogwarts y a buscar a Dobby, el elfo libre y comunicarle la misión.
Minutos después, Dobby acudía exaltado y atolondrado donde el cantinero de la Cabeza de Cerdo; Aberforth Dumbledore para ponerse a disposición……"
Hermione escuchaba negando con la cabeza, todavía incrédula. Miró a todos, tratando de decidir que hacer…
– No esperarás que vaya a buscarlo por ti ¿no? – musitó Ron mirando de lado – aún quiero romperle la crisma…
El rostro de Hermione se iluminó y sus pupilas brillaron tanto por la humedad de sus lágrimas, como por la alegría que se vislumbraba a través de ellas. Tomó los lados de su vestido y con la mayor sonrisa del mundo salió rauda del despacho.
– Espero no arrepentirme de esto…
– Sabes Ron, por primera vez en la vida, me siento orgullosa de ser tu hermana.
– ¡Ginny! – gritaron al unísono Harry y Ron.
La pelirroja le dio con el puño en el hombro a su hermano, mientras reía juguetona.
– Y me siento aún más orgullosa y satisfecha de que seas mi novio, Harry – Y sin más, se acercó y lo besó.
Kingsley Schacklebolt carraspeó incómodo ante tanta muestra de efusividad. Aunque finalmente, convencido que las cosas habían resultado mejor de lo esperado, sonrió complacido.
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Soy una idiota por dejarlo ir. Después de todo lo que me dijo….¡Rayos, dijo que me amaba y yo lo desprecié!
Hermione corría por los corredores buscando a Draco.
Porqué no olvidé y perdoné… me lo tendría bien merecido sin él ya no quiere volver a verme…pero es que no fue una situación cómoda, no había una decisión correcta y fácil. ¡Demonios debí ser más comprensiva!
Llegó hasta la gran puerta de roble de la entrada a Hogwarts y no lo divisó tampoco allí. Un escalofrío de miedo la recorrió.
Y si realmente le hacía caso y continuaba su vida con la hermana de Daphne…
Oh, Hermione Granger… ¡eres una reverenda tonta!
Regresó por sus pasos andados hasta llegar al umbral del gran salón. Había la gran posibilidad que él estuviera decidiendo empezar de nuevo con su vida y allí estaba la rubia.
Y tal como lo pronosticó, ni bien había avanzado un par de pasos en el salón, los vio. En una mesa distante, ambos, frente a frente, tan juntos que parecía inminente que iban a besarse. Ella estaba casi encima de él, como si fuese su dueña. El brazo delicado enlazándose en el de Draco, la mano libre, acariciando su mejilla. Sus labios a escasos milímetros de los otros labios.
La primera reacción de Hermione fue huir. Sería imposible soportar ver la escena. Giró el cuerpo dispuesta a iniciar la retirada, pero algo en su interior se reveló. Ya estaba bien de evadirse, de no luchar. Si realmente quería a Draco, debía pelear por él.
Aunque a veces, el destino nos facilita las cosas y eso lo constató Hermione. Había avanzado nuevamente unos cuantos pasos, cuando observó con estupor como Draco se levantaba repentinamente del lugar sin haber siquiera besado a Astoria. Al parecer le murmuraba una disculpa que no convencía a la chica que en este instante componía una mueca arisca como respuesta. Con todo, tomó la mano de la joven y la besó galantemente como última acción, antes de emprender la retirada por entre las personas que acababan de terminar la canción, del extremo más alejado de la pista hacia el lado opuesto.
Hermione casi salta de la emoción, al parecer no estaba todo perdido para ella. Si Draco era capaz de rechazar un beso de una chica tan distinguida y hermosa, había esperanza. Apuró el paso para alcanzarlo, no sin antes dedicarle una sonrisa triunfal a Astoria cuando marchó por su mesa, en respuesta a la mirada glacial que ella le brindó.
Estaba a punto de llegar a él y la música empezó nuevamente, dejando a Hermione en medio de nuevas parejas que empezaban a bailar.
– ¡Draco! – gritó ansiosa, pero el ruido creciente de la música ahogó su llamado.
Las parejas venían de sus mesas, hacia la pista de baile, meneándose y tarareando la pegajosa canción de moda. En cuanto llegaban sus movimientos, vueltas y demás hacían que Hermione perdiera de vista momentáneamente la ubicación de Draco.
Cuando lo divisó, poco más o menos se encontraba en la mitad de la gran pista, al parecer contrariado igual que ella del repentino inicio de la nueva canción. Esa era la oportunidad que Hermione esperaba.
– ¡Draco! – Volvió a gritar, y esta vez vio como el ladeaba la cabeza ante el llamado. Pero sólo lo hizo por un segundo para otra vez, continuar con su marcha.
Hermione se mordió el labio inferior, ruborizada. No sería fácil… Pero volvería a intentarlo. Así que corrió hacia él, con el corazón empezando a repiquetear tan fuerte que trascendía en todo su cuerpo. Decidió echar la vergüenza a un lado, sin importarle ya quien la observaba.
Llegó a él y con ímpetu lo tomó del brazo y le obligó a girar.
– ¡Que demon–
Draco no pudo terminar su frase. Hermione se había lanzado hacia él sin dejarlo hablar. Lo había tomado de las solapas del elegante traje Armani y arrastrado hacia ella. Sin despegar por un instante sus ojos llenos de emoción de los sorprendidos ojos grises.
– Te amo.
Solo dos palabras. Dos palabras que hicieron que la rabia de Draco se disolviera como hielo al sol.
Ella había levantado los brazos, enlazándolos sobre su cuello, levantando el rostro lo más que podía para enfrentarse a él.
Hermione deseaba que él leyera en sus ojos todo lo que necesitaba decir. Acarició su nuca con algo de temor…
– Draco…yo
Pero él colocó un dedo sobre los labios para silenciarla, fija la vista en ellos, embelesado con la suavidad y la calidez, los acarició y se agitó cuando ella los entreabrió.
Calidez, ternura, necesidad, fue a lo que supo aquel beso. Sin afectarles la docena de parejas a su alrededor continuaron diciéndose sin palabras lo mucho que se necesitaban. Se separaron por un momento al sentir que los llamaban. Divisaron a una alegre Ginny, un receloso Harry y un mortificado Ron al extremo de la pista, que les hacían señas. Draco los ignoró completamente, con aquel gesto tan suyo de presunción y volvió a mirar a Hermione.
– Eres imposible, ¿lo sabías? Tendré que corregirte.
Draco esbozó una sonrisa burlona en respuesta a la sonrisa de Hermione. Ellos siempre serían así, el un arrogante presuntuoso y ella una mandamás, y así siempre se amarían. Draco volvió a besarle y esta vez, sus manos la asieron por la cintura de forma firme pero suave y la alzaron levemente del suelo sin romper el beso ni por un segundo.
Ahora sí, el murmullo de las personas se convirtió inmediatamente en exclamaciones ahogadas de sorpresa, desconcierto, asombro y hasta reprobación. Draco y Hermione recorrieron el lugar con la vista sorprendidos con aquellas reacciones.
– ¿Y ahora qué haremos? – susurró Hermione algo cohibida.
Draco volvió a posar sus penetrantes ojos color del mercurio sobre ella, la tomó de la mano y con la voz firme y para que todos lo escucharan pronunció:
– Lo que debimos hacer hace mucho; ¡plantar cara al mundo!
Y sin más, la volvió a besar.
FIN
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Gracias a todos por seguir esta historia que con mucha pena termino.
Un beso y un enorme abrazo por los muchos comentarios que me hicieron llegar con palabras tan bonitas y por supuesto también sus críticas.
Fue un gusto haberles servido.
Gise
PD. Y como bonus extra navideño, este fic tiene un EPILOGOOOOOOOO!
Así que, activen sus alerta de autor para que no se pierdan el interesante futuro de nuestra pareja favorita!
