~ Atonement

Idea original: J Inicua.

S- Elizabeth- HP: A mí siempre me hace feliz, esa primera navidad de Harry. Es muy adorable. Y sí, Draco es un niñito lindo o así es como yo lo vi en la película. Aunque en el libro sea muy pedante.

L- N- Mellark: Severus se muere por Minerva y por Hermione. Yo siempre he creído que él lleva los amores, a un nivel muy pasional. Así como con Lily, completamente perdido en ese amor que sentía por ella.

Tavata: Lo sé, ya verás qué le regaló :). Y todavía debe mejorar, todavía repite mucho las palabras y su nombre, pero mejorará escribiendo. Y Quirrell siempre es la entretención del momento.

Capítulo 24: Un rápido partido de Quidditch

"Estoy embarazada, Rolanda."

La alta bruja, profesora de vuelo en Hogwarts y su amiga durante tantos años, se llevó ambas manos a la boca en sorpresa y luego volvió a sostener las manos de su mejor amiga, mientras ambas estaban sentadas en el sofá de su recibidor.

"Pero cómo, Minerva. Tú esposo ya ha muerto y tu hijo también. Entiendo que tengas sobrinos y..." "Quién es el padre, ¿es alguien conocido?"

Ella miró en dirección del suelo bajo ellas y cerrando los ojos con preocupación, añadió:

"Severus..."

"Espera... yo conozco un Severus" la razón no tardó en hacerle comprender el por qué. "Oh... Minerva, ¿acaso él... te forzó de alguna forma?"

"No..." tragó y añadió. "Al principio, el día de la boda de Lily Evans, irrumpió en mi cabaña. Estaba ebrio y lleno de lágrimas, no era la mejor vista debo admitir... y se abalanzó sobre mí, cuando traté de consolarlo. Estaba tan enfadado por el matrimonio de Lily, la amaba. También estaba enfadado conmigo por haber sido tan buena con ellos y no darme cuenta de que sufría. Esa tarde, nosotros... ¡pero luego se disculpó y... hace un par de meses que estamos juntos! No podía dejarlo, sentía que me necesitaba y creo que yo lo necesito a él."

"¿Y ya sabe que estás embarazada?" Al verla asentir, añadió. "Qué dijo."

"Me besó y dijo que estaba preocupado por mi decisión de tenerlo." "¡Es un bebé, no tiene la culpa de lo que hemos hecho! Y es por eso que estoy aquí. ¿Podría quedarme contigo, durante estos 9 meses? ¡Te prometo que ni notarás que estoy aquí!" "También te prometo que él no te causará problemas. Sé que es un mortífago pero... ¡yo veo buenos sentimientos en él, confío mi vida en sus manos! Nadie debe saber esto, ¡por favor!"

Rolanda dio un amistoso apretón a sus manos y asintió dulcemente.

"Minerva, hemos sido amigas durante años. Y no pienso dejarte sola con esto. Aunque si ese muchacho, se atreve a lastimarte..."

Y luego, tuvo otro viejo recuerdo. Era una tarde calurosa de verano, tenía nueve meses de embarazo y se encontraba sentada sobre la cama de la habitación, acariciando su firme y pronunciado vientre, cubierto por un largo vestido blanco, sonriendo y susurrándole palabras de cariño a la bebé.

"Deja de patear tanto a mamá, pequeña brujita". Sonrió y no se dio cuenta de que un hombre joven, la observaba desde la ventana, sobre la rama del árbol más alto y aquel que obviamente daba con las ventanas del segundo piso. "Estoy tan cansada que creo que podría dormir una década entera".

Se quedó dormida de inmediato, encarando a la ventana por la que no tardó en pasar aquel hombre. Ella se veía hermosa, con cascadas de largo cabello negro, cayendo sobre las blancas almohadas y su casi rosa piel, además de su vestido. Caminó lentamente hasta la cama y con mucho cuidado, se sentó a su lado, apartando un largo mechón de cabello de su rostro. Se inclinó hasta que sus labios se tocaran, besándola suavemente y antes de que pudiera apartarse y marcharse, sintió que sus labios le correspondían, capturándolo en otro beso.

La besó tan profundamente como pudo, hasta que ella dio signos de querer tocarlo. Se apartó cuidadosamente y sonriendo, inclinó su cabeza hasta depositar un pequeño beso en su vientre.

- Profesora Minerva. - parpadeó al despertar y se percató de que la pequeña Tabby la miraba, sonriendo. - Tabby está muy feliz de verla.

- Tabby... - dijo, intentando sentarse en aquella cama en la enfermería. Su cabeza se sentía tan pesada como una roca pero tras un par de esfuerzos, consiguió sentarse. - Qué bueno que te veo.

"La profesora Minerva por fin había despertado y Tabby estaba muy contenta. El amo Snape le había ordenado a Tabby que cuidara de ella y así Tabby hizo. Ella le sonrió a Tabby y le pidió un favor, implorando que fuese en busca de la profesora Rolanda Hooch. Tabby no conocía el castillo pero Tabby obedeció enseguida, preguntándole a todo a quien viera en su camino. Una vez que la encontró, Tabby la convenció de ir a la enfermería y una vez allí, Tabby tenía intenciones de marcharse. A Tabby no le gustaba entrometerse en conversaciones ajenas, pero el amo había sido claro y debía cuidar de su amada. Ella se veía menos pálida, pero aún muy débil y la profesora Rolanda, estaba muy preocupada. Ambas eran buenas amigas, Tabby recordaba que su amo la había mencionado alguna vez. Que sólo ella sabía toda la verdad de su amor por la profesora Minerva.

Ella fue honesta con Rolanda. Se sentía débil y cansada de escapar de la verdad. Necesitaba decirle la verdad a la niña Hermione, pero el amo continuaba interponiéndose. Antes de que la profesora Rolanda pudiera hablar, el amo Snape irrumpió en el lugar. Tabby jamás lo había visto tan estresado, caminando sin parar, durante horas, maldiciéndose a sí mismo y echándose la culpa. El amo Snape se apresuró a estar a su lado y tomó sus manos, besándolas una y otra vez. Él acarició su cabeza y besó su frente, diciéndole que todo estaba bien. Su amada no tardó en volver a su despacho y el amo Snape casi no salía de allí, cuidándola. Tabby hacía guardia para evitar que algún profesor pudiera verlo, cuando abandonaba el despacho de la profesora Minerva. De todos modos, Tabby se quedaba cuidándola durante las noches y recibió un regalo de navidad, que jamás Tabby iba a olvidar.

Una pluma encantada, ahora Tabby no tenía que escribir. Ella escribía todo lo que Tabby le dictara."

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- ¿Y tú qué ves en el espejo? - preguntó Harry emocionado y Ron sonrió como nunca antes lo había visto.

- A mí mismo, sosteniendo la copa mundial de Quidditch y está llena de galeones de oro. También soy más alto que mis hermanos.

- Pero no puede ser, mis padres estaban ahí. Tienes que verlos.

- Eso es todo lo que veo, Harry.

¿Cómo funcionaba aquel misterioso espejo? No lo comprendía y había pasado los últimos días de vacaciones, contemplándolo en silencio.

- Un maravilloso artefacto, ¿no lo crees Harry?

Brincó sobresaltado al escuchar la voz de Albus Dumbledore, una de esas tantas noches donde contemplaba a sus padres sonriendo. Caminó hasta detenerse junto al espejo y le sonrió mientras él se ponía en pie.

- Nos muestra todo aquello que nuestro corazón más anhela.

- Pero yo nunca conocí a mis padres, ¿cómo es que sé sobre su apariencia física?

- El espejo proyecta nuestros deseos, en imágenes. Es por ello que tu amigo Ronald, no podía ver lo mismo que tú. Él se imagina sobresaliendo de entre sus hermanos, acostumbrado a siempre ser el hijo intermedio y opacado por los logros del resto en su familia.

- ¿Y qué es lo que usted ve en el espejo, señor?

- Un bonito par de calcetines. - dijo, guiñándole un ojo. - pero ten cuidado, Harry. El espejo sólo nos muestra nuestros deseos, no la realidad. Por más que intentemos siempre mirar y mirar, la vida no cambiará y continuará pasando en su curso indetenible. No es bueno quedarse estancado, por más que lo que nos muestre, nos haga feliz. Muchos magos han muerto, contemplando el espejo por días y años.

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Las fiestas habían terminado, pero enero continuaba siendo un mes muy frío. Minerva se ponía en pie, luego de estar en cama prácticamente por semanas enteras. Severus sostenía una de sus manos, mirándola con cierto nerviosismo y muy cercano al pánico.

- ¿Estás segura de que quieres impartir clases de nuevo? Podría conversar con Hooch y tomar tus clases, definitivamente.

- Estoy bien. Gracias a ti y a Tabby, me siento mucho mejor. Por favor, llévame a la biblioteca. Hermione de seguro ya ha vuelto y quisiera verla, aunque sea desde lejos.

No tuvo otra opción, más que asentir a su petición y una vez que alcanzaron la biblioteca, Hermione y Evangeline, charlaban a un par de mesas de distancia.

- ¡Recibí un regalo de mis padres biológicos! No sé como ni cuándo lo hicieron, pero sé que fueron ellos. Mira. - dijo, mientras le enseñaba un collar. Era un gato de oro y su cola conformaba una serpiente.

- Ese es un regalo muy extraño. ¿Cómo sabes que no es alguna clase de engaño? O quizá te lo envió ese niñito al que le gustas y siempre te sigue.

- ¿Malfoy? - dijo y Severus arqueó una ceja, mirando a Minerva quien trataba de contener una risita. - no, la tarjeta decía: "No nos hemos olvidado de ti, eres nuestra preciosa niña y te amamos con todo nuestro ser. Lamentamos no poder estar junto a ti, pero por ahora es mejor así. Por favor no olvides que siempre pensamos en ti. Mamá y papá."

Antes de que pudiera moverse siquiera, Minerva prácticamente saltó a sus brazos y sosteniendo su rostro con una sonrisa y llena de lágrimas, plantó un beso en sus labios y tomándolo por sorpresa. Se sonrojó de inmediato y al recordar que estaban en medio de la biblioteca.

- Eres todo un sentimental. - dijo la mujer con una sonrisa, besándolo una vez más.

Aunque Evangeline parecía decepcionada de que Draco no hubiese seguido su consejo y no le hubiese comprado alguna cosa, a su mejor amiga. Quizá Hermione tenía razón y simplemente buscaba problemas.

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La noticia de que Snape sería el árbitro del siguiente partido de Quidditch, no tardó en volar como fuego sobre pólvora y Harry se encontró en medio de uno de los más duros entrenamientos, que jamás había tenido.

- Ustedes dos... - dijo Oliver, señalando a Fred y a George. - dejen las tonterías. Ahora que el profesor Snape será el árbitro, buscará cualquier error para que perdamos el partido.

- ¿¡Snape será el árbitro!? - exclamaron ambos muchachos. - de seguro pitará faltas a favor de Hufflepuff, luego de haberlos vencido.

De pronto, Harry tuvo la desagradable sensación de que quizá Snape, quería matarlo desde la proximidad del aire en su escoba. Quiso hablar, pero una mano sobre su cabeza le distrajo. Se trataba de Katie Bell y revolvía su cabello con una sonrisa. Se sonrojó de inmediato y desvío la vista, un tanto incómodo.

- Si Potter hace el mismo trabajo que hizo con Slytherin, ganaremos en un abrir y cerrar de ojos. Yo confío en él.

Volvió a sonrojarse y se dio cuenta de que ambos gemelos le sonreían y le guiñaban un ojo. Ella era una hermosa joven y no podía evitar, sentirse atraído, cada vez que estaba cerca. Ahora tenía mayor determinación de ganar el partido y demostrarle a Snape, que no le tenía miedo.

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- Te digo, Hermione, que Harry y yo.. leímos todos los libros que pudimos e incluso los de la sección prohibida. No había ningún artículo que hablara sobre Nicholas Flamel y estoy comenzando a creer que Hagrid nos engañó de algún modo.

- Quizá no leyeron bien o no prestaron la debida atención. - dijo la niña y antes de que Ron comenzara a quejarse, agregó. - o quizá utilizaba algún seudónimo y por ello no podemos encontrar alguna cosa al respecto.

Ese era un buen punto, pensó Harry de pronto. Si el paquete era tan importante, seguramente protegía su identidad para que nadie pudiera dar con él. No se le ocurría alguna forma de encontrar la información que buscaban y comenzaba a preguntarse si Snape había tomado todos los libros que hablaran al respecto de aquel hombre.