Rápidamente salieron de la sala de los menesteres. Algunas partes del techo se habían desmoronado, cubriendo el pasillo de gruesos trozos de piedra. Los sonidos de la batalla llegaban desde el exterior.
Escucharon un extraño galopar pétreo. Desde el fondo del pasillo, la estatua del demonio, tras la que se escondió Hermione, había cobrado vida y corría hacia la batalla.
El grupo siguió al extraño ser, hasta llegar al patio del gran péndulo. El rugido del demonio precedió a la batalla que se iban a encontrar. Un pequeño grupo de magos y alumnos resistía contra una gran jauría de criaturas, que parecían grandes panteras cubiertas totalmente de fuego.
El demonio de piedra saltó sobre uno de esos seres de pesadilla y lo apresó contra el suelo. Harry y Hermione conjuraron contra una de las criaturas que saltaba sobre el grupo.
-¡Harry! –gritó una voz conocida entre los magos.
La criatura a la que habían atacado se levantó como si nunca hubiese sido herida. Harry miró al que le llamaba: era Remus Lupin.
-¡Remus!
-¡Son panteras infernales! ¡Usad conjuros de frío o de agua!
Malfoy, apuntando a una pantera, conjuró antes de que Remus terminara su explicación.
-Perdo Ignem.
Nada salió de la varita de Draco, pero el ser infernal chilló. Las llamas que lo cubrían se apagaron, y su piel se oscureció. La pantera quedó inmovilizada, congelada.
Las panteras infernales se dividieron en dos equipos y atacaron a ambos grupos de magos. Los protego fueron conjurados para detener las llamaradas de las criaturas, mientras que otros compañeros se encargaron de acabar con las panteras.
Menos de un minuto después, todas las criaturas ígneas yacían petrificadas en el suelo. Harry fue hasta Lupin.
-¿Qué haces aquí?
-Luchar, como todos Harry.
Harry iba a replicar, pero Ron se le adelantó.
-¿Cómo está la situación?
-Mal, Ron. Somos unos ciento cincuenta magos y alumnos defendiendo el castillo, y las fuerzas del señor oscuro nos superan en número. Y a muchos de nosotros, también en habilidad. Espero que tengáis un plan.
Antes de que nadie respondiera a esa frase, un alumno de quinto curso entró corriendo al patio.
-¡Están atacando la puerta principal!¡No tardarán en echarla abajo.
-¡Vamos! –gritó Harry.
Todo el grupo corrió hacia la puerta principal. Las explosiones sacudían la estructura del pasillo, amenazando con derribar alguna pared.
En la entrada principal, el gran portón de madera y metal estaba siendo golpeado violentamente. Varios alumnos habían conjurado vigas de madera para reforzar la puerta. Varias barricadas habían sido levantadas unos metros detrás de la puerta.
Fred y George estaban presentes, al igual que la profesora McGonagall, la cual estaba dirigiendo la defensa.
-Señor Justin, refuerce esa pared. Señores Waylon y Cradil, señoritas Patil, colóquense tras las columnas y prepárense para contraatacar.
Fred terminó un conjuro sobre el suelo y se giró a los recién llegados.
-¡Gigantes! –gritó
-Los mortífagos vienen detrás de ellos… -terminó George, dejando la frase en el aire al ver a Malfoy. Harry se adelantó.
-Está con nosotros.
George iba a responder cuando otro violento golpe hizo crujir la madera de la puerta.
-¡TOMAD POSICIONES! –gritó Lupin- ¡Todos listos para el combate!
Harry, junto a sus compañeros, se situó tras las coberturas de los defensores.
-¡Permaneced juntos y protegeos entre vosotros! ¡No pasarán de aquí!
Otro tremendo golpe deformó la puerta notablemente, haciendo saltar astillas y piezas de metal por la estancia. El miedo hizo mella de los presentes, y algunos alumnos retrocedieron unos pasos.
La profesora McGonagall buscó entre su túnica. Sacó el sombrero seleccionador, y se lo dio a Potter.
-Creo que esto le será de utilidad señor Potter.
El sombrero se contrajo, mostrando una cara contrariada.
-¡Esperen! ¿Quién les ha dicho que yo quería estar en manos de Potter? ¡Yo no soy un simple objeto que pueda pasarse de mano en mano, señora McGonagall!
Todos se sorprendieron ante la declaración del sombrero seleccionador, a excepción de Malfoy que no pudo evitar regocijarse ante el desplante que le había dado a Harry.
Los pliegues del sombrero se revolvieron hasta que la cara miró a Neville.
-Señor LongBottom, soy más que consciente de sus acciones a lo largo de este año. Y creo que no hay nadie más digno que usted en esta sala del regalo que voy a hacerle.
Automáticamente, Harry le pasó el sombrero a Neville. Cuando éste lo recogió, observó que algo sobresalía de su interior. Introdujo la mano en el sombrero, y asió un mango, tallado en plata y engarzado con un rubí.
Lenta, casi ceremoniosamente, sacó la espada de Godric Gryffindor del interior del sombrero Seleccionador.
Durante el silencio respetuoso que siguió, Hermione sacó de su bolsa la diadema Ravenclaw, y la puso sobre una barricada.
-¡Neville! ¡Destruye el Horcrux!
Longobottom observó la diadema. Asió la espada con ambas manos, y gritando la golpeó con todas sus fueras. La atravesó limpiamente, clavando la espada en el barril en el proceso.
Unos segundos después de romperla, la diadema empezó a brillar. Un humo azulado salió de los bordes cortados, acumulándose en una nube que formó el inconfundible rostro de Voldemort, gritando. Luego el humo se desvaneció, y la diadema se desintegró sobre los restos del barril.
Los defensores quedaron quietos, sin entender bien qué acababa de pasar.
Neville desclavó la espada y dio un paso al frente. Era una escena que ninguno habría imaginado. El chico regordete, desaliñado y con un violento golpe en la cara, había sido escogido para portar la reliquia de los Gryffindor. El chaval por el que nadie habría dado nada, uno de los peores magos de su promoción. Un auténtico torpe que sólo destacaba en herbología.
Pero todos entendieron que los héroes no son hombres altos, guapos, fuertes y aguerridos. Un héroe es aquel que tiene la actitud adecuada y el valor necesario en una época de necesidad.
Y Neville había reunido ambas cualidades. Éste señaló con la espada las cenizas del Horcrux antes de hablar.
-Eso era la diadema de Ravenclaw, ¡convertida en un Horcrux por Voldemort para protegerlo! ¡Él nunca ha sido invencible! Sólo estaba protegido por otros objetos como ese.
Señaló después a Harry, Ron y Hermione.
-Nuestros compañeros llevan un año persiguiendo y destruyendo estos objetos. Gracias a sus esfuerzos y el sufrimiento que han pasado, ahora tenemos una posibilidad de destruir al señor oscuro.
Otro violento golpe sacó un lado de la puerta de sus goznes. Neville señaló a la misma con la espada.
-¡No pienso dar la espalda a mis amigos echándome atrás ahora! Si ellos se han enfrentado a Voldemort y a sus secuaces, ¡Nosotros podemos mantener estas puertas!
Una gigantesca mano agarró la puerta por el hueco que había dejado al salir de sus goznes.
-¡Tomad posiciones!¡No los dejéis pasar! -finalizó Neville
La puerta fue arrancada de cuajo y lanzada al exterior del castillo. Más de veinte maldiciones recibieron al primer gigante que entró rugiendo.
Definitivamente, los heroes no tienen por qué ser altos, ni guapos, ni rubios, ni unos grandes combatientes. Un héroe es aquel que hace lo correcto en tiempos oscuros. Es aquel que ante una tiranía se alza, aún sin disponer de poder ni recursos, y lucha por el bien. Por proteger a los que necesitan ser protegidos.
¿Y qué mejor personaje podía representar esto que Neville LongBottom?
Un saludo gente, se agradecen saludos.
