Beteado por Maria FFTH Santana (Betas FFTH)
(1) Preludio en mi menor Op 28 Nº 4-Chopin
(2) River Flows in You-Yiruma
(3) Not giving in- John Newman
(4) Your song- Ellie Goulding.
(5) Our First time- Bruno Mars
PovBella
Apenas me había despertado al igual que Rebe. El camino desde aeropuerto hasta el apartamento de Edward nos los habíamos pasado durmiendo. Nos despedimos de Taylor y avanzamos hacia el gran edificio. Era inmenso no había comparación con el que Edward había alquilado en Seattle. Un señor nos recibió en recepción; parecía muy sorprendido, no sé si se debía a que Edward había vuelto o a que estaba cargando a una pequeña, mi hermana.
—Señor, buenas noches que agradable sorpresa. Cuando Vicky vino a arreglar un poco el departamento pensé que era algo de rutina, pero veo que había otra razón—le sonrió con amabilidad
—Y ahora sabes el motivo. — Respondió Edward sonriendo. —Mira Pablo, te presento a Isabella y Rebecca Swan. —Yo le extendí la mano por las dos. Se notaba que era una persona muy agradable. —Bueno Pablo estamos realmente cansados, buenas noches.
Entramos a un ascensor muy moderno. De lejos se notaba que todo el edificio era puro lujo. Lo que no imaginé es que Edward viviese en el último piso.
— ¿Tienes una obsesión con las alturas? El de Seattle también es alto, aunque no tanto como este. ¿Piso veinte? —refunfuñé
—Si señorita. Piso veinte. ¿Te estás quejando o solo me lo parece?
—No, te parece—alargué la última sílaba innecesariamente— Solo estoy cansada.
—Sabes de qué me he dado cuenta. De que cada vez que estás cansada o tienes sueño te quejas. ¿Qué está pasando en el mundo? El quejica era yo, no tú. — le saqué la lengua de una manera infantil.
En el momento en que entramos en el apartamento de Edward, tuve que parpadear varias veces para saber si lo que veía era verdad o era solo producto del cansancio. Era inmenso, lujoso, moderno... Y podría seguir diciendo maravillas toda la noche.
—Bienvenida a mi departamento. Te lo enseñaría pero primero debemos acostar a Rebe. — asentí, ya que no era capaz de decir ni una sola palabra, seguía sorprendida.
Entramos a un cuarto que era más grande que el mío en Forks. Desperté a Rebe para cambiarla, aunque realmente lo hizo por inercia y estaba más que segura de que al día siguiente no se acordaría de cuándo se habría puesto el pijama. Salimos tomados de la mano.
—Ese es uno de los cuartos de invitados y este es otro. —Me enseñó un cuarto más pequeño pero igual de moderno. — Este es el baño para esos dos cuartos. Y este es mi dormitorio. — Era enorme: un televisor empotrado en la pared con dos espejos a los lados, una cama tres veces mayor que la mía, muebles, un ropero inmenso pero quizá lo más bonito era la vista hacia el exterior.
—Sé que es demasiado pero ya te acostumbrarás. Cuento con mi propio baño… que tiene jacuzzi— No sé porque me puse colorada de repente. Él se dio cuenta y me dio un beso en la mejilla. Salimos y me enseñó la sala. ¡Todo está tan iluminado! Y además, en una esquina había un piano.
—¿Tocas?—pregunté sorprendida. Yo solo sabía que tocaba la guitarra
—Desde niño, ¿Alice No te contó?—negué con la cabeza. —Bueno ahora lo sabes. Y por último, la cocina.
H-E-R-M-O-S-A
—Entiendo que estés cansada pero, ¿puedes decir algo? —me quedé callada otro segundo más.
—Es que no tengo palabras, es inmenso, hermoso. ¿No es demasiado para ti? —pregunté confundida.
—Lo es. Lo compré cuando entré a la universidad, luego conocí a Emmet y aun así sentía que era demasiado. Cuando se fue, me mudé a casa de mi abuela, solo venia esporádicamente para algunos asuntos— Noté cierta incomodidad en sus últimas palabras. Y lo entendí al instante.
—Aquí traías a tus amiguitas— dije con pesar.
—Si lo hacía, pero te juro que he cambiado las camas, las sabanas… todo. Tampoco es que fueran muchas.
—Te creo, no te preocupes— Estaba frunciendo el ceño. Lo toqué justo en medio de su frente, donde se formaba esas arrugas. — Todo está todo bien; es tu pasado no puedo hacer nada con eso.
—¿Quieres comer? —Negué con la cabeza— Vamos a dormir entonces, puedes dormir con tu hermana o conmigo.
—Creo que escojo lo último— su sonrisa iluminó todo su rostro.
Estaba masajeándome mis pies, una rara manía que tenía cada vez que me iba a dormir, cuando sentí que una camiseta me daba en la cara.
—¡Edward! — grité molesta. Quité la camisa de mi cara y lo miré mal.
—Lo siento. —en su risa notaba que en realidad no lo sentía. — No te quejes. Solo quería pasarte algo para que duermas cómoda. Te dejo, voy a cambiarme al baño— Parecía que estaba en una maratón por la forma en que corrió.
Creo que el hecho de que estaba muy renegona mandó a Edward al baño. No quería cambiarse alrededor de mí. Tan pronto como me puse su camiseta y su pantalón, sonreí. Todo olía a él. Me eché a un ladito de la cama. Ya me estaba durmiendo, cuando sentí que se echaba a mi lado y me jalaba hacia él.
—Ven más al centro, sino te caerás.— Me pasó una mano por la cintura. —Descansa, pequeña renegona.— Me dio un beso en la cabeza y eso fue suficiente para mí.
.
No sabía la hora que era pero me desperté cuando sentí a Edward empujando su polla hacia mi trasero. Primero pensé que era alguna idea mía, pero luego, por la manera en que se movía, me di cuenta que Edward estaba teniendo un sueño húmedo, no sabía que se hacía en estos casos pero de algo estaba segura: me estaba excitando. Me empujó más fuerte y jadeé.
—¿Bella? Oh, mierda. — no quise voltear porque estaba echa un tomate y, aunque estaba todo apagado y no se daría cuenta, sencillamente no podía. — Sé que estás despierta. Yo…yo… lo siento. —Murmuró avergonzado. — Si sabes que estaba pasando, voltea por favor. — Primero, no quise pero, poco a poco, me fui dando la vuelta. Él me sujetó el mentón para levantarme la cara. — Lo siento. Yo no sé que pasaba en mi mente, yo solo… no sé qué decir.
—Está bien, Edward. Estabas— respiré hondo— Tú estabas teniendo un sueño húmedo— susurré lo último como si alguien nos pudiera oír.
—Sí, eso mismo. Estaba teniendo un sueño húmedo, contigo. — Me sorprendí por la intensidad en que lo dijo. —Bella…
El beso sabía demasiado bien. Quizá fue porque no nos habíamos besado desde que habíamos dejado Paris o porque Edward tenía una manera de besar muy especial. No eran solo sus labios ahora, sus manos exploraban todo mi cuerpo. Se inclinó hacia mí, me sujetó con fuerza de las caderas y comenzó a rozar su polla contra mi centro, le saqué la camiseta y comencé a darle besos por su pecho. Estaba a punto de quitarme la camiseta cuando oímos un grito muy fuerte.
Edward paró inmediatamente y yo salí corriendo hacia el cuarto donde estaba Rebe. Se encontraba sentada en medio de la cama toda sudada.
—Rebe, hermana, ¿qué ocurre? —Me senté a su lado, la envolví con mis abrazos. — Háblame, por favor.
—Yo...yo tuve una pesadilla. —respiraba con dificultad— Lo siento tanto, Bells.
—No pasa nada. — se puso a llorar. —En serio Rebe, no está mal tener pesadillas.
—Sí, lo sé. Pero sé que tú también las tienes, no quiero que tengas más problemas.
—Por favor, Rebe, ¡qué dices! Los vistes, ¿cierto?
—Sí, me vi en la carretera, había sangre a nuestro alrededor, todo era confuso. Oí una voz que me decía que me iba a sacar de allí que tenía que resistir. Yo no quiero arruinar nuestro viaje. —dijo con miedo.
—No, no lo harás. Voy a dormir contigo ¿sí? — ella asintió. — Espérame un momento. — Salí y me encontré con Edward. Lo miré apenada.
—No importa Bella, ella te necesita. — Me dio un beso para luego abrazarme— Vayan a dormir, igual faltan solo unas tres horas para que amanezca. Descansa, preciosa.
Apagué la luz y me eché al lado de mi hermana. Ella se acurrucó contra mí y así, sin darme cuenta, era la primera vez que dormía con Rebe desde la muerte de nuestros padres.
(1)Me desperté con un sonido que venía desde la sala, era una melodía triste, me fui acercando a la sala para ver a Edward en ese rincón. Estaba súper concentrado, yo estaba sorprendida, jamás lo había visto tocar. Él levanto su rostro y me invitó a que me acercara. Me senté a su lado.
—¿Por qué tocas una melodía tan triste?
—¿Te parece triste? —Asentí— En la noche escuché lo que ocurrió con Rebe. Me puse a pensar en lo que les ha pasado, en lo difícil que ha sido su vida desde entonces. Y en lo mal que he actuado con Carlisle durante todos estos años.
—Tienes muchos años más para remediar eso.
—Lo sé, pero no sé por dónde empezar. Luego está Alice que ni siquiera sé dónde está. —Me tomó de las manos— He pasado días maravillosos contigo pero en momentos como este me es inevitable pensar en todo lo que ha pasado.
—Edward— le apreté las manos— Nadie te pide que no pienses en eso. Sé que solucionarás tus problemas con Carlisle, pero tú mismo tienes que decidir cómo. Y ya aclaramos que no hay rencores contra tu madre, hay acciones que nos toman de sorpresa, como las de Elizabeth— lo sentí tensarse a mi lado. — Tienes que aprender a escuchar el nombre de tu mama, tienes que aprender muchas cosas al lado de tu familia, porque tienes una Edward. Esme no es una mala persona, nadie dice que sustituyas a tu mamá pero quizás podrías darle una oportunidad.
—No he pensado en Esme y no quiero hacerlo. —iba a refutarle— Aún no. Sé que si quiero lograr una paz con Carlisle me toca aceptarla. Por ahora, solo estoy preocupado por Alice.
—Te voy a decir algo pero no te molestes. Prométeme que no lo harás— el asintió.
—Tu hermana esta aquí— estaba a punto de hablar—Sh, no te vas a molestar, lo prometiste— le advertí—. Yo lo supe el día que salí con las chicas, si no te lo conté antes es porque ella quiere su tiempo. Le dijo a Rose que hablaría contigo pero que quería estar sola por ahora.
—Bueno tendremos que esperar. Y no estoy molesto, a veces olvido que también eres su amiga.
—Es difícil estar en medio de los dos. Muy bonita vista desde aquí. —cambié de tema.
—Sí, hace mucho que no tocaba, es decir, no tocaba desde que me mudé a Londres. También toco la guitarra.
—Alice me contó que ella cantaba y tú tocabas. ¿Por qué te compraste un piano entonces?
—Porque sabía que lo haría en cualquier momento y hoy me levanté con ganas. Aunque mi melodía fue triste.
—Puede solucionarlo tocando algo para mí. —mordí mis labios. —Si quieres.
(2)El me besó la mano y comenzó con una melodía lenta, parecía que Edward estaba solo. Tocaba como si no hubiera mañana, era sorprendente la forma en que sus dedos, siendo tan masculinos, creaban una melodía tan delicada. Conforme pasaban los segundos se hacía más rápida. El me miró por un instante y me sonrió…
Cuanto hubiera dado para que mis padres conocieran a Edward. Ellos siempre quisieron un buen chico para mí y yo lo había encontrado, porque en el fondo sabía que no podía encontrar a otro hombre como él. Pensar en mis padres me causaba una pena que no podía medir, no había escala para medir tu dolor, tu pena; tenía que comenzar a sobrellevar ese dolor, mis padres me dieron amor, educación, me inculcaron unos valores increíbles y ahora me tocaba a mi hacer eso con Rebe, aprendiendo poco a poco.
—Es hermoso. —dije mientras algunas lágrimas caían por mi rostro.
—Sí es hermoso ¿Por qué lloras? — me secó las lágrimas con sus dedos.
—La intensidad con la que tocas. ¿Cómo se llama lo que has tocado?
—Lo acabo de crear— pensó por un momento— Llamémoslo la nana de Bella.
—Me parece perfecto— le sonreí— Voy a preparar el desayuno.
—¿Quieres que te ayude? — negué— Iré a despertar a Rebe. Solo iremos nosotros a la fundación. Ya sabes, Rose y Emmet están descartados. Y bueno supongo que no he visto a Jasper por Alice.
—Supongo. Anda ve, me quedaré por aquí— Él se acercó a besarme, un beso casto pero que despertaba todo en mi— Buenos días, princesa.
Después de haber tomado e l desayuno, dejamos a Rebe viendo la tele mientras nos alistábamos. Vicky fue la encargada de limpiar un poco el apartamento antes de llegar y me trajo algunas prendas que le había pedido.
Según Edward, faltaba poco para llegar. Cuando me di cuenta que me hablaban por BBM.
Alice:
Hola Bells.
Me sorprendí mucho cuando vi el mensaje.
Bella:
Hola Ali ¿Cómo estás?
Alice:
Bien ¿Y tú? Espero que todo bien. Me enteré por Rose que irán a la fundación ¿Ya están en camino?
Ahora entendí porque me había hablado.
Bella:
Si estoy bien. Si ya estamos yendo ¿Por qué?
Alice:
Lo que pasa es que yo estoy aquí. No quiero que se lleven una sorpresa o tener momentos incomodos.
Comencé a morderme los labios, Edward se dio cuenta de mi nerviosismo.
— ¿Qué ocurre? —preguntó preocupado. Tomé aire, armándome de valor.
—Es Alice— le enseñé el celular. —Está en la fundación.—se quedó callado—Dijo que no quiere tener momentos incomodos. Le responderé que no se preocupes ¿ok? —el solo asintió
Bella:
Oh no Alice, no te preocupes. Cuídate, nos vemos.
—Ya estamos cerca ¿Qué haré?—Se le notaba preocupado
—Actúa normal, Edward— él tomó mi mano a pesar de que estaba manejando—Todo saldrá bien.
Había mucha gente cuando bajamos, para ser exactos obreros. Al parecer, como me había contado Edward, estaban terminando de construir otros dos edificios más aparte del principal. Edward me contó que era para atender a jóvenes hasta los dieciocho años y con más tipos de cáncer. Entramos a la recepción y ahí nos encontramos con Alice, Jasper y… ¿Jack?
— ¿Jack? ¿Qué haces aquí? —le pregunté emocionada
—Bells—corrió a abrazarme—Pequeña Rebe, Edward.
—Hola Jack—Le respondió distraído porque él estaba más enfocado en su hermana, los dos se miraban pero nadie decía nada.
—Hola Bells, Rebe. —Jasper se acercó a saludarnos.— Amigo mio ¿Cómo has estado? —Edward desvió la mirada para posarla en Jasper— Siento no haberte hablado antes, pero como te darás cuenta las cosas no han sido fáciles.
—Descuida Jasper. —Edward se acercó a Alice, no le dio un beso, no la abrazo, el solo se quedó parado delante de ella. —Hola Alice.
—Hola Edward. —Ella le tomó de las manos, un gesto que sorprendió a todos—Sé que necesitas hablar, pero no aquí. Iré a casa de la abuela, allí te espero ¿Está bien?
—Está más que bien. —le sonrió— ¿La conociste?
— ¿A angélica? —él asintió— Es hermosa, es un ángel. Te espero más tarde ¿sí? —Ella se acercó a mí— Hola amiga.
—Hola Alice— no soporte más y la abracé, ella me envolvió con sus pequeños brazos. —Yo lo siento tanto— le murmuré.
—Tranquila, ya paso. Más tarde hablaremos y, por lo que veo, tienes mucho que contarme. — me sonrió. —Hola Rebe— la despeinó. —Nos vemos chicos.
En la recepción nos dieron las narices rojas. Edward nos dijo que fuésemos a ver a Ariana un momento. Caminamos tomados de la mano.
—Sabes, es raro ver a Alice con Jack y Jasper al mismo tiempo. —le comenté.
— ¿Por qué? ¿Ustedes pensaban que Alice y Jack estaban juntos?
—Oh vamos, tú también pensabas eso cuando llegaste. En fin, se le ve bien con Jasper.
—Sí, supongo. — Hermano que nace celoso, se queda celoso por siempre. Nos paramos afuera de una oficina y tocó la puerta. Ariana murmuró un adelante. Ella se sorprendió cuando nos vio tomados de la mano, me di cuenta que no habíamos mostrado mucho afecto en público. Recordé lo que Edward me había contado en Londres sobre ellos. En un gesto de posesividad solté su mano y abracé a Edward por la cintura.
—Hola chicos. —caminó hacia nosotros. —Hace un momento conocí a tu hermana Edward, una encantadora Masen.
—Como todos nosotros— él le guiño el ojo. No sabía si Edward era consciente de lo que ese gesto producía en las mujeres. — ¿Puedo ver a mi ángel?
—Obvio que puedes, se pondrá feliz. Vamos, los acompaño. —Estábamos caminando cuando Ariana nos interrumpió—Que tonta que fui. Es mediodía tengo que pasar para ver a todos los niños, necesito sus fichas ¿me acompañas a traerlas, Bella? —me sorprendí por su pedido pero asentí. — Vete delante con Rebe, Edward.
Caminamos en un silencio muy incómodo. Ella llegó a su despacho y sacó muchas carpetas. No necesitaba mi ayuda pero, aun así, me pasó la mitad de ellas.
—¿Hace cuánto está aquí Angélica? — corté el incomodo silencio.
—Nueve meses casi. Fue muy afortunada en cautivar a Edward y que él le haya dado los fondos necesarios para poderse operar... Bella, quería hablar contigo. —Por eso hizo que viniese con ella.
—Dime
—Bueno, supongo que sabes lo que pasó antes con Edward. —Iba a interrumpir—No, espera, deja que termine. No tuve sexo con él, solo fueron besos.
— ¿Besos? ¿Muchos? —palidecí.
— ¡No! —exclamó asustada. —Solo fueron dos, en realidad el último no cuenta porque estaba borracha.
—Está bien, Ariana. —comenzamos a caminar hacia la habitación donde suponía que se encontraban los demás.
—Ya no me gusta Edward. Sé que están juntos y respeto mucho eso. No quiero llevarme mal contigo. Me di cuenta que apenas me viste lo abrazaste, no quiero quitártelo.
—Tranquila, Ariana, me caes bien. Yo no puedo cambiar el pasado de Edward.
—Ahora eres su presente y su futuro, no dejes que el pasado lo arruine— me abrió la puerta de la habitación.
Me acomodé la nariz roja que nos habían dado. Rebe le estaba dando un regalo que habíamos comprado a cada uno y Edward estaba al fondo de espaldas a mí. Salude niño por niño mientras me acercaba a la última cama con Rebe.
—Hola— saludé tímida.
—Hola preciosa, justo le conté a Angélica que traje a otras dos chicas preciosas como ella. Mira te presento a Bella y a Rebe. —Las dos le sonreímos.
—Mira, te traje esto— Rebe le dio la vincha—Espero que te guste, yo lo escogí.
Angélica abrió sus ojitos muy sorprendida.
—Muchas—respiró hondo— Gracias. Son muy bonitas.
—Tú lo eres más. Edward no para de hablar de ti. —le comenté.
—Ni el de ti, la otra vez que vino me enseñó una foto de ustedes dos. —le fruncí al ceño porque no sabía de lo que hablaba.
—En fin. Vino mi hermana hace un momento, ya conoces a casi toda mi familia.
Nos quedamos un buen rato hablando con Angélica, luego Rebe le enseño todas nuestras fotos en Paris desde mi celular. Ella se quedó dormida con la promesa de que la llevaríamos algún día. Fuimos de nuevo a la oficina de Ariana que se encontraba con una enfermera.
—Quiero hablar sobre Angélica— ella asintió.
— ¿Por qué no se va Rebe con la enfermera donde están los juegos? —asentí sabiendo que era una conversación de mayores. Una vez que se fueron Edward fue directo al grano.
— ¿Cómo está? ¿Por qué no me contaste que fuiste a Tottenham? —le tomé de las manos para que se tranquilizase.
—Cálmate Edward— le advirtió— Ella está igual que cuando la dejaste. Pero te tengo una buena noticia, mira esto. — Edward se soltó de mí y se acercó mucho al papel para leerlo, después de unos minutos, su sonrisa se hizo enorme.
— ¡Dios mio! ¡Ariana!—él se paró al mismo tiempo que ella y se fundieron en un abrazo. Mentiría si dijese que no me sentí incomoda. Me paré también pensando en dejarlos solos, sentía que sobraba. estaba a punto de abrir la puerta cuando Edward habló — ¡Bella! ¿A dónde vas? —Vino hacia a mí y me levantó plantándome un beso. Me sorprendí por su efusividad. — ¿A qué no sabes?
—No, no lo sé. —Le sonreí.
—Tenemos el permiso de los papas de Angélica para operarla. — eso sí que era una gran noticia. Me dio otro beso— Estoy tan feliz ¿Cuándo se le puede operar? — me sonrojé cuando me di cuenta que Ariana había visto todo.
—Está programada para el veinte de marzo. Hay un problema—se sintió la tensión— Sus papas la dieron en adopción. Mientras que ella se recupera de la operación no hay ningún problema, pero tú sabes que no puedo ocultar su caso siempre de las autoridades.
— ¿Quién diablos hace eso? Es su hija— grité molesta.
—Lamentablemente no la quieren. Dijeron que firmaban siempre y cuando se quedaba aquí. Lo siento tanto, Edward.
—No, está bien. Hablaré con alguien que quiera adoptar. —Lo conocía para saber que estaba pensando en algo— ¿Yo?
—Tú no puedes Edward, tiene que ser una pareja casada. Lo lamento.
—No te preocupes. Lo importante es que la operaremos. Tengo que retirarme, mañana regreso a Forks. — En ese momento entró Rebe.
—Cuídense mucho, fue un placer conocerlas. Espero que regresen pronto y, Edward, es primordial que estés aquí cuando la operemos.
—Lo estaremos— hablé antes que él— Cuídate mucho Ariana, lo que haces es admirable.
—Gracias, Bella. Vamos, los acompaño hasta la puerta…
Edward había estado tranquilo la mitad del camino pero mientras más nos acercábamos a casa de su abuela, sus nervios aumentaban. Cuando estuvimos a punto de entrar me dio un casto beso en los labios.
— ¿Qué haré? —preguntó asustado.
—Ya te lo dije. Solo tienes que escucharla. Y, luego, le dirás todo lo que sientes.
Vicky nos recibió con una gran sonrisa. Tomó de las manos a Rebe y se la llevó a la cocina a engreírla. Nos informó que nos esperaban en el despacho. Entramos y allí estaban Jack, Jasper, la abuela.
—Hola hijos. ¿Cómo les fue?
—Muy bien. Pronto operaran a Angélica.
—¡Qué excelente noticia! —Los chicos se pararon de donde estaban.
—Bueno los dejamos solos para que hablen— dije incomoda. Todos asintieron y Edward me abrazó.
— ¿No te puedes quedar? —me murmuró para que solo yo escuchase. Negué con mi cabeza—Está bien te veo en un momento, bonita.
—Aquí me tienes. Todo saldrá bien.
Los tres salimos de ahí preocupados, ansiosos por lo que pusiese pasar.
—Solo espero que solucionen sus problemas.
—Lo harán, Jasper. — le sonreí confiada. —¿Vamos a ver a Rose? —ellos asintieron— De paso me tienes que contar… ¿qué diablos haces aquí, Jack?
PovEdward
—Siéntate hijo—acerqué un poco el mueble para estar frente a ellas. —Quiero que me dejen hablar. ¿Entendido?
—Está bien— murmuramos los dos.
—Yo no me enteré del amorío de su madre con ese señor. Y cuando lo hice, ella ya había terminado con él; me lo contó en un momento de desesperación para que le diera un consejo sobre cómo recuperar a su padre… después de eso ella me dijo que iban bien, pero no confió en lo suficiente en mi como para decirme la verdad. Yo siempre tuve una buena relación con Carlisle, el me llamaba cada semana para informarme como estaban, pero el jamás me contó sobre el engaño de su madre hasta que yo le toque el tema. Me dijo que no quería hablar. En ese momento supe que no habían solucionado nada. Con un poco de insistencia él me dijo que le era difícil, que la amaba, pero que simplemente no podía. —Tomó una respiración profunda.
Yo les aconsejé a los dos que se divorciasen. Su madre se hizo la loca y aseguró que todo estaba bien. En cambio Carlisle si lo tomó en cuenta pero ella se lo negó. Una semana antes del accidente ella me llamó y dijo que Carlisle tenía un amante. No pude creerle por más que quise.
— ¿Por qué no, abuela? Era tu hija, mi papá solo era tu yerno.
—Sí Alice, pero desde el momento en que engañó a su padre no pude creer muchas de las cosas que dejo. Uno, porque no me lo dijo desde el comienzo y, dos, porque me dijo que todo iba bien cuando no era verdad…
Ella siempre quiso mantener las apariencias. Cuando era una jovencita podría estar triste pero jamás lo demostraba. Ella era así, siempre lo fue. Yo la amo, me dolió cuando murió. Era joven y le quedaba mucho por vivir, tenía que criar a sus hijos, verlos graduarse en el colegio, graduarse en la universidad, conocer a sus esposos, conocer a sus nietos, venir aquí a saludar a su madre— Mi abuela empezó a llorar
Yo tendría que haber muerto primero. Porque es ley vida: primero son los padres, luego los hijos, no al revés. Me lamento tanto de no haberle aconsejado mejor, de no haber estado a su lado…
— ¿Por qué nunca nos lo contaste?
—No debía Edward. Carlisle me dijo que prefería que lo odiasen antes de que odiasen a su madre. Que él podía justificarse y suplicar su perdón, en cambio su madre no. Tu padre es un hombre noble, yo detestaba todo el odio que tú le tenías, no encontraba la manera de decírtelo. Él ha sufrido mucho hasta ahora. También sufrió cuando tú viniste a vivir conmigo.
Lo detestas porque no te apoyó, eras tan joven, hijo, que tu dolor te hacia olvidar que él era tu padre que él también necesitaba consuelo. Tú solo le echabas la culpa de la muerte de Elizabeth. Sé que te golpeó, lo detestas por eso y no lo justifico. Le grité, le dije que con golpear no conseguiría nada bueno. Tú decidiste venirte y me dijo que te convenciera de la contrario. Si no lo hice fue porque sabía que necesitaban tiempo, pero jamás me imagine que iba a hacer tanto. Jamás pensé que guardabas tanto rencor hacia él. Pensé que lo perdonarías.
— ¿Por qué nunca me lo contaste a mí? —le preguntó Alice.
—Mi pequeña Alice, te veía tan frágil. Desde pequeña adoraste a tu padre, ¿qué hubiera pasado si hubieses sabido la verdad al mismo tiempo que tu hermano? Hubieras querido vengarte y lo hubieras dejado solo. Teníamos suficiente con Edward, no necesitábamos que tu empeoraras la situación. Lo siento tanto pequeña, no quiero que pelees con tu hermano. Se necesitan el uno al otro, él te necesita para que poco a poco se vaya acercando a tu padre y a Esme. Porque Esme ahora es la esposa de su padre y tienen que aceptarla.
Ella cometió el error de besarlo pero no fue la culpable del accidente de su madre. Fue un accidente, hijos. Nadie fue el culpable, solo ese borracho que se cruzó en el camino de su padre y luego el de su madre. Alguna vez habéis pensado que hubiera pasado si su padre hubiera muerto esa noche.
Me estremecí de solo pensarlo, tomé de las manos a Alice porque su llanto se hizo más intenso.
—Ni lo digas abuela—le contestó mi hermana.
—Hace un par de días hablé con Carlisle. Me dijo que hubiera preferido morir él, porque sus hijos hubieran vivido feliz al lado de su madre, en cambio ahora lo odian. Se siente mal pequeños y sé que su madre no hubiera querido ver a su familia separada. Perdónense, formen una familia e intégren a Esme. Alice, tú la conoces, sabes que ella te ama. Eres como una hija que nunca tuvo y sé que te recibirá muy bien, Edward.
—Yo no sé abuela, sé que tengo que aceptarla, porque es la esposa de Carlisle y la madre de Alice. Pero yo no quiero suplantar a mi madre.
—Yo no la suplanté. Jamás lo haría, ella es mi segunda madre, Elizabeth siempre será la primera, siempre la amaré. —Alice me miró y volvió a llorar— Yo lo siento Edward, siento haberme comportado así. Te amo hermano, así tu no me digas esas palabras, yo te amo. —me puse a llorar con ella. —Y me dolió que no me contases. Pero lo hiciste por mi bien, porque no querías que pasase lo que tú pasaste. Y juntos superaremos esto. Juntos. Como siempre debimos haber estado.
—Perdónenme las dos. Tú, abuela, por haberme soportado todos estos años, porque cuando me querías hablar de Carlisle solo peleábamos y jamás me echaste de aquí.
— ¿Cómo lo iba hacer? Fuiste una bendición en mi vida, Edward. Fue un honor haberte tenido todos estos años conmigo. —le sonreí con amor.
—Y tú, hermana, porque eres tan bondadosa, cariñosa y has aguantado toda mi mierda. Me has pedido disculpas cuando yo soy el único culpable. Te prometo que, por tu bien, haré lo posible para llevarme bien con Carlisle. Solo dame tiempo, necesito tiempo para poder cerrar este capítulo y tiempo para que mis heridas cicatricen.
—Hay mis niños, los amo tanto— me acerqué para abrazarlas a las dos. No sé si fueron segundos o minutos pero se sentía bien, me sentía protegido y sentía que las protegía. —Juntos ¿Está bien?
—Está bien— le contestamos los dos.
—Bueno, vamos a almorzar, niños. Le diré a Vicky que ponga la mesa para todos. — salió con pasos lentos pero firmes. ¿Qué haríamos sin ella?
—Te quiero tanto, hermano—Me abrazó muy fuerte. Era tan pequeña, tan frágil pero no por eso era menos fuerte que yo. Se alejó un poco de mi—¿Así que como has estado? Por lo que he visto muy bien. —me sonrió con complicidad.
—Ahora estoy muy bien, feliz, completo. Y si vas a preguntar por Bella, creo que tienes una conversación pendiente con ella y allí podrá contarte.
—Pero que pesado— caminamos abrazados hasta que vimos que los chicos ayudaban a bajar a Rose. —Lo está pasando mal ¿Has hablado con Emmet?
—No, más tarde quería salir con él y si me puedes prestar a Jasper sería muy noble de tu parte. —bromeé.
— ¿Por qué mejor no salimos todos? —propuso.
—Sera incomodo, créeme.
—Pero yo me voy mañana al mediodía. Salgamos a comer nada más. Llama a los Harrison y ya luego te vas a tu departamento con Bella, a solas, si quieres me puedo quedar con Rebe—me guiñó el ojo.
—Eres todo un caso. —Ayudamos a Rose a bajar los últimos escalones. Bella me miró preguntándome en silencio si todo estaba bien. Yo le di un beso en la frente y la abracé.
Comimos en un ambiente muy agradable, incluso escribimos dedicatorias sobre el yeso de Rose. Le pregunté si podíamos invitar a Emmet más tarde y me dijo que no tenía ningún problema. Avisé a los demás sobre lo de hoy, Ariana se disculpó diciéndome que no podía. Emmet dijo que vendría en unas horas para poder hablar antes de salir.
Vicky se había ido arreglar un poco mi departamento y de paso llevar algunas cosas que le había encargado. Rebe se quedaría con Alice y Rose a pasar una noche de chicas con ella.
Emmet llegó y las chicas aprovecharon para subir en cambiarse aunque dudaba mucho que fuese por eso, Rose aún no lo quería ver. Jack dijo que daría una vuelta y nos dejó para hablar solo nosotros tres.
—Vamos a hablar en el jardín. Quiero fumar. —asentimos.
(3)Nos sentamos en un banco que hay en el jardín. Emmet era de las personas que hablaba cuando se sentía preparado. No era necesario preguntarle. Me ofreció un cigarro pero me negué. Sabía que estaba nervioso, movía su pierna constantemente.
—Cuando empecé con Rose todo iba bien, incluso cuando viniste el mes pasado estábamos felices. —una emoción lo embargo— No sé si te conté que llevé un curso por un mes. —negué con la cabeza. — Bueno, justo cuando te fuiste empecé con los últimos trabajos y exámenes, entonces no la vi alrededor de una semana. Fue lo peor Edward, pregúntale a Jasper que hasta me tuvo que quitar el celular porque quería llamarla a cada momento. Estaba preocupado porque no podía ir a recogerla al trabajo o sencillamente la extrañaba tanto que necesitaba besarla, abrazarla pero no podía. ¿Y sabes que hizo ella? — aspiró mucho humo para luego soltarlo.
Todos los días se iba de juerga con los Harrison. Cada noche cuando prendía mi celular en vez de tener un mensaje de ella, tenía fotos en facebook o actualizaciones de estado asegurándome que estaban juntos.
—Pero Emmet Rose es así, siempre ha sido así—expliqué con paciencia. —Le gusta bailar, salir con amigos. No le puedes prohibir eso.
—Edward no se lo prohibía. Le decía que estaba bien aunque en el fondo me jodía. Cuando terminé el curso pensé que cambiaría, que quizá podíamos quedarnos unos días en casa, recuperar todo el tiempo perdido.
—¿Pero no fue así, cierto? —probé en decir.
—No, ella solo quería salir y salir. Y yo le complací el capricho. ¿Sabes cuántos chicos la sacaron a bailar o le pedían su número? Miles Edward, no estoy exagerando—dudaba que eso fuera verdad pero dejé que continuase.
Un día le dije que me había cansado, que quería que pasase más tiempo conmigo— Emmet se veía tan miserable— Y fue así, nos quedábamos en casa, íbamos al cine o de compras. Pero no duro más que una semana. Después de eso me decía "vamos Emmet no seas aburrido". Tu sabes que a mí me gustaba salir pero… no sé con ella todo era diferente.
Tenía ganas de quedarme en casa acurrucarnos, ver películas, comer. No quería salir, fumar, tomar, bailar. Hasta que vi que hablaba con su ex por WhatsApp, fue una completa mierda. Edward, ¡yo no me hablo con las chicas con las que me he acostado!
— ¿Qué le dijiste?
—Que no me jodiese. Que ella no podía hacer eso. Que estaba mal. Ella me respondió: "Por dios, Emmet, él vive a millas de aquí, no lo quiero, pero le tengo cariño porque fue alguien especial para mí"
Después yo le dije que se acabó, que no podía confiar en ella y muchas cosas más, dejé salir todo. Le dije que a mí no me importaba si era especial o no. Que estaba harto de que saliese y que se fuese a bailar. Que si quería hacer todo eso mejor se quedaba sola, que me había aburrido y que ya estaba en una edad en la que tenía que madurar.
—No le puede decir a Rose que es una inmadura. —Le dije— Ella detesta eso.
—Pero Edward, lo es. Ninguno de nosotros ha salido tanto como ella. No sé si es por culpa de los Harrison pero en realidad estaba cansado. Ella se molestó y me dijo que me fuese a la mierda. En realidad pensé que ahí se iba acabar todo pero Jasper nos volvió a unir— lo miré.
—Se sentía miserable, no salía ni al gimnasio. Ellos se aman, pero cuando se pelean por cosas tontas, de su boca solo salen palabras hirientes. —Había comprobado eso de primera mano.
—Íbamos bien o, bueno, intentábamos que la relación saliese adelante. —explicó con pena. —Ustedes saben que mi padre me golpeaba de niño y que por ese motivo se separó de mi madre. — Los dos asentimos— Rose y yo, nos turnábamos por decirlo así. Un día hacíamos lo que ella quería y otro lo que yo quería. Pero no me sentía cómodo. No sé si eran los celos, pero por todo renegaba, por todo quería armar un lío y tú sabes que Rose no se deja gritar. Cada hombre que le hablaba a Rose despertaba unos increíbles celos en mí y quería golpear.— Lo miré asustado.
No a Rose, obviamente, jamás sería capaz de eso. Pero si a cada persona que se le acercaba y ella no ayudaba. Es muy amable, le sonríe a todos los hombres. Y un día mientras yo bailaba con Karen, ella se puso a bailar con un desconocido.
—Ella es así. No puedes esperar que sea amargada cuando todos los días trabaja en un oficio donde la amabilidad tiene que ser una de sus cualidades. ¿Dónde has visto una abogada amargada? — él se encogió de hombros.
—El día que fuimos a ese bar, antes habíamos tenido una pequeña discusión, por lo tanto estaba de cólera. Primero me di cuenta de que este chico la miraba hasta que un momento se le acercó para darle un gran abrazo y un beso en la mejilla de esos exagerados que suenan. Ni siquiera pensé en lo que hacía, solo sé que mi puño chocó con su mejilla.
—Emmet…
—Lo sé, Edward, estuvo mal; es mi culpa. El chico me contestó pero yo lo arrastré hasta la calle. Me golpeó pero yo fui más fuerte. Él se llevó la peor parte, todo lo vi rojo, no lo hubiera soltado sino fuera porque tres chicos sujetaron. Me llevaron a la comisaria, toda una noche preso y Rose haciendo el papeleo con otro abogado más. Tuvimos que pagarle al chico para que retirase la demanda. Rose no me dijo nada esa noche. Llegamos a mi apartamento. Pensé que no se iba a quedar pero subió y me puso hielo donde en algunos golpes y una crema. Se durmió en el cuarto de invitados pero al otro lado de la puerta pude escuchar como lloraba.
—Te dije que te cortaba las bolas si la hacías sufrir. Mierda, Emmet ¿Cómo puedes hacerle esto? No puedes perder los papeles menos con ella. Sabes que a ninguno nos importaba las clases sociales pero ella tiene una reputación que cuidar y, aunque eso sea lo de menos, ella lloraba por lo que te estabas convirtiendo.
—Mierda, lo sé, Edward. Ahora lo sé porque al otro día era la comidilla en las revistas de chismes y en los programas locales solo hablaban de la gran abogada Rosalie Masen saliendo con un golpeador de hombres inocentes o con un muchacho agresivo. Rose solo apagó la televisión, me miró y se puso a llorar delante de mí. Me dijo que nunca más le hiciera eso, porque no quería que me convirtiera en mi padre. No te imaginas el dolor que sentí; fue una completa mierda.
—Te voy a aconsejar como amigo, porque, a pesar de que tengo ganas de mandarte a la mierda y de cortarte las bolas, no lo voy hacer. —Él asintió— Tus celos están dañando la relación. Rose jamás te engañaría. Tienes que entenderla. Tú también tuviste tu etapa en primer ciclo donde solo querías salir a juerguear. Ella tiene esa etapa ahora. Rose luchó mucho para entrar en Harvard. Nunca salió a beber mientras estuvo en la universidad y ahora que ya logró su meta, ¿por qué no celebrar? No puedes privarla de eso. Si no te gustaba lo que hacía tendrías que habérselo dicho desde el principio y tranquilo, sin gritarle porque ella detesta eso.
—Pensé que la conocía. —dijo con pesar—Pero hay muchas caras de ella que todavía no he visto.
—Emmet, después de conocerse, no esperaron ni un mes para empezar a salir. Igual que Jasper con mi hermana, pero los entiendo. El amor es así, puedes conocer a tu otra mitad cuando menos te lo esperas. Mírame a mi, soy un claro ejemplo. No puedes pedir mucho, Emmet, no con Rose. Sé que ella ese día te dijo que eras un mocoso sin oficio ni beneficio, pero lo dijo porque estaba dolida.
—Lo sé— murmuró apenado. —No le echo la culpa, me asusté mucho cuando la vi gritando de dolor por su tobillo.
—Pero eso no es excusa, te falta mucho por conocer de ella y si quieres seguir en su vida, deberías ir a un psicólogo.
—Ni vayas a decir que esas cosas son para locos. De verdad lo necesitas, Emmet— Jasper estaba serio. — Porque Rose no te va a perdonar.
—Quizás lo haga, pero no regresará contigo. Emmet, si no vas un día puede escaparse de tus manos y golpearla a ella. Y te juro por la más sagrado de mi vida que, si eso pasa, te mataré.
—Basta, Edward. —respondió serio. — ya busqué ayuda. Mañana empiezo mi tratamiento y no quiero que me acompañe nadie. Necesito ir solo y así puede que Rose decida volver conmigo.
— ¿Quieres regresar con ella? —preguntó Jasper.
— ¿Ahora? —lo pensó un rato. —No — parpadeó un par de veces, lo conocía tan bien que podría asegurar que quería llorar. —Le haría mucho daño; primero quiero cumplir con mi tratamiento y quizá luego, si ella me acepta, empezar de nuevo.
— ¿La amas mucho, no?
—Edward, la amo más que mi propia vida—Emmet miró por encima de mi hombro, sabía que estaba mirando su ventana. —Sé que no podré encontrar una mujer como ella.
—Sé que podrán superar esto— lo palmeé.
—Ojala. No sé que haría sin ella. ¿Y tú como vas con Bella?
—Si te contara todas las veces que los he visto esta tarde cogidos de la mano o mirando el uno al otro…—se burló Jasper.
—Estamos juntos, o sea, no le he pedido que sea mi novia porque no encuentro las palabras adecuadas, pero lo importante es que estamos juntos… y muy bien.
— ¿No has pensado en decírselo? —Preguntó Jasper frunciendo el ceño—Es una mujer y las mujeres siempre esperan cosas cursis. Como cenas románticas, rosas, chocolates, peluches y miles de cosas más.
—Bella es diferente. Sé que quiere estar conmigo.
—¡Qué creído!— bromeó Emmet.
—No es eso. —agregué rápidamente. —Bella no quería nada con nadie. Es muy noble que me haya aceptado en su vida. Y siento que si se lo pregunto la voy a presionar. Además, quiero estar completamente seguro de mis sentimientos.
—¿No la quieres? —preguntó confundido Jasper.
—Lo hago— afirmé con severidad. —Pero aún no puedo decírselo, esas simples palabras no salen de mi boca.
—Pues hermano el día que salgan de tu boca, ya no la querrás sino que la amarás. —bromeó Emmet. — El hecho de que lo aceptes delante de nosotros es un paso.
—Hoy se quedarán solos, ¿no? —Jasper me preguntó con picardía.
—No pasará nada de lo que ustedes piensan, aún no ha pasado. Eso es un paso muy importante.
—¿Tú no quieres? —Emmet no esperó que respondiera. —Por favor, Edward, la deseas. Cuando están juntos se siente la tensión o ¿me vas a decir que no?— no podía ser cínico— Ya ves. Así que quizá pase algo hoy pero recuerda que ella es diferente a todas, con ella no es sexo y nada más.
Se me ocurrió una idea.
—¿Iremos al centro de Londres? —Ellos asintieron—Acompáñenme a comprar algunos cosas y ya luego que ellas nos alcancen. —volvieron a asentir.
Teníamos que empezar a hacer las cosas bien. Bella se merecía todo, ella era diferente.
PovBella
—¿Por qué miras tanto hacia fuera? —preguntó Alice. Rose se dio la vuelta y tenía lágrimas en los ojos. —Mierda—murmuró Alice.
—Lo extraño, solo dios sabe cuánto lo hago— iba a pararme a abrazarla. —No lo hagas—me advirtió— No quiero ni un gesto de cariño, me siento débil cuando hacen eso.
—Rose, sabes que él también te extraña. ¿Por qué no regresan? —pregunté apenada.
—Porque no puedo. Él necesita un tratamiento psicológico, un control de ira y sé que si lo perdono no irá. —comenzó a secarse las lagrimas
—Y tú tienes que dejar de salir como si el mundo se fuera acabar. — La voz de Alice destilaba furia— Me cae bien Karen, pero ella tiene un estilo de vida muy diferente al tuyo Rose, ella trabaja en discotecas, al final de la noche puede tomar y bailar porque ese es su ambiente.
—No empieces con eso Alice. — Rose se dio la vuelta cojeando para buscar su ropa.
—Si empezaré. Son tus mejores amigos lo entiendo, pero Rose nadie dice que no salgas a divertirte; solo que no debes hacerlo todos los días, ¿crees que Emmet no se cansa de eso? No estás sola Rose, ahora tienes una pareja. —la acusó.
—Tenía pareja, ahora no. Puedo hacer lo que quiera con mi vida y él también.
—Estás hablando así porque estás enfadada—le dije calmadamente— Y ese día en la salida del hospital también lo hiciste. Rose, Emmet te extraña mucho, quizás él solo quería quedarse en casa y disfrutar del tiempo contigo. No soy experta en el amor—comenté con timidez— Pero sé que él te ama y mucho. Quizás no sería mala idea que dejases de salir un poco.
—Quizás. Bueno ¿y ya saben a dónde iremos? —un cambio radical de tema.
—Edward me acaba de mandar un mensaje dice que nos vemos en la pizzería "Bravi Ragazzi". Dice que tú sabes donde es Rose. —le contesté.
— ¿Y a donde fueron esos? —me encogí de hombros— Bueno me alisto y salimos.
—Bueno, Bella, si yo fuera tú, me echaría a dormir un rato porque Rose es peor que yo—le sacó la lengua a su prima— Y recuerda no puedes ir en tacones. Solo un zapato bajo. Cuida el yeso.
—No se imaginan cuánto pica esta mierda. Todo por la boca salada de Karen.
.
.
.
Habíamos llegado a una zona concurrida de Londres. Rebe no estaba con nosotros, se había ido con los tíos de Edward, su abuela y Vicky a los juegos. Me rechazo a mí por irse con ellos, pero me sentía contenta por ella, se estaba divirtiendo mucho. Entramos a la pizzería. Por un momento pensé que sería algo lujoso pero no, era totalmente sencillo, y había una cantidad aceptable de gente. Rose me había contado que en esta zona estaban los mejores locales de Londres pero que al mismo tiempo era muy tranquilo. Tuvimos que esperar unos quince minutos hasta que los chicos aparecieron. Rose suspiró fuerte cuando vio a entrar a Emmet.
—Hola, nena—Edward me dio un casto beso. Me puse rojísima, aún no me acostumbraba a esas muestras de afecto. Se sentó a mi lado, Rose quedó frente a Emmet. Ellos solo se dijeron un hola y desde entonces los dos estuvieron ocupados con sus móviles.
— ¿A dónde fueron? —preguntó curiosa Alice.
—A ti que te importa, enana— le respondió Edward bromeando, ella lo fulminó con la mirada. —Solo a mi apartamento había olvidado mi cargador. Ya pedí la pizza—informó—¿Y los Harrison?
—Karen está a punto de entrar y Tom a unos cinco minutos de distancia. — nos informó Rose. Emmet suspiró muy fuerte.
— ¿Tienes algún problema con que vengan? —le preguntó Rose malhumorada.
— ¿Yo? —se hizo el loco. — ¿Por qué debería tener algún problema? —le contestó en el mismo tono que ella uso.
—Estoy esperando que respondas, porque si quieres te puedes retirar.
—Ok, ya basta. —advirtió Edward. —No malinterpretes las cosas, Rose. Ahí vienen Karen. —informó para que la conversación se terminara.
—Odio a mi hermano, él tenía que haberme traído y no el taxista viejo amargado, hijo de su madre. —gruñó. —Hola a todos— su mirada se clavó unos momentos en Jack.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Jasper asustado de sus reacciones. Ella se sentó y respiró hondo.
—Mi queridísimo hermano conoció a una chica hace dos semana y está saliendo con ella. —la miramos confundidos.— ¿Saben que tiene de malo? Ella es modelo, una de las más reconocidas en Londres, estamos en el foco de los paparazis.
— ¿Quién es ella? ¿Te cae bien? —le pregunté.
—Es una chica buena, sencilla, la apruebo. Pero no soporto toda su fama, simplemente lo detesto. Se llama Sienna Miller. —Todos jadearon con sorpresa, menos yo, incluso Jack que no vivía aquí sabía quién era, y me sentí como una estúpida.
— ¿Sienna? —preguntó Edward como si no hubiera oído bien, Karen asintió. —Ella es una de las modelos más hermosas del mundo—mencionó aquello como si yo no estuviera. Luego me miró— No más que tú, tú le ganas a todas.
¿Podría mi corazón latir más fuerte?
—Miren ahí llegan— Karen señaló la ventana.
Tom venía con una despampanante rubia tomado de la mano. Su belleza era visible, por algo todos los hombres de la pizzería voltearon a verla. A pesar de ser famosa vestía de forma muy sencilla: pantalón jean, pullover negro y unos zapatos y una cartera del mismo color. Ella llegó a nuestra mesa con una sonrisa de oreja a oreja.
—Buenas tardes—saludó emocionada— Es un gusto conocerlos. Tom me ha hablado tanto de ustedes.
Tom sacó una silla para que se sentara y ella le murmuró un gracias. Todos nos presentamos un poco intimidados por su belleza y su carisma.
— ¿Y cómo es Forks? Nunca he ido, bueno, he visitado Washington para algunos desfiles pero no he paseado por Forks o Seattle o sitios así.
—Es verde—le respondí, ella se rio como si hubiera hecho una broma— Es verdad, todo es verde, pero es tranquilo.
—Tranquilidad—suspiró con pesar— Justo lo que necesito en estos momentos, se ha vuelto intenso últimamente… Así que ustedes son los famosos Masen, he oído hablar tanto de ustedes… y de sus cenas benéficas. Y a ti, te veía mucho por televisión, pero ya no—comentó apenada mirando a Edward
—Me mudé de Londres a Forks. —ella abrió su boca sorprendida. Una cosa era visitar forks y otra cambiar Londres por ese pueblito. — Necesitaba otros aires y, bueno, ahí conocí a Bella. —pasó sus brazos por mis hombros.
—¡Qué lindos! —nos miró con ternura. Luego sus ojos fueron a parar a un rincón—Oh y tú eres Emmet McCartney. Hace un mes estuviste mucho en las revista— un silencio incomodo se extendió en el ambiente.
—Si un episodio que no quiero recordar. —explicó tratando de no sonar pedante.
—Lo lamento a veces soy una desconsiderada. —se quedó por primera vez callada desde que llegó. —Pero lo bueno es que tienes a alguien como Rose en tu vida.
—Ya no estamos juntos. —le respondió Rose.
—Oh
Ella no dijo nada más
—Por fin te callaste. —Sienna puso los ojos en blanco. — Nunca cierras la boca cuñada. Pero es un gusto tenerte aquí.
La pizza llegó y así el silencio, solo se escuchan los jadeos de sorpresa al probar lo buena que estaba. Por momentos veía como Emmet miraba a Rose con pena absoluta. Era como que si le quisiera hablar pero había una pared invisible que se lo impedía y después de la discusión de hace un momento dudaba mucho que ella le contestase con amabilidad. Sienna había resultado ser una mujer muy amable, incluso no tuvo reparo en agarrar la pizza con su mano.
—Dis..Discúlpame—tartamude Karen, me di cuenta que se lo decía a Jack, cuando los dos habían querido agarrar la servilleta al mismo tiempo.
—No hay problema— contestó con indiferencia Jack.
Ella intentó decir algo más pero luego se arrepintió.
—Todos ustedes se ven tan adorables—la miramos confundida. — Todos los chicos están usando un gorro. ¡Se ven tan monos! Es la moda ahora.
Y tenía razón todos tenían un gorro, parecía que se habían puesto de acuerdo, porque todos iban combinados. Sienna se ofreció a pagar la cuenta pero Tom le dijo que no y se ofreció a pagar él. Pero Edward les dijo que no a ambos y decidió pagar él. De pronto todos se peleaban por pagar la cuenta.
— ¡Basta! —Grité molesta por el ruido que hacían— La pago yo. —De todos los que estábamos allí, la que tenía peor condición económica era yo.
—La pagamos todos los de Forks— propuso Alice.
La idea resultó buena para mí hasta que Edward se incluyó en los que eran de Forks y pago la mitad de la cuenta, así que en realidad no nos tocó mucho a los demás. Íbamos a levantarnos cuando un par de chicos se acercaron a tomar foto con Sienna.
—Gracias Sienna, te admiramos mucho— Habló uno de ellos. Ella se sonrojó.
—Oh, no tienen por qué. Soy tan humana como ustedes— se despidió con un beso en la mejilla a cada uno. Los chicos estaban en las nubes.
—Lamento interrumpir a los señores— la mesera se acercó con mucha vergüenza. — Quizá desearían salir por la puerta trasera ya que la calle está llena de periodistas.
—Lo siento tanto— empezó Sienna— Es mi culpa. No pensé que me perseguirían, pero si quieren ustedes pueden salir por la puerta trasera y yo los despisto. Sé que Rose no puede caminar rápido.
— ¿Estás segura? — pregunté indecisa.
—Claro, esto es normal para mí. Sé que no soy la única a la que quieren sacar fotos pero conmigo se conformaran.
Ella se despidió de cada uno, con la promesa de volvernos a ver si es que su relación con Tom duraba. Él también se despidió un poco molesto por la interrupción de los paparazis. La mesera nos llevó por un pasadizo hasta la puerta trasera. Estoy segura de que Edward le dio una propina considerable por su cara de felicidad.
Edward pasó sus manos por mis brazos. Apretándome contra él.
— ¿Qué ocurre? —le pregunté medio sonriendo. —Te veo muy cariñoso.
—Ahora no puedo ser cariñoso—contestó ofendido— Necesito besarte.
—Yo también—susurré bajito. — ¿Te has dado cuenta que todos estamos de parejitas?
—Si pero solo dos lo son en verdad, una esta seperada y la otra… ¡ni pensarlo! No hay forma de que Jack esté con Karen.
—A veces lo imposible se vuelve posible. Míralos— él miró en su dirección— No digo que estén juntos como enamorados, pero se nota que quieren ser amigos pero no saben cómo arreglar las cosas.
—Bueno quizás Karen quiere hacerlo pero no Jack. —le hice una mueca de decepción. —He visto como le contesta él o las reacciones que hace cuando ella lo mira. No te metas, Bells.
—Ok, ya entendí—refunfuñé molesta. Me solté de su abrazo y caminé por delante de él.
—Oye— me tomó de la muñeca y me jaló hacia él. Su boca tocó la mía. —No te molestes.
¿Cuándo me miraba así como podía molestarme? Dejé que me volviese a abrazar.
Tuvimos que caminar unas cuentas cuadras más para llegar a nuestro destino. Me había dado cuenta de que Emmet caminaba varios pasos por detrás de Rose, como si intentara protegerla. De verdad deseaba que esos dos volviesen a estar juntos. No me sorprendí al ver el súper carro de Karen ¿Qué se podía esperar de alguien que tenía tanto dinero? Lo mejor obviamente. En ese instante nos dimos cuenta de un pequeño detalle.
—Oh, no alcanzamos todos, tú te iras con Edward y solo tenemos dos autos. Y en estos autos no caben muchas personas.— Ese era el problema de los deportivos, demasiado pequeños para mi gusto.
—Yo puedo jalar a alguien, me voy a mi casa primero y luego a la discoteca pero por el camino puedo pasar por su casa.
—Está bien—aceptó Alice. Luego miró a cada uno, ella manejaba, Rose tenía que ir en su carro. Jasper no quería separarse de Alice y Emmet mucho menos de Rose. Oh no…
—No hay problema—se encogió de hombros Jack— Puedo ir con Karen.— No supimos quien se sorprendió mas, si nosotros o Karen.
—Bueno como sea— le restó importancia Karen. —Cuídense mucho, ¿sí? —nos miraba con ternura. —Ojalá puedan venir pronto o si no yo trataré de ir. Despídeme de Rebe, sabes que no puedo ir al aeropuerto mañana porque no me gustan las despedidas, así que mejor aquí.
Todos la abrazamos muy fuerte, incluso Edward, él la cargó.
—Cuídate mucho Karen, a ver si dejas ese ambiente tuyo.
—No puedo querido sino como me mantengo. —le guiñó el ojo. —Aparte donde conseguiría tantas mujeres… u hombres. — ella se subió a su carro sonriendo. Jack suspiró pesadamente y nos dijo que luego nos veía.
—Ese carro va explotar si alguno de los dos dice algo imprudente. —Todos asentimos dándole la razón a Emmet. — ¿Te ayudo? —se ofreció cuando vio que Rose iba a subir, ella se negó. Sí. para tercos, los Masen ganaban. Y tú también. Mi subconsciente haciendo acto de presencia.
—Bueno mañana llegamos temprano— se despidió Edward y yo hice lo mismo.
El camino a casa de Edward fue en completo silencio, sentía que algo me ocultaba pero no quería arruinar el ambiente. Me di cuenta que no estábamos muy lejos del departamento en unos pocos minutos llegaríamos. Él me tomó de las manos mientras subíamos.
— ¿Todo bien? —pregunté cautelosa.
—Sí, todo bien. —me aseguró.
(4)Me quede paralizada cuando entramos al departamento, en cada rincón habían hortensias rojas, y en el centro habían rosas del mismo color.
—Edward… Son mis flores favoritas—susurré confundida.
—Te mereces esto y más. Me has hecho muy feliz en estos días, me has ayudado a sobrellevar el problema más grande en mi vida y te prometo que por ti volveré a hablarme con Carlisle.
—Edward, eso tienes que hacerlo porque tú quieres. —hablé con dulzura.
—Lo quiero hacer por mí, pero también porque tú me motivas. Bella me encantas, sé que no te puedo decir esas palabras, puedo ser un mocoso todavía pero quiero pasar el resto de mi vida contigo, quiero ayudarte a criar a Rebe, quiero todo contigo y si a eso se le llama estar enamorado, pues lo estoy. Estoy malditamente enamorado de ti. —me sorprendí por la intensidad de sus palabras
—Edward sé que es difícil para ti demostrarme lo que sientes porque también lo es para mí. Pero con todos los detalles me demuestras que te importo. Y tú me importas, eres uno de los hombres que más me importa en la vida.— mis ojos se llenaron de lágrimas— Te lo dije una vez y te lo vuelvo a decir, tenemos que superar nuestros miedos juntos. Aquí estaré siempre me tendrás.
Edward comenzó a besarme, esta vez fue distinto a las otras veces. No era alocado, apurado, era pausado, había determinación en sus besos era como si por primera vez probara mis labios, estaba exponiendo sus sentimientos hacia a mí. Él estaba enamorado de mí y me lo estaba demostrando. Nos separamos después unos cuantos minutos. Lo miré a los ojos con timidez.
— ¿Quieres ir? —me señaló el camino hacia su cuarto.
Él me estaba dando a escoger. Podía rechazarlo, decirle que aún no estaba lista. Yo había echo esto con una única persona. Lo amé, confié en él y me engañó, por eso juré que con la siguiente persona con la que lo hiciera me tendría que sentir completamente segura. Y con Edward me sentía así, él lograba que me sintiera segura. Lo besé, el me cargó e hizo que envolviera mis piernas alrededor de su cintura. ¿Quería esto?
Sí, lo quería, solo con él. Con nadie más.
PovEdward
(4) Nunca había hecho el amor. Todos estos años solo tuve sexo con mujeres, ningún sentimiento de por medio, ningún compromiso. Tenía miedo, no sabía cómo hacerlo bien con Bella.
—Hey, ¿en qué piensas? —me preguntó mientras la depositaba a un lado de la cama.
—No sé cómo hacer esto. Yo solo he tenido sexo, no he hecho el amor con nadie. No quiero asustarte. —murmuré en voz baja.
—No lo harás. Confió en ti. —mi corazón latió a un ritmo escandaloso.
Ella volvió a besarme, pidió permiso con la punta de su lengua para que abriera mi boca y así poder degustar mi lengua. Mi cuerpo tembló de placer, me sentí como un chiquillo que tiene su primera vez, no sabía qué hacer, no sabía cómo moverme. A pesar de que podía asegurar que yo tenía más experiencia que ella.
Comencé a desvestirla lentamente, no rompió contactos con mis ojos. Se quedó en ropa interior, era su turno, sus manos temblorosas me quitaron las prendas que nos estorbaban. Ahora los dos estábamos en ropa interior. La tumbé en la cama con suma delicadeza.
Solo la luz que entraba por las ventanas nos alumbraba, le quité su brasier y sus pezones rosados estaban erguidos listo para ser chupados, su vientre plano, su pequeña cintura, sus nalgas redondas y firmes. Comencé a besarla lentamente en toda su piel desnuda. Chupé uno de sus pezones, ella echó la cabeza hacia atrás, hice lo mismo con el otro: chupando, pasando mi lengua, mordiendo. Baje más hasta que mi rostro quedó frente a su sexo, podía olerla desde aquí, le saqué la prenda y lentamente separé sus labios con mis dedos.
—Dios, Bella…estas empapada. —Gimió muy fuerte, comencé a mover mis dedos de arriba y abajo con lentitud.
—Ed..Edward. —oír mi nombre en sus labios era lujuria absoluta. —Te necesito a ti… Solo a ti.
Me levanté para sacarme lo último que quedaba de mi ropa, la última barrera. Me tumbé encima de ella, soportando parte de mi peso con mis brazos, volví a besarla lentamente, como si fuera la última vez. Estaba a punto de ponerme el preservativo.
—No. — lo agarró con su mano y lo tiró en algún lado de la habitación. —Yo tomo pastillas, no es necesario. — Le sonreí como un bobo, éramos los dos, no había nada ni nadie de por medio.
—Eres tan hermosa. —suspiré acariciándole la cara. Acercó su rostro a mi oído.
—Yo jure que mi próxima vez sería con un hombre con el que pasaría el resto de mi vida.—confesó en voz baja y luego me miró a los ojos.
Esta era mi primera vez… y la suya también porque ella lo haría con el hombre que estaría para toda su vida. Comprendí después de mucho tiempo lo que era ser feliz. Sentir amor por alguien.
Me introduje en ella lentamente, tembló de deseo al igual que yo. Mierda, no había cosa más excitante de ver a Bella mordiéndose los labios. Estábamos compartiendo un momento especial en nuestras vidas, marcando un inicio en ellas. Estaba dispuesto a luchar contra mis miedos por ella, estaba dispuesto a ser mejor hombre por ella.
Me di cuenta en este momento que después de esto, no existía nada más. Ninguna otra mujer ocuparía el lugar de Bella. Dos almas se estaban uniendo ahora, para nunca separarse.
—No pares…Por favor, Edward, no lo hagas.
Y no quería parar, la seguí embistiendo a un ritmo pausado, no quería follarla a lo loco, quería disfrutar cada caricia suya, cada rincón de su cuerpo. Todos estos años viviendo con rencores, en un mundo de mentiras. Nunca había sentido tanta confianza en una persona, nunca sentí nada tan correcto.
—Bella, eres tan perfecta…—besé nuevamente sus labios.
—¡Ay, Edward! —gimió disfrutando el nuevo ritmo de mis embestidas, lentas pero profundas.
Mordí un poco sus pezones o los tirabas con mis dientes, ella enredó sus piernas a mis cinturas haciendo que la penetración fuera más profunda. Nuestros gemidos se hicieron incontrolables y el choque de nuestros cuerpos sonaba por toda la habitación. Sus mejillas estaban calientes y mi corazón latía a mil por hora.
—Dios, Bella, eres tan estrecha…Eso es tan bueno. — gruñí extasiado.
—La tienes enorme…Demasiado enorme…Ahhhh. —gimió. No le faltaba mucho por llegar.
Aumente mis embestidas, cada una era un golpe de placer. Bella estaba súper mojada. Echó la cabeza hacia atrás y aproveché para dejarle un chupón en el cuello
—¡Oh, Dios! ¡Ah,ah,ah!. —La habitación se llenó de los gritos de Bella.
—No soy Dios ,Bella, soy Edward—ronroneé en su oído. —Di mi nombre, nena, ¡dilo!
—¡Edward! ¡Edward! —gimió tantas veces que sentía que estaba a punto de correrme.
—Dámelo, nena, déjate llevar.
Como si hubiera sido todo planeado, nos corrimos al mismo tiempo. Una corriente eléctrica pasó por mi cuerpo al sentir como la llenaba por completo. Soltó suspiros largos, jadeos prolongados y gemidos bajos. Me jaló hacia ella para besarme, junté su frente con la mía, nos miramos un buen tiempo. "Una mirada dice más que mil palabras" nunca había encontrado sentido a esa frase hasta ese momento. No había palabra que pudiera describir lo que estábamos sintiendo.
Acaricié con suavidad sus labios, su mentón, su nariz, todo su rostro como si no fuera real. Como si fuera producto de mi imaginación. Ella me sonrió con timidez.
—Gracias por hacerme muy feliz— susurró Bella. — Ha sido increíble. Has sido tan delicado conmigo.
—Sé que es importante para ti. Ahora me has enseñado que hay una gran diferencia entre tener sexo con una desconocida y hacer el amor. Sé que esto no es nuevo para ti pero espero haber sido el mejor…—ella puso un dedo sobre mis labios.
—Eres el mejor. Un día me dijiste que no puedes cambiar tu pasado, yo tampoco puedo. Pero lo que hicimos hoy fue algo nuevo para mí, has sido el primero en muchas cosas. —Le sonreí con calidez.
No hubo medida de tiempo esa noche para nosotros, no sabíamos si pasaban minutos u horas realmente no nos importaba. Nos pasamos toda la noche besándonos, acariciándonos, conociéndonos y exponiéndonos.
.
Me levanté de la cama y la observé dormir unos segundos. Las sabanas apenas le cubrían las caderas y su cabello esta despeinado en la cama. Verla así tan tierna, hermosa, adorable era mi perdición en la cama, porque no podía olvidar como me montó en plena madrugada y sería mi perdición día a día.
La acaricié tratando que se levantara, ella abrió los ojos confundida pero luego su vista se enfocó en mí y me sonrió con ternura.
—Buenos días, nena— Le di un beso en la frente. — ¿Dormiste bien?
—Muy bien—contestó riendo. Luego me miró y se sonrojó. Me reí cuando me di cuenta del por qué.
—Me has visto desnudo toda la noche y ahora te avergüenzas. Eres tan adorable.
—No te rías de mí— hizo un puchero— Voy a bañarme ¿Quieres…ya sabes…a- acompañarme?
—Eso no se pregunta dos veces, nena. —le sonreí con picardía.
Entramos a la ducha completamente desnudos, la besé mientras el agua caía sobre nosotros. Se separó de mí.
—Siento que me ahogo. Porque mejor no llenas el jacuzzi mientras nos damos besitos. —asentí.
Me senté y ella envolvió sus piernas a mí alrededor, pero aún no se deslizaba en mí. Dejé besos en cada uno de sus pezones que se erguían provocando que quisiera probarlos más.
—A-Ay.. —ella gimió disfrutando.
La pare de esa posición por lo que ahora ella estaba sentada donde yo había estado. La imagen de su cuerpo desnudo bajo el agua translucida lograba excitarme aún más. Di besos en su cuerpo, desde su cara hasta llegar a su coño. Mi lengua separó aquellos labios y Bella gimió con ganas, mis dientes fueron hacia su clítoris para lograr una mayor excitación.
—¡Ah…, Dios!
Mi lengua trazó círculos en ella una y otra vez, decidí llevar un dedo hasta su entrada.
—Para la próxima, te quiero bien depilada nena. Eres muy, muy estrecha Bella.
—Me vas a volver loca— suspiraba ella.
Aumenté la velocidad con mi lengua e introduje un dedo más, hasta el fondo. Ella movía las caderas al ritmo de mis dedos. Ella gemía muy fuerte, moví mis dedos con mayor rapidez y eso fue todo para ella.
—Me gusta saber que si me adentro a ti ahora volverás a venirte. Nunca imaginé que eras multiorgásmica. —se sonrojó.
—Tienes un problema ahí—señaló mi polla. Ella cerró el grifo de la bañera e hizo que volviéramos a cambiar de posición.
Me comenzó a besar, mi polla palpitaba de anticipación, sabía que iba introducirse en ella. Bella agarró mi polla y de una sola vez se la introdujo.
—Puta madre. —eché mi cabeza hacia atrás.
Ella comenzó a cabalgarme, la sujeté firmemente con mis manos y comencé a besarla mientras que follábamos a un ritmo frenético. Tal era nuestra necesidad que salpicamos agua por todo el baño. Ella saltaba como una desquiciada y yo la sujetaba para que mi polla no se saliese de su sexo.
—Oh…oh si, si…dios santo. Me vengo.
—No…no espera— no me faltaba mucho.
—N-no aguan…aguanto…mierda santa. —su respiración se agitaba.
Sujeté sus caderas más fuerte y comencé a follarla como una bestia. En cada estocada ella gemía más fuerte. Se corrió, sintiendo como su cuerpo temblaba de placer. Yo seguí embistiendo hasta que fue mi turno de gruñir mi liberación.
Bella se abrazó a mí, descansando su cabeza en mi hombro.
—Me gustaría quedarme todo el día contigo en esta ducha. Pero te vas a enfermar y otra nos esperan para desayunar.
—Maldita hambre. Me enjabonas la espalda. — yo asentí como un bobo.
Ella se dio la vuelta, llené con jabón mis manos para hacerlo espuma y comencé a masajearle la espalda, incluso sus nalgas, pero no demoré mucho tiempo porque sabía teníamos que salir rápido.
Luego eché un poco de shampú en mi mano para masajearle el cabello, ella soltó suaves suspiros.
—¿Te gusta? —pregunté medio sonriendo.
—Me relaja mucho. Gracias por una increíble noche. Ahora me toca a mí. — Y fue su turno de ahora ayudarme a bañarme…
—¿De qué te ríes? —le pregunté curioso.
—No sé por qué traje pijama. Vamos, vamos tengo mucha hambre.
—¿Podemos desayunar aquí si quieres? —le ofrecí
—¿Y plantar a Alice? Nos mata. — me dio un pequeño beso. —Vamos.
.
.
.
PovBella
—Te veo con un brillo especial. ¿Qué habrán echo mi hermano y tu?
—Nada— mordí mi labio tímida.
—Mentirosa—me acusó. —Bueno te veo en unas horas.
— ¿Éstas bien? —me encontraba preocupaba por ella.
—Lo estoy, sé que las despedidas son difíciles pero tengo planes. Le prometí a mi abuela que iría pronto, y a Jasper también. —nos comenzamos acercar a los chicos. — Dejé de ser virgen. — ella lo susurró como si fuera algo normal, como si estuviera hablando del clima o cualquier otra cosa común.
— ¡¿Qué?! —exclamé fuerte. — ¡Dios mio!
—Calla, Bella. —me advirtió.
—¿Qué paso, nena? —me preguntó preocupado Edward. —Estás agitada. —moví mi cabeza restándole importancia, tratando de asimilar todo.
Miré a Jasper que estaba a un lado besando a Alice, en su burbuja. Se les veía tan lindos, pero me era difícil asimilar que mi amiga había dejado de ser virgen.
—Calabaza, ¿todo bien? —Reparé en que Jack me miraba con el ceño fruncido.
—Sí—respondí no tan segura. — ¿Qué tal tus días en Londres? —le pregunté cambiando de tema.
—Muy buenos en realidad. Lo pasé genial, todos son muy amables. Me acostumbraría rápido pero… extraño a mi mamá— agregó con timidez.
—Ay, sí, niñito de mama. — lo molesté. — ¿Te metiste con una europea? —pregunté bromeando. Pero él se tensó como si hubiera hecho una pregunta súper incomoda. — No quería sonar maleducada, sabes que te estoy molestando.
—Lo sé, lo sé—agregó rápidamente.
—Tú, ¿estás bien? —el asintió. — ¿No te volviste a pelear con Karen, cierto?
—¿Con quién? —lo notaba muy distraído. —¿Con Karen? No, no. ¿Te ha dicho algo? —preguntó preocupado.
—No, Jack. —me reí confundida. —Todo bien, ¿verdad?
—Sí, solo cansado. Bueno voy embarcando. Nos vemos pronto, no te pierdas, calabaza— me advirtió.
—No le dejaré hacerlo— le contestó Edward por mí. Nos despedimos y se fue. Era el turno de Alice, así que nos giramos hacia ella y la miramos.
—No lloraré— Luego miro a Jasper. — Mierda, soy una maldita llorona. — Jasper comenzó a darle besitos por el rostro.
—Pronto iré, ya te lo dije. —La besó profundamente. Nosotros aprovechamos para despedirnos.
—Hasta más tarde. — Ella no se permitió mirar atrás porque sabía que le dolería el doble, no me imaginaba el hecho de dejar al amor de tu vida al otro lado del mundo.
.
.
.
—¿No quieren que los acompañemos? —preguntó la abuela por enésima vez.
—No es necesario, abu. —le contestó Edward. —Emmet nos llevará en el auto con Jasper, eso es suficiente. —ella asintió no muy convencida.
Nos despedimos de los tíos de Edward y de Rose, que a cada rato se quejaba de su maldito yeso y por eso no podía ir al aeropuerto, Luego llegó el turno de la abuela.
—Hija mía— me abrazó fuerte.— No hay palabras suficientes para agradecer todo lo que has hecho por mis nietos. Los has llenado de felicidad, los has unido.
—Oh no, ellos me han llenado de felicidad. Gracias por ser tan amable con mi hermana.
—Dale un abrazo a Esme y Carlisle de mi parte. —me susurró bajito para que Edward no escuchase.
—Lo haré. Vendremos pronto. —le sonreí con calidez.
Llegamos al aeropuerto, acompañados por un Jasper y Emmet callados.
—Entiendo que tu estés triste por Alice. —Señalé a Jasper—¿Pero tú?
—No me pasa nada Bella.
—Te la has pasado mandándome bromas de mal gusto desde que me conoces y no tienes la confianza para contarme tus problemas.
—Rose me dijo ayer que no quería que me acercase a ella.
—¿Por qué dijo eso? —pregunté sorprendida
—Porque la vi hablando con alguien por WhastsApp y le monté una escena.
—¿Cuándo entenderás? —interrumpió Edward.
—Yo sé que regresarán— le palmeé su brazo. — Hay mucho amor como para no hacerlo.
El me sonrió por compromiso. Nos despedimos de ellos prometiendo que regresaríamos pronto. Una promesa que tendríamos que cumplir pues Angélica se operaba en veinte días, era un hecho importante en la vida de Edward.
El camino a Forks fue pesado, llegar al aeropuerto, luego manejar por cuatro horas más hasta por fin llegar a casa. Edward estaba realmente agotado.
—Bueno llegamos a casa. — informó cansado.
—Sí, yupi— gritó Rebe emocionada. — Veré a mis amiguitos.
—Faltan un par de días y empiezas la escuela. Anda, ve a lavarte la boca que es tarde.
Ella subió cargando el peluche que la abu Eliza, como la llamaba, le había regalado. Volteé y miré a Edward.
—¿Te quedarás? — pregunté tímidamente.
—¿Quieres que me vaya? — negué varias veces con mi cabeza. —Me quedo entonces.
Me jaló hacia el mueble para besuquearnos por unos minutos hasta que sentimos que Rebe estaba bajando de nuevo las escaleras.
—¿Nada cambiará cierto?
—Nada Bella, estaremos bien. — me abrazó con ternura.
Un capitulo mas chicas, ya nos vamos acercando al final de la historia. Mucho amor, mucha confianza y por fin estuvieron juntos. Vemos un poco sobre lo que pasa entre Rose y Emmet y porque el muchacho es asi. Vamos aclarando la historia de los Cullen, asi que nos falta los Swan ¿Que ocurrio con los papas de Bella? ¿Un accidente o algo provocado?...Y bueno regresamos a forks y bueno Bella y Edward regresan como una pareja ¿Que pasara?
Ya saben que sus reviews son importantes para mi, cualquier duda, sugerencia o critica es bien recibida. Bienvenidas a las nuevas lectoras y las que se unieron al grupo del facebook "Fics de Yoko" Muchas gracias por el apoyo constante, besos.
