Grisha intentó oponerse a la idea de que tener un gato, pero después de ver los ojitos de cachorrito de su esposa e hijo, accedió. Capitán era oficialmente parte de la familia. Grisha lo había conocido una semana después de Carla (lo que significaba que tenía dos semanas viviendo con ellos, en ese momento). A la tercera semana, fue cuando las cosas empezaron a cambiar.
Eren limpiaba la casa, su cuarto, todos los días, hacía su tarea y estudiaba con más empeño. Sus calificaciones habían mejorado (o al menos eso era lo que alegaba él). Nunca fue un mal estudiante, era uno promedio, no tan bueno pero tampoco tan malo. Incluso algunos profesores habían notado su cambio, los primeros días, en los que había comenzado a participar en clase, estaban entre confundidos y sorprendidos. Al cabo de una semana, ya se les había hecho normal. Armin y Mikasa también le habían preguntado el por qué de su cambio, pero Eren nunca les respondía, evadía la preguntas o cambiaba el tema.
Sus padres se habían quedado sorprendidos al ver el ligero, como solía decir Eren, cambio de su hijo. Todo se había originado una mañana en la que Eren había salido temprano de clases, llegó sonriente a casa, subió las escaleras y encontró a su peludo amigo sentado, junto a sus calificaciones del mes pasado, mirándolo fijamente. Tragó saliva, casi podía sentir como lo estaba regañando con la mirada. No sabía a quién le tenía más miedo, a sus padres o Capitán (Mikasa es un caso aparte). Eren supo que, por desgracia, desde esa noche debía estudiar para mejorar sus notas. Con varios ochos, algún siete, y quizás un nueve, él estaría contento, el problema era Capitán.
Grisha y Carla habían descubierto aquello un domingo. Ambos habían salido del hospital, estuvieron trabajando un poco más de lo normal para que los dos pudieran estar con Eren por, al menos, unos tres días. Salieron del hospital a las nueve de la mañana, pasaron por el supermercado y llegaron a su domicilio casi al mediodía. Encontraron a Eren estudiando en la mesa, con varios libros y cuadernos a su alrededor, y, frente a ellos, estaba Capitán. Supervisando su sesión de estudio. Cuando Eren se percató de la presencia de sus padres los miró, haciendo un puchero, pidió que intentaran convencer a Capitán de que lo dejara descansar el resto del día pero fue inútil.
Levi, enojado, comenzó a dar ligeros golpes, con sus patas delanteras, en la cabeza de su mocoso. A regañadientes, este regresó su vista a los libros. Grisha no supo qué decir, Carla sabía que era un gato peculiar, pero no sabía qué tan peculiar podría llegar a ser. Era, sin duda, toda una caja de sorpresas.
Eren sintió cómo su padre le daba ligeras palmaditas en la espalda, animándolo, alzó la vista para mirarlo, pero éste ya se había ido a la cocina a ayudar a su madre. Regresó su vista a los ojos grises con bordes azules, que tanto le gustaban, y suspiró. Intentó, de nuevo, convencerlo de que era suficiente estudio por ese día, pero no lo consiguió. Capitán golpeó un par de veces el libro con su pata derecha. Hizo un par de pucheros y regresó su vista a los libros. Una vez más, un gato había podido con él. El capitán ha podido dominarlo. Eso era algo que nunca le diría a Armin o Mikasa.
Le gustaba pensar que aquello era un secreto que compartía con Capitán.
Quería que cada recuerdo con él fuera especial.
Ese era su más grande deseo.
Querido Eren, recuerda, el mundo no es una fábrica de conceder deseos.
Debes tener cuidado con lo que deseas.
Ya sea si el es malo o bueno, se cumpla o no, podrías terminar sufriendo.
Carla observó, desde lejos, como su hijo seguía haciéndole pucheros y gestos, a su parecer, muy tiernos, a Capitán. Le causaba algo de gracia ver a esos, después de un rato, decidió tomarle algunas fotografías, incluso varios vídeos. Grisha la regañó con la mirada, pero, al cabo de un rato, pidió que se las pasara. Incluso a él le parecía tierno, y algo extraño, el ambiente. No había duda de que ese pequeño gato iba era como una pequeña luz en la casa. Estaba seguro que le su hijo sería feliz con él.
El futuro será igual al pasado, y el pecado que un día fue cometido con pesadumbre, será cometido muchas veces más, con alegría.
El problema es, que por desgracia, no sólo le causará felicidad.
El dolor también es parte de la vida.
¿No es así?
Sé que en este momento el fanfic no tiene mucha acogida, me atrevo a decir que solo dos personas parecen leerlo, pero de igual forma quiero continuar y acabarlo. Muchas gracias a esas dos personas, a pesar de que el último comentario que pusieron fue en el capítulo ocho y ahora estamos por el veinticuatro, me animaron bastante. En ese momento no pensé que tendría comentarios tan pronto. Espero que las lecturas y comentarios aumente, me gustaría saber la opinión de todos.
Agradezco sus lecturas, de todo corazón.
Gracias por todo,
los quiere,
Pandirafa.
