Unstoppable

Puse a mi mejor amiga al corriente de lo que había ocurrido, y sobre la nueva funcionaria oportunista de Up!

Teníamos que tener cuidado con aquella mujer, parecía ser ambiciosa, y eso podría hacerla peligrosa también.

Y puede que sea cosa de mi cabeza, pero esa Lilith Page parecía que me estaba observando a cada minuto. Fui a coger un café, y allí estaba ella, con aquella sonrisa burlona y un GUIÑO. ¡Eso mismo! ¡Guiñó! Aquel guiño de coqueteo, ¿sabéis? ¡Ese mismo! No sé a dónde quería llegar con eso. Fui a recoger unas copias, y allí estaba ella, y de nuevo el guiño.

—¡Ruby!— dije rabiosa al volver a mi silla —Esa Lilith Page es un problema — susurré

—¡No me digas! Como Regina recuerde su cara, estás perdida, rubia

Me quedé pensando en lo que había dicho.

A Regina le iban a saltar los cables, otra vez.

Estuve pensando en la mejor manera de contarle esto a Regina, pero ninguna de ellas me aseguraba una buena reacción de esa morena celosa.

Llegó la hora del almuerzo, y había quedado con Regina para almorzar juntas en el restaurante de siempre. Ruby iba a comer más tarde porque Zelena aún estaba en una reunión, y la iba a esperar.

Salí del ascensor comprobando mi móvil, sin prestar atención al hall de recepción.

—¡Emma! ¡Emma! ¡Emma!

Reconocería la voz histérica de mi madre en cualquier sitio.

Me hacía señas desde la puerta del edificio y me recibió con un apretado abrazo.

—¡Estaba preocupada, Emma!— dijo Mary al deshacer el abrazo —Aunque Ruby me decía que estabas bien, no podía creerlo, necesitaba verlo con mis propios ojos.

—Estoy bien, Mary Margaret. Solo necesitaba olvidar todo lo ocurrido aquel día.

Su mirada se entristeció, pero movió la cabeza afirmativamente.

—Yo también lo habría necesitado— una pausa —¿Comemos juntas? Hace tiempo que no lo hacemos.

Genial.

¿Cómo iba librarme de mi madre?

Al final, ella estaba intentando arreglar las cosas, al contrario que mi padre.

—Mamá, Regina me está esperando

—¿Qué problema hay en que almuerce con vosotras?

—Tu marido no fue muy amable cuando nos vio juntas

Mary entrecerró los ojos.

—Papá, Emma, tu padre

Moví los hombros.

—Él mismo ha dicho que estoy muerta para él, así que ahora mismo esa etiqueta no me dice nada.

Mary me dio una palmada en el brazo.

—Deja de decir esas cosas. Y vamos a comer, y no, no voy a tratarla mal, lo prometo.

Seguramente si tuviera el otro brazo bien, me habría dado dos golpes, uno con cada brazo.

No pude avisar a Regina que Mary venia conmigo, no dejaba de parlotear y si cogiera el móvil, probablemente me lo tiraría al suelo histérica diciéndome que quería atención mientras hablaba.

Entramos en el restaurante, y juro que intenté hacerle señales a Regina de que teníamos compañía, pero no pareció entender muy bien mis caras y bocas.

Regina se puso de pie con una expresión de sorpresa estampada en la cara.

—Sra. Nolan, no sabía que vendría— dijo

—Sin formalidades, puede llamarme Mary, Srta. Mills

Buscó en mi mirada alguna ayuda y enseguida volvió su atención hacia mi madre.

—Puede llamarme Regina, Mary.

Saludé a Regina con un beso en la mejilla.

—¡Ah, por favor, Emma! Dale un beso como Dios manda a quien estaba aquí plantada esperándote, sé más educada.

Estaba tan sorprendida como Regina.

No reconocía a aquella mujer.

Ni siquiera con Elsa había exigido tal cosa.

Regina y yo nos dimos un beso corto, y nos sentamos, con Mary frente a nosotras.

Hicimos nuestros pedidos.

—¿Sabéis? Me gustaron vuestras miradas— Mary comenzó —Una mirada sentimental, ¿entendéis? Definitivamente, Regina, le puso el lazo a mi hija a la perfección, espero que también al contrario.

—Con certeza es recíproco—dijo Regina

—Menos mal, porque esos chupetones en Emma que casi están desapareciendo aún se pueden ver.

—¡Mamá!

Por primera vez vi a Regina ponerse roja.

Y se quedó completamente sin saber dónde meterse.

—No te preocupes, hija, solo tienes que decir que se debe a una presión arterial muy fuerte, y en muchos sitios

—¿Estás viendo Orange is the new black?— pregunté boquiabierta.

—Solo porque haya usado la excusa de Alex Vause no significa que la vea.

Regina me acompañó en la carcajada.

—Claro, porque todo el mundo conoce las disculpas de Alex Vause— dije

Mary decidió no fingir más y confesó que la veía y le encantaba la serie.

También dijo que su personaje favorito era Red, por ser una matrona rusa toda poderosa en la cárcel.

Mi madre consiguió sorprenderme.

Se portó de forma divertida y simpática, una versión completamente diferente a lo que creía que sería.

—Pago yo, chicas— dijo Mary cuando el camarero trajo la cuenta, pagando prontamente —Y Regina, quería disculparme por el modo en cómo mi marido la trató cuando se encontraron.

—Está todo bien, Mary

Mary movió la cabeza negando.

—No, Regina, no lo está. Se pasó mucho, y me siento avergonzada por ello. Quería pedirle que siguiera influyendo tan bien en Emma. He tardado en darme cuenta de que nunca había visto a mi hija tan feliz.

—Esté segura de que seguiré dándole lo mejor— Regina me miró con una sonrisa en su rostro, que inmediatamente devolví.

Mary se despidió de nosotras con un abrazo grupal.

—Creo que he sido aceptada, ¿no?

La miré.

—Sí, parece que sí. Perdóname por no avisarte, también fui pillada por sorpresa.

—Espero ganar muchos besos de recompensa.

—Ah, eso lo ganarás sin sombra de duda.

Junté mis labios a los de ella, en un beso dulce y cariñoso.


Alguien

Nueva York estaba extrañamente tranquila hoy.

Pero seguro algo pasaría para alterar mi día, de eso no tenía dudas.

Estaba observando el bellísimo paisaje, tomando uno de mis mejores whisky.

Escuché un carraspeo, desvié mi mirada para centrarla en el autor del mismo.

—¿Sí, Jones?

Killian Jones, un tipo galanteador y que prestaba sus servicios como jefe de seguridad. Alto y dotado de unos ojos azules atrayentes, siempre bien vestido con trajes carísimos.

—Gold ha llamado, ha pedido que compruebe el contenido que ha mandado por correo electrónico— dijo y me acercó el portátil ya abierto y con la página de mi correo avisando de un nuevo mensaje.

Abrí el mensaje que contenía algunos documentos adjuntos.

Las fotos eran de Regina con una rubia, y en situación bien íntima.

Intenté mantener la naturalidad como si el contenido de las fotos no me hubiera impactado de lleno.

—¿Robin ya está esperando para hacer lo planeado?— pregunté sin apartar los ojos de la pantalla.

—Sí, Madame. Al igual que Lilith ya está vigilando a Gold y a la rubia.

Lo miré.

—¿Y qué ha descubierto de útil Lilith?

—Solo que la rubia y su papá no se hablan

Me quedé pensando.

—De momento no será necesario, pero quiero que consigas el contacto particular de su padre— asintió con la cabeza —¿Gold ya ha hecho lo que ordené?

—Dijo que mañana estaría hecho

—Genial. Pero avísame cuando Robin ya esté recibiendo a los invitados. Puede salir.

—Con permiso, Madame.