Sentidos
Los problemas de vista sin su correspondiente corrección se agravan con el tiempo. Eso Undertaker lo sabía, vaya que si lo sabía; después de tanto tiempo sin llevar sus lentes de la vida su vista se había deteriorado bastante, por ese motivo el peligris había desarrollado sus otros sentidos en gran medida.
Oído, olfato, gusto y tacto; sentidos necesarios para su profesión de sepulturero, bueno...quizás el del gusto no tan necesario. Con esta reflexión el hombre se ríe y es entonces que a sus sentidos llega el perfumado aroma y los pasos cortos de cierto niño noble.
-Funestos días conde.—saluda al mismo tiempo que el mayordomo del chico le abre la puerta.
-Mismamente te digo Undertaker.—le responde con fría cordialidad ya acostumbrado a los modos del hombre.—Necesito...
-Información. Lo sé. Os la daré.—le interrumpe mientras habla en pausas—Pero antes...ya sabéis lo que quiero.—expone juntando las yemas de los dedos y haciendo que sus negras y largas uñas se choquen; Ciel resopla con fastidio y con un gesto de cabeza a Sebastian le ordena intervenir mientras él sale por la puerta no dispuesto a aguantar el pésimo gusto para las gracias del sepulturero. Sebastian ve a su Bocchan salir de la tienda y se ajusta los guantes dando un paso adelante—Eh, eh, eh. Alto ahí mayordomito, no avances más o al final acabaré estornudando.
-No entiendo a qué os referís Undertaker-san.—responde con su habitual tono neutro, el otro hombre se ríe.
-¿Hemos sido un chico travieso últimamente mayordomo?—pregunta picarón moviéndose por su tienda y tomando asiento en un ataúd, Sebastian no contesta—Sabes...es curioso cómo del mismo modo en que a un animal se le queda impregnado una parte del olor del otro con el que se ha apareado pasa igual con...—ensancha su sonrisa—otras especies.
-...
-Y justamente...el...aroma, que se funde con el tuyo propio me recuerda bastante al de otro perro fiel que siempre va tras los pasos de su también conde.—se enrula uno de sus mechones grises oye una especie de amago de risa.
-¿Y?
-Sería tonto pensar que sólo sirvo a la casa Phantomhive como fuente de información.
-Por supuesto.
-¿Entonces ni siquiera lo negáis?
-¿Negar el qué?—pregunta inocente y despistado, aunque su tono era falso. Undertaker se echa a reír en agudas carcajadas dignas de un manicomio. Conforme va parando, Ciel entra nuevamente a la tienda con gesto de hastío.
-Hasta que por fin termináis, espero que te hayas quedado satisfecho.
-No tanto como otros.—vuelve a reír.
Undertaker les dio la información que querían saber, como siempre hace, y les despide con la mano esperando por su próximo visita, como suele hacer. Antes de que Sebastian atraviese el umbral de su puerta, le detiene con un carraspeo.
-Que lo paséis bien.
-Diaboli virtus in lumbis est*.—le responde en tono bajo esbozando una sensual y diabólica sonrisa.
-Entonces será divertido sin duda.
-Oh yes...—termina de decir arrastrando las palabras y cerrando tras de sí la puerta. Undertaker vuelve a reír con sonoridad.
Incluso sin vista, no hacía falta ser ciego para poder percibir algo nuevo en el mayordomo; los oídos eran suficientes para percibir apenas un ligero cambio en la vibración de su voz; el olfato para discernir las esencias que ahora desprendía por cada poro de su cuerpo; y suerte que no había tenido que echar mano del gusto y del tacto, ríe. No, un Shinigami no tocaría a un demonio con más propósito que matarlo.
-Está visto que entre demonios la cosa no funciona igual.—reflexiona divertido tumbándose sobre la tapa de uno de sus ataúdes y deseando poder sentir en algún momento que esos dos nobles se cruzasen en su tienda, la situación pintaría muy divertida.—Para ese momento sí que necesitaré las gafas, no quiero perderme ningún detalle de los que hagan esos dos mayordomos.—suspira—Ojalá llegue pronto, estoy muy aburrido...no como ellos.
Y los ecos de las carcajadas en las que prorrumpe hacen pensar a todo viandante cercano que mejor no acercarse demasiado.
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*The Devil's strenght is lust= La fuerza del demonio es la lujuria.
