Otro capítulo más, solo por si llegan a pensarlo, cualquier referencia de este fic a cierto one shot es solo coincidencia.
Era asombrosa la cantidad de alumnos fuera del colegio, era un bonito viernes, los salones que deberían estar llenos en su mayoría, se hallaban con apenas dos o tres estudiantes. Cierto era que todos tuvieron opción a elegir entre un día de excursión u otro día en el colegio aburrido; no faltó quien pensó salir de paseo el día entero, quedarse en su casa rascándose la panza mientras veía la terrible programación de la televisión de la mañana y parte de la tarde. Un muchacho de piel rojiza andaba caminando por los pasillos como si se hallara abandonado, en cierta medida lo estaba, pues no tenía a nadie con quien hablar o pasar el resto del día.
Discord había preferido suspender su clase para irse lo más pronto posible, mientras que el resto de los profesores decidieron darse el día libre en vista de que los estudiantes también lo deseaban y que la directora Celestia había dado carta verde a una suspensión de clases si es que todos estaban de acuerdo. Sí, era uno de esos particulares días donde uno se siente estúpido por no ir a una excursión, pensando quizás en cómo la estarían pasando sus amigos y mucho más aún si se halla en el último año de escuela.
Las cosas habían pasado demasiado rápido, en un parpadeo ya se hallaban a tres meses de la graduación, del día final de clases, muchos aspiraban a librarse de las garras tediosas de la secundaria, otros por su parte ya planificaban una beca o ingreso a la universidad, era más que seguro que una gran mayoría ya tenía un buen prospecto de trabajo, pues a decir verdad la CHS tenía una buena fama como formadora de excelentes artistas culinarios, mecánicos, alguno que otro científico e incluso una estrella del pop… eran solo algunos de los títulos con los cuales gozaba. En fin… nadie, ni siquiera él podían evitar sentir ese conteo regresivo lleno de ansiedad, miedo y una curiosidad terribles.
- Decidió sentarse por un rato en la primera grada para bajar al paso inferior, la cantidad de personas era realmente más que mínima. Lo peor de todo era que faltaban dos horas para que las clases terminaban.
Aunque esto último era relativo, el número se había reducido mucho, muchísimo más después del almuerzo… en otras palabras, estaba allí sentado como un completo idiota, pues podría irse tranquilamente. Entonces ¿Por qué quedarse a ver una ventana donde no pasaba nada interesante? Con cierta extrañeza se levantó. No, no estaba mirando la ventana correcta y lo sabía Dirigiéndose hacia el pasillo hacia su izquierda recordó pronto que la había visto en dos ocasiones durante todo el día.
Estaba en la cancha trasera del colegio, la había visto practicar en la tarde y ahora… desde hace un rato que ya no le prestaba atención alguna… desde hace un rato que de pronto comenzó a hablarle como a una amiga más y eso era lo que debía ser. Aunque no podía evitar notar cierto cambio en ella, durante las últimas semanas se había vuelto más cerrada a él, sus conversaciones duraban mucho menos, por no decir que de no ser él quien se acercara para decirle hola, simplemente no ocurriría.
Al asomarse por la ventana pudo verla, con sus cabellos del color del arcoíris… no podía reconocer bien su expresión, pero por la forma de caminar pisando con fuerza y cerrando los puños evitando mover sus brazos y extrañamente comenzaba a tratar de llevar su cabello detrás de su oreja podía concluir que estaba furiosa. ¿Por qué? se cuestionaba, le preocupaba indudablemente, pero… ¿Era buena idea acercarse cuando ella estaba tan furiosa? El distanciamiento entre los dos también era la pérdida de confianza. Viéndola rematar una serie de pelotas de futbol hacia una portería notó que la actitud de la de piel cian solo empeoraba, creyó por un instante llegar a escuchar sus gritos de frustración.
Sintiendo una especie de presión en el pecho, ni dolorosa ni de felicidad, sino de culpa puso una mano sobre la ventana. Al apreciarla nuevamente recogiendo los que fueron proyectiles sin dirección clara se decidió y abandonó nuevamente su acostumbrado papel de observador.
Rainbow Dash llevaba más de tres horas practicando y todavía no podía reconocerse en su juego.
- ¡Mier!... demonios. – Maldijo junto con el último pelotazo fallido.
En su cabeza solo aparecía de forma constante sus partidos recientes, todos terminaron en derrota simplemente su juego había empeorado a tal grado que en el último prefirió quedarse como reemplazo, sus saques, pases y remates eran terribles, no podía controlar la dirección ni un poco. Acechada por las observaciones de todo el equipo prefirió quedarse en la escuela por todo ese día para practicar. Pero por mucho que lo intentara simplemente no podía mejorar.
Para empeorar las cosas, los cazadores de talentos todavía no la habían visto, es decir, su posible beca a la universidad aún no estaba asegurada. Por lo cual ya tenía dos grandes problemas; no podía creer que algo como aquello tuviera lugar en un momento tan crucial en su vida. Ciertamente, mientras más lo intentaba más se frustraba pues no mejoraba ni tan siquiera un poco. Había escuchado, leído y visto aquellos bajones tan repentinos en algunas de sus figuras deportivas a seguir, incluso Spitfire había tenido uno el año pasado por… De pronto, mientras alineaba las pelotas,
Ese momento fue como una terrible revelación, era algo tan evidente, tan obvio que no le había prestado atención durante todo ese tiempo. A Spitfire le había dado ese bajón debido a un problema amoroso y a ella le estaba pasando algo similar. Completamente convencida aclaró entonces cuál era ese problema: Big Mac junto a Sunset, ambos estuvieron en todos los partidos, sentados al lado del otro, obviamente, junto con el resto de sus amigas y su hermana menor. Al verlos su juego comenzaba a empeorar en enorme medida. Mas ahora, debía ser sincera, su cabeza estaba llena con la imagen de Big Mac y Sunset en la excursión.
No podía evitarlo, tampoco negarlo, eso sí, podía disfrazarlo frente a sus amigas. La idea de la pareja a la que había incitado en primer lugar era cada vez más asfixiante, más dolorosa, tenía pensado superar todo aquello, no era como si durara para siempre, tenía la horrible experiencia con Soarin y sabía que las cosas sería iguales ahora. Pero de momento no daba pie a ninguna mejora.
-Haber… - se dijo a si misma teniendo en mente una idea algo descabellada. – usemos esto.
Posicionándose para una serie de cinco remates con su pie derecho y diez con el izquierdo visualizó a Big Mac junto a Sunset Shimmer en la portería, si era verdad que ese era el problema de fondo que tanto la estaba molestando… usar aquella imagen que le traía tantas emociones como blanco para sus remates lograría devolverle su gran puntería.
Respirando hondo y visualizando lo mejor que podía, se preparó para rematar con la pierna derecha. Cerró los ojos, avanzó tres pasos y con toda su fuerza, así como su habilidad disparó la esférica que ahora era un proyectil eficiente certero y veloz. Cuando dio de lleno en el arco. Rainbow no pudo sino sentirse tonta por la sencillez con la cual se resolvía el problema y la ridiculez con la cual había mejorado… dentro de su cabeza todavía estaba presente el hecho de haber separado a la pareja.
Aunque claro, nunca se atrevería a hacerlo en la vida real. Quería a sus dos amigos, a uno en forma diferente que a la otra, pero a fin de cuenta era leal con ambos, no se interpondría, guardaría su dolor, sonreiría y seguramente podría olvidarlo todo en el futuro.
Siempre; siempre, siempre se repetía que si en verdad quería a Big Mac, entonces debía dejarlo ir, si en verdad era una amiga de Sunset Shimmer, no haría nada para herirla, sino más bien procurar que estuviera contenta. Manteniendo su promesa, ese era el dilema del cual salía convenciéndose de que pronto pasaría el dolor, lidiando con esas ganas que tenía de ir donde Big Mac hablarle, escucharlo, verlo y tratar de ganarse su querer de nuevo.
Segundo remate, tres pasos nuevamente y otro súper proyectil que daba de lleno en el arco; sí, Rainbow Dash había vuelto. Esta vez, sin ver para incrementar el reto retrocedió y pateó con todas sus fuerzas. Pero al no escuchar la red atrapando el balón, abrió sus ojos para ver a un muchacho tirado en el piso, mientras el balón se iba girando hacia un extremo.
- Lo que me faltaba. – Afirmó para dar a entender al muchacho lo inoportuno que había sido su paso por medio de la cancha de futbol.
Mientras se acercaba para ver mejor a quién había logrado tirar al piso con semejante pelotazo, pudo percatarse de que era el rostro de Big Mac, entonces, casi instintivamente comenzó a correr.
Todavía con el mundo dando vueltas, el mancebo apenas respondió al intento de Rainbow Dash por tratar de levantarle halando de una de sus manos, se tomó unos cuantos segundos hasta que el aturdimiento por el golpe bajara hasta el punto en el cual solo podía escuchar un pitido en su oído izquierdo. Era sorprendente que la puntería de Rainbow Dash mejorara tanto en tan poco tiempo, aunque lamentablemente el último tiro fue directamente a su rostro, por mucho que hubiese mantenido una distancia prudente entre él y las posibles direcciones que el balón podría tomar.
- Enserio eres inoportuno… ¿No te lastimé o sí? – Expresó con gran preocupación la fémina mientras trataba nuevamente de ayudar al joven Apple a levantarse, pero este simplemente no cooperaba, limitándose a sentarse sobre sus piernas frente a ella.
La visión tardó un poco en regresar a la normalidad, pronto pudo reconocer el fornido par de piernas de Rainbow Dash, para inmediatamente subir hasta el rostro, esos ojos violeta lo observaban llenos de preocupación, hacía tiempo que no la había visto así por él… era algo distinto, aunque inesperado e planificado.
- ¿Estás bien? ¿Necesitas algo? Emmm… ¿Cuántos dedos ves?
- Tres. – Bromeo el adolescente ganándose un gesto de desaprobación por parte de su interlocutora, quien no tuvo otra forma más de reaccionar.
- Te lo digo enserio.
- Dos… - LE respondió el adolescente frotándose el rostro, este todavía tenía esa inmensa calor, seguida de cierto adormecimiento.
- De cuerdo, todo bien, entonces…
- De donde vengo se dice perdona. – Afirmó Big Mac observando con sus ojos verdes la polera colorida de la adolescente, quien al voltearse para verlo nuevamente pudo percatarse de ello.
- Sí, perdona, lo siento… pero tienes que admitir que algo de culpa tienes, digo, te metiese en medio del camino.
- Cierto. ¿Cansada? – Dijo de forma pronta el mancebo tratando de sonar seguro de sus palabras, aunque francamente después de obligarla a pedir perdón no tenía más qué hacer.
- Sí, algo… - Le respondió la de cabello multicolor.
En ese instante, por la cabeza de Rainbow Dash pasaron muchas cosas, era raro que pensara tanto antes de actuar, más la circunstancia requería que así fuera. Frente a ella estaban dos posibilidades, quedarse en una charla en la cual era muy posible que dijera algo que no debía o irse y evitar todo problema futuro. La decisión estaba tomada de ante mano. A los pocos pasos, mientras la fémina se alejaba sin dar explicación alguna, de pronto perdió el equilibrio a causa de alguna basura que se puso en su camino, cayendo de frente, sus reflejos pudieron poner sus brazos al frente para amortiguar la caída y así impedir un choque de bruces contra el piso que aunque fuese tierra algo húmeda con césped, dolía.
En el piso, pudo percatarse casi inmediatamente que Big Mac había estirado el brazo para atrapar su pierna y así evitar su huida del lugar, un método brusco, pero que de inmediato se ganó toda la atención de la adolescente, quien velozmente se levantó para acercarse hacia el mancebo.
- Cuál es tu problema.
- Quiero hablar con mi amiga. – Afirmó el mancebo tímidamente, todavía sentado entre sus piernas. Al no saber cómo llamar su atención, había optado por un medio poco ortodoxo, aunque en cierta medida, efectivo.
Entre la furia y la confusión, Rainbow Dash se quedó observando al adolescente, mientras se sentaba, aquella petición era tan directa, pero tan difícil de negarse, al menos para ella era imposible decir que no a algo tan simple.
- Tu… ¿tu amiga? – Cuestionó de repente la adolescente con cierta sonrisa irónica así como un tono de voz peculiar.
Definitivamente aquellas palabras lograron desencadenar en Rainbow Dash una suerte de emociones contradictorias, pero en su mayoría tenían un origen común.
- Sip. – Afirmó tímidamente el mancebo mientras trataba de descifrar qué había dicho o hecho mal, pues por el aspecto de la de ojos violeta estaba furiosa ¿o no? Nunca la había visto así antes.
Parada, tomó al muchacho por el cuello de su camisa.
- Quisiera que me trataras como a una amiga… pero no es así. – Afirmó la adolescente poco antes de reconsiderar lo que estaba haciendo y soltar al joven para después alejarse, dos pasos atrás y él todavía la observaba con aquellos ojos verdes que ultimadamente tenían el poder de paralizarla, de que su corazón latiera fuertemente.
Las palabras de Rainbow Dash eran poco claras, ahora Big Mac podía sentirse presa de la misma forma de hablar que tenía. Pero ¿A qué se refería con eso? Los ojos de Rainbow se viraron para observar su mochila a quizás cincuenta o setenta metros de distancia, todo lo que tenía que hacer era salir de allí, tomar su mochila y dirigirse a su casa, así de simple era la solución más racional o al menos con menores consecuencias negativas, era una de esas raras ocasiones en las cuales podía apreciar los problemas que acarrearían sus acciones, lentamente estaba recuperando el control, no debía perderlo nuevamente.
- ¿Qué hice?
Esta vez, las cosas se salieron de control, no por las palabras, sino por lo que daban a entender, en serio a Big Mac ya no le importaba ni un solo poco o quizás estaba pasando algo peor… él lo hacía apropósito, fingir que no sabía de qué estaba hablando. Recordando el mes pasado, no pudo evitar llegar a la conclusión de que era el segundo caso el verdadero.
- Qué no hiciste Big Mac… no quiero hablar contigo de esto, solo te diré que dejes de hacerlo. Adiós. – Se despidió poco antes de salir del lugar, se sentía terrible, sus energías de pronto bajaron, sus ganas de ver a sus amigas a su llegada también, de hecho, solo deseaba llegar a su casa, darse una merecida ducha y dormirse hasta el día siguiente.
Los problemas del corazón eran los peores que conocían, más confusos que los matemáticos, más extravagantes que los físico químicos y mucho más fuertes que los filosóficos que daba Discord. De hecho, la cantidad de consecuencias eran enormes, si su juego había cambiado por algo tan tonto, ¿Cuánto valía realmente preocuparse por esos sentimientos? Ese retorcijón siguió en su pecho hasta que llegó a su mochila, tenía una gran cantidad de cosas en qué pensar y muchas más que deseaba olvidar.
No podía evitarlo, estaba furiosa con Big Mac, pero no se comparaba en nada con la furia que tenía contra ella misma; en cierta medida, no era la culpa de Big Mac ¿O sí? Su cabeza divagaba en todo tipo de preguntas de ese tipo, ensayaba intentos de solución que iban desde insultarlo para que no se acercara hasta tratar de ser su amiga otra vez, pero los dados ya estaban lanzados. Con cierto detenimiento guardó uno que otro implemento en su mochila y se la cargó a la espalda. Sin embargo, hizo algo que sabía que no debía. Se dio media vuelta para observar al mancebo, sentado en el mismo lugar, observándola completamente confundido.
¿Qué quería? Ya había logrado lo que se proponía, no perdería el orgullo que le quedaba. Si big Mac la conocía, lo sabría tan bien como ella.
De un momento a otro, el mancebo se levantó para darse media vuelta. Rainbow apreció la resignación de Big Mac, comenzó a caminar en dirección a su casa cuando un balón le llegó directamente al pie.
Al voltearse nuevamente, observó al joven Apple parado en la portería, listo para frenar cualquier intento de gol de su parte. Sin lugar a dudas, aquel sujeto era más terco que una mula y eso era el colmo, tanto que de pronto la adolescente dejó caer su mochila, tomó el balón entre sus manos, caminó hasta estar en frente de Big Mac, detrás de la línea de remate, sus días estaban contados, lo sabía ella, lo sabía él, pero allí estaban, mirándose fijamente como rivales, quizás como amigos pero eso sí, como dos personas con un pasado bastante colorido.
Un remate directo a la izquierda, las manos del mancebo pudieron con el poderoso pelotazo, pero ni bien lo tapó, Rainbow estaba impulsándose para lanzar otro, arrojándose sin el menor miedo, a la derecha pudo darle un puñetazo para desviarlo, seguidamente tuvo que levantar la pierna izquierda para tratar de cubrir otro cañonazo, tal fue su suerte que interceptó el tiro, aunque le causó un dolor horrible en el muslo, con esa típica sensación de haber sido tocado por metal caliente. Se paró todo lo rápido que pudo, en esta ocasión el tiro pasó a pocos centímetros de su cabeza sin dejarle opción a ningún tipo de reacción, es más, por su velocidad hasta pudo escuchar el zumbido.
- Prepárate, porque esta entrará aunque no lo quieras. – Informó Rainbow poco antes de posicionarse, correr, conocía el remate al derecho y al revés, era un tiro con efecto, patear con una determinada parte del pie, con determinada fuerza, para que el balón girara a tal velocidad que pudiera cambiar su dirección en el aire. Esa era la explicación de Twilight, pero ella no podría lograrlo en un mes de práctica, en cambio Rainbow tenía la aptitud físico psíquica para completar el tiro que muchos le llamaban "chanfle".
Big Mac pudo ver la trayectoria, estuvo a punto de lanzarse a la izquierda, pero al notar que iba a la derecha, con la emoción de momento, utilizó todas sus fuerzas, desde sus piernas hasta su sección media, incluso sus brazos para extenderlos y así impulsarse aún más; desde lo lejos Rainbow podía apreciar el intento de Big Mac por bloquear su tiro, en menos de un segundo pudo apreciar cómo su impulso brío lo acercaba hasta una de las frías barras de metal que componían la portería, cómo su cabeza impactaba contra esta para después caer de forma pesada en el piso. Aunque fue difícil de creer, dio un grito de susto poco antes de correr a socorrerlo.
Los ojos de Big Mac se abrieron de un momento a otro, su cabeza le latía fuertemente, era como si recibiera martillazos directamente en la cabeza, pero eso era para poco, después de un rato, pudo denotar cierto frio en su frente, para después volverse en un calor leve y por último en un pedazo de piel que comenzaba a latirle, para después apreciar algo húmedo bajando hasta su oído, ¿Qué había pasado? Más bien ¿Cuánto tiempo había pasado? Los colores de la enfermería cambiaban, se hacían más obscuros. Por cierto ¿No estaba en la cancha?
Su memoria comenzó a albanar de forma poco secuencial, pero con cierto detalle lo ocurrido antes de que quedara inconsciente. El salto… la pelota, los ojos de Rainbow Dash y después su grito, entonces pudo constatarse de un escozor en la frente y un dolor de cabeza que no desaparecía. Al llevarse la mano a la frente pudo ver que tenía varios puntos, no se animaba a contarlos, aunque parecía que la herida era lo suficientemente grande como para ser notoria a metros de distancia. Vaya golpe que se había dado.
¿Y dónde estaba ella? El lugar estaba vacío, si bien lo atendieron ahora necesitaba irse y no podía encontrar a la enfermera ni a ningún conocido, es más, podía apostar a que todos se habían ido ya hace más de una hora atrás… el dolor no le dejaba pensar con claridad. Quizás era mejor buscar un espejo y evaluar por sí mismo el resultado del accidente. Estuvo a punto de pararse de la camilla cuando la puerta se abrió.
Era Rainbow Dash, sus ojos denotaban gran preocupación y al verlo estos se abrieron, no lo dudó ni un solo segundo, corrió hacia el mancebo y le dio un golpe en el pecho poco antes de sentarse a su lado.
- Me asustaste tonto. – Afirmó ella cayendo presa de aquellas emociones que la siguieron durante esa hora y media.
Sorprendiendo al mancebo, la adolescente llevó una de sus manos a la frente de Big Mac.
Con todas sus fuerzas deseaba poder curarlo de aquella forma, quitarle aquella herida, el dolor que seguramente estaba sintiendo. Le había arruinado el rostro, quizás de forma permanente, se sentía terrible aunque bien sabía que todo era un accidente, nada podría convencerla de que no tenía culpa alguna.
- Lo siento Mac… no quise hacerte nada de esto… lo siento… lo siento. – Se disculpaba reiteradamente la adolescente mientras pasaba su mano por la herida del joven Apple, de forma débil, apenas rozando los puntos y desde luego, sin tocar la herida, sino más bien rodeándola.
La personalidad de Big Mac era de esas que podían olvidar las ofensas, pero jamás las preguntas o los problemas, al ser un tipo práctico, difícilmente podría desviarse del tema principal o del objetivo que perseguía. En ese instante afloró aquella parte que podía definirlo bastante bien. Extendiendo su brazo tomó buscó el de la adolescente, desde luego, primero falló y dio un leve golpe al muslo de esta, pero finalmente lo encontró. Rainbow, sorprendida por la acción del mancebo observó sus ojos a través del entorno que comenzaba a obscurecerse cada vez más.
Aquellos ojos verdes finalmente regresaban a cómo eran antes, antes de que todo se convirtiera en una suerte de novela de la cual no deseaba formar parte, en ese tiempo cuando le mostraban calidez, calma y un amor al que no supo poner nombre; nuevamente se repitió que era ya muy tarde para ella, las cosas estaban dichas, Big Mac era algo que debía olvidar y ahora estaba quieta, esperando cualquier señal, esta desde luego era obvio, estaba escrita en aquellos ojos, en la fuerza con la cual él se aferraba a su brazo y el silencio previo a que hablara, pero antes siquiera de que pudiera decir algo, decidió cortar la comunicación entre ambos.
- Big Mac hay cosas más importantes…
- Esto es lo más importante para mí ahora. – Le espetó el joven Apple sin soltarla, deseaba que se quedara justo donde estaba, que lo escuchara y que abriera su corazón que se había vuelto tan accesible a él.
- Estás lastimado, déjame traerte algo de beber al menos. – Afirmó Rainbow como excusa para evitar cualquier conversación con el mancebo.
- ¿Por qué debo de estar lastimado para que me pongas atención? – Cuestionó de repente Big Mac con el recuerdo de su relación en el pasado.
Aquellas palabras fueron peores que una daga en el corazón, eran ciertas y su verdad era más hiriente que cualquier insulto que hubiera recibido a lo largo de su vida, sus ojos violeta se cerraron, desde el fondo de su corazón la culpa llegaba para no marcharse, nada podía cambiar el pasado y nada podía quitarle sus errores.
- No me digas eso, nunca quise lastimarte, nunca desee hacerte daño… Si solo me lo hubieras dicho yo no habría actuado de esa forma, no te habría hablado de Soarin.
De pronto la adolescente tragó saliva poco antes de continuar con sus palabras, estas pues comenzaba a soltar el contenido más profundo de su corazón, aquel que solo podría salir en un momento de sinceridad, desenfreno y falta de cordura en consecuencias como el que comenzaba a presentarse.
- Ahora las cosas serían distintas, yo no estaría con el corazón roto y tú no me odiarías por lo que te hice… ya está, lo dije… qué más quieres de mí.
Causándole incluso más dolor que sus heridas al momento de chocar con el tubo de acero. La falta de delicadeza de la adolescente podía ser algo de lo cual pocos disfrutarían, pero era algo que Big Mac apreciaba en gran medida, sin embargo, de pronto pudo apreciar el pronto silencio que ella había adoptado, de su apartamiento después de que lo suyo con Sunset se "oficializara", en ese momento pudo ver una inversión de los tableros mejor que antes; pero algo había que le revolvía la conciencia, algo que conocía bien y que sabía muy bien que no podía ocultarlo.
- No te odio…
- No lo sé, pero quieres lastimarme, hoy me di cuenta. – Afirmó la adolescente llevándose una mano al brazo, para sobárselo, tal cual hacía Fluttershy cuando su timidez trataba de boicotearla.
EN ese instante, el mancebo pudo percatarse de que Rainbow Dash no era ninguna tonta… al principio había sido como un juego inocente, solo ver si ella tenía alguna reacción ahora que él tenía a Sunset Shimmer como novia y no a ella, en cierto grado deseaba saber si la muchacha de cabello arcoíris llegó a sentir algo similar a lo que sintió anteriormente por ella. El resultado fue efectivo, pero aquí era donde se desconocía completamente, pues al saber que ella tenía una reacción similar a la suya cuando la observaba con Soarin, tuvo de pronto cierta emoción, cierto placer por verla en el mismo estado que él… pero además tan grande resulto que pronto acompañó a Sunset y sus amigas a la barra de futbol, a algunas actividades escolares, y aprovechando que Rainbow los observaba la tomaba de la mano, la abrazaba o la besaba.
Era una vergüenza, pero una parte dentro de él clamaba que aquello era justicia; pero impartida contra alguien que lo quería; ¿Cuán canalla podía ser? Ponerla a propósito en su misma situación pasada, no podía ser nada más que venganza, pero él durante esas semanas se desconoció. Aquel deseo tan vil lo había guiado a lastimar a la misma chica que alguna vez había querido de forma tan desgarradora.
Pronto la de ojos violeta retiró su mano de la frente de Big Mac para interceptar su mano, era un dilema extraordinario el que tenía en frente.
- Se que te hice daño, supongo que ya te las has cobrado todas, ahora te pediré que dejes de hacerlo… - prosiguió la adolescente, sintiendo su corazón encogiéndose de forma drástica, su palpitar no se aceleraba, sino que se hacía lento.
- Yo no… - Big Mac quería mentir con todas sus fuerzas, no tenía el valor para aceptar la verdad de los hechos, pero al ver los ojos quebradizos de ella en contraste con la ahora luz nocturna proveniente del exterior todo se fue al demonio.
Qué había hecho, en ese momento pudo ver nuevamente aquella chica hermosa de cabello que tanto lo enloquecía, de personalidad terca a morir, de pasos seguros, de charla afable y de carácter tan leal que jamás caería en bajezas como él. De un momento a otro la adolescente logró liberarse de la mano del mancebo, bajando la mirada se levantó de su lado. Big Mac apreció el vestido blanco y rosa, sus calzas negras a medio muslo, sus medias, su chaqueta azul y ese pelo que tanto lo enloqueció en el pasado, Rainbow Dash… cómo pudo hacerle algo así…
- Espera… - Dijo de pronto a punto de gritar, presa de la desesperación; pero el daño, el sentido del silencio y la decepción ya estaban dichos, ya no había marcha atrás.
Perdiendo el equilibrio por efecto de la poca sintonía que tenía después del desmayo y sin levantarse, Big Mac cayó al piso, pero aun así, no dejó de tratar de alcanzar a la adolescente.
Rainbow se dio la vuelta para tomarlo por el brazo, de inmediato Big Mac utilizó ambos brazos para aferrarse fuertemente de aquella muchacha a la cual no podía poner ya definición precisa, aquella cuya relación no era más confusa porque simplemente se quedaba en blanco dentro de su cabeza, aquella que ya no sería ni su amiga ni su musa, aquella que se marchaba para no volver, sabía bien que al salir de la puerta su historia sería borrada de la misma que un dibujante borra las imperfecciones de un retrato.
Tomada por sorpresa Rainbow dejó que el mancebo estrechara aquel abrazo, con la promesa de que no le daría mayor importancia.
- ¿Quieres ser mi amiga? – cuestionó el joven Apple con gran pesar por tener de alguna forma a aquella persona especial dentro del círculo tan pequeño que representaba a quienes consideraba como amigos.
Una lágrima luchó por salir del párpado de la adolescente, con todo lo dicho y hecho, no había marcha atrás, lo quería demasiado como para ser solamente su amiga y le perdonaba el daño que le había hecho, era lo mejor para todos que sus vidas se separaran.
- Te quiero demasiado… lo siento, quizás cuando te olvide podamos fingir que nada de esto pasó y podamos ser amigos… - decía con el corazón abierto de par en par poco antes de separarse con ayuda de sus manos. – quiero que dejes de hablarme, no me mandes mensajes ni me busques, créeme que cuando olvide lo que siento por ti seré la primera en querer tu amistad. – Prometía la adolescente poco antes de salir de la enfermería.
De pronto Big Mac abrió los ojos, no estaba ya en la enfermería, estaba en su cuarto, al tocar su frente pudo comprobar que todo era cierto, era extraño que hubiese soñado con lo ocurrido durante la tarde y lo hiciera de forma tan fidedigna, cerró los ojos para tratar inútilmente de dormir, entonces, en vista de aquel insomnio repentino tomó su celular para ver sus contactos, buscó dos números en específico.
Aquellos números eran especiales, ambos tenían dos caricaturas como fotos de contacto, bueno eran de los pocos contactos a los que les había puesto una foto una era Sunset Shimmer, y justo arriba de ella estaba Rainbow Dash sus caricaturas habían sido creadas por el grupo de artistas después de la batalla contra las sirenas, Rainbow sostenía un balón de futbol, inclinada hacia adelante con una sonrisa radiante y una expresión algo petulante, mientras que Sunset agarraba las solapas de su vieja chaqueta de cuero con una expresión entre una chica buena y una niña mal, se habían lucido con ambas representaciones, no obstante, Big Mac oprimió el contacto de Rainbow Dash por más de dos segundos, una vez aparecidas las opciones a realizar con dicho contacto, eligió la opción de borrar, poco después tocó el de Sunset Shimmer para llamar.
Bueno, espero que el capítulo les haya gustado un montón y bueno, lo que menos quiero es que este fic parezca una de esas raras aplicaciones gratuitas que son más o menos buenas pero tienen el defecto de las publicidades, sin embargo, no tengo más medios de ampliar mis fics al fandom, porque el contenido, sin dirigirse a la violencia extrema, clop o HIE es para pocos:
General - Han pasado tres años desde el primer incidente, nuestros científicos no tienen ni la más remota idea de lo que sucede; hay fenómenos extraños por todo el mundo, pero finalmente hemos encontrado el posible origen. Mayor Sombra, Teniente Shining Armor, el lugar está debajo de nuestras narices, en una secundaria común y corriente.
Pero no estarán allí como agentes de campo sino de control.
Sobra - Entonces necesitamos encontrar a la gente correcta.
Shining Armor - ¿Y quién podría ser?
Un muchacho de aspecto poco agraciado camina por la bahía de una ciudad costera.
- Discord, prepárate, ha llegado un cargamento con la merca.
- Ya voy.
Tan, tan, tan… "Código Cero"… solo en cines… bah, ya quisiera, nos leemos pronto.
