No, esto no es un espejismo. Estoy subiendo después de... ¿cuatro meses? Lo siento, de verdad. Pero es que estoy súper agobiada con los estudios y, para colmo, cuando tengo algo de tiempo libre se me olvida continuar esto (lo digo totalmente en serio, soy un desastre).

Ya sabéis que quiero terminar la historia, así que os pido que si de verdad os gusta, comentéis y me recordéis que suba capítulo (siempre leo lo que me ponéis por aquí, por twitter, unsaid_things_ , o ask, UnsaidthingsA).

Dicho esto, espero que os guste :)


Llevo el ritmo de una tortuga andando con las muletas, pero por fin consigo llegar a mi pasillo. Lo que no esperaba es encontrarme a la persona que menos me apetece ver en estos momentos.

Ahí está Matt. Frente a mí, sin apartar su mirada de mis ojos, como si no hubiera ocurrido nada, como si no hubiera agredido a Dougie o no se hubiera presentado para darme la bienvenida de una forma un tanto grosera. No sé que pretendía esta vez, pero ponía cara de pena y, si no lo conociera, ese gesto sería efectivo.

- Matt, de verdad, no me apetece hablar contigo. Estoy cansada, quiero ir a dormir, no me lo pongas difícil – consigo decir.

- Sólo venía a disculparme. He sido un imbécil – dice, sorprendentemente, resultando creíble incluso para mí.

- Vaya. Supongo que debería aceptar esas disculpas...

- La verdad es que entendería que no lo hicieras.

- Bueno, las aceptaré con una condición...

- ¿Cuál?

- Que no te acerques a Dougie y que tampoco me hagas daño a mí, tienes que ser amable. Creo que es bastante sencillo.

- Acepto las condiciones.

- Y yo las disculpas.

Me tiende la mano para cerrar el trato y yo le ofrezco la mía. Pronto se va a su habitación sin provocar ninguna escena incómoda y me siento satisfecha. Llego a mi habitación lo que parece un siglo después teniendo en cuenta mi velocidad y, para colmo, no encuentro las llaves. Así que acabo llamando a la puerta.

- Hombre, ya era hora. Pensaba que te habían secuestrado, estaba a punto de imprimir carteles con tu cara y pegarlos en todas las farolas y árboles del campus... - dice Anne, que no parece haber perdido sus ganas de hablar y bromear en mi ausencia.

- Vaya, la próxima vez si quieres me pongo un localizador, así te será más fácil encontrarme – bromeo.

- No estaría mal. Aunque luego pensé que quizás era Dougie quien te había secuestrado y que no sería un gran peligro, así que apagué rápidamente la impresora y cancelé tu búsqueda – dice mientras me quito la chaqueta y me siento en mi cama.

- Dougie... - digo, con ganas de contarle lo ocurrido pero sin saber por dónde empezar.

- Sí, el rubio ese que te acogió en su casa... ¿Algo que contarme? - dice sentándose junto a mí.

- Pues... - me dispongo a contarle todo cuando alguien nos interrumpe, llamando a la puerta.

- Salvada por la campana – dice ella levantándose a abrir la puerta – Pero no te libras de contarme todo más tarde eh – concluye antes de girar la puerta.

Quien llamaba a la puerta era Annabeth. Así que se unió a nosotras y acabé contándoles todo lo ocurrido con Dougie los últimos días. A lo que ellas respondieron con varios "ya era hora", "qué chico más mono", "porque eres tú, que sino te lo robaba". Sí, lo último, como era de esperar, lo dijo Anne. Pero Annabeth me hizo la única pregunta que no sabía responder en esos momentos, "entonces... ¿estáis saliendo? ¿sois novios?". ¿Qué se supone que éramos? ¿amigos? Pero los amigos no se besan. ¿Pareja? Tampoco habíamos hablado sobre aquello. ¿Qué significaba yo para Dougie? O, lo más importante, ¿qué significaba él para mí? Tras esa pregunta, un millón más aparecieron en mi mente y yo no encontraba respuesta a ninguna de ellas. Aquello me ponía de los nervios, siempre me había gustado tener el control de la situación, ya en el colegio odiaba los trabajos en grupo porque no todo estaba en mis manos y perdía el control de lo que sucedía. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Preguntarle al día siguiente sin rodeos a Dougie qué había entre nosotros tras, simplemente, algún que otro beso? Decidí dejar de pensar y, como Anne y Annabeth me habían aconsejado, consultar todo con la almohada.

[...]

Cuando desperté al día siguiente, todas aquellas preguntar volvieron a mi cabeza, como si quisieran atacarme, negándose a desaparecer. Así que aquella mañana me sentía incapaz de prestar atención a ninguno de los profesores, la desperdicié mirando al gotelé del techo y se hizo bastante larga. El mensaje de Dougie sugiriendo que comiéramos juntos acalló un poco todas aquellas preguntas, ya que quizás viéndole todas se resolvieran.

Tenía una hora libre antes de comer, así que decidí pasarla con Annabeth. Cuando salimos de la última clase de lejos vi a un rubio conocido y volví dentro del aula, evitándole, ya que, a pesar de las disculpas, seguía sin terminar de fiarme de él. Recordé que no le había comentado mi encuentro anoche con él a Annabeth y decidí contárselo.

- Quizás esa sea su estrategia – respondió ella tras escuchar atentamente mi historia.

- ¿Estrategia? Explícate – dije confusa.

- Sí, estrategia. No es un secreto que le gustas. Quizás se ha dado cuenta de que actuando de la manera que lo hacía, yendo de tipo duro, no funcionaba, así que ha decidido cambiar de actitud e ir de amigo y buena persona para acercarse a ti.

Vaya, eso sonaba bastante lógico, y a la vez me daba un poco de miedo. Bueno, era Matt quien me daba miedo. Después de lo que le hizo a Dougie por mí, no sabía de qué podía ser capaz. ¿Qué haría cuando se enterara de que había algo entre nosotros? ¿Repetiría lo del hospital? La verdad es que no me apetecía comprobarlo.


¡Hasta pronto! (o eso espero) :D