Alerta: Todos los personajes de esta historia NO ME PERTENECEN, son creaciones de la fabulosa Stephenie Meyer, yo solo los tomo y armo mi propia historia.

Advertencia: Este fic, puede contener escenas de violencia sexo y/o lenguaje adulto, las/os menores que se animen a leerlo quedan bajo su propia responsabilidad, quedan advertidos.


§§-§§ Isa Lady Love§§-§§

El oficio más antiguo de la historia, la mujer más bella ante sus ojos. Pagar por ella no era suficiente para tenerla, y luchar contra una elección sexual, lo era menos. Si Edward Cullen hubiera escuchado las palabras NO TE ENAMORES DE UNA PUTA, todo sería más fácil.


Hay que partir las esmeraldas

Vi descender las pequeñas gotas negras de mi maquillaje por el tocador mientras elevaba mi rostro al espejo del baño. Me di un buen golpe de agua helada en el rostro para aminorar la hinchazón de mis ojos. ¿Cuánto tiempo más podía permanecer en el baño? Sumergí la cara en la toalla y me tiré sobre el retrete. Tal vez si esperaba unos minutos, él se cansaría, se marcharía con la estúpida gata y yo no tendría que lidiar con ellos. No sonaba muy adulto.

Me di otra hojeada en el espejo, seguía igual que un sapo.

Tomé una respiración profunda y salí del bañó como un perfecto vendaval, lleno de seguridad, con ira, pero seguridad al fin, como el castillo de naipes que se iba a derrumbar en cuanto Edward volara de mi apartamento.

—¿Quién es la más preciosa? ¿Tú?... ¿Tú?... ¿Tú? —Flora ronroneaba sobre su rostro, con un Edward embobado por la imagen del animal sentado sobre MI mesa. Cerré la puerta del baño de un portazo. Ambos vieron en mi dirección, esquivé rápidamente la vista para dirigirme a la cocina por un vaso de agua. Necesitaba tener algo en las manos.

—Sácala de la mesa sino quieres que sea alimento de Dogo —Dije dándoles la espalda. Cuando hube terminado de servir mi agua, me di otro pequeño empujón para encontrar a Edward ante mí, sentado en la mesa de mi pequeño comedor. Tomé asiento frente a él, con el vaso entre mis manos.

Me atoré mentalmente mientras repasaba su rostro, recordando algunas pequeñas líneas que dibujan el contorno de sus ojos, labios, nariz, mejillas. Flora se alborotó en su regazo y me obligó a seguirla con la mirada. Edward la dejó bajar y ella corrió desesperada al sumidero de alimento.

—Gracias —Sonrió viendo a la gata comer y volvió a mí. Con esas brillantes esmeraldas, honestas y gentiles que adornaban sus palabras y me incitaban a doblegarme.

—Vete a la mierda Edward, Me obligaste a cuidar de ella ¿Sabías que odio a los gatos? —Solté apretando demás mi vaso. Él medio sonrió, pero algo hizo que su mente se desconectara unos segundos y perdiera la mirada lejos de mí.

—Perdón —Respondió, demasiado lejos de la conversación en la que estábamos para entender que realmente estaba disculpándose —. Bella…

Tragué saliva. Definitivamente las cosas no estaban bien, pero parecían estar mucho peor después de escuchar ese tono de voz y mi nombre en él.

—Discúlpame… arriesgué a Flora para que realmente me dieras la oportunidad de hablar contigo. No sabía si iba a funcionar…

—Si no funcionaba, de todas formas ibas a seguir enviando a tu prima a mi casa. ¿Estás loco? —Solté, esta vez con una mesura inusitada para lo que realmente esperaba de mí.

—Necesitaba asegurarme —Respondió entre unas pequeñas risas confianzudas. Eso dio el pie para que la mesura pateara la mesa y saltara como una jodida perra de su lugar.

—Bien, seré breve y concisa —Respiré y me di el valor para continuar. Edward se alejó unos centímetros de la mesa focalizando en mis ojos —. Mira, me confundí ¿De acuerdo? Las cosas se liaron un poco, creo que no me debes ninguna explicación. No somos nada, no eres nadie para mí, y realmente no soy el tipo de mujer que disfrute destruyendo matrimonios…

Edward negó un par de veces, sus labios balbuceaban a punto de lanzar una oración que se atoraba entre mis palabras. Odie que rastrillara sus dedos por el cabello. Tenía necesidad de hacer ello, pero siempre podía meterme en rehabilitación.

—Espera…

—No. Ya termino, solo déjame decirte mi punto de vista. Edward…—Bueno, ¿Quién dijo que estas cosas del amor son fáciles? De algo estaba completamente segura, ninguna relación podía comenzar bien, destruyendo a otra. De ninguna manera unos pocos sentimientos, confusos, sobre todo, terminarían ponderando; yo iba a terminar con esto antes de que él lo hiciera —, verás, nosotros tuvimos sexo. Sexo, es solo sexo. No me interesa ir más allá de eso, porque no existe un más allá en eso. Tu fuiste una mierda de hombre que engañó a su esposa de una forma bastarda —Sonreí, y él volvió a intentar a hablar pero lo detuve con mi mano —. Yo era una prostituta lesbiana —Enfaticé —, que supo tener sus esporádicos momentos placenteros con un hombre, tú. Ahora bien, no me interesan ni tú, ni tu estúpida esposa, no voy a golpearte por los golpes que ella sí me dio a mi. Sé que el karma existe y te va a golpear duro el culo cuando menos lo creas.

Mis palabras parecieron sorprenderlo, pero no me detuve, quería que se fuera ya mismo de mi casa.

—No quiero verte más en mi vida Edward —Solté, con la voz más temblorosa que mi seguridad pudo lanzar —. Vete, sé feliz con tu esposa, deja de joder la vida de las personas. No me interesan tus explicaciones, voy a escucharlas por respeto. Llévate a tu gata y desaparece de la vida de Isa Lady Love y de la de Isabella Swan, por favor —Terminé, aún de pie, con las puntas de los dedos de mis pies escarbando el suelo y mis manos hecha un puño a cada lado. Podía jactarme de que de verdad me veía poderosa, y ni una sola jodida lágrima se cayó de mi rostro. Edward permaneció mudo en los últimos segundos de mi perorata, pero nunca dejó de verme a la cara.

—Eso es todo de mi parte Edward —Respiré hondo casi por diez segundos, dejando que el aire relajara todas mis entrañas. Me desplomé en la silla frente a él y esperé por sus palabras, explicación, excusa, cualquier mierda que me dijera que todo esto había sido una broma y que una vez en la maldita vida el amor se daba de buena forma en mi vida.

Edward cruzó los brazos sobre su pecho, estrechando las mangas de la camisa en los bíceps, y mi cuerpo gritó voraz ¡Ve por él!

—Flora puede escucharme también, pero no puede razonar lo que vaya a decirle. Vine por tu razón, mis presencia aquí no tiene sentido sin ello. Sé que estás enojada Bella, sé que no quieres saber de mí ahora, te aseguro que tengo una explicación para todo lo que quieras preguntarme —Mi garganta empezó escocer —, pero no voy a decírtelo si no te interesa. Yo también creo en el Karma —Sus manos se juntaron al centro de la mesa, por un momento temí que tuviera la intención de tomar las mías, pero su cabeza cayó entre sus hombros. Desde que había entrado a mi casa, el rostro más bello, ahora, se nubló de pesar y mi castillo de naipes se derrumbó por completo —, esto es el Karma —levantó su rostro, entre una sonrisa perdedora y la desazón en su mirada, encontré mi propio karma también. Estúpida, estúpida, estúpida ¿Por qué tenía que mentir?

—Yo creí que a mis treinta cuatro años de edad, había vivido casi todo. Mi ámbito es bastante interesante y maligno, pero te enseña muchas cosas Bella —Dio una pequeña mueca que murió en su siguiente respuesta—. Excepto lidiar con el amor, y de verdad que la jodí mucho en ese aspecto. Lo siento de verdad, si yo hubiera sabido… —Un intento fallido de tomar mis manos, Edward desistió en el instante en el que mis manos se escondieron debajo de la mesa—, si hubiera sabido, nunca hubiera errado tanto —Terminó, levantándose de su lugar.

Estaba asombrada de que la catarata de lágrimas que le dieron la bienvenida se hubiese secado en estos instantes. Pero no estaba muy bien en mi interior. Me levanté para seguir sus movimientos, y me vi a menos de un metro de él. Era tan alto a mi lado. Edward dio un vistazo rápido por la sala en busca de Flora, le señalé el lugar donde solía recostarse y la encontró allí hecha un ovillo.

—¿Puedo dejarla esta noche? Le diré a Alice que venga por ella, no tengo su jaula para llevarla, temo que se me escape en el camino si la llevo en mi regazo.

Asentí y me acerqué a la puerta para darle la clara invitación de retirada. Tenía tiempo para pensar y digerir lo que había dicho, sabía que tenía razón, pero era evidente que no estaba del todo convencida con ello. De verdad quería escuchar su explicación a pesar de mi negativa.

Edward se acercó a la puerta y en lugar de salir por ella, recostó su espalda lanzando una mirada perpleja al techo.

—¿Sabes? Estoy completamente seguro que Anne es lesbiana, y estoy casi completamente seguro que tú no lo eres —Me lanzó una mirada divertida y negó con la cabeza, dejándola caer contra la madera de la puerta. Mi boca se abrió sorprendentemente rápido. Edward empezó a carcajearse.

—¿Qué es lo gracioso? —Pregunté, sin intenciones de retrucar lo dicho. No podía seguir mintiendo tanto en un solo día.

—Que me casé con la lesbiana y me enamoré de la que cree que es lesbiana —Terminó. Repasé una vez, dos veces, tres veces, cuatro, cinco y un millón más esa oración. Mi mente no quería analizarla, solo escucharla, recordar el sonido de esa palabra, solo recordarlo. Porque sabía que todo lo que Edward dijera ahora mismo, iba a ser una treta más para intentar coaccionarme.

—Edward es mejor que te vayas —Me acerqué a la puerta y lo obligué a moverse del lugar, no intenté respirar cerca de su cuerpo, me aparté tan pronto como logré abrirla y unos pasos hacia atrás terminaron con la tortura de saberme tan cerca de su esencia.

—Bella…—Lo escuché susurrar a mis espaldas.

—No Edward, por favor —Me volteé con rapidez y dejé que un sonido mucho más roto saliera de mi garganta.

—Quiero que me escuches —Tomó mis antebrazos y me acercó a él, esquivé mi rostro dándome algunos segundos para entender cómo sería mejor reaccionar ahora. Yo de verdad quería escuchar su explicación, incluso mucho más ahora después de la confesión sobre su esposa. Pero era terreno minado para mi seguridad.

—No quiero —Respondí entre forcejeos. Edward lanzó un sonoro bufido y cerró la puerta tras de mí de un golpe. Me acomodé a un lado y lo miré con incredulidad.

—¿Qué mierda haces? ¡Vete Edward! —Realmente había sonado como una súplica desesperada porque no se cumpliera.

Unos pasos de aquí a allá por la sala parecían terminar con la poca paciencia de Edward, me refugie entre mis brazos. No podía ser tan complicado sostener la situación un poco más.

—Voy a irme, si —Dijo, perdiendo sus manos entre su cabello, tirando de el tan fuerte que dejó su rostro despejado de cualquier mechón. Recorrí su rostro entendiendo que tal vez había hecho bien, pero que no era fácil asumir la decisión de que era mejor pisar el pasado.

Edward detuvo sus movimientos ante mí y un pequeño duelo de miradas sin respuesta fue el ambiente más pesado de procesar. Esta vez no lo detuve, simplemente dejé que se acercara a mi área, demasiado cerca para entender que iba a terminar cediendo. Aunque no fuera de la forma que él quisiera. Unos pequeños centímetros donde descrucé mis brazos y los abrí para él. Edward me tomó en brazos y hundió su rostro en mi cuello; había conocido ese lado divertido, casi estúpido para mí, viniendo de un hombre de más de treinta años. Que se encontraba quebrado en tus brazos, y no parecía fácil de manejar. No tenía que llorar, no podía llorar y para relegar los pesares, me deleité con el tacto y el recuerdo.

Cuando por fin se encontraron, descubrí en los rincones de su espalda, brazos y rostro, las imágenes grabadas que habían significado una etapa de grandes cambios para mi alma. Ni siquiera me entretuve en sus besos por mi cuello, clavícula y rostro. Evité que llegara a mis labios, ¡De verdad que lo evité! Edward lo intentó tantas veces que se rindió en mis pechos, y mis manos se regocijaron en su cabello. Tan pronto como iba tomando el calor de sus besos, mis labios liberaron la peor sentencia…

—Ayúdame a perdonarte —Solté con lágrimas en mi voz, que nunca se escucharon en mis ojos.

Edward enroscó sus brazos en mi pequeña cintura y me atrajo hasta su pecho. Dejé que mi rostro tuviera la suficiente distancia del suyo, era demasiado para mi por hoy. Él prefirió no responder, pero un parpadeo, dedos ansiosos y cabeza gacha, me dieron la oración que necesitaba escuchar. Él lo iba a hacer, y yo lo estaba creyendo.


Hola Lectoras, mi nota de autor llega tarde porque alguien se olvidó de apretar SAVE cuando ya había terminado de escribir mi extensa nota ¬¬ Seeee, idiota es mi segundo nombre. Pero lo bueno es que pude ir leyendo algunos de sus reviews sobre este cap y les digo que TRANQUILAS! ¿Cuántas de ustedes perdonaron y siguieron igual que siempre? ¿ah? ;) Bueno, ahora me pondré a contestar rvws, muchas gracias por sus lindos mensajes. Sí, este cap es más corto porque solo quería q la charla de Edward y Bella importara en este cap, pero el siguiente no sera como este. Y lo bueno es que ya esta terminado, solo falta el beteo. Gracias por leerme, me encantan todos sus mensajes y opiniones al respecto. Nos leemos en unos dias. Mordiditas

Regina