CAPÍTULO 25: ¿ES O NO UNA VILLANA?

— ¡Oh Katniss!—apenas Peeta y yo entramos a su casa me envolvieron los brazos amorosos de Teresa. Me alegraba tanto su reacción, demostraba que me tenía afecto, sentía vergüenza todo lo que pasó. Pero ahora que los problemas estaban solucionados, yo divorciada y libre, había una nueva oportunidad de hacer las cosas bien y reiniciar mi relación con su hijo.

—Teresa— dije correspondiéndole el abrazo.

—También me gustaría un abrazo— bromeó su esposo llegando a nosotras. Era tierno como Peeta y con unos ojos azules intensos.

—¿Recuerdas a Katniss?— Teresa se hizo a un lado para dejar el camino libre a su esposo.

—Cómo olvidarla, siempre hablas de ella— sonrió el dándome un cálido abrazo. Teresa se ruborizó un poco. Peeta carraspeó.

—Gracias por invitarnos a desayunar— dijo formalmente mi ex conserje.

—Gracias a ustedes por enir tan pronto, ya me comí dos salchichas esperándolos— sonrió su padre. Era un tipo bastante agudo para bromear. –Ah, tenemos bastante visita, Bonnie y Twill llegaron de madrugada y tu adorable prima Delly trajo a un mecánico.

¿Un mecánico? ¿Será Finnick?

— ¡Por Dios!— dijo Peeta entre dientes. Me dejó con sus padres y caminó a grandes zancadas internándose en su casa.

—No quiero que pienses que soy creído Katniss— sonrió el señor Mellark. –Pero el muchacho ese, el mecánico, lleva puesta su ropa de trabajo. No me parece un atuendo apropiado para ir a desayunar a una casa de familia. Aunque a lo mejor los tiempos han cambiado ¿Seremos tan viejos Teresa?— le dirigió una tierna mirada a su esposa.

—Habla por ti mi cielo, yo me considero todavía una veinteañera— ella tomó mi mano y me llevó hacia el comedor. –Voy a presentarte a mis sobrinas, son unas señoritas encantadoras. Su madre, Alma, fue mi mejor amiga en la secundaria, allá en Nashville— Teresa hablaba no como una suegra o como mi ex jefa, sino como una amiga muy querida.

La seguí rumbo al comedor. Había dos jóvenes rubias ayudando a poner la mesa. Ambas muy hermosas pero con una expresión más amigable de lo que jamás mostró Delly.

—Niñas, les presento a Katniss, la novia de Peeta— me emocionó que Teresa me presentara de esa forma. –Katniss, ellas son Bonnie y Twill— ambas se acercaron a nosotras.

—Mucho gusto Katniss, tía Teresa nos ha hablado de ti— la más alta y joven, Bonnie, me dio un abrazo. Su hermana hizo lo mismo pero sin decir nada. Ambas era obviamente menores que Delly.

No les presté mucha atención ya que a través de la gran ventana que daba al jardín pude ver a Delly y a Peeta discutiendo. Finnick también estaba allí con cara de aburrimiento.

El timbre sonó y aproveché que Teresa salió a abrir para ir al jardín. Bonnie y Twill regresaron a su labor. No eran muy comunicativas, parecían tímidas.

Apenas puse un pie fuera de la casa escuché los gritos. Esta vez Peeta no parecía tan blando con su prima.

—¡Es mi vida, no te metas! Al menos Finnick no es casado, no he destruido ningún hogar— Delly me miró de reojo pero no le importó continuar la pelea.

—Katniss está divorciada y ella aquí no es el problema— Peeta no había advertido mi presencia.

— ¿No? ¿Cuál es el problema entonces? Tu traes a alguien a desayunar y yo también. ¿O no quieres a Finnick cerca de tu amada Katniss?— le contestó la rubia.

—No me colmes Delly. He guardado tu secreto por años, para que la familia no se preocupe pero tú continúas con este tipo— ambos miraron a Finnick.

—A mí no me metan en sus líos, yo vine a componer un auto no a jugar a la comidita. Delly me voy— dijo mi amigo enfadado. Pero al dar un par de pasos sus ojos se cruzaron con los míos y su sonrisa volvió. – ¡Katniss! ¿Otra vez por la ciudad? Si apena te fuiste…— corrió a saludarme. Le sonreí porque en verdad me caía bien y me había sido de gran ayuda cuando no tenía a nadie a quien recurrir.

—Finnick, que alegría me da verte— dije de corazón.

—Te puedo asegurar que el gusto es todito mío. Esos dos andan como perro y gato, yo me largo— dijo sonriendo nuevamente.

—¡Finnick no se va!— gritó Delly tomándolo de un brazo. Peeta llegó a mi lado, parecía más calmado.

—Delly, me llamaste por una emergencia mecánica no para ser la manzana de la discordia— se quejó Finnick.

— ¡No! Quiero que mi familia te conozca ¿Acaso tu no quieres?— le increpó ella cambiando el tono de su voz. Ahora era más suave.

—Es lo más descabellado que he oído. ¿No recuerdas lo que te hizo?— le reclamó Peeta.

—Yo no le hice nada…— se defendió Finnick. La verdad yo no sabía qué hacía metida en esta trifulca. Era obvio que Peeta creía que el malo de la historia era Finnick porque siempre pensó en su prima como la víctima. Si él supiera la clase de mujer a la que protegía.

— ¿Peeta, no puedes dejar atrás el pasado? Yo ya no quiero recordar, por favor— rogó Delly. Peeta me miró nuevamente y respiró profundo

—Lamento que hayas presenciado esto— se disculpó conmigo.

— ¿Tú si puedes traer a tu amante y yo no puedo presentarles a mi enamorado?— reclamó la rubia. Peeta volvió a crisparse

Oí la puerta de la casa abrirse, rogaba porque no fuera Teresa. No quería que viera una escena tan descabellada.

— ¡Katniss! ¡Katniss!— me giré para recibir a Madge que corría hacia mí con una gran sonrisa.

— ¡Madge!— le sonreí. Me golpeó como un bólido, me quedé sin aire.

—Katniss, malvada ¿Cómo te fuiste sin buscarme? A mí, tu mejor amiga de la escuela. ¡Te extrañé tanto!— me abrazó como un pulpo. Delly nos miraba fastidiada porque nadie le hacía caso. ¡Qué afán de llamar la atención!

—Vas a echar a perder a Katniss— escuché la voz potente de Thom. A regañadientes Madge me soltó.

— ¿Por qué nos hiciste eso Katniss? Johanna y yo estábamos tan preocupadas por ti— no sabía que decirle a mi amiga. Menos hora que trataba de evitar un enfrentamiento entre Peeta y Delly.

—Todo fue culpa mía— asumió Peeta.

—Siempre supe que con esa cara la ibas a espantar— bromeó Thom. –Hola Finnick ¿Qué andas haciendo por aquí?— saludó a mi amigo mecánico.

—Vine a componer un coche, ya me voy— dijo tratando de zafarse es esta reunión familiar.

—No, Finnick se queda, lo invité a desayunar— protestó Delly.

—Ah magnífico, Johanna acaba de llegar con Blight, creo que vamos a comer en el jardín porque ya no entramos en el comedor— Thom se dirigió a la casa corriendo para avisar a Teresa.

Madge me había acaparado completamente, apenas pude escuchar a Peeta decirle a Delly que haga como quiera.

—Peeta, necesitamos ayuda— escuche llamar a su padre. Quería seguir lo que ocurría, Delly no soltó a Finnick del brazo, mi amigo estaba fastidiado. Hasta ahora no entendía para qué lo quería aquí. Quizás en realidad ella está enamorada de él y va a presentarlo a su familia como su novio. Si antes estuvieron esperando un hijo puede que sea algo serio. ¿Pensará lo mismo Finnick?

—No sabes la cantidad de cosas que tengo para contarte— Madge seguía hablando como si no fuéramos a vernos nunca más. –Johanna hizo un desfile y César, el productor del canal de Thom me vieron, ahora tienen un proyecto para nosotros como pareja. Vamos a estar en un reality, es una habiación de cristal donde vamos a vivir dos semanas, aquí en el centro de la ciudad, a plena calle ¿Te imaginas? Solo el baño tiene cristales ahumados, es una locura, yo no quería pero Thom…— tenía que ponerme al día con mi amiga pero no en este momento.

—Madge… Madge, calma. Tenemos todo el día, creo que Teresa necesita ayuda— le dije para que viera cómo la dueña de casa y sus sobrinas trataban de rehacer la mesa.

—Ay, tengo que ayudarle, Teresa es una suegrita a todo dar— se fue caminando raro porque los tacos se le hundían en el jardín.

Muy cerca de mí, Delly hablaba con Finnick, no quería perderme nada.

—No le hagas caso, Peeta es rencoroso— no pude soportar lo que escuchaba.

—Si Peeta supiera que, hace años, tu aborto fue voluntario no tendría tan mal concepto de Finnick— dije suavemente. Yo estaba segura que por eso Peeta le tenía tanta ojeriza a mi amigo mecánico.

Finnick abrió los ojos y enseguida la miró. Delly parecía nerviosa.

— ¿Por eso Mellark me trata con la punta de sus zapatos?— le preguntó. – ¿Él cree que yo te obligué?— la increpó.

—Claro que no. Peeta sabe la verdad, yo se la conté pero tú no le gustas— le respondió rápidamente pero a mí no me convencía. –No eres más que una intrigante, además de infiel, si engañaste a tu marido con Peeta de seguro pronto le pondrás los cuernos a mi primo— me gritó antes de marcharse con la nariz respingada y que yo que pudiera responderle. Si no fuera una reunión familiar le rompía esa nariz.

"Calma Katniss, sólo lo dice para molestarte, no caigas en su juego" me repetí.

—Mellark cree que yo tuve la culpa por lo de Delly ¿verdad?— me preguntó Finnick.

—Creo que si— le dije aunque yo estaba segura.

—No era mi intención colarme a su desayuno familiar, que buen anzuelo me puso Delly— sonrió.

—No sé qué pretende pero estoy segura que tiene un objetivo— le compartí mis dudas.

—Vino ayer a buscarme, dijo que estaba enamorada de mí. No sé si creerle, nunca terminaré de conocerla— avanzamos caminando despacio hacia la gran mesa familiar.

—Ve con cuidado Finnick esto me huele mal. Por mi parte, Peeta y yo nos hemos dado otra oportunidad, quisiera que todo salga bien— deseaba de todo corazón llevar la fiesta en paz con toda la familia Mellark, Delly incluida. Pero tampoco iba a dejar que ella manipulara a Peeta o a los demás.

—Pues felicidades, pensé que jamás lo perdonarías, imaginaba que te buscaría arrodillado sobre púas y que se flagelaría para obtener tu perdón— sonrió. Qué cosas se inventaba.

—Qué tonterías, Peeta está arrepentido de lo que pasó, estuvo mucho tiempo buscándome— sonreí.

—Sí, me imagino. Yo lo habría hecho, tú no eres una mujer común. Fue un idiota al tratarte así— llegamos a la mesa y no pudimos seguir conversando, Teresa nos señaló nuestros lugares. Yo al lado de su hijo y Finnick entre Delly y Bonnie.

—Bueno… bienvenidos — inició el señor Mellark. Peeta se veía más tranquilo, tomó mi mano.

—Estoy muy feliz de tenerlos a todos, niños— dijo Teresa mirando a sus hijos y sus sobrinas.

—Mami, traigo mucha hambre.¿Ya podemos empezar?— Thom tenía su tenedor lleno de salchichas. Todos reímos al verlo tan hambriento.

—Si amor, como dirías tu: ¡Al ataque!— sonrió Teresa. Se escuchó el tintinear de los cubiertos.

—Tu madre va a pensar que no te alimento bien— le recriminaba Madge a Thom. Más allá de ellos estaba Johanna quien me saludó con la mano. Le sonreí. A su lado Blight conversaba con el señor Mellark.

— ¿Estás bien?— preguntó Peeta.

—Sí, claro, estoy muy contenta— le sonreí. Él no pareció creerme. Tal vez porque mi semblante no era el mejor. Delly era como una espina que no duele pero que fastidia. Y se había enquistado en nuestras vidas.

—Mi madre quiere hablar contigo en privado al terminar de comer— me sonrió. Qué lindos ojos azules, podría jurar que brillan.

—Está bien, iré con ella apenas termine— le sonreí. —Peeta, yo sé que no tengo derecho a pedirte nada porque ésta es tu casa pero… no trates mal a Finnick. Es mi amigo, no es tan malo como crees— no me respondió, sólo me miraba como si quisiera hacerme el amor. – ¿Peeta?— pregunté.

—Eres buena Katniss. Tan buena que no ves el mal en la gente— dijo muy despacio.

—Tal vez seamos los dos los que no podemos ver las maldades de la gente— le dije algo más dura.

— ¿Maldades?— dijo dudando.

—Ey Katniss, pásame la sal— nos interrumpió Thom. Salí de mi burbuja romántica. Delly me taladraba con los ojos frente a mí.
Peeta le alcanzó a su hermano lo que pedía. El señor Mellark tomó la palabra ya que todos parecían hablar en susurros con la persona de al lado.

—Creo que todos no conocemos salvo al invitado de hoy. ¿Cuál es tu nombre?— preguntó a Finnick.

—Soy Finnick Odair y no estaba invitado, vine a componer un coche, señor— dijo obviamente tratando de ser educado.

—Tengo una duda, en vista de lo obvio. ¿Eres novio de Delly?— preguntó el jefe de los Mellark. Finnick casi se atraganta con un pedazo de pan. La miró confundido, se veía que no sabía que decir.

—Pues no, llevamos saliendo bastante tiempo pero no somos novios— dijo él sonrojándose. Era divertido verlo así, usualmente él era una persona muy despreocupada. Y había dicho la verdad, no eran novios a pesar que llevaban años encontrándose a escondidas.

—Amor deja que los chicos se entiendan— Teresa los miraba con cariño.

—Era sólo curiosidad. Bueno todos conocen a Katniss ¿Verdad?— dijo el señor Mellark ahora mirándome a mí. No era que me disgustara pero sentí un vacío en el estómago y no era hambre. –Me alegra saber que por fin ella y Peeta están juntos. Los Felicito— nos sonrió. Todos nos miraban a Peeta y a mí. Ahora eran mis mejillas las que estaban encendidas.

—Felicidades— se atrevió a decir Twill. Le correspondí la sonrisa.

—Sí, un brindis con jugo de naranja para este par de tórtolos, que por fin estan juntos— Thom alzó su vaso. Uno a uno todos lo siguieron, la última levantar su mano fue Delly.

—Por Katniss y Peeta— dijo Johanna. Todos repitieron "Por Katniss y Peeta", me sentí tan bien, era la familia que siempre había querido tener.

Demasiado rápido la mesa quedó vacía de alimentos. Thom arrasó con todo lo que sobró.

—Creo que es hora de hablar con Teresa— le recordé a Peeta, pues su madre ya había abandonado la mesa minutos atrás.

—Estoy seguro que va a interrogarte, apenas he hablado con ella anoche. Siéntete libre de decir lo que quieras en mi nombre— me decía mientras me guiaba en la casa. Estaba tan nerviosa que apenas presté atención a la decoración. Esta sería una entrevista formal. ¿Qué cosas importantes tendría Teresa que decirme? ¿Me preguntaría sobre mi relación con su hijo? No daba muestras de estar en contra… pero ¿Qué me querrá decir?

Peeta llamó a la puerta, escuché un "adelante".

—Suerte— dijo mi guapo acompañante abriendo la puerta.

—Gracias— tomé valor y entré. Teresa estaba tras un escritorio revisando su computadora.

—Pasa Katniss, siéntate, en un momento estoy contigo.

Caminé despacio, tenía ganas de comerme las uñas pero decidí apretar mis manos una contra la otra esperando a Teresa. No tardó en llegar, se sentó frente a mí.

—Katniss, tengo algo importante que hablar contigo— dijo solemnemente. Lo que me temía, ahora que estábamos solas tan vez exprese sus dudas o su incomodidad a cerca de mi persona ¿Tan mala me vería para ser novia de su hijo?

—Sí, Teresa. Tú dirás— dije temblando. Dentro de mí rogaba porque no me dijera nada malo, viniendo de ella, a quien admiraba, me dolería.

—Necesito tu ayuda Katniss. Odio pedirte esto pero quiero que lo que conversemos aquí no salga de esta habitación. No se lo digas ni siquiera a Peeta— abrí mis ojos desmesuradamente. ¿Qué podría ser tan delicado?

—Confía en que esto quedará entre nosotras— le aseguré. Mil y un teorías rondaban mi cabeza pero no podía perder el tiempo en suposiciones. Debía escuchar atentamente.

—Hace meses… no años, que vengo temiendo por un problema familiar grave. Yo cuido de mi familia porque amo a cada uno de sus miembros, eso incluye a mis sobrinas de cariño porque son hijas de mi gran amiga alma. Pero Delly… no sé qué pensar de ella— Teresa no pudo contenerse y sus ojos se humedecieron. ¿Delly qué? Todo este tiempo pensé en ella como una mujer resentida, incluso celosa. ¿Qué habría hecho para que Teresa piense así de ella?

—Tranquila Teresa, te oigo— la animé a continuar.

—Ella es la que más ha estado con nosotros, desde que era una niña, por ser la mayor. La veía como mi pequeña de cabellos de oro, siempre la he llamado así. Antes que cumpliera la mayoría de edad, se quedó una buena temporada. En esos días la sorprendí muchas veces en la habitación de Peeta— me miró como si le avergonzara decirme aquello. Yo sabía que Delly siempre ha estado tras de Peeta, Finnick me contó.

—Debió ser un capricho adolescente— dije para calmar a Teresa. Yo temía que fuera a decirme que no le gustaba para su hijo no creí que me tomara de confidente.

—No lo sé Katniss. En esa época no le di importancia, bueno, le dije a mi marido y él también lo minimizó. Pero nunca le conté a nadie que encontré un par de veces debajo de la cama de Peeta, ropa interior de Delly— Teresa estaba llorando. Dos gruesas lágrimas caían por su rostro. No podía ser cierto. Peeta nunca estuvo con otra mujer en la cama antes que yo. ¿O me habrá mentido? En la práctica Peeta era fenomenal ¿Habrá aprendido eso con su prima? No, no. Katniss saca esas ideas tontas de tu cabeza.

— ¿Piensas que Peeta y Delly estuvieron juntos?— le pregunté dudando.

—No sé qué pensar, nunca he tomado el valor de preguntárselo a Peeta. Pero eso no es todo Katniss, si supieras…— suspiró. ¿Habría algo más grave que aquello? Algo me decía que hoy no era mi día, bueno, lo fue al despertar pero siempre hay que pagar un costo por lo disfrutado. Ni modo, ahora mi deber era ayudar a Teresa. Ella no podía vivir con esas dudas. Ni yo tampoco.

—Estoy aquí para escucharte Teresa— volví a darle confianza. Si algo había aprendido de la vida es que tan sólo con escuchar a las personas les ayudamos a sobrellevar su carga.

—Hace poco, hará un mes, acompañé a Delly a una consulta médica. Lamentablemente vi su historia, yo no quería pero la enfermera la dejó junto a mí y se distrajo al teléfono. Ella… ella se hizo un aborto y fue hace tres años, más o menos por el mismo tiempo en que se quedó aquí— tuve que abrazarla porque rompió a llorar. Al menos en eso podía consolarla. Ese bebé no fue de Peeta.

—Teresa, yo te puedo asegurar que el bebé que abortó Delly no era de Peeta— le dije al oído. Ella se tranquilizó un poco,

— ¿Cómo… cómo lo sabes?— dijo sollozando.

—Lo sé. Me lo contó el padre de ese bebé— Teresa me miró asombrada, así que tuve que continuar. –Es Finnick. El muchacho que trajo Delly a desayunar. Han estado saliendo desde que ella vino aquí hace años. Abortó en secreto, él pagó los gastos. Peeta se enteró es por eso que lo detesta. Aunque… yo creo que Delly no le ha dicho la verdad a Peeta y le ha dado a entender que fue Finnick quien la hizo abortar— esa era una gran duda que tenía y aclararía apenas salga de aquí. Esta vez Peeta no iba a callarse sus secretos familiares. Si quería que fuéramos una pareja debíamos compartirlo todo.

—Me quitas un gran peso de encima. No sabía que hacer de la preocupación. Al menos en esa parte dejo que tener una carga— parecía que sus problemas no acababan.

— ¿Hay más?— pregunté ya con miedo.

—Sí. Desde antes que pasara el problema entre tú y Peeta, Delly ha estado aquí. No estudia, ni se va a su casa. Decía que ayudaba a Peeta a buscarte pero no le creo. Sobre todo porque… Katniss, quiero que me prometas que no dirás esto por favor, es que no estoy segura y si me equivoco cometería una injusticia terrible— me asustaba lo que iba a decirme. ¿Qué habrá hecho Delly?

—Lo prometo Teresa. Te doy mi palabra, nada de lo que me cuentes saldrá de aquí— le aseguré.

—Bien. Hace algunos días, Peeta recibió una llamada. Alguien le avisó dónde estabas y salió de aquí hecho un loco. Delly también desapareció. No se fue con él pero no dijo a donde iba. Regresó dos días después. Peeta vino a cambiarse, se despidió de mí diciendo que se iba contigo. Pero esa noche… cuando Delly y yo bajábamos las escaleras… no lo puedo asegurar Katniss… pero creo, creo que ella me hizo caer— me quedé sin respirar. Durante varios segundos no dije nada. ¿Acaso Delly buscó una excusa para hacer que Peeta volviera y me dejara? ¿Podría ser tan malvada de atentar contra su propia tía sólo para tener un motivo? No, era demasiado.

— ¿Estas segura Teresa?— pregunté atónita.

—No Katniss. No estoy segura. Yo venía conversando con ella, miré al espejo que está frente a las escaleras por un momento. Vi su rostro, ella hizo algo extraño, al siguiente segundo rodé los últimos escalones. Lo que más me hace dudar es que en lugar de llamar a mi marido que está todo el tiempo en la panadería, llamó a Peeta. Yo estaba en el piso. No podía levantarme, lo lógico es que llamara a su tío para pedir una ambulancia— pobre Teresa, se veía tan agobiada. Ahora debía averiguar si fue un accidente o fue Delly quien causó todo. Pero iba a ser muy dificil que me lo dijera.

— ¿Crees que Delly sería capaz de algo así?— pregunté.

—No lo sé Katniss, no lo sé. Tal vez no es la inocente niña que yo siempre he querido creer. Con lo que me has dicho… si fue capaz de planear un aborto, casi estoy segura que mi accidente no fue casualidad.

Definitivamente era un gran peso sobre mis hombros el que ponía Teresa. Averiguar la verdad iba a estar complicado. Y peligroso. Si Delly era culpable, significaría que es malvada. Y no creo que se detenga por nada conmigo. Ya me estaba entrando miedo. Siempre fui miedosa con la gente mala. Pero no podía permitir que volviera a pasarle algo a Teresa.

—Debemos estar seguras Teresa. Delly es rara, hay muchas cosa que no te he dicho. Ella… es de un modo delante de Peeta y muy diferente cuando no está él— al menos eso me parecía a mí.

—Sí, eso es cierto. Usualmente cambia con Peeta. Necesito ayuda Katniss. No le cuento a Johanna porque armaría un escándalo, sólo bastaría mi palabra para que mi hija la eche de casa. Y no quiero problemas en la familia. Ahora por ejemplo, no sé qué trama con ese muchacho. Pareciera que desea poner celoso a Peeta.

—Peeta no está celoso, siempre que ve a Finnick se pone así. Lo detesta porque lo cree culpable, o eso creo— no sabía que pensar.

—Katniss, quiero que te cuides. No estés cerca de Delly, llévate a Peeta. Yo lo voy a animar para que se quede contigo allá en el edificio. No vengan seguido, no le des oportunidad de que te haga algo— me advirtió. Parecía preocupada por mí, eso me hacía sentir querida.

—No te preocupes Teresa. Averiguaré que sucede. Finnick es mi amigo, sé que no se dejará manipular por Delly. Algo debe saber, estoy segura.

—No te expongas Katniss, me lamento haberte dicho esto, tengo temor que algo te pase— me abrazó. Se sentía tan cálida, tan maternal.

—Gracias— no pude decirle más porque en ese momento llamaron a la puerta.

—Adelante— dijo Teresa limpiando rápidamente todo indicio de llanto.

—Lo siento querida— era el señor Mellark. –Delly y Peeta están peleando otra vez, dame una mano— Teresa me miró pidiendo ayuda.

— ¡Vamos!— le dije. Nos levantamos y salimos detrás del jefe de la familia. En la sala todo era un alboroto. Peeta y Finnick discutían. Las hermanas de Delly la retenían para que no se interponga. Detrás de Peeta, Thom parecía dudar si tomar partido en la riña. Johanna por su parte tomada de la mano de Madge le gritaba algo a Delly. Blight miraba a todos asombrado, no sabía qué hacer.

—Chicos, ¡Ya basta!— gritó Teresa, poniendo freno a todo el lío.

—Tía, dile a Peeta que deje de meterse conmigo— gritó Delly.

— ¿Qué es lo que sucede aquí?— preguntó Teresa empezando a enfurecer.

—Creo que mejor me voy— Finnick tomó su casaca para marcharse.

—Yo me voy con él— volvió a gritar Delly.

—Te he dicho que tú no sales de aquí con ese patán— le respondió Peeta.

—No soy ningún patán y tú no eres el dueño de Delly ¿O es que tienes algún problema? Anda Mellark, di que problema tienes porque siempre te la tomas conmigo— lo retó Finnick. Peeta miró a Delly pero no dijo más. Obviamente no quería ponerla en evidencia delante de la familia. Maldita bruja, Peeta estaba siendo caballeroso al no revelarnos su secreto. Él no quería darles el disgusto a sus padres de saber que su sobrina había abortado años atrás.

—Katniss, llévate a Peeta— me susurró Teresa.

—Vamos a conversar civilizadamente— habló el señor Mellark. –Delly, acompáñame a la panadería— la llamó. Ella insegura se soltó de sus hermanas.

—Yo estoy cansada de vivir peleando siempre. Vas a terminar perdiendo a tus hijos por culpa de tu querida sobrina— le dijo Johanna a Teresa.

—Si incomodamos tía, nos regresamos a casa— dijo Bonnie.

Me adelanté hacia Peeta y lo tomé de un brazo.

—Vámonos de aquí Peeta—dije molesta. Me daba rabia que no vea con claridad lo que Delly pretendía. Ya me estaba dando cuenta de las cosas. Ella quería que todo mundo creyera que Peeta estaba celoso. Embustera.

—Katniss… yo no…— no lo dejé terminar.

—Llévame a otro lugar— le insistí.

—Sí, claro. Permiso— dijo él mirando a su madre. No volteé ver a nadie. Mientras más lejos de esa arpía mejor, ya me encargaría de averiguar la verdad.


Nada salió cómo esperaban.

Gracias por leer.

PATITO