ADIVINEN QUIÉN VOLVIÓ. Y CON VACACIONES, BITCHES ;3 Os amo a todos, regaladme reviews por el milagro de vacaciones :c


El amanecer junto a él fue completamente distinto a cómo lo esperaba. Y no exagero, porque si tengo que decir la verdad, no me queda más que decir que esperaba despertar en mi cama solo o con Thomas a ocho edificios y tres ciudades de aquí. Pero no fue así, desperté como si fuese un día normal: sin ropa, con Thomas descansando su cara en mi torso desnudo y mi mano sujetándolo firme por la espalda. Eran poco más de las siete de la mañana, pero no estaba seguro de si lograría o no crear las circunstancias para ir al trabajo ese día. No podía pensar con claridad, y es que estar compartiendo la cama con mi ex novio, con mi único amor y con el cual supuestamente había vuelto la noche anterior de un día para otro era definitivamente algo que no estaba en mis planes y no sabía qué hacer ante ello.

Thomas dormía plácidamente y sin soltarme, estaba pendiente en sus sueños de cada movimiento que hacía pues no descuidó sus manos en ningún momento. De pronto, en lo que lo miraba de reojo, Thomas se despertó. Me miró con la cara adormilada y acortó aún más el espacio que había entre nosotros.

-¿También te cuesta creer que nos hayamos despertado juntos?-me preguntó con una expresión sumamente sincera y poco expresiva, aun sin dejarse de ver contento.

-Sí, la verdad es bastante raro-admití rodeándolo con mi brazo sin importar lo incómoda que estuviese siendo la situación para mí y quizás para él. Al final, fuese incómodo o no, no podría existir un modo para no querer estar con él.

-Pero no lo será por mucho, ¿vale?-me dijo como confirmando que así sucedería- No nos costará demasiado hacer que sea como antes.

-No lo creo, Tom-le dije en un tono monótono, con la voz carente de esperanzas. Mi expresión vaciló un segundo y le dirigí la mirada en busca de algo… de nada en particular.

-No seas así-me dijo esbozando una sonrisa y mirándome con los ojos penetrantes, buscando convencerme como lo hacía anteriormente en situaciones así. Su mirada ahora me parecía tan clara y transparente que me sentía engañado. Me extrañaba, la sentía desconocida por alguna razón. Su mirada se veía tan sincera que no me provocaba excavar en ella como de costumbre para descubrir lo que realmente quería decir. Quizá él había mejorado, o quizás era que habíamos cambiado mucho al estar separados. Quizás sólo yo, quizás sólo él. –Ya verás cómo no te darás cuenta de cuando estemos sonriendo otra vez. Pero sonriendo en serio, como cuando éramos una feliz pareja de tíos buenos…

Thomas sonrió con los ojos, entrecerrándolos. –Tú das por hecho que volvimos, ¿no es así? Ni siquiera te importó lo que te respondiese yo, si quería o no volver contigo… -le dije sin pensar, y a su vez, sentí que la conciencia me apuñalaba justo en el pecho. No debía haberle dicho eso, pero no entendía por qué me estaba sintiendo de esa manera tan extraña al estar con él, incluso de habernos acostado juntos de nuevo. Yo sí quería estar con él, era lo único que realmente quería que pasara desde que terminamos y la estaba cagando en magnitudes olímpicas.

Thomas me miró, indudablemente con una sonrisa herida. Tomó mi mano y suspiró sin borrar la expresión dolida de su cara.

-Claro, volvimos-dijo- No pasa nada, si no quisieras volver conmigo entonces yo lo sabría y no estaríamos aquí, así que no tenemos para qué hablar de esto.

Thomas se inclinó un poco y llevó mi mano a la altura de sus labios. Posó un pequeño beso en ella seguido de hacerlo en mi muñeca. Y subió por mi brazo, beso a beso sobre la piel desnuda, con calma y paciencia recorriendo caminos que ya conocía de memoria una y otra vez. Sentí de pronto ese temblor nervioso en el estómago y luego un escalofrío detrás de mi cuello una vez que se acercaba por detrás de mis hombros. –Te amo, cariño- me susurró, y luego siguió llenándome de pequeños besos y mimos.

Sentí que lo desconocía, sentí sus besos un poco extraños al principio, como si no me correspondieran… Sentí sus caricias un poco lejanas, pero de a poco volvieron aquellas sensaciones que ya había comenzado a olvidar al sólo poderlas imaginar en la soledad. Aquellas sensaciones volvieron a recorrerme con furia y energía. Él lo notó, se dio cuenta de que era casi como empezar de nuevo. Sólo faltaba algo.

-Te amo…-repitió, mientras continuaba con los suaves e inocentes besos en todas partes- Joder, te amo…

-Thomas, yo…

Tom se me quedó mirando una vez más, mientras con los ojos me hacía obviar que yo ya sabía la respuesta de mis propias dudas. Y sí, todavía sabía con certeza lo que él me quería decir, así que por ese lado me alivié un montón: Cierra la puta boca. Tal cual. Eso quería decirme.

-Ya…-murmuré yo mientras él continuaba. Me sentía vacío, pero a la vez, comenzaba a sentir ese calor de tenerlo frente a mí amándome nuevamente. Ya no sabía qué estaba ocurriendo de mí. Me asustaba…. Pero no era nada que no se pudiese obviar, aparte de que seguía locamente enamorado de Thomas.

Sin importarnos la noche anterior, Tom se subió encima de mí y me miró fijamente, esperando a que yo reaccionara de una vez por todas. Y me miró, mientras yo sólo intentaba evadirlo. Pero para mi mala suerte, lo estaba evadiendo mal. Pues miraba su piel, observaba su piel blanca arder en lujuria… sentía su aliento expectante sobre mi boca y su cuerpo esperándome apasionado. Perdí todo sentido común, y desperté como de un gris trance a un éxtasis absoluto generado por pasión y ganas de estar con el hombre que yo amaba.

-Ya te pillo-dije tomándolo por los brazos. Él me devolvió una sonrisa, y como en conjunto, él se dejó caer mientras yo lo dejaba caer con suavidad sobre la cama, volviéndome loco por poseerlo y luego… recordar lo que era amarnos como locos en esta misma habitación.

-Te tardaste un poco- me dijo sonriéndome con los ojos y apegando sus piernas a mi tronco en ademán de preparativo. –Di que me amas- me dijo – Vamos, sabes que quieres decírmelo…- me rogó con la voz apasionada, rodeándome el cuello con ambos brazos.

-Tom… yo…-titubeé unos segundos sin estar seguro de si responderle o no.

-Vamos, dímelo-insistió Thomas.

-Te amo, Thomas-le respondí mirándolo a los ojos seguido de morderle suavemente el lóbulo de la oreja y plantar un pequeño y húmedo beso en su cuello. Thomas se estremeció, dio un quejido lujurioso como de escalofríos y sentí de pronto su erección cálida y dura en mi abdomen. Era como al fin volver a sentir, y como haber estado sin saber que lo hacía durante todo ese tiempo.

Me incentivó a seguir, a pesar de que yo me notaba a mí mismo nervioso. Con sus reacciones me provocaba consentirle más y más tal como lo hacíamos antes hasta que estallara de locura por mis acciones y las de ningún otro. Y no sabía si esta vez podría predecirlo o no, no podía saber qué pasaría luego y eso no me podía dejar sin cuidado… Estaba preocupado, pues ya no me sabía a la película repetida de todas las noches.

-Dilo otra vez- gimió él con la respiración agitada, añorando con fuerza el revivir nuestras infinitas escenas melosas de tiempos pasados.

-Te amo, Tom-repetí con la voz apacible. Él me besó profundamente, de una manera distinta a la noche anterior y distinta a todas las otras noches… Esta vez, él no era él, y yo tampoco era realmente yo. Pero sentía cómo me correspondía de vuelta y cómo yo le correspondía a él. De pronto me rodeó con sus brazos, y me hizo dar la vuelta de espaldas para quedar arriba nuevamente.

-Cariño-me susurró de pronto bajando la mano desde mi abdomen hasta mis muslos… tocándolos con una suavidad tan grande que me estremecía por completo saber de qué iba esta vez.

-¿Sí?-le pregunté yo intentando atrapar su boca en una mordida como anteriormente él lo había hecho.

-¿Me dejarías… hacerlo?-me preguntó de vuelta.

-¿Hacer qué?-le pregunté confundido. No dejé de acariciarlo en ningún momento a pesar de la torpeza que me brindaban amablemente los nervios, recorrer su piel una vez más después de tanto tiempo fue para mí como recobrar el sentido.

-Que si… puedo tomar tu lugar esta vez-dijo Thomas evadiendo mi mirada tímidamente como nunca antes había hecho. Noté el rubor en sus mejillas y el temblor de su voz… Él también estaba nervioso, como si empezáramos de nuevo. Yo también enmudecí. Sentí como mis mejillas imitaban a las de Thomas con un color aún más intenso y como si de pronto se me fuera toda la sangre a la cabeza de golpe y flotara hacia algún lugar desconocido, dejando la sensación ahí, persistiendo. - ¿Puedo?-preguntó para confirmar.

-Sí-dije yo, sonando decidido, intentando ser yo quien le mirara a los ojos, como nunca antes había pasado. Su mirada penetrante estaba avergonzada en algún lugar, esperando a que la mía la encontrara y la sacara de allí… Entonces fue cuando él se acomodó sobre mí y con suavidad comenzó a preparar lo que sería nuestra segunda primera vez.

Nunca pensé que una reconciliación sería algo como esto. Ni tampoco pensé que podríamos reconciliarnos después de incluso haber pasado una noche juntos. No fue el sexo, ni tampoco fue el pasar la tarde juntos… Era el habernos dado cuenta de que nuestra relación en sí era un desastre, que querernos era una locura y era eso lo que hacía que estuviésemos tan felices con nuestro éxito. Él me quería, yo lo quería. Éramos felices con eso a pesar de que teníamos material para caer una y otra vez. Nos alegrábamos del éxito del otro y nos reíamos de las desgracias mientras estirábamos la mano. Recordamos poco a poco lo que era ser uno, y odiarnos al mismo tiempo. Ser esa clase de enemigos que comparten la cama y se miran a los ojos en busca de ayuda desesperada, de consuelo…

Gruñí cerrando los ojos con fuerza en lo que Thomas buscaba el punto exacto antes de empezar cualquier cosa. Pasó por mi mente aquel momento en que estuvimos juntos sin quererlo y a gritos y arañazos nos hicimos esa clase de daño irreparable que nos pesará hasta el último día de nuestras vidas… Pero traté de no recordarlo. Traté de pensar que el pasado no debería importarnos si estábamos juntos ahora.

Thomas comenzó a mover sus dedos con minuciosidad y comenzó de a poco a mirarme a la cara. No podía sonreír, pero tampoco podía demostrarle que no estaba contento. Traté de hacer lo mejor que pude, él me respondió con un suave beso en los labios. De pronto abrió los ojos como percatándose de algo y se despegó de mi boca. –Es aquí-dijo con timidez, y deteniendo sus dedos. Lo miré ladeando la cabeza sin entender demasiado, tendido en la cama con las piernas entreabiertas y la hora de trabajar pasada hace un buen rato. Hoy me hice un día libre.

Él suspiró, comenzando nuevamente a invadirme con su ser y sentí un calor perturbador recorrer todo mi cuerpo como nunca antes. Más raro que aquella vez en el sofá, más raro que la primera vez que estuvimos juntos… El placer era tan grande que lograba hacerme contraer todo, me obligaba a cooperarle sin pensarlo demasiado.

No se detuvo, y prosiguió besándome desde los labios hasta el cuello, justo en esa parte donde él sabía que me volvía loco.

Me sentía tan avergonzado, pero se sentía tan bien que no pensé si quiera en estar haciendo algo malo…. O menos pedirle a Thomas que se detuviera. Era Thomas, después de todo, no tenía nada de qué avergonzarme con él. Incluso en ese preciso momento, se sentía como si de un día para otro nunca hubiésemos perdido aquella relación tan irreal que teníamos.

-¿Estás listo?-me preguntó Tom en lo que bajaba su rostro al nivel de mi abdomen bajo, comenzando a hacerme cosquillas con el roce de la punta de su nariz hasta subir nuevamente hasta encontrarse con mis labios. Thomas se puso de pie por unos segundos y volvió rápidamente (y para mi sorpresa) con un preservativo a medio poner.

-¿D…desde cuándo usamos eso?-le pregunté nervioso.

-No quiero que te duela esta vez-dijo en un tono serio y comprometido. Quizás él también lo había recordado sin querer.

Thomas terminó de ponerlo y sostuvo mis piernas para dejarse un espacio entre ellas. Finalmente estaba pasando. Se acercó una vez más y me besó. Al separarse de mí, me observó de pies a cabeza por última vez, hasta que me penetró con cuidado. Se veía tan concentrado que no quise decirle nada, incluso llegué a ignorar el hecho de que ya no dolía tanto.

Cuando ya iba por la mitad, habíamos perdido el cuidado y se dispuso a llegar al final de una vez. Empezó a moverse y en su cara se notaba cómo empezaba a disfrutarlo. Cómo de pronto ya no evitaba tanto mi mirada y su expresión se veía menos tensa. Comenzó a sonreírme con naturalidad, se veía ya la hora de comenzar a hacerlo como antes. Bromear entre tanto, mordernos y molestarnos sin poder hacer nada al respecto.

-Thomas-gemí tratando de mantener una voz libre de interrupciones- ¿Me creerías si te digo que no recordaba que la tuvieses tan grande?-me quejé entre gruñidos, con una sonrisa oculta en el rostro esperando su respuesta. Él río. Ambos notamos como la intimidad volvía pedacito por pedacito a nosotros.

-Claro, ¿y cómo podría no creerte? Si era ya un decorativo-refunfuñó seguido de darme un beso contento.

-Ya, ya no digas esas cosas-reí de vuelta rodeándolo con mis brazos, sin olvidarme de lo que sentía por debajo y me hacía entrecortar la voz.

Él exhaló una bocanada de aire, satisfecho con el inicio de una reconciliación agradable cuando todo comenzó a acelerarse de pronto. Todo comenzó a volverse más caluroso y húmedo, y es que sin poder controlarme le apretaba con fuerza la existencia a Thomas.

-¿Tan rápido?-me preguntó él, con ternura.

-Cállate ya-le dije entre gruñidos.

-Ya, ya…-se resignó él aumentando la velocidad de sus movimientos y comenzando a agitarse también. Lo abracé y cuando me sostenía de su espalda comencé a no poder reprimir los gemidos que salían de mi boca. Levantaba aún más las piernas para abrirle paso a Thomas y sentía que mis músculos jugaban conmigo.

Recordé los momentos en que Thomas estaba en su posición de siempre y yo tenía la dicha de ser quien le provocara aquellas sensaciones al hacer el amor… Ahora podía decir, Thomas estaba apoderándose hasta de mi último rincón, y no podía haber pedido nada mejor en ese momento.

-Joder-gemí lujurioso, casi gritándole en el oído sin querer. Ambos sudábamos, como antes lo hacíamos en posiciones contrarias. Ambos nos sentíamos la respiración uno al otro, rebotando entre sí y buscábamos el modo de acercarnos a tal punto de romper todos los límites. Nunca era suficiente. Thomas volvió a besarme entre gemidos, cuando de pronto sonó el teléfono fijo de mi apartamento.

-No puede ser-suspiré al aire.

-Déjalo-me dijo Tom- Que se jodan, tú solo no los escuches…

Me avergoncé y asentí en silencio. Él continuó en lo que hacía cuando de pronto el teléfono dejó de sonar y se reprodujo automáticamente el mensaje de la contestadora.

-¡Joder!-dije exaltado, y Thomas me tapó la boca con ambas manos sin dejar de penetrarme.

-¡Shh!-me hizo mientras reía.

-¡Pero es tu madre!-le dije con dificultad, mientras sus manos obstruían mi voz, dejando salir solo balbuceos sin sentido.

La contestadora empezó a sonar: era la madre de Thomas y Danna.

-Thomas, te hemos llamado al móvil pero creo que no ha sonado, ¡debes dejar esa jodida costumbre de llevarlo sin batería, hombre! En fin, me parece que hace horas ya se deben haber ido al trabajo así que no os preocupéis… En este momento ya estamos en el tren, ¡te llamaremos cuando estemos en casa! Envíale un beso a Chris y dale las gracias por todo.

El mensaje dejó de sonar y pareció como quitarse un peso de encima. Thomas seguía dentro de mí.

-Sí, seguro que te entregaré solo un beso- dijo Thomas en sus últimas.

-Por favor, ya no más-rogué cubriéndome la cara, a punto de tener mi primer orgasmo a través de ese modo. Me aferré a su espalda y en pocos segundos ya se lo tenía aprisionado, y yo mismo me derretía de lo bien que se sentía.

Thomas respiró con cansancio y tras eyacular, me abrazó hasta poder ponerse a mi lado.

-Esto tenemos que hacerlo de nuevo-le dije sin aire.

-Claro que lo haremos-me respondió Tom, mientras al mismo tiempo se dejaba escuchar el timbre de mi puerta.

-¿Y un jueves en este horario quién podría venir?-se preguntó Thomas molesto- Da igual, ¡yo abriré!-dijo poniéndose de pie rápidamente sin tomar nada de ropa y tirando de paso el preservativo.

-¡Joder, Tom! ¡No puedes abrir la puerta así!-dije poniéndome de pie con velocidad y yendo detrás de él. Thomas, sin pudor alguno, abrió la puerta completamente desnudo. Era Yuka.

Ella se sonrojó hasta por las orejas. Miró a Thomas de pies a cabeza de modo evidente seguido de correr la vista hacia un lado.

-Yo... Estoy buscando a Christopher Leopold, ¿estoy en el piso correcto?-preguntó ella nerviosa.

-Claro que estás en el piso correcto, preciosa, ¿te apetece entrar?-le dijo Tom en modo de burla, en una pose un tanto prometedora al recordar su desnudez.

-¿Eres su hermano mayor o algo parecido? Me gustaría poder darle un mensaje… Y no, no quiero pasar, gracias-dijo evitando chocar con sus ojos juguetones.

-Vaya, qué lástima… -Thomas se volteó hasta donde estaba yo y me llamó en ademán marica a propósito al solo notarle la pinta a la mujer extranjera- ¡Cariño, una mujer de tetas enormes te está buscando!-dijo haciendo que la mujer se enfureciera e incomodara a la vez.

-Escuche… Señor, yo…-

-Descuida, ya viene, es que es un poco tímido y no podría atenderte desnudo… Ya sabes, cosas de heteros-rio Thomas.

Una vez que logré ponerme algo encima (y de que Thomas le dejara en claro mi orientación sexual) salí a recibirla.

-Yuka-dije con una mueca de sufrimiento- ¿Entras?

-No, no, me iré enseguida-dijo ella en un tono asustado. –Venía a decirte que la empresa en convenio nos ha dado una lista de pisos disponibles y quisiera arreglar una cita para visitar pilotos y esa clase de cosas.

-¿Pisos disponibles, cariño?-preguntó Thomas, arqueando las cejas.

-Sí, verás, amor… Me han ofrecido otro trabajo un poco lejos y me dan la opción de buscar un piso más cerca, eso es todo…

-Está bien-dijo Thomas sospechosamente mientras miraba de pies a cabeza a la mujer parada en la entrada. -¿De verdad no vas a pasar?-insistió Thomas.

-No, yo no… No podría-dijo Yuka, con una expresión totalmente fuera de lugar. Parecía haber visto un barco fantasma, totalmente.

-Me cuesta creer que te hayas pensado que Chris era hetero-fanfarroneó Thomas- Pero qué va, muchos cometemos errores en la vida…-dijo Thomas, en aire engreído con el cuello estirado y la barbilla en alto- En fin, te llamará este fin de semana. Ten una buena tarde, querida-le dijo Thomas seguido de volver a la habitación y dejarme a solas con ella tras dejar el rastro de su sonrisa maliciosa.

-Yo… Lo siento, no lo habíamos discutido todavía-le dije sin saber realmente qué decir.

-Ya… Ya veo, te llamaré el fin de semana, ¿está bien?... O me llamas tú- dijo después- Como sea… Sí, como sea-dijo tras darse media vuelta y caminar hasta el ascensor con la expresión anonadada.

Cerré la puerta extrañado. Me dirigí lentamente hasta la habitación y al llegar vi a Thomas con una cara sugerente de victoria.

-THOMAS…

-Por favor no me partas el culo-carcajeó Thomas tras meterse bajo las sábanas.

-OLIVER…

-Te lo imploro… más o menos-dijo después cubriéndose la cabeza con estas.

-KELLEHER-agregué al final, con los ojos desorbitados.

Thomas no podía parar de reír, volví a ver esa vitalidad en sus ojos que siempre se escondía detrás del gerente con traje gris. De un momento a otro se serenó y pudo sentarse sobre la cama.

-A ver si te entiendo, ¿querías liártela?-me preguntó risueño.

-¡Claro que no!-dije a la defensiva.

-¿Y entonces qué? ¿Vas de hetero por la vida?-me preguntó tratando de ridiculizarme.

-Algo así…-respondí algo inseguro.

-¿Vestido como tú vistes?...-me preguntó sarcástico levantando una ceja como siempre lo hacía-¿Y todavía te preguntas por qué los hombres te miraban en el gimnasio?

-¡No eran solo hombres!-me quejé.

-Escúchate…-me dijo sonriendo maléficamente.

-Joder-respondí.

Y así todo volvió, casi del todo a la normalidad. Solo que esta vez, la confianza reprimida esta vez estaba muy por encima de los estándares normales.

Ahora, una vez que se terminaran todas las risas al haber pasado un par de horas, tenía que explicarle sin excusas a Thomas qué estaba pasando. Y si bien ya no era una opción el cambiarme de piso, la posibilidad estaba y me tenía contra la espada y la pared.

Me pregunté; ¿cómo era que Yuka podía haber llegado justo el único día en que me quedo en casa liando a mi novio, y a este se le ocurre abrirle la puerta desnudo, en vez de ignorar el timbre como siempre? Las vueltas de la vida no dejaban de sorprenderme.

-Bueno Tom, verás, no llegué a ser entrenador porque jugara mejor, sino porque estudié años para ejercer en el área del deporte y pensé en que podría comenzar a ejercer como médico de campo en vez de desgastarme en la cancha, ¿sabes? Aunque también lo extrañaré mucho-comencé a explicarle a Thomas de a poco, quien me escuchaba con atención ahora sentados ambos en la sala de estar.

-Ya veo-dijo Tom, rascándose la barbilla como aceptando mi supuesta pobre excusa.

-Y bueno, es más fácil vivir allá, ¿no lo crees? Serían cuarenta y cinco minutos todas las mañanas…

-Pero Chris, entonces viviríamos separados…-dijo Tom, preocupándose.

-No dije que fuera a mudarme, cariño, ten calma-le dije junto a dedicarle una sonrisa.

Él sonrió de vuelta.

-Estaba pensando en que debería ir a excusar mi falta al trabajo, ¿quisieras acompañarme?-le pregunté- Podríamos almorzar, además.

-Puedo llamar y ya, Chris. ¿Qué prefieres? ¿Te duele la garganta? ¿Te caíste por la escalera? ¿Tu novio no dejó que te levantaras esta mañana y te obligó a quedarte en la cama?-comenzó a enumerar Thomas en modo de broma.

-Pues prefiero ir a decirles que falté por motivos personales-le respondí, hablando en serio por una vez en la vida.

Estar con él cuando no peleábamos o teníamos momentos cariñosos, era un chiste en su totalidad. Me encantaba pensar que volvíamos a tener aquella relación tan preciada que llegamos a construir en esos meses. Pero pensaba también, que no era bueno adelantarse y cantar victoria después de tres horas de la gran reconciliación. Pensé en que debería esperar para ver mejores resultados, así que lo hice, y traté de hacer todo lo posible para no arruinar esta vez lo que había logrado un encuentro temprano por la mañana.

Thomas y yo decidimos salir, pero una vez que estábamos afuera y prontos a volver a algún lugar del centro de la ciudad a comer algo como antes lo hubiéramos hecho con normalidad, no pudimos evitar interrumpir el tan añorado comienzo de la rutina.

Lucas estaba ahí. Lucas, el mismísimo Lucas esperaba junto a nuestro auto aparcado en la acera con una terrible cara de desosiego y preocupación.

Lucas esperaba por nosotros, de seguro con una horrible noticia.