Final
1 parte
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Comenzó a mover su cabeza de un lado a otro reaccionando de ese olor horrendo que se había introducido por sus fosas nasales, quiso abrir sus ojos pero vio que estaban cubiertos por un paño y sus manos estaban atadas igual que sus pies, quería gritar, pedir auxilio pero su boca también estaba cubierta por lo que debía de ser un esparadrapo. Sus nervios cada vez iban a peor quería saber en dónde estaba, adonde la llevaban ¿Quién sería quien le hizo esto? Solo quería escapar, saber quién había sido. Lo único que sabía es que debía de estar en un auto o en una camioneta por el olor a sucio y el movimiento constante sobre el asfalto.
Movió su cuerpo con fuerza, intentando liberarse de alguna manera, sin obtener ningún resultado a cambio. Quien lo había hecho, solo lo hizo para hacerle daño, ¿Y si la mataba?
Su pequeña, su hija jamás podría volver a tenerla a su lado. Una lágrima descendió por su mejilla al pensar en esa posibilidad deshaciéndole su corazón por completo.
No podría volver a ver al hombre al que ama, si solo le dijese hoy cuanto lo quería, cuanto lo amaba, que solo quería estar a su lado, sabría que si ella moría, él por lo menos tendría un poco de paz con sus últimas palabras.
Sintió como se detenían en algún lugar,y su miedo se incrementó con más fuerza haciendo que su cuerpo se tensase al escuchar sus pasos acercándose hacia ella. Escuchó el sonido de la puerta abrirse y como la jalaban bruscamente por su cuerpo, sacándola de esos asientos incomodos en donde estaba acostada colocándola en unos firmes hombros que algo intentaba reconocer con toda las fuerzas de su alma.
Quiso golpearlo pero al estar atada le había sido imposible, quería que la dejase ser feliz, que no la matase, pero no podía defenderse. Escuchó el crujido de una puerta abrirse y como con fuerza la cerraba haciendo eco en todo el lugar.
Su cuerpo dolió en los instantes que bruscamente la habían tirado sobre algo que no sabía lo que era parecían como sacos llenos de algo. Escuchó su voz, y su cuerpo se tensó con más fuerza pudiendo presenciarse en su rostro el terror que estaba sintiendo.
—Veo que tienes miedo. Así quería verte llena de pánico —se agachó a su altura colocando sus piernas en los sacos de cemento y su mano en la barbilla de la rubia —este momento no sabes cómo lo estoy disfrutando.
Quería quejarse decirle que la liberase de este tortura.
—Sabes que puedo matarte sin que sepas quien soy —acarició sus ojos por encima del vendaje negro —pero que gracia tendría eso ¿Verdad?
Su cuerpo tembló con más fuerza.
—Por lo que te libaré de tu vendaje —le sacó la venda de los ojos tirándola hacía detrás de los sacos —¡ahora mírame! —la agarró bruscamente con las palmas de sus manos en su pálido rostro —quiero ver en tus ojos el miedo que tienes a que no vuelvas a ver a esa bastarda.
Con temor abrió sus ojos acostumbrándose a la claridad del lugar, clavando su mirada celeste en los ojos oscuros de ese hombre. Tragó saliva al ver cómo había cambiado. Su cabello estaba teñido de un color castaño y sus ojos ya no eran azules como antes sino de un color negro, tan oscuro que daba miedo, acompañado de un bigote postizo debajo de su nariz que acababa de sacarse para que así ella lo reconociese mejor, a pesar de su gran cambio, Serena lo había reconocido.
Era él, era Jedaite, el hombre que le había destruido la vida a su familia.
—¿Me reconociste verdad? —la rubia solo asintió ya que aún permanecía con el esparadrapo en sus labios —me gustaría escucharte gritar —acarició su mejilla —implorar que no te matase —con sus dedos bajó hasta sus labios sacándoselo con fuerza y dejándolo una marca roja en donde había sido pegado y sacado sin ninguna delicadeza —ahora quiero escucharte —la agarró con fuerza por detrás de su cuello, clavando sus dedos en la carne —quiero que grites que supliques por tú vida.
—¡Jamás te daré ese gusto! —alzó la voz con fuerza conteniendo las ganas de llorar, a pesar que era lo que más quería hacer, llorar para que la dejase libre —solo quiero que me liberes que me dejes en paz.
—No lo haré —clavó sus dedos con más fuerza —porque de aquí solo te irás muerta —le gritó en el oído —solo así pagarás por todo el daño que me han hecho, como la harán tu madre y tu hermana, me las pagaran una por una.
—Qué es lo que quieres, ¡Fuiste tú quien nos ha hecho daño! Que quieres vengarte de algo, que tú mismo provocaste.
—¡Cállate! —la bofeteó dejando la marca de su mano en su mejilla —no me provoques, porque te mataré antes de tiempo, y antes de hacerlo quiero verte sufriendo, agonizante, que te vuelvas loca para que te suelte ,y yo poder disfrutar de tú sufrimiento.
—¡Eres un Hijo de…! —se calló al recordar sus palabras —si quieres a mi mátame pero no te atrevas a tocar a nadie de mi familia y mucho menos al hombre al que amo y a mi hija.
Se rió cínicamente mirándola con desprecio —después de que te mate no podrás decirme lo que debo o no hacer, y ellos irán uno por uno, así mato a dos pájaros de un tiro desaparecieron esa apeste que lleva el apellido Chiba.
Tembló con más fuerza pidiéndole a dios que protegiesen a su familia a su pequeña que no tenía culpa de nada, no importaba que a ella la matasen si con eso podía proteger a los suyos, pero sabía que Jedaite no se detendría.
—¡No te atrevas a tocarlos! Si quieres mátame a mí, pero a ellos no te atrevas a ponerles un dedo encima —sus ojos se veían amenazantes.
—¡No me digas lo que tengo que hacer —sacó un arma de su chaqueta y disparó hacia el techo cayendo algo de polvo a su alrededor —porque aquí harás lo que yo te diga —la rodeó con sus brazos por su cadera apuntándola en la cabeza —harás lo que yo te diga, ¡Te quedó claro! —se la pegó con más fuerza.
La rubia solo asintió con temor pensando que tenía que salvarse de alguna manera.
—Solo te haré caso si me dices por qué tanto daño, porque odias tanto a mi hija si ella es una criatura inocente, ¿Por qué ese odio por los Chiba?
—¡No tengo porque darte explicaciones! —alzó la vez mirándola con odio , con desprecio, no quería decírselo para qué, pero algo pasó por su mente, si la iba a matar que más daba que lo supiese.
—¡Estoy esperando! Quiero saberlo, quiero saber porque tanto odio —sus ojos se aguaron y su rostro mostraba dolor, un dolor que la estaba matando por dentro.
Se levantó y se puso enfrente a ella apuntándola con el arma sin separar su dedo del gatillo —todo comenzó hace años, durante una guerra de empresas yo quería su dinero, su fortuna, robarle la mitad de la parte pero nunca fui capaz. Mamoru Chiba era muy astuto y se dio cuenta de algunos robos que le hice, me había denunciado, pero con mis contactos logré borrar todas esas pruebas que me involucraban. Por eso mi odio contra ellos porque cada uno debería de morir.
—¿Y por qué? Todo por una estúpida ambición tuya, ¿Jamás te importó los sentimientos de los demás? ¡Dímelo jamás! —sus lágrimas surcaban libremente por sus mejillas.
—Creo que eso ya lo debías de saber ¿Verdad? Nunca me importó la vida de nadie solo la mía —apretó con fuerza el gatillo y un sonido fuerte retumbó todo el lugar haciendo un eco sordo sobre toda la fábrica abandonada.
Los ojos de la rubia se abrieron como platos al ver caer de rodillas a Jedaite enfrente a ella, y como lentamente sus ojos la miraban con odio, cerrándoseles y cayendo mal herido a su lado. Miró todo el lugar cerciorándose de quien más había que ellos dos, se encontraba mareada, mas asustada desde que había llegado ahí, solo escuchó las voces de los policías, sintió como le sacaban las cuerdas que la mantenían atadas sus muñecas y sus pies siendo cubierta por una manta y sacada de allí a pie, mientras su tío era sacado en una camilla por los servicios de emergencia, sus ojos estaban cubiertos de lágrimas y su cuerpo dolía completamente. Las lágrimas caían con fuerza por sus orbes azul celeste, el dolor aún lo tenía presente y la imagen de Jedaite enfrente a ella, aún la asustaba más.
Una vez que salieron por la puerta de metal sintió como el aire le golpeaba la cara, dándole a entender que estaba viva que la pesadilla por la que tuvo que pasar había terminado, aunque para ella el miedo aún lo tenía en su cuerpo. Con su mirada vio las luces lumínicas de los tres automóviles policiales y al lado la ambulancia que era custodiada por otro auto y que en esos instantes salían hacia el hospital. Vio como un hombre nerviosamente corría hacia ella abrazándola besándole en toda las partes de su rostro hasta su cabello, por unos segundos aún no sabía quién era debido a su shock , pero a los pocos minutos salió de el recociéndolo y lo abrazó con fuerza sintiendo esa calor que solo él podía transmitirle
Sus lágrimas inundaban aquel pecho que le transmitía protección —te amo… te amo —le repitió entre lágrimas sintiendo aún el temor de volver a perderlo —no te separes de mí, no te alejes de mí lado.
—Yo también te amo —la apretó más contra sí sintiéndose por una parte feliz porque estuviese viva a salvo, pero por otro lado dolor por todo lo que debió de haber sufrido —jamás me alejaré de tú lado, yo mismo te protegeré y siento por no poder defenderte de Jedaite —le dolía en el alma al no poder defenderla de ese hombre y que se la llevase sin poder hacer nada.
Separó su rostro de su pecho manteniendo las manos detrás de su cuello, clavó su mirada en la él —no importa lo importante es que estás aquí y eso es lo único que importa —se puso de puntillas y se acercó a sus labios.
El beso era lo que ambos tanto estaban esperando, era demandante y dulce a la vez, pero lo más importante se decían cuanto se amaban, el miedo por el cual había pasado, sus labios la reconfortaban, sus caricias le hacían sentir protegida entre sus brazos como se estaba sintiendo ahora después de todo ese calvario.
Escucharon un carraspeo sacándolos de esa burbuja en la que se encontraban.
—Siento interrumpirlos —dijo el oficial —pero debemos de irnos hacia el hospital para mirar si la señorita está en perfecto estado y luego poner la denuncia sobre lo sucedido.
Ambos asintieron y se subieron a la parte trasera del auto. Una vez con sus cinturones puestos, nerviosamente entrelazó su mano con la de Darien, apoyándola en sus piernas, sintiendo ese calor que tanto le hacía falta. Apoyó su cabeza en su hombro y sintió el tacto de su brazo por detrás de su cuello estrechándola hacia él, dándole a entender con ese gesto que ahora estaba a salvo, que en sus brazos siempre estaría protegida.
Se acurrucó contra su pecho y elevó su rostro hasta su mirada.
—¿Cómo supiste en donde encontrarme? —apretó con más fuerza su mano entrelazando sus dedos con los suyos.
Acarició tiernamente su espalda atrayéndola más contra si —por el dispositivo de localizador que tienes en tú móvil —esbozó una pequeña sonrisa —y sobre todo gracias a una señora que estaba en el lavado en los instantes que te llevaron, ella me avisó que había visto algo raro, como tú intentadas gritar sin ser capaz —sus ojos azules mostraban la tranquilidad que hace unas horas no tenía —pero lo importante es que ahora ya estás a mi lado. —bajó un poco su cabeza hasta sus labios rozándolos, saboreándolos con dulzura, con amor, pero sobre todo con temor a que después de que esto todo pasase, Serena volviese a rechazarlo.
La rubia colocó su mano en su pecho interrumpiendo así el beso a pesar de que quería quedar así por siempre —y yo le agradezco porque si no fuese por ella y por ti yo no estaría viva.
—Si tú me faltases yo no viviría, y no solo gracias a esa señora si no a la rápida intervención de los policías —dijo sobre su oído para que el policial que conducía no escuchase.
—Gracias —apretó su mano con fuerza, y se acostó sobre sus piernas sintiendo como este la acariciaba su cabellos enredando sus dedos en sus finos mechones.
Una semana había pasado desde aquel día que su tío había intentado matarla, una semana en donde su mundo estaba cambiando y ahora podría vivir tranquila, en paz porque sabía que Jedaite no la volvería a molestar, durante este tiempo la relación con el pelinegro había mejorado pero aun no le había dado una respuesta adecuada, no obstante cada día se demostraban lo que sentían. Se levantó de la cama y se miró en el espejo pudiendo ver su blanca piel que ahora se veía más brillante que nunca sin ningún golpe más, y sus moratones habían desaparecido a raíz de lo que había ocurrido. Su mirada se veía transparente esperanzada por hoy tener a su pequeña en brazos.
Se colocó una blusa celeste que hacían juego con el color de sus ojos y salió de la recamara hacia el salón en busca del pelinegro, le esbozó una sonrisa y se fueron solos dejando a su hermana sola en casa a cuidado de ojo de águila y ojo de tigre, a pesar que todo estaba ya en calma aún no estaban tranquilos hasta que su tío saliese del hospital y estuviese entre rejas.
Durante todo el camino su nerviosismo se evidenciaba en su rostro, habían recibido una llamada importante de la asistencia social sobre su pequeña, no había querido explicarle mucho y que solo era algo urgente, y con esa respuesta los pensamientos malos habían venido a su mente, ¿Le ocurriría algo malo a su hija? O acaso no podrían recuperarla.
Ese era su peor temor y la gran duda que tenía clavada en su corazón.
Respiró con nerviosismo exhalando todo el aire necesario al ver por la ventanilla del automóvil como estacionaban en frente de la comisaria de policías, en donde la habían citado al lado del pelinegro, se bajaron del auto y con sus manos entrelazadas subieron las escaleras abriendo la puerta de madera pudiendo ver movimiento alrededor de ellos, caminaron a pasos gigantescos hasta recepción, en donde una de las secretarias los acompañó hasta una amplia oficina con paredes de tonos blancos y rosas, les señaló dos sillones y se sentaron allí mientras esperan a la asistencia social.
Sus manos se movían nerviosamente y sus pies parecían tener vida propia sobre el suelo de plaqueta, llevaban esperando tres minutos y no estaba segura si podía seguir esperando más, esta agonía la estaba matando lentamente, luego de un largo tiempo que para ella había parecido una eternidad, una joven de cabellos agua marina entró por la puerta sentándose en su escritorio enfrente a ellos.
—Buenos días — esbozó una sonrisa abriendo unos ficheros, mirándolos detenidamente —los cité aquí para hablar con ustedes de…
No pudo terminar de hablar ya que Serena la interrumpió.
—Dime ¿Qué le pasó a mí hija? Por qué me dijo que era algo urgente.
—Lamento haberlos asustado —esbozó una sonrisa — pero por cuestiones de seguridad tanto suya como de la pequeña no podía decirles por teléfono el motivo que me movió a citarlos de manera tan urgente.
—Se puede explicar por favor —interrumpió el pelinegro con inquietud sin alejar su vista de la mujer.
—Bueno lo que quiero decirles que ustedes dos están cualificados para tener a su hija en brazos y en unas horas será entregada a ambos, después de que firmen los documentos correspondientes.
Estaba feliz al escuchar esa noticia por fin, por fin podría tener a su pequeña en brazos como tanto lo desea, miró hacia Darien y se tiró en sus brazos fundándose en un tierno abrazo, estaba feliz y esa felicidad se podía respirar en el aire, se alejó un poco de él aun con sus brazos enredados en su cuello, y lo besó con toda las fuerzas de su corazón, sentir sus labios era lo que ella tanto deseaba.
—Por fin la vamos a tener amor —saltó de alegría sobre sus brazos, mientras él la garraba con fuerza y comenzaba a darle vueltas en el aire.
—Y yo estoy muy feliz que por fin los tres vayamos a ser una gran familia —la dejó en el suelo y mordió su labio inferior riéndose para luego comerla a besos.
—Basta me haces cosquillas —se rió intentando alejarse de él, pero no porque no quería tenerlo a su lado, sino porque su cuerpo estaba reaccionando de otra manera.
Las horas fueron pasando y la espera se estaba haciendo larga y a la vez desesperante, después de firmar todo los documentos y poner todo en orden, en el cual la niña ya aparecía como su hija, su sueño se hacía realidad su pequeña, su hija ya la tendría en sus brazos. Fijó su vista hacia la puerta en donde un tiempo después de una larga espera Usagi entraba riéndose en los brazos de la asistencia social.
Por fin su sueño se había cumplido.
Por fin podría ser de nuevo feliz.
Se levantó de la silla y salió corriendo hacia su pequeña cogiendo en sus brazos, la abrazó y la besó en cada parte de su rostro, dejando que sus lágrimas cayesen fluidamente de sus ojos azul celeste.
Estaba feliz, jamás había pensado que su sueño se hiciese realidad, tenía miedo que esto todo no fuese real, pero estaba segura que si lo era, el calor en su pecho de las manos de su pequeña se lo confirmaban.
Sintió los brazos del pelinegro rodeándolas a ambas y vio como besaba la coronilla de su hija, estaba segura que él también estaba feliz podía verlo en sus ojos que brillaban con un gran esplendor, viendo como de estos caían lágrimas de felicidad.
Después de un tiempo abrazándose y sintiéndose los padres más felices del mundo se separaron de su pequeña que los miraba extrañados, ya que aún no comprendía lo que estaba sucediendo.
—¿Qué pasa? —inquirió desconcertada mirando los dos rostros de los adultos.
—En casa te explicamos pequeña —besó el rostro de su hija y la abrazó contra su pecho, ahora la protegería con su propia vida, y ni su tío ni nadie le haría daño.
Tras despedirse de la asistencia social y darle las gracias por todo, el camino a casa estaba siendo muy diferente que desde un principio, ahora estaban felices, se sentían dichosos, por fin sería una familia completa, aunque sabían que ellos aún no estaban juntos.
Miró a su hija como reía en el asiento trasero, jugando con el cinturón de seguridad que tenía colocado alrededor de ella, le esbozó una sonrisa y agarró su pequeña manita. Su felicidad no cogía en su pecho, estaba realmente feliz porque lo vas valioso de su alma lo tenía a su lado y jamás se volvería a separar de ella.
Tras dos horas de compras en donde las sonrisas y las risas entre los tres no había pasado desapercibida en cada establecimiento, habían llegado al apartamento, encendieron las luces y caminaron hacia la cocina encontrando una nota sobre la mesa de Mina en donde decía que había salido hacer unas compras para su vestuario, la rubia dejó la nota en el mismo lugar y caminaron por el pasillo hasta que llegaron a la puerta del antiguo despecho del pelinegro, y en el cual había dispuesto una habitación mientras no encontraban un lugar más amplio para que viviesen todos juntos.
Entraron en ella dejando las bolsas de ropa y juguetes sobre una de las camas, se quedó en silencio mirando el lugar, cada vez que entraba quedaba fascinada por el gran trabajo que el pelinegro había realizado.
El despacho ahora parecía que jamás había estado ahí. Las paredes estaban pintadas de un tono violeta y el techo blanco, tenía marcos de fotos de ella y de su hermana colgados encima de los cabezales, dos camas al lado de cada pared y una mesita de noche en el medio de esta con una lámpara en forma de esfera de un color plateado, el suelo estaba cubierto por una moqueta rosa dándole un toque más juvenil. Realmente estaba mucho más hermosa que antes.
Después de mirar todo el lugar embelesada, escuchó la voz del pelinegro y le ayudó abrir unas cajas de cartón grandes, colocando entre ellos las dos barandillas a cada lado de la cama para así proteger a la niña por si a la noche se caía o se lastimaba. Cuando terminaron decidieron ir hacia el salón, a explicarle todo a su pequeña; que ahora eran una familia y que ella era realmente su hija.
Al llegar al salón esbozó una enternecedora sonrisa al igual que el pelinegro, quedando embobados al verla comiendo las galletas que jamás había soltado de sus pequeñas manitas.
Se acercó hacia Usagi cogiéndola entre sus brazos y sentándola en el sofá en el medio de ella y Darien, tragó saliva y la miró a su rostro ¿Cómo explicarle a la niña que ella era su verdadera madre? ¿Estaría feliz? Estaba segura que si ya que esa pequeña le había demostrado en muy poco tiempo el cariño que les tenía.
—Mi amor —acarició su pequeña manita sintiéndose por fin feliz de que ahora ya la tenía a su lado —te tenemos una buena noticia —esbozó una tierna sonrisa acariciando sus cabellos tan negros como la noche.
—¿Qué pasó? —dejó su galleta en el aire mirando hacia los ojos celestes de la rubia.
—Te acuerdas lo que le dijiste una vez a Darien que te gustaría que fuese tu padre —la niña solo asintió —sé que también deseabas que yo fuese tú mamá.
—Sip ese sería mi gran deseo, me encantaría que ustedes fuesen mis padres —la abrazó ensuciándola un poco de chocolate.
—Y tú deseo se cumplió, sé que ahora eras muy pequeña para comprenderlo, pero tú eres nuestra hija.
Los ojos de Usagi brillaron con un gran esplendor.
—De verdad —tartamudeó un poco sin creer lo que sus oídos estaban escuchando —no es una broma.
La miró tiernamente y acarició su cabello con cariño enredando sus dedos en sus finos mechones, estaba tan feliz por este momento, que aún ella creía que todo era un sueño.
Iba a responderle a decirle que no era verdad, que todo era real, pero la voz de su querido pelinegro la había interrumpido.
—Nuestra pequeña princesita todo es real —acarició su otra manita —todo lo que te dijo Serena es verdad, eres nuestra pequeña, la que tanto ansiábamos tener a nuestro lado, cuando seas más grande lo comprenderás, y te explicaremos todo, pero por ahora disfruta estando a nuestro lado, como tú madre no puedo y yo tampoco.
La pelinegra no habló.
—No estás contenta, a partir de ahora podrás llamarme papá y a Serena mamá ¿Dime estás feliz?
Comió el último trozo de galleta y comenzó a llorar tirándose a los brazos de la rubia —estoy feliz, los quiero mamá y papá —miró a sus ojos que estaban cubiertos de lágrimas de felicidad —estoy feliz que sean mis papás, los quiero y jamás quiero separarme de vuestro lado.
La abrazó con fuerza, se sentía inmensamente feliz al escuchar de sus labios por primera vez llamarle mamá, siempre lo había soñado, siempre había esperado ese momento y ahora se hacía realidad, su pequeña había dicho la palabra que esperaba con tanto anhelo desde el día que nació.
No tenía palabras, no había sentimiento más fuerte para una mujer que su hija después de esos años separadas le llamase tan dulcemente mamá, era como un sueño que sabía que era realidad, ese sentimiento no sé podía expresar con palabras, sino con amor, su pequeña, su niña la había hecho inmensamente feliz, esas cuatro palabras hicieron que sintiese que caminaba por las nubes del cielo. La besó, la abrazó y lloró de felicidad, dándole gracias a Dios por cumplirle uno de sus deseos más esperados.
La miró con amor, y acarició su mano clavando sus ojos llenos de lágrimas de felicidad en su pequeño rostro.
—Y nosotros jamás nos separaremos de ti mi amor, ahora que te tengo en mis brazos de nuevo, no dejaré que nadie nos separe mi pequeña.
Ninguno más habló, no era el momento de las palabras, sino que se fundaron en un tierno abrazo en donde todo sobraba, excepto el calor que los tres cuerpos desprendían, ahora serían una familia, tenían por fin lo que tanto anhelaban a su lado y como se lo habían prometido a ella, jamás se separarían de su lado.
Porque ella era su mayor tesoro por el cual había sufrido desde que se la habían arrebatado, y ahora nadie más las volvería a separar.
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Como expresar la felicidad que sentía por dentro, no había palabras, estaba feliz, tenía a su hija a su lado, a su pequeña, a la que nunca vio crecer en el vientre de la rubia, a la que nunca vio dar sus primeros pasos, ni sus primeras palabras, pero ahora no quería pensar en eso, sino en el futuro que le deparara ahora, lo único que le faltaba era tener a su Serena a su lado , que aceptase estar con él, amarse hasta los fines de los días, la quería a su lado y eso era lo que más deseaba, que fuesen una verdadera familia.
Quería protegerla, tenerla por siempre a su lado, lo había pasado mal hace una semana atrás cuando la habían secuestrado, ese día había pensado que la perdería que jamás la volvería a ver, pero gracias a Dios que había llegado a tiempo con los oficiales. Y ahora que todo estaba casi todo resuelto con Jedaite quería ser él quien no dejase que nadie le hiciese daño. Cuidarle día tras noche, defenderla de quien fuese, no dejar que nadie la lastimase. Y para eso se había propuesto hoy recordarle lo que su corazón estaba sintiendo.
Se encontraba sentado sobre el sofá mirando el reloj y como marcaban las ocho de la noche, hoy habían quedar para patinar sobre hielo al aire libre, algo romántico especial y no a lo tradicional de siempre, quería jugar con ella divertirse y correr con sus manos entrelazadas sobre la pista de hielo.
Recostó su cabeza cerrando sus ojos e imaginándoselo todo en su cabeza y una gran sonrisa salió de sus labios, era tan perfecto que no aguantaba hasta que fuese real, siguió en su magnífico mundo hasta que una dulce voz lo interrumpió.
—¿Te quedaste dormido? Te olvidaste de nuestra cita? —colocó sus manos en su cintura fingiendo estar molesta, aunque sabía realmente que estaba descansando.
Abrió sus ojos y se incorporó del sofá quedando fascinado por su belleza.
—Jamás me podría olvidar de ti porque simplemente siempre estás en mi mente —se levantó del sofá y se acercó a ella besándola en la mejilla —te ves realmente hermosa.
Llevaba unos leggins negros de invierno con un polar rosa y con una bufanda enredada en su cuello acompañado de un gorro del mismo color, en sus manos llevaba un plumífero blanco por las bajas temperaturas de fuera, acompañado de unas botas negras.
—Gracias —sonrió mirándolo fijamente —tú también te ves bastante bien.
El pelinegro llevaba algo cómodo para la ocasión acompañado de un chándal completo para hombre, de color azul marino con dos rayas blancas en cada lado de la chaqueta igual que el pantalón teniéndolas a cada lado, con unas zapatillas deportivas blancas con líneas azul marinas.
—No me agradezcas nada, no tienes que hacerlo, eres perfecta y estás hermosa.
Se sonrojó al sentir como sus manos se posaban en su fino rostro —¿Nos vamos se nos hace tarde?
Asintió cogiendo su chaqueta del colgador, y los patines de ambos colocándolos en su espalda dejando a la pequeña al cuidado de Mina. Colocó su mano en las caderas de la rubia y se fueron a pasar la parte de la noche fuera, una noche que ninguno de los dos sabía lo que le podía deparar.
El caminado había sido largo, pero a la vez reconfortante, esta vez habían hablado como una pareja, como dos personas que ya estaban juntas haciendo que su corazón bombeara a mil por ahora. La miró por una vez más después de estacionar y salieron del automóvil, caminaron uno al lado del otro hasta que llegaron al parque milenio de plata en donde disponían una pista de hielo artificial al aire libre, que estaría en ese parque por unas semanas más.
Simplemente quedó maravillado colocando sus manos en sus caderas, las luces azules de navidad en forma de esfera reflejaban la pista de patinaje, los arboles alrededor de ella tenían luces doradas dándole un ambiente más navideño, las vallas de metal que protegían el recinto estaban alumbradas con una iluminación plateada dándole un toque de romanticismo, y al ser de noche todo parecía perfecto para una cita romántica.
Se sentaron en unos bancos que estaban fuera y se colocaron sus respectivos patines, dejando su calzado en una carpa especial que había y se fueron hacia adentro de la pista.
La noche estaba siendo mágica, perfecta, solo a su lado se podía sentir así con esa felicidad que lo embargaba por dentro, ni siquiera sentía el frío de la noche teniéndola a su lado. Agarró su mano y juntos comenzaron a patinar con movimientos lentos, y entre risas la cogió en sus brazos dándole piruetas alrededor de si para luego soltarla, quedando fascinado por su agilidad en la pista, una de sus piernas tocaba el suelo mientras la otra la tenía elevada en el aire, abrió inmensamente su boca al verla saltar y dar una vuelta alrededor de ella quedando intacta sin llevar ningún golpe, emocionado le aplaudió, lo había hecho perfecto simplemente era magnifica, se acercó hacia ella y la volvió a coger de sus manos. Comenzaron de nuevo a patinar ahora con más rapidez que antes hasta que la detuvo y la cogió por las caderas aprisionándola a él, quedando estancados en el medio sin importarles quien los estuviese viendo.
—Esta noche es una de las mejores de mi vida —pegó su frente a la de la rubia —me estás haciendo uno de los hombres más feliz de la tierra con tu compañía, eres simplemente la mujer de mi vida y te amo.
La rubia se sonrojo pasando sus brazos por detrás de su cuello —yo también te amo Darien, siento todo por lo que tuviste que pasar por mi rechazo —respiró su aliento sintiendo que en cualquier momento se desmayaría.
—Olvídate de todo ahora somos y seremos felices —la pegó más a él —cásate conmigo Serena.
—¿No crees que primero deberíamos ser novios? —se rió acariciando con una de sus manos sus finos cabellos.
—Ya lo fuimos una vez ¿No? —tocó el puente de su nariz —creo que ahora que tenemos una hermosa hija ya pasamos esa fase y podemos dar el siguiente paso ¿No estás de acuerdo?
Estaba impaciente quería saber su respuesta, la miró a sus ojos esperándola, hasta que unos labios lo aprisionaron, al principio se sorprendió, hasta que reaccionó dejándole paso al sabor de ella, abrió su boca y dejó que su legua jugase aun baile de danza con la de la mujer que tanto había esperado, saboreó su sabor, recorrió cada parte de su cavidad bucal, la apretó más a él para así profundizar más ese beso que tanto esperaba, y que estaba vez era diferente a las otras veces, este reflejaba el amor que ambos sentían. Siguió con su labor, sin separarse de ella. Chasqueó los dedos y unos hermosos fuegos artificiales comenzaron a sentirse, lentamente se separó de Serena y la puso espaldas a él pasando sus manos por sus caderas, mirando hacia el cielo.
Los fuegos de colores eran simplemente hermosos, tenían formas de corazones, estrellas y de esferas, dándole un toque más hermoso al cielo que brillaba con un gran esplendor.
—Este regalo es para ti —apuntó al cielo —fíjate en las letras que saldrán dentro de poco.
La rubia abrió inmensamente los ojos cuando el cielo se llenó de unas letras bien hermosas que ponían; "cásate conmigo" —¿Cómo .. pero cómo? Cuando planeaste todo esto —tartamudeó sin creer aun lo que estaba viendo, le había pedido dos veces que se casase con ella.
—Hoy en la tarde —la volteó hacia él pasando sus manos por sus bien formadas caderas —cuando te dije que iba hablar con un amigo estaba haciendo esto —clavó sus ojos en los de ellas —aún no me diste una respuesta ¿Quieres casarte conmigo?
—Claro que si —alzó la voz emocionada, siendo elevada en el aire —te amo.
Era el mejor día de su vida.
Por fin la tendría en su lado.
Se acercó a ella y la besó con dulzura, con amor, con ese beso sabía que ella también estaba feliz por unir su vida junto a él, por fin podrían ser felices y ahora más que nunca no se alejaría de su lado, después de ese beso, escucharon los aplausos de la gente y se abrazaron fundándose en otro beso, sin importar las miradas, solo importaban ellos dos, porque simplemente estaban felices y querían demostrárselo al mundo.
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Las estrellas de la noche iluminaban a dos novios en el césped del parque star figter, se estaban amando como la primera vez que lo habían hecho, esta vez sin ataduras, sin miedos. Besó cada parte de su cuerpo, pasó su lengua por el lóbulo de su oreja, y la miró a su cuerpo desnudo, simplemente estaba perfecta, a su mente vinieron los recuerdos de sus peleas, el odio que ella le tenía a su familia y también a él.
Piñizcó su pezón y la volvió a besar con pasión moviéndose con más rapidez y derramando de nuevo su semilla en su interior, se acostó a su lado aprisionándola contra su cuerpo. Tapándose los dos con el mantel de cuadros que habían traído hace dos horas para su pinic a la luz de la luna.
—Te amo Haruka —besó su cuello, y acarició sus caderas por encima del mantel, teniendo ganas de volver a tocar su piel.
—Umm, yo también Seiya. Te amo tanto que aquella vez en la caseta tuve miedo a perderte.
La abrazó más contra sí.
—Yo también lo pasé mal, pensé que te perdía, que no iba volver a verte, y ahora te tengo aquí en mis brazos, desnudos y solo cubiertos con un mantel, eres lo que deseo Haru.
—Tú también eres lo que deseo, no vuelvas hacer una locura como esa ¿Dime por qué lo hiciste? ¿Por qué volviste entre las llamas y me dejaste a mí fuera?
Se quedó callando unos segundos recordando lo que había pasado, besó a su novia y le contó lo que aún tenía guardado en su corazón.
—No podía perder el único recuerdo que me quedaba de mi abuelo —la rubia lo miró sin entender —unos meses antes de morir me regalo un reloj de oro en el cual me dijo guárdalo con amor en esa cabaña, en ese lugar secreto que solo sabemos tu y yo, porque estoy seguro que si lo dejas en tu casa pronto desaparecerá.
—Seguro se refería al imbécil de tu padre, tu abuelo si era sabio y sabía ver la maldad en ese hombre.
—Tienes razón aunque yo la vi bastante tarde —agarró su mano suspirando hacia el cielo sintiéndose un tonto.
—No digas eso —si fuese antes de todo lo que había pasado entre ellos le llamaría más que tonto pero ahora todo era diferente. —eso ahora ya no importa lo único importante es que te diste cuenta, y ahora puedes ser realmente feliz.
—Y mi felicidad será a tu lado, sabes cuándo te dejé fuera sentía miedo por lo que hubiese podido pasar, pero nunca me dijiste quien te salvó de las manos de mi padre.
La rubia lo miró y lo besó nunca estuvo segura si realmente se había preocupado, pero ahora mismo lo había hecho. Siempre se preocupó por ella.
—Unos cazadores que había por el camino y gracias a ellos tengo que agradecerles mi vida y encontrarte a ti, pero ahora no quiero hablar de eso, quiero que me vuelvas amar, hacerme tuya como hace un rato.
Esas palabras habían sido música para sus oídos, se volvió a colocar encima de ella y la beso, la amó. Se amaron como si no hubiese mañana.
Ahora podían ser felices y juntos sabían que lo podían lograr, ya no importaba el pasado, sino el presente y el futuro que les deparara.
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Llevaron al apartamento abrazados, besándose, amándose sin medidas, los besos recorrían hasta el cuello de la rubia mientras ella tenía sus brazos detrás de las espaldas de Darien, el fuego se podía percibir en ambas miradas y el calor de sus cuerpos a estar rozándose entre sí.
La temperatura se hacía palpitar en el ambiente, el fuego ardía entre ellos, el amor palpitaba en sus corazones, querían entregarse sin medidas, sin discusiones absurdas. El pelinegro sin articular una palabra la cogió entre sus brazos y la llevó hacia su habitación.
Una vez que entraron la acostó delicadamente en su cama acostándose despacio sobre ella, besó su cuello, pasó sus manos suavemente por sus caderas subiendo cada vez más arriba delineando parte de su cuerpo, lentamente llegó a sus pechos y los acarició por encima del braiser, deseaba poder sacárselo y poder palpar carne con carne sentirlos libremente sobre sus grandes manos.
—Te deseo —bajó su cabeza hasta su ombligo y le plantó un sensual beso pasándole su lengua por el, hasta que sus manos cobraron más vida sacándole el polar rosa que la cubría.
Quedó quieto, embelesado, su Serena, su mujer, la tenía a su lado, en su cama, se bajó hasta su altura y deslizó un tirante besando su hombro, dándole pequeñas caricias con el puente de la nariz, pasó sus manos por detrás de sus espaldas y sintió como ella se elevaba dejándole más espacio para hacer su labor.
Una vez que se los sacó quedó más fascinado que en el principio, sus pechos eran perfectos, ella simplemente era perfecta. Pasó una de sus manos por su pecho y piñizcó un pezón con sus dedos, mientras que jugaba con el otro, mordiéndolo, lambiéndolo embriagándose del sabor de su piel.
Con sus perfectas manos bajó hasta sus piernas, la deseaba, en sus ojos se podía ver ese deseo que ardía como un fuego en donde todo se destruía, le sacó su calzado y sus leggins tirándolos a cualquier lugar de la habitación. La besó y pudo ver en su mirada que ella estaba tan caliente como él.
Se deslizó hacia su tanga y escuchó un gemido que había sido su detonante, apartó la tela hacia un lado e introdujo dos dedos, estimulando, acariciando sus paredes, preparándola de nuevo para él, y lo que más le gustaba era como la hacía sentir, como cerraba sus ojos, como gritaba su nombre suplicándole que terminase con esta tortura.
—Da..Darien por favor —gimió con fuerza —me estas matando de placer.
—No quiero matarte amor —siguió moviendo con rapidez sus dedos dentro de ella —pero si quiero darte placer.
Siguió estimulándola mojándose de ese líquido que recorría sus dedos, estaba preparada para él y pudo ver en la mirada de la rubia como pedía que la hiciese suya, que no siguiese torturándola.
Pero él no escuchaba seguía dándole placer al cuerpo de su prometida, besándola, jugueteando con sus pezones.
La rubia estaba que no podía más su cuerpo lo pedía a él, gritaba por tenerlo dentro de ella, haciéndola suya uniéndose en un solo cuerpo, sentir como piel contra piel ardían amándose, quería amarlo, besarlo hasta dejarlo sin aire.
Pasó sus manos por sus espaldas y le pidió un beso que él no se resistió, y la besó con pasión mordiendo su labio inferior, mientras pasada sus dedos de nuevo por la intimidad de ella escuchando un gemido saliendo de sus ya hinchados labios.
El pelinegro se desnudó completamente dejando que así sus pieles desnudas rozasen una con la otra, sintió como ella con sus dedos acariciaba sus pectorales, llegando hacia su gran erección, se la acarició, se la movió con lentitud, y eso para él había sido como una fuerte explosión, besó su mano y se la sacó, no podría aguantar más, la quería dentro de él, quería amarla, quería que esta noche fuese perfecta.
Besó sus labios y abrió uno de los cajones cogiendo un pequeño envoltorio y rompiéndolo con sus dientes para después cubrir su erección con el preservativo.
Volvió acariciarla y le abrió sus piernas poniéndose en el medio de ellas y se introdujo de una sola estocada, sintiendo que en cualquier momento desfallecería, simplemente esta sensación era maravillosa, estar dentro de ella era tan especial como estar siempre con la rubia a su lado. Volvió a besarla y acarició sus pechos moviéndose lentamente dejando que sus cuerpos se volviesen acostumbrar al otro.
Serena sentía que viajaba entre las estrellas, esta sensación era inexplicable era sencillamente perfecta, tenerlo dentro de ella era maravilloso, deseaba sentirlo, sentir como sus cuerpos se fundaban más, sin importar nada más que este momento que estaba siendo uno de los mejores días de su vida.
Volvieron a besarse, se acariciaron cada parte de sus cuerpos con amor, pasión, estaban sudando, pero eso no importada, la rubia clavó sus uñas en las espaldas del pelinegro mientras los movimientos de él cada vez eran más rápidos, los dos estaban viendo las estrellas juntos, subiendo hacia cielo.
Los gemidos se escuchaban en la habitación, sus cuerpos se movían como si no hubiese un mañana y ambos sentían que este momento estaría siempre en sus recuerdos.
—Serena…. Te amo.
—Y yo a ti —gimió con fuerza al sentir esa sensación maravillosa en ella —esto es perfecto.
—Solo contigo es perfecto.
Las sensaciones de sus cuerpos explotaron como una fuerte explosión, juntos habían llegado al climax, habían hecho lo que tanto deseaba, pero lo importante es que se amaban y ahora eran uno solo.
El pelinegro la besó y se separó de ella sacando el preservativo, se levantó de la cama y caminó hacia el lavado tirándolo en el cubo. Cuando terminó miró a la rubia simplemente tapada con las sábanas blancas, se veía realmente como una diosa, se acercó hacia ella y se volvió acostar atrayéndola a su sudoroso cuerpo.
—Fue sencillamente maravilloso —acarició los pectorales del moreno.
—Fue maravilloso porque fue contigo —la besó dulcemente en sus aún hinchados labios —tengo algo para ti —se separó un poco de ella y abrió el primero cajón de la mesita de noche cogiendo una cajita cuadrada de terciopelo entre sus manos —¿Sabes? No hemos hecho las cosas de todo bien —la rubia lo miró sin entender —Nos faltó el regalo —agarró una de sus manos y clavó su mirada en la de ella —sé que con un regalo no digo cuanto te amo, sino con las palabras que salen del corazón, pero quiero dártelo y volver a pedírtelo por tercera vez ¿Si quieres unir tú vida a la mía?
La rubia se sonrojó y a la vez se rió, era la tercera vez que se lo pedía, pero eso ya no importaba.
—Ya sabes mi respuesta —sonrió y lo abrazó separándose de él para clavar su mirada en sus facciones —claro que quiero casarme contigo, quiero ser feliz a tú lado.
El pelinegro la besó volviendo a sentir el dulce sabor de sus labios, y sin quererlo se separó de ella abriendo la caja de terciopelo, agarró la suave mano de su prometida. Acarició suavemente su dedo y se lo colocó con delicadez para luego darle un beso sobre el.
Serena quedó maravillada por el hermoso anillo de oro blanco con un fino diamante incrustado en el, era simplemente hermoso, esbozó una gran sonrisa y se tiró a los brazos de Darien cayendo instintivamente de nuevo sobre la cama.
Volvieron amarse otra vez, sin medidas, con cada movimiento se decían cuanto se amaban, con cada beso se demostraban lo que no se decía con las palabras.
Al llevar al climax se separó de ella acostándose a su lado y abrazándola con delicadeza por debajo de sus senos. Con sus labios le dio un tierno beso en sus hombros desnudos y ambos agotados quedaron a dormir en un profundo sueño, esperando al mañana y juntos dar la gran noticia de su futuro matrimonio.
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Se removió entre los brazos del pelinegro al escuchar el sonido del timbre del apartamento, maldijo mentalmente a la persona que les estuviese timbrando a las nueve de la mañana, volvió a ponerse la ropa de ayer y salió por el pasillo hasta llegar a la puerta de la entrada, dio un largo suspiró y la abrió quedando paralizada en el umbral.
—¿Qué haces tú aquí?
Continuara…
Buenas tardes mis queridos lectores he vuelto aparecer sé que muchos van querer matarme y los comprendo no tengo perdón por estar tanto tiempo sin actualizar, pero la razón es que tuve un pequeño bajón con la historia y no me salía nada, me frustraba, después no tuve tiempo, y también ahora comencé a escribir en otro foro, escribo en el de Inuyasha, tengo dos historias, en una me gustaría pedirles un favor estoy participando en un concurso al que me invitaron y me gustaría que me dejasen un rr se llama : Mi deseo eres tú. Y después tengo; solamente tú que solo tienen un capítulo por ahora, no abandonaré ninguna historia me repartiré. Siento mucho por el retraso pero creo que el muso quiso volver aunque me costó mucho retomarla, muchas gracias por la paciencia los quiero mucho y lo siento. ¿Me perdonan?
Muchas gracias por leer mi historia y por sus reviews que son mi motor a seguir y los que me animan a seguir escribiendo.
¿Qué les pareció el capítulo?
¿Les gustó el lemmon?
¿Quién será quien timbró?
En el siguiente veremos las sugerencias en Facebook de lo que me pidieron que le ocurriese a Jedaite jej.
Si ven algún fallo en el que tenga que mejorar por favor avisarme. Gracias
Me gustaría consultarles algo estaba pensando en ampliar mi nombre por naiara moon Taishô pero por ahora no puedo hacerlo pero que les parecería ¿les gustaría? Me gustaría saber vuestra opinión. Si los gusta lo dejaré tal cual. La mayoría de votos gana.
Quiero anunciarles que cambié mi nombre en el Facebook ahora soy Kagome Moon Chiba de Taishô solo cambié el nombre mis hermosos fans, el face es el mismo de antes , si desean pueden agregarme a el, encontrar fotos y adelantos.
Los comentarios a los que tienen cuenta ya los respondí por privado a los que no tienen lo haré por aquí.
Usagi de chiba: Hola amiga muchas gracias por tú comentario, al final fue Jedaite quien se la llevó, espero te guste. Besos y abrazos.
Coenji: Hola nena muchas gracias por tú comentario, al final no le pasó nada gracias a la rápida intervención. Besos y abrazos.
pollo17: Hola amiga muchas gracias por tú comentario y que te gusten mis historias me haces muy feliz, y me alegro de que seamos amigas por face besos y abrazos.
Goshy: Hola amiga muchas gracias por tú comentario, al final Seiya y Haruka son felices, y Serena por fin le dio esa oportunidad a Darien, pronto veremos qué sucederá con Mina y Yaten, espero te haya gustado el capítulo. Besos y abrazos.
M: Hola nena bienvenida a mi historia, muchas gracias por tú comentario, al final fue Jedaite quien la llevó de Mina y Yaten sabremos en el siguiente, y Seiya y Haruka ya son felices igual que Serena y Darien y ahora ya tienen a su pequeña. Espero te guste este nuevo capítulo. Besos y abrazos.
Marsromina:Hola amiga muchas gracias por tú comentario, al final rescataron a Serena y Jedaite las pagará. Un beso grande.
Ruth Serrano: Hola nena bienvenida a mi historia, muchas gracias por tú comentario, al final Serena le dio una oportunidad a Darien y ahora ya son por fin felices, y al final Darien y los policiales llegaron a tiempo. Siento mucho el retraso. Besos y abrazos.
LITA KINO: Hola nena muchas gracias por tú comentario, siento mucho el retraso, espero te guste el nuevo capítulo que estes bien. Besos y abrazos.
Muchas gracias por sus comentarios. Se les quiere.
Besos y abrazos.
Que tengan una hermosa semana y fin de semana.
