Si el anterior les gustó, esperen a leer este. Es DECISIVO en la historia.
CAPITULO 25: Reviviendo sentimientos. Reviviendo emociones.
¿Dónde se encontraba…? ¿Qué era lo que estaba viendo en esos momentos…? Oscuridad, pequeños reflejos de luz perdidos inmersos en el vacío.
No podía sentir su cuerpo, se sentía como flotando en la inmensidad del universo, como si la gravedad no existiera.
De pronto, entre la oscuridad, una pequeña mano se abría paso.
Pálida y frágil, era como si de aquel extraño espacio comenzara a aparecer una persona. Poco a poco comenzó a distinguirla; era ella misma.
Era una niña pequeña, más que ella, de aspecto triste y cansado. Su piel era blanca, tanto que parecía un pequeño cadáver sin vida.
Sus oscuros ojos la miraban fijo mientras se acercaba lentamente a ella, tendiéndole la mano.
Sakura tendió su mano por inercia y tomó la de la pequeña. La niña comenzó a caminar, como si la dirigiera a algún lugar… y Sakura simplemente la seguía, sin comprender qué era lo que sucedía.
De repente ya no estaban en aquel lugar oscuro y extraño… estaban en una habitación.
El lugar se veía algo borroso al principio, pero luego fue aclarándose de a poco y pudo reconocerlo… era su casa.
La niña había desaparecido, pero Sakura seguía ahí.
Miró a su alrededor, buscando respuestas un tanto confundida. Su mirada no encontró nada, pero se detuvo cuando pudo distinguir un bulto a lo lejos y un pequeño rayo de luz iluminándolo.
Miró por la ventana y la luna era tan redonda como aquella noche.
El corazón comenzó a palpitarle tan rápido que parecía que iba a salir corriendo en cualquier momento. Todos los vellos de su cuerpo se erizaron, y la piel le palideció tanto que ahora el cadáver parecía ella.
…Tenía miedo, porque reconocía el escenario tan bien que parecía estar viviendo nuevamente la pesadilla.
–Por favor, no… –balbuceó con la voz quebradiza mientras temblaba.
Decidió acercarse al bulto, caminando con precaución y temor.
Cuando ya estaba a unos centímetros de distancia, sus piernas se detuvieron. El cuerpo no le respondía, y su cerebro estaba totalmente parado. Nada en ella trabajaba, sólo sus lágrimas se deslizaban por su delicado rostro hasta disolverse en el suelo.
Lágrimas de terror al ver allí tirados a sus padres, con sus cuerpos sin vida.
Sangre por doquier y terror, simplemente terror.
Sakura cayó arrodillada frente a ellos, y sus manos se desplomaron contra el suelo.
–Mamá… –susurró observando el rostro de su madre, sin expresión alguna– papa… –volvió a musitar– ¿Por qué? ¿ ¡Por qué! ? –comenzó a cuestionar, gritando enfurecida y golpeando sus manos contra el suelo.
El llanto se hizo cada vez más fuerte, hasta que una voz la detuvo.
–Hermana… –la llamó alguien.
Sakura se puso de pie y corrió a ella, a donde había escuchado la voz.
Estaba en un rincón oscuro, un poco más lejos de sus padres. Su aspecto era… deplorable. Tosía sangre, sus ojos estaban hinchados, y su mano estaba sosteniendo su estomago apuñalado…
Su ropa estaba rasgada y sucia, y tenía heridas múltiples en todo el cuerpo… Había luchado, pero no había logrado vencerlo.
Se encontraba sentada contra la pared, esperando la muerte.
Cuando Sakura se acercó a ella, Takako le sonrió. La sangre que la cubría de manera macabra contrarrestaba con su gentil rostro y expresión.
Sakura se arrodilló frente a ella y tomó desesperada sus manos, pero Takako ya no tenía fuerzas para devolverle el agarre. Sus dedos estaban tan débiles que se desvanecían en el puño de su hermanita.
–Takako, no mueras por favor –le pidió Sakura con el rostro mojado.
La joven volvió a sonreír, y con las últimas fuerzas que le quedaban dirigió su mano al rostro de su hermanita y lo acarició dulcemente.
–No te preocupes por mí, pequeña hermana… estaré bien, con mamá y papá… –le respondió en una cálida voz.
Sakura sacudió la cabeza, negando el hecho. Se encontraba tan confundida.
Estaba viviendo los hechos de la exacta misma manera, con tanta precisión que parecía real y había olvidado que en realidad ya tenía doce años, que ya había pasado por eso.
Todo parecía tan real…
–Takako, ¿quién lo hizo? –le preguntó ansiosa, temblando.
Un pequeño silencio se hizo presente, y Takako desfiguró su sonrisa en una expresión triste. Corrió su dulce mirada al costado, intentando evadir la respuesta.
–¡Takako! –insistió Sakura, sacudiendo sus hombros.
–Fue Itachi –respondió secamente Takako en un suspiro, y luego sus ojos se cerraron por siempre.
Las pupilas de Sakura se contrajeron y sus ojos se abrieron como platos ante lo escuchado.
Se levantó, observando el cuerpo inmóvil y frio de su hermana.
No podía dejar de temblar mientras los rostros de su familia mutilada y ensangrentada pasaban por su mente todo el tiempo… y luego el rostro de su hermano. Su maldito hermano.
–No pudiste hacer nada para salvarlos –oyó decir a alguien detrás suyo.
Se dio vuelta, aún con lágrimas en los ojos, y vio a la misma niñita que la había llevado ahí.
–Eres débil –le volvió a decir.
Sakura sacudía la cabeza y apretujaba sus dedos contra su frente, intentando despertar de la pesadilla.
–Eres una inútil, no tienes poder, no tienes nada –dijo nuevamente, con una sonrisa morbosa terrorífica, como si su única función allí fuera atormentarla.
Su cuello comenzó a arderle y cerró sus ojos instintivamente, implorando que se detuviera, que todo volviera a la normalidad.
Cuando los abrió nuevamente la niña ya no estaba. Aquella Sakura pequeña había desaparecido, y todo lo que se veía era la oscuridad, como al principio.
El dolor se incrementaba, y ahora lo que sentía era calor recorrerle las venas como si le hubiesen inyectado un potente veneno que la estaba destruyendo rápidamente.
"Puedo moverme a la velocidad del sonido. Eso es algo que me enseñó Orochimaru", oyó de una voz desconocida.
Luego el grito de su amigo la sacó de lugar.
–¡Sasuke! –gritó, sin obtener respuesta alguna.
Luego un haz de luz enorme la dejó ciega… y ya no tenía conciencia de sí misma.
Se levantó por instinto, se sentía llena, satisfecha. Algo nuevo había ingresado dentro de ella, y comenzaba a gustarle.
Se sentía capaz de hacer cualquier cosa que deseara; derrotar a cualquiera que se interpusiera en su camino.
Sasuke estaba allí, tirado en el suelo… y ella lo vio.
¿Por qué estaba allí? ¿Quién era ese tipo que estaba por pisarle la cabeza?
La ira le recorrió cada centímetro del cuerpo con una velocidad increíble, como si un virus se propagara en ella.
Sentimientos de rencor, maldad. Era eso lo que sentía dentro de ella misma. Y de alguna retorcida manera eso le gustaba.
…Deseos de venganza.
…Instinto asesino.
Quería matar, matar sin duda alguna.
Ni siquiera lo pensó dos veces; corrió velozmente a Sasuke y pateó al enemigo con una fuerza increíble.
–Dime, Sasuke… –le pidió, en un tono de voz diferente al común en ella. Era tan… seco, áspero…–¿Éste intenta asesinarte?
Él no respondió. Sólo la miraba, totalmente shockeado de lo que estaba viendo. Las manchas en su piel y ese chakra tan poderoso y morboso que la rodeaba, todo era tan tenebroso incluso para él.
Nunca creyó que podría entender lo que su antigua compañera había sentido al verlo, ni tampoco cómo ni con qué forma lo había contemplado aquella vez.
Nunca fue capaz de sentir ese miedo extraño en su pecho, ese miedo que de alguna forma le decía que había perdido a una amiga… Porque aunque estuviera viva ya no era ella.
–Sakura… –susurró, mirándola a los ojos.
…Sus ojos nunca se habían visto tan oscuros.
–Con que era cierto que tenías el sello –le dijo Ruzika observándola–. De todas formas tendré que asesinarte igual. Son órdenes de Orochimaru –le comunicó, un tanto arrogante–. No te preocupes, también mataré a tu amiguito para que estén juntos del otro lado.
Sakura lo miró fijamente a los ojos, sin parpadear.
¿Ese idiota osaba herir a Sasuke? ¿Frente a ella? Entonces tendría él el honor de ser el primero.
En él probaría eso que comenzaba a recorrer en su sangre; él sería su conejillo de indias.
Desapareció de la vista de Sasuke y reapareció detrás de Ruzika. Apenas lo tocó con un dedo y lo hizo volar veinte metros más lejos.
Luego comenzó a caminar lentamente hacia él, que ya no se movía. Apenas vivía, y tosía sangre también.
Sakura no apartaba la mirada de él, como si nada más existiera. El tipo ya no podía ni levantarse, pero ella quería terminar el trabajo de todas formas.
La misericordia no estaba dentro de su lenguaje en esos momentos.
Sasuke la observaba sin decir nada, con la boca semiabierta mientras ella se dirigía hacia aquel ninja del sonido.
Intentaba ver a la Sakura normal en ella, pero no podía. Le era imposible ver más que… que un monstruo en ella.
Parecía un verdadero demonio, y eso simplemente… lo aterrorizaba.
Sabía la oscuridad que traía consigo el sello, sabía los deseos sádicos que proporcionaba… pero realmente nunca lo había visto en un amigo, o al menos no en alguien que le importara de verdad.
No había visto a nadie que él quisiera enterrado en eso por primera vez, descubriendo esas necesidades extrahumanas de conseguir más poder y asesinar para sentirse lleno.
Era demasiado, demasiado doloroso para verlo en alguien como Sakura.
Si no la detenía… ¿Qué pasaría? ¿Sería ella capaz de detenerse a sí misma?
No, definitivamente no. Ella estaba totalmente perdida dentro de sí misma. No era ella, era el sello lo que la hacía actuar así.
Si la dejaba seguir, si se quedaba cruzado de brazos… probablemente luego no sería capaz de hacerla recapacitar. Quizás luego sería demasiado tarde para hacerla volver en sí, y quitarle la oscuridad.
Se puso de pie y corrió hacia ella mientras la veía caminar segura hacia su presa. El tiempo parecía alentarse, pues creía que nunca llegaría hasta ella.
Cuando la alcanzó hizo lo único que se le cruzó por la cabeza poder hacer en esos momentos… la abrazó.
La atrajo hacia él, desde la espalda, intentando contenerla.
–Déjalo, déjalo ya… –le susurró al oído.
Sakura se quedó inmóvil, paralizada un segundo, y luego su corazón comenzó a palpitar fuertemente, como si luchara por recobrar la razón pero al mismo tiempo el sello se lo impidiera a gritos.
Comenzó a forcejear de los brazos de Sasuke, intentando golpearlo y al mismo tiempo protegerlo. Ella estaba luchando consigo misma para volver a ser quien era.
Sasuke no podía seguir sosteniéndola y sólo siguió su instinto.
La soltó por un segundo y dirigió sus manos directo a su rostro.
Colocó sus dedos en ambos lados de su cara, y la atrajo a la suya con rapidez.
…La besó.
Unió sus labios con los de ella, y simplemente cerró sus ojos. Los de Sakura permanecían abiertos, inmóviles mientras él saboreaba la suavidad de sus delicados y pequeños labios.
Él no podía creer lo que acababa de hacer, e ignorando que cada parte de su cuerpo le decía que lo que estaba haciendo no era correcto, la siguió besando y no la soltó.
Quería que eso terminara, que el sello retrocediera y que las manchas en su piel desaparecieran. No le importaba que él fuera un hombre en su cabeza, que ella fuera una niña apenas. Sabía que era la única forma de hacerla retroceder.
Mientras la seguía besando podía recordar a Sakura Haruno haciendo lo mismo con él, abrazándolo en medio del bosque para detenerlo, llorando en su espalda y apretujándolo contra su cuerpo.
Sólo había bastado sentir el simple tacto de su delicada piel en su espalda para hacerlo detenerse.
Sólo percibir sus delgados brazos rodear su abdomen sin miedo para no seguir.
Sólo ver su mirada de desesperación y lágrimas de desconsuelo caer sobre su hombro para parar.
Comenzaba a darse cuenta de lo que había pasado Sakura Haruno, de lo que había tenido que vivir en su adolescencia…. por su culpa.
…Y comenzaba a darse cuenta de lo estúpido y lo ciego que había sido todo este tiempo.
¿Por qué demonios no había podido ver la claridad en aquel entonces? ¿Realmente tenía que convertirse en un Haruno para poder entender el sufrimiento y cuanto de verdad lo amaba su compañera?
¿Por qué no pudo darse cuenta desde ese maldito momento, desde que retrocedió solo por ella en el bosque? ¿Por qué no pudo… corresponderle en aquel entonces?
Todo era tan obvio ahora.
Era tan evidente… todos los momentos, todos los recuerdos que tenía de Sakura ayudándolo, preocupándose por él, esperándolo en el hospital a que despertara, despidiéndose de él sin consuelo en la salida de Konoha… todos pasaban ahora por su mente como un refusilo, y en cada uno de esos momentos estaba él… intentando enterrar en su corazón cualquier sentimiento hacia ella, cualquier cosa que lo hiciera débil y le impidiera vengarse.
Ignorándola, fingiendo indiferencia ante cosas que le molestaban o que le gustaban. Convenciéndose a sí mismo de que nada de esas tonterías como el amor le interesaban. Todo… por una venganza.
Estaba tan encerrado en su propio mundo que no dejaba entrar a nadie en él, o al menos no totalmente.
Todo sentimiento, toda emoción… todo eso fue escondido con una llave, en lo profundo de su ser.
Separó sus labios de los de Sakura Uchiha y la miró a los ojos, sin dejar de sostener su rostro. Ella respiraba temblante, con la mirada un tanto perdida y confundida, correspondiéndole los ojos abiertos como platos, sin parpadear.
Él esbozó una sonrisa pequeña de satisfacción, observando los ojos negros que la separaban de ser físicamente idéntica a la Sakura real, a su Sakura.
–He sido tan ciego –le dijo, como si acabara de descubrir algo sorprendente–. Todo este tiempo no lo vi, no quise verlo ni admitirlo… pero yo realmente la quiero, siempre la quise –finalizó, dejando aun más confundida a Sakura.
Sasuke la observó fruncir el ceño, y luego siguió hablando, pero esta vez más calmado… en casi un susurro.
–Yo amo a Sakura Haruno –le dijo, simplemente… y luego ella cerró sus ojos y se desvaneció rendida en sus brazos.
