Pov Kuroo

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A la luz de los años, lo considero como uno de mis últimos intentos. Aunque pensándolo bien, todos esos meses podían catalogarse de esa forma.

Todos y cada uno de mis encuentros con él, eran un acercamiento desesperado.

Pero el dolor del rechazo, se estaba haciendo realmente insoportable. Difícil de digerir.

Por aquellos días, estaba a punto de renunciar por enésima vez.

Era fácil pensarlo. Claro, renunciaría. Buscaría otros objetivos, cambiaría de perspectiva.

Me ponía de pie, con la espalda erguida y nadie podía detener mis decisiones. Lo olvidaría. Así de sencillo. Sería muy fácil.

Sería...

Claro. Luego me sentaba. Y lloraba. Lloraba por lo que nunca había tenido. Y lloraba más por lo que no tendría.

Tenía una congoja espantosa cuando pensaba en que jamás, siquiera una vez, yo podría besarle.

Y entonces, solía deprimirme.

Me escondía. Trataba de no verle por los pasillos de la Universidad, aunque terminaba espiándolo de todas formas.

Como diría lentes...era tan patético.

Yo sabía que podía ser cansador.

Incluso demasiado molesto.

Pero en verdad...en verdad quería una, tan sólo una oportunidad para demostrar, que tanto le amaba, que tanto estaba dispuesto hacer por él.

Pero... Nada servía.

Una semana antes, había decidido quedarme en casa.

No había aparecido por la Universidad. Y pensaba seriamente en dejarlo todo.

...

No sé cuántos días había dormido...y no sabía que día era hasta que una mañana desperté y el celular me anunciaba la fecha.

Ya era 27 de septiembre.

Eran cerca de las 11. Lo recuerdo bien.

Me levanté y bañe.

Afeite mi barba de varios días, para descubrir los restos de un hombre que no podía encontrar la felicidad. Bien patético.

Tuve que reír al ver mi billetera. Sólo unos pocos yenes.

No veía la hora de graduarme y empezar a trabajar.

Mi mamá me ayudaba mucho...pero a veces no alcanzaba. Y a decir verdad...no tenía ganas de tener un empleo de medio tiempo. No tenía ganas de nada. Realmente patético diría Tsukki.

Bueno, que más daba. Gastaría esos yenes en él. Tal vez en mi último intento desesperado de verle siquiera sonreír.

Aunque eso, si era difícil.

...

No recordaba que saliera tan caro. O yo no tenía problemas monetarios en mi adolescencia o vendían algo de muy mala calidad en la cafetería de la escuela.

¿Por qué no hacía uno? Porque salía bastante más hacerlo, y la preparación me llevaba un buen rato. No tenía dinero ni tiempo.

Solamente una rebanada de aquel pastel de fresas que a él le encantaba podía salir ¥350 o ¥1000... Realmente un asalto a mi sistema financiero.

-¿Cuál es la diferencia?

La dependiente, una señora de mediana edad me sonrió y hablo- bueno, la de ¥350 (yenes) está preparado con fresas que han pasado por días de refrigeración. En cambio el de ¥1000 (yenes) ha sido preparado con fresas frescas.

-¿Que tan frescas?

-Son del día de hoy. Las han cosechado en la madrugada. ¿Quiere probar?

Negué. Se veía muchísimo más apetitoso que el otro.

Abrí mi billetera una vez más, intentando creer que por alguna extraña razón el dinero se hubiese multiplicado.

No. Sólo ¥900 (yenes) ni más ni menos.

-Sólo tengo 900 yenes -susurre.

-¿Quiere llevar el de 350 joven? Podría llevar dos rebanadas.

-No. -le sonreí- no merece que le lleve ese. Merece el otro. Merece sólo mejor.

La señora abrió sus ojos y asintió en silencio.

-¿Para su novia?

-¿Eh? No más bien...para el que quiero que sea mi novio. Pero ¿Sabe? Es tan obstinado, no quiere darme una oportunidad.- dije riendo guardando de nuevo la billetera- disculpe, a muchos no les agrada saber eso. -

Aunque no fuéramos nada. Yo no negaba a Tsukki. Siempre era él. Un hombre.

La señora volvió a asentir, su rostro no tenía expresión. Bueno no podía culparla.

-Bueno, si es para un caso así de especial...podría hacer una excepción. - comentó tomando una caja color celeste- ¿Es algo tan especial?

- Es su cumpleaños. Y ese es su pastel favorito.

-Con eso es suficiente. Pero con una condición.

-¿Cuál?

-Que luego pases a decirme que tal te fue.

Volví a sentir esa congoja conocida. ¿Cómo me iba a ir? Si me dejaba pasar siquiera a su departamento, eso sería ya la gloria. Pero conociéndolo, cada vez era más difícil acercarme.

-Trato hecho- comente pero no pude sonreírle. Me sentía triste nuevamente.

La dependiente hizo un bonito arreglo con aquella caja.

Le prometí pasar a pagar los 100 yenes que quede debiendo. Me daban vergüenza esas cosas. Pero en serio...era mi último recurso.

Estoy seguro, que aquel día, yo estaba pensando seriamente, en que sería lo último que hiciera.

Lo amaba mucho, y ese amor me estaba lastimando demasiado.

...

Nunca había estado frente a la puerta de su departamento.

Sólo había pasado por fuera. Cuando a veces le insistía para acompañarlo a casa. Sólo eso.

Subí las escaleras que me llevaban a su entrada,

Vi a Kageyama salir, hecho un desastre.

A penas si pudo bajar las escaleras sin caerse.

Sabía que se veían frecuentemente, pero no me molestaba. Porque tenía conocimiento de la etapa que estaba pasando Tobio en esos momentos. Iba a casa de Kei, a llorar por los errores cometidos.

Se subió a un taxi y se marchó.

Creo estaba peor que yo. Siquiera me vio parado a su lado.

Kei no habia abierto la puerta, por lo que tampoco me vio.

Eran cerca de las seis de la tarde. El sol ya se estaba ocultando, aquellos primeros días de otoño, eran bastante húmedos, pero cerca de la noche solía levantarse viento, y la temperatura bajaba unos cuantos grados.

Dios, estaba tan nervioso. El pastel temblaba en mis manos.

Toque el timbre, rogando que estuviese solo. Si me iban a rechazar directamente en la entrada, que lo hiciera sin que nadie viera mi desdicha.

Los que tal vez fueron segundos, pareció una eternidad.

Tsukishima abrió, y me miro asombrado.

-Kuroo ¿Qué haces aquí?

-Lo siento lent digo Tsukishima, solo venía a entregarte esto- le extendí la caja- que tengas un hermoso cumpleaños, de lo que queda del día claro. –

Me miro un rato largo, claro, como no hacerlo, si mis palabras habían salido desastrosas. Incluso, le dije lentes, en secundaria no le agradaba ese apodo. Tal vez, porque yo se lo habia puesto.

-Lo siento, no tenía dinero para un pastel completo. Pero te traje una rebanada.- Tsukishima abrió la caja con cuidado- según la dependiente, está hecho con fresas del día, así que si lo comes hoy, estará fresco.

-Gracias Kuroo.

Le sonreí, pero su rostro seguía sin inmutarse. Metí las manos en los bolsillos de mi chaqueta y me quede un rato mirando mis pies. Sentía que mi rostro estaba colorado, se sentía tan caliente.

Quería decirle de nuevo que tanto lo amaba, pero esas palabras habían chocado con el silencio tantas veces, que tenía mucho miedo. ¿Cuántas veces debería decirlo para que las entendiera? ¿Para qué me diera una oportunidad?

¿Acaso no entendía que yo podía hacerle muy feliz?

-Espero te guste, en serio. –

-¿Sabías que fuiste a la pastelería más cara?- pregunto leyendo la etiqueta de la caja.

-No. No sabía, solo quería comprarte eso.

-¿quieres pasar?

Mis pies temblaron al igual que todo mi cuerpo. -¿en serio?

-es una rebanada generosa. Podemos compartirla.

Me hizo lugar y pase a su lado.

Toda la sala de estar, era como él. Sofisticada, limpia y ordenada.

Me señalo un sillón color bordo y me senté en él.

Tsukishima paso hacia lo que era la cocina.

No podía calmar a mi corazón, era la primera vez que se me permitía pasar a su casa. Era la primera vez que compartiríamos algo más que una charla, y un rechazo.

Tal vez esa vez, el rechazo vendría con más clase. Una taza de té, una porción de aquel lujoso pastel y un NO clavado a fuego en mi corazón. Si, tal vez esa vez, aquello eran los componentes para abrir mi entendimiento y comprender que no tendría esa suerte que yo anhelaba.

Tsukishima volvió al cabo de un rato con una taza de café-

-Lo siento no tengo té.

-está bien, me gusta el café.

Tomo la azucarera y conté las cucharadas que puso una, dos, tres, y cuatro. La medida justa.

Me tendió la taza y con ello una porción.

-Vi a Kageyama.

-Sí. También vino a saludarme. Pero como siempre, logro colar a Hinata en la conversación y así termino.

-Iba borracho ¿cierto?

-sí, le llame un taxi. ¿Sabes que es lo gracioso? Supuestamente íbamos a cenar, trajo las cervezas para eso. Pero las tomo antes. Así quedó. Tuve que mandarlo a casa.

-se arruino tu cena entonces.

Alzo sus hombros- da igual. Mañana debo madrugar.

Me sentí más triste aun. Ojala yo tuviese los privilegios que Kageyama tenía.

Los ojos de Tsukishima brillaron al probar aquel pastel. Yo no tenía apetito. Solo quería disfrutar los minutos que se me habían otorgado.

-Está muy rico. Muchas gracias. ¿Sabes que es mi favorito?

-Yamaguchi lo menciono una vez. Nunca lo olvide.

Bajó la mirada y lo dejó a medio comer.

-Tenía el presentimiento que vendrías.

-Es tu cumpleaños.

-No te he visto esta semana.

-Ah…es que no fui a la universidad.

-¿estuviste enfermo?

-No.

-¿entonces?

-Me quede durmiendo.

-¿toda la semana?

-varios días…

-¿Por qué haces eso?

-¿Qué cosa?

Me miro duramente. - ¿dejarte así? A la deriva. Tienes que cuidarte. E ir a estudiar.

-solo me faltan unos finales y ya.

-entonces, debería ir buscando trabajo.

-Ya tengo trabajo esperando. Solo debo dar esos exámenes.

-¿y qué esperas? Durmiendo no logras nada.

Asentí ante el regaño.

-Lo siento- susurró.- es que me preocupo, solo eso.

-no deberías. No me gusta que lo hagas.

-¿Por qué no?

No me servía de nada sus preocupaciones, porque me daban esperanzas donde no las habia. Y estaba cansado de ilusionar a mi corazón de esa forma.

No conteste. No le diría cosas que dispararían una conversación que no quería.

Era su cumpleaños. Nada debía arruinarlo.

Tome el café completamente.

Bueno, por lo menos, no me habia dicho que dejara de molestarlo. Y el pastel le habia gustado muchísimo.

-De todos los regalos que recibí hoy. Nadie se acordó que me gustaba esto.

Solo unas escuetas palabras, me hacían pasar a la felicidad extrema, me sentí importante al menos unos segundos.

-no sabía que traer…así que mejor fui a lo seguro.

-Gracias Kuroo. Pero aun no me respondiste. ¿Por qué no debo preocuparme?

-Son solo palabras Kei, lo siento, Tsukishima. Tu café estaba muy rico. Tal vez es hora de irme. ¿Vienen tus padres a cenar?

-No. Es día de semana. ¿Te quedas a cenar?

-No quiero molestarte.

-No lo haces.

Sonreí mirando el piso. Quería quedarme. Pero a decir verdad, aquello habia sido más difícil de lo que habia pensado. Resulta que no es fácil estar tanto tiempo a solas, con quien amas sin poder hacer nada. Sin poderle decirle abiertamente que te mueres por besarlo y decirle que lo quieres, y que haga lo mismo.

Me levante despacio. Y acomode mi chaqueta.

Se levantó a mi par y odiaba esos escasos centímetros de más.

-¿te vas?

-Sí.

-¿Por qué?

-Tsukishima, es algo cruel preguntar eso. ¿No lo crees? Solo quería desearte un feliz día.

Camine hacia la entrada, queriendo llegar a la calle y sentarme en alguna vereda a pensar en mi desdicha.

Claro, mire sus ojos antes de irme, y aun no lograba entenderle por completo. Eso requería trabajo. Y a mí me encantaba la idea de poder aprender cada una de sus expresiones, pero no se me permitía, estar cerca durante un periodo largo junto a él, era casi imposible.

Realmente aquel día, tiraría todo por la borda.

No era sano estar así.

-feliz cumpleaños Kei Tsukishima-

A pesar de todo, lo tome de los hombros y bese su mejilla. Y era la primera vez que mis labios podían tocar su suave piel.

Su cuerpo estaba frio y lo vi aferrarse a mi chaqueta.

-¿Por qué te vas? Te invite a cenar.

Le sonreí. – Almorcemos en la universidad cuando quieras- propuse.

-¿Por qué ahora no?

-Tsukishima, en serio.

-ese pastel, es muy caro, lo sé. Al menos déjame recompensarte.

-¿es caro verdad? Pero oye, tú te mereces eso y mucho más. Lo siento hable de más.

Me habia dicho un mes atrás que dejara de decir cosas así, claro que yo lo intentaba, pero bueno, nada me parecía fácil con él.

Pero, aquello, tenía el presentimiento que sería mi último intento. Así que no me importaba si se enojaba.

Nos quedamos un momento mirándonos a los ojos y fui yo quien bajo primero la vista.

-Kei, no es fácil quedarse a cenar. Tu sabes porque. Incluso fue difícil tomar ese café. No sabía que me dejarías pasar.

-Nunca viniste a casa.

-Bueno, hoy era un día especial. Te amo Kei. – solté por enésima vez desde que me di cuenta que tan perdido me tenía y temía que en algún punto, aquellas palabras dejaran de tener sentido- te amo, lo sabes.

Kei tapó parte de su rostro con su mano derecha y vi sus ojos llenarse de lágrimas.

-Dios, lo siento. No quería hacerte llorar, por favor.

Intente limpiar en vano sus lágrimas. No quería ser tocado. Me sentí una vez rechazado.

Me quede de pie, esperando que no llorara más.

-¿Por qué no te quedas a cenar maldita sea?

Me sobresalte al escuchar aquellas palabras. Él no era así.

-¿Tu no entiendes que difícil es?

-¿Qué te hace creer que no? – volvió a llorar. Y yo no sabía que dolía mas, si mi situación o sus lágrimas.

-Kei, me voy como siempre lo pides. No entiendo.

-No quiero te vayas ahora.

-¿Por qué no?

-Porque espere toda la tarde por ti. Y te vas sin siquiera considerar mi invitación. Y a parte…

-¿Qué?

-Pareciera que te vas…decidido. Dios. Quiero que te quedes a cenar. – volvió a repetir.

Moría por quedarme. Pero no tenía un mínimo interés en cenar.

-Kei. Si yo me quedo. No quiero cenar. Ya no somos dos tontos adolescentes que no sabemos lo que queremos. Te quiero a ti. Y si me dejas quedarme, cenaría, claro, después de hacerte el amor. Y claro, esa idea no va contigo. Dios lamento mucho decirte estas cosas. Sé que es difícil que un hombre ame a otro. Pero así pasó esto.

-El problema no es que seamos hombres.

-¿entonces?

-No quiero que te vayas. ¿Entiendes?

-No. No entiendo, dímelo.

-Tengo miedo Tetsurou.

Dijo mi nombre, con tanta naturalidad. Nunca lo habia hecho.

Cruzo sus brazos a la altura de su pecho y bajó aquella mirada rojiza.

Mi corazón latió con fuerza. Parecía que no resistiría.

-¿A que tienes miedo?

No contesto. Siguió mirando el piso.

Lo abrace. Me dejo hacerlo.

Y puedo jurarles que la magia existe. Porque sentí flotar al tener por completo contacto con él de esa forma.

Me dejo limpiar su rostro. Lo hice despacio, descubriendo miradas nuevas.

-No tienes que llorar. No te queda bien.

Asintió sin mirarme y suspiro debido al llanto.

Acaricie con mi dedo pulgar su labio inferior, y aunque tal vez se enojaría, lo bese.

Lo brazos de Kei, bajaron por completo, no esperaba que me abrace, sabía que debía esperar y que no. Si pensé que me alejaría, pero no lo hizo.

Fue un beso casto.

-¿A que le tienes miedo Kei? ¿A mí?

-Kuroo…tengo miedo. Porque, también te quiero mucho. Tengo miedo de decírtelo…pero debía hacerlo.

Me quería…lo que siempre habia querido oír. Podía morir tranquilo.

-¿Por qué?

-Porque en serio, no quiero que te vayas.

Sus manos tomaron las mías. Y a decir verdad creí que habia fallecido.

-Yo puedo hacerte muy feliz- articule con dificultad.

-Lo sé, ese pastel me hizo muy feliz- susurro sonriente.

Estaba haciendo desastres con mi corazón. He ahí la sonrisa sincera de Tsukishima. Solo lo habia visto una vez, y no me la habia dedicado a mí.

-¿Por qué ahora?

Me miro a los ojos y aún tenían el brillo- Kageyama…dijo algunas cosas, del porque Hinata lo dejo, volvió a repetirlas claro…pero, no quiero que eso me pase a mí.

-¿Qué cosa?

-Dios…Kuroo por favor.

Su mirada me pidió auxilio. No podía decirme más, lo entendía.

-Entiendo.

-¿Puedes quedarte?

-Sí, me quedaré.

Volví a besarlo nuevamente, y esta vez, él me abrazó al hacerlo.

Cumplir tus sueños, materializarlo, era realmente tocar el cielo, sintiéndote más vivo que nunca.

Bese su frente, y cada mejilla, queriendo probar todo. Incluso bese con cuidado aquel largo cuello.

Mis labios se quemaban al contacto. Aquello no podía ser un sueño.

Volví a su boca e intente introducirme en ella. Su lengua aún conservaba el sabor a aquel pastel, era mucho mejor probarlo de su boca. De eso no habia duda.

Salí de ella por demás extasiado. Era demasiada droga para un día.

Busque su mirada y la obtuve.- necesito hacerte el amor ¿entiendes?

Asintió despacio y su rostro se puso rojo. – tengo miedo de eso también.

-Cuidare de ti, lo prometo.

Saque despacio su sweater y la polera que tenía debajo me dejaban ver su delgadez. – y eres hermoso por cierto…-

Su cuerpo temblaba como el mío minutos atrás. Y tomándome de la mano fui conducido hacia su habitación.

Esa vez, no le preste atención a su cuarto. Sólo tenía ojos para él.

Y tenía ese hambre que siempre me genera y la desesperación de hacerlo rápido. Antes de que la realidad me golpeara la cara y se riera de mi al ver que todo era un espejismo.

Pero no ese día.

Le saque la polera despacio y él intento tapar su torso desnudo.

-No lo hagas-

-Lo siento - susurró intentando sacar sus manos.

Lo ayude.

-Eres realmente hermoso, no debes taparte.

Kei cerró sus ojos y elevó sus manos hacia su rostro.

No me tembló el pulso. No debía fallar en ese momento.

Bese sin vacilar cada parte de ese abdomen blanco. Y cada tetilla hasta que logre que se pusieran erectas.

Dios, antes de sólo pensarlo mi pene podía crecer sin ningún problema, ni hablar ahora que lo tenía en serio.

Me moría por hacerle de todo. Poseer su cuerpo completamente. No Sólo decirle que lo amaba, sino cogerle bien duro para que lo sintiera. Pero aquella vez debía ser especial. No podía dar a conocer toda la lujuria que me generaba su bendito cuerpo.

Baje su pantalón con cuidado y acaricie, aquellas largas piernas que podían hacer enloquecer a cualquiera, en especial a mí.

También las besé, una por una. Sus mulos eran suaves y algo duros por el ejercicio y parecían no tener fin.

Pero mi boca de hacia agua. Quería ver si pene, tocarlo, besarle. Hacerle gemir cuando estuviera en contacto.

Kei volvió a cerrar los ojos y su rostro se volvió mucho más rojo, cuando puse mis manos en su cadera y baje de a poco su ropa interior.

Lo toque despacio y lo sentí revolverse en la cama. No le mire, sabía que se moriría de vergüenza si Lo hacía. Seguí tocándolo quería escucharlo gemir, Quería saber que se sentía cuando lo hiciera.

Pero Kei hasta en eso era difícil.

Tenía una de sus manos en su boca, y ahí ahogaba todo.

Me puse de rodillas y sin otro particular, metí su pene en mi boca. Moriría si no lo hacía. Debía probarlo. Y Dios mío, juro que tenía ganas de devorarlo por completo.

Las piernas de Kei se estiraron por completo y podía ver cuánto le gustaba aquello.

Aunque no aguantaba más.

Sentía un calor poco antes visto.

Saque de una mis prendas. Quería quedarme completamente desnudo como él y abrazarle.

Lo hice así, mientras su mirada por fin me observaba y me prendía fuego a su manera.

Tome las sábanas y me metí debajo de ellas con él a mi lado.

Lo besé esta vez con más pasión, buscando meter mi lengua hasta el fondo. Y mientras lo hacía acaricie con cuidado su hermosa y redonda cola.

Yo no sólo lo miraba con amor, su cuerpo También me ponía de la cabeza. Y estar tocándolo en ese instante sin ningún problema era realmente una locura.

Esta vez, se puso él encima de mí, y mientras seguí jugando con su lengua, metí de a poco un dedo en su ano.

Sus manos se aferraron a mis hombros y un gemido de ahogo en mi boca.

Deje el dedo adentro un rato hasta que metí dos.

Esta vez lanzó el gemido en mis oídos.

-¿Sigo?

-Si-

Los saque y los metí dos o tres veces. Sus piernas estaban a cada lado de mi torso, y su cola un tanto parada a disposición de mis manos.

Metí un dedo más y sus uñas de clavaron en mí. Acaricie su pene mientras intentaba penetrarlo de esa forma.

Kei gemía despacio sin soltarse.

-Kei...mi amor... ¿Me dejas?

-¿Qué cosa?

-Quiero hacerlo... Meter mi pene por favor.

Escondió su rostro y dijo un "si" fuerte y claro.

No fue fácil hacerlo, incluso tuvimos que recurrir a una loción que él tenía por ahí.

Aunque trate de ser lo más gentil que pude. Para que no sintiera tanto dolor.

Una vez que mi pene entró por completo, me regaló un grito que jamás olvidare.

Arqueo su espalda y grito destilando pura sensualidad.

Las veces que me lo había imaginado así, gozando gracias a mí.

Lo tome despacio de sus caderas y lo deje que se acostara nuevamente sobre mí.

Eleve mis rodillas y lo penetre despacio. Lento. Seguro. Para que lo sintiera, que lo disfrutará.

-Kuroo...

-¿Qué?

-¿Puede ser más rápido?

Lo abracé sintiendo una adrenalina extrema, y sin notarlo Lo apreté contra mí y me moví con rapidez. Tal vez demasiada.

El parecía romperse en mis brazos.

Y a pesar que seguramente le dolía por la brutalidad con la que empecé a dar, el gemía y gritaba mi nombre.

Abrí más sus nalgas y Lo metí lo más que pude, hasta el fondo. Chocando de lleno nuestro cuerpos.

- Por Dios Kei...eres increíble-

Lo metí un par de veces más, él susurro mi nombre en mi oído una vez más, y me vine adentro.

Bese su frente y buscando su pene, descubrí que también se había venido.

Sonreí al verlo tan extasiado.

-¿Me vas hacer de cenar? - preguntó en un susurro.

-¿Yo debo cocinar?

-Por favor.

-Ni más faltaba mi amor.

-Tetsurou.

-¿Si?

-También te amo.

...

Las manos de Kei acariciaban las mías, y el brillo de su anillo me trajo al presente.

-¿En qué piensas?

- En la vez que me dejaste pasar primera vez a este cuarto. Y por fin me dejaste hacer y deshacer contigo.

-Ese día...

-Sí. Ha cambiado muchas cosas desde ese día.

-Mis cumpleaños ya no son lo mismo.

Sonreí al recordar, que nunca podría olvidarme de nuestro aniversario.

Jun arañó la puerta pidiendo entrar.

Así que me levanté y abrí.

Y gracias a Kei, quien lo dejaba hacer lo que se le venía en ganas, se subió arriba de la cama, a su lado.

Kei sonrió y extendió su brazo invitándome a volver.

-¿Así serán todas nuestras noches?

-Hace frío mi amor, déjalo dormir con nosotros.

Asentí. No valía la pena quejarme. No le ganaría.

-¿Así que pensabas en ese día?- preguntó. Sus manos me acariciaban el pelo muy suavemente.

Bese su frente - Sí.

-Ese pastel sí que estaba rico.

-Y tú sabrás...te comiste la porción que era para mí.

- La cena se tardó demasiado. Y me dejaste muy hambriento.

-Bueno, al menos lo admites.

Aquella primera vez, no lo había admitido. Y aquel "te amo" del final, sólo lo decía las veces que lo hacíamos, cuando se dejaba llevar por sus emociones.

El Kei de ahora, estaba más abierto y decía las cosas que sentía. Aunque aún le costaba, ya no era como antes.

- Te amo Tetsu.

- Yo También. Ven vamos a bañarnos.

-¿Eh? Es súper tarde.

- Lo sé. Anda mañana debes ir a clases. Así que apúrate.

Lo saque de la comodidad de la cama. Y Jun se quedó observando, como su madre iba renegando hacia el baño.

...

Dedicado para mi fan KurooTsukki nº1. A mi google personal. A quien le mande un mensaje a las 6 am para saber cuánto valía el pastel de fresa en Japón y los busco sin rendirse para mí. Gracias Gise.