Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, son propiedad de Suzanne Collins.
Una noche en el Majestic
Capítulo 25
Woodmere, 1909
"¡Maldita cría de la Veta!" Gritó una voz y, con temor, Katniss volteó el rostro en dirección al sonido. "¡Sí, cría estúpida! ¡A ti te hablo! ¡Deja de revolver mi basura!" Bramó de nuevo la voz. Era la gruñona esposa del panadero. La mujer tenía aspecto feroz y blandía desde la puerta trasera de la panadería un gran palo de amasar. Pero tenía tanta hambre y el tacho estaba rebosante de sobras. Con la poca fuerza que le quedaba se arrastro al final del callejón. La mujer regresó al interior de la panadería, mientras Katniss se deslizaba rendida por la pared hasta quedar sentada en el suelo.
Su padre había muerto en las minas de California pocos meses atrás y su madre se había sumido en una tristeza tal que tanto ella como Prim estaban próximas al abandono total. En ese momento desfallecía de hambre y era tarde, casi de noche. Para reivindicar su mala suerte, una copiosa lluvia se desplomó en esos instantes, bañándola por completo.
Su estado le producía una ligera somnolencia, por lo que trató de ponerse lo más alerta que pudo cuando sintió unas pisadas acercarse a ella.
-Por favor, no…- rogó con voz casi inaudible, tratando de levantar una mano para protegerse. De seguro sería la señora Mellark con su gran palo dispuesta a darle una tunda.
-No te haré daño.- dijo una voz algo infantil.
Con la poca fuerza que le quedaba logró abrir los ojos para chocar con una mirada azul, de un azul profundo, detrás de la cortina de agua. Era un muchachito de su edad, quizás mayor, con el pelo rubio pegado a la cabeza por efecto del agua.
-¿Estás bien?- preguntó el chico.
Katniss no respondió y trató de levantarse. En vano, volvió a resbalar y caer. Él la ayudó a ponerse de pie.
-Gracias.- mustió ella, apoyándose en la pared.
-Toma.- indicó el rubio, tendiéndole un gran paquete.- Siempre que quieras pan, ven después de las ocho.
-No tengo dinero.- murmuró Katniss, ligeramente reconfortada por el calor que salía del mojado paquete.
-No es necesario que me pagues… Katniss.- dijo él, meneando la cabeza.
-¿Cómo sabes mi…? Oh, eres el chico de la ribera.- sonrió, recordándolo abochornado ante su padre.- ¿Peeta?
El rubio asintió.
-Bueno, de ahora en más serás "el chico del pan"- susurró Katniss, con una sonrisa débil.
Se sentía tan debilitada que sus piernas flaquearon cuando quiso dar unos pasos. Peeta no dudo en atajarla, a pesar de sus esfuerzo por desplazarse sola.
-No es necesario, Peeta.- logró decir Katniss, mientras sentía como él la cargaba en su espalda.
Habían sido tantos días de hambre que era ligera como una pluma. Peeta la cargó a lo largo de diez calles hasta la entrada de la Veta.
-Gracias.- dijo Katniss, aun abrazada al pan. Y sin pensarlo dos veces le depositó un breve beso en la mejilla. – Chico del pan.- río antes de adentrarse en la zona más pobre de Woodmere.
Chicago, 1920
"Insisto, señor Lawrence, esto no se ha terminado…Confiar que Alemania no volverá a resurgir y buscará la guerra de nuevo sería un acto de total soberbia de nuestra parte"
"¡Eso es una estupidez, señor Dietric!"
"¡No lo es! ¿Y qué puede decir de los japoneses? No parecían muy conformes con el Tratado de Versalles"
"¡Otra estupidez! ¿Qué pueden hacer los japoneses desde esa mísera isla?"
"¡A callar señores que estamos en la iglesia!"
Los dos hombres que tenía sentados atrás dejaron de farfullar. Las primeras notas de la marcha de Wagner azotaron su pecho de una manera escalofriante. Se puso de pie en forma automática, sin voltear. Se sentía ahogado e infeliz, aquel ambiente festivo y rebosante de flores invernales le parecía una burla. Sintió un codazo en las costillas que lo devolvió a la realidad.
-Quita esa cara, Peeta, que estas aguando el momento.- susurró Finnick a su derecha.
Si no existiera el hecho de que era su mejor amigo y mano derecha, le hubiera decorado la cara de un golpe. Nadie parecía comprender o compartir su dolor.
Buscó cambiar el semblante, sin voltear a ver atrás. Voltear sería muy doloroso.
No pudo ver el rostro de la novia puesto que iba escondido detrás del velo. El resto de la ceremonia se concentro en ver la figura de los novios casándose y las palabras del párroco que hablaban de amor eterno y fidelidad.
Finalmente, cuando la ceremonia terminó, todos salieron a saludar a los novios en el atrio, mientras aún resonaban las notas de la marcha que Félix Mendelssohn había compuesto y rotulado "Sueño de una noche de verano". La lluvia de arroz y pétalos de flor le daba todavía un toque más de ensueño a la imagen. Entonces se animó a elevar la mirada. Delly estaba radiante, todo lo radiante que una novia tiene que estar el día que contrae nupcias. Su mirada verde brillante lo alegró un poco y esbozó su mejor sonrisa para su amiga, después de todo, como dijo Fin, no podía aguar la fiesta.
Pero la dueña de sus tormentos reposaba unos metros más hacia su izquierda, con el brazo enlazado con el de Marvel y la mirada ausente. Cruzaron brevemente las miradas. Dolor y dolor era lo único que podían reflejar.
Desde que Katniss le había anunciado el escabroso plan de Snow para casarla con Marvel no podía dormir, no podía pensar y, sobre todo, no podía dejar de maldecir la puta suerte. ¿Acaso la suerte jamás estaría de su lado? ¿Sería dos amantes trágicos por toda la eternidad?
Todos los planes parecían truncos y no veía la hora de que el agente Boggs regresara. Lo cual sucedería al día siguiente. Mientras tanto debía soportar esa estampa horrible. El ridículo hombre llevando a la persona que más quería en el mundo lejos de su lado.
Se sabía egoísta. Katniss también la estaba pasando mal. Pero solo obtenía información a través de Annie. Katniss le había rogado prácticamente de rodillas que no volviera al Majestic y que se cuidara, que Snow iría tras él si ella no obra como se pedía. Jamás la había visto tan alterada y aterrada. Aunque muriera de ganas de ir solo por la agonía de verla, mantendría a raja tabla lo que ella le había pedido.
Ahora que la tenía a pocos metros, picaban las manos por tocarla, por besarla, estrecharla contra sí y decirle que todo saldría bien.
-Peet, debemos ir al hotel The Drake. Allí es la recepción.- anunció Finnick, a su lado.
-De acuerdo.- mustió Peeta.
-Todo saldrá bien, amigo.- lo consoló Finnick, pasando el brazo por sus hombros.- Verás como en unos pocos meses será a ti a quien le arrojemos arroz y flores.
-¡Eso es! Anímate, Peet.- exclamó Annie, sonriendo.
Peeta sonrió. No podía negar que tenía amigos estupendos. Observó a Katniss casi trastabillar al ritmo de andar que Marvel le había impuesto. "¿Acaso no se da cuenta que con esos tacones no puede correr como una atleta?" pensó el rubio, batiendo las fosas nasales de la ira.
-Katniss me advirtió sobre esto.- dijo Annie.- No te preocupes, ella lo pasa igual o peor que tu.- suspiró, recordando el mar de lágrimas que había vuelto su amiga, Cinna estaba horrorizado por no comía y tenía que reducir un talle los vestidos, Portia ya no sabía qué hacer para cubrir sus ojeras y Gale estaba demasiado exhausto como para consolarla.
-Lo sé. Es solo que…- sus palabras murieron ahí, mientras veía el Ford T de Marvel arrancar a toda prisa.
-Vamos. Una fiesta nos espera.- anunció Finnick, buscando de sonar jovial.- Quizás unas señoritas te alegren la velada.- ronroneo, mirando en dirección a un grupo de jovencitas amigas de la novia que cuchicheaban y de a ratos miraban hacia ellos.
-¡Finnick!- siseó molesta Annie.
-Tranquila, cielo. Sólo lo digo por Peeta.- rió el cobrizo, alzando las manos a modo de disculpa.
Annie limitó a hacer un mohín de disgusto. Finnick descendió algunos escalones para marchar hacia su auto.
-Nos vemos en un rato. Y…- la morena titubeó- Esto te lo manda la Gatita.- anunció ruborizándose mientras le estampaba un sonoro beso en la mejilla.
-¡Annie Cresta! Volteó un segundo y ya ves- chilló Finnick, poniendo los brazos en jarra y expresión de enfado.
-Es que soy irresistible, Finn. Si te descuidas algún día te la robaré.- exclamó Peeta, riendo.
-Vamos, amigo. No me tientes a golpearte como lo hice con Jounes.- amenazó Finnick, en broma, mientras le abría la puerta del auto a una muy ruborizada Annie.
El arreglo que había tenido que zanjar Finnick era muchísimo más sencillo que el suyo, bastaron unos cuantos miles de dólares para que Snow le devolviera la libertad a Annie, muy a su pesar no logró sacar del Majestic, pero al menos consiguió que no tuviera que acostarse con el señor Jounes. Quien, cabe destacar, se llevo la peor parte puesto que no solo se quedo sin la chica sino que sintió la furia de los puños de Odair en la cara.
El hotel The Drake está especialmente vestido para la ocasión, el más elegante de sus salones rebosaba de concurrentes y los novios saludaban pacientemente a cada uno de sus invitados.
-Estás preciosa, Delly. Felicidades.- dijo Peeta sonriendo frente a la novia.
-Gracias, Peeta.- sonrió la rubia- Soy muy feliz y todo gracias a ti. Ross resultó ser un hombre estupendo.
-Ya lo creo. Apenas estuviste comprometida casi dos meses.- rió el rubio, viendo como el novio rodeaba la cintura de Delly posesivamente.
-No queríamos esperar más.- suspiró la novia, mordiéndose el labio inferior.- Cuando encuentras el verdadero amor…
Peeta volvió a felicitarlos a ambos. Si bien se esforzaba por mostrarse todo lo feliz que podía por su amiga, le era imposible no sentir todo aquello como un palmo en la nariz.
Los novios abrieron el primer vals y luego, lentamente, una a una las parejas se fueron sumando. Logró divisar a Katniss del otro lado del salón. Ya no llevaba el traje color rosa pálido que uso durante la ceremonia, sino un vestido largo, de ligera forma tubular con el escote recto y sin mangas, con los bordes decorados con bordados plateados, que resaltaban sobre el gris del vestido. La tiara que llevaba pegada a la frente obraba de maravillas contra su pelo oscuro. Ella moría por bailar, sabía él cuando adoraba el vals. Sin embargo, debía mantenerse estoica al borde de la pista de baile hasta que Marvel dispusiera que bailaran.
-Anda, Peeta. Baila conmigo.- pidió Annie, a su derecha.
Él aceptó de buena gana el ofrecimiento y observó la mirada sospechosa que de dedicaron con Finnick. Esos dos tramaban algo.
¡Oh, qué alegría! Entre tantos giros y compases, el cambio de pareja y la fortuna lo favorecieron y una elegante Katniss Everdeen aterrizó en sus manos. Sus amigos los miraron satisfechos antes de entregarse a su burbuja personal.
-Te echó muchísimo de menos.- mustió Katniss, mirándolo a los ojos, como si lo descubriera por primera vez.
-Mi vida es un infierno sin ti, Kat.- susurró Peeta, acariciando su cintura.
Ella se mordió el labio para ahogar un suspiro.
-Pide una habitación.- indicó Katniss, mirando por sobre el hombro de Peeta que Marvel no estuviera merodeando.
-¿Y cómo lograras escabullirte de las garras de O'Leary?- preguntó con preocupación el rubio.
-Se irá temprano, tiene "asuntos" que atender mañana temprano.- respondió ella.- Dile a Annie el número de habitación y te buscaré allí ni bien Marvel se marche. Sabes que puedo ser muy escurridiza cuando me lo propongo.- dijo sonriente.
-Sí que lo eres.- asintió Peeta.
-Esta vocación suya por poner las manos donde no le corresponde va acabar por hartarme, señor Mellark.- farfulló Marvel, apareciendo de repente.- ¿Me permite? Quisiera bailar con MI prometida.
Peeta se tensó al sentir esa voz y giro el rostro levemente para encontrarse con la iracunda mirada verde. Por instinto estrechó más a Katniss contra si, sin embargo ella deshizo el agarre con suavidad, sin dejar de mirarlo, suplicándole que no hiciera nada estúpido. Y así, prácticamente atado de manos, los observó marchar. Giró sobre sus talones y se dirigió a paso firme hacia la entrada del hotel.
-204- susurró Annie. Katniss asintió levemente con la cabeza, mientras sentía el rostro dolerle por tanta sonrisa impostada.
-Gracias, Ann.- dijo, casi entre dientes sin abandonar su sonrisa.
Annie le obsequió un ligero apretón en el brazo, buscando infundirle así todo su apoyo.
-Bien. Acepto que te quedes en la fiesta.- dijo Marvel, mientras se acomodaba el abrigo de paño.- Después de todo el señor Mellark se retiró hace horas, así que no hay nada por lo que deba preocuparme, ¿verdad?- siseó al final, mirándola fijamente.
Katniss alzó la cabeza de manera altanera, recordándose una vez más que debía aguantar aquello por el bien de todos, en especial el de Prim.
-Muchas gracias. De verdad me apetece continuar la velada en compañía de mis amigos.- dijo Katniss, casi como un gruñido.
-De acuerdo. Te veré mañana entonces.- anunció Marvel, mientras le depositaba un beso breve en la mejilla.
Ella asintió y espero a perderlo de vista para frotar enérgicamente el lugar donde la había besado, buscando borrar su rastro. Agradecía haber tenido la astucia suficiente para lograr evadir la cuestión de acostarse con él. "Causas femeninas" había alegado una vez y "un terrible dolor de cabeza" en otra ocasión.
Buscó su abrigo, que le permitía camuflar su vestido, y se colocó el sombrero que Annie había llevado. Logrando pasar totalmente desapercibida y coló rápidamente por uno de los ascensores, todavía más modernos que los que había en el edificio donde vivía Peeta. Llegó a la segunda planta y con facilidad encontró la habitación 204. Tocó con suavidad y esperó. Con una fuerza abismal, Peeta la hizo entrar de un tirón.
-¡Katniss, amor mío!- exclamó el panadero preso del júbilo, mientras devoraba con necesidad sus labios. Ella correspondió con la misma necesidad.
Entre manoteos lograron deshacerse del abrigo y el sombrero. Peeta ya se había puesto cómodo mientras aguardaba por ella, solo llevaba puesto el pantalón del traje y la camisa.
-Peeta.- rió Katniss, mientras él dejaba un rastro de húmedos besos en su cuello, haciéndole ligeras cosquillas.
-Llevo deseando hacer esto toda la maldita noche.- murmuró contra su piel oliva mientras tanteaba el cierre del vestido. Ya tendrían tiempo de hacer las cosas con paciencia.
En un rápido movimiento el género del vestido cedió y finalmente cayó, arremolinándose a los pies de Katniss. Gimió frustrado al ver que aún quedaba una capa más de ropa por deshacerse para poder acariciar el cuerpo de la morena a su real antojo. Ella, sin mostrar reticencia alguna, se aprestó a deshacer los botones de su camisa y abrirse paso hasta rozar con la yema de sus dedos la fina capa de vello que cubría sus pectorales.
-¿Cuándo llegará el día que las mujeres no lleven tanta ropa?- farfulló entre besos mientras posaba sus dedos al final de la enagua para sacarla por su cabeza.
Katniss rió por el comentario para luego regalarle una mirada seductora.
-¿Así que te gustaría que anduviera con menos ropa, Peeta?- preguntó, mientras posaba las manos en la cintura de su pantalón.- Sería muy generoso de tu parte compartir con todos una vista impecable de todo esto.- puntualizó, señalando juguetonamente su cuerpo, ahora solo cubierto por los interiores hasta arriba de la cadera, el liguero y las medias.
-De eso ni hablar.- gruñó Peeta, mientras envolvía con una mano uno de los senos libres y con la otra le apretaba la curva del trasero.- Ya te lo he dicho. Soy muy egoísta en lo que respecta a ti.- agregó con tono suave.- Oh, Dios.- gimió, cuando sintió la delicada y ágil mano de Katniss acariciar su longitud en el espacio estrecho que había entre sus cuerpos.
Ella liberó una risita cuando él la levantó en volandas para depositarla en la cama. La contempló por unos instantes antes de bajar a beber de sus pechos. Katniss no escatimó en gemidos cuando los labios masculinos aprisionaron uno de sus pezones, ya duros por la excitación. Peeta torturó su otro seno, sin abandonar del todo el anterior, acariciándolo con su pulgar. Luego emprendió la ruta de descenso hasta el jardín de los placeres ocultos bajo las últimas prendas. Con una lentitud casi demencial se deshizo del ligero, dejándole las medias. Deleitándose con la imagen erótica de Katniss apenas cubierta por esas medias de seda y las joyas que no se había molestado en sacar. Joyas que él había elegido especialmente para ella.
Katniss se retorció excitada observándolo erguido sobre sus rodillas, entre sus muslos, como decidiendo que hacer. No dudo en gemir su nombre cuando él acarició entre sus pliegues y se hizo paso entre ellos con su lengua. Lo necesitaba tanto que unos instantes estaba explotando en un sonoro y sensual orgasmo. Peeta gruñó contra su vientre y trepó hasta su rostro para besarla profundamente. Ambos gimieron cuando el miembro hinchado y duro rozó su entrada. Se hundió con ansiedad en ella y como respuesta, Katniss envolvió su cintura con sus piernas.
Se arrastró adelante y hacia atrás, primero con lentitud para luego adquirir un ritmo cadencioso como su cuerpo así se lo podía.
-Así, cielo… Justo ahí.- susurró Katniss, contra su oído, antes de delinear su parte más sensible con la lengua.
Completamente preso de sus deseos aumentó el ritmo de sus embestidas hasta que sintió como era aprisionado por el sexo de Katniss, mientras jadeaba y mascullaba su nombre. Él no tardó en derramarse ahí mismo y desplomarse sobre ella.
-Te amo demasiado.- logró decir Peeta, contra la piel de su clavícula antes de incorporarse lo suficiente para rodar en la cama y llevarla consigo.
-Y yo a ti.- mustió Katniss, refugiándose entre sus brazos.
Sus respiraciones arrítmicas le robaban sonrisas y no tardaron mucho en reanudar la deliciosa tarea una vez más.
La mañana siguiente Peeta sintió el golpe de los rayos del Sol directo en su cara. Para ser casi invierno el Sol aún estaba fuerte. Abrió perezosamente los ojos y buscó a Katniss con la mirada. De ella ni el rastro. Su ropa no estaba y había acomodado prolijamente la suya en uno de los sillones de la habitación. "¿Pero qué mierda está sucediendo?" pensó molesto mientras le atestaba un puñetazo frustrado al colchón. Se vistió rápidamente y bajó a la recepción del hotel.
-¿Señor Mellark?- lo llamó una voz y el volteó hacia el recepcionista.
-¿Sí?
-Su esposa le ha dejado un mensaje.- dijo el hombre con tono neutral mientras le ofrecía un pequeño sobre.
-Gracias.- respondió con tono dubitativo.
"¿Mi esposa?" se preguntó mientras alzaba una ceja deshaciendo el pegamento del sobre.
Querido Peeta: Quizás te preguntes por qué me he marchado sin despedirme, me hubiera sido imposible separarme de tu lado mirándote a los ojos, y sin duda aquello empeoraría las cosas. Me ha dolido muchísimo irme así. El martes iremos a la apertura de la temporada de ópera, espero que podamos encontrarnos allí.
Te ama, Katniss
Guardó la pequeña epístola en el bolsillo y, sonriendo casi como un lunático, abandono el hotel para ir directo a la calle Beckerly, donde se encontraba secretamente alojado Haymitch. Ellos dos tenían muchas cosas que planear para el martes a la noche.
El sexo debía ser algo gratificante, una especie de camino al éxtasis, la expresión de amor más pura a la que podía aspirar. Pero para Gale Hawthorne el sexo se había vuelto un completo fastidio. Las noches que no eran noches, sino una prolongación de un día eterno que no parecía tener fin, lo habían vuelto un ser huraño. Cuando su hermano Vick se sentó a su lado en el sillón de su pequeño departamento y lo vio ojeroso y cansado al igual que él, no pudo evitar sentirse culpable. Horriblemente culpable.
-Lo siento.- mustió Gale, dejando caer la cara entre sus manos, con los codos apretando las rodillas.
-No te martirices, Gale.- suspiró Vick, palmeándole la espalda.
-Debí evitarlo de alguna manera.- farfulló contra sus palmas.
Vick suspiró, apretando levemente el fornido hombro de su hermano.
-Ni modo. Ahora ya estamos en esto. Recuerda por quienes lo hacemos.- consoló el más joven, mirando la fotografía que reposaba en un estante, donde había estaban Hazelle y Posy con una sonrisa tímida en el rostro. Los hermanos Hawthorne se habían mostrado muy felices cuando la foto llegó junto a una carta anunciando que las cosas marchaban bien en Austria y que el dinero que mensualmente les enviaban era bien aprovechado. Incluso Posy podía asistir regularmente a clases de piano y francés. La alegría de su hermana pequeña y velar por la tranquilidad de su madre era dos cuestiones que los tres tenían muy presente.
-Ve a descansar, Gale. Me ocuparé de la cena.- anunció Rory entrando a la sala.- Tú también, Vick.
El hermano del medio asintió con la cabeza y se levantó. Sin embargo, Gale seguía apesadumbrado sentado en el sillón.
-Hoy tenemos trabajo que hacer, tienes que descansar.- insistió Rory, frunciendo las pobladas cejas oscuras.- Te he dicho mil veces que estoy lo suficientemente mayorcito como para tomar alguno de tus trabajos "extra".
-Y ya te he dicho mil veces que no. Algunas son viudas, Rory, pero otras no. ¿Sabes lo que es tener que escabullirse por entremedio de una bordura de arbustos antes de que un colérico marido salga con un Winchester en la mano para volarte los sesos?- preguntó con desdén Gale, poniéndose perezosamente de pie.
-¿Colérico? Cornudo querrás decir.- puntualizó el menor, alzando las cejas.
-Pues a decir verdad, es lo que son. Cornudos.- rió Vick.
-Al ritmo que llevamos, mis queridos hermanos, eso no va a pasarnos a nosotros.- enfatizó Gale, pasando los brazos por los hombros de sus hermanos.
-Brindo por eso.- asintió el menor y los tres se echaron a reir.
El descanso le había sentado de maravillas a Gale. Cuando llegó al Majestic varias bailarinas ya estaban calentando sus musculos y Cinna iba de aquí para allá, como si fuera un torbellino, haciendo ajustes a los vestidos y trajes. Siguió de largo del escenario para adentrarse en el pasillo que conducía a los camerinos. El suyo estaba al final. Pasó por el que ocupaban Catnip y Johanna, como la puerta estaba entre abierta llegó a él un suspiro acongojado. Con suavidad empujó la puerta para encontrarse a una muy llorosa Johanna.
-Jo…- mustió Gale.
-¡Vete!- chilló volteando a verlo, las lágrimas dejaban surcos salados en su ovalado rostro.-Vete.- repitió débilmente.
-No me iré hasta que me digas que te sucede.- respondió él con firmeza, cerrando la puerta detrás de si.
Se colocó de cuclillas enfrente de ella, que esta sentada en una de las sillas enfrente del tocador. Le dolía verla así. Tenía que reconocer que se acordaba de ella más de lo habitual o de lo que el considera normal. Quizás fuera su carácter fuerte, o su personalidad desinhibida. No estaba seguro. Pero si podía decir que la mujer que tenía enfrente le gustaba.
-No puedo hacer lo que Snow me pide.- susurró al fin, para liberar otro sollozo.
Gale frunció el ceño, disgustado completamente con el viejo horrible que tenía completo dominio de sus vidas como si fuera un titiritero. Apretó los puños, con rabia contenida.
-Ojala pudiera no pensar, simplemente hacerlo.- suspiró Johanna.- Odio admitir estas cosas, precioso.- repuso, chasqueando la lengua, con las lágrimas aun resbalándole por la cara.- Nunca he estado con un hombre.
El astriaco abrió los ojos con sorpresa. Johanna no le parecía una mujer que tuviera demasiados escrúpulos respecto del sexo. Pero venir a enterarse de que era virgen, eso si era una novedad.
-No pongas esa cara de idiota. Me haces sentir peor.- refunfuñó ella, tensando la mandíbula.
-Lo siento.- se disculpó Gale, alzando las cejas.- Creí que tu…
-¿Pensabas que porque trabajo para los federales rodeada de hombres soy una especie de puta?- preguntó con veneno, entornando los ojos color café.
-No, no. No es eso…- negó él. Ciertamente no sabía que decirle.
-Vivo rodeada de hombres. Estoy acostumbrada a llevar misiones donde debo besar o dejarme acariciar… sólo un poco, lo suficiente.- explicó ella.- Pero esto es diferente… Dios, incluso, jamás he besado a alguien por quien tuviera verdaderos sentimientos.- agregó con amargura.
Comprendió el dolor en aquellas orbes color café, suplicando un mínimo de cariño, algo que fuera de verdad. Extendió la mano, lo suficiente para acariciarle la mejilla con suavidad y borrar el rastro agrio de sus lágrimas. Para su sorpresa, ella apoyó la cara en su mano y posó la propia sobre la de él.
-Jo…yo… uhmm.- divagó Gale, buscando las palabras adecuadas. Él tenia que seguir adelante, por mucho que quisiera a Kathy, ella no lo miraría jamás con otros ojos que no fueran los de un amigo.
Coraje. Se impulsó lo suficiente para aprisionar los rojos labios de Johanna entre los suyos, ella gimió por la sorpresa, pero aceptó su caricia. Se separaron solo cuando el aire se les hizo necesario.
-Me gustas.- logró decir Gale, apoyando su frente en la de ella.
-¿Y la descerebrada?- preguntó Johanna, con la voz entrecortada y las mejillas furiosamente sonrojadas.
-Tiene al panadero. Nada puedo hacer. Tú me gustas y…- no pudo continuar porque ella había estampado su boca nuevamente contra la de él.
-Es suficiente para mí.- murmuró ella, contra sus labios, sonriendo.
-Pero Jo…- comenzó Gale, entre besos.
-Averiguaremos que pasa más adelante, precioso.- afirmó ella, enroscando sus brazos alrededor de su cuello.
Él no se resistió más y se rindió ante la invasión de la lengua dulce de Johanna. Posó una de sus manos en su cintura breve y la otra la hundió en la corta melena cobriza oscuro.
Cuando la puerta se abrió de golpe ambos se sobre saltaron, completamente ruborizados.
-¡Oh, Santo Dios! ¡Lo siento!- chilló Katniss, cerrando de un portazo.
Ambos se miraron, sonrojados y jadeantes. Gale se puso se pie y Johanna lo acompañó. Era más baja que él, casi podía apoyar el mentón en su coronilla. Le besó la frente mientras la envolvía con sus fuertes brazos.
-¿Gale?- murmuró contra su pecho.
-¿Sí, Jo?- preguntó, acariciándole la espalda.
-Quiero hacer el amor contigo.- confesó, sin abandonar el refugio de su pecho.
Gale suspiró. "Johanna, siempre tan directa" pensó, sonriendo de lado. Hundió el rostro en la curva de cuello, depositando un beso casi como un suspiro. Ella se limitó a apretar el agarre sobre su espalda. ¿Era correcto tomar aquello?
Johanna se separó lo suficiente para alzar la mirada hasta la plomiza y dubitativa mirada de Gale. Lo miró con deseo, puesto que era así como se sentía. Desde la primera vez que lo había visto en la oficina de Peeta Mellark. Por su profesión sabía que no podía permitirse el lujo del amor. Sin embargo, en su trabajo era una cuestión sencilla, porque básicamente estaba rodeada por idiotas machistas. Pero Gale era completamente diferente. Iba a permitirse ser imprudente una vez. Iba a permitirse quererlo. Aunque él estuviera enamorado de otra mujer. Él volvió a besarla, llevándola a un lugar elevado y desconocido. Con cada beso aumentaba la necesidad del siguiente.
Con manos inexpertas tanteo los botones de su camisa.
-Espera. Vamos a mi camerino.- pidió él, tragando con fuerza, envolviendo con su amplia mano la grácil mano de Johanna sobre su pecho.
La miraba con tal intensidad que pronunciar palabra se le hacia imposible, por lo que se limitó a asentir con la cabeza.
Cuando salieron del camerino se toparon con la mirada curiosa de Katniss, quien alzó una ceja.
-¿Acaso ustedes dos…?- murmuró, sonriendo de lado.
-Oh, por favor cállate.- rogó Gale, con las mejillas coloreadas de un sutil rosado.
Katniss rió y dio unas palmaditas, dejándolos marchar tranquilos. Entró al camerino y se sentó frente al espejo. Observó su rostro ojeroso luego de una larga noche de insomnio. Justificado insomnio. Luego de estar casi tres semanas sin estar al lado de Peeta, perder el tiempo en algo tan estúpido como dormir le parecía un insulto. Sonrió recordándolo totalmente dormido y desnudo en esa majestuosa cama. Sus manos ansiaban poder recorrer su espalda como había hecho antes de marcharse, aprovechando que el dormía tendido sobre el vientre. Lo amaba tanto. Miró la foto de Thom y se mordió el labio con culpa. También lo había amado, pero de otra manera.
Portia y Cinna la vistieron y peinaron para la ocasión, llevando esa noche la gama del violeta y el oro. Sus dos colegas se mostraron muy satisfechos de encontrarla tan alegre aquella tarde. Ella se mostró muy dispuesta para trabajar esa noche. Solo necesitaba otra dosis de Peeta para sentirse viva y amada de nuevo. El amor del chico de pan era lo único que podía sosegar las incesantes palabras de Marvel O'Leary que retumban en su cabeza "Me casaré contigo y haré de tu vida un maldito infierno, mí querida y jodida puta". Le había apretado tanto el muslo mientras le gruñía aquello en el oído que había tenido una semana entera un horrible moretón.
La calle Beckerly no era más que una calle típica de los suburbios de Chicago, llena de casitas una igual a la otra. Pero lo que nadie sabia era que, en el número doce de esa calle, se había montado un reducto de agentes federales que, apretados y acalorados, discutían en una minúscula cocina.
-¡Vayamos de una vez al maldito Majestic y atrapemos a Snow de una vez!- chilló una voz con un marcado acento británico.
-Me temo que no es tan sencillo, señor Blight.- indicó Haymitch con tono cansino.
-¿Y por qué no? Mon Dieu… Ustedes los americanos.- farfulló otra voz, ésta vez con acento francés.
-Porque Snow tiene una larga hilera de secuaces encubiertos, señor Heavensbee.- respondió Boggs. – Entrenados especialmente para oler a los federales.
-Entonces, ¿Qué sugieren, señores?- preguntó nuevamente el Blight.
-Una emboscada.- respondió con simpleza Peeta, quien se había mantenido al margen.- Se de buena fuente que el martes es la apretura de la temporada de opera. Si logramos que Snow vaya…
-Las plazas son limitadas por lo que…- continúo Boggs
-Tendrá solo sus dos secuaces de cabecera.- terminó Haymitch, sonriendo de lado.
-¿Y como conseguiremos plazas en la opera, señor Mellark?- pregunto el francés.
-De eso me encargo yo, tengo buenos contactos en el teatro de Chicago- respondió firmemente Peeta.
-Entonces el martes saldremos de pesca y agarraremos al pez gordo.- sonrió Haymitch.
-Exacto. Antes de que decida asesinar a alguien más.- asintió el señor Heavensbee.- Todos extrañamos al viejo Woof. El Mouling Rouge no es lo mismo sin él.- agregó con tristeza.
-Lo atraparemos esta vez.- dijo Boggs, palmeando su espalda.
Peeta observó por la ventana, algo sucia, de la cocina como la nieve comenzaba a caer. Rogando para sus adentros que el martes siguiente finalmente terminaran sus problemas. Él mataría dos pájaros de un mismo tiro. Atraparía a Snow y a O'Leary a la vez. Si señor.
¡Ay, cómo me costó escribir este capítulo! No terminó quedando como esperaba, pero es un capítulo de inflexión hacia el final que se aproxima. Creo que nos quedan unos tres capítulos por delante. No quiero hacer la "historia sin fin".
Como siempre agradezco a las personas que siguen la historia, me pone muy contenta cada nuevo follow que recibo como así también con mis fieles lectores anónimos. ^^
Everllarkglee4ever: jajajajaajaj ¡Tranquila! :)
Katri Wishart: ¡La culpa de todo la tiene el rubio mala leche de pollos! Esa materia me dejo tan seco el cerebro que mira lo que me cuesta actualizar. No lo podes negar, estuve re buena con Zoo, ahora la tiene a Johanna. Zoo como el chapulín de los panes amerita un "Dame las drogas, Lisa". Si, estuve medio soreta con poner palabras en alemán, pero no lo niegues, le dio un toque sofisticado al fic. Cuando quieras pelamos por Hugh, acordate que estoy entrenando, manejalo. Lo dejo a tu criterio como diría la sabia Karina Olga. :)
Juliper22: jajajjajajajaj ya lo van agarrar. :)
Guest: Me alegro que tenga de la cabeza el fic y te prometo que Peeta solo va a sufrir... un poquito... nada más :)
Edy: jajajaj por favor, un poco de confianza! :)
Saludos,
Ekishka
